lunes, 27 de junio de 2016

Capitulo 45

Después de aquello, pasaron varios días y todo parecía volver a su cauce. Mi vida, la que creía que era un caos originado en el mismo ojo del huracán se convirtió en una vida tranquila y apacible. Como si nunca hubiera habido algo que lo hubiera alterado lo más mínimo. Fue así, ahora estaba más concentrada que nunca en mis estudios, quedaba con las chicas y con Alex para estudiar o simplemente para divertirnos y empecé a pasar más tiempo con Naim. Desde que me llevó a casa aquel sábado no hemos dejado de hablar o vernos casi todos los días. Me encanta estar con él, es divertido y me ayuda a no pensar en Leo. Aunque todo se haya vuelto más ameno y tranquilo, mi mente no puede evitar pensar en él. ¿Tan mal está? Aún no sé nada de él, y aunque me gustaría saber si está tan mal como me dijo Ivana, mi orgullo no me permite coger el teléfono aunque esté deseando hacerlo. A pesar de los malos momentos, también hubo otros buenos. Aquel fin de semana en el hotel, aquel día de navidad, los besos, los abrazos, mi primera vez.....no voy a negar que le echo muchísimo de menos y que casi siempre me quedo mirando aquella foto que nos hicimos en el puerto con aquel barco detrás. Éramos tan felices ese día...
- ¿Todavía estás ahí tumbada? – me riñe cariñoso.
- Naim... – abandono mis pensamientos y me doy la vuelta para sonreírle. Hoy Naim no tenía que trabajar, así que me ha invitado a su casa. En cuanto llegué me arrastró a su habitación y desde entonces sigo tumbada en su cama. Siempre que vengo nos quedamos en alguna habitación distinta y hoy ha tocado su cuarto. Es más grande que el de invitados y supera con creces la salita. Tiene una cama de matrimonio en el centro de la habitación, justo en frente de un gran ventanal que da a la ciudad. A la izquierda tiene un pequeño escritorio y junto a éste se encuentra un enorme vestidor con puertas de espejos. Al otro lado se pueden apreciar algunas estanterías con libros, pero al contrario que los de las otras habitaciones, estos son sus libros favoritos de lectura. Nada que ver con el trabajo como los otros.
Cuando entramos me tumbé en la cama y empecé a hacer los deberes mientras Naim hacía algunas llamadas o paseaba con papeles de un lado para otro. – La culpa es tuya por tener una cama tan cómoda – me río.
- No, si es que encima la culpa es mía – se acerca y se tumba a mi lado. Me doy cuenta de que lleva un paquete de donuts en la mano. – Mira lo que traigo – sacude la caja. Voy a coger uno cuando aparta el paquete. – Eh, eh, eh, aquí no que lo vas a poner todo perdido – sonríe picarón.
- Pues no me lo enseñes si no me vas a dar – le saco la lengua.
- Te lo daré... pero debes darme algo a cambio.
- ¿Algo a cambio? – pregunto sin saber cuáles son sus intenciones. Naim sonríe malicioso y señala su mejilla izquierda, dándole varios toquecitos con el dedo índice.
- Ya te vale – me río.
- Que si no quieres me los como yo solo... - pero antes de dejarle terminar estampo mis labios en su mejilla. Es un beso breve y tierno. Noto como Naim evoca una sonrisa. Me gusta saber que le gusta que le bese aunque sea en la mejilla. – Buena chica – dice. – Venga levanta y descansa un rato, llevas media tarde con la cabeza metida entre los libros.
- Pero es que tengo que estudiar – aclaro mientras me incorporo y me siento en la cama.
- Estudia lo que quieras, pero también debes descansar. Podrías saturarte y me da miedo encontrarte tirada en el suelo mientras te sale espuma por la boca – se ríe.
- Jajaja que gracioso – respondo irónica. Pero en el fondo sé que tiene razón. Necesito un descanso. Así que me levanto de la cama y vamos hasta el salón, donde veo la televisión encendida con un panel que pone "Pause" y dos mandos encima de la mesa. - ¿Y esto? – señalo la tele. - ¿Esperas a alguien?
- Esperaba, pero ya estás aquí. ¿Te gustan los videojuegos? Espero que sí, sino me arruinas el descanso.
- Me gustan mucho – sonrío. - ¿De qué es?
- Fútbol. Fifa para ser más exactos. ¿Has jugado alguna vez?
- He jugado algunas veces con Alex, ya sabes, mi mejor amigo. Seguro que os llevaríais muy bien.
- Si le gusta el fútbol, nos llevaremos realmente bien.
