lunes, 27 de junio de 2016

Capitulo 45

Después de aquello, pasaron varios días y todo parecía volver a su cauce. Mi vida, la que creía que era un caos originado en el mismo ojo del huracán se convirtió en una vida tranquila y apacible. Como si nunca hubiera habido algo que lo hubiera alterado lo más mínimo. Fue así, ahora estaba más concentrada que nunca en mis estudios, quedaba con las chicas y con Alex para estudiar o simplemente para divertirnos y empecé a pasar más tiempo con Naim. Desde que me llevó a casa aquel sábado no hemos dejado de hablar o vernos casi todos los días. Me encanta estar con él, es divertido y me ayuda a no pensar en Leo. Aunque todo se haya vuelto más ameno y tranquilo, mi mente no puede evitar pensar en él. ¿Tan mal está? Aún no sé nada de él, y aunque me gustaría saber si está tan mal como me dijo Ivana, mi orgullo no me permite coger el teléfono aunque esté deseando hacerlo. A pesar de los malos momentos, también hubo otros buenos. Aquel fin de semana en el hotel, aquel día de navidad, los besos, los abrazos, mi primera vez.....no voy a negar que le echo muchísimo de menos y que casi siempre me quedo mirando aquella foto que nos hicimos en el puerto con aquel barco detrás. Éramos tan felices ese día...
- ¿Todavía estás ahí tumbada? – me riñe cariñoso.
- Naim... – abandono mis pensamientos y me doy la vuelta para sonreírle. Hoy Naim no tenía que trabajar, así que me ha invitado a su casa. En cuanto llegué me arrastró a su habitación y desde entonces sigo tumbada en su cama. Siempre que vengo nos quedamos en alguna habitación distinta y hoy ha tocado su cuarto. Es más grande que el de invitados y supera con creces la salita. Tiene una cama de matrimonio en el centro de la habitación, justo en frente de un gran ventanal que da a la ciudad. A la izquierda tiene un pequeño escritorio y junto a éste se encuentra un enorme vestidor con puertas de espejos. Al otro lado se pueden apreciar algunas estanterías con libros, pero al contrario que los de las otras habitaciones, estos son sus libros favoritos de lectura. Nada que ver con el trabajo como los otros.
Cuando entramos me tumbé en la cama y empecé a hacer los deberes mientras Naim hacía algunas llamadas o paseaba con papeles de un lado para otro. – La culpa es tuya por tener una cama tan cómoda – me río.
- No, si es que encima la culpa es mía – se acerca y se tumba a mi lado. Me doy cuenta de que lleva un paquete de donuts en la mano. – Mira lo que traigo – sacude la caja. Voy a coger uno cuando aparta el paquete. – Eh, eh, eh, aquí no que lo vas a poner todo perdido – sonríe picarón.
- Pues no me lo enseñes si no me vas a dar – le saco la lengua.
- Te lo daré... pero debes darme algo a cambio.
- ¿Algo a cambio? – pregunto sin saber cuáles son sus intenciones. Naim sonríe malicioso y señala su mejilla izquierda, dándole varios toquecitos con el dedo índice.
- Ya te vale – me río.
- Que si no quieres me los como yo solo... - pero antes de dejarle terminar estampo mis labios en su mejilla. Es un beso breve y tierno. Noto como Naim evoca una sonrisa. Me gusta saber que le gusta que le bese aunque sea en la mejilla. – Buena chica – dice. – Venga levanta y descansa un rato, llevas media tarde con la cabeza metida entre los libros.
- Pero es que tengo que estudiar – aclaro mientras me incorporo y me siento en la cama.
- Estudia lo que quieras, pero también debes descansar. Podrías saturarte y me da miedo encontrarte tirada en el suelo mientras te sale espuma por la boca – se ríe.
- Jajaja que gracioso – respondo irónica. Pero en el fondo sé que tiene razón. Necesito un descanso. Así que me levanto de la cama y vamos hasta el salón, donde veo la televisión encendida con un panel que pone "Pause" y dos mandos encima de la mesa. - ¿Y esto? – señalo la tele. - ¿Esperas a alguien?
- Esperaba, pero ya estás aquí. ¿Te gustan los videojuegos? Espero que sí, sino me arruinas el descanso.
- Me gustan mucho – sonrío. - ¿De qué es?
- Fútbol. Fifa para ser más exactos. ¿Has jugado alguna vez?
- He jugado algunas veces con Alex, ya sabes, mi mejor amigo. Seguro que os llevaríais muy bien.
- Si le gusta el fútbol, nos llevaremos realmente bien.
- ¿Gustarle? Lo adora – me río. – Estoy segura de que en cuanto le conozcas ni te vas a acordar de mí.
- No digas eso mujer – dice en tono despreocupado. – Te llamaremos aunque sea para que nos veas jugar.
- Hoy estás muy gracioso – le digo chocando mi puño en su hombro.
- Siempre soy gracioso – se ríe mientras se aparta para esquivar el otro puño. – Lo que pasa es que no entiendes mi humor Emma.
-Si lo entiendo, pero tu humor es malísimo. Como comediante eres horrible – le saco la lengua mientras él finge ofenderse.
- Si has terminado de ofenderme – dice bromeando. – Los batidos están en la cocina, tráelos mientras cojo el móvil por favor.
- Vale, vale – mientras Naim va a la salita a buscar su móvil, yo me voy a la cocina a buscar los batidos.
