lunes, 30 de mayo de 2016

Capitulo 41

Aquella noche pude dormir más de cuatro horas, lo que fue todo un logro después de dos semanas. Ver a Naim movió algo dentro de mí, no estoy segura de qué exactamente, pero gracias a él la presión de mi pecho es casi inexistente. No pensé que pudiera superar la ruptura tan rápido… bueno, en realidad aún no la he superado, pero al menos ha conseguido lo que Alex y las chicas llevan intentando todos estos días, hacerme vivir otra vez. Todos han estado muy preocupados, y siento que, de alguna manera, el que las chicas vinieran a verme o que Alex se pasara toda la semana a mi lado, hizo que no me hundiera aún más. Suena mi móvil. Un mensaje. Me levanto de la cama hasta el escritorio y lo abro.
Mensaje de Alex 6:13
Princesa, ¿cómo estás hoy? ¿Quieres que me salte la clase y vaya a verte?
Esbozo una sonrisa. Alex no ha dejado de llamarme princesa, porque según él, en algún momento sonreiré cuando me lo diga. Como hoy, que es la primera vez que lo hago, aunque es una lástima que se lo haya perdido. Pasar la tarde con Naim me hizo darme cuenta de que he pasado demasiado tiempo aquí encerrada. Ayer, por ejemplo, descubrí que ya es viernes, que las clases empezaron hace mucho tiempo y que lo he dejado todo abandonado. Decidí entonces que debía olvidarme de esa faceta tan lúgubre de mi misma y enfrentarme a mis miedos. Vuelvo a la cama y le contesto rápidamente.
- Hola Alex. No es necesario, voy a ir a clase 6:16
- ¿¿¿En serio??? ¿Ya te sientes mejor? 6:17
- Sí. Ayer algo cambió…. y quiero volver a clase. Seguro que cuando regrese tendré mucho trabajo 6:18
- Me alegra saber que estás mejor :) Igualmente ¿quieres que me pase? 6:19
- Sí, quiero verte 6:20
- Yo también princesa, llevo toda la noche sin dormir :( 6:21
- ¿Y eso? 6:22
- Cosas de chicos :P 6:23
- Ya te vale 6:24
- En media hora estoy allí, hasta ahora princesa <3 6:25
- Hasta ahora Alex 6:26
Tras despedirme de Alex, me levanté de la cama y fui directa a la ducha. Me arreglé y me enfundé en unos jeans y una sudadera. Mientras esperaba a Alex, preparé la mochila y ordené un poco la habitación hasta que recibí un toque. Alex ya estaba aquí. Bajé rápidamente hasta la entrada para abrirle la puerta. En cuanto abrí, abracé a Alex con fuerza mientras él me devolvía el abrazo.
- ¿Tanto me has echado de menos? – pregunta con cierta socarronería.
- Siempre te echo de menos tonto. – Me separo ligeramente para verle mejor.
- Hola princesa – me sonríe.
- Hola – le devuelvo la sonrisa.
- ¡Has sonreído! – exclama como si fuera el suceso más importante del mundo y vuelve a abrazarme. – Sabía que lo conseguiría – se vitorea a sí mismo.
- Alex, sabes que me encanta que me abraces pero… son poco más de las siete de la mañana y tú y yo estamos aquí fuera abrazándonos como tontos.
- Tu lo has dicho, son las siete de la mañana – se separa y me pone una sonrisa pícara. – Nadie puede llamarnos idiotas porque todos duermen – se ríe. – Vamos a desayunar – dice y entra en casa. Termino riendo y entro con él.
Nos vamos hasta la cocina y mientras le cuento a Alex mi intento suicida de ver a Leo por última vez y mi encuentro con Naim, preparamos tortitas y café. Durante el proceso de mi narración, Alex solo sabe interrumpirme para insultar a Leo y luego vuelve a mi lado para darle vueltas con la varilla a la masa y volver a dar vueltas por la cocina.
- Te juro que en cuanto me lo cruce le corto su hombría de raíz – amenaza. – Trae – me quita el bol y continúa agitando sin control y ensuciando la encimera.
- Alex, así no me ayudas. Déjate de improperios y agita bien la mezcla, ¡lo estás poniendo todo perdido! – lo riño.
- Upps, lo siento – se ríe al ver el estropicio que ha liado. – Pero es que, me da tanta rabia el hecho de no haber estado aquí – vuelve a gruñir.
- Pero no importa – le quito el bol y continúo añadiendo lo que le falta. – Alex, no puedes luchar todas mis batallas, debo hacerlo yo – termino de remover la mezcla y saco la sartén.
- Aún así – bufa mientras se cruza de brazos y se sienta en la silla que hay al lado de la barra americana. – Emm, ¿me haces galletas?
- Alex estoy haciendo tortitas – le señalo la sartén con la tortita que acabo de echar.
- Por favor – me suplica poniendo cara de cachorrito.
- Está bien – suspiro y le pongo los ojos en blanco. – Pero si quieres que me dé tiempo antes de ir a clase debes ayudarme con la masa u ocuparte de las tortitas.
- ¡Tortitas, tortitas! – Se levanta de un salto y me quita la sartén.- Te voy a enseñar de lo que es capaz una mano experta – alardea.
- Por favor intenta no quemarlas – lo chincho.
Dejo a Alex haciendo las tortitas mientras me encargo de hacer las galletas que le han apetecido. ¿Debería hacerles unas cuantas a Naim? Después de animarme como lo hizo ayer podría llevarle unas pocas. Alex y yo cocinamos mientras él canta “Satisfaction” imitando a Mick Jagger y suplicando que le haga los coros para sentirse como si cantara en directo.
- ¿A quién han atropellado para que haya semejantes berridos en la cocina? – dice una voz detrás nuestra. Mamá nos observa divertida enfundada con su bata morada.
- ¿¡Berridos!? – Pregunta Alex ofendido. – Alicia, ¡lo que escuchas es arte!
- Pues tu arte apesta – se burla.
- Envenenaré tus tortitas por esa ofensa – dice agitando el puño y los tres estallamos a carcajadas.
- Espero que al menos sepan mejor que como cantas. Y que merezcan la pena después del horror de cocina que me habéis dejado.
- Prometo dejarlo todo limpio antes de irme mamá.
- ¿Vas a ir a clase? – pregunta extrañada.
- Sí – asiento con seguridad. – Ya he eludido mis responsabilidades por mucho tiempo.
- Esa es mi niña – me da un beso en la frente y empieza a limpiar el desorden que hemos organizado.
