lunes, 11 de julio de 2016

Capitulo 47

Despierto horas después en una cama extraña. La habitación está a oscuras y siento cierto pánico. ¿Ha sido todo un sueño? ¿Ha sido real? No lo sé…. en el fondo quiero creer que todo ha sido mi imaginación, que estoy en la cama de Naim, donde me he quedado dormida mientras estaba haciendo los deberes de latín. Entonces él aparecerá y me dirá algo en plan “Emma, despierta de una vez, estás babeando encima de los libros” o alguna chorrada que seguro me hará reír. Pero no es así, esta cama tiene un olor distinto. Es varonil eso sí, pero es un aroma más…. exótico… casi tropical. La habitación sigue a oscuras y no puedo distinguir nada. Alzo la mano, y después de chocar con el cabecero, tanteo por las paredes hasta dar con el interruptor. Al abrirlo, quedo temporalmente ciega y con más confusión si cabe. Cuando mis ojos por fin se adaptan a la luz, puedo ver que esta no es la habitación de Naim. La cama está en el centro de una habitación con paredes en blanco y negro llena de posters… enfrente de mí hay un mueble blanco con forma de escaleras lleno de discos en distintos formatos, ¡incluso vinilos! También hay fotos, un balón de baloncesto y un gran armario al fondo…mire por donde mire, esta habitación está llena de auriculares, papeles y demás. Sobre todo en el pequeño escritorio que hay debajo de dos pequeñas ventanas. A mi izquierda hay una guitarra eléctrica de color negro.
Mi primer pensamiento es que esta habitación es alucinante, el segundo es…. ¿¡Qué se supone que acabo de hacer!? Emma, eres idiota, no espera,… eres imbécil, no, no, eres peor que imbécil… ¡Eres la tía más patética del mundo y acabas de meterte en la boca del lobo! ¡No lo has soñado, todo ha sido real! Esta es la habitación de Leo. Hemos hablado, nos vemos besado y encima hemos…me llevo las manos a la cara e intento asimilar la estupidez que acabo de cometer. Esto no debería haber pasado. Estaba bien como estaba, lo había superado… ¿¡Cómo he podido dejarme enredar de nuevo!? ¿¡Cómo le he permitido que me haga el amor después de lo que me hizo!? Suelto un largo suspiro e intento tranquilizarme. Emma, te negaste, le dijise que no, ¿dije en algún momento que sí? ¡No, por supuesto que no! Todo pasó porque él…. en ese momento…me necesitaba. Sí, lo recuerdo, él me necesitaba. Leo me necesitaba y yo… no supe decirle que no….Creo que yo también le necesitaba o…tal vez no, pero quise creer que sí para no sentir esa culpabilidad que me comía por dentro cada vez que veía su rostro de angustia…Suelto un largo suspiro y agacho la vista. Me doy cuenta de que sigo desnuda por lo que me levanto y cojo lo primero que veo. Encuentro una sudadera negra de Leo, la cojo y me la pongo. En cuanto esta pasa por mi cabeza puedo inhalar su aroma y me estremezco ligeramente. Sacudo la cabeza para ahuyentar mis pensamientos y salgo de la habitación.
Su casa es tan grande como la de Naim. No sé muy bien donde está, por lo que me paseo por la casa mientras le busco. Por suerte, después de toparme con el baño, le encuentro en una sala donde hay un enorme escritorio lleno de monitores unido a un portátil. Leo está en una de las sillas negras escribiendo algo. Al otro lado hay unos altavoces y más papeles sueltos por la mesa junto a varios vasos de plástico de café.
- ¿Leo? – llamo no muy segura. Leo alza la vista del portátil y se gira. Solo lleva puesto el vaquero y me regala una sonrisa.
- ¿Ya te has despertado?
- ¿Qué hora es?
- Las nueve, no has dormido mucho si es eso lo que te preocupa.
- ¿Qué haces? – pregunto mientras aguanto el peso de mi cuerpo en el pie izquierdo.
-Después de quedarte dormida me vine aquí a trabajar un rato.
- Mmmm – me muerdo el labio incómoda.
- Te arrepientes, ¿no es así?
- ¿Qué?
- Se te nota Emma… - dice más serio.
