lunes, 30 de mayo de 2016

Capitulo 41

Aquella noche pude dormir más de cuatro horas, lo que fue todo un logro después de dos semanas. Ver a Naim movió algo dentro de mí, no estoy segura de qué exactamente, pero gracias a él la presión de mi pecho es casi inexistente. No pensé que pudiera superar la ruptura tan rápido… bueno, en realidad aún no la he superado, pero al menos ha conseguido lo que Alex y las chicas llevan intentando todos estos días, hacerme vivir otra vez. Todos han estado muy preocupados, y siento que, de alguna manera, el que las chicas vinieran a verme o que Alex se pasara toda la semana a mi lado, hizo que no me hundiera aún más. Suena mi móvil. Un mensaje. Me levanto de la cama hasta el escritorio y lo abro.
Mensaje de Alex 6:13
Princesa, ¿cómo estás hoy? ¿Quieres que me salte la clase y vaya a verte?
Esbozo una sonrisa. Alex no ha dejado de llamarme princesa, porque según él, en algún momento sonreiré cuando me lo diga. Como hoy, que es la primera vez que lo hago, aunque es una lástima que se lo haya perdido. Pasar la tarde con Naim me hizo darme cuenta de que he pasado demasiado tiempo aquí encerrada. Ayer, por ejemplo, descubrí que ya es viernes, que las clases empezaron hace mucho tiempo y que lo he dejado todo abandonado. Decidí entonces que debía olvidarme de esa faceta tan lúgubre de mi misma y enfrentarme a mis miedos. Vuelvo a la cama y le contesto rápidamente.
- Hola Alex. No es necesario, voy a ir a clase 6:16
- ¿¿¿En serio??? ¿Ya te sientes mejor? 6:17
- Sí. Ayer algo cambió…. y quiero volver a clase. Seguro que cuando regrese tendré mucho trabajo 6:18
- Me alegra saber que estás mejor :) Igualmente ¿quieres que me pase? 6:19
- Sí, quiero verte 6:20
- Yo también princesa, llevo toda la noche sin dormir :( 6:21
- ¿Y eso? 6:22
- Cosas de chicos :P 6:23
- Ya te vale 6:24
- En media hora estoy allí, hasta ahora princesa <3 6:25
- Hasta ahora Alex 6:26
Tras despedirme de Alex, me levanté de la cama y fui directa a la ducha. Me arreglé y me enfundé en unos jeans y una sudadera. Mientras esperaba a Alex, preparé la mochila y ordené un poco la habitación hasta que recibí un toque. Alex ya estaba aquí. Bajé rápidamente hasta la entrada para abrirle la puerta. En cuanto abrí, abracé a Alex con fuerza mientras él me devolvía el abrazo.
- ¿Tanto me has echado de menos? – pregunta con cierta socarronería.
- Siempre te echo de menos tonto. – Me separo ligeramente para verle mejor.
- Hola princesa – me sonríe.
- Hola – le devuelvo la sonrisa.
- ¡Has sonreído! – exclama como si fuera el suceso más importante del mundo y vuelve a abrazarme. – Sabía que lo conseguiría – se vitorea a sí mismo.
- Alex, sabes que me encanta que me abraces pero… son poco más de las siete de la mañana y tú y yo estamos aquí fuera abrazándonos como tontos.
- Tu lo has dicho, son las siete de la mañana – se separa y me pone una sonrisa pícara. – Nadie puede llamarnos idiotas porque todos duermen – se ríe. – Vamos a desayunar – dice y entra en casa. Termino riendo y entro con él.
Nos vamos hasta la cocina y mientras le cuento a Alex mi intento suicida de ver a Leo por última vez y mi encuentro con Naim, preparamos tortitas y café. Durante el proceso de mi narración, Alex solo sabe interrumpirme para insultar a Leo y luego vuelve a mi lado para darle vueltas con la varilla a la masa y volver a dar vueltas por la cocina.
- Te juro que en cuanto me lo cruce le corto su hombría de raíz – amenaza. – Trae – me quita el bol y continúa agitando sin control y ensuciando la encimera.
- Alex, así no me ayudas. Déjate de improperios y agita bien la mezcla, ¡lo estás poniendo todo perdido! – lo riño.
- Upps, lo siento – se ríe al ver el estropicio que ha liado. – Pero es que, me da tanta rabia el hecho de no haber estado aquí – vuelve a gruñir.
- Pero no importa – le quito el bol y continúo añadiendo lo que le falta. – Alex, no puedes luchar todas mis batallas, debo hacerlo yo – termino de remover la mezcla y saco la sartén.
- Aún así – bufa mientras se cruza de brazos y se sienta en la silla que hay al lado de la barra americana. – Emm, ¿me haces galletas?
- Alex estoy haciendo tortitas – le señalo la sartén con la tortita que acabo de echar.
