domingo, 3 de julio de 2016

Capitulo 46

Sigo sin poder creer lo que ven mis ojos. ¡Es Leo! Está ahí… no, no lo estoy imaginando. ¡Es él! A solo unos metros de mí, con su habitual sudadera y sus jeans….mi corazón late a mil por hora sin saber qué hacer o cómo reaccionar. Mi yo interno me grita que corra hacia sus brazos como llevo deseando hacer desde año nuevo. Mi parte racional me pide que huya antes de que vuelva a caer en el engaño de siempre y volvamos a empezar con ese tira y afloja, pero mi cuerpo se ha quedado completamente inmóvil. Me he quedado completamente paralizada, y lo único que puedo hacer es mantener el contacto visual con él. Mi respiración es casi artificial conforme veo que avanza hasta estar a escasa distancia de mí.
- Emma – me llama Naim posando su mano en mi hombro. Había olvidado por completo que estaba a mi lado. Saliendo del estado de shock inicial, me giro hacia Naim al que observo con cara de horror. - ¿Estás…bien? – pregunta preocupado. No soy capaz de articular una sola palabra. Siento que la voz me ha abandonado por completo.
- Emma, por favor… – vuelvo a ver a Leo quien está más cerca que antes. Ahora puedo ver a lo que se refería Ivana. Leo está muy pálido, debajo de sus ojos hay dos grandes bolsas moradas que reflejan largas noches sin poder conciliar el sueño. Este no es el Leo que yo conozco…. parece como si estuviera enfermo…. y todo es por mi culpa. Un escalofrío me recorre todo el cuerpo al verle así. Esto es por mi culpa…
- Leo, ¿estás bien colega? – pregunta Naim para llenar el vacío.
- Solo quiero hablar con Emma – le pide. – Después de eso estaré bien – sonríe débilmente, e inconscientemente me escondo detrás de Naim. Este me mira con sorpresa y Leo con horror. No sé por qué, siento miedo al pensar en quedarme a solas con Leo.
- Emma, no te escondas – me dice como si hablara con una niña pequeña. – No pasa nada – posa su mano en mi hombro. – Debes hablar con él. – Asiento no muy convencida de sus palabras y vuelvo a posar los ojos en Leo. Veo como sus ojos azules apenas tienen aquel brillo especial y se me encoje el corazón. – Primero hablaré yo con él, ¿te parece bien? – vuelvo a asentir y veo cómo Leo y Naim se alejan un poco para que no pueda escucharles.
Recojo el skate mientras intento regular mi respiración y lucho por controlar mis emociones. Leo ha venido a buscarme….ha venido. ¿Y ahora? ¿Me dirá todo lo que quiero saber? ¿Qué ocurrirá después? ¿Le perdonaré? ¿Volveremos a salir o simplemente nos alejaremos definitivamente para seguir la vida sin el otro? A los pocos minutos, Leo y Naim se acercan hasta mí.
- Bueno Emma, vosotros tenéis mucho de qué hablar, así que no quiero molestaros – me agarro a su chaqueta suplicándole con la mirada que no nos deje a solas. Naim se agacha hasta ponerse a mi altura. – No te va a pasar nada, he hablado con él y me ha prometido que solo hablaréis.- Asiento y Naim besa mi mejilla.- Llámame si necesitas algo. Hasta luego chicos – se despide.
Tanto Leo como yo observamos a Naim alejarse entre la gente. Suelto un largo suspiro y me giro hacia Leo, sé que debo hacer esto, merece que le deje explicarse…pero tengo miedo. Me aterra la idea de lo que puede pasar después de tanto tiempo sin saber el uno del otro.