- ¿Gustarle? Lo adora – me río. – Estoy segura de que en cuanto le conozcas ni te vas a acordar de mí.
- No digas eso mujer – dice en tono despreocupado. – Te llamaremos aunque sea para que nos veas jugar.
- Hoy estás muy gracioso – le digo chocando mi puño en su hombro.
- Siempre soy gracioso – se ríe mientras se aparta para esquivar el otro puño. – Lo que pasa es que no entiendes mi humor Emma.
-Si lo entiendo, pero tu humor es malísimo. Como comediante eres horrible – le saco la lengua mientras él finge ofenderse.
- Si has terminado de ofenderme – dice bromeando. – Los batidos están en la cocina, tráelos mientras cojo el móvil por favor.
- Vale, vale – mientras Naim va a la salita a buscar su móvil, yo me voy a la cocina a buscar los batidos.
No los veo por ningún lado, ¿estarán en la nevera? Antes me cohibía mucho cuando Naim me dejaba a mis anchas, ahora sin embargo, camino por ella como Pedro por su casa. Cuesta creer que hayamos llegado a tener tanta confianza en tan poco tiempo. Abro la nevera y encuentro dos batidos de vainilla. ¿Querrá beberlo en un vaso? Cierro la nevera y dejo los batidos en la mesa, me acerco hasta los armarios y empiezo a abrirlos para buscar los vasos. Por suerte, no tengo que buscar mucho pues los encuentro en seguida. Solo hay un problema... no llego.
- ¿En serio? – pregunto con fastidio. Mi estatura es la medida estándar de una mujer de mi siglo, entonces, ¿por qué esa obsesión con poner las cosas por encima del metro setenta? Midiendo metro sesenta como es mi caso, en esos diez centímetros aún puedo ponerme de puntillas o dar un par de saltos. Pero Naim tiene las estanterías ridículamente alejadas de cualquier persona por debajo del metro ochenta. Como buena cabezota que soy, en vez de tomar el camino fácil y coger una silla, me pongo de puntillas y alargo la mano todo lo que puedo. ¡Maldita sea, no llego! Me muerdo el labio y empiezo a dar pequeños saltos, pero eso solo hace que me canse en vano, ¿por qué no puedo ser más alta? Sigo dando saltos sin éxito hasta que noto que hay alguien más en la cocina. Me giro y veo a Naim a escasos metros de mí.
- ¿Te diviertes? – pregunta en tono burlón.
- ¿Tu qué crees? – señalo los vasos.
- Eres una enana – se ríe.
- ¡No soy una enana! – Exclamo ofendida. – Mi altura es la medida estándar de cualquier mujer de este siglo – aclaro poniendo mis manos en las caderas para darle más seriedad al asunto.
- Si fueras unos centímetros más pequeña podrías ser un minion – dice después de varios segundos en silencio. Abro ligeramente la boca para replicar, pero la cierro rápidamente. No sé qué replicarle a eso. Naim se ríe y negando con la cabeza acorta la distancia hasta estar junto a mí. – Solo bromeaba Emma. Tienes una estatura perfecta. Deja que yo coja los vasos – pero antes de que me dé tiempo a apartarme, Naim se echa delante de mí y se estira ligeramente para cogerlos dejándome atrapada entre él y la encimera. En ese momento, su cuerpo y el mío están demasiado pegados. Noto como sus pectorales chocan contra mi cara y mi respiración se hace más profunda al inhalar su aroma. El mismo olor que había en su cama....Naim huele deliciosamente bien. Su aroma es refrescante, pero sobre todo muy varonil, casi tirando a lo sensual... mis dedos están a punto de acariciarle el abdomen cuando se aparta. ¡Ufff, por los pelos! Casi cometo una estupidez. ¿¡Qué estaba a punto de hacer!? Emma, tranquilízate.
- Los batidos están en la mesa – comento nerviosa. Aunque me encanta pasar tiempo con Naim, a veces surgen momentos como estos en los que mi corazón empieza a latir muy fuerte y siento que me va a dar algo.
- Cógelos y vamos, tengo que enseñarte a jugar – ambos sonreímos y vamos hasta el salón. Nos sentamos en el sofá y colocamos los batidos y los vasos al lado de la caja de donuts.
- ¿Ahora puedo coger uno? – señalo los donuts.
- Los que quieras. Yo serviré los batidos – Naim echa los batidos en ambos vasos mientras cojo un donut con glaseado de chocolate blanco y negro. - ¿Te gusta la vainilla?
- Sí – asiento. – Aunque mi favorito es el de chocolate.
- Eres muy golosa.
- ¿Te das cuenta ahora?
