lunes, 13 de junio de 2016

Capitulo 43

Los ojos de Naim son de una tonalidad gris casi plateada que podrían iluminar hasta la habitación más oscura. ¿Por qué me mira así? ¿Y por qué estamos a tan escasos centímetros el uno del otro? Esto no está bien, no está pero que nada bien….yo…. hace dos semanas que corté con Leo y esto no está bien y Naim…. es solo mi amigo, solo eso…. ¿por qué me tiembla el pulso así? Estamos tan juntos que como uno de los dos se mueva un poco más terminaremos por darnos un beso.
- Emma…- vuelve a susurrar. –Es… es… - mi corazón palpita a mayor velocidad por cada palabra que sale de su boca. Su boca… no me había dado cuenta lo deseable que parecen sus labios, tan sonrosados y ligeramente carnosos… ¿¡En qué demonios estoy pensado!? Vuelvo a mirar a Naim a los ojos y entonces, este sonríe y dice: - Es tan fácil hacerte rabiar – con una leve risotada se separa y se hunde en la silla entre risas. ¿¡Pero qué…? ¿Se está burlando de mí? ¡Casi me provoca un infarto!
- ¡Eres un capullo! – le grito por encima de su risa. ¡Pensé que iba a besarme! ¿¡Cómo puede jugar así conmigo!?
-Perdona no he podido evitarlo – intenta decir entre risas. – Es que, es tan divertido ver cómo reaccionas que… - deja de hablar y sigue riéndose. Me hundo en el asiento muerta de la vergüenza porque Naim se esté riendo de mí. Aunque en el fondo, también tengo ganas de reírme.
- No me hace ninguna gracia – mascullo.
- Estás tan mona sonrojada – dice tocando mi mejilla con su dedo índice. – No he podido evitarlo, perdona – coge una galleta y le da un mordisco. - Ummm, está muy buena.
- ¿En serio?
- Sí, a pesar de tener una forma extraña.
- ¡Naim! – le grito con el puño en alto a lo que él contesta con otra carcajada. Con las mejillas aún coloradas por la vergüenza, cojo una galleta y me la como tranquilamente.
- Hacía mucho que no merendaba con alguien. Lo siento extraño, pero a la vez me gusta – observo a Naim y dejo la taza en la mesa. Este chocolate está delicioso. Trago el líquido y le contesto.
- ¿Sueles estar solo?
- Casi siempre. Exceptuando hoy y algunos días, casi siempre trabajo por la tarde algunas horas y después voy al gimnasio. Cuando quiero llegar a casa es bastante tarde como para merendar, así que me quedo aquí solo haciendo algo o llamo a algún amigo para quedar. Ese es casi siempre el plan por el que apuesto.
- ¿Te gusta?
- ¿Estar solo? – asiento. – Bueno, antes sí. Me gustaba esa idea de independencia y vivir solo por primera vez, pero a veces es….algo solitario. Aunque como ya te he dicho, entre el trabajo y el gimnasio me ocupan mucho tiempo, así que, cuando llego a casa estoy tan cansado que me termino durmiendo en cualquier sitio.
- ¿Y no tienes una novia? – pregunto casi espontáneamente. Luego me doy una patada mental por querer ahondar más en su vida personal. Pero una parte de mí desea saberlo.
- No – responde algo más serio. – De momento una novia no entra en mis planes si te soy sincero. Ya tendré tiempo de buscarme una cuando me canse de la soltería – ríe levemente. - ¿Y tú? Qué piensas hacer ahora que estás… ¿libre?
- Siempre fui libre – aclaro. – Lo que pasa es que, de entre todos, yo le escogía a él por encima de los demás – suelto un suspiro y agarro la taza de chocolate para evitar la mirada de Naim. – Ahora no quiero pensar en ello, tengo un plan ¿sabes? Cuando vaya a la universidad estudiaré mucho y seré la mejor editora del mejor periódico del mundo.
- ¿Y cuál es el mejor periódico del mundo?