- No me arrepiento Leo…. – bueno sí, pero no quiero herir sus sentimientos. – …lo que pasa es que creo que no deberíamos haber hecho nada.
- ¿Por qué? ¿No te ha gustado?
- No tiene nada que ver que me haya gustado o no – intento explicar mientras ordeno mis ideas. – No podemos simplemente recurrir al sexo después de casi un mes sin saber del otro. Además….habíamos roto – digo esto último con un hilo de voz.
- Pues yo quiero volver – me dice con voz neutra mientras se levanta de la silla hasta acercarse a mí. – Emma, te quiero, no pienso volver a cometer los mismos errores. Esta vez, pienso hacerlo bien.
- La cuestión no es hacerlo bien o no – me cruzo de brazos. – Leo perdiste mi confianza, eso es algo que vas a tener que ganarte de nuevo.
- ¿Cómo?
- Con tiempo – suspiro agotada. – Quedarme aquí no es buena idea.
- Por favor – me pide. – Quédate – desenvuelve las manos de mi cuerpo hasta cogérmelas y entrelazar nuestros dedos. Aunque el gesto me parece tierno, esta vez no me voy a dejar engatusar.
- No, Leo – digo firme mientras me aparto. – Esto ha sido un error. Un enorme error. Para ambos ha sido difícil y como siempre, nos hemos dejado llevar sin pensar en las consecuencias.
- No hay más consecuencias que la de que te quiero – se agacha levemente para apoyar su frente con la mía.
- Hay consecuencias Leo…. no podemos basarnos solo en lo físico…
- ¿Me quieres?
- Leo eso no…
- ¿Me quieres? – vuelve a repetir.
- Leo – vuelvo a suspirar abrumada. – Te quiero – respondo y se le ilumina la cara – pero también es verdad que tengo miedo y que no me fio de ti – sigo y su sonrisa se borra.
- Prometo volver a conquistarte….
- Y esto se acabó – continúo. – No vamos a volver a tener sexo solo porque me lo pidas. Es más, ni siquiera deberíamos haberlo hecho hoy.
- Lo suponía – suspira. – Pero es cierto que te necesitaba. Emma, te quiero y sabes lo que me provocas….
- Debo irme a casa – le interrumpo.
- Vale – vuelve a suspirar, esta vez derrotado antes de separar nuestras manos….
****
Después de hablar, volví a su habitación y me puse mi propia ropa. Nuestra despedida fue bastante fría, pero no pienso mostrar debilidad de nuevo. No voy a volver a dejarme llevar por él hasta que consiga recuperar mi confianza…. Tuve suerte y pude coger el último bus que iba hasta la zona donde vivo. Cuando encendí el móvil, vi que tenía muchas llamadas perdidas. Casi todas eran de Alex y Daniela. Incluso una de mamá.
El bus recorre el camino a casa tranquilo mientras las luces de la ciudad iluminan esta fría noche de febrero. Con la frente apoyada en el cristal, vuelvo al punto de partida e intento recrear los últimos acontecimientos para ver en qué momento me pareció buena idea acompañar a Leo a su casa y acostarme con él. Por suerte, fui lo suficientemente inteligente como para irme temprano y no pasar la noche en su casa. Una lágrima caliente baja por mi mejilla sintiéndome estúpida y sobre todo, una idiota por abrirme de piernas solo porque Leo quería saber si todavía era suya….De pronto suena mi móvil. Es Naim.
- Hola – respondo con voz neutra mientras intento detener las lágrimas.
- ¿Molesto? – pregunta.
- Que va – intento disimular.
- ¿Ocurre algo? – pregunta con preocupación en la voz.
- No sé – me encojo de hombros a pesar de que no pueda verme. – El que ha llamado eres tú.
- Quería saber si estabas bien. Parecías asustada cuando te fuiste con Leo – me recuerda.
- Y lo estaba – suspiro.
- ¿Ya no?
- Estoy de camino a casa en bus, así que creo que puedes hacerte una idea de cómo ha ido.
- ¿Tan malo ha sido? – no quiero contarle a Naim cómo Leo ha conseguido quitarme las bragas. El mero recuerdo ya provoca un nudo en mi garganta, así que opto por decir una verdad a medias omitiendo detalles. Por suerte, he conseguido neutralizar las ganas de llorar.
