domingo, 29 de noviembre de 2015

Capitulo 15

 Damos por terminado el abrazo y nos miramos a los ojos. Nunca me canso de observar sus penetrantes ojos azules.
-¿A dónde quieres ir? – me pregunta Leo.
-A donde sea, mientras sea contigo – le contesto con una sonrisa.
-Yo que tu no decía esas cosas. Podría llevarte a mi piso y... - su mirada lasciva lo dice todo, así que le callo con un beso para que no pueda terminar la frase. Me aparto y Leo sonríe travieso.
- No paro de ir de una casa a otra, prefiero estar en la calle. Además, si te pasas conmigo, siempre podré echar a correr – bromeo.
-Nunca me propasaré contigo Emma. Jamás te obligaría a hacer algo que no quisieras hacer – dice muy serio.
-Lo siento, ha sido una broma de mal gusto, - le digo mirando al suelo avergonzada.
- La mía también, nena. – Leo me pone la mano en la barbilla, me la levanta para que le mire y me devuelve el beso, suave y rápido. – Vámonos antes de que tus padres decidan salir y te pillen con el delincuente que acosaba el otro día tu casa.
-Jajaja, tienes razón, no creo que tengan compasión de ti. Y mucho menos de mí, que les dije que iba al piso de Alex y después a ver a Ivana. Por cierto, te tomas muy a broma lo del acoso en mi casa, pero no me has contado todavía por qué lo hiciste.
-¿Ivana? ¿La rubita que sale con Aaron?
-No me cambies de tema.
-No te cambio de tema.
-Entonces ¿por qué no me respondes?
-Porque no quiero. Y vámonos ya – dice cogiendo mi mano y llevándome en dirección al centro.
- Ya te vale – le saco la lengua. - Y lo de Ivana es verdad, debo ir, tengo que hablar con ella del periódico.
-¿Y no lo puedes hacer mañana? De todas formas la verás en clase. Diviértete un poco y aprende a vivir en el ahora.
-No puedo vivir en el ahora, tengo un futuro que preparar – me defiendo.
-Eso es una chorrada. No puedes preparar el futuro, solo podrás labrarte un porvenir con los errores que cometas. En serio, Emma, vive el presente, porque todo lo demás es incierto.
-Pero...yo... - me molesta que se burle de mis planes de futuro, pero entonces recuerdo la película. - ¿Has visto el club de los cinco?
-¿Qué? Emma, ¿Cómo puedes cambiar tan rápido de un tema a otro?
-Tengo a un gran maestro justo enfrente. Ahora, responde.
-Pues no, no la he visto. ¿Por qué?
-Porque...quería que la viéramos juntos...si quieres – me sonrojo al decírselo.
-¿De verdad? –parece sorprendido.
-Sí – agacho la cabeza.
-Vale, yo no la tengo, pero se la puedo pedir a alguien.
-Eso sería genial – le sonrío.
Leo da un pequeño tirón de mi brazo y me pega a él, pasándome el brazo por los hombros.
-Es tarde y hace frío – dice evitando mi mirada. Sonrío con todas mi ganas y me aferro a él también.
Paseamos por las calles iluminadas de la ciudad, miramos escaparates y hablamos de varios temas, aunque sin profundizar mucho en lo personal. Es todavía pronto para eso. Me acaba de contar de la vez que casi le detienen en Francia porque tuvo una bronca con un policía y no dejo de reír hasta que, de pronto, veo algo que me hace enmudecer. ¡Oh no, Colette! ¡Acabo de ver a Colette! Ella no puede verme desde donde estoy, pero yo si la veo a ella. ¡No! como sigamos avanzado nos acabará viendo y no pienso dejarle que me estropeé la cita. He de hacer algo, debemos irnos, y rápido.
-Leo, ¿podemos darnos la vuelta? - intento buscar una excusa - De verdad que tengo que ir a casa de Ivana.
-¿Ocurre algo malo? Te estabas riendo y de pronto te has puesto blanca – dice Leo con preocupación. No puedo decirle que acabo de ver a su ex, eso nunca.
-No, no es eso. De verdad, vamos a casa de Ivana, por favor – le digo suplicante.
-Bueno, vale – suspira, parece disgustado. Sé que no le hace gracia que me vaya con Ivana después de lo bien que lo estamos pasando, pero no pienso consentir que Colette me arruine la cita.
Damos la vuelta y nos dirigimos a casa de Ivana que, para mi desgracia, está cerca. Tendré que despedirme de Leo antes de lo que deseaba. Ahora no puedo echarme atrás y decirle que ahora no quiero ir, aunque podría decirle la verdad y seguir con él, pero ¿y si se lo digo y se enfada? Siempre que sale Colette en la conversación cambia su humor, no quiero arriesgarme. Estamos frente a la casa de Ivana y Leo la mira con mala cara, a veces tiene un comportamiento algo infantil, pero me encanta esa faceta.
-Ya estamos aquí – le digo.
-¿De verdad es tan importante el periódico? – protesta.
-Sí, debe estar listo antes del viernes para su publicación.
-Si es para antes del viernes, puedes hacerlo durante la semana – señala.
-Leo es mucho más que eso, debe estar todo correcto, no puedo permitirme un error. Además, tengo dos exámenes esta semana, se acerca la navidad – le replico.
- Pufff – suspira. - No puedo hacer nada para que te quedes conmigo ¿no? – dice mientras me pega a él y puedo inhalar su colonia. Mmmmm me encanta.
-N-n-no – intento decir, pero cuesta concentrarse cuando me deja un reguero de besos desde el cuello hasta la oreja.
-Venga...nena...quédate... conmigo...me...deseas...igual que...yo...a...ti...- dice entre beso y beso.
-Leo...yo... - ahogo un jadeo. Una parte de mí, quiere que pare. Alguien nos puede ver, Ivana o alguno de sus hermanos, pero por otra parte, la irresponsable, quiere que siga.
-Sí mamá, no tardaré – escucho dentro de la casa de Ivana. ¡Joder, es Sam! Debemos escondernos antes de que nos vea. Me separo de Leo, le cojo de la mano y le arrastro hasta la esquina para que no nos vea. Sam sale a los pocos minutos por la puerta. Es igual que su hermana, solo cambia el que sea un chico y sea dos años mayor. Va en chándal y lleva la bolsa de deporte, parece que va a su partido de los domingos con los colegas.
-¿Por qué nos escondemos? ¿Quién es? – pregunta Leo.
-Es Sam, uno de los hermanos mayores de Ivana, si nos llega a ver, la hubiéramos liado, y mucho – le susurro.
-¿Uno de los mayores? ¿Cuántos hermanos tiene? ¿Qué hubiera pasado si nos hubiera visto?
-Vaya, vaya, ¿ahora quién hace mil preguntas? – le digo irónica.
-Touché – me dedica una sonrisa.
- Ivana tiene cuatro hermanos. Dos varones mayores, Adrián y Sam, al que acabamos de ver. Es un cotilla y si nos llega a ver, fijo que mañana todo el mundo sabe lo nuestro. Luego va ella y las dos pequeñas, Sonia y Sara.