- El mío por supuesto – le respondo y ahora si le miro a los ojos. – Crearé mi propio periódico, donde seré la editora y jefa de todo. Tendré los mejores artículos, todos verídicos y actuales, donde no habrá prensa amarilla, solo noticias de verdad – suspiro soñadora.
- Guau, es un gran sueño.
- Y espero cumplirlo algún día.
- Estoy seguro de que sí.
Con una última sonrisa, Naim y yo terminamos de merendar hablando de temas banales para pasar el rato. Después volvemos a la salita y Naim me deja seguir trabajando mientras él hace unas llamadas a su jefe. Cuando queremos darnos cuenta son casi las diez de la noche.
- ¡Es tardísimo! – exclamo cuando veo la hora en el portátil.
- Vaya, perdona Emma, no me di cuenta de la hora – dice Naim entrando en la salita. – Me he enrollado hablando del nuevo proyecto y se me ha ido la hora.
- ¡Mi madre me va a matar! – exclamo recogiendo rápido mis cosas.
- Tranquila yo te llevo a casa – intenta tranquilizarme.
- Me llevaste ayer, y hoy has venido a recogerme a casa. ¿No te cansas de hacer de chofer? Además, estás a gusto en casa y ahora hace frío. Cogeré el bus.
- ¿Y por qué no te quedas? – suelta de pronto.
- ¿Qué? – pregunto sorprendida. De pronto me paro en seco y centro todos mis sentidos en Naim. ¿En serio me ha pedido que me quede?
- No tienes porqué quedarte si no te sientes cómoda – se encoge de hombros.
- No es eso, es solo que….- mi cabeza va a mil por hora pensando en todas las posibilidades que puedan existir sobre qué pasaría según la respuesta que le dé.
- Te lo he dicho porque ya es algo tarde. No voy a hacer nada contigo si es eso lo que piensas.
- No pienso eso – respondo a pesar de mis nervios. – Pero mi madre sabe que estoy contigo y no creo que le haga mucha gracia.
- Llámala – sugiere.
- Naim gracias, pero de verdad cogeré el bus o llamaré a un taxi.
- Emma, no seas tonta. Si de verdad quieres irte te llevo en coche. Te he sugerido que te quedes porque es tarde y es viernes por la noche. Ninguno de los dos tiene planes y mejor que solos… – eso no puedo negárselo. Es viernes, y mi plan para esta noche era seguir adelantando papeleo o ver alguna película en mi cuarto.
- Vale – cedo. Saco el móvil y marco el número de mamá. Solo necesito dos toques para que me lo coja.
- Emma, ¿Dónde estás? Es tarde y tu padre está preocupado.
- Ya, lo siento mamá – me disculpo. – Estaba trabajando y no me he dado cuenta de la hora. Llamaba para decirte que…. bueno, Naim me ha invitado a….pasar la noche porque es algo tarde para que vaya sola a casa y….- me callo esperando a que ponga el grito en el cielo. Sin embargo solo oigo silencio por la otra línea. Estoy empezando a pensar que me ha colgado cuando empieza a hablar.
- Cariño, ¿está Naim ahí contigo?
- Sí.
-Pásamelo – responde firme.
- Pero mamá…
- ¡Que me lo pases! – insiste. Miro a Naim que me observa curioso y por señas le digo que coja el teléfono. Lo coge con cierta desconfianza y habla.
- ¿Si? Sí, le he dicho eso. No tengo problema en llevarla a casa si lo prefiere, solo lo dije por la hora que es y porque hace frío. Aja, sí, sí. Jamás se me ocurriría Alicia…. sí, sí. La llevaré de vuelta a casa lo más pronto que pueda, no se preocupe – con esas últimas palabras sé que mamá le ha dicho que no y siento cierta decepción por no poder quedarme. Aunque, ahora que lo pienso…. ¿realmente deseaba quedarme? Naim habla un poco más con mamá y en seguida cuelga.