- Digamos que… se han dicho y hecho cosas que nos hace estar en un punto ciertamente incómodo.
- ¿Vas a volver a verle? – pregunta un poco más serio.
- No lo sé… - vuelvo a suspirar. – Leo quiere volver a intentarlo pero… no creo que sea capaz de confiar de nuevo en él.
- Emma, si de verdad le quieres, el tiempo te dará su confianza.
- Naim yo…
- He de dejarte – me interrumpe. – Nos vemos pronto Emma.
- Adiós… - consigo decir antes de que me cuelgue. En ese momento, tuve la sensación de que Naim se estaba despidiendo de mí por un largo tiempo.
En el resto del trayecto, hablé con Alex y le expliqué brevemente lo que pasó. Aunque estoy segura de que está realmente enfadado por mi estupidez, no me regañó y me apoyó en todo momento. También hablé con mamá brevemente para decirle que al final me iba a casa. No tenía los ánimos suficientes como para estar en otro sitio que no fuera mi habitación y poder aclarar todas mis ideas. Al llegar me fui directamente a mi cuarto, y después de ponerme el pijama me eché en la cama y empecé a llorar, liberándome por fin de todo lo que había reprimido desde el momento en que vi a Leo en la calle esta tarde….
****
Al día siguiente, apenas tuve tiempo de estar deprimida. Me había pasado tanto tiempo autocompadeciéndome que había olvidado por completo que hoy es la fiesta premamá de África. Ya casi está de seis meses y quiere hacer la fiesta ahora antes de que se le junte con la boda. Aunque no recuerdo que haya dicho alguna fecha y el tiempo se le agota, sobre todo si quiere hacerla antes de que nazca el bebé….
Es por ese motivo por el que, ahora mismo, nos encontramos en el salón de casa un montón de mujeres, mis amigas que han venido a saludar a Afri y mamá. Alex es el único chico que está deambulando por la sala en este momento, no le hace mucha gracia estar aquí por la falta de testosterona, pero África le pidió que se pasara un rato.
- Entonces…. ¿hay tarta?
- Alex, por última vez, sí – digo harta de él mientras coloco más regalos encima de la mesa. Todavía quedan muchos por abrir, pero de momento, vamos a dejarlos todos en un mismo sitio.
- Vamos Emm, relájate un poco – Martina se coloca a mi lado y me ayuda con los regalos.
- Es difícil relajarme después de todo lo que ha pasado – las chicas vinieron antes de que empezara la fiesta y les pude poner al día de la última estupidez que había hecho.
- Lo importante es que ya habéis hablado – sonríe Ivana a la que, ve algo positivo en mi desliz. Sé que le preocupaba que Leo hiciera una estupidez, pero al final la que lo ha terminado haciendo he sido yo….
- Pero la próxima vez, piensa con la cabeza y no con….
- Ya Dani – bufo. – Cometí un error, pero Leo…
- Te necesitaba – repiten todos al unísono. Los fulmino brevemente con la mirada por burlarse de mí, pero hasta yo empiezo a estar trillada de esa frase. No intento justificar mis actos, pero tampoco puedo dejar que simplemente el error sea solo mío cuando fue él quien me presionó.
- Emma, deja de excusarte con eso. Lo hicisteis y punto.
- Lo sé, Marti, lo sé, pero…
- ¿No has pensado que le dejaste solo porque te sentías culpable? – pregunta Daniela y una bombilla se ilumina en mi cabeza. ¿Me sentía culpable? Podría ser….
- Venga, muchachas, ¿Qué hacéis ahí? – interrumpe África. El flujo de teorías retorcidas se detienen y vuelvo al salón para prestarle atención a mi hermana – Dejad de parlotear entre vosotras, se supone que soy yo la de la barriga – señala su ya notable vientre.
- ¿Sabes ya si es niño o niña? – le pregunta Daniela.
- No, cariño. Fran y yo queremos que sea sorpresa.
- ¿Estás segura de que solo traes uno? – Alex señala la tripa de Afri divertido.
- ¡Serás sinvergüenza! – le grita África mientras intenta darle un capón. - ¿Cómo se te ocurre decirle eso a una embaraza? ¡Yo que cuidé de ti como a un hermano más! – dramatiza.