No los veo por ningún lado, ¿estarán en la nevera? Antes me cohibía mucho cuando Naim me dejaba a mis anchas, ahora sin embargo, camino por ella como Pedro por su casa. Cuesta creer que hayamos llegado a tener tanta confianza en tan poco tiempo. Abro la nevera y encuentro dos batidos de vainilla. ¿Querrá beberlo en un vaso? Cierro la nevera y dejo los batidos en la mesa, me acerco hasta los armarios y empiezo a abrirlos para buscar los vasos. Por suerte, no tengo que buscar mucho pues los encuentro en seguida. Solo hay un problema... no llego.
- ¿En serio? – pregunto con fastidio. Mi estatura es la medida estándar de una mujer de mi siglo, entonces, ¿por qué esa obsesión con poner las cosas por encima del metro setenta? Midiendo metro sesenta como es mi caso, en esos diez centímetros aún puedo ponerme de puntillas o dar un par de saltos. Pero Naim tiene las estanterías ridículamente alejadas de cualquier persona por debajo del metro ochenta. Como buena cabezota que soy, en vez de tomar el camino fácil y coger una silla, me pongo de puntillas y alargo la mano todo lo que puedo. ¡Maldita sea, no llego! Me muerdo el labio y empiezo a dar pequeños saltos, pero eso solo hace que me canse en vano, ¿por qué no puedo ser más alta? Sigo dando saltos sin éxito hasta que noto que hay alguien más en la cocina. Me giro y veo a Naim a escasos metros de mí.
- ¿Te diviertes? – pregunta en tono burlón.
- ¿Tu qué crees? – señalo los vasos.
- Eres una enana – se ríe.
- ¡No soy una enana! – Exclamo ofendida. – Mi altura es la medida estándar de cualquier mujer de este siglo – aclaro poniendo mis manos en las caderas para darle más seriedad al asunto.
- Si fueras unos centímetros más pequeña podrías ser un minion – dice después de varios segundos en silencio. Abro ligeramente la boca para replicar, pero la cierro rápidamente. No sé qué replicarle a eso. Naim se ríe y negando con la cabeza acorta la distancia hasta estar junto a mí. – Solo bromeaba Emma. Tienes una estatura perfecta. Deja que yo coja los vasos – pero antes de que me dé tiempo a apartarme, Naim se echa delante de mí y se estira ligeramente para cogerlos dejándome atrapada entre él y la encimera. En ese momento, su cuerpo y el mío están demasiado pegados. Noto como sus pectorales chocan contra mi cara y mi respiración se hace más profunda al inhalar su aroma. El mismo olor que había en su cama....Naim huele deliciosamente bien. Su aroma es refrescante, pero sobre todo muy varonil, casi tirando a lo sensual... mis dedos están a punto de acariciarle el abdomen cuando se aparta. ¡Ufff, por los pelos! Casi cometo una estupidez. ¿¡Qué estaba a punto de hacer!? Emma, tranquilízate.
- Los batidos están en la mesa – comento nerviosa. Aunque me encanta pasar tiempo con Naim, a veces surgen momentos como estos en los que mi corazón empieza a latir muy fuerte y siento que me va a dar algo.
- Cógelos y vamos, tengo que enseñarte a jugar – ambos sonreímos y vamos hasta el salón. Nos sentamos en el sofá y colocamos los batidos y los vasos al lado de la caja de donuts.
- ¿Ahora puedo coger uno? – señalo los donuts.
- Los que quieras. Yo serviré los batidos – Naim echa los batidos en ambos vasos mientras cojo un donut con glaseado de chocolate blanco y negro. - ¿Te gusta la vainilla?
- Sí – asiento. – Aunque mi favorito es el de chocolate.
- Eres muy golosa.
- ¿Te das cuenta ahora?
- En el fondo siempre lo supe – dice mientras coge un donut con glaseado rosa y virutas de colores.
- ¿Ese está bueno? – señalo su donut.
- ¿Quieres probarlo?
- Ya tengo el mío.
- Emm, no te he preguntado eso. Prueba – me acerca su donut a la cara. Otra vez empiezo a ponerme nerviosa. A veces Naim y yo hacemos cosas que, aunque las he hecho antes con Alex, con Naim hace que me sienta nerviosa. – No tengo todo el día – me apremia. Me acerco y le doy un pequeño mordisco.
- Ummm, está muy bueno.
- ¿Qué? Pero si apenas lo has podido saborear con ese minúsculo mordisco, ¡muerde mujer! – casi me estampa el donut cuando abro la boca y me mete casi la mitad del donut por la garganta. Me aparto he intento masticar mientras fulmino con la mirada a Naim.
- ¡Intentas matarme! – consigo decir.
- ¡Me has descubierto! – contesta con fingido dolor. Consigo tragarme el enorme trozo de donut y observo a Naim quien me pone cara de cordero degollado.
- Emma.... ¿no vas a darme del tuyo?
- Ah, ¿quieres un poquito? – la venganza es dulce pienso mientras me pongo de rodillas y me acerco hasta Naim para darle un trozo de mi donut. – Abre la boquita – digo mientras intento devolverle la jugarreta. Naim obediente abre la boca, pero cómo si supiera cuales son mis intenciones, se acerca rápido, y no solo le da un gran mordisco al donut, sino que atrapa mi pulgar en el camino. – ¡Ahh! – suelto un pequeño gritito de la impresión. Pero casi juraría que era un gemido. Naim sonríe y suelta mi dedo mientras mastica. - ¡Me has mordido!
- Yo no veo ninguna marca – señala mi pulgar y traga. - ¿Te crees que no veía tus intenciones?
- Esperaba que no – hago un mohín.
- Estaba delicioso – dice mientras se relame. Un escalofrío me recorre el cuerpo en ese momento. ¿A qué se refiere Naim exactamente? A pesar de su comentario, merendamos tranquilos dejándonos de jueguecitos mientras le comento a Naim como he pasado el día en el instituto.