- Por favor – me suplica poniendo cara de cachorrito.
- Está bien – suspiro y le pongo los ojos en blanco. – Pero si quieres que me dé tiempo antes de ir a clase debes ayudarme con la masa u ocuparte de las tortitas.
- ¡Tortitas, tortitas! – Se levanta de un salto y me quita la sartén.- Te voy a enseñar de lo que es capaz una mano experta – alardea.
- Por favor intenta no quemarlas – lo chincho.
Dejo a Alex haciendo las tortitas mientras me encargo de hacer las galletas que le han apetecido. ¿Debería hacerles unas cuantas a Naim? Después de animarme como lo hizo ayer podría llevarle unas pocas. Alex y yo cocinamos mientras él canta “Satisfaction” imitando a Mick Jagger y suplicando que le haga los coros para sentirse como si cantara en directo.
- ¿A quién han atropellado para que haya semejantes berridos en la cocina? – dice una voz detrás nuestra. Mamá nos observa divertida enfundada con su bata morada.
- ¿¡Berridos!? – Pregunta Alex ofendido. – Alicia, ¡lo que escuchas es arte!
- Pues tu arte apesta – se burla.
- Envenenaré tus tortitas por esa ofensa – dice agitando el puño y los tres estallamos a carcajadas.
- Espero que al menos sepan mejor que como cantas. Y que merezcan la pena después del horror de cocina que me habéis dejado.
- Prometo dejarlo todo limpio antes de irme mamá.
- ¿Vas a ir a clase? – pregunta extrañada.
- Sí – asiento con seguridad. – Ya he eludido mis responsabilidades por mucho tiempo.
- Esa es mi niña – me da un beso en la frente y empieza a limpiar el desorden que hemos organizado.
Mamá limpia mientras se mete con Alex y la forma tan espantosa que tienen las tortitas mientras yo termino las galletas. Papá se une al rato y después de llamarnos escandalosos termina uniéndose a las bromas de mamá y Alex. Yo no hablo mucho, pero sí que termino riendo con todas las tonterías que están diciendo. La verdad es que llevaba demasiado tiempo sin reír así y casi que lo extrañaba. Aunque de alguna manera pienso que no debería sentirme tan bien cuando acabo de salir de una ruptura. Desayunamos los cuatro juntos en armonía. En cuanto terminamos, Alex y yo nos vamos disparados a clase con el tiempo justo.
Por suerte el profesor no ha venido y tenemos la hora libre. Todo el mundo se sorprende al verme y me siento algo abrumada ante tanta curiosidad por parte de mis compañeros. Alex consigue librarme de todos ellos y puedo sentarme en mi sitio de siempre junto a las chicas. Alex por su parte coge una silla y se sienta a mi lado.
- Hola chicas – saludo mientras me siento.
- Cariño ¿cómo estás? – pregunta Daniela muy despacio mientras Martina e Ivana me observan silenciosas con miedo de apabullarme con preguntas.
- Bien – sonrío. – Alex y yo hemos hecho galletas.
- ¿De verdad estás bien? – Martina me coge de la mano y me da un ligero apretón.
- He dicho que sí – vuelvo a sonreír. – Chicas, no puedo quedarme toda la vida encerrada en mi habitación. Tengo una vida y un plan, ¿recordáis? Si quiero que mi paso por la universidad sea perfecto no puedo mancillar mi historial con faltas por culpa de un capullo.
- Esa es mi chica – me anima Alex y luego besa mi mejilla.
- Emma, yo…
- ¿Qué ocurre Ivana?
- Bueno, es que…– Ivana habla suave, quizá para ver cómo reacciono.
- Vamos Ivi, no va a pasarme nada. Lo que quieras decir, dímelo – la animo a continuar. Ivana suelta un largo suspiro y me mira con cierta culpabilidad antes de seguir.
- Aaron me ha dicho cosas sobre, bueno…él…. – las palabras de Ivana hace que me recorra un escalofrío por la espalda. El corazón me da un vuelco y de repente siento la garganta seca.
- Ivana… - digo con un hilo de voz. – No quiero saberlo – consigo decir desoyendo por completo a mi pequeña yo que necesita saber desesperadamente si él lo ha pasado tan mal como yo. Pero sé que si me cuenta algo sobre él seré tan idiota que haré todo lo posible para buscarle a pesar de que fue él quien me hizo daño. Pero no. Esta vez no va a ser así, me mantendré firme y le olvidaré definitivamente, será lo mejor….
- Lo siento Emm – se disculpa. – Yo solo lo decía por si querías esa información.
- De verdad que no Ivana – intento sonreír a pesar de que no quiera hacerlo. – Ahora necesito aprovechar esta hora y el resto del día para ponerme al corriente de todo, tengo mucho trabajo.
