domingo, 4 de septiembre de 2016

Capitulo 50

Naim me lleva todo el camino cogida de la mano como si fuera una niña perdida mientras me dice cosas divertidas para hacerme reír. Quizá sea así, una niña perdida que buscaba una mano que me sacara del pozo donde caí presa de mis miedos y dudas. Con Naim dejo de tener miedo y vuelvo a ver las cosas como siempre, de una manera mucho más sencilla… Después de andar un rato, llegamos a un pequeño restaurante llamado “Burguers 80’s”. El sitio es pequeño pero acogedor, lo más destacable es la decoración ambientada en el más puro estilo rock de los 80.
A pesar de ser la hora que es, está prácticamente repleto y casi cuesta encontrar una mesa disponible entre todas. Por suerte conseguimos pillar la última a tiempo.
- ¿Y este sitio? – pregunto nada más sentarnos.
- Digamos que fue el destino el que me llevó hasta aquí en mi primer día de trabajo– me cuenta. – Estaba muerto de hambre y no sabía a dónde ir, entonces me vino un olor realmente delicioso. Me guié por él hasta que terminé aquí. Después de probar semejante manjar decidí venir aquí como mínimo una vez por semana.
- ¿Y cómo máximo?
- Toda la semana – sonríe.
- ¿Qué? – pregunto con los ojos como platos, mientras Naim estalla en carcajadas.
- Emma, era broma – se destornilla. – Es cierto que vengo una vez por semana, el resto de los días suelo ir con algún compañero a algún restaurante que pille más cerca, encargamos algo para comer allí si el día está más revuelto o simplemente me preparo algo en casa.
- ¿Sabes cocinar? – pregunto con sorna.
- ¡Por supuesto! – finge indignarse. – Ante ti tienes nada más y nada menos que al “Rey de los cocinitas”.
- Eso lo dudo – le saco la lengua.
- Tú te lo has buscado señorita – me señala juguetón con el dedo. – Queda oficialmente invitada a una degustación de calidad el día que prefiera, lo único que debe poner es una linda sonrisa y el estómago bien vacio.
- ¿Y si llevo el postre? No sé, podría prepararme y darte algo especial – me encojo de hombros.
- ¿De qué tipo de postre me hablas? – pregunta con cierto recelo. – Emma, ¿te me estás insinuando?
- ¿Qué? ¡No! – chillo escandalizada. Ahora acabo de darme cuenta de lo que acabo de decir y me tapo la cara avergonzada. – No me refería a eso, yo… no quería decirlo de esa manera. No soy una depravada – farfullo sin atreverme a mirar a Naim a los ojos.
- Lástima – le escucho reír y levanto la vista poco a poco. – Es demasiado fácil tergiversar tus palabras.
- Siempre haces lo mismo – hago un mohín de disgusto.
- ¿Qué te parece en San Valentín? - dice de pronto cambiando de tema.
- ¿San Valentín? – pregunto sin comprender.
- Ya sabes, es este fin de semana. Si no me equivoco, el domingo. Podrías venir y comer juntos.
- ¿En plan…cita? – mi voz ha temblado ligeramente en la palabra “cita”. ¿Cómo ha pasado de rechazar mis llamadas a insinuarme una cita el día de los enamorados?
- En plan dos amigos solteros que no quieren pasar el día solos. Nunca he celebrado San Valentín y no tengo intención de hacerlo ahora - explica encogiéndose de hombros.
- ¿Nunca lo has celebrado? – pregunto con cierta sorpresa. - ¿Por qué? ¿No has tenido novia por esa fecha? ¿Ellas no querían o eras tú? ¿No te gusta ese día?
- Demasiadas preguntas – se ríe. – En resumidas cuentas, San Valentín es lo que yo llamo “marketing financiero post-navidad”. Las grandes multinacionales decidieron inventarse un día junto con los otros miles que hay a lo largo del año con el único objetivo de que la gente se gaste el dinero en regalos que luego van a acabar en la basura. Simplemente lo adornan con el tema “amor” para darle algo de sentimiento a tanto materialismo.
- Guau – lo observo atónita. – Nunca creí que oiría algo tan cínico de tus labios.
- No soy cínico Emm, simplemente pertenezco a ese mundo y sé cómo funciona. Además, ¿si dos personas se quieren por qué deben tener un día especial para hacer todo aquello que no hacen el resto del año? Para mí, el amor es algo que debes cuidar y mimar. No necesitas regalarle nada a tu chica para que sepa que la amas. Existen muchas formas de decir que la quieres, simplemente con gestos o acciones. Amar es dar un poquito cada día.