Mamá limpia mientras se mete con Alex y la forma tan espantosa que tienen las tortitas mientras yo termino las galletas. Papá se une al rato y después de llamarnos escandalosos termina uniéndose a las bromas de mamá y Alex. Yo no hablo mucho, pero sí que termino riendo con todas las tonterías que están diciendo. La verdad es que llevaba demasiado tiempo sin reír así y casi que lo extrañaba. Aunque de alguna manera pienso que no debería sentirme tan bien cuando acabo de salir de una ruptura. Desayunamos los cuatro juntos en armonía. En cuanto terminamos, Alex y yo nos vamos disparados a clase con el tiempo justo.
Por suerte el profesor no ha venido y tenemos la hora libre. Todo el mundo se sorprende al verme y me siento algo abrumada ante tanta curiosidad por parte de mis compañeros. Alex consigue librarme de todos ellos y puedo sentarme en mi sitio de siempre junto a las chicas. Alex por su parte coge una silla y se sienta a mi lado.
- Hola chicas – saludo mientras me siento.
- Cariño ¿cómo estás? – pregunta Daniela muy despacio mientras Martina e Ivana me observan silenciosas con miedo de apabullarme con preguntas.
- Bien – sonrío. – Alex y yo hemos hecho galletas.
- ¿De verdad estás bien? – Martina me coge de la mano y me da un ligero apretón.
- He dicho que sí – vuelvo a sonreír. – Chicas, no puedo quedarme toda la vida encerrada en mi habitación. Tengo una vida y un plan, ¿recordáis? Si quiero que mi paso por la universidad sea perfecto no puedo mancillar mi historial con faltas por culpa de un capullo.
- Esa es mi chica – me anima Alex y luego besa mi mejilla.
- Emma, yo…
- ¿Qué ocurre Ivana?
- Bueno, es que…– Ivana habla suave, quizá para ver cómo reacciono.
- Vamos Ivi, no va a pasarme nada. Lo que quieras decir, dímelo – la animo a continuar. Ivana suelta un largo suspiro y me mira con cierta culpabilidad antes de seguir.
- Aaron me ha dicho cosas sobre, bueno…él…. – las palabras de Ivana hace que me recorra un escalofrío por la espalda. El corazón me da un vuelco y de repente siento la garganta seca.
- Ivana… - digo con un hilo de voz. – No quiero saberlo – consigo decir desoyendo por completo a mi pequeña yo que necesita saber desesperadamente si él lo ha pasado tan mal como yo. Pero sé que si me cuenta algo sobre él seré tan idiota que haré todo lo posible para buscarle a pesar de que fue él quien me hizo daño. Pero no. Esta vez no va a ser así, me mantendré firme y le olvidaré definitivamente, será lo mejor….
- Lo siento Emm – se disculpa. – Yo solo lo decía por si querías esa información.
- De verdad que no Ivana – intento sonreír a pesar de que no quiera hacerlo. – Ahora necesito aprovechar esta hora y el resto del día para ponerme al corriente de todo, tengo mucho trabajo.
Con esas últimas palabras, pongo mi mochila encima de la mesa y saco mi archivador, un bolígrafo azul y me pongo manos a la obra. Las chicas han procurado facilitarme todo tipo de apuntes y demás para que mi trabajo no sea tan duro, y la hora resulta realmente productiva con respecto a los apuntes de clase. El resto del día lo paso intentando atender, coger apuntes y seguir copiando los que me han prestado. Después tuve que ir al periódico y dar unas cuantas explicaciones sobre mis faltas. No pensé que en el consejo de estudiantes también se enfadaran, nunca me creí tan importante, pero resulta que sí.
Durante el recreo en vez de irme con las chicas, me fui a la biblioteca para recuperar algo de trabajo, aproveché un momento para entrar en facebook y borrar aquel mensaje que le escribí a Leo. Tuve mucha suerte pues parece ser que hubo un error y no se envió, por lo que aprovecho para eliminarlo de mis amigos y volver al trabajo. Recibo un mensaje que me distrae, al principio me enfado pensado que es Alex suplicándome que vaya con él y las chicas a pasar lo que queda de recreo, pero resulta que es Naim. En seguida sonrío a la pantalla y abro el mensaje.
Mensaje de Naim 11:29
- Hola Emma, ¿cómo estás?
Que mono es, y encima se preocupa por mí. Naim sin duda es un gran chico. En vez de contestarle le envío una foto de la pantalla del ordenador de la biblioteca junto con mis apuntes.
- Hasta arriba de trabajo :( 11:31
- Guau, tienes más trabajo que yo jajaja 11:32 – dice y me manda una foto de su escritorio con el ordenador y unas cuantas hojas de cálculo.
- Lo mío es más duro 11:32
- No sé yo :P 11:33
- Estoy bien, gracias :) he vuelto a clase 11:34
- ¿No habías ido a clase? 11:34
- Nope 11:34
-¡Gamberra! 11:35
- ¡No soy gamberra! Es solo que no me sentía con fuerzas para venir… 11:37
- Solo bromeaba 11:38
- Naim he hecho galletas, y bueno, he pensado que tal vez tú querrías… para agradecerte lo de ayer 11:39
- ¿Galletas? ¿Para mí? Me halaga pero no sé si debería aceptar, tampoco hice nada del otro mundo jaja 11:40
- Pero yo quiero agradecértelo 11:40 – vuelvo a insistir.
- Está bien :) ¿Quieres dármelas esta tarde? 11:42
- Estoy hasta arriba de trabajo, dudo mucho que pueda quedar :( 11:43
- Yo también pero puedes venir a mi casa con el portátil, trabajamos un rato y después merendamos las galletas 11: 44
- Me parece bien :) 11:45
- Mierda, ha sonado el timbre, he de volver a clase 11:45  guardo lo que he hecho en el pendrive y recojo rápidamente mis cosas.
- Yo también debería volver al trabajo. Entonces, ¿quedamos así? 11: 46 – Apago el ordenador, salgo de la biblioteca y contesto a Naim.
- Sí, después me dices la hora. Chao! :) 11: 50
Pongo el móvil en silencio y corro hacia clase a toda prisa, de pronto me doy cuenta de que acabo de quedar con Naim esta tarde. ¡Encima hemos quedado en su casa! ¿¡Pero qué coño acabo de hacer!? El corazón empieza a latirme muy fuerte. A ver, Emma, no pasa nada es Naim. Ayer estuvisteis juntos en su casa y no ocurrió nada… mi subconsciente me recuerda cómo me quede a pocos centímetros de su cara y luego su mano sujetándome para no caerme cuando yo estaba sin sujetador… enseguida mis mejillas empiezan a tornarse coloradas con cada recuerdo y me pateo mentalmente.