Con esas últimas palabras, pongo mi mochila encima de la mesa y saco mi archivador, un bolígrafo azul y me pongo manos a la obra. Las chicas han procurado facilitarme todo tipo de apuntes y demás para que mi trabajo no sea tan duro, y la hora resulta realmente productiva con respecto a los apuntes de clase. El resto del día lo paso intentando atender, coger apuntes y seguir copiando los que me han prestado. Después tuve que ir al periódico y dar unas cuantas explicaciones sobre mis faltas. No pensé que en el consejo de estudiantes también se enfadaran, nunca me creí tan importante, pero resulta que sí.
Durante el recreo en vez de irme con las chicas, me fui a la biblioteca para recuperar algo de trabajo, aproveché un momento para entrar en facebook y borrar aquel mensaje que le escribí a Leo. Tuve mucha suerte pues parece ser que hubo un error y no se envió, por lo que aprovecho para eliminarlo de mis amigos y volver al trabajo. Recibo un mensaje que me distrae, al principio me enfado pensado que es Alex suplicándome que vaya con él y las chicas a pasar lo que queda de recreo, pero resulta que es Naim. En seguida sonrío a la pantalla y abro el mensaje.
Mensaje de Naim 11:29
- Hola Emma, ¿cómo estás?
Que mono es, y encima se preocupa por mí. Naim sin duda es un gran chico. En vez de contestarle le envío una foto de la pantalla del ordenador de la biblioteca junto con mis apuntes.
- Hasta arriba de trabajo :( 11:31
- Guau, tienes más trabajo que yo jajaja 11:32 – dice y me manda una foto de su escritorio con el ordenador y unas cuantas hojas de cálculo.
- Lo mío es más duro 11:32
- No sé yo :P 11:33
- Estoy bien, gracias :) he vuelto a clase 11:34
- ¿No habías ido a clase? 11:34
- Nope 11:34
-¡Gamberra! 11:35
- ¡No soy gamberra! Es solo que no me sentía con fuerzas para venir… 11:37
- Solo bromeaba 11:38
- Naim he hecho galletas, y bueno, he pensado que tal vez tú querrías… para agradecerte lo de ayer 11:39
- ¿Galletas? ¿Para mí? Me halaga pero no sé si debería aceptar, tampoco hice nada del otro mundo jaja 11:40
- Pero yo quiero agradecértelo 11:40 – vuelvo a insistir.
- Está bien :) ¿Quieres dármelas esta tarde? 11:42
- Estoy hasta arriba de trabajo, dudo mucho que pueda quedar :( 11:43
- Yo también pero puedes venir a mi casa con el portátil, trabajamos un rato y después merendamos las galletas 11: 44
- Me parece bien :) 11:45
- Mierda, ha sonado el timbre, he de volver a clase 11:45  guardo lo que he hecho en el pendrive y recojo rápidamente mis cosas.
- Yo también debería volver al trabajo. Entonces, ¿quedamos así? 11: 46 – Apago el ordenador, salgo de la biblioteca y contesto a Naim.
- Sí, después me dices la hora. Chao! :) 11: 50
Pongo el móvil en silencio y corro hacia clase a toda prisa, de pronto me doy cuenta de que acabo de quedar con Naim esta tarde. ¡Encima hemos quedado en su casa! ¿¡Pero qué coño acabo de hacer!? El corazón empieza a latirme muy fuerte. A ver, Emma, no pasa nada es Naim. Ayer estuvisteis juntos en su casa y no ocurrió nada… mi subconsciente me recuerda cómo me quede a pocos centímetros de su cara y luego su mano sujetándome para no caerme cuando yo estaba sin sujetador… enseguida mis mejillas empiezan a tornarse coloradas con cada recuerdo y me pateo mentalmente.
No va a pasar nada, recito mentalmente una y otra vez. Podría cancelarlo…. pero en realidad no quiero, me lo paso muy bien con Naim, con él no pienso en…. bueno, él…. además que aún no le he dado su regalo de navidad, ¿debería dárselo hoy? Tal vez se sienta abrumado con las galletas y el regalo y piense cosas que no son. No, primero las galletas, y otro día el regalo. Entro en clase y me siento con Daniela.
- ¿Qué? ¿Has podido adelantar mucho? – susurra mientras el profesor pasa lista.
- Sí y no – susurro. – He adelantado algo pero he terminado hablando con Naim.
- ¿Con Naim? – alza el tono sin querer y toda la clase nos observa.
- Señoritas Jefferson y Ortega, ¿serían tan amables de compartir la información para el resto de la clase? - ambas negamos la cabeza avergonzadas. - ¿No? – arquea una ceja. – ¡Pues entonces permaneced en silencio! – nos riñe.
- Sí profesor – nos disculpamos al unísono y agachamos la cabeza para dejar de ser el centro de las miradas.