- Terminaré de recoger mis cosas – digo en cuanto me devuelve el teléfono.
- ¿Por qué?
- Mi madre me quiere en casa ya.
- No te espera hasta mañana, así que ve bajando esa mochila – sonríe.
- ¿Cómo la has convencido? – pregunto boquiabierta.
- Digamos que, después de jurar que no voy a tocarte un pelo ha aceptado encantada – se ríe y noto como mis mejillas empiezan a enrojecer. ¡Mamá y su manía de hacerme pasar vergüenza! – Entonces…. ¿te hace una pizza?
*****
Mientras Naim encargaba la pizza, yo me duché a regañadientes pues, al igual que la vez anterior, Naim terminó dejándome su ropa y siento cierto apuro por llevar su camiseta y su pantalón de chándal. Aunque lo que más me corta es llevar puesto su bóxer. Naim se duchó después y también se puso un chándal. Su piso desprende tanto calor que a pesar de ser enero estamos realmente a gusto en manga corta.
Hora y media después, Naim y yo estamos sentados en el salón devorando una pizza familiar y bebiendo cerveza.
- ¿Has visto si echan alguna peli buena esta noche? – me pregunta tras darle un sorbo a su cerveza.
- Que va, todas son malísimas. Por eso he puesto los Simpsons – me río y cojo mi porción de pizza.
- Mmmm, yo tengo muchas pelis, coge el portátil y elige una – se levanta y se marcha de la habitación, aunque vuelve a los pocos segundos con el portátil bajo el brazo.- Toma – me ofrece. Me limpio las manos con la servilleta y cojo el portátil.
- Gracias – sonrío y lo abro. - ¿Dónde están?
- En la carpeta de arriba del todo – dice. – Esa, donde pone “Pelis” – me señala.
- Vale – abro la carpeta y busco entre todas la pelis que tiene Naim. – ¡Tienes muchísimas!
- Me encanta ver pelis – sonríe y le da un mordisco a su pizza.
- Mmmm, es muy difícil elegir ante tanta variedad – me río. - ¿Tienes la de Grease? – pregunto en vez afirmar.
- ¿Te gusta esa?
-¿Me tomas el pelo? Es una de mis pelis favoritas. ¿Podemos verla?
- Por supuesto – me sonríe y prepara la película. En seguida empieza a sonar la música y vemos a Sandy y Danny pasando el verano en la playa.
- Nunca me canso de esta peli – musito.
- Es todo un clásico del cine, no creo que exista alguien al que no le guste.
- Completamente de acuerdo – le doy la razón y terminamos de cenar viendo la película.
Grease ha sido mi película predilecta desde que era niña, sin embargo, podría afirmar sin dudarlo ni un segundo de que esta es la primera vez que pongo la película y no le estoy prestando toda mi atención. De vez en cuando miro de reojo a Naim, quien suele también observarme o preguntarme si quiero algo. A mitad de la peli, hizo palomitas y como refrescó un poco, cogimos una manta y terminamos la peli arropados en el sofá. Aunque al principio estaba un poco nerviosa, conseguí relajarme y disfrutar de la película sin ningún tipo de asalto, como cuando fui al cine con…. pero eso es cosa del pasado. Cuando termina la película son casi la una y media de la madrugada, pero no tengo nada de sueño.
- ¿Vemos otra? – sugiero mientras aparecen los créditos de la película.
- ¿No tienes sueño? – pregunta sorprendido.
- Que va, estoy totalmente espabilada. ¿Eliges tú? – entonces pienso algo. – Oh, bueno….tu estarás cansado y seguro que querrás dormir.
- No te preocupes, yo tampoco tengo sueño. Todavía tengo la cena y las palomitas en la garganta – se ríe.
- Entonces, elige peli – le vuelvo a repetir.
- Bueno, podemos ver una… pero es algo larga.
-Naim, tengo toda la noche ¿qué peli es?
Cuestión de tiempo. Dura dos horas, así que terminaríamos a las tres de la mañana o así.