No va a pasar nada, recito mentalmente una y otra vez. Podría cancelarlo…. pero en realidad no quiero, me lo paso muy bien con Naim, con él no pienso en…. bueno, él…. además que aún no le he dado su regalo de navidad, ¿debería dárselo hoy? Tal vez se sienta abrumado con las galletas y el regalo y piense cosas que no son. No, primero las galletas, y otro día el regalo. Entro en clase y me siento con Daniela.
- ¿Qué? ¿Has podido adelantar mucho? – susurra mientras el profesor pasa lista.
- Sí y no – susurro. – He adelantado algo pero he terminado hablando con Naim.
- ¿Con Naim? – alza el tono sin querer y toda la clase nos observa.
- Señoritas Jefferson y Ortega, ¿serían tan amables de compartir la información para el resto de la clase? - ambas negamos la cabeza avergonzadas. - ¿No? – arquea una ceja. – ¡Pues entonces permaneced en silencio! – nos riñe.
- Sí profesor – nos disculpamos al unísono y agachamos la cabeza para dejar de ser el centro de las miradas.
El profesor de lengua nos da por regañadas y vuelve a agachar la mirada para seguir pasando lista. Suelto un suspiro de alivio y miro a Daniela que me observa con cara de “lo siento” y junta las palmas de sus manos a modo de disculpa. Asiento y sonrío para que no se sienta culpable, cojo una hoja, escribo unas líneas y se lo paso.
Naim me ha enviado un mensaje para ver cómo estaba y al final hemos quedado esta tarde para que vaya a su casa. Pero creo que debería rechazarle y decirle que no :(
Daniela lo lee y me responde.
Mmmm, bueno, no pasa nada que quedes con él, no es la primera vez que quedáis juntos ¿Por qué deberás rechazarle? Emma, si quieres ir, ve.
Dudo durante unos instantes y termino respondiendo.
Quiero ir, pero me siento muy nerviosa cuando estoy a solas con él. A veces me he sentido nerviosa, pero después de lo de ayer…. ufff.
Daniela lo lee y me mira con la boca abierta de par en par articulando “qué coño ocurrió ayer”. Cuando estoy a punto de contárselo veo como cambia de expresión y se le desencaja la mandíbula. Inspiro súbitamente y sé que el profe de lengua está detrás. ¡Joder no puede ver la nota! Le devuelvo a Dani una mirada de horror, pero ambas estamos petrificadas del mismo miedo. El profesor de lengua es un hombre de mediana edad, bastante blanco de piel, con entradas tan grandes como la mismísima Vía de Madrid y una expresión tan dura que mataría de un infarto al propio Lucifer. Su fama le precede y es por eso que todos le tememos, pero Dani y yo hemos abusado de nuestra suerte y ahora tendremos nuestro castigo.
- Entregadme ese papel – dice articulando cada palabra. Dani me observa y yo niego con la cabeza para que no lo haga. Sé por otros estudiantes que si requisa una nota, no solo la va a leer en voz alta en mitad de la clase, sino que se la enseñará al director y después a nuestros padres. No puedo permitir que esto se airé así como así. – No quiero repetirlo – insiste con voz atronadora. Trago saliva y muy despacio acerco mi mano hasta la hoja, pero antes de poder rozarla si quiera, la mano de Alex se me adelanta, coge el papel y con un rápido movimiento se la mete en la boca.
- ¡Alex! – grito sin querer y me tapo la boca rápidamente. Veo de reojo al profesor que también lo observa primero con sorpresa y después con furia.
- ¿Gianetti se da cuenta de lo que acaba de hacer? – pregunta intentando contener la rabia.
- Tenía hambre – dice y se encoje de hombros.
- Podría intoxicarse – prosigue regañando.
- Correré el riesgo – Alex se muerde el labio intentado contener la risa.
- Un día de estos acabaréis conmigo – gruñe y se da la vuelta. – La próxima vez iréis los tres al despacho del director.
Los tres asentimos con vehemencia pero aliviados en el fondo. Me giro y me encuentro a un Alex divertido que me guiña el ojo mientras termina de tragarse el folio. Como luego le duela el estómago me voy a sentir fatal. Alex termina de tragarse la hoja y articulando las palabras sin emitir ningún sonido dice “me debes muchas galletas”. Asiento mordiendo el labio para evitar soltar una carcajada y me giro para continuar la clase. Por suerte, ésta termina sin más percances y en el descanso para la siguiente clase le puedo explicar a Dani y a las chicas lo que pasó con Naim ayer. Todas están de acuerdo en que debo ir a nuestra quedada, pues piensan que no es bueno que me vuelva a encerrar en casa y que, quizá la amistad de Naim me ayude a pasar página. Aunque Martina casi que me ha exigido que como se me presente la oportunidad, me acueste con él sin dudarlo. Sé que lo ha dicho completamente en serio, pero no hemos podido evitar echarnos a reír. Martina no va a cambiar nunca. Además, creo que tienen razón. Tal vez estar ocupada me ayude a superar definitivamente esta ruptura. Debo seguir adelante. Por mucho que espere, Leo no va a venir como siempre. Esta vez es distinto a las otras veces. No solo lo ha fastidiado todo, sino que ni yo misma le dejé explicarse. Pero, ¿para qué? ¿De qué me serviría dejarle darme una excusa barata cuando yo misma vi lo que pasó? Es cierto que fue Colette quién se acercó para besarlo, pero él no solo no se apartó, sino que le devolvió el beso….Y sin duda alguna, lo que más me dolió, fue todo lo que escuché acerca de que “yo era más feliz sin saberlo” ¿Sin saber qué?¿Qué podría haber hecho para que yo fuera más feliz sin saberlo? En ese momento sentí que todo lo que viví con Leo fue una mentira, que realmente estaba jugando conmigo, que nunca me quiso y que todos tenían razón. Yo solo era su favorita, y nada más….