- Y entonces Martina dice.... – pero el timbre me interrumpe.
- Voy – dice Naim. Se levanta del sofá y va hacia la entrada. Le sigo, pero me quedo en la puerta del salón y veo unos metros más adelante a Naim hablando con alguien. – Lo siento hoy no va a poder ser, tengo visita. – la persona que hay detrás de Naim se mueve a un lado y me observa muy serio durante unos segundos y le dice algo a Naim. ¿Dónde le he visto...? ¡Es su vecino! Ese que se llamaba....Óscar, sí, estoy segura. ¿Por qué siempre me observa así? Me desconcierta que mire tanto si luego no tiene nada que decir. Naim habla con Óscar durante un rato y después se despiden.
- ¿Qué quería?
- Me ha preguntado que si me apetecía echar unas canastas con él, pero estoy contigo. Otro día será – se encoje de hombros.
- Creo que no le caigo bien a tu vecino.
- ¿Bromeas?
- ¿Has visto como me mira?
- Porque le gustas.
- ¿Le gusto? – pregunto poco convencida.
- Sí, por eso se muestra cohibido. Normalmente es bastante descarado y muy ruidoso. Pero al verte se ha cortado y más con esa cara – se ríe.
- ¿Qué tiene de malo mi cara? – enarco una ceja.
- No es tu cara, es más bien.... – se muerde el labio inferior, quizá para evitar reírse de mí. Me giro y voy hasta el espejo que tiene en el pasillo y lo veo. Naim me ha puesto toda la boca llena de fresa del donut de antes.
- ¡Qué vergüenza! – grito escandalizada delante del espejo. Las carcajadas de Naim resuenan por todo el pasillo y siento ganas de tirarle la zapatilla a la cabeza. - ¿¡Te parecerá bonito!? – le grito en cuanto lo veo a mi lado.
- Estás genial así Emma – dice aún riéndose. Se agacha un poco hasta estar a mi altura y me da un ligero lametón donde tengo el glaseado... se me corta la respiración al notar su lengua casi al filo de mis labios. – Ummm – saborea.
- Puedo quitármelo sola – farfullo con las mejillas sonrosadas.
- Lástima, estás deliciosa – se ríe otra vez y avanza por el pasillo hasta el salón. Con el corazón latiéndome a gran velocidad, me voy a la cocina y cojo una servilleta para quitarme el estropicio que me ha hecho Naim. Cuando consigo tranquilizarme, me voy de nuevo al salón y veo a Naim preparando la partida.
- Ya estoy – anuncio y me siento a su lado.
- ¿Qué equipo te gusta más?
- Con Alex siempre he jugado con equipos ingleses.
- Vale, coge el Liverpool – dice y me da el mando.
- En realidad me da igual, puedes darme el equipo que quieras.
- Pues el Liverpool – me pone el mando en las manos y me ayuda a moverlo hasta coger al equipo.
-¿Tú cual vas a coger?
- El de Southampton. Vamos a empezar con la premier, así que he pensado que podíamos empezar con equipos ingleses - me explica. Mientras escoge el equipo y prepara el partido me cuenta un poco cómo van las clasificaciones. - ¿Lista? – me dice en cuanto la pantalla muestra el campo de juego.
-Creo que no recuerdo bien como iban los controles, ¿importa mucho? – pregunto mordiéndome ligeramente el labio.
- Pues mal vamos – se ríe. – Mira, ven, ponte aquí – me señala sus piernas.
- ¿Qué? – pregunto sin poder creérmelo. ¿Quiere que me ponga encima de él?
- Emma ponte aquí – vuelve a repetir. Coge un cojín y lo pone en el suelo. – Así podré explicarte bien los controles – me agarra del brazo y me sienta en el cojín que hay entre sus piernas. Naim pone el mando entre mis dedos y los suyos encima. – Esto es muy fácil una vez que le pillas el truco – me dice mientras coloca mis dedos en los botones. – Con este corres en todas las direcciones, ya sabes, arriba, abajo, etc...
- Naim hasta ahí llego – bromeo a pesar de sentirme ligeramente nerviosa. Sus manos presionan las mías, pero con tacto suave. Su cuerpo está inclinado hacía mi espalda y podría decir que me gusta, a pesar de que me hace sentir rara. Para mi sorpresa, es una rareza buena. Me gustan las sensaciones que experimento cuando estoy cerca de Naim.
- Vale, vale. Bueno, con que le des aquí para marcar y a este para dirigir el lanzamiento vas bien. Luego conforme vayas jugando ya verás cómo lo vas haciendo sola.
- ¿Podemos jugar uno de prueba antes?
- Por supuesto – dice mientras le pulsa a "atrás" y pone el modo entrenamiento. - ¿Preparada?
- Creo que sí – sonrío a pesar de que no me vea.
- ¡Vamos! – exclama animado.
Durante varios minutos juego un partido de prueba. Naim sigue con sus manos encima de las mías y me ayuda a moverme y a hacer todas las cosas. ¡Incluso he marcado un gol! A pesar de que el corazón me late todavía un poco rápido, no cambiaría este momento por nada en el mundo.
- Bueno Emma, ¿te ves capacitada para un partido oficial contra mí?
- No, pero vamos a ello – me río.
- Ese es el espíritu – me levanto del suelo y me siento al lado de Naim para jugar un "amistoso" como él me ha dicho. – Que sepas que no voy a tener contemplaciones porque seas mujer – me chincha.
- Yo tampoco iba a tenerlas contigo por ser hombre – le devuelvo el chinche.
- ¡Que comience el partido! – exclama y enseguida empieza la partida.