- ¡Ay! – grita cuando le ha alcanzado. – Vamos, Afri no seas tan dramática. Solo bromeaba – dice frotándose el brazo donde ha sido golpeado. - Te querríamos igual aunque estuvieses como una vaca.
- Alex no lo arreglas – ríe Ivana. Mientras África persigue a Alex por la sala, mamá viene de la cocina con la tarta que encargó para la fiesta.
- Hey, dejad de discutir, ya está la tarta – anuncio. África tiene a Alex cogido del cuello mientras le recuerda que debe darle mucho amor ahora que tiene una criatura en sus entrañas. Nos echamos a reír tras el momento cómico y nos acercamos hasta la mesa donde mamá y las demás invitadas están esperando a la anfitriona.
- Bueno, no se me dan muy bien los discursos – empieza con cierto nerviosismo. – Pero, lo primero y ante todo, quiero daros las gracias a todas por venir y hacerme tantísimos regalos. Mis amigas, compañeras del trabajo, mi familia y Alex. Todas habéis venido solo para hacerme feliz. Esta fiesta premamá me ha hecho mucha ilusión y los regalos son todos fantásticos. Estoy deseando que mi pequeño salga ya – dice mientras se frota la barriga con dulzura.
- Venga cariño, quítale el envoltorio – dice mamá. África se acerca a la tarta y le quita el papel que lo cubre dejando la tarta al descubierto. Después de un gritito de emoción, el resto de invitamos exclamamos un largo “ohhhh” al unísono. Mamá le ha encargado una tarta realmente adorable. Tiene forma de barriga con una camisa de palabra de honor de un color rosa pálido con rosas de decoración y unas letras en cursiva que dice “Felicidades África”.
- ¡Es preciosa! – exclama. – Casi me da lástima comérmela.
- ¡Tarta, tarta! – grita Alex a su lado. Mamá reparte los trozos de tarta entre las invitadas y mientras comemos otra vez se divide la fiesta en pequeños grupos donde charlamos sin descanso.
- Ojalá la tarta de mi boda sea la mitad de deliciosa que esta – señala mi hermana sentándose a mi lado.
- ¿Aún no lo has decidido?
- Tengo dudas con algunas. Lo que si tengo decidido es qué papel haréis cada una como mis damas de honor – sonríe.
- ¿Seremos tus damas de honor? – preguntan las chicas con ilusión.
- Por supuesto – sonríe y terminamos haciendo un abrazo grupal. Seguimos hablando de la boda y de todos los detalles que aún debía elegir hasta que media hora después, Alex se despide de nosotras.
- Lo siento chicas, ya habéis obtenido mi cupo de tolerancia ante tanta feminidad. La tarta, de muerte, pero en serio, necesito testosterona por un tubo.
- Lo entendemos Alex – le digo con una sonrisa.
- Alex – lo llama Daniela. Esta se acerca y le susurra algo al oído. Otra vez están haciendo eso. ¿De verdad que no pasa nada entre ellos?
- Bueno, me voy con mis vecinos a ver un partido de fútbol mientras bebemos cervezas y hablamos de sexo como los buenos machos que somos – dice sacando pecho.
- Pásalo bien – le anima Ivana.
- Gracias muñeca – le guiña un ojo. – Y por cierto…. Martina – esta alza la cabeza. – Suerte para el partido de mañana.
- Ammm, gracias – responde ella sorprendida. Alex se despide de todas y se marcha. – No recuerdo haber comentado nada del partido delante de él – la oigo musitar.
- Chicas, ¿queréis quedaros a dormir?
- Eso no hace falta que lo preguntes – sonríen las tres picaronas. La fiesta dura hasta tarde y a las once de la noche estamos todas, incluida África en mi habitación comiendo helado mientras nos peinamos y hacemos la manicura.
- Me alegra no ser lo suficientemente mayor para poder hacer estas cosas – África está disfrutando de su fiesta premamá como nunca imaginó. Aunque esta sea ahora una fiesta de pijamas.
- Es divertido tenerte otra vez aquí Afri – le dice Martina. – Lástima que ahora no puedas enseñarnos nada que no sepamos.