- Emma – me llama. – Si quieres… podemos ir a un sitio menos ruidoso. - Me muerdo el labio y asiento. Me pongo a su altura y caminamos hacia algún lugar sin mediar palabra. A pesar de que me he convencido a mí misma de que debo darle esta oportunidad, no soy capaz de formular una sola palabra. Tengo la garganta seca y me sudan las manos. Leo me lleva hasta un pequeño parque que hay más adelante. Nos sentamos en un banco alejado de los niños que juegan animados ajenos a los problemas del mundo. Ojalá pudiera volver a aquellos días donde la cosa más importante que tenía que hacer era ser la primera de la clase o aprender a hacer el pino… - ¿No vas a hablarme? – pregunta después de un largo silencio. – Sé que todavía me odias y…no sé cómo he conseguido que estés aquí conmigo. Si te marchas lo entenderé…
- No te odio – consigo decir. Por fin he conseguido romper mi silencio.
- ¿Lo dices en serio? – pregunta esperanzado.
- Sí – asiento. – Yo…. creo que me pasé y…no te di tiempo a explicarte.
- No, Emma, no digas eso. La culpa fue mía. Lo estropeé todo porque no era sincero contigo y por culpa de eso te hice muchísimo daño. No quise besar a Colette aquella noche.
- Lo sé.
- ¿Lo sabes?
- Sí. Lo vi con mis propios ojos – suspiro mirando al suelo. – Fue Colette la que me dijo que para comprobar tu lealtad os espiara en la habitación.
-Que hija de puta….- masculla entre dientes. – No sabes cómo me arrepiento de que nos vieras….
- Tranquilo, yo también me arrepiento... – siento como se me revuelve el estómago con el recuerdo.
-Emma todo lo que quieras saber, todo, te lo contaré con pelos y señales. Lo prometo.
- ¿Lo dices en serio? – pregunto recelosa.
- Sí – coge mi mano y un escalofrío me recorre el cuerpo. Hacía mucho que no sentía su contacto.
- Aquella noche – empiezo a recordar - cuando fuimos a la casa de los estudiantes por primera vez…. ¿estuviste con Colette?
- Sí…- asiente avergonzado. Y un puñal se me clava en el pecho.
-¿Por qué no me lo dijiste? – pregunto con un hilo de voz.
- No quería preocuparte Emma. Es cierto que pasé un rato con ella, pero solo porque su prima la llamó.
- ¿Su prima?
- Verás, Eva es la prima española de Colette. Ella suele ir mucho a esa casa y…por eso no quería ir cuando nos invitaban. A Eva nunca le gustó que cortara con su prima y siempre que estoy allí la llama para volvernos a juntar – dice en tono lúgubre. – Aquella noche quería hacer lo mismo, pero me negué e intentaron emborracharme jugando a juegos de beber.
- ¿Siempre hacen eso?
-Siempre – suspira. – Colette lleva intentando que vuelva con ella desde que le pillé morreándose con un chico poco después de volver de Francia.
- Entonces… Cuando me dejabas tirada, ¿quedabas con ella? – pregunto con miedo.
- Algunas veces – dice y siento que me cae un cubo de agua fría. Aparto su mano de la mía mientras busco las palabras para poder seguir.
- ¿Por qué…. –trago saliva y lucho por seguir adelante - quedabas con ella si no querías volver?
- No quedaba con ella por gusto – dice en tono elevado. – Emma, desde que ella se dio cuenta de que me interesé por ti empezó a ser más pesada que nunca. Siempre estaba llamándome, esperándome en mi casa o buscándome en los sitios que frecuentaba. A veces cuando me suplicaba de tomar una copa, la aceptaba solo si me prometía que sería la última y que me dejaría en paz de una vez. Ella aceptaba gustosa, pero luego volvía a las andadas. Dejé de quedar con ella cuando lo nuestro se puso más serio, pero Colette no lo aceptaba y me amenazaba muchas veces con contarte todos nuestros encuentros si no le hacía caso.
- Por eso dijiste que era más feliz sin saberlo –consigo decir a través del nudo que se ha formado en mi garganta.