- Tampoco es que sea un secreto que tu y yo...-no termina la frase, pero sé lo que quiere decir.
-Lo sé, pero no me gusta que la gente hable de mi vida personal. Ahora en serio, vete. Ya hablaremos lo del sábado.
-Vale, - dice resignado. Me pega a él y me besa, no puedo evitar cerrar los ojos y disfrutar del beso que me ofrece. Nunca me canso de sus besos, me embriagan de tal manera que me hacen rozar lo más alto del cielo. Siento que son besos de otro planeta, y ahora, son solo míos.
-Te escribiré durante la semana, nena – sonríe con dulzura.
-Yo también lo haré...hasta luego – me aferro más a su cuerpo, no quiero dejarle ir
-Hasta luego, - me guiña un ojo y se va. Observo como poco a poco se aleja y entonces me odio por haberlo alejado de mí, pero también odio a Colette por aparecer.
Salgo de mis ensoñaciones y me dirijo a la puerta. Toco al timbre y espero.
-¿Quién es? – me dice una voz infantil, debe ser Sara.
-Soy Emma. Sara, ¿me abres?
-¡Emma, Emma! – grita. Abre la puerta y corre para abrazarme. Sara solo tiene siete años y es la niña más adorable del mundo. Sonia aparece y viene también a abrazarme, ella tiene ocho y ambas son Ivana en miniatura. No he visto hermanos que se parezcan tanto.
-Sara, Sonia, ¿Dónde está vuestra hermana? – les pregunto cuando dejan de abrazarme.
-En su cuarto, vamos a avisarla – dice Sonia. Las pequeñas me cogen de la mano y me llevan a la habitación de Ivana, que está hablando por el móvil. Va a regañar a las pequeñas por entrar sin permiso, pero sonríe al verme y no dice nada. Nos hace un gesto con la mano, le dice al del teléfono que luego lo llamará y cuelga.
-Emma, ¿cómo tú por aquí? – dice mientras se sienta en la cama. Su habitación, allá a donde mires, tiene algo friki. Desde su calendario de Star Wars en su escritorio, hasta el poster de Harry Potter que tiene en su armario.
-Tenía que comentarte algo del periódico. Por cierto, he visto a Sam salir, ¿hoy también tiene partido?
-Como cada domingo, este no se cansa de la pachanguita con los colegas – se ríe. – Deberíamos unirnos un día, hace mucho que no jugamos, y Alex podría venir.
-Dejé el fútbol hace mucho...-suspiro. La última vez que jugué, fue el mismo día que "corté" por así decirlo, con Sebas. No volví a jugar desde entonces.
-Si no te convenzo yo, quizás lo haga otra persona – arquea las cejas. -Pequeñas, necesito hablar con Emma, ¿podéis dejarnos solas? – las niñas hacen pucheros para quedarse, pero después de varias promesas, nos dejan solas.
-Emm, dejando a un lado el tema del fútbol, ¿puedo preguntarte como te va con Leo? – Ivana me ha pillado por sorpresa y casi me atraganto con mi propia saliva.
-¿Cuánto sabes? – le preguntó.
-Lo suficiente como para saber que el sábado vas a la fiesta en la casa de los estudiantes.
Le resumo todo lo acontecido, desde la fiesta de Daniela, hasta este sábado. No es justo que solo lo sepa Dani, somos amigas, y estas cosas deberíamos de contárnoslas. También se lo tendría que decir a Martina, creo que estaría bien organizar una fiesta pijama y hablarlo todas juntas.
-Emma, es fantástico, me alegro mucho por ti. Por si quieres saberlo, Aarón y yo hemos empezado a salir – se sonroja. - Me lo pidió al día siguiente del cumpleaños de Daniela. Estaba hablando con él cuando has entrado con las peques – Ivana sonríe con todas sus ganas. Está claro que quiere muchísimo a Aaron.
-Felicidades Ivi, Aaron es un chico fantástico, se nota que os queréis un montón – nos abrazamos con todas nuestras fuerzas, felices por las buenas noticias.
Dejamos el tema chicos a un lado y nos centramos en el periódico. Después de darle muchísimas vueltas, conseguimos dejarlo listo y le comento lo de la fiesta pijama con Daniela y Martina. Le parece bien, y de paso podremos decirles a ambas las buenas nuevas. La haremos el viernes, porque el sábado está la fiesta, aún no sé cómo me las arreglaré para ir, pero ya pensaré en algo. Me voy de casa de Ivana muy tarde, su madre quería que me quedara a cenar, pero me da apuro porque ellos son muchos, además, llevo todo el fin de semana fuera. Cuando llego a casa, mamá me regaña un poco, pero no me importa, ceno rápido y subo a mi cuarto para dejar las cosas listas para mañana.
Suena el móvil.
Nuevo mensaje de Leo 11:45
-¿Me agregas al facebook?
-¿Para qué? 11:45
-Quiero tenerte, además de poder ver fotos tuyas cuando no estemos juntos 11:46
- Tu solo pon Emma Ortega y te saldré la primera 11:47 – si me agrega podré cotillearle yo también.
- Listo, ya te tengo ;) 11:55
- Emma, ¿sigues ahí? 12:19
Suena el móvil. Me despierto desorientada, cojo rápidamente el móvil para que no siga sonando.
-¿Q-q-qué? ¿Q- Quién? – digo desorientada.
-Emma, ¿ocurre algo? – escucho a Leo decir a través del teléfono.
-¿Qué debería pasar? – no me ubico aún. Recuerdo que estábamos hablando del facebook y luego... ¿me dormí?
- No me contestabas...pensaba que te habías enfadado... - me susurra.
-Creo que me dormí... ¿es algo importante? –podía haberme dejado dormir, la verdad.
-¿Cuándo tienes los exámenes? – suelta de pronto
-¿Qué?
-Ya me has oído, no me hagas repetirlo.
-Pues...ummm...- ¿por qué demonios me pregunta eso ahora? Me estoy empezando a espabilar –El jueves y el viernes, ¿por?
-¿Serías capaz de hacer novillos y venirte conmigo el martes?
-¿¡Qué!? ¿¡Estás loco!? – Leo está fatal, ¿cómo me voy a saltar una clase teniendo exámenes esa semana? Aunque me siento escandalizada, mi mini yo interno está que no cabe de gozo. He faltado dos veces por su culpa, me van a amonestar como siga así.
-Nena por favor, lo pasaremos bien. Yo faltaba cada dos por tres y me va bien en la vida – se ríe.
-Yo....no debo...-intento poner una excusa coherente, pero, ahora mismo todas me parecen absurdas.
-Si vienes, responderé a la pregunta que quieras – me dice muy serio.
-Voy – digo sin pensar. ¡Mierda! La curiosidad ha podido conmigo y él ha sabido cómo utilizarla en mi contra.
-Lo pasaremos bien y prometo traerte a casa a la hora de comer para que tus padres no te regañen.
-Que detalle.
-Soy así.
-Mañana tengo clase y me has interrumpido el sueño. Nos vemos el martes –le digo mientras ahogo un bostezo.
-Hasta el martes...descansa nena - y cuelga.