- ¿Tienes algo mejor que hacer? – pregunto con voz burlona.
- Bueno…. – dice mientras se rasca la barbilla.
- Oh, serás capullo – le digo cariñosamente mientras intento darle un puñetazo.
- Eh, eh, abajo esos puños Mike Tyson.
- ¿Quién? – pregunto confundida.
- Un ex boxeador estadounidense – me explica. – Además, si me golpeas, yo puedo hacerte cosquillas – dice y cuando me quiero dar cuenta está encima de mí haciéndome cosquillas por todo el cuerpo.
- ¡No, no, para, para por favor! – le ruego entre risas.
- ¿Vas a volver a alzar el puño sobre mí?
- ¡No, lo prometo! ¡Por favor para! – suplico sin parar de reír. Naim por fin me hace caso y para. Intentado recuperar el aliento me incorporo del sofá. – Pon…la peli….anda.
- Como ordenes – sonríe y tras un breve descanso para recoger el salón e ir al baño, ponemos la película. – Me gusta bastante esta peli por el mensaje que da – me dice mientras empieza. – Creo que es una buena película que te hace reflexionar, o al menos conmigo lo hizo. Tal vez te guste.
- Estoy segura de que sí – asiento mientras me acurruco más a su lado en el sofá.
Pasamos el resto de la película en silencio. Es cierto, es bastante larga. Sin embargo, no la siento pesada ni aburrida. El protagonista tiene un aire bastante simpático que te saca alguna que otra sonrisa. En definitiva, es una gran película. No porque Naim me haya dicho nada, es porque realmente me ha gustado. Me he reído, me he asustado o sorprendido con la trama y el transcurso de esta, y el final…. sencillamente no tengo palabras. Tengo la boca ligeramente abierta de la misma impresión unidas con una corriente de lágrimas que inundan mis mejillas. Por suerte, Naim apagó la luz al principio de la peli y solo espero que no me vea llorando como una magdalena. Cuando la película llega a los créditos, Naim se levanta para pararla y yo aprovecho para secarme las lágrimas.
- ¿Qué te ha parecido? – pregunta mientras apaga la tele.
- Genial – respondo con voz ronca.
- ¿Te ocurre algo?
- No…es solo – carraspeo un poco para aclararme la voz y continúo. – Me ha encantado la película Naim.
- Me alegro – dice girándose hasta mí a la vez que sonríe. A pesar de estar con la luz apagada, no estamos en una oscuridad absoluta. – Voy a encender la lámpara – explica y se mueve hasta la lámpara más cercana iluminando así la habitación. – Emma estás hecha un mar de lágrimas – dice de pronto.
- No es cierto – replico aunque sea verdad. Le doy la espalda y me sigo frotando los ojos para disimular. – Lo que pasa es que tengo la vista cansada.
- A mi no me engañas – ríe ligeramente. – Es cierto que esta película juega mucho con las emociones, y es por ello quizás por lo que me gusta tanto.
- ¿De verdad? – pregunto sorbiendo por la nariz.
-Sí – se acerca hasta mí, se agacha ligeramente hasta estar a mi altura y atrapa una lágrima que corría por mi mejilla con su pulgar. - Ahora, vamos a dormir. Son más de las tres de la mañana y necesitas descansar.
- Vale – asiento sin rechistar. - Vamos a dormir – me levanto del sofá y lo ordeno, dejando la manta que hemos usado doblada en la esquina del sofá. Naim apaga la lámpara y nos vamos por el pasillo hasta llegar a las habitaciones.
- Está es la mía y la otra es la de invitados, pero puedes dormir donde te apetezca – me explica.
- Me conformo con la de invitados – elijo con una tímida sonrisa. Jamás me atrevería a quitarle su habitación. ¿O solo me lo ha dicho para que duerma con él?