- Existen muchas formas de decir te quiero – repito sus palabras.
- Así es – asiente. – Emma, cuando quieres a alguien, todo lo bueno que puedas hacerle, es amor. Claro que puedes regalar, eso no es malo. Pero lo que de verdad demuestra cuánto te importa alguien, es haciéndola feliz con cosas tan simples como decir te quiero.
- ¿Cómo eres capaz de sonar tan cínico en unas cosas y al segundo sonar tan poético?
- Porque soy un romántico – me guiña un ojo. – Quedamos tan pocos – suspira con cierta petulancia provocándome una pequeña risita.
- Acepto tu invitación don romántico.
- Estupendo – sonríe sincero.
- Solo una cosa, ¿debería llevar antiácido?
*****
El viernes por la tarde me la paso en el piso de Alex intentando animarlo mientras bebemos cervezas y jugamos una partida con su Xbox. Mi humor mejoró muchísimo desde mi almuerzo con Naim y el hecho de saber que todo va bien entre nosotros no me hace tener motivo alguno para estar de mal humor. Ahora que por fin soy la de siempre, quiero centrarme en mi mejor amigo. Alex necesita una amiga, su mejor amiga para ser más exactos, y pienso pasarme todo el fin de semana con él hasta conseguir que se anime o al menos que me cuente porque está tan taciturno últimamente. No me parece justo que esté pasándolo mal solo, cuando siempre estuvo a mi lado en mis bajones. Después de ganarle tres rondas seguidas, me giro para verle.
- ¡Oh vamos Alex! Nunca he sido tan buena en este juego. ¿Me vas a contar qué te pasa de una vez? - pregunto con humor, aunque no esperaba encontrarme con un Alex serio y de mirada triste.
- Emm…- me llama con voz temblorosa y suelto el mando para prestarle toda mi atención.
- Alex…. ¿qué ocurre? – pregunto preocupada.
- Yo…no lo soporto más... - habla débil y noto como sus ojos se vuelven vidriosos.
- Alex por favor, cuéntamelo – le pido aterrada. Algo muy gordo debe haberle pasado cuando está al borde de las lágrimas.
- Emma…Audrey y yo hemos cortado…. – dice con voz rota.
- No… - respondo sorprendida. Alex asiente con la cabeza antes de hundir la cabeza entre sus manos. Me acerco más a él y le paso la mano por la espalda.
-¿Cuándo?
- Hace dos semanas – responde seco a pesar de que todo su cuerpo tiembla. La noticia me cae como un jarro de agua fría. ¿¿Dos semanas?? ¿¡Alex se ha callado esto durante dos semanas!?
- Oh Alex, ¿por qué no me lo dijiste antes?
- No quería preocuparte…. estabas mal con lo de Leo.... y pensé que podría superarlo pero…. – escucho un leve sollozo y algo dentro de mí quiere morirse de la impotencia.
- Alex mírame – le pido con voz suave, pero él niega con la cabeza. – Por favor – insisto. Suelta un pequeño suspiro y cuando alza la vista veo sus preciosos ojos verdes inundados en lágrimas. Mi corazón se encoje antes de romperse en mil pedazos. Nunca había visto a Alex llorar… En lugar de decir nada, tiro de él y lo acuno entre mis brazos ocultando su rostro en mi pecho.
- Emma… - me llama destrozado. – Yo amaba a Audrey, juro que la amo pero…
- No hace falta que hables – le digo, sintiendo como yo también quiero echarme a llorar. Odio esta sensación que corre dentro de mí. Me siento tan impotente al ver a Alex así… ¡Maldita sea! Odio sentirme inútil viendo ver a mi mejor amigo destrozado cuando él ha hecho tanto por mí durante aquellos días en los que pasé por lo mismo. Reprimiendo la necesidad de irme a Londres y pedirle explicaciones a la chica que ha provocado que mi mejor amigo esté llorando desconsolado entre mis brazos, le abrazo con más fuerza y me vuelco todo lo posible por consolarlo. – Alex, tranquilo, no llores. Eres un chico fantástico y si Audrey no puede verlo… es idiota. Sé que la distancia es una mierda, pero ese no es motivo para que corte contigo. Si de verdad te ama puede aguantar eso y más. Este es tu hogar, y no puede hacer que elijas entre ella y tu hogar. Tú siempre has estado a mi lado, sobre todo cuando lo he pasado mal por culpa de Leo, ahora me toca a mí estar aquí para ti– le prometo.