La verdad es que está durando más de lo que me esperaba. No recordaba que con Alex estuviéramos tanto rato, sin embargo con Naim aún me queda la segunda parte y voy perdiendo de dos. A pesar de que dijo que no iba a tener contemplaciones, le he visto cometer varios fallos tontos. Yo por mi parte hago lo que puedo y en el fondo creo que no lo estoy haciendo muy mal. Le he podido marcar uno.
- Nunca superarás a tu maestro pequeña saltamontes.
- Eso ya lo veremos sensei – lo que Naim no sabe es que mi vena competitiva crece a gran escala con cada burla que me suelta. Cuando está a punto de marcarme le doy un codazo y falla el golpe.
- Eso no es justo tramposilla.
- ¿Yo? No he hecho nada – respondo con un tono inocente.
- Yo no diría eso – ríe mientras me devuelve el codazo.
- Yo no hago nada, eres tú – replico mientras me hecho sobre él.
- ¡No te eches encima!
- Son cosas tuyas Naim – me excuso apoyada en sus hombros mientras juego con el mando encima de su cabeza.
- Esto es la guerra – dice echándose hacia atrás y quedándome así atrapada en el sofá.
- ¡No vale! – me quejo.
- Sí vale – responde con una sonora carcajada.
- ¡Me aplastas! – pataleo.
- Eso te enseñará a no hacer trampa jovencita.
- Esto no quedará así – intento moverme, pero es casi imposible. Naim me ha atrapado entre él y el sofá y es prácticamente imposible atravesar esa barrera. Su espalda es muy ancha en comparación con mi cuerpo. Hago todo lo posible para liberarme de la prisión a la que me ha condenado Naim por hacerle trampas hasta que le da pausa al juego.
- ¡Emma, por Dios deja de restregarte! – me pide.
- No me estoy restregando – digo avergonzada.
- Sí lo estás haciendo, Emma no vale que uses tu cuerpo para ganar.
- No uso mi cuerpo, tú no me has dejado opción alguna para poder escapar. – Naim se gira para mirarme a los ojos.
- Eres un peligro para el sexo masculino – dice con una sonrisa tímida. – Si fuera otra clase de chico... - empieza pero entonces, mi móvil comienza a sonar con el tema de "Fucking u tonight" de Enrique Iglesias
- Debo cogerlo – me aparto de él y me levanto del sofá en busca del móvil que está en su habitación. Por suerte, como me doy prisa lo puedo coger antes de que me cuelguen. - ¿Sí?
- Emma, ¿te pillo en mal momento? – pregunta Alex. ¿Mal momento? Ummm, bueno, si hubiera llamado unos segundos más tarde... Naim y yo... antes con Naim.... ¿qué querría decirme? - ¿Emm, estás ahí?
- Sí, sí, estoy aquí perdona – bajo de las nubes. - ¿Qué quieres?
- Estoy aquí con Daniela y habíamos pensado pasarnos un rato por tu casa.
- ¿Qué haces con Daniela?
- Emmm, nada. Nos hemos encontrado – aclara rápido.
- No sé si creerte – respondo dudosa.
- Emm, mi princesita, sabes que yo nunca te ocultaría nada – me dice con voz inocente.
- Lo que tú digas, estoy con Naim, pero en un rato puedo llegar.
- Sin prisa Emm, si estás con Naim os dejamos a solas.
- No, no importa, de todas formas tengo que volver a casa, y necesito que Dani vea mi último artículo del periódico.
- Como quieras, nos vemos en un rato.
- Hasta luego Alex.
- Hasta ahora princesa – se despide y cuelgo.
- ¿Ocurre algo malo? – escucho a Naim detrás de mí.
- No, solo era Alex y Daniela que van a pasarse por mi casa. Quiero que Dani vea mi último artículo.
- ¿El que has hecho sobre la negligencia policial de la semana pasada con aquel robo?
- El mismo – asiento.
- Entonces.... ¿dejamos la partida para otro día?
- Sí....- ¿debería preguntarle? – Naim antes, ¿Qué querías...?
- Venga, recoge tus cosas que te llevo – me interrumpe y se va de la habitación. Creo que le he incomodado, pero quizá sea mejor dejarlo correr. Solo ha sido una tontería pero... estábamos muy juntos y casi podía sentir una corriente eléctrica... Sacudo mis pensamientos de la cabeza y recojo mis cosas de la habitación. Cuando está todo listo me engancho la mochila en el hombro y cojo el skate que dejé a un lado. Para ahorrarme el bus, vine hasta aquí en él.
- Naim ya estoy – le digo mientras avanzo por el pasillo.
- Vale, cojo las llaves y nos vamos.
- No hace falta, tengo el skate.
- Igualmente te acompaño – dice mientras apaga la tele y se acerca hasta mí. – Un paseo no nos vendrá nada mal para quemar los donuts.
- Bien visto – ambos sonreímos y nos vamos de su apartamento hasta la aparatosa ciudad.
Aunque Naim y yo vivimos algo lejos el uno del otro, ir paseando hasta mi casa tampoco es tan mala idea. Además, la tarde nos acompaña, a pesar del frío y del mal tiempo que ha hecho estos días atrás, hoy el cielo está despejado y parece que no hace tanto frío. Subida en mi skate, paseo con Naim mientras hablamos de lo primero que se nos ocurre sin mencionar en ningún momento lo que podía haber ocurrido en su piso. Si no hubiera sido por la llamada de Alex.... ¿habría ocurrido algo? A veces cuando estoy con Naim noto cierta tensión sexual, aunque quizá solo sean imaginaciones mías. Él es muy atractivo y es difícil no sentir cierta atracción, además.... creo que echo de menos aquellos momentos íntimos que tenía con Leo....
-¡Emma! – me llaman y giro la vista al frente, de pronto abro los ojos con sorpresa y el corazón me da un vuelvo.
- ¿L-Leo? – pregunto con un hilo de voz.
A pesar de que dijo que no iba a tener contemplaciones, le he visto cometer varios fallos tontos