No me puedo creer que haya hecho eso. ¡Acabo de quedar con Leo en horario escolar! Pero volveré a verle. Sonrió como una tonta al móvil y caigo rápido en los brazos de Morfeo. En mis sueños solo veo unos ojos azules que me miran con cariño, oigo una risa cálida y siento unos brazos que me acunan en su ser.
****
¡Me he dormido! Anoche, después de hablar con Leo, me dormí en seguida y para colmo mi despertador ha decidido no sonar. ¡Estúpido montón de chatarra! Corro todo lo que puedo, ya estoy muy cerca del instituto y no puedo ceder al flato. Ya estoy casi, ¡Lo conseguí! Entro a la clase y veo que el profesor no está, menos mal. Ocupo mi sitio, al lado de Alex, sin aire.
-Menuda carrerita Emma, ¿Qué ha pasado? – pregunta Alex. Las chicas me observan igual de sorprendidas que él.
- Me...dormí...- intento decir sin aire. ¿Por qué siento que últimamente mi vida es una carrera?
- Respira chica, te vas a ahogar – me aconseja Martina.
- Ivana nos ha contado tu idea de la fiesta pijama – dice Dani. – El problema es que esta vez no podrá ser en mi casa, Austin estará en casa y seguro que llama a algún amigo.
- Pensé que podíamos hacerla en mi casa, pero las pequeñas no nos dejaran tranquilas – comenta Ivana.
- Podríais veniros a mi casa – salta Alex.
-¿Qué? Ni hablar. Alex, vamos a hablar de chicos y de temas femeninos. No pintas nada en la fiesta pijama – le recrimino.
-Oye, oye, tranqui, que todavía no se me ha ido la cabeza. Recuerda, soy un tío, tu colega, no tu amigo gay. Te he ofrecido mi apartamento, yo no me incluyo en el lote. He quedado con unos amigos del barrio que no veía desde que me mudé y pasaré la noche fuera. Y aunque es tentador estar con cuatro chicas en mi apartamento, tengo novia – me recuerda Alex.
-Podéis venir a mi casa. Los gemelos están fuera y no vendrán hasta navidad. Además, mis padres se van a casa de mi tía, quería que me fuera con ellos, pero conseguí convencerles – Martina nos sonríe cómplices, le encanta tener la casa a su libre albedrío.
-¡De acuerdo entonces! –decimos las demás al unísono.
Al final el profe de latín ha faltado y pasamos el resto de la clase hablando de la fiesta pijama. El resto del día también transcurre tranquilo, por lo que solo he pensado en mi cita de mañana. Se lo he contado a las chicas y a Alex para que me cubran, ya les he prometido que el viernes les contaré con todo detalle mis andanzas por villa amor.
Emma e Ivana

domingo, 22 de noviembre de 2015

Capitulo 14

Caminamos un poco más y Leo se mete en un callejón, me apoya contra la pared y me suelta. Se pasea un poco y vuelve a fijar su vista en mí. Está muy enfadado y no me atrevo a hacer o decir nada. Me tiemblan las piernas al recordar que estuve en una situación similar con Sebas. Pero no, no es el momento, así que intento quitarme ese recuerdo de la cabeza. No he hecho nada malo, Leo no es nadie para decir que debo o no hacer, y encima se avergüenza de mí, la que debería estar enfadada soy yo, no él.
-Leo, yo...
-¡No, Emma! ¿Eso qué ha sido? Explícame por qué has dicho que vas a ir a la fiesta. – Me dice en un tono que intenta sonar tranquilo, pero no lo consigue.
-¿Y por qué no? ¿Quién te ha mandado verdugo, juez y jurado de mi vida? Leo no tienes ningún derecho a decir lo que debo o no hacer. Nadie, repito, nadie, decide por mí. No tienes ningún motivo para estar enfadado. Yo por el contrario, tengo mucho por lo que mandarte a la mierda. Ya no solo por el hecho de que quieras decidir por mí y de que me hayas tenido asustada e intimidada con esa actitud el resto de la cena. ¡También está el hecho de que te avergüenzas de mí! – las últimas palabras casi que se las he gritado, no sé de donde he sacado el valor, pero agradezco que haya sido así. No puedo simplemente hacer lo que él quiere.
Leo se echa un paso atrás, sus ojos están muy abiertos y muestran gran sorpresa. Está confundido y no se lo reprocho, hace un momento estaba temblando y de pronto le echo en cara cuatro verdades bien dichas. Poco a poco se recompone, mira al suelo, o a cualquier otro sitio que no sea yo. Parece que se le ha quitado el enfado, y ahora se muestra desconcertado.
-No hago más que fastidiarla contigo – exhala. – Emma, lo siento, no quiero asustarte ni que tiembles cuando estés conmigo. Te lo he hecho demasiadas veces en lo poco que nos conocemos, y no quiero que esto sea siempre así. – Se acerca a mí, hasta quedar a pocos centímetros, lo que provoca que, a pesar de llevar tacones, tenga que levantar un poco la cabeza para verle.
-¿Por qué te avergüenzas de mi? ¿No soy suficiente para ti? – mi voz suena apagada.
-No, Emma, por favor, no digas eso – dice. -Lo último que haría sería avergonzarme de ti,... pero después de lo de... ya sabes. No quiero que mis amigos me agobien con que tengo nueva "lo que sea".
-¿Novia? – le digo en un intento de vislumbrar lo que es nuestra relación.
-Emma, ser novios o algo más, mucho más de lo que hacemos tú y yo, que solo sabemos discutir. Si la vida me ha enseñado algo es, que debemos arriesgarnos por nuestros sueños y luchar hasta el final, pero sobre todo, que las cosas más maravillosas de la vida no tienen por qué ser etiquetadas. ¿Por qué quererse debe ser etiquetado como algo? ¿Solo porque creas que quieras a alguien debes etiquetarlo de novio? El amor va y viene, nunca sabes si mañana estará ahí. Imagina que tienes una botella y la etiqueta pone "amor", ¿y si la botella es demasiado pequeña para todo ese amor, o por el contrario, es demasiado grande para tan poco amor? En todo caso, cuando te quieres dar cuenta, o el recipiente se ha desbordado por dar más amor a algo que no tenía tanta capacidad para amar, o por el contrario, falta mucho amor para llenar ese recipiente vacio. Lo que quiero decir Emma es, que no podemos etiquetarnos de esa manera, no por ahora... -su mirada es intensa, pero refleja miedo ante mi reacción.
No tengo palabras, igual que aquella vez. Leo siempre sabe qué decir, tiene las palabras exactas para cada momento, y esta vez, no es una excepción. Sé que no lo pasó bien y que es normal que tenga dudas y no seré yo quien etiquete nuestros sentimientos. Aún no estamos seguros del rumbo que tomaremos y no quiero obligarle a nada que no quiera. Me acerco y le beso breve, pero dulcemente en los labios. Leo me responde, dulce, no salvaje, como en las veces anteriores. Y aquí, estamos, no somos novios, tampoco amantes, ni siquiera éramos amigos antes de que todo esto empezara, pero somos una parte muy importante para el otro, o al menos Leo lo es para mí.