- Perdona pero todavía puedo enseñaros cuatro cosas – responde orgullosa. – Voy a ser mamá, creo que todavía os llevo ventaja – se ríe.
- Todavía no nos has dicho cómo va a ser la boda– le recuerda Ivana. - ¿Va a ser por todo lo alto o una boda como las de antes?
- Fran y yo hemos pensado en hacer algo pequeñito, ya sabes, una boda pequeña para contentar a nuestros padres. Pero no queremos gastar mucho pues estamos ahorrando todo para cuando llegue el bebé.
- ¿Ya has pensado fecha? – pregunta Daniela mientras cepilla mi pelo.
- No suelo ser muy impulsiva pero….hemos pensado hacerla entre finales del mes que viene o a principios de abril.
- ¿¡Qué!? Afri… ¿eso no es demasiado pronto? – pregunto con los ojos muy abiertos. ¿Desde cuándo una boda se prepara en tan poco tiempo?
- Oh, Emma, cariño, no te preocupes. No va a ser una boda por todo lo alto, además, me gustaría hacerla antes de que se fuera Alex.
- Juro que si no se comporta le mato después del detalle que tienes con él – amenaza Martina y todas estallamos en carcajadas.
- Lo acepto – ríe África.
- ¿Y a Fran le parece bien?
- Daniela, pronto aprenderás que los hombres no tienen voz ni voto en este tipo de temas. No porque no puedan tenerlo, sino porque son demasiado vagos como para elegir siquiera a sus padrinos de boda.
- ¿Cómo puede ser que no los haya elegido aún? – pregunta Martina mientras se tumba en mi cama.
- Por ahora solo tiene a su hermano Alberto y a Alex porque se lo dije yo. Ha pensado en decírselo a algunos de sus amigos, pero me aterra la idea de que no se comporten.
- Podría ir Leo – interviene Ivana.
- ¡¡Ivana!! – chillo escandalizada. - ¡No pienso llevar a Leo a la boda de mi hermana!
- ¿Y a Naim? – pregunta Daniela.
- Naim es distinto…. – agacho la cabeza.
- ¿Por qué es distinto? – preguntan todas con curiosidad.
- Leo y yo hemos empezado a vernos después de un mes. Rompimos – aclaro. – No voy a presentarme con él en tu boda – digo mirando a África. – Naim es mi amigo, si fuéramos, sería mi acompañante como amigos, no como pareja.
- Traigas al que traigas está invitado – añade África.
- Afri creo que sería mejor que fuera sola…
- ¡Ni hablar! No quiero que mi hermana vaya sola a mi boda.
-¡Tampoco voy a ir con alguien sin haber solucionado nada en mi vida! – gruño.
- Bueno hermanas, tranquilizaos – intermedia Daniela.
- Dani tiene razón, aún queda tiempo – señala Martina. - Quizá para entonces tengas una ligera idea de con quién quieres ir.
- No creo que eso se solucione tan pronto…- suspiro.
- Si quieres mi consejo deberías olvidarte de Leo – dice África. – Aunque se haya disculpado y tenga sus motivos, te ha engañado todo este tiempo pasándolo con su ex. Eres demasiado buena incluso dándole una mera oportunidad. – Las palabras de África, aunque duras, sé que son ciertas.
- No voy a darle una oportunidad – respondo con un hilo de voz.- Solo sé que quiero un final mejor del que tuvimos…
- Emma, cariño. Yo te quiero, lo sabes y odio que te hagan daño. Pero a veces, el mejor final es dejar ir aquello que solo te hace sufrir.
- Emm, estoy de acuerdo con África – asiente Martina.
- Le advertí a Leo que no se acercara a ti, y aunque sé que no es un mal chico, Colette le hizo mucho daño.
- Dani tiene razón – interviene Ivana. – Pero creo que, si Leo se esfuerza en recuperar tu confianza será capaz de sanar esas heridas del pasado. Tú puedes ser su pegamento Emm.
- Puede serlo, pero quizá se rompa ella misma tratando de arreglarlo a él – sentencia Martina. – Emm, nosotras solo te damos consejos, pero la decisión es tuya.
- Nosotras te apoyaremos decidas lo que decidas – Afri se acerca para abrazarme y terminamos las cinco en un abrazo grupal que parece no tener fin….
Felicidades África

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