- En el fondo siempre lo supe – dice mientras coge un donut con glaseado rosa y virutas de colores.
- ¿Ese está bueno? – señalo su donut.
- ¿Quieres probarlo?
- Ya tengo el mío.
- Emm, no te he preguntado eso. Prueba – me acerca su donut a la cara. Otra vez empiezo a ponerme nerviosa. A veces Naim y yo hacemos cosas que, aunque las he hecho antes con Alex, con Naim hace que me sienta nerviosa. – No tengo todo el día – me apremia. Me acerco y le doy un pequeño mordisco.
- Ummm, está muy bueno.
- ¿Qué? Pero si apenas lo has podido saborear con ese minúsculo mordisco, ¡muerde mujer! – casi me estampa el donut cuando abro la boca y me mete casi la mitad del donut por la garganta. Me aparto he intento masticar mientras fulmino con la mirada a Naim.
- ¡Intentas matarme! – consigo decir.
- ¡Me has descubierto! – contesta con fingido dolor. Consigo tragarme el enorme trozo de donut y observo a Naim quien me pone cara de cordero degollado.
- Emma.... ¿no vas a darme del tuyo?
- Ah, ¿quieres un poquito? – la venganza es dulce pienso mientras me pongo de rodillas y me acerco hasta Naim para darle un trozo de mi donut. – Abre la boquita – digo mientras intento devolverle la jugarreta. Naim obediente abre la boca, pero cómo si supiera cuales son mis intenciones, se acerca rápido, y no solo le da un gran mordisco al donut, sino que atrapa mi pulgar en el camino. – ¡Ahh! – suelto un pequeño gritito de la impresión. Pero casi juraría que era un gemido. Naim sonríe y suelta mi dedo mientras mastica. - ¡Me has mordido!
- Yo no veo ninguna marca – señala mi pulgar y traga. - ¿Te crees que no veía tus intenciones?
- Esperaba que no – hago un mohín.
- Estaba delicioso – dice mientras se relame. Un escalofrío me recorre el cuerpo en ese momento. ¿A qué se refiere Naim exactamente? A pesar de su comentario, merendamos tranquilos dejándonos de jueguecitos mientras le comento a Naim como he pasado el día en el instituto.
- Y entonces Martina dice.... – pero el timbre me interrumpe.
- Voy – dice Naim. Se levanta del sofá y va hacia la entrada. Le sigo, pero me quedo en la puerta del salón y veo unos metros más adelante a Naim hablando con alguien. – Lo siento hoy no va a poder ser, tengo visita. – la persona que hay detrás de Naim se mueve a un lado y me observa muy serio durante unos segundos y le dice algo a Naim. ¿Dónde le he visto...? ¡Es su vecino! Ese que se llamaba....Óscar, sí, estoy segura. ¿Por qué siempre me observa así? Me desconcierta que mire tanto si luego no tiene nada que decir. Naim habla con Óscar durante un rato y después se despiden.
- ¿Qué quería?
- Me ha preguntado que si me apetecía echar unas canastas con él, pero estoy contigo. Otro día será – se encoje de hombros.
- Creo que no le caigo bien a tu vecino.
- ¿Bromeas?
- ¿Has visto como me mira?
- Porque le gustas.
- ¿Le gusto? – pregunto poco convencida.
- Sí, por eso se muestra cohibido. Normalmente es bastante descarado y muy ruidoso. Pero al verte se ha cortado y más con esa cara – se ríe.
- ¿Qué tiene de malo mi cara? – enarco una ceja.
- No es tu cara, es más bien.... – se muerde el labio inferior, quizá para evitar reírse de mí. Me giro y voy hasta el espejo que tiene en el pasillo y lo veo. Naim me ha puesto toda la boca llena de fresa del donut de antes.
- ¡Qué vergüenza! – grito escandalizada delante del espejo. Las carcajadas de Naim resuenan por todo el pasillo y siento ganas de tirarle la zapatilla a la cabeza. - ¿¡Te parecerá bonito!? – le grito en cuanto lo veo a mi lado.
- Estás genial así Emma – dice aún riéndose. Se agacha un poco hasta estar a mi altura y me da un ligero lametón donde tengo el glaseado... se me corta la respiración al notar su lengua casi al filo de mis labios. – Ummm – saborea.
- Puedo quitármelo sola – farfullo con las mejillas sonrosadas.
- Lástima, estás deliciosa – se ríe otra vez y avanza por el pasillo hasta el salón. Con el corazón latiéndome a gran velocidad, me voy a la cocina y cojo una servilleta para quitarme el estropicio que me ha hecho Naim. Cuando consigo tranquilizarme, me voy de nuevo al salón y veo a Naim preparando la partida.