viernes, 27 de mayo de 2016

Reseña: Pretty Woman

Pretty Woman

* Título original: Pretty Woman

* Duración: 120 minutos

* Año: 1990

* País: Estados Unidos

* Director: Garry Marshall

* Actores:

Richard Gere: Edward Lewis
Julia Roberts: Vivian Ward
Héctor Elizondo: Barney Thompson
Laura San Giocomo: Kit de Luca
Ralph Bellamy: James “Jim” Morse
Jason Alexander: Philip “Phil” Stuckey
Alex Hyde-White: David Morse

* Genero: comedia romántica

*BSO:

* Resumen:

La película comienza en una fiesta en Los Ángeles donde un rico hombre de negocios llamado Edward Lewis está ciertamente incómodo ante otra riña telefónica con su novia Jessica, a la que pide que vaya allí pues la necesita esa semana y ella se niega porque no tolera que él crea que la puede tener a su disposición siempre que a él se le antoje. A primera vista, Edward parece ser un hombre bastante conquistador al que las relaciones le duran más bien poco. Coge prestado el coche de su abogado y termina en Hollywood Boulevard, una zona bastante mala donde se encuentra el piso de Vivian Ward, una prostituta que, junto con su amiga y compañera de prostitución Kit de Luca, intentan buscar la forma de pagar su alquiler. El destino hace que Edward pare justo donde se encuentran Vivian y Kit. Esta empuja a Vivian a subirse a su coche y no aceptar menos de cien dólares para poder pagar el alquiler. Vivian no solo termina subiendo y acompañando a Edward hasta el hotel Regent Beverly Wilshire, sino que termina en su lujosa suite por lo que era en principio una sola noche.

A la mañana siguiente, Edward le ofrece a Vivian quedarse con ella una semana por tres mil dólares, a lo cual ella acepta encantada. Con ello, a pesar de la “vulgaridad” de Vivian, Edward empieza a sentir cierta debilidad por ella. Se encarga de comprarle ropa adecuada, la lleva a cenar a una reunión de trabajo bastante importante e incluso a la opera. Todo esto conlleva a que su relación, que en principio era solo trabajo, donde ella le acompañaba a donde él quisiera y tal, termina siendo algo más profundo. En cada situación que vivían,  fueron creando unos lazos bastante fuertes donde se irán no solo conociendo, sino que terminaran por hacerse concesiones, intimando de una forma en la que terminaran descubriendo las verdaderas facetas del otro y comenzarán a desarrollar sentimientos.
Vivian hará que Edward descuide su trabajo y le enseñe otra perspectiva de la vida. Una sin trabajo ni fusiones de empresas. Una vida tranquila y relajada, donde van al parque a merendar y tumbarse en el césped. Eso, claro está, a su amigo y abogado desde hace diez años, Phil Stuckey, no le parece bien en absoluto e intenta que Vivian se vaya de la vida de Edward. Cosa que al él no le parece bien, y que, en cuanto sorprende a Phil intentando mantener relaciones con Vivian “en compensación” por los miles de dólares que perderían por su culpa, lo echa de la habitación de un puñetazo. Después de una gran discusión, Vivian no se atreve a admitir que está enamorada de Edward y termina abandonando a Edward y volviendo a su piso con Kit, pero por breve tiempo, pues tiene intención de marcharse a Nueva York y comenzar de nuevo.