jueves, 23 de junio de 2016

¡Verano! :) xx


¡Hola mis queridísimos Neverlanders! Solo quería desearos a todos un feliz primer día de Verano, ( aunque creo que fue ayer, en todo caso, fallo mío jejeje)

En todo caso, ahora toca lo bueno, después de un largo invierno que no parecía tener fin (nunca tan largo como los inviernos de Juego de Tronos) llegó el momento con el que creo que todos estábamos deseando: ¡LAS VACACIONES DE VERANO!

Y  que mejor manera de empezarlo que disfrutar haciendo todo lo que te gusta sin tener esa vocecita interna de tu conciencia repitiéndote una y otra vez que debías estudiar o hacer los deberes antes de poder hacer eso que tantas ganas tenías de hacer. No, no, no, ahora puedes hacer todo eso y más.
Queda con los amigos, vete a la playa (siempre que vivas en un sitio con costa) o vete a la piscina, da igual. Aprovecha este momento para hacer un viaje o simplemente quédate en casa jugando a vídeo juegos, tragando series o leyendo libros hasta que se derritan los ojos, pero aprovecha y haz todo lo que dejaste a un lado mientras estabas estudiando.

También, si ya tenéis cierta edad en la que tenéis cierto tipo de responsabilidades o tenéis que decidir por un futuro no muy lejano, aprovechad el verano para descubriros a vosotros mismos. Este momento es importante, pues, a partir de hoy, tenéis como unos dos meses y pico para centraros en vosotros mismos. Centraros únicamente en vosotros, pensad en vuestro futuro en un periodo corto de años, por ejemplo, ¿Donde os veis dentro de cinco años? ¿Qué metas habréis conseguido para esa fecha? A partir de ahí, el resto es solo tomar decisiones, unas más fáciles que otras, pero lo importante, es que sea algo que os haga felices el día de mañana. Y si os equivocáis, ¡no importa!

Los errores son la cosa más normal del mundo. Es lo que nos hace mortales y nos ayuda a ser más fuertes el día de mañana, por ese motivo, no debéis preocuparos. Si no podéis tomar una decisión ahora, esperad a estar preparados. Yo misma he tardado dos años antes de decidirme a estudiar fuera de casa después del verano. Pero en ese tiempo hasta llegar a mi decisión, he hecho muchas cosas de las cuales me siento orgullosa. He estudiado, me he formado con pequeños cursos, he aprendido cosas sobre el mundo laboral e incluso he mejorado con la informática. También me he examinado del B1 de inglés y el año pasado creé este blog y empecé a escribir, convirtiéndose en una de las cosas más importantes para mí ahora mismo.

Y todo eso lo he conseguido mientras esperaba a estar segura de mis misma y tomar las decisiones que he creído correcta. Descúbrete primero a ti mismo y después el mundo será pan comido :)

Para no enrollarme más, os deseo a todos un buenísimo verano, pasadlo estupendamente y leed muchos libros. Pero sobre todo, disfrutas estos momentos, no importa si tenéis un trabajillo u os ha quedado una asignatura pendiente, ¡el verano es largo y da tiempo a todo!

