domingo, 22 de mayo de 2016

Capitulo 40

- Espera, levántate – Naim me ofrece su mano para ayudarme a levantarme. Hace un gesto y nos colocamos bajo el toldo de una tienda para resguardarnos de la lluvia.- ¿Qué haces aquí? – pregunta.
-Yo... pasaba por aquí.... – parece que no soy capaz de decir otra cosa. Pero en seguida me detengo sin saber que más decir. He estado evitando cualquier tipo de contacto visual todo el tiempo, pero noto su mirada clavándose en mí. Naim se acerca, hasta ponerse enfrente de mí y levantarme la cara para que le mire.
-¿Por qué has llorado? – su voz es suave y denota cierta preocupación.
- Yo... - no sé como decírselo, sus ojos me están penetrando en el alma y no soy capaz de hablar.
- Estas lejos de casa – afirma más que pregunta.
-Sí – murmuro y asiento con la cabeza.
-Ven conmigo – dice con decisión. - Yo vivo aquí al lado, está lloviendo mucho y estás empapada.
Naim no me deja tiempo si quiera para darle una contestación cuando me agarra de la mano y me conduce hasta un edifico que acababa de pasar hace solo unos segundos. Vamos en silencio, no es un silencio tenso en absoluto, solo es un silencio en el que las palabras sobran. Durante el trayecto Naim no me suelta la mano en ningún momento. Subimos en el ascensor y se para en la décima planta. Salimos y entramos en el segundo portal.
- Pasa - dice Naim echándose a un lado para que entre en su apartamento. Es grande y lo tiene muy limpio y ordenado, me giro y veo que Naim me observa. Acabo de darme cuenta de que va en chándal y lleva una bolsa de deporte.
- Venía del gimnasio - dice respondiendo a la pregunta que no he llegado a formular.
- Mmmm- no sé qué decirle.
- Deberías ducharte, tienes la ropa chorreando - me señala.
- ¿Qué? No, no puedo. Me conformo con que me dejes un paraguas. Después me iré – respondo incómoda.
- ¿Irte? ¿Con la que está cayendo? – pregunta escéptico. - Emma, te he traído aquí porque es evidente que no estás bien, quédate – me ofrece.
- No quiero molestar - agacho la cabeza.
- Te repito que te acabo de traer, así que déjate de cortesías y siéntete como en tu casa - me dedica una sonrisa.
- Gracias - le miro y creo que voy a echarme otra vez a llorar.
- No es nada, venga, te voy a buscar algo de ropa. El baño está a la izquierda, por si quieres... - sé a qué se refiere.
- Muchas gracias Naim - le dedico una leve sonrisa y me dirijo al baño.
Entro y observo un baño sencillo, pero muy bonito. Las paredes muestran pequeños ladrillos blancos, tiene una ducha con cristalera, pero también tiene cortina. Me gusta que el baño se componga de colores blancos y grises. A primera vista, y sin entrar mucho en detalle, su apartamento parece realmente acogedor. ¿Vivirá solo? Cierro la puerta y me dirijo a mirarme en el espejo. Puedo ver cómo mis ojos están hinchados y el poco maquillaje que me eché, está corrido por completo. Suelto un suspiro derrotada y veo que a un lado hay un cesto, supongo que será para poner la ropa sucia, por lo que decido dejar ahí mi ropa. Suelto la mochila y empiezo a desvestirme. Está todo empapado no, lo siguiente… ¡Hasta las bragas! ¡Qué vergüenza! ¿Cómo he podido acabar en el piso de Naim? Encima sin ropa seca. Lo dejo todo en el cesto y me meto en la ducha, mientras espero que se caliente el agua, tocan a la puerta.
- ¿Emma? Te he traído ropa – dice desde el otro lado de la puerta. Echo la cortina para que no pueda verme y contesto.
- Puedes pasar, estoy dentro de la ducha - me da corte que entre, pero es su casa y necesito esa ropa.
- Vale - pasa unos segundos y entra. - Te dejo la ropa en el lavabo y también te he traído toallas.
