lunes, 20 de junio de 2016

Capitulo 44

He dormido genial, como no lo he hecho en toda mi vida. Las sábanas que me envuelven son tan calentitas y encima huelen realmente bien. Es un aroma familiar…una esencia masculina… La habitación está por completo iluminada por los rayos del sol, pero no tengo ganas de despertarme aún… hasta que escucho un ruido. ¿Coches? Por aquí no suelen pasar coches…un momento. Emma, no estás en casa. Abro los ojos y me incorporo rápidamente, quedándome sentada en la cama. Es cierto, me quedé en el piso de Naim. Miro hacia todos lados, él no está aquí. ¿Qué hora será? Espero que no muy tarde. Me dejé el móvil en el salón así que no puedo saberlo con exactitud. ¿Estará Naim despierto?
Me bajo de la cama y abro la puerta de la habitación. No escucho nada. Antes de averiguar si Naim está durmiendo o no, doy una rápida visita al baño y aprovecho para recogerme el pelo en una trenza a medio lado. Cuando salgo, me acerco hasta su habitación, pero no me atrevo a abrir la puerta. Quizá esté despierto. Me voy a la salita, pero ahí no está. Tampoco está en el baño ni en el salón, así que voy a la cocina y entonces escucho su voz. ¡Está en el comedor! Avanzo por la cocina con paso ligero y ahí está…sentado en el saliente apoyado en sus cojines azules. Tiene una taza en la mano y en la otra su móvil, parece que está hablando de algo importante. De pronto me doy cuenta de que solo viste un pantalón de chándal y puedo ver como sus músculos se contraen ligeramente mientras habla. Me quedo completamente embobada observando su cuerpo escultural…. ¡Madre mía! ¿Cómo es posible que esté tan bueno? Parece que Naim se ha dado cuenta de mi presencia y se gira para dedicarme una amplia sonrisa.
- Sí – le escucho decir. – Ayer estuve revisando todos los documentos y he tenido que arreglar unos pocos porque se han equivocado con las cuentas. Sí, ajá, mañana a primera hora expondré junto con el equipo el nuevo plan de marketing que hemos diseñado para esta temporada – mientras habla, se levanta y se va acercando poco a poco hasta a mí. Yo por mi parte me muerdo el labio y trago saliva nerviosa. – No, solo quería recordarte eso. Sí, el lunes, no lo olvides. Adiós – se despide. – Buenos días dormilona – me dice con una sonrisa.
- Bue- buenos días – tartamudeo sin querer.
- ¿Has dormido bien?
- Sí, gracias. He dormido estupendamente – respondo aún nerviosa. - ¿Qué hora es?
- Las diez y cuarto – dice mirando la hora. - ¿Te he despertado? No quería hacer ruido.
- No, me he despertado sola….- de pronto me doy cuenta de que parece recién salido de la ducha. – ¿Te has dado una ducha? – pregunto señalando su pelo húmedo. Pero sobre todo me fijo en lo más importante. Es la primera vez que lo veo sin camiseta y puedo ver sus pectorales al descubierto. Naim tiene una tableta que podría rallar queso en ella. Antes de que se dé cuenta, cierro la boca e intento apartar la vista de su cuerpo escultural.
- Sí, llegué muy sudado – se ríe y se revuelve el pelo salpicando agua por todos lados.
- Vale, vale no me mojes – me burlo secándome el brazo.
- ¿Mojarte? – pregunta ofendido. – Esto es mojarte – se acerca más a mí y mientras me agarra por la cintura se revuelve más el pelo empapándome la cara. Mi brazo roza su abdomen y casi pierdo el aliento. Es duro y firme, pero a la vez suave….
- Ay, para que está fría – digo entre risas intentado alejar mis pensamientos sobre su torso desnudo rozando mi cuerpo.
- Vale, vale – se ríe y se aparta para coger la taza que había dejado en la mesa. – Ya está frío – dice observando el café.
- ¿Desde cuándo llevas despierto?
- Ven a la cocina y te cuento – asiento y nos vamos a la cocina mientras habla. Allí se acerca hasta la silla donde descansa una camiseta negra básica de manga corta. Naim la coge y se la coloca privándome del gran espectáculo que se me había presentado. A pesar de que se la ha puesto, ésta no disimula sus músculos marcados. Inconscientemente me muerdo el labio inferior y hago acopio de todo mi valor para seguir la conversación como si no me hubieran afectado estos últimos cinco minutos. – Los sábados suelo levantarme a las ocho y media para ir a correr durante una hora – explica mientras se acerca a la cafetera.
- ¿Por qué te levantas tan temprano? – pregunto a la vez que me apoyo en la mesa. - Podrías descansar e ir a correr más tarde.