****
Son las doce y media, y Leo me lleva a casa. Conduce tranquilo, tiene su mano apoyada en mi rodilla. A veces, me la acaricia y sube un poco, pero la baja rápidamente. Me encanta que tengamos este mínimo contacto. Hace que sienta que todo va bien. Escuchamos a Rihanna cantar "We found love" y no puedo evitar sonreír con el estribillo, "hemos encontrado amor en un lugar sin esperanza". En un primer momento, me siento identificada, nunca pensé que encontraría amor en esta situación, aunque no sé si siento verdadero amor por Leo. Ambos sentimos atracción por el otro, y aunque Leo me ha dejado claro que yo le interesaba en el pasado, yo aún no tengo claro mis sentimientos hacia él. Cuando me quiero dar cuenta, estamos ya en casa de mi hermana.
-Hemos llegado – dice Leo mientras se desabrocha el cinturón y se gira para verme mejor.
-Eso parece...Leo, gracias por esta noche. Me lo he pasado muy bien, - le sonrió. Es cierto, quitando su pequeño berrinche, lo he pasado genial.
-Ha sido un placer, yo también lo he pasado muy bien – sonríe.
- Leo, por favor, piensa en lo del sábado que viene, quiero ir. Me da igual que me presentes como una amiga, pero de verdad, quiero ir, no por la fiesta, sino para que me demuestres que de verdad no te avergüenzas de mi.
-¿Tan importante es para ti esa fiesta? – dice en voz baja.
-No es que sea importante, es solo que...creo que yo también quiero conocerte mejor – le respondo casi susurrando, pero Leo me ha escuchado y sus ojos se han iluminado. Me quita el cinturón y, cogiéndome por sorpresa, me agarra con suavidad y me coloca a horcajadas encima de él, ahogo un grito como la última vez que me hizo eso. Me apoya contra su cuerpo y me abraza.
-Emma... ¿por qué has cambiado de opinión? ¿Por qué me estás dando estas oportunidades? – me susurra al oído.
-No lo sé...solo sé que quiero hacer esto. Ya perdí la oportunidad una vez....no quiero que se vuelva a repetir... yo...yo... - no consigo acabar, Leo me ha levantado la cara, sus preciosos ojos azules me miran llenos de ternura y me besa. Le devuelvo el beso, y nuestras lenguas juegan traviesas a través de nuestras bocas. Sus manos descansan en mis caderas, las mías siguen en su pecho, pero poco a poco las voy subiendo hasta su cuello. Con la izquierda le acaricio el pelo, Leo ríe en mi boca, y juro que es el sonido más maravilloso que haya oído en la vida. Nuestros besos apenas se interrumpen entre ellos, solo se oye nuestra respiración acelerada, los gemidos que escapaban de nuestras bocas al morder el labio del otro o al tirarle a Leo del pelo. A él le encanta que se lo haga, y yo disfruto enredando mis dedos entre su cabello. Nuestros cuerpos...mi cuerpo...todo es pasión, adrenalina... igual que la última vez...su excitación es claramente notable y yo me dejo llevar, moviendo mis caderas sensualmente hacia él.
-Mmm...Emma... - jadea Leo en mi boca.
-Mmmm, - es lo único que soy capaz de responder, no tengo tiempo para hablar. No sé cómo no me había dado cuenta de lo maravilloso que es besarse, ¿o será que no son los besos, sino Leo a lo que me estoy volviendo adicta? Ni de lejos Sebas me hacía sentir así. En todo caso, me da igual, solo quiero centrarme en Leo.
-Emma...en serio....creo que deberíamos parar....- intenta decir Leo, pero yo no quiero parar. ¿Desde cuándo me he vuelto tan insaciable con sus besos?
-Mmmm, no quiero...ahhh – jadeo. Me pide que pare mientras me muerde el cuello,... creo que no sabe ni lo que quiere.
-Lo digo en serio... deberíamos parar...ese vestido tuyo tiene una tela muy fina....me está volviendo loco que tengas las medias....me tienes muy cachondo nena... - tan pronto como dice eso, mi llama interna se aviva aún más. Solo Alex y Sebas me han dicho "nena" pero que lo haga él me pone a cien. Le beso en el cuello y después succiono, dejándole así un chupetón. Nunca antes lo había hecho, ha sido la emoción del momento.
De repente suena el móvil de Leo y ambos damos un brinco en el sitio. Nos miramos, estamos sobresaltados, jadeantes, y con ganas de más, pero el maldito teléfono nos ha interrumpido.
- ¿No vas a cogerlo? – le pregunto mientras vuelvo a mi sitio y me arreglo un poco el vestido.
-Ehh, si, debería cogerlo, - se saca el móvil de bolsillo y acepta la llamada. -¿Qué quieres? Un poco, la verdad, no da igual, dime....aja, si, si...si, iremos los dos – se gira y me mira con una media sonrisa, sus pupilas están dilatadas y sus mejillas sonrosadas. Creo que debo estar igual, tengo demasiado calor para estar en la fecha que estamos. – Si, vale, voy para allá. Pero tío, la próxima vez manda un watsapp. Nos vemos.
-¿Te vas? – pregunto tontamente. ¿Quién le habrá llamado? ¡Cómo haya sido la camarera esa, ughh! ¡La odio!
- En realidad, tendría que haberme ido hace más de un cuarto de hora, solo que me he retrasado con el postre, - me guiña un ojo. Su comentario hace que me ruborice y suelta una pequeña risotada.
- Eres tonto – le digo sonriendo.
- Lo sé. Ahora en serio, he quedado con Naim y debo irme.
-¿Naim? Ah, el chico del mexicano, me cae bien –digo aliviada. Me alegra que no sea la señorita ojazos, por otra parte, me gustaría acompañarle para ver otra vez al semidiós.
- Me alegra saberlo, es un gran amigo, así que le verás mucho. – sale del coche, da la vuelta y me abre la puerta.
- Ponte la chaqueta Emma – me dice en cuanto salgo del coche.
-Estoy al lado de casa, no la necesito – todavía tengo calor después del "postre".
-No quiero que te resfríes, así que póntela – dice mientras me pasa la chaqueta por encima de los hombros.
-Gracias – le digo mientras sujeto ambos extremos de la chaqueta con una mano. Ambos nos miramos, felices. Por primera vez, creo que esto puede funcionar.
-Nos veremos – me dice Leo y me besa en la frente.
-¿Cuándo? – pregunto. Lo he pasado muy bien y, por alguna extraña razón, ahora no quiero separarme de él.
- Tienes mi número, siempre que quieras verme, llámame e iré en tu busca. – me muestra una gran sonrisa y eso me basta para ponerme de puntillas y besarle en los labios, dulce y casto. Me separo rápido antes de que mis hormonas me hagan saltar sobre él.
-Mañana volveré por la tarde temprano....podríamos quedar un rato...si quieres.
-Llámame cuando hayas llegado y concretamos, - se agacha, me devuelve el beso y se acerca al coche, no sin antes decirme – será mejor que me vaya ya, otro beso más y te meto de nuevo en el coche. Hasta mañana, nena – se mete en el coche y tras hacerme un gesto de despedida, se va.