- Gracias. He dejado mi ropa en el cesto, espero que no te importe, no quería mojarte el suelo.
-No te preocupes, lo meteré en la secadora – me dice en tono despreocupado.
-¡No! – exclamo. Mi ropa interior está ahí, no quiero que la vea.
- ¿Qué pasa? – pregunta extrañado. – Si la dejo ahí no se secará en horas.
- Es que… - me muerdo el labio tímida. - Mi ropa interior está ahí. También esta mojada…
- Aamm, bueno, yo… te prometo que echaré todo el cesto y no miraré
-¿Lo prometes? – parezco idiota, él ya tiene sus años, no va a asustarse por ver mi ropa interior…pero aún así me da vergüenza.
- Lo prometo. Te dejo que te duches tranquila. – Y con ello, cierra la puerta y me deja sola.
El agua se calienta rápido y me doy una ducha bastante gratificante. El calor ha eliminado toda la tensión de mi cuerpo y por un momento, me olvido de todos mis problemas. Permanezco más rato del que debería simplemente con los ojos cerrados y dejando que el agua caiga bajo mi piel. Recuerdo que no estoy en casa y cierro el grifo, alargo la mano y cojo un poco del champú y del gel de Naim. Ya me duché antes de venir, pero después del desengaño que he tenido en el trabajo de Leo, me siento terriblemente sucia. En cuanto me aclaro, salgo de la ducha y envuelvo mi pelo y mi cuerpo con las toallas de Naim. Observo la ropa que me ha dejado, una camiseta básica y un pantalón de chándal, también me ha dejado uno de sus bóxers, no puedo evitar que se me escape una sonrisa tonta. Este chico está en todo. Me visto y me voy al salón donde Naim está viendo la televisión. También se ha cambiado de ropa, lleva una camiseta negra y unos vaqueros.
-¿Que tal estás? - me pregunta en cuanto me ve.
-Mejor, gracias - le digo mientras me siento a su lado.
-Todavía tienes el pelo húmedo, trae - me quita la toalla que tengo en los hombros y me empieza a secar el pelo.
- ¡Hey, para! Que puedo hacerlo sola - intento detenerlo, pero se ha puesto de rodillas y ejerce mas fuerza de la que yo puedo contrarrestar.
-Estate quieta. Además, si pudieras, lo hubieras hecho antes de venir - no puedo rebatírselo, así que cedo y le dejo hacer. Nos quedamos así, varios minutos sin hablar,…él secándome el pelo con la toalla y yo escuchando la lluvia caer. No es un silencio incómodo, me siento protegida y ya no siento esa presión que tenía en mi pecho.
- ¡Ya está! He secado gran parte del pelo, pero deberías coger el secador. Está en el primer cajón…aunque mira, mejor te lo traigo.
- Naim, ¿no quieres ducharte?
- Ya me duché en el gimnasio, además, como un amigo me trajo durante gran parte del camino en coche apenas me he mojado – sonríe. – Voy a traerte el secador- se levanta y me deja sola. Veo que trajo mi mochila, me acerco y cojo el móvil. Las siete ya, no puedo quedarme mucho, pero fuera todavía llueve y mi ropa aún esta húmeda. Naim vuelve con el secador.
- ¿Te ha molestado que trajera tu mochila? – pregunta. - No parece que se haya mojado nada, lo he comprobado.
- No, solo quería saber qué hora era. Gracias… ¿por qué eres tan bueno conmigo?
- ¿No debo serlo? – se ríe y se sienta a mi lado. - Emma, somos amigos. Además, en las condiciones en las que estabas no podía dejarte sola, toma. - me da el secador, lo conecto y termino de secarme el pelo. En seguida termino y se lo doy, Naim lo deja encima de la mesa y se vuelve a sentar a mi lado.
- ¿Vas a contarme que hacías vagando sola por la calle lloviendo a mares y sin paraguas? - Observo a Naim. Está preocupado por mí, pero no sé si debo decirle que Leo es el responsable.