- Sí, pero me gusta hacer ejercicio por la mañana. Después trabajo un poco o hago algunas llamadas y paso el día haciendo cosas, limpiando un poco o quedando con alguien.
- ¿Te he interrumpido antes? – pregunto al recordar que hablaba por teléfono.
- ¡Que va! Me había hecho un café y estaba hablando con algunas personas del trabajo. El lunes tengo una reunión a primera hora y quiero hacerlo lo mejor posible.
- ¿Es la primera que haces? – inquiero.
- ¿Tanto se nota? – se ríe. – Si al mandamás le gusta mi idea me ganaré muchos puntos en la empresa. –Apaga la cafetera y echa café en dos tazas. - ¿quieres tostadas?
- Vale – sonrío y me acerco hasta él para ayudarle. – Todavía no me has dicho de qué es tu empresa exactamente. Solo me dijiste que estabas en la sección de marketing.
- Trabajo en la firma “Axl Nikhil”. Básicamente vendemos acciones para conseguir otras acciones y hacer dinero para nuestros clientes. Como llevo poco tiempo, tengo que trabajar en marketing hasta que logre impresionar a alguno de los de arriba para ser oficialmente un corredor de bolsa.
- Guau – respondo sin saber qué más decir. – Parece un trabajo muy duro – digo antes de llevarme la taza a los labios.
- No te creas – dice mientras quita las tostadas de la tostadora y les echa mantequilla. – No es fácil, pero tampoco es tan difícil si sabes lo que hay que hacer. A mí siempre me gustaron las mates y por eso me metí ahí – sonríe y le da un mordisco a su tostada.
Terminamos el desayuno mientras me seguía hablando de su trabajo. Después me cambié de ropa en la habitación de invitados y le dejé la cama hecha. Cuando salí, Naim ya estaba listo, por lo que solo tenía que coger mi mochila e irnos por el ascensor hasta su coche. El viaje hasta mi casa se me hizo bastante corto para mi gusto, así que, cuando quise darme cuenta, ya estábamos al lado de casa.
- Ya hemos llegado – anuncia.
- Ya hemos llegado – repito con cierta desilusión.
- ¡Hey, vamos! No pongas esa cara – me anima. – Lo hemos pasado muy bien. Podemos repetirlo siempre que quieras.
- ¿De verdad? – pregunto no muy convencida.
- De verdad – asiente con una sonrisa.
- ¡Genial! – me quito el cinturón y abrazo a Naim. – Gracias por la tarde de ayer – le susurro al oído. Antes de separarme, le doy un beso en la mejilla y vuelvo a mi sitio para coger mi mochila y salir del coche.
- Adiós Emma – se despide. – Cuando quieras, llámame – dice y me guiña un ojo.
- Lo haré – le devuelvo la sonrisa.
****
Estoy en casa de Ivana. Después de despedirme de Naim, mamá estuvo muy pesada preguntándome cómo había pasado la noche. Creo que piensa que Naim y yo estamos saliendo aunque ya le he dicho un millón de veces que solo somos amigos. Pasé el resto de la mañana terminando el papeleo del consejo de estudiantes y parte de la tarde con el periódico. Ivana me llamó para pasar la noche en su casa, cosa que no estaba muy segura, pues mamá se iba a molestar si pasaba dos días fuera de casa. Sorprendentemente, ha aceptado alegando que ella y papá han quedado con unos amigos del trabajo de papá y prefieren que no pase la noche sola en casa.
- ¿Y cómo dices que llevas las cosas? – pregunta Ivana entrando en su habitación con dos tazas de chocolate.
- Bien, ya he terminado lo del consejo, parte del periódico y los apuntes están finiquitados – sonrío y le quito a Ivana una taza para que se pueda mover mejor.
- Gracias – dice en cuanto le quito la taza y se sienta en el cojín que tiene en el suelo. – Te has dado mucha prisa por lo que veo.
- Casi todo lo adelanté ayer.
- ¿En serio? – arquea las cejas. - ¿Pudiste concentrarte con semejante bombón al lado?
- Oh, cállate – le digo y ambas reímos. – Si te soy sincera, al principio me costó un poco, pero estábamos en una habitación tan mágica que…no sé, me envolvió en una atmósfera trabajadora que me hizo perder la noción del tiempo – explico y le doy un sorbo a mi chocolate.
- ¿Habitación mágica? Emm, ¿te drogó?
- No seas tonta – me río. – Digo que era mágica por decir algo – le saco la lengua. – Pero era alucinante. Podías ver toda la ciudad a través de los ventanales. Su casa es genial Iv.
- Estoy segura – asiente. – Aaron comparte piso con un chico muy simpático y lo tienen todo muy bonito y ordenado.
- ¿Cómo lo lleváis Aaron y tú?