- Como quieras – responde en un tono que no sé identificar. Coge el manillar de la habitación de invitados y la abre para que podamos entrar. Dentro, me doy cuenta de que es la habitación donde me dijo que viniera la otra vez a cambiarme de ropa. Nos acercamos hasta la cama y ambos apartamos el edredón y las sábanas sin decir nada.
- ¿Vas a dormir conmigo? – pregunto con cierta curiosidad cuando me siento en la cama.
- No entraba en mis planes, solo quería arroparte antes de irme – explica.
- Ammm – respondo ligeramente decepcionada.
- Es que, ¿querías que me quedara? – pregunta enarcando una ceja.
- ¿Qué? No, no, no es eso.- respondo con cierto nerviosismo. – No quería decir eso, solo que bueno… ¿podrías quedarte un rato? Si no te importa, claro – musito tímida.
- Por supuesto – me responde con una sonrisa y también se sienta en la cama. - ¿Por qué no te tumbas? Me quedaré contigo hasta que te duermas.
- Vale – me muerdo el labio y me tumbo mirando hacia su dirección. – Gracias por quedar conmigo.
- Gracias a ti por hacerme compañía. Es divertido tener a alguien más en casa.
- ¿No suele quedarse aquí nadie?
- Mi hermano a veces y otras mis amigos, pero tú eres más ordenada que ellos – se ríe.
- A veces puedo ser un poco maniática – reconozco.
- Mientras que no me grites por no usar un posavasos eres bienvenida aquí.
- Intentaré recordarlo – digo y ambos reímos. – Parece una locura, pero…en solo dos días me siento más cercana a ti que nunca.
- ¿De verdad? Creo que ambos hemos conectado realmente en estas últimas cuarenta y ocho horas.
- ¿Conectado realmente? – pregunto sin comprender.
- Emma, nosotros nos conocimos por un factor común. Hemos tenido nuestras charlas y hemos quedado alguna que otra vez, pero por mucho que habláramos, realmente no entramos dentro del mundo del otro.
- ¿Realmente conectamos porque tú me encontraste bajo la lluvia?
- Algo así – dice. – Para conocer realmente a alguien no basta con verle cada día o hablar de muchos temas. Para saber cómo es de verdad debes verla como es en cada situación, tanto los buenos como los malos. Yo pude verte en un momento realmente horrible para ti y eso me hizo saber cómo eres de verdad.
- ¿Y cómo soy de verdad? – pregunto con un bostezo.
- Una chica fuerte que intenta hacerlo todo sola y que, por muy dura que sea la situación, lucha con dientes y garras para salir adelante. El único problema es que detrás de esa fortaleza eres ligeramente frágil, y de vez en cuando necesitas a alguien que cuide de ti.
- ¿Eso es malo?
- No Emma, eso no es malo. Eso te hace ser humano. Todos necesitamos a alguien que nos salve cuando más lo necesitamos. – Me explica con voz suave. Mis ojos están entrecerrados, a punto de entrar en el mundo de los sueños, pero no me siento preparada para irme aún. Si lo hago, Naim se marchará y… no quiero que se vaya aún. Permanecemos en silencio durante unos minutos hasta que Naim me acaricia la frente para apartarme el flequillo de la cara.
- Tu cama es muy blandita – susurro como si fuera un secreto.
- Creo que esa es su función – se burla cariñoso.
- No seas malo – digo mientras bostezo.
- Emma, duerme ya. Estás agotada.
- No estoy agotada – refunfuño como si fuera una niña pequeña.
- Sí lo estás, así que me voy para que puedas descansar – se acerca hasta mí, me aparta un mechón y me da un breve beso en la frente. – Descansa Emma, buenas noches.
- Buenas noches Naim – susurro con los ojos cerrados.
Lo último que recuerdo antes de sucumbir al sueño es como el colchón se movía al quitarle el peso del cuerpo de Naim. Cómo sus pasos sonaban ligeros por el suelo. Y el sonido que hizo la puerta en el momento en que Naim la cerró para dejarme descansar.
Naim hizo palomitas y terminamos arropados en el sofá

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