Al día siguiente, Edward, quién supuestamente debía volver a su vida en Nueva York, no soporta la idea de haber perdido a Vivian, por lo que, termina comprando un ramo de flores y va hasta su piso en su busca. Ella se encuentra asomada en la ventana cuando él llega en la limusina gritando su nombre como un loco. Se baja de esta y, a pesar de su miedo a las alturas, sube por las escaleras de incendios hasta el encuentro de Vivian, cumpliendo así la fantasía de Vivian de niña, donde ella imaginaba que era una princesa encerrada en una torre por una malvada bruja y su príncipe iba a buscarla.

* Opinión personal: 

La verdad es que esta es una de mis películas favoritas. Ya no solo por la magnífica interpretación de ambos personajes protagonistas, sino, la historia en sí posee cierta magia que hace que la ames. Además, la banda sonora hace una maravilla en esta gran película, pues no habrá nadie que no conozca la emblemática canción “Pretty Woman” que da también título a la película.

He de comentar que Julia Roberts hace una actuación realmente brillante, y que, siempre me ha parecido una actriz realmente sexy. Un buen ejemplo es esta película, pues no todo el mundo podría interpretar a una prostituta como ella, en mi opinión. Richard Gere tampoco se queda atrás en su actuación, además, que siempre ha sido conocido como un sex symbol que derrocha sexappeal por doquier y juntos, crean así una combinación perfecta que hace que la película se muestre así de estupenda. Me costaría mucho ver la película igual si no la hubieran protagonizado ellos, pues creo que la química entre ambos actores no la consigue cualquiera.

Para no variar, esta película está llena de curiosidades bastantes interesantes, y algunas escenas sacada de la misma manga de los actores. Empezando por el título, la película en principio se iba a titular “3.000$” que era la cantidad acordada que Edward le daba Vivian por la semana que pasaban juntos. Otro gran cambio fue el final del guion, el cual era más oscuro y mucho menos romántico. El personaje Edward iba a ser un hombre cruel y despiadado y Vivian una adicta a la cocaína. En el acuerdo, Edward le prohibía a ella consumir drogas y sí se basaban en la boca desde el principio. El final de su relación terminaba con Edward tirándole el dinero a Vivian mientras ella le grita en una cuneta y él volvía a Nuevo York con su novia. Menuda diferencia, ¿verdad? Pues hicieron falta cinco guionistas para “suavizar” a los personajes. Hubo muchas chicas para el papel de Vivian, pero finalmente  el productor Steve Reuther propuso a una desconocida Julia Roberts, que había co-protagonizado Mystic Pizza.

A pesar de interpretar a una prostituta, Julia es bastante tímida y tuvo muchos problemas con las escenas de sexo o desnudos. Al contrario que su compañero Gere, quién decidió pasearse por el set desnudo por amor al arte. Aunque fueron considerados y en la escena de la bañera (donde creo que la de Cincuenta Sobras sacó la idea) el director hizo que el set se vaciará, quedando únicamente un cámara filmando la secuencia.

Una escena improvisada, fue esa mágica parte en la que Gere le enseña a Julia el escandlosamente caro collar. Gere improvisó la parte de cerrarle la tapa cuando ella fuera a tocar el collar. Julia quedó tan natural que al director le encantó la escena y decidió incluirla. Además, de las risas que tuvo Julia mientras veía la televisión, pues el director le hacía cosquillas en los pies.  La escena de Gere tocando el piano, no solo toca de verdad, sino que fue él mismo quien compuso esa misma canción para esa escena. Otro dato es que, la mítica escena final de la película tuvo que ser rodada nueve veces. Un detalle que suele pasar inadvertido, salvo para los muy observadores o para los que han visto esta peli como un millón de veces, es que, en la escena donde desayunan, donde Vivian, que en principio se estaba comiendo un croissant, en la siguiente escena se convierte en una tortita.

Y bueno, existen muchas más anécdotas y detalles, pero creo que este es un buen resumen de las muchas existentes. En cierta ocasión leí acerca de que había un libro, pero que este era como el libreto original y no se parecía en absoluto a esta maravillosa historia, por lo que decidí no leérmelo nunca. Si os soy sincera, prefiero quedarme con esta historia aunque sea “la típica pastelada romántica”. Puede que la otra sea más realista, pero para ver las cosas malas de este mundo, me veo las noticias. Cuando leo, me gusta leer cosas que tengan un poco más de “magia” o al menos algo que me alegre o me haga suspirar, una forma sana de liberarte de las malas vibraciones que nos rodean. No sé si me he explicado bien, pero quiero creer que hay más personas que piesan como yo.

Espero que os haya gustado la reseña y que, como siempre, podéis comentar sugerencias, opiniones o lo que queráis. ¡Os quiero Neverlanders!  