- Como siempre, ya sabes. Aaron está ocupado con el trabajo y con la música, pero siempre saca tiempo para estar conmigo – sonríe. – Aunque….
- ¿Aunque? – pregunto arrugando el entrecejo. ¿Les habrá pasado algo? Antes de que Ivana me pueda contestar la puerta se abre rápidamente y dos torbellinos entran en la habitación.
- ¡Emma, Emma! – gritan al unísono las pequeñas hermanas de Ivana. Aparto rápidamente la taza de chocolate para evitar derramarla encima de las pequeñas que, en cuanto han entrado han corrido a abrazarme.
- Ivi no nos has dicho que Emma estaba aquí – lloriquea Sara.
- Solo la quieres para ti – se queja Sonia.
- Vamos pequeñas estamos hablando, luego venís – les pide Ivana.
- ¡No, queremos quedarnos! – lloriquean las niñas.
- Vamos, Iv, déjalas un rato – intento convencer a Ivana. Las pequeñas la observan haciendo chantaje visual. Saber que las apoyo hará que quieran quedarse aún más.
- Está bien – cede con un suspiro.
- ¡¡Bien!! – chillan y aplauden Sonia y Sara a mi alrededor.
Las pequeñas ganaron la partida esta vez, por lo que, no solo se terminaron quedando con nosotras por la tarde, sino que terminamos duchándonos y cenando todas sin separarnos ni un solo momento. Después de cenar subimos al cuarto de Ivana y, mientras hablábamos de tonterías del instituto, Ivana le trenzaba el pelo a Sonia mientras yo cepillaba el de Sara que estaba sentada en mis piernas. Tener a la pequeña Sara así, cepillándole su larga melena mientras ella juguetea con su muñeca me hace pensar que, dentro de unos meses, África me dará una sobrinita a la que podré hacerle lo mismo. ¿Y si es un niño? Bueno, siempre podré enseñarle a jugar al fútbol o montar en skate.
- Oye Emm, hay algo que llevo tiempo que quiero preguntarte.
- Dime Iv.
- ¿Sabes si Alex sigue con su novia inglesa?
- Pues….que yo sepa, siguen juntos, ¿por qué?
- Bueno, es que, no estoy segura pero…desde que Alex volvió lo he visto muy pegado a Dani.
- ¿Si? – recuerdo entonces que los pillé un par de veces antes de Navidad. – Antes de las vacaciones yo les pillé juntos un par de veces.
- ¿De verdad? – pregunta sorprendida.
- Sí – asiento. – Pero cada vez que le he querido preguntar a alguno me han cambiado de tema.
- Pues yo les he visto cuchichear muchas veces e incluso lanzarse miradas cómplices.
- Esto es muy raro – pienso en voz alta. – Yo creía que a Dani por fin le estaba empezando a gustar David.
- Y yo – asiente Ivana. – Soni levanta que ya he terminado. – Sonia obediente se levanta y corre hasta el espejo que tiene Ivana en su armario. Observa atentamente la trenza que le ha hecho y se gira hasta Ivana.
- ¡Me encanta! – sonríe inocente. Al sonreír veo como le falta uno de los dientes de abajo y la hace más adorable aún.
- ¡Yo también quiero! – exige Sara.
- ¿Quieres que te la haga yo Sara? – le pregunto a la pequeña de la casa.
- Sí, pero solo si le haces otra a Erika – me dice enseñándome su muñeca.
- Pues Erika deberá guardar cola como el resto – le digo con una sonrisa y empiezo a separarle el pelo a Sara para peinarla. A los pocos minutos, la puerta se abre y vemos a Sam entrar en la habitación.
- ¡Sam no puedes entrar a tu aire! – regaña Ivana. – Emma y yo podríamos estar desnudas.
- No vería nada nuevo hermanita – se burla Sam. – He venido porque las pequeñas deben irse a dormir.
- ¡No! – se quejan las dos. - ¡Queremos quedarnos un poquito más! – lloriquean.
- Niñas, yo no soy como Ivana – amenaza Sam. – a la que no vea en su habitación en menos de diez minutos la llevo de los pelos.
- ¡Sam! – le vuelve a reñir Ivana. - ¡No asustes a las niñas!
- Emma no me terminó de peinar – dice Sara con cara triste.
- ¡Está bien! – cede malhumorado. Entra en la habitación y se sienta en el suelo. – Termina de peinarla y a la cama. - Temino en seguida de hacerle la trenza a Sara y al igual que Sonia, corretea hasta el espejo para verse.
- ¿Estoy guapa? – pregunta coqueta.
- Preciosa mi amor – le responde Ivana mientras la abraza y le da un beso en la mejilla.
- ¡Ahora a dormir! – ladra Sam.
- ¡Calla pesado!
- Ivana no juegues conmigo – gruñe.