¡¡FELIZ VERANO MIS QUERIDÍSMOS NEVERLANDERS! ¡OS QUIERO! :) xx



lunes, 20 de junio de 2016

Capitulo 44

He dormido genial, como no lo he hecho en toda mi vida. Las sábanas que me envuelven son tan calentitas y encima huelen realmente bien. Es un aroma familiar…una esencia masculina… La habitación está por completo iluminada por los rayos del sol, pero no tengo ganas de despertarme aún… hasta que escucho un ruido. ¿Coches? Por aquí no suelen pasar coches…un momento. Emma, no estás en casa. Abro los ojos y me incorporo rápidamente, quedándome sentada en la cama. Es cierto, me quedé en el piso de Naim. Miro hacia todos lados, él no está aquí. ¿Qué hora será? Espero que no muy tarde. Me dejé el móvil en el salón así que no puedo saberlo con exactitud. ¿Estará Naim despierto?
Me bajo de la cama y abro la puerta de la habitación. No escucho nada. Antes de averiguar si Naim está durmiendo o no, doy una rápida visita al baño y aprovecho para recogerme el pelo en una trenza a medio lado. Cuando salgo, me acerco hasta su habitación, pero no me atrevo a abrir la puerta. Quizá esté despierto. Me voy a la salita, pero ahí no está. Tampoco está en el baño ni en el salón, así que voy a la cocina y entonces escucho su voz. ¡Está en el comedor! Avanzo por la cocina con paso ligero y ahí está…sentado en el saliente apoyado en sus cojines azules. Tiene una taza en la mano y en la otra su móvil, parece que está hablando de algo importante. De pronto me doy cuenta de que solo viste un pantalón de chándal y puedo ver como sus músculos se contraen ligeramente mientras habla. Me quedo completamente embobada observando su cuerpo escultural…. ¡Madre mía! ¿Cómo es posible que esté tan bueno? Parece que Naim se ha dado cuenta de mi presencia y se gira para dedicarme una amplia sonrisa.
- Sí – le escucho decir. – Ayer estuve revisando todos los documentos y he tenido que arreglar unos pocos porque se han equivocado con las cuentas. Sí, ajá, mañana a primera hora expondré junto con el equipo el nuevo plan de marketing que hemos diseñado para esta temporada – mientras habla, se levanta y se va acercando poco a poco hasta a mí. Yo por mi parte me muerdo el labio y trago saliva nerviosa. – No, solo quería recordarte eso. Sí, el lunes, no lo olvides. Adiós – se despide. – Buenos días dormilona – me dice con una sonrisa.
- Bue- buenos días – tartamudeo sin querer.
- ¿Has dormido bien?
- Sí, gracias. He dormido estupendamente – respondo aún nerviosa. - ¿Qué hora es?
- Las diez y cuarto – dice mirando la hora. - ¿Te he despertado? No quería hacer ruido.
- No, me he despertado sola….- de pronto me doy cuenta de que parece recién salido de la ducha. – ¿Te has dado una ducha? – pregunto señalando su pelo húmedo. Pero sobre todo me fijo en lo más importante. Es la primera vez que lo veo sin camiseta y puedo ver sus pectorales al descubierto. Naim tiene una tableta que podría rallar queso en ella. Antes de que se dé cuenta, cierro la boca e intento apartar la vista de su cuerpo escultural.
- Sí, llegué muy sudado – se ríe y se revuelve el pelo salpicando agua por todos lados.
- Vale, vale no me mojes – me burlo secándome el brazo.
- ¿Mojarte? – pregunta ofendido. – Esto es mojarte – se acerca más a mí y mientras me agarra por la cintura se revuelve más el pelo empapándome la cara. Mi brazo roza su abdomen y casi pierdo el aliento. Es duro y firme, pero a la vez suave….
- Ay, para que está fría – digo entre risas intentado alejar mis pensamientos sobre su torso desnudo rozando mi cuerpo.
- Vale, vale – se ríe y se aparta para coger la taza que había dejado en la mesa. – Ya está frío – dice observando el café.
- ¿Desde cuándo llevas despierto?
- Ven a la cocina y te cuento – asiento y nos vamos a la cocina mientras habla. Allí se acerca hasta la silla donde descansa una camiseta negra básica de manga corta. Naim la coge y se la coloca privándome del gran espectáculo que se me había presentado. A pesar de que se la ha puesto, ésta no disimula sus músculos marcados. Inconscientemente me muerdo el labio inferior y hago acopio de todo mi valor para seguir la conversación como si no me hubieran afectado estos últimos cinco minutos. – Los sábados suelo levantarme a las ocho y media para ir a correr durante una hora – explica mientras se acerca a la cafetera.
- ¿Por qué te levantas tan temprano? – pregunto a la vez que me apoyo en la mesa. - Podrías descansar e ir a correr más tarde.
- Sí, pero me gusta hacer ejercicio por la mañana. Después trabajo un poco o hago algunas llamadas y paso el día haciendo cosas, limpiando un poco o quedando con alguien.
- ¿Te he interrumpido antes? – pregunto al recordar que hablaba por teléfono.
- ¡Que va! Me había hecho un café y estaba hablando con algunas personas del trabajo. El lunes tengo una reunión a primera hora y quiero hacerlo lo mejor posible.
- ¿Es la primera que haces? – inquiero.
- ¿Tanto se nota? – se ríe. – Si al mandamás le gusta mi idea me ganaré muchos puntos en la empresa. –Apaga la cafetera y echa café en dos tazas. - ¿quieres tostadas?
- Vale – sonrío y me acerco hasta él para ayudarle. – Todavía no me has dicho de qué es tu empresa exactamente. Solo me dijiste que estabas en la sección de marketing.
- Trabajo en la firma “Axl Nikhil”. Básicamente vendemos acciones para conseguir otras acciones y hacer dinero para nuestros clientes. Como llevo poco tiempo, tengo que trabajar en marketing hasta que logre impresionar a alguno de los de arriba para ser oficialmente un corredor de bolsa.
- Guau – respondo sin saber qué más decir. – Parece un trabajo muy duro – digo antes de llevarme la taza a los labios.