- Emma, debes creerme. Nunca quise hacerte daño, solo intentaba alejarte de Colette porque sé lo pérfida que puede llegar a ser. Cuando me contaste todo lo que te hizo me enfadé mucho con ella y fui a buscarla para obligarle a que te dejara en paz.
- ¿Pasaste la Nochevieja con ella?
- Estuve con mis padres en una fiesta que organizaron con la empresa hasta las dos, cuando llegué a la fiesta Colette me enganchó y me obligó a bailar con ella un rato.
- Hasta más de las cuatro – le recuerdo molesta. Su sinceridad está quemándome por dentro y casi prefería no saber nada de esto.
- No me dejaba en paz, así que cuando me harté le dije que era la última vez que le concedía su capricho. Sorprendentemente ella dijo que tenía razón y que debía dejarme ir contigo y superar lo nuestro. Antes de marcharme me suplicó que fuera a esa habitación para despedirse por última vez de mí.
- Y aceptaste – digo en tono bajo.
- Quise explicártelo pero te fuiste tan rápido…
- No podía quedarme cuando vi que todos mis miedos se habían hecho realidad…. le devolviste el beso…- digo con dolor.
- Lo sé, y lo siento… estaba borracho…
- ¡No quiero que te excuses con el alcohol! – respondo con cierto enfado. – ¡Cuando estas borracho haces y dices cosas que no harías estando sobrio!
- ¡Lo siento Emma, sé que no tengo excusa! – me implora. – Amé a Colette mucho tiempo…cuando me besó perdí el control…. pero todo cambió cuando te vi salir del armario. En ese momento supe el error que acababa de cometer…. cuando dijiste que me odiabas… cuando me diste aquel tortazo… sé que me lo merecía todo, ¡pero desde entonces no soy yo! – se levanta y se coloca delante de mí. – Emma, fui un gilipollas por dejarme engatusar por Colette todos esos meses cuando debería haber estado únicamente para ti. Necesito que me perdones Emma, te quiero y… no sabes lo horrible que me ha resultado todo este tiempo estar sin ti…
- ¿Te crees que para mí fue fácil? ¡Leo vi cómo la besabas, cómo la pegaste hacia ti! ¿Cómo crees que me sentí al ver cómo besabas a tu ex? Después de aquello tardé más de dos semanas en poder levantar cabeza. ¡¡Más de dos semanas!! Leo no puedo pasarme tanto tiempo encerrada en mi habitación deprimida cada vez que haces alguna de las tuyas… - estallo. - No sabes lo duro que ha sido ver tu foto cada día y saber que todavía amas a Colette… - intento reprimir las lágrimas.
- ¡No la amo! ¡Emma, te lo juro, solo te amo a ti! – promete.
- ¿Cómo puedo saber que es verdad y no es otro truco para hacerme daño? – pregunto mientras las lágrimas se agolpan en mis ojos con más fuerza. Me pongo de pie y empiezo a caminar de una dirección a otra sin saber qué hacer. ¿Puedo confiar en él de nuevo?
- ¡No es un truco Emma, se acabaron las tonterías! Quiero una relación de verdad, contigo, solo contigo.
- ¡Cuesta creerte sabiendo que te veías con tu ex! – grito dejando que mis lágrimas corran salvajes por mis mejillas.
- Por favor Emma, no llores – suplica. – Odio hacerte llorar – se acerca hasta mí y aparta las lágrimas con los pulgares. Por muy enfadada que me sienta, no puedo negar que no deseaba volver a sentir su contacto. – No pienso volver a verla nunca más…Te he echado tanto de menos…. no sabes la de noches que he suplicado por estar así contigo, poder verte, besarte, tocarte, sentir tu piel…. – suspira. - Me he vuelto loco Emma, me has vuelto loco…
- No ha sido fácil para ninguno, pero debes comprender lo humillada que me siento al saber todas las veces que me has dejado plantada y te has ido bajo las faldas de tu ex… – murmuro mientras las lágrimas siguen cayendo. – Leo… yo…te sigo queriendo pero…no sé si puedo decir lo mismo de ti… - agacho la cabeza.