- ¡Acuesta a la niñas ya, petardo! – mientras ellos discuten Sonia se acerca hasta mí.
- ¿Nos acompañas? Ellos van a estar un rato así.
- Vale – asiento y, llevando a cada una de la mano, me llevo a las pequeñas a su cuarto. Ambas comparten habitación donde predominan los colores rosa y blanco, con una cama al lado de la otra. Es bastante femenina. Otro de los detalles más característicos de la habitación es quizá la colección de peluches y muñecas que decoran la sala.
Primero arropo a Sonia y después a Sara. Ambas obedientemente se quedan en la cama tras darle a cada una un beso de buenas noches. Me vuelvo hasta la habitación de Ivana, donde veo a Sam doblarle el brazo a Ivana por la espalda.
- ¡Retíralo! – gruñe Sam.
- ¡Ni hablar! ¡Ay, joder Sam que duele! – se queja Ivana.
- Si no lo retiras le contaré a mamá lo de tu novio pedófilo.
- ¡¡Aaron no es un pedófilo!! – grita. – Tú cuéntale eso y le digo lo de la chica a la que casi dejas embarazada – contraataca.
-¡Serás…
- ¡¡Hey!! – Grito llamando su atención – Haya paz. Sam suelta a Iv y ella no dirá nada. Aaron es un buen chico así que no le llames así. – A regañadientes, Sam le suelta el brazo a su hermana quien, se lo frota en cuanto es liberado.
- ¿Dónde están las niñas? – preguntan.
- Las acosté – le explico a ambos.
- Perdona Emma – se disculpa. – Sam, vete – dice fulminándolo con la mirada.
- Ya me voy, ya me voy, pero antes…. Emma – se dirige a mí. - ¿Has dicho antes algo de un tal Naim?
- Puede – contesto recelosa. Con Sam hay que ir con pies de plomo. - ¿Por?
- Si es el Naim que yo conozco, ten cuidado. Es bastante mujeriego.
- ¡Sam vete! – exige Ivana.
- Ivana deja de dar el coñazo, hablo en serio.
- Lo tendré en cuenta Sam – asiento y se va de la habitación.
- No le hagas caso a Sam – dice Ivana para quitarle importancia. – Seguro que se equivoca de Naim. El nombre no es tan raro.
- Iv, no importa – sonrío. – No voy a creer lo que digan los demás, solo lo que vean mis ojos.
- Emma – Ivana se pone seria rápidamente y agarra mis manos. – Mira, yo… te quiero mucho. Lo sabes, ¿verdad?
- Ivana me estás asustando.
- Emma – me pide. – Sabes que no haría esto si no fuera por una buena razón. Te quiero y no quiero que te hagan daño. Sé que ahora puedo hacerte daño, pero debo decírtelo.
- Ivana ¿qué ocurre?
- Es Leo – dice y mi corazón da un vuelco.
- ¿Le ha… le ha pasado algo malo? – pregunto con dificultad.
- No de momento – dice seria. – Emma, sabes que no le defiendo en absoluto, pero Aaron ha seguido en contacto con él y está muy mal. Hace mucho que no va a trabajar y lo está pasando fatal desde que cortásteis. Él no quería engañarte, Colette ha sido la que ha estado acosándolo para haceros cortar.
- Ivana, no quiero saberlo.
- Emma, creo que Leo te necesita. No le dejes.
- Por eso me has hecho venir – digo con voz seca. Ivana asiente sin mirarme a los ojos. – Mira, agradezco que te preocupes por ambos, pero lo que tuvo que pasar pasó. Leo y yo no nos hacíamos ningún bien – me tiembla la voz al decir su nombre en voz alta. – Si él quiere….aclararme las cosas, que venga a buscarme. Nunca vino a darme ninguna explicación.
- Emma, aquella noche de año nuevo lo destrozaste con esos “te odio”. No digo que no los mereciera pero…ahora está algo inestable y quizá…si hablas con él, puede que no haga ninguna estupidez.
- Ivana, hablaré con él.
- ¿De verdad? – pregunta esperanzada.
- Con una condición.
- ¿Cuál?
-Debe de venir él. A menos de que sea él el que venga y me dé una explicación no quiero saber nada de él o de lo que le ocurra – intento decir firme, pero no me lo creo ni yo. Odio sonar tan fría, pero no quiero volver otra vez al dolor. Lo he pasado muy bien con Naim estos últimos días, volviendo a ser una chica feliz con la única preocupación del instituto. Y no quiero arriesgarme tanto como para volver a ese sin vivir de peleas, gritos y llantos sin sentido. Si Leo quiere explicarse, ya sabe dónde puede encontrarme….
Las pequeñas ganaron la partida esta vez, por lo que, no solo se terminaron quedando con nosotras 

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