- No te creas – dice mientras quita las tostadas de la tostadora y les echa mantequilla. – No es fácil, pero tampoco es tan difícil si sabes lo que hay que hacer. A mí siempre me gustaron las mates y por eso me metí ahí – sonríe y le da un mordisco a su tostada.
Terminamos el desayuno mientras me seguía hablando de su trabajo. Después me cambié de ropa en la habitación de invitados y le dejé la cama hecha. Cuando salí, Naim ya estaba listo, por lo que solo tenía que coger mi mochila e irnos por el ascensor hasta su coche. El viaje hasta mi casa se me hizo bastante corto para mi gusto, así que, cuando quise darme cuenta, ya estábamos al lado de casa.
- Ya hemos llegado – anuncia.
- Ya hemos llegado – repito con cierta desilusión.
- ¡Hey, vamos! No pongas esa cara – me anima. – Lo hemos pasado muy bien. Podemos repetirlo siempre que quieras.
- ¿De verdad? – pregunto no muy convencida.
- De verdad – asiente con una sonrisa.
- ¡Genial! – me quito el cinturón y abrazo a Naim. – Gracias por la tarde de ayer – le susurro al oído. Antes de separarme, le doy un beso en la mejilla y vuelvo a mi sitio para coger mi mochila y salir del coche.
- Adiós Emma – se despide. – Cuando quieras, llámame – dice y me guiña un ojo.
- Lo haré – le devuelvo la sonrisa.
****
Estoy en casa de Ivana. Después de despedirme de Naim, mamá estuvo muy pesada preguntándome cómo había pasado la noche. Creo que piensa que Naim y yo estamos saliendo aunque ya le he dicho un millón de veces que solo somos amigos. Pasé el resto de la mañana terminando el papeleo del consejo de estudiantes y parte de la tarde con el periódico. Ivana me llamó para pasar la noche en su casa, cosa que no estaba muy segura, pues mamá se iba a molestar si pasaba dos días fuera de casa. Sorprendentemente, ha aceptado alegando que ella y papá han quedado con unos amigos del trabajo de papá y prefieren que no pase la noche sola en casa.
- ¿Y cómo dices que llevas las cosas? – pregunta Ivana entrando en su habitación con dos tazas de chocolate.
- Bien, ya he terminado lo del consejo, parte del periódico y los apuntes están finiquitados – sonrío y le quito a Ivana una taza para que se pueda mover mejor.
- Gracias – dice en cuanto le quito la taza y se sienta en el cojín que tiene en el suelo. – Te has dado mucha prisa por lo que veo.
- Casi todo lo adelanté ayer.
- ¿En serio? – arquea las cejas. - ¿Pudiste concentrarte con semejante bombón al lado?
- Oh, cállate – le digo y ambas reímos. – Si te soy sincera, al principio me costó un poco, pero estábamos en una habitación tan mágica que…no sé, me envolvió en una atmósfera trabajadora que me hizo perder la noción del tiempo – explico y le doy un sorbo a mi chocolate.
- ¿Habitación mágica? Emm, ¿te drogó?
- No seas tonta – me río. – Digo que era mágica por decir algo – le saco la lengua. – Pero era alucinante. Podías ver toda la ciudad a través de los ventanales. Su casa es genial Iv.
- Estoy segura – asiente. – Aaron comparte piso con un chico muy simpático y lo tienen todo muy bonito y ordenado.
- ¿Cómo lo lleváis Aaron y tú?
- Como siempre, ya sabes. Aaron está ocupado con el trabajo y con la música, pero siempre saca tiempo para estar conmigo – sonríe. – Aunque….
- ¿Aunque? – pregunto arrugando el entrecejo. ¿Les habrá pasado algo? Antes de que Ivana me pueda contestar la puerta se abre rápidamente y dos torbellinos entran en la habitación.
- ¡Emma, Emma! – gritan al unísono las pequeñas hermanas de Ivana. Aparto rápidamente la taza de chocolate para evitar derramarla encima de las pequeñas que, en cuanto han entrado han corrido a abrazarme.
- Ivi no nos has dicho que Emma estaba aquí – lloriquea Sara.
- Solo la quieres para ti – se queja Sonia.
- Vamos pequeñas estamos hablando, luego venís – les pide Ivana.
- ¡No, queremos quedarnos! – lloriquean las niñas.
- Vamos, Iv, déjalas un rato – intento convencer a Ivana. Las pequeñas la observan haciendo chantaje visual. Saber que las apoyo hará que quieran quedarse aún más.
- Está bien – cede con un suspiro.
- ¡¡Bien!! – chillan y aplauden Sonia y Sara a mi alrededor.
Las pequeñas ganaron la partida esta vez, por lo que, no solo se terminaron quedando con nosotras por la tarde, sino que terminamos duchándonos y cenando todas sin separarnos ni un solo momento. Después de cenar subimos al cuarto de Ivana y, mientras hablábamos de tonterías del instituto, Ivana le trenzaba el pelo a Sonia mientras yo cepillaba el de Sara que estaba sentada en mis piernas. Tener a la pequeña Sara así, cepillándole su larga melena mientras ella juguetea con su muñeca me hace pensar que, dentro de unos meses, África me dará una sobrinita a la que podré hacerle lo mismo. ¿Y si es un niño? Bueno, siempre podré enseñarle a jugar al fútbol o montar en skate.
- Oye Emm, hay algo que llevo tiempo que quiero preguntarte.
- Dime Iv.
- ¿Sabes si Alex sigue con su novia inglesa?
- Pues….que yo sepa, siguen juntos, ¿por qué?
- Bueno, es que, no estoy segura pero…desde que Alex volvió lo he visto muy pegado a Dani.
- ¿Si? – recuerdo entonces que los pillé un par de veces antes de Navidad. – Antes de las vacaciones yo les pillé juntos un par de veces.
- ¿De verdad? – pregunta sorprendida.
- Sí – asiento. – Pero cada vez que le he querido preguntar a alguno me han cambiado de tema.
- Pues yo les he visto cuchichear muchas veces e incluso lanzarse miradas cómplices.
- Esto es muy raro – pienso en voz alta. – Yo creía que a Dani por fin le estaba empezando a gustar David.
- Y yo – asiente Ivana. – Soni levanta que ya he terminado. – Sonia obediente se levanta y corre hasta el espejo que tiene Ivana en su armario. Observa atentamente la trenza que le ha hecho y se gira hasta Ivana.