- No es solo eso Emm….Me siento como un idiota, un grandísimo idiota que lo ha estropeado todo…Emm, estoy hecho un lío, amo a Audrey pero no podía seguir con ella cuando…. – se detiene antes de seguir con los sollozos y se me parte aún más el corazón.
- Alex cariño yo estoy aquí – le digo abrazándolo con más fuerza sintiendo como un fuerte nudo se instala en mi pecho. No soporto la idea de que mi mejor amigo pase por este horrible momento y no saber cómo ayudarlo.
Alex es una persona que siempre lleva una sonrisa en el rostro. Nunca sabes qué pasa por su mente o si le ocurre algo… porque nunca le cuenta sus problemas a nadie. Prefiere fingir que todo va bien sin importar lo que le ocurra. No quiero ni imaginarme el infierno que ha tenido que pasar estas dos semanas sin poder desahogarse con nadie y fingir que todo estaba bien cuando no era así. Sé que hoy se ha atrevido a contármelo porque está ligeramente achispado después de haberse bebido más de la mitad del paquete de cervezas él solo. Siempre que bebe se vuelve aún más sincero. Acaricio su cabeza mientras le digo palabras tranquilizadoras, Alex no habla, simplemente se queda ahí echado sobre mí, abrazándome con fuerza y desnudando su alma entre lágrimas furtivas que caen por sus mejillas ahora enrojecidas. Nunca antes le había visto tan mal y siento que no puedo irme. Quiero llevármelo a casa, pero sé que prefiere estar aquí, en un sitio tranquilo donde solo él y yo sabemos su secreto y poder hablar sin que nadie nos moleste, o al menos, que él se sienta libre de llorar hasta que quede satisfecho.
Unas horas más tarde, Alex consiguió tranquilizarse y, mientras lo acunaba, me contó cómo cortaron. Las últimas veces que subía a verla la encontraba rara, pero pensó que era por la distancia, sin embargo, la última vez que subió tuvieron una pelea muy fuerte y entonces ella le hizo decidir. O se quedaba definitivamente en Londres con ella y terminaban el curso antes de irse juntos a la universidad o se marchaba a España sin novia. Alex volvió, pero no ha querido contarme por qué decidió volver sabiendo que perdería a Audrey al hacerlo. Sé que hay algo más escondido en todo lo que me ha contado, pero después de verle los ojos cada vez más rojos conforme hablaba y esa expresión tan triste decidí no ahondar en su dolor. No me atreví a dejarle solo ahora que por fin se había sincerado no solo conmigo, sino consigo mismo. Así que me quedé allí a pasar la noche y hacer todas las cosas que a él le gusta. Conseguí hacerle reír un par de veces y, aunque dijimos que no volveríamos a hacerlo porque ya éramos mayorcitos, nos acurrucamos para hablar juntos en su cama hasta que nos quedamos dormidos.
*****
Me despierto alrededor de las diez de la mañana. Después de la mala noche que ha pasado, Alex duerme plácidamente a mi lado. Lo mejor es dejarle que descanse. Me llevo el móvil conmigo y voy hasta la cocina para prepararle a Alex un desayuno que lo haga sonreír como solo él sabe hacerlo. Salgo un momento para comprar cuatro cosas que necesito y subo al piso para hacer algo realmente delicioso. Preparo café y comienzo a hacer tortitas y galletas de chocolate mientras la radio suena la cadena del padre de Leo, haciéndome recordar cuando visitamos el estudio y nos besamos hasta que fuimos interrumpidos… Mis pensamientos quedan eclipsados por Bruce Springsteen con el tema “Born in the U.S.A” y me dedico a cantarla para evitar pensar en mis sentimientos confusos del pasado y del presente. De repente, el sonido de mi móvil me hace salir de mis pensamientos…Es Leo. Siento cierta desconfianza al cogerlo. Todavía siento cierta incomodidad cuando estoy con él desde lo de año nuevo, pero lo pasamos realmente bien la última vez que quedamos y me enseñó a tocar la guitarra….
- No es así – me repite por cuarta vez.
- Te digo que sí – le saco la lengua y vuelvo a posar los dedos entre las cuerdas.
- No, trae – responde quitándome la guitarra. Lo fulmino con la mirada durante unos segundos hasta que él me pone una cara divertida que me hace reír. – Mira cómo es – coloca los dedos y empieza a pellizcarlos con cariño al mismo tiempo que canta con voz suave. – Oh thinking about all our younger years, there was only you and me, we were young and wild and free… - ¿lo ves?