-Hasta mañana Leo...- digo mientras se va. Estoy colorada, "otro beso más y te meto de nuevo en el coche" no deja de sonar en mi cabeza, lo que estábamos haciendo hace que me abrume más. Intento tranquilizarme y entro en casa de África.
****
Es por la mañana y estoy de un humor excelente. No dormía tan bien desde antes de que Leo entráse en mi vida y me provocara esas noches de insomnio que ocupaba estudiando. Esto es nuevo, es genial y lo mejor es que, por una vez, me pasa a mí. Afri me regañó en cuanto entré porque no la había avisado. Y cuando conseguí librarme de ella, Alex me esperaba en mi cuarto para que le contara como me fue la cita. Les dije a ambos un resumen rápido y con pocos detalles. No quiero que sepan lo de la fiesta del sábado o lo del callejón, y mucho menos lo del coche.
-Tierra llamando a Emma, responda, abandone el planeta en el que se haya asentado y vuelva con nosotros, cambio – dice Fran a mi lado. Doy un pequeño brinco. No recuerdo que estuviera a mi lado. Cuando llegué no había nadie, aunque, ahora que me fijo, están todos aquí. Me he pasado un buen rato sonriéndole a la taza, ya fría de café.
-¿Qué quieres Fran?
-Iba a preguntarte cómo te fue la noche, pero, a juzgar por la cara de empanada, diría que alguien lo pasó muuuy bien anoche - me arquea las cejas de manera sugerente.
-¡No! Es decir...- me he puesto roja de la vergüenza. Acaba de plantearme una moral con arma de doble filo. Si respondo que sí, pensará mal, y creerá que soy una chica ligera de cascos. Por el contrario, si respondo que no, pensará que, además de ser todavía una cría, solo pienso en sexo.
-Vaya, vaya con mi cuñadita... ¡au! – exclama Fran.
-Deja a Emma en paz, no tiene por qué contarte nada. Se lo pasó bien y punto – África ha salido en mi defensa, dándole a su novio un golpe con el periódico. Cosa que le agradezco y le hago saber con mi mirada. Ella me guiña un ojo y me quita el café para calentármelo.
El resto de la mañana transcurre tranquila. Después de desayunar, los cuatro nos vamos a dar un paseo aprovechando el buen día, Fran quiso despedirnos por todo lo alto y nos invitó a comer al bar de un amigo suyo. Tuvimos un almuerzo muy animado y la comida era exquisita, está bien comer en un bar en vez de un Mc Donald o cualquier restaurante internacional. Regresamos a casa a eso de las cinco de la tarde, terminamos nuestras maletas y esperamos a papá viendo una peli. Está vez, eligieron los chicos, y vimos "El club de los cinco", adoro esa peli. ¿La habrá visto Leo? Podría comentárselo y verla juntos. Papá llegó justo cuando terminó la peli, vaya, son más de las seis y medía, al final no voy a llegar tan temprano a casa. Espero poder quedar con Leo de todas formas.
-Chicos, ¿estáis listos? – nos dice papá al lado del coche.
-Sí - decimos Alex y yo al unísono. Nos despedimos de África y Fran y nos metemos en el coche.
-Papá no hacía falta, Fran podría haberlos llevado a casa – dice África.
-No pasa nada, además, así tengo una excusa para ver a mi niña, - le dice mientras la abraza. Mis padres echan mucho de menos a África y eso que se fue solo hace seis meses.
-Papá....Fran y yo hemos pensando, bueno, yo he pensado que...el fin de semana que viene, ¿podríamos ir a casa? Os queremos comentar una cosilla, por favor, no pongas esa cara, no es tan importante.
-Sois bien recibidos en casa hija, no necesitáis mi permiso para venir. Pero sea lo que sea, estamos aquí para lo que necesitéis. Ahora estoy aquí – dice papá sonriendo.
-Ricardo, preferimos hablarlo cuando Alicia también esté delante. No es nada del otro mundo, es solo algo para comentar con la familia.
-Como queráis. Hasta luego chicos – papá se despide de mi hermana y mi cuñado y nos lleva a casa. Alex habla con papá del partido que vio con Fran el sábado, mientras yo cojo mi móvil con la esperanza de tener noticias de Leo. Entonces, veo que tengo un watsapp de él. Casi se me cae el móvil, me ha dado un vuelco el corazón. ¡Me ha escrito! ¿Cuándo? Lo abro rápidamente, necesito saber que me ha dicho.
Nuevo mensaje de Leo a las 12:00
-Buenos días nena ¿Hoy también te has levantado tarde?
-No, hoy me he levantado pronto, era mi último día con mi hermana y quería aprovecharlo :) 18:45
-Me alegro, ¿lo has pasado bien? 18:47
-Mucho, mi padre nos lleva a Alex y a mí a casa ya, ¿podemos vernos o es muy tarde? 18:48
Mientras espero su respuesta, cojo los cascos y pongo en mi reproductor a Ariana Grande, "Break Free", no me gusta mucho esta cantante, pero adoro esa canción.
-Nunca es tarde para verte. 18:57
-¿Cuándo llegue a casa te aviso? 18:58
-Vale, ¿podrías ponerte el vestido del sábado? 18:59
-¡Ni hablar! Hace un frío que pela, cuando me duche decidiré que ponerme 19:02
-Ducharnos juntos suena muy tentador, ¿sabías? 19:06
-¡Eres un pervertido! 19:10
-Tú me has provocado hablando de una ducha. Deberías tener cuidado cuando hablas con un chico y no soltar ese tipo de comentarios a la ligera 19:17
-¿Te ha molestado mi comentario? :( 19:23
-No...solo excitado. De ahí que tengas cuidado 19:27
-Acabo de entrar a mi habitación, y necesito concentrarme para arreglarme, ¿quedamos en veinte minutos? 19:30
-Te esperaré en la tienda que hace esquina, no quiero arriesgarme a que tu madre llame a la policía, nos vemos 19:31
- No quiero visitarte a la cárcel, así que vale. Hasta ahora :) 19:32
Dejo el móvil en la cama y corro a abrir el armario. He quedado en menos de veinte minutos con Leo y no sé que ponerme. El pelo lo tengo bien, me maquillaré un poco, aunque sea la raya. Y de ropa... ¿Qué me pongo? ¿Qué le voy a decir a mama? En cuanto he entrado he venido directa sin hablar con nadie, y después de pasar el fin de semana fuera, me vuelvo a ir. Menuda hija soy. Me doy una ducha rápida y, todavía envuelta en la toalla, corro por el pasillo hacía mi cuarto. Alex me ve y entra en la habitación conmigo.
-Emma, ¿Qué haces? ¿Vas a algún sitio? – se ha sentado en la cama. Tiene las mejillas sonrosadas y mira al suelo, creo que para no verme semidesnuda.
-Yo...he quedado con Leo...ahora, dentro de unos minutos y quiero verle – le digo, cuando veo que sigue mirando al suelo, decido girarme otra vez y mirar en el armario.
-¿Cuando habéis quedado?
-Ahora, hemos estado hablando por whatsapp.