domingo, 22 de mayo de 2016

Capitulo 40

- Espera, levántate – Naim me ofrece su mano para ayudarme a levantarme. Hace un gesto y nos colocamos bajo el toldo de una tienda para resguardarnos de la lluvia.- ¿Qué haces aquí? – pregunta.
-Yo... pasaba por aquí.... – parece que no soy capaz de decir otra cosa. Pero en seguida me detengo sin saber que más decir. He estado evitando cualquier tipo de contacto visual todo el tiempo, pero noto su mirada clavándose en mí. Naim se acerca, hasta ponerse enfrente de mí y levantarme la cara para que le mire.
-¿Por qué has llorado? – su voz es suave y denota cierta preocupación.
- Yo... - no sé como decírselo, sus ojos me están penetrando en el alma y no soy capaz de hablar.
- Estas lejos de casa – afirma más que pregunta.
-Sí – murmuro y asiento con la cabeza.
-Ven conmigo – dice con decisión. - Yo vivo aquí al lado, está lloviendo mucho y estás empapada.
Naim no me deja tiempo si quiera para darle una contestación cuando me agarra de la mano y me conduce hasta un edifico que acababa de pasar hace solo unos segundos. Vamos en silencio, no es un silencio tenso en absoluto, solo es un silencio en el que las palabras sobran. Durante el trayecto Naim no me suelta la mano en ningún momento. Subimos en el ascensor y se para en la décima planta. Salimos y entramos en el segundo portal.
- Pasa - dice Naim echándose a un lado para que entre en su apartamento. Es grande y lo tiene muy limpio y ordenado, me giro y veo que Naim me observa. Acabo de darme cuenta de que va en chándal y lleva una bolsa de deporte.
- Venía del gimnasio - dice respondiendo a la pregunta que no he llegado a formular.
- Mmmm- no sé qué decirle.
- Deberías ducharte, tienes la ropa chorreando - me señala.
- ¿Qué? No, no puedo. Me conformo con que me dejes un paraguas. Después me iré – respondo incómoda.
- ¿Irte? ¿Con la que está cayendo? – pregunta escéptico. - Emma, te he traído aquí porque es evidente que no estás bien, quédate – me ofrece.
- No quiero molestar - agacho la cabeza.
- Te repito que te acabo de traer, así que déjate de cortesías y siéntete como en tu casa - me dedica una sonrisa.
- Gracias - le miro y creo que voy a echarme otra vez a llorar.
- No es nada, venga, te voy a buscar algo de ropa. El baño está a la izquierda, por si quieres... - sé a qué se refiere.
- Muchas gracias Naim - le dedico una leve sonrisa y me dirijo al baño.
Entro y observo un baño sencillo, pero muy bonito. Las paredes muestran pequeños ladrillos blancos, tiene una ducha con cristalera, pero también tiene cortina. Me gusta que el baño se componga de colores blancos y grises. A primera vista, y sin entrar mucho en detalle, su apartamento parece realmente acogedor. ¿Vivirá solo? Cierro la puerta y me dirijo a mirarme en el espejo. Puedo ver cómo mis ojos están hinchados y el poco maquillaje que me eché, está corrido por completo. Suelto un suspiro derrotada y veo que a un lado hay un cesto, supongo que será para poner la ropa sucia, por lo que decido dejar ahí mi ropa. Suelto la mochila y empiezo a desvestirme. Está todo empapado no, lo siguiente… ¡Hasta las bragas! ¡Qué vergüenza! ¿Cómo he podido acabar en el piso de Naim? Encima sin ropa seca. Lo dejo todo en el cesto y me meto en la ducha, mientras espero que se caliente el agua, tocan a la puerta.
- ¿Emma? Te he traído ropa – dice desde el otro lado de la puerta. Echo la cortina para que no pueda verme y contesto.
- Puedes pasar, estoy dentro de la ducha - me da corte que entre, pero es su casa y necesito esa ropa.
- Vale - pasa unos segundos y entra. - Te dejo la ropa en el lavabo y también te he traído toallas.
- Gracias. He dejado mi ropa en el cesto, espero que no te importe, no quería mojarte el suelo.
-No te preocupes, lo meteré en la secadora – me dice en tono despreocupado.
-¡No! – exclamo. Mi ropa interior está ahí, no quiero que la vea.
- ¿Qué pasa? – pregunta extrañado. – Si la dejo ahí no se secará en horas.
- Es que… - me muerdo el labio tímida. - Mi ropa interior está ahí. También esta mojada…
- Aamm, bueno, yo… te prometo que echaré todo el cesto y no miraré
-¿Lo prometes? – parezco idiota, él ya tiene sus años, no va a asustarse por ver mi ropa interior…pero aún así me da vergüenza.
- Lo prometo. Te dejo que te duches tranquila. – Y con ello, cierra la puerta y me deja sola.