- ¡Emma, no sé que mas puedo hacer para convencerte de que estoy destrozado! Llevo semanas sin ir a trabajar, ¡me fui lejos porque no soportaba estar en la ciudad sabiendo que me odiabas! Volví hace poco y solo he visto a Aaron porque ha sido el único que me ha apoyado en esto…. – suspira derrotado. - Déjame abrazarte….
- ¿Qué? – alzo la vista con sorpresa.
- Por favor – me pide. Sus ojos suplican más que nunca su necesidad de mí. Siento su dolor por encima del mío y es casi asfixiante…. me necesita pero…tengo miedo…
- Pero… - Leo no me deja terminar cuando de repente me pega a él, fundiendo nuestros cuerpos en uno solo. Me estrecha con fuerza y a la vez con cierto temblor. Más lágrimas acuden a mi rostro con el recuerdo. Su fragancia me inunda y la mente me recuerda todos los buenos momentos, todas las veces que me dijo que quería estar conmigo, mi primera vez y cuando me dijo que me quería… poco a poco, muevo mis manos y le devuelvo el abrazo. No creí necesitarlo hasta que me lo ha hecho. Sentir otra vez su cuerpo, esa necesidad de él…
- Emma, ¿de verdad….de verdad me quieres…después de todo?
- Después de todo…. – respondo.
- Por favor, dilo. Necesito oírtelo decir, por favor.
- Leo, aún te quiero… - digo con un hilo de voz.
- Emma, te quiero más que a nada de este mundo. Por favor, déjame besarte, te necesito… - me pide mientras se separa ligeramente para mirarme a los ojos. Casi sin aliento, vuelvo a observar esos ojos suplicantes que casi me obligan a ceder. Pero esto, esto no va así. No puedo darle todo lo que me pide. Es cierto que aún le quiero, pero la confianza que le di se ha roto, y en el fondo sé, que siempre amará a Colette.
- No es buena idea… - consigo decir antes de que estampe sus labios contra los míos. Inspiro súbitamente ante la sorpresa y aunque mi primer reflejo es apartarme, finalmente acepto el contacto de sus labios con los míos. Nos besamos desesperados, sus labios se mueven rápido por mi boca mientras mi lengua entra en contacto con la suya y, como siempre, ambas se unen como una sola….como si no hubiera pasado el tiempo entre ellas. Con nuestras respiraciones alteradas, Leo y yo nos besamos de forma descontrolada mientras nuestros sentimientos toman el control de la situación. Mis manos suben por su espalda hasta llegar a su cuello mientras Leo me pega más a él y me coge por los muslos para levantarme del suelo. Mis piernas se unen en su cintura mientras me hundo aún más en su boca sin interrumpir en ningún momento el contacto. Mientras le beso, millones de imágenes me recorren la mente. Tengo miedo y me siento confundida, furiosa y casi un millar más de sentimientos se expanden por todo mi cuerpo mientras beso a Leo…. me necesita, en cada beso, cada contacto, noto como Leo me necesita casi tanto como lo he necesitado yo…
- Emma… - gime en mi boca. – Por favor…ven conmigo… - me pide entre beso y beso.
- ¿Irme?
- Ven…a casa…conmigo….por favor…te necesito… quédate conmigo…esta noche….
- Pero… no es….- me interrumpe mientras sigue besándome.
- Te necesito…- vuelve a repetir.
- Vale… - cedo casi sin aliento. No sé que me está llevando a tomar este tipo de decisión tan crucial, pero lo he hecho. Leo me baja poco a poco del suelo y se separa de mí. Se acerca al banco y coge mi mochila y mi skate, con la mano libre, agarra la mía con fuerza y tira de mí a algún sitio. - ¿A… a dónde vamos? – pregunto aún recuperando el aire.