-Por eso has estado sin hablar todo el camino.
-Exacto, es importante para mí. Así que necesito que me ayudes. Diré que me voy un rato a tu piso, total, tenías pensado irte ¿no? Date la vuelta, me voy a vestir.
-¿Espera, qué? – dice mirándome ahora directamente.
-¡Oye! Te he dicho que me voy a vestir, date la vuelta o lárgate, ¡no seas mirón! – le digo mientras me tapo con la toalla que había empezado a desenrollarme.
-Perdona, perdona. Ha sido sin querer – dice mientras se gira. Ahora que sé que no mira, me quito la toalla, me pongo la ropa interior y busco en mi armario. Saco unos jeans del armario, me pongo mis vans color granate y una sudadera gris. Le digo a Alex que ya puede darse la vuelta. Me voy al espejo y me hago una trenza de espiga algo despeinada por las prisas. De paso me hago la raya del ojo y retoco alguna imperfección. ¡Ya casi es la hora! Cojo mi mochila negra y meto las cuatro típicas cosas que metemos las chicas en el bolso. Cojo el móvil y le envío un mensaje a Leo.
-Leo, ya estoy lista, voy a salir :) 19:52
-Te espero 19:52
Le meto prisa a Alex, que ha aprovechado para coger mis apuntes a cambio de su ayuda y bajamos rápidamente las escaleras.
-Niños, ¿A dónde vais? -pregunta mamá.
-Nos vamos a casa de Alex. Necesita que le ayude a ponerse al día con el instituto y tiene las cosas en su piso. Además, he de ir a casa de Ivana después. Tengo que pedirle que me ayude con un tema del periódico. Adiós mamá, ¡te quiero!
Salimos Alex y yo antes de que mamá haga alguna pregunta más, y nos dirigimos a la tienda que hace esquina.
-¿Es verdad lo de Ivana? ¿O es otra mentira?
- ¿Otra mentira? Alex, no he mentido en ningún momento. Llevas mis apuntes, así que, de alguna manera, te voy a ayudar. Y lo de Ivana es verdad, tengo que hablar con ella la última columna del periódico, tuve problemas el viernes y quería comentarlo con ella.
Caminamos un poco más y ahí está. Leo lleva vaqueros y sudadera, su look habitual. Aunque me encantaba como iba anoche, no puedo negar que este estilo no le quede bien. Cuando estamos más cerca, corro hacia Leo y éste me envuelve entre sus brazos. ¿Es normal que lo viera ayer y le echara tanto de menos? Alex nos mira incómodo, por lo que me alejo ligeramente de Leo.
-Emma, me voy a casa, mañana te devuelvo los apuntes.
-Vale, yo me quedo con Leo, hasta luego - me acerco y le beso en la mejilla como despedida. Él hace lo mismo y sonríe.
-Hasta luego pequeña. Leo – le hace un gesto con la cabeza a modo de saludo, y luego, se aleja de nosotros, camino a su piso.
-Creo que ya le caes mejor – le digo a Leo.
-Parece que sí, - me dice mientras me envuelve otra vez entre sus brazos. – Te he echado de menos, estás guapísima, aunque hubiera preferido ese vestido de tela fina.
-Eres un pervertido, - le regaño mientras me pego más en su pecho.
-Me lo dicen mucho, nena – sonríe con cierta arrogancia.
Oufit de Emma 

domingo, 15 de noviembre de 2015

Capitulo 13

Cuando llego a casa de Afri, corro a buscarla. Alex y Fran miran perplejos cómo me he llevado a rastras a África a la planta de arriba. Subimos a mi habitación y cierro la puerta.
-Emma, por el amor de Dios, ¿Qué ocurre? – dice África sorprendida.
-Yo... he....yo... ahhh...- intento hablar, pero apenas tengo aire... no he dejado de correr desde que me despedí de Leo. Lucho por respirar y hablar a la vez, pero fracaso estrepitosamente.
-Cariño, siéntate en la cama, voy a buscarte un poco de agua. Espérame – me sonríe con dulzura y me deja sola. Mientras trato de recuperar el aire, intento asimilar lo que acabo de hacer.
Diez minutos después, Afri viene con un vaso de agua. Al fondo, escucho la voz de Alex, diciendo algo sobre que no es justo y que él también lo quiere saber.
-Ya estoy aquí, toma – me dice mientras se sienta a mi lado.
-Gracias, - le doy un sorbo. -¿Qué le pasa a Alex?
-Nada nuevo. Está enfurruñado porque te ha ocurrido algo y en vez ir a buscarle a él, has venido a mí – se ríe.
-Recurriría a él, pero sé lo que pensará al respecto, y se enfadará.
-¿Por qué debería enfadarse?
-Pues....porque...viniendo del parque con él...- empiezo dubitativa. Ahora no sé cómo decírselo, creo que debería haber recurrido a Alex después de todo. África me mira y me arquea una ceja incrédula ante mi indecisión después de haberla arrastrado hasta aquí.
- Emma, cariño, tengo que hacer de comer. En serio, cuéntamelo ya.
-He visto a Leo – escupo sin dudar. – Alex se fue para dejarnos intimidad. Así que hablamos un rato y...quedé con él esta noche....después le besé, y me fui corriendo – termino atropelladamente. Por fin lo he dicho y parte de la opresión de mi pecho se ha ido.
La cara de África es un poema. Pero se recompone rápidamente, me sonríe y me abraza. – Emma, gracias por decírmelo a mí primero. No debes asustarte al contarme estas cosas. No es algo que debas pregonar, pero tampoco debes ocultármelo. Me alegra que confíes en mí.
-¿Entonces, no te molesta que quede con él? Es decir, he venido a pasar el fin de semana contigo,... no para quedar con Leo, aunque solo vamos a cenar, pero...
-Tranquila, vamos a pasar toda la tarde juntas, no me vas a dejar abandonada. Los chicos se llevan bien, así que no te preocupes por ellos. Emma, que os hayáis encontrado no es una simple coincidencia, debes quedar con él y descubrir si sois algo más. Fran y yo quedamos varias veces antes de ser novios oficiales. Eres joven, ve y diviértete, pero ten cuidado con lo que haces, - y me guiña un ojo. En seguida, me pongo colorada, no puedo creer que Afri me haya dado a entender "eso".
-Afri, gracias, -le doy un abrazo y ella me besa en la frente.
- Entonces, ¿Qué vas a ponerte? No creo que en tu mochila hayas traído algo bonito para tu cita.
-Pues no....aunque he pensado en el regalo de Fran, que, si no me equivoco, tú has tenido algo que ver.
- Chica lista. Sí, ha sido cosa mía. Siempre que vamos a hacerte un regalo, Fran quiere regalarte cosas como el portátil, el mp3, el móvil...siempre te regala cosas caras y electrónicas. Y aunque seas mi hermana, no quiero malcriarte. Así que he pensado que esta vez mi regalo sería el protagonista y le he pedido a Fran que no añada sus regalos extravagantes. ¿Te ha molestado?