- ¡Me encanta! – sonríe inocente. Al sonreír veo como le falta uno de los dientes de abajo y la hace más adorable aún.
- ¡Yo también quiero! – exige Sara.
- ¿Quieres que te la haga yo Sara? – le pregunto a la pequeña de la casa.
- Sí, pero solo si le haces otra a Erika – me dice enseñándome su muñeca.
- Pues Erika deberá guardar cola como el resto – le digo con una sonrisa y empiezo a separarle el pelo a Sara para peinarla. A los pocos minutos, la puerta se abre y vemos a Sam entrar en la habitación.
- ¡Sam no puedes entrar a tu aire! – regaña Ivana. – Emma y yo podríamos estar desnudas.
- No vería nada nuevo hermanita – se burla Sam. – He venido porque las pequeñas deben irse a dormir.
- ¡No! – se quejan las dos. - ¡Queremos quedarnos un poquito más! – lloriquean.
- Niñas, yo no soy como Ivana – amenaza Sam. – a la que no vea en su habitación en menos de diez minutos la llevo de los pelos.
- ¡Sam! – le vuelve a reñir Ivana. - ¡No asustes a las niñas!
- Emma no me terminó de peinar – dice Sara con cara triste.
- ¡Está bien! – cede malhumorado. Entra en la habitación y se sienta en el suelo. – Termina de peinarla y a la cama. - Temino en seguida de hacerle la trenza a Sara y al igual que Sonia, corretea hasta el espejo para verse.
- ¿Estoy guapa? – pregunta coqueta.
- Preciosa mi amor – le responde Ivana mientras la abraza y le da un beso en la mejilla.
- ¡Ahora a dormir! – ladra Sam.
- ¡Calla pesado!
- Ivana no juegues conmigo – gruñe.
- ¡Acuesta a la niñas ya, petardo! – mientras ellos discuten Sonia se acerca hasta mí.
- ¿Nos acompañas? Ellos van a estar un rato así.
- Vale – asiento y, llevando a cada una de la mano, me llevo a las pequeñas a su cuarto. Ambas comparten habitación donde predominan los colores rosa y blanco, con una cama al lado de la otra. Es bastante femenina. Otro de los detalles más característicos de la habitación es quizá la colección de peluches y muñecas que decoran la sala.
Primero arropo a Sonia y después a Sara. Ambas obedientemente se quedan en la cama tras darle a cada una un beso de buenas noches. Me vuelvo hasta la habitación de Ivana, donde veo a Sam doblarle el brazo a Ivana por la espalda.
- ¡Retíralo! – gruñe Sam.
- ¡Ni hablar! ¡Ay, joder Sam que duele! – se queja Ivana.
- Si no lo retiras le contaré a mamá lo de tu novio pedófilo.
- ¡¡Aaron no es un pedófilo!! – grita. – Tú cuéntale eso y le digo lo de la chica a la que casi dejas embarazada – contraataca.
-¡Serás…
- ¡¡Hey!! – Grito llamando su atención – Haya paz. Sam suelta a Iv y ella no dirá nada. Aaron es un buen chico así que no le llames así. – A regañadientes, Sam le suelta el brazo a su hermana quien, se lo frota en cuanto es liberado.
- ¿Dónde están las niñas? – preguntan.
- Las acosté – le explico a ambos.
- Perdona Emma – se disculpa. – Sam, vete – dice fulminándolo con la mirada.
- Ya me voy, ya me voy, pero antes…. Emma – se dirige a mí. - ¿Has dicho antes algo de un tal Naim?
- Puede – contesto recelosa. Con Sam hay que ir con pies de plomo. - ¿Por?
- Si es el Naim que yo conozco, ten cuidado. Es bastante mujeriego.
- ¡Sam vete! – exige Ivana.
- Ivana deja de dar el coñazo, hablo en serio.
- Lo tendré en cuenta Sam – asiento y se va de la habitación.
- No le hagas caso a Sam – dice Ivana para quitarle importancia. – Seguro que se equivoca de Naim. El nombre no es tan raro.
- Iv, no importa – sonrío. – No voy a creer lo que digan los demás, solo lo que vean mis ojos.
- Emma – Ivana se pone seria rápidamente y agarra mis manos. – Mira, yo… te quiero mucho. Lo sabes, ¿verdad?
- Ivana me estás asustando.
- Emma – me pide. – Sabes que no haría esto si no fuera por una buena razón. Te quiero y no quiero que te hagan daño. Sé que ahora puedo hacerte daño, pero debo decírtelo.
- Ivana ¿qué ocurre?
- Es Leo – dice y mi corazón da un vuelco.
- ¿Le ha… le ha pasado algo malo? – pregunto con dificultad.
- No de momento – dice seria. – Emma, sabes que no le defiendo en absoluto, pero Aaron ha seguido en contacto con él y está muy mal. Hace mucho que no va a trabajar y lo está pasando fatal desde que cortásteis. Él no quería engañarte, Colette ha sido la que ha estado acosándolo para haceros cortar.
- Ivana, no quiero saberlo.
- Emma, creo que Leo te necesita. No le dejes.
- Por eso me has hecho venir – digo con voz seca. Ivana asiente sin mirarme a los ojos. – Mira, agradezco que te preocupes por ambos, pero lo que tuvo que pasar pasó. Leo y yo no nos hacíamos ningún bien – me tiembla la voz al decir su nombre en voz alta. – Si él quiere….aclararme las cosas, que venga a buscarme. Nunca vino a darme ninguna explicación.
- Emma, aquella noche de año nuevo lo destrozaste con esos “te odio”. No digo que no los mereciera pero…ahora está algo inestable y quizá…si hablas con él, puede que no haga ninguna estupidez.
- Ivana, hablaré con él.
- ¿De verdad? – pregunta esperanzada.
- Con una condición.
- ¿Cuál?
-Debe de venir él. A menos de que sea él el que venga y me dé una explicación no quiero saber nada de él o de lo que le ocurra – intento decir firme, pero no me lo creo ni yo. Odio sonar tan fría, pero no quiero volver otra vez al dolor. Lo he pasado muy bien con Naim estos últimos días, volviendo a ser una chica feliz con la única preocupación del instituto. Y no quiero arriesgarme tanto como para volver a ese sin vivir de peleas, gritos y llantos sin sentido. Si Leo quiere explicarse, ya sabe dónde puede encontrarme….
Las pequeñas ganaron la partida esta vez, por lo que, no solo se terminaron quedando con nosotras