El agua se calienta rápido y me doy una ducha bastante gratificante. El calor ha eliminado toda la tensión de mi cuerpo y por un momento, me olvido de todos mis problemas. Permanezco más rato del que debería simplemente con los ojos cerrados y dejando que el agua caiga bajo mi piel. Recuerdo que no estoy en casa y cierro el grifo, alargo la mano y cojo un poco del champú y del gel de Naim. Ya me duché antes de venir, pero después del desengaño que he tenido en el trabajo de Leo, me siento terriblemente sucia. En cuanto me aclaro, salgo de la ducha y envuelvo mi pelo y mi cuerpo con las toallas de Naim. Observo la ropa que me ha dejado, una camiseta básica y un pantalón de chándal, también me ha dejado uno de sus bóxers, no puedo evitar que se me escape una sonrisa tonta. Este chico está en todo. Me visto y me voy al salón donde Naim está viendo la televisión. También se ha cambiado de ropa, lleva una camiseta negra y unos vaqueros.
-¿Que tal estás? - me pregunta en cuanto me ve.
-Mejor, gracias - le digo mientras me siento a su lado.
-Todavía tienes el pelo húmedo, trae - me quita la toalla que tengo en los hombros y me empieza a secar el pelo.
- ¡Hey, para! Que puedo hacerlo sola - intento detenerlo, pero se ha puesto de rodillas y ejerce mas fuerza de la que yo puedo contrarrestar.
-Estate quieta. Además, si pudieras, lo hubieras hecho antes de venir - no puedo rebatírselo, así que cedo y le dejo hacer. Nos quedamos así, varios minutos sin hablar,…él secándome el pelo con la toalla y yo escuchando la lluvia caer. No es un silencio incómodo, me siento protegida y ya no siento esa presión que tenía en mi pecho.
- ¡Ya está! He secado gran parte del pelo, pero deberías coger el secador. Está en el primer cajón…aunque mira, mejor te lo traigo.
- Naim, ¿no quieres ducharte?
- Ya me duché en el gimnasio, además, como un amigo me trajo durante gran parte del camino en coche apenas me he mojado – sonríe. – Voy a traerte el secador- se levanta y me deja sola. Veo que trajo mi mochila, me acerco y cojo el móvil. Las siete ya, no puedo quedarme mucho, pero fuera todavía llueve y mi ropa aún esta húmeda. Naim vuelve con el secador.
- ¿Te ha molestado que trajera tu mochila? – pregunta. - No parece que se haya mojado nada, lo he comprobado.
- No, solo quería saber qué hora era. Gracias… ¿por qué eres tan bueno conmigo?
- ¿No debo serlo? – se ríe y se sienta a mi lado. - Emma, somos amigos. Además, en las condiciones en las que estabas no podía dejarte sola, toma. - me da el secador, lo conecto y termino de secarme el pelo. En seguida termino y se lo doy, Naim lo deja encima de la mesa y se vuelve a sentar a mi lado.
- ¿Vas a contarme que hacías vagando sola por la calle lloviendo a mares y sin paraguas? - Observo a Naim. Está preocupado por mí, pero no sé si debo decirle que Leo es el responsable.
- Fui a... - la bilis me sube por la garganta y siento cómo las lágrimas se agolpan nuevamente en mis ojos. Inconscientemente, me echo sobre los brazos de Naim y lloro desconsoladamente. Le pillo desprevenido, pero rápidamente me envuelve entre sus brazos, protegiéndome de mis propios miedos. En algún momento, me quedo dormida entre mis lágrimas y unos brazos reconfortantes. En mi breve duermevela me siento reconfortada y un agradable olor a colonia inunda mis fosas nasales. No es la primera vez que huelo esta colonia… han pasado dos semanas, pero es la primera vez desde entonces que me encuentro tan bien…. escucho una voz llamarme y abro poco a poco los ojos.
- Emma…pequeña….hey, ¿cómo estás?
- Mmmm ¿qué? - pregunto algo desorientada. No fue mi intención dormirme en absoluto, pero se estaba tan bien…
- Emma, ¿te has despertado ya? - me pregunta con dulzura.
- Si... esto... yo...lo siento, me dormí – respondo con cierta timidez. Me intento levantar de encima de él y termino a unos centímetros de su cara.
- Lo sé, no quería despertarte, pero es que tengo que ir al baño - sé que debo alejarme, pero no puedo apartar la vista de sus preciosos ojos.
- Upps, lo siento – me disculpo e intento separarme pero tropiezo con el enorme pantalón que me ha dejado. Por suerte, Naim me agarra por encima de la cintura para evitar que me caiga y en ese breve momento recuerdo que no llevo sujetador.
-¿Estás bien? - pregunta, pero también se ha dado cuenta y ha apartado sus manos rápidamente de mi cuerpo.
- Sí, lo siento… tu pantalón es muy grande- intento bromear para quitar hierro al asunto.
- Lo siento – se ríe.- Y mira que he estado buscando el más pequeño que tenía. Tu ropa seguro que ya está seca… está en la cocina - me dice con las mejillas sonrosadas.
- Voy a por la ropa –digo rápidamente mientras me levanto del sofá. Mis mejillas también están sonrojadas y siento mi corazón latir muy fuerte.
- La cocina está ahí – señala. - Te puedes cambiar en mi habitación, está al final del pasillo - me explica, se levanta y va al baño.