- ¡Que va! Me encanta que me regales ropa o libros, siempre aciertas. El vestido que me has regalado es precioso, muchas gracias África... Aunque he de confesar que Fran añadió unos auriculares Phianton Chord MS 530 Review – Afri pone mala cara. Fran, al trabajar en la empresa de diseño y software, siempre me regala productos que prueban o lanzan al mercado.
-¡Fran me va a oír! –dice en tono reprobatorio.
-No le digas nada, por favor. Le prometí que no te lo contaría, además, también le ha regalado uno a Alex – digo en un intento de defender a mi cuñado.
-Bueno -suspira - no diré nada. Vamos, los chicos se van a preocupar, y debemos ir de compras. Ya que aunque tengas mi vestido, a lo mejor prefieres otra cosa o una chaqueta bonita para acompañarlo. Buff Tendré que competir contra esos dichosos cascos – dice divertida. Nos reímos juntas mientras bajamos a reunirnos con los chicos.
****
Las nueve menos cinco. Estoy en el salón, viendo un partido con Fran y Alex, aunque no puedo disfrutarlo tanto como me gustaría. Cada vez estoy más nerviosa, bueno, llevo toda la tarde así...desde que nos fuimos de compras. Alex está todavía algo molesto, no solo porque vaya a quedar con Leo sino porque se lo conté primero a África. Fran me ha chinchado un par de veces por mi cita, pero paró en cuanto África lo fulminó con una de sus miradas asesinas. Suena el timbre y doy un brinco en el sofá. ¡Ya está aquí! Me levanto rápidamente, dándole a entender a todos que abro yo, y, cuando lo hago, ahí está. Leo lleva el pelo algo alborotado, dándole un aire muy sexy. Lleva una camisa blanca y un pantalón negro, uno de esos vaqueros ajustados que tanto me gustan... ¡y lleva botas! Es la primera vez que le veo con algo que no sea zapatillas de deporte. Está guapo, muy, muy guapo, y lo mejor es que se ha puesto así para mí.
Creo que no desentono mucho con él. Al final me he puesto uno de los vestidos que hemos comprado esta tarde. Es blanco, sin mangas,...de hecho parece una camisa con transparencias en la parte superior. Además lleva unas perlas blancas y plateadas alrededor del cuello. Le acompaña un precioso lazo negro alrededor de la cintura. Le he añadido los tacones negros que me han comprado y una chaqueta negra. El vestido no es precisamente apto para estar en la calle una noche de Noviembre, pero esta noche es especial. Me he alisado el pelo y lo llevo suelto. Para el maquillaje, Afri me ha ayudado y me ha puesto una sombra plateada y negra. Yo, me he aplicado una ligera base, me he pintado una línea negra y me he echado un poco de rímel. Quedándome así, con un maquillaje de noche digno de una famosa.
-Hola Emma, estás preciosa esta noche – dice Leo con una sonrisa pícara. Me mira de arriba abajo descaradamente y sus pupilas se dilatan.
-Gracias, mi acompañante tampoco va nada mal. Creo que podré aceptar que vaya a mi lado esta noche – le contesto con los aires subidos.
-Con que esas tenemos... - sonríe con malicia. Me acerca hacia él, sosteniendo mi cara entre sus manos y me besa de forma salvaje. Mi cuerpo reacciona, y cuando estoy dispuesta a pasar al ataque escucho ruidos a mi espalda. Leo se aleja rápidamente.
-Hola, - me susurra.
-Hola, - susurro casi jadeando.
-Ya está, por fin te he quitado esa pestaña. Ya no tendrás más molestias – dice Leo más alto mientras se termina de separar. Y entonces recuerdo los ruidos a mi espalda. Me giro y están los tres observándonos, ¡malditos cotillas!
- Esto...gracias, ya no tengo molestias. Esto... Que nos vamos, no vendré tarde y todo eso. – África se acerca a mí, me da la chaqueta y el bolso. Le doy las gracias y me besa en la frente.
-Pasadlo bien chicos y tened cuidado por las calles. Emma, avísame cuando te traiga tu amigo.
-Lo haré, hasta luego.
-Hasta luego, pasad buena noche – dicen los tres al unísono. Y antes de que esto sea más incómodo, me llevo a Leo fuera de casa. Hace frío y me pongo la chaqueta rápidamente. Entonces me fijo en que él no lleva.
-¿Por qué no llevas chaqueta?
-La llevo en el coche.
-¿Vamos a ir en coche otra vez? – le pregunto extrañada.
- Si, vamos en coche, pero esta vez, no te voy a llevar a una playa desierta. Tengo reservado algo más especial. Así que, nada de preguntas – me sonríe y me coge de la mano, llevándome hasta su coche.
El Audi R8 está aparcado bastante cerca de la casa de mi hermana. Leo me abre la puerta del coche y entro. Hace calor, así que me quito la chaqueta, y mientras él da la vuelta y entra, aspiro el olor de este coche. Mmmm, creo que me he vuelto adicta al olor de su colonia.
-¿Lista? – me sonríe.
-Lista.
-Pues vamos a cenar. – Arranca el coche, enciende la radio y trastea un poco entre sintonías, parece que no se decide.
-¿Qué cantantes te gustan? – le digo olvidando lo de nada de preguntas.
- ¿Hablamos dentro o fuera del rap? – me sonríe, eso me indica que no le ha molestado mi pregunta.
-Como quieras -le digo.
-Bueno, dentro del rap, mi favorito es Eminem. Fuera de él...supongo que lo normal, AC/DC, Kiss, Aerosmith, Blink 182 o Green Day. ¿Y a ti?
-Me gustan esos artistas que has nombrado, conozco canciones y eso, pero de todos el que más me gusta es Green Day. También me gusta The Fray, 5 Seconds of Summer, Nickelback, One Direction....no sé, mis gustos son raros..... – miro a mis manos avergonzada. Tengo un gusto muy variado con respecto a la música, me gustan los nuevos temas, pero también disfruto con los antiguos.
-No agaches la cabeza, es tu gusto y punto. Algunos de los artistas que has nombrado no sabía ni de su existencia, pero si a ti te gusta... - no termina la frase. Me reconforta que haya puesto su mano en mi rodilla. Solo la quita para poner una canción. No sé cuál es, así que me explica que es una de Blink 182 llamada "Up all night", y la verdad es que, no es tan mal.
A los pocos minutos paramos en un aparcamiento, Leo me lleva cogida de la mano hasta un restaurante mexicano, creo que se está riendo de mí porque le llevé a un italiano. Es pequeño, pero acogedor y muy sencillo.
-Aquí es. Vengo muchas veces con algunos amigos. Les he pedido que nos guarden una mesa, espero que te guste.
-¿Mexicano? – le arqueo una ceja.
- ¿No te gusta? Pensé que eras una chica internacional – dice divertido.
- Me gusta la comida picante, pero la próxima vez, vamos a un sitio más nacional – le sonrió.
-Eso está hecho – me guiña un ojo.
Me abre la puerta y al entrar, una camarera joven, se acerca a Leo y tras intercambiar un par de palabras, nos lleva hasta una mesa que hay en una esquina del local. Está al lado de una ventana que da paso a una buena vista de la ciudad. En seguida quedo encantada con el lugar, salvo por la camarera. Es guapa, ojos claros, pelo negro y un cuerpo bonito. Es mayor que yo y ya le he visto ponerle ojitos dos veces a Leo, ¿está intentado ligar con mi cita? La muy...