- Así es cómo lo he hecho.
- No que va – se ríe.
- Sí que va – le espeto dándole un ligero golpe con el codo. Leo me lo devuelve travieso.
- ¿Quieres probar con el estribillo?
- Vale – sonrío y me acomodo a su lado.
- A la de tres… una
- Dos – le sigo la cuenta. - Y.....
- Baby you’re all that I want, when you’re lying here in my arms, I’m finding it hard to believe, we’re in heaven. And love is all that I need and I found it there in your heart. It isn’t too hard to see, we’re in heaven…. – cantamos en perfecta sincronía. Leo se detiene y me dedica una sonrisa distinta a la que normalmente suele dedicarme.
- ¿Ocurre algo? – le pregunto con cierto nerviosismo.
- Nada – contesta negando con la cabeza con una sonrisa. – Emma, gracias por quedar conmigo esta tarde…
Salgo del flashback y cojo el móvil antes de que me cuelgue o despierte a Alex.
- Buenos días – saludo.
- Buenos días Emma, ¿sabes qué día es mañana?
- ¿Domingo?
- ¿Y? – insiste.
- ¿Y el día del señor? – pregunto sin tener ni idea de a dónde quiere ir.
- Que graciosa – responde irónico. – Mañana es San Valentín – me recuerda.
- Oh – entonces recuerdo que Naim también me lo dijo. - ¿Y qué pasa con eso?
- Sé que ahora mismo no estamos en el mejor momento de nuestra relación, pero me gustaría que pasáramos el día juntos.
- ¿Qué? ¡No! – respondo rápida.
- ¿No? – pregunta con desilusión.
- No, bueno, no de no, lo que quiero decir…. – no puedo decirle que ya tengo planes con Naim, pero ¿por qué no? Bueno, sé por qué no puedo hacerlo. La última vez se molestó al ver que estábamos más unidos que antes y si le digo que ya le prometí a él pasar San Valentín no puedo ni imaginar cómo de terribles podrían ser las consecuencias. – Voy a pasar el día con Alex – me saco de la manga.
- ¿Tu mejor amigo?
- Sí.
- Si se lo explicas lo entenderá – dice como mejor opción. – Queda conmigo.
- Leo no puedo… - mi corazón late muy deprisa y me siento dividida. Quiero quedar con él, pero se lo prometí primero a Naim…. ¿¡Qué hago!? ¿¡Por qué siento que haga lo que haga le estoy traicionando a uno de los dos!? Pensando una solución que pueda contentar a todos sopeso otras opciones. - ¿Y si quedamos esta noche?
- ¿Esta noche? – pregunta extrañado.
- Sí – asiento como si pudiera verme. – Alex me necesita – me siento horrible por mentir de esta manera pero no es una mentira, Alex realmente me necesita. – Ha cortado con su novia y me necesita a su lado. Creo que tú mejor que nadie podrás entender eso – le suelto como golpe bajo. Me siento muy rastrera por recurrir a ese tema tan delicado, pero no me quedaban más opciones.
- Bueno… - sopesa mi opción durante unos segundos hasta que finalmente responde. – Esta noche voy a cantar en el bar de David, sino te importa que esa sea nuestra cita.
- En absoluto – respondo sincera. Será una buena forma de romper ese abismo que aún perdura entre nosotros estando en un lugar público o mejor dicho, de vuelta a su mundo.
- No estaremos mucho rato y después podríamos…
- ¿Sí?
- Hacer algo juntos, lo que quieras – se apresura a responder.
- ¿A qué hora vas a recogerme?
- Empezamos a cantar a las once, así que te recogeré a eso de las nueve y media y e iremos a cenar, ¿te parece bien?
- Perfecto.
- Hasta esta noche – se despide.
- Hasta esta noche Leo – contesto antes de colgar y suelto un largo suspiro. Acabo de quedar con dos chicos para celebrar San Valentín y ninguno sabe que voy a quedar con el otro. Encima voy con engaños a todo el mundo sin parar y vivo con miedo de ser descubierta en cualquier momento.... ¿Desde cuándo mi vida parece el episodio cúspide del culebrón del verano donde soy la fresca de la serie que le romperá el corazón a todo el mundo?
Simplemente se queda ahí echado sobre mí, abrazándome con fuerza y desnudando su alma entre lágrimas furtivas 

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