- Ya estoy – anuncio y me siento a su lado.
- ¿Qué equipo te gusta más?
- Con Alex siempre he jugado con equipos ingleses.
- Vale, coge el Liverpool – dice y me da el mando.
- En realidad me da igual, puedes darme el equipo que quieras.
- Pues el Liverpool – me pone el mando en las manos y me ayuda a moverlo hasta coger al equipo.
-¿Tú cual vas a coger?
- El de Southampton. Vamos a empezar con la premier, así que he pensado que podíamos empezar con equipos ingleses - me explica. Mientras escoge el equipo y prepara el partido me cuenta un poco cómo van las clasificaciones. - ¿Lista? – me dice en cuanto la pantalla muestra el campo de juego.
-Creo que no recuerdo bien como iban los controles, ¿importa mucho? – pregunto mordiéndome ligeramente el labio.
- Pues mal vamos – se ríe. – Mira, ven, ponte aquí – me señala sus piernas.
- ¿Qué? – pregunto sin poder creérmelo. ¿Quiere que me ponga encima de él?
- Emma ponte aquí – vuelve a repetir. Coge un cojín y lo pone en el suelo. – Así podré explicarte bien los controles – me agarra del brazo y me sienta en el cojín que hay entre sus piernas. Naim pone el mando entre mis dedos y los suyos encima. – Esto es muy fácil una vez que le pillas el truco – me dice mientras coloca mis dedos en los botones. – Con este corres en todas las direcciones, ya sabes, arriba, abajo, etc...
- Naim hasta ahí llego – bromeo a pesar de sentirme ligeramente nerviosa. Sus manos presionan las mías, pero con tacto suave. Su cuerpo está inclinado hacía mi espalda y podría decir que me gusta, a pesar de que me hace sentir rara. Para mi sorpresa, es una rareza buena. Me gustan las sensaciones que experimento cuando estoy cerca de Naim.
- Vale, vale. Bueno, con que le des aquí para marcar y a este para dirigir el lanzamiento vas bien. Luego conforme vayas jugando ya verás cómo lo vas haciendo sola.
- ¿Podemos jugar uno de prueba antes?
- Por supuesto – dice mientras le pulsa a "atrás" y pone el modo entrenamiento. - ¿Preparada?
- Creo que sí – sonrío a pesar de que no me vea.
- ¡Vamos! – exclama animado.
Durante varios minutos juego un partido de prueba. Naim sigue con sus manos encima de las mías y me ayuda a moverme y a hacer todas las cosas. ¡Incluso he marcado un gol! A pesar de que el corazón me late todavía un poco rápido, no cambiaría este momento por nada en el mundo.
- Bueno Emma, ¿te ves capacitada para un partido oficial contra mí?
- No, pero vamos a ello – me río.
- Ese es el espíritu – me levanto del suelo y me siento al lado de Naim para jugar un "amistoso" como él me ha dicho. – Que sepas que no voy a tener contemplaciones porque seas mujer – me chincha.
- Yo tampoco iba a tenerlas contigo por ser hombre – le devuelvo el chinche.
- ¡Que comience el partido! – exclama y enseguida empieza la partida.
La verdad es que está durando más de lo que me esperaba. No recordaba que con Alex estuviéramos tanto rato, sin embargo con Naim aún me queda la segunda parte y voy perdiendo de dos. A pesar de que dijo que no iba a tener contemplaciones, le he visto cometer varios fallos tontos. Yo por mi parte hago lo que puedo y en el fondo creo que no lo estoy haciendo muy mal. Le he podido marcar uno.
- Nunca superarás a tu maestro pequeña saltamontes.
- Eso ya lo veremos sensei – lo que Naim no sabe es que mi vena competitiva crece a gran escala con cada burla que me suelta. Cuando está a punto de marcarme le doy un codazo y falla el golpe.
- Eso no es justo tramposilla.
- ¿Yo? No he hecho nada – respondo con un tono inocente.
- Yo no diría eso – ríe mientras me devuelve el codazo.
- Yo no hago nada, eres tú – replico mientras me hecho sobre él.
- ¡No te eches encima!
- Son cosas tuyas Naim – me excuso apoyada en sus hombros mientras juego con el mando encima de su cabeza.
- Esto es la guerra – dice echándose hacia atrás y quedándome así atrapada en el sofá.
- ¡No vale! – me quejo.
- Sí vale – responde con una sonora carcajada.
- ¡Me aplastas! – pataleo.
- Eso te enseñará a no hacer trampa jovencita.