-Emma, - dice Leo sacándome de mis celos.
-Si
-Te he dicho que qué es lo que quieres comer. Bea tiene que atender otras mesas.
Genial, la zorrita tiene nombre. ¿Desde cuándo soy tan celosa? Todavía no he visto la carta, ¿Qué hago? No pienso pedirle que vuelva después para que siga poniéndole ojitos de cordero a Leo.
-Lo mismo que tú – digo para salir del apuro.
-¿Estás segura? - arquea una ceja escéptico.
-Sí, muy segura - miro fijamente a Leo, - y para beber agua sin gas, gracias – le digo de mala gana a "Bea", será... - Leo se limita a mirarme y parece que la señorita ojazos ha captado la indirecta y se va rápidamente.
-¿Ocurre algo malo?
-¿Por qué debería ocurrir algo?
-No sé, tal vez esos arranques de celos sean normales en los niños, no en los adultos – sonríe con superioridad.
-¿Celos? Por favor, no puedo tener celos de algo que no es mío. Por mí, puedes hacer lo que te dé la gana –mis palabras, aunque crueles, han servido para borrarle esa sonrisa de la cara. ¿Cómo se atreve a llamarme niña?
Leo se recompone rápidamente y se echa a reír. Eso no me lo esperaba. – Emma, eres una chica increíble, nunca sería tan rastrero como para mirar a otras estando contigo. Ese nunca ha sido mi estilo y tú no eres una excepción. Esta noche soy solo tuyo.
No puedo evitar sonreír al escuchar sus palabras.
-Esa sonrisa está mejor.
Llega la camarera y nos trae la comida. Leo ha elegido nachos, fajitas mixtas, tacos y de postre pastel de Kalhúa. Mi cara no puede expresar mayor sorpresa. ¿¡Cómo nos vamos a comer todo esto!?
-Leo, ¿por qué has pedido tanto? Esto debe costar una pasta – miro atónita los platos, ¿Cómo pude ser tan estúpida de pedir lo mismo? A Leo parece divertirle mi cara y le veo que intenta aguantarse la risa.
-Tranquila, sabía que no me estabas escuchando y pedí esto para los dos. Y no te preocupes, que pago yo.
-No quiero que pagues tú todo esto, tengo dinero ¿sabes? – odio que no me deje pagar mi parte.
-Sé que tienes, pero yo trabajo y quiero gastármelo en ti. Ahora come, que se nos enfría, - dice mientras le da un bocado a una fajita.
-Vale – pongo lo ojos en blanco y cojo un taco. Está delicioso y decido comer hasta hartarme, pero con mucho cuidado, para no mancharme mi vestido blanco de salsa.
Comemos y hablamos tranquilamente. Nunca creí que algo así pudiera ser real, Leo y yo cenando, sin discutir, me habla sobre todo de la maqueta que están haciendo. Es algo muy importante para él, porque si tiene éxito, podrían hacer un disco que pueda impulsarlo a él y al resto del grupo a un paso más de su sueño. Mientras, trabaja de audiovisuales en la radio local o en el negocio familiar. De pronto, alguien nos interrumpe.
-¿Leo? ¿Qué haces aquí? – dice un chico que se acerca a nosotros. Es alto, más o menos como Leo, tiene el pelo negro, un poco más corto, diría yo. Tiene unos preciosos ojos grises. Posee unos rasgos realmente atractivos, su cuerpo es pura fibra, debe ir al gimnasio seguro.... y su camiseta, a pesar de ser negra, deja bien marcado sus pectorales y una gran tableta.
- Creo que es evidente, - dice sarcástico. Se levanta y saluda a ese semidiós que tiene por amigo.
-¿Quién te acompaña? – dice señalándome. Leo me mira, parece dudoso, así que decido presentarme yo.
- Soy Emma, encantada – me levanto y él se acerca para darme dos besos.
- Naim. ¿Estáis en una cita? No quiero molestar – Naim sonríe, ¡vaya! menuda sonrisa tiene.
- La he traído porque se lo debía, ¿verdad Emma?
-Sí, creo...- no sé qué decir ¿por qué no quiere decir que estamos en una cita? ¿Se avergüenza de mí?
-Bueno, solo venia para decirte que el sábado que viene se va a celebrar una fiesta por todo lo alto y tienes que venir. También puedes traerte a Emma, lo pasaremos genial.
-Claro que iré, eso no lo dudes. Pero no sé si Emma podrá venir, tiene que estudiar y esas cosas.
¿Perdona? ¿Acaba de dejarme aparte en una fiesta con sus amigos? Puede que sea verdad que tenga que estudiar, y ni siquiera sé si mamá me dejaría ir a esa fiesta. Pero él no debe decidir por mí, siempre he tomado mis propias decisiones y no le voy a consentir que me trate de esta forma.
-Todo lo contrario. Llevo todos mis estudios al día, soy una estudiante muy aplicada y estaré encantada de asistir a la fiesta esa ¿que está....? – le dedico a Naim la mejor de mis sonrisas y él me corresponde.
-La fiesta es en la casa de estudiantes. Esa que está en la quinta avenida con las universidades de ciencias y letras.
¿La quinta avenida? Está un poco lejos de casa, pero da igual, iremos en el coche de Leo. Ya me inventaré algo con mamá. Esto ya es algo personal.
-Estupendo entonces, Leo y yo estaremos allí el sábado. - Miro a Leo desafiante, y a pesar de haberme echado una mirada reprobatoria, se recompone y sonríe a Naim.
-Allí nos veremos tío. – se dan el típico saludo de chicos y Naim se despide de nosotros. Leo se gira y me fulmina con la mirada, yo por el contrario le pongo mi cara más inocente. La señorita ojazos ha aprovechado nuestro encuentro con Naim para recoger la mesa y dejarnos el pastel de Kalhúa con una pinta increíble.
-¿Comemos? – le digo en un intento de mejorar su humor.
- Claro – dice serio, todavía está enfurruñado. Coge su cuchara y come sin intención alguna de dirigirme la palabra. Se acabó la maravillosa cena.
Terminamos el postre en silencio y, mientras yo voy al baño, Leo va a pagar la cena. No he querido desafiarlo y cabrearle más, así que me he excusado para "retocarme" el maquillaje. Al salir, Leo está esperándome justo en la puerta del baño, lo que me provoca cierto infarto, pues tiene mirada de pocos amigos. Me coge de la mano. Noto toda su tensión, estoy asustada, pero no me atrevo a hablar. Salimos del mexicano y vamos en dirección al aparcamiento, pero, en vez de detenerse, sigue adelante.
-¿A dónde vamos? – le pregunto casi susurrando.
Leo no dice nada. Se detiene, me mira fijamente y abre la boca como para decir algo, pero en vez de ello, aparta la mirada y vuelve a retomar el paseo que, cada vez va más rápido. ¿¡A dónde me lleva!?

Vestido de Emma para su cita