- Quiero llevarte a casa – contesta decidido mientras caminamos a paso rápido. – Emma, quiero que vengas a casa y quiero estar contigo – dice serio. – Solo creeré que esto es real cuando mañana despiertes a mi lado. – abro la boca pero no consigo decir una sola palabra. Esto me supera, pero no puedo negarme…. a pesar de mi resentimiento, él me necesita, todavía puedo notar a través de su mano como su cuerpo tiembla… no puedo simplemente irme y destrozarle otra vez…. no puedo… Caminamos con paso rápido hasta llegar a la carretera y pedimos un taxi. En el trayecto le envío un mensaje a Alex donde, sin contarle detalles, le digo que no puedo quedar con él y que le diga a mi madre que voy a pasar la noche en su casa. Después apago el móvil para que no nos interrumpan. A los pocos minutos el taxi para delante de un gran edificio, Leo paga y, cogiendo mi mano otra vez, me lleva hasta el interior del edificio. Entramos dentro del ascensor y subimos hasta la décima planta. Ninguno ha dicho una sola palabra desde que subimos al taxi, quizá por miedo a decir algo que lo estropee, o porque ninguno sabe a ciencia cierta cómo hemos llegado a esto, pero es algo que creo que necesitamos. En cuanto Leo abre la puerta, se gira y vuelve a observarme.
- Emma, ¿de verdad…quieres estar aquí conmigo? – pregunta con voz suave.
- Creo que sí… - asiento. Alzo mi mano con nerviosismo hasta su mejilla y le acaricio con cuidado. Leo entrecierra los ojos y apoya su mejilla en mi mano.
- No sabes cómo he necesitado esto todo este tiempo… - musita antes de pegarse a mí y abrazarme. – Te necesito… - vuelve a decir antes de posar sus labios en mi cabeza. Se aparta un poco y besa mi frente, mi nariz y finalmente se detiene en mi boca, me besa durante unos minutos y se detiene. – Quiero saber si aún puedo hacerte mía… - su aliento choca en mi cara cuando un escalofrío me recorre el cuerpo. Él quiere… ¿y yo? ¿Yo quiero hacerlo? Leo me necesita, a pesar de que él hirió mi orgullo de mujer, yo le destrocé también, me repito al ver su mirada triste.
En lugar de contestar, asiento y vuelvo a posar mis labios sobre los suyos. Sin interrumpirlo, Leo me quita la mochila de los hombros y el skate y lo deja en la entrada de la casa. Después, me levanta igual que antes y, cerrando la puerta, camina por la casa hasta entrar en una habitación levemente iluminada. Mis ojos están cerrados mientras saboreo sus labios por lo que no tengo ni idea de cómo es su casa. Leo se detiene hasta los pies de la cama y poco a poco me tumba en ella. Se sienta de rodillas delante de mí y me observa con atención.
- Si supieras lo mucho que deseaba tenerte aquí – susurra mientras sus manos recorren mi cuerpo hasta detenerse en mis caderas. Sus dedos agarran mi sudadera y tira de ella hacia arriba, llevándose consigo la otra camiseta que llevaba debajo. Me incorporo levemente para que pueda pasar las prendas por mi cabeza y dejarme solo con mi sujetador beige. Tira la ropa a un lado y sin perder contacto visual conmigo, se yergue lo suficiente para poder besarme en los labios. Después empieza a recorrer mi cuerpo con sus labios provocando que mi piel se erice con su contacto. Cuando besa todo mi cuello hasta llegar a la clavícula…de forma sensual, va descendiendo hasta llegar a mi pecho. Se hunde en él besando la parte que no cubre el sujetador. Sus manos abandonan mis caderas y se mueven hasta llegar a las copas y me agarra los pechos con ambas manos. Sin decir una palabra, observo y dejo a Leo disfrutar de mi cuerpo. Sus manos enseguida se cansan del tacto del sujetador y viajan a la zona de la espalda. Me arqueo levemente para darle un fácil acceso hasta el enganche. Con un rápido clic, éste se desabrocha y me deshago de mi prenda íntima. Observo como inspira con cierto deseo antes de volver a agarrar ambos pechos y masajearlos. Me muerdo el labio y noto de forma placentera sus caricias, evocando el recuerdo de aquellas dos veces que lo hicimos, cuando éramos felices de verdad… un jadeo escapa de mi garganta en el momento en que Leo se acerca y me besa de forma pasional coordinándolo con sus caricias que empiezan a tornarse más rudas. Mi libido aumenta conforme nuestros besos toman forma a través de nuestras lenguas… mis caderas empiezan a moverse de forma insinuosa hasta el punto de crear cierta fricción entre ambos….