- Esto no quedará así – intento moverme, pero es casi imposible. Naim me ha atrapado entre él y el sofá y es prácticamente imposible atravesar esa barrera. Su espalda es muy ancha en comparación con mi cuerpo. Hago todo lo posible para liberarme de la prisión a la que me ha condenado Naim por hacerle trampas hasta que le da pausa al juego.
- ¡Emma, por Dios deja de restregarte! – me pide.
- No me estoy restregando – digo avergonzada.
- Sí lo estás haciendo, Emma no vale que uses tu cuerpo para ganar.
- No uso mi cuerpo, tú no me has dejado opción alguna para poder escapar. – Naim se gira para mirarme a los ojos.
- Eres un peligro para el sexo masculino – dice con una sonrisa tímida. – Si fuera otra clase de chico... - empieza pero entonces, mi móvil comienza a sonar con el tema de "Fucking u tonight" de Enrique Iglesias
- Debo cogerlo – me aparto de él y me levanto del sofá en busca del móvil que está en su habitación. Por suerte, como me doy prisa lo puedo coger antes de que me cuelguen. - ¿Sí?
- Emma, ¿te pillo en mal momento? – pregunta Alex. ¿Mal momento? Ummm, bueno, si hubiera llamado unos segundos más tarde... Naim y yo... antes con Naim.... ¿qué querría decirme? - ¿Emm, estás ahí?
- Sí, sí, estoy aquí perdona – bajo de las nubes. - ¿Qué quieres?
- Estoy aquí con Daniela y habíamos pensado pasarnos un rato por tu casa.
- ¿Qué haces con Daniela?
- Emmm, nada. Nos hemos encontrado – aclara rápido.
- No sé si creerte – respondo dudosa.
- Emm, mi princesita, sabes que yo nunca te ocultaría nada – me dice con voz inocente.
- Lo que tú digas, estoy con Naim, pero en un rato puedo llegar.
- Sin prisa Emm, si estás con Naim os dejamos a solas.
- No, no importa, de todas formas tengo que volver a casa, y necesito que Dani vea mi último artículo del periódico.
- Como quieras, nos vemos en un rato.
- Hasta luego Alex.
- Hasta ahora princesa – se despide y cuelgo.
- ¿Ocurre algo malo? – escucho a Naim detrás de mí.
- No, solo era Alex y Daniela que van a pasarse por mi casa. Quiero que Dani vea mi último artículo.
- ¿El que has hecho sobre la negligencia policial de la semana pasada con aquel robo?
- El mismo – asiento.
- Entonces.... ¿dejamos la partida para otro día?
- Sí....- ¿debería preguntarle? – Naim antes, ¿Qué querías...?
- Venga, recoge tus cosas que te llevo – me interrumpe y se va de la habitación. Creo que le he incomodado, pero quizá sea mejor dejarlo correr. Solo ha sido una tontería pero... estábamos muy juntos y casi podía sentir una corriente eléctrica... Sacudo mis pensamientos de la cabeza y recojo mis cosas de la habitación. Cuando está todo listo me engancho la mochila en el hombro y cojo el skate que dejé a un lado. Para ahorrarme el bus, vine hasta aquí en él.
- Naim ya estoy – le digo mientras avanzo por el pasillo.
- Vale, cojo las llaves y nos vamos.
- No hace falta, tengo el skate.
- Igualmente te acompaño – dice mientras apaga la tele y se acerca hasta mí. – Un paseo no nos vendrá nada mal para quemar los donuts.
- Bien visto – ambos sonreímos y nos vamos de su apartamento hasta la aparatosa ciudad.
Aunque Naim y yo vivimos algo lejos el uno del otro, ir paseando hasta mi casa tampoco es tan mala idea. Además, la tarde nos acompaña, a pesar del frío y del mal tiempo que ha hecho estos días atrás, hoy el cielo está despejado y parece que no hace tanto frío. Subida en mi skate, paseo con Naim mientras hablamos de lo primero que se nos ocurre sin mencionar en ningún momento lo que podía haber ocurrido en su piso. Si no hubiera sido por la llamada de Alex.... ¿habría ocurrido algo? A veces cuando estoy con Naim noto cierta tensión sexual, aunque quizá solo sean imaginaciones mías. Él es muy atractivo y es difícil no sentir cierta atracción, además.... creo que echo de menos aquellos momentos íntimos que tenía con Leo....
-¡Emma! – me llaman y giro la vista al frente, de pronto abro los ojos con sorpresa y el corazón me da un vuelvo.
- ¿L-Leo? – pregunto con un hilo de voz.
A pesar de que dijo que no iba a tener contemplaciones, le he visto cometer varios fallos tontos

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