Me dirijo a la cocina y busco la secadora, ¡ahí! Me acerco y saco mi ropa, me dirijo al pasillo y entro en la habitación que hay entreabierta. Vaya es muy amplia y ordenada. Al igual que el baño, su decoración de pared también es de ladrillos en tonos claros. No parece que lleve mucho tiempo aquí, pues apenas está decorada, aunque sí es cierto que está muy bien iluminada y el color blanco parece que es el predominante de toda la casa. Me quedo mirando el detalle de unas escaleras que hay en la pared y sube hasta casi el techo donde hay trajes colgados en un amplio perchero, y un pequeño escritorio. Me acerco a la cama y veo que el cabecero está lleno de fotografías en blanco y negro que no me detengo a mirar porque me desvió hasta un pequeño mueble un tanto peculiar, que está lleno de papeles de su trabajo. Me doy cuenta de que no dejo de mirar cada detalle de su habitación y después de sentirme como una mirona, me desvisto, le dejo la ropa bien doblada encima de la cama y me pongo la mía. Salgo y en el salón Naim esta esperándome.
-¿Estás lista? Supongo que querrás irte a casa. Ya ha dejado de llover, pero te llevo en coche.
- No quiero causarte molestias- me revuelvo incómoda. - Iré en autobús.
- Emma, no seas tonta, te llevo y no quiero que rechistes.
- Pero vivo lejos y te vas a dar una paliza ahora para llevarme – argumento.
- Prefiero llevarte y saber que llegas a casa bien. Ya ha anochecido y la parada del bus está a varias calles. Te voy a llevar te guste o no.
- Está bien – cedo y me acerco hasta él. Naim sonríe y me pasa el brazo por los hombros, provocando un vuelco en mi corazón. Vamos a la entrada donde coge las llaves y nos dirigimos al ascensor. Entramos en silencio.
- Leo – digo en el momento en que se cierran las puertas.
- ¿Qué? - pregunta sorprendido.
- Fui a ver a Leo... a la radio de su padre. Hace dos semanas que no sé nada de él....me evita, aunque claro, es normal, yo también le he evitado... pero quería verle… - le cuento. Naim ha sido muy bueno conmigo, no merece menos.
- ¿Habéis discutido? – pregunta.
- Bueno, discutir.... tuvimos una pelea algo fuerte.... al principio me sentía furiosa, no quería ni verle.... pero pasaba el tiempo y él no venía.... no esperaba que corriese a disculparse como siempre. Pero no entendía como podía marcharse así sin más.... - se abre el ascensor y salimos.
- Emma, no llores - me consuela Naim. Levanto la vista hacia él y me toco la mejilla que ahora está húmeda. No me había dado cuenta de que había derramado lágrimas. Naim me observa silencioso. - ¿Qué sois? - me pregunta.
- Dos personas que, a pasar de quererse, solo saben hacerse daño la una a la otra...- ahogo un sollozo. - y ahora no somos nada, porque nunca le importé lo suficiente - me paro en la puerta que da a la calle. Intento enjugar mis lágrimas, pero éstas caen sin cesar, ignorando a mis dedos que intentan eliminarlas.
- Siempre habrá dolor, pero solo será soportable si la persona que te lo provoca merece la pena.... - dice Naim, y seguidamente me envuelve entre sus brazos. Acepto encantada esa protección, fundiéndome en su abrazo, amoldándome a su cuerpo....
- Leo me prometió muchas veces que no me haría daño…. Me dijo que me quería y todo era mentira…. – digo y me hundo más en su pecho. Naim me abraza y me acaricia la cabeza igual que lo hacía África, creando un estado de paz dentro de mí. – Pillé a Leo enrollándose con su ex en Nochevieja…. – suelto finalmente.
- ¡Menudo cabrón! – masculla entre dientes, pero le he oído perfectamente.
- Eso mismo le dije yo… - intento bromear, pero me sale la voz estrangulada pareciendo aún más patética de lo que ya parezco.
- Emma, lo siento – se disculpa.
- ¿Por qué te disculpas? – musito.
- Porque Leo es mi amigo y sé cómo es. Cómo siempre decíais que erais amigos no pensé que pudiera hacerte daño.
- No Naim…. eso no va así… yo debía haberme dado cuenta antes, pero quise ignorarlo. Nunca te dije nada porque Leo y yo nunca fuimos novios…
- ¿Nunca? – pregunta sorprendido.
- Ya te lo he dicho, nos queríamos…pero siempre discutíamos y nos hacíamos daño el uno al otro, por lo que nunca llegábamos a formalizar nada.
- Entiendo…- dice serio y me acaricia la espalda. Me doy cuenta de que llevamos un buen rato así, él abrazándome mientras me consuela y yo agarrada a su camiseta. Empiezo a sentir nervios en el estómago. Nos separamos lentamente y Naim me quita las lágrimas con los pulgares. – Te llevo a casa – me sonríe. Asiento e intento devolverle una torpe sonrisa.
*****
Cuando Naim detiene su coche delante de la puerta de casa son más de las nueve y media de la noche y siento que me he metido en un señor lío.
- Emma, tarde temprano deberás enfrentarte a ellos – me dice Naim.
- ¿No puede ser mejor tarde? – Naim se ríe por mi comentario pero sacude la cabeza.
- Creo que no, ¿quieres que vaya contigo?
- Mmmm – pienso dubitativa. Es una locura, pero es tal la locura que hasta podría funcionar. – Vale – sonrío.
- ¿Lo dices en serio? – se le descompone la cara.
- ¿Ahora no me dirás que solo bromeabas? – enarco una ceja.
- Sí, pero… - duda. - ¡Qué demonios! – se ríe y se quita el cinturón. Bajamos del coche y vamos hasta la casa. Antes de que me dé tiempo a meter la llave en la cerradura la puerta se abre.
-Jovencita, ¿Qué horas crees que son estas de llegar? – regaña mamá. Pero en seguida enmudece al ver a Naim detrás de mí. - ¿Algo que explicar? – pregunta mirando primero a uno y después al otro.
- Mamá yo…- empiezo.
- Disculpe que la haya traído tan tarde señora, pero Emma me pidió hace un tiempo ayuda con un trabajo que tiene que hacer y como yo trabajo en una empresa, los tiros van más o menos por ahí. Solo podía quedar hoy, pero he tenido demasiado trabajo y la he hecho retrasarse – explica Naim con total convicción.
- Pues eso…- me encojo de hombros. – Se llama Naim – añado.
-¿Tu eres el chico de la otra vez? – pregunta ahora curiosa.
- Sí – asiente y le dedica a mamá una sonrisa de infarto.
- Emma, ¿por qué no me has dicho que tu novio trabaja en una empresa?
- ¡¡Mamá!! – chillo avergonzada. - ¡Naim es solo un amigo!
- Si bueno, lo que tu digas – se encoje de hombros y vuelve a Naim. – A mí ya me caes bien, pero te tienes que ganar a Rick – se ríe.
- Mamá por favor…. – suplico mientras me llevo el pulgar y el índice al puente de la nariz. Cuando se pone así no hay quien la soporte. Naim se lo toma con humor y se ríe.
- Lo intentaré.
- ¡Encima no le sigas el juego! – lo riño.
- No seas así Emma – dice mamá. – Y por cierto, no soy tan mayor. Señora mi madre, a mí me llamas Alicia.
- Sí, Alicia. Bueno, Emma, ya me avisarás cuando tengas dudas sobre tu trabajo.
- Eh, sí… te enviaré un mensaje pronto. Gracias por la ayuda.
- No hay de qué – me guiña un ojo y se despide.
- Es muy guapo, ¿seguro que no es tu novio? – pregunta mamá después de ver su coche desaparecer.
- ¡¡Que no!!
- Vale, vale – se rinde. – Pero si algo de lo que debes darme la razón es que ya no estás deprimida.
- Mamá yo… - cuando me giro para explicarme, la veo que ya va dirección a la cocina. ¿Sabrá lo que ha pasado?
Naim me abraza y me acaricia la cabeza igual que lo hacía África, creando un estado de paz dentro de mí