- Nena…- gruñe en mi boca. Se separa ligeramente y muerde el lóbulo de mi oreja antes de hablarme – Quiero ir despacio…. quiero saborearte un poco más…. ya tendremos tiempo de ir deprisa – me susurra meloso. Se aparta lo suficiente para desprenderse de su sudadera y dejar su cuerpo al descubierto. No puedo evitar sentir cierta opresión en mi pecho al ver que, aunque no sea del todo perceptible, está ciertamente más delgado desde la última vez que le vi.
- Estás…. – comienzo, pero Leo me interrumpe con un beso rápido.
- No pienses en ello ahora – dice en cuanto ve mi, posiblemente, cara de espanto. Vuelve a besarme en los labios de forma acompasada mientras me acaricia el cuerpo con su mano izquierda. Jadeo en su boca justo cuando atrapa mi pezón entre sus dedos. Leo sonríe antes de volver a besarme y comienza con su descenso de besos por mi cuerpo.
- ¿Qué...haces? – pregunto con voz aguda cuando pasea su lengua por mi abdomen.
- Saborearte – dice antes de volver a besar mi vientre. Sus manos abandonan mis pechos y se unen a la búsqueda del tesoro por mi vientre hasta terminar justo en la linde del vaquero. Sin dejar de besarle o hacerme algún que otro chupetón por el cuerpo, desliza sus dedos por el botón hasta desabrocharlo y baja la cremallera. Sus manos se mueven rápido y cuando quiero darme cuenta, Leo me ha quitado las zapatillas y los vaqueros. – Mucho mejor – musita antes de colocar sus dedos por la cinturilla de mis bragas.
En ese momento, el corazón me da un vuelco. Ya lo hemos hecho antes… ¿por qué me siento tan….nerviosa? Sus dedos, para mi sorpresa, permanecen ahí mientras Leo desciende por mi vientre y se detiene justo en el comienzo de mis bragas. Sus manos actúan y, con un rápido movimiento, me separa las piernas, las cuales tiemblan de placer con cada caricia. Si sigue así, no creo que pueda aguantar mucho….
- Leo… - gimo cuando noto sus dedos pasearse por mis bragas.
- Estás tan húmeda…. – le oigo decir. – Emma…. quiero saborearte…. ahí…– dice ahora mirándome a los ojos.
- Leo… yo… - mí respiración está ciertamente agitada y juraría que la habitación me da vueltas.
– No te preocupes, esto te gustará…. déjate llevar – me dice. Trago saliva nerviosa sin saber muy bien que decir. Su mano se mueve por mis curvas hasta alcanzar mi mano y entrelazarla con un ligero apretón. Mi pecho asciende y desciende a gran velocidad cuando, con la otra mano, desliza mis bragas por las piernas hasta dejarlas a un lado. Se agacha y besa mi abdomen, regalándome pequeños besos por todo el estómago hasta estar a escasos centímetros de mi sexo y musitar – Emma, no olvides que te quiero….
Ya lo hemos hecho antes...¿Por qué me siento tan...nerviosa?

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