El profesor de lengua nos da por regañadas y vuelve a agachar la mirada para seguir pasando lista. Suelto un suspiro de alivio y miro a Daniela que me observa con cara de “lo siento” y junta las palmas de sus manos a modo de disculpa. Asiento y sonrío para que no se sienta culpable, cojo una hoja, escribo unas líneas y se lo paso.
Naim me ha enviado un mensaje para ver cómo estaba y al final hemos quedado esta tarde para que vaya a su casa. Pero creo que debería rechazarle y decirle que no :(
Daniela lo lee y me responde.
Mmmm, bueno, no pasa nada que quedes con él, no es la primera vez que quedáis juntos ¿Por qué deberás rechazarle? Emma, si quieres ir, ve.
Dudo durante unos instantes y termino respondiendo.
Quiero ir, pero me siento muy nerviosa cuando estoy a solas con él. A veces me he sentido nerviosa, pero después de lo de ayer…. ufff.
Daniela lo lee y me mira con la boca abierta de par en par articulando “qué coño ocurrió ayer”. Cuando estoy a punto de contárselo veo como cambia de expresión y se le desencaja la mandíbula. Inspiro súbitamente y sé que el profe de lengua está detrás. ¡Joder no puede ver la nota! Le devuelvo a Dani una mirada de horror, pero ambas estamos petrificadas del mismo miedo. El profesor de lengua es un hombre de mediana edad, bastante blanco de piel, con entradas tan grandes como la mismísima Vía de Madrid y una expresión tan dura que mataría de un infarto al propio Lucifer. Su fama le precede y es por eso que todos le tememos, pero Dani y yo hemos abusado de nuestra suerte y ahora tendremos nuestro castigo.
- Entregadme ese papel – dice articulando cada palabra. Dani me observa y yo niego con la cabeza para que no lo haga. Sé por otros estudiantes que si requisa una nota, no solo la va a leer en voz alta en mitad de la clase, sino que se la enseñará al director y después a nuestros padres. No puedo permitir que esto se airé así como así. – No quiero repetirlo – insiste con voz atronadora. Trago saliva y muy despacio acerco mi mano hasta la hoja, pero antes de poder rozarla si quiera, la mano de Alex se me adelanta, coge el papel y con un rápido movimiento se la mete en la boca.
- ¡Alex! – grito sin querer y me tapo la boca rápidamente. Veo de reojo al profesor que también lo observa primero con sorpresa y después con furia.
- ¿Gianetti se da cuenta de lo que acaba de hacer? – pregunta intentando contener la rabia.
- Tenía hambre – dice y se encoje de hombros.
- Podría intoxicarse – prosigue regañando.
- Correré el riesgo – Alex se muerde el labio intentado contener la risa.
- Un día de estos acabaréis conmigo – gruñe y se da la vuelta. – La próxima vez iréis los tres al despacho del director.
Los tres asentimos con vehemencia pero aliviados en el fondo. Me giro y me encuentro a un Alex divertido que me guiña el ojo mientras termina de tragarse el folio. Como luego le duela el estómago me voy a sentir fatal. Alex termina de tragarse la hoja y articulando las palabras sin emitir ningún sonido dice “me debes muchas galletas”. Asiento mordiendo el labio para evitar soltar una carcajada y me giro para continuar la clase. Por suerte, ésta termina sin más percances y en el descanso para la siguiente clase le puedo explicar a Dani y a las chicas lo que pasó con Naim ayer. Todas están de acuerdo en que debo ir a nuestra quedada, pues piensan que no es bueno que me vuelva a encerrar en casa y que, quizá la amistad de Naim me ayude a pasar página. Aunque Martina casi que me ha exigido que como se me presente la oportunidad, me acueste con él sin dudarlo. Sé que lo ha dicho completamente en serio, pero no hemos podido evitar echarnos a reír. Martina no va a cambiar nunca. Además, creo que tienen razón. Tal vez estar ocupada me ayude a superar definitivamente esta ruptura. Debo seguir adelante. Por mucho que espere, Leo no va a venir como siempre. Esta vez es distinto a las otras veces. No solo lo ha fastidiado todo, sino que ni yo misma le dejé explicarse. Pero, ¿para qué? ¿De qué me serviría dejarle darme una excusa barata cuando yo misma vi lo que pasó? Es cierto que fue Colette quién se acercó para besarlo, pero él no solo no se apartó, sino que le devolvió el beso….Y sin duda alguna, lo que más me dolió, fue todo lo que escuché acerca de que “yo era más feliz sin saberlo” ¿Sin saber qué?¿Qué podría haber hecho para que yo fuera más feliz sin saberlo? En ese momento sentí que todo lo que viví con Leo fue una mentira, que realmente estaba jugando conmigo, que nunca me quiso y que todos tenían razón. Yo solo era su favorita, y nada más….

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