- Fui a... - la bilis me sube por la garganta y siento cómo las lágrimas se agolpan nuevamente en mis ojos. Inconscientemente, me echo sobre los brazos de Naim y lloro desconsoladamente. Le pillo desprevenido, pero rápidamente me envuelve entre sus brazos, protegiéndome de mis propios miedos. En algún momento, me quedo dormida entre mis lágrimas y unos brazos reconfortantes. En mi breve duermevela me siento reconfortada y un agradable olor a colonia inunda mis fosas nasales. No es la primera vez que huelo esta colonia… han pasado dos semanas, pero es la primera vez desde entonces que me encuentro tan bien…. escucho una voz llamarme y abro poco a poco los ojos.
- Emma…pequeña….hey, ¿cómo estás?
- Mmmm ¿qué? - pregunto algo desorientada. No fue mi intención dormirme en absoluto, pero se estaba tan bien…
- Emma, ¿te has despertado ya? - me pregunta con dulzura.
- Si... esto... yo...lo siento, me dormí – respondo con cierta timidez. Me intento levantar de encima de él y termino a unos centímetros de su cara.
- Lo sé, no quería despertarte, pero es que tengo que ir al baño - sé que debo alejarme, pero no puedo apartar la vista de sus preciosos ojos.
- Upps, lo siento – me disculpo e intento separarme pero tropiezo con el enorme pantalón que me ha dejado. Por suerte, Naim me agarra por encima de la cintura para evitar que me caiga y en ese breve momento recuerdo que no llevo sujetador.
-¿Estás bien? - pregunta, pero también se ha dado cuenta y ha apartado sus manos rápidamente de mi cuerpo.
- Sí, lo siento… tu pantalón es muy grande- intento bromear para quitar hierro al asunto.
- Lo siento – se ríe.- Y mira que he estado buscando el más pequeño que tenía. Tu ropa seguro que ya está seca… está en la cocina - me dice con las mejillas sonrosadas.
- Voy a por la ropa –digo rápidamente mientras me levanto del sofá. Mis mejillas también están sonrojadas y siento mi corazón latir muy fuerte.
- La cocina está ahí – señala. - Te puedes cambiar en mi habitación, está al final del pasillo - me explica, se levanta y va al baño.

Me dirijo a la cocina y busco la secadora, ¡ahí! Me acerco y saco mi ropa, me dirijo al pasillo y entro en la habitación que hay entreabierta. Vaya es muy amplia y ordenada. Al igual que el baño, su decoración de pared también es de ladrillos en tonos claros. No parece que lleve mucho tiempo aquí, pues apenas está decorada, aunque sí es cierto que está muy bien iluminada y el color blanco parece que es el predominante de toda la casa. Me quedo mirando el detalle de unas escaleras que hay en la pared y sube hasta casi el techo donde hay trajes colgados en un amplio perchero, y un pequeño escritorio. Me acerco a la cama y veo que el cabecero está lleno de fotografías en blanco y negro que no me detengo a mirar porque me desvió hasta un pequeño mueble un tanto peculiar, que está lleno de papeles de su trabajo. Me doy cuenta de que no dejo de mirar cada detalle de su habitación y después de sentirme como una mirona, me desvisto, le dejo la ropa bien doblada encima de la cama y me pongo la mía. Salgo y en el salón Naim esta esperándome.
-¿Estás lista? Supongo que querrás irte a casa. Ya ha dejado de llover, pero te llevo en coche.
- No quiero causarte molestias- me revuelvo incómoda. - Iré en autobús.
- Emma, no seas tonta, te llevo y no quiero que rechistes.
- Pero vivo lejos y te vas a dar una paliza ahora para llevarme – argumento.
- Prefiero llevarte y saber que llegas a casa bien. Ya ha anochecido y la parada del bus está a varias calles. Te voy a llevar te guste o no.
- Está bien – cedo y me acerco hasta él. Naim sonríe y me pasa el brazo por los hombros, provocando un vuelco en mi corazón. Vamos a la entrada donde coge las llaves y nos dirigimos al ascensor. Entramos en silencio.
- Leo – digo en el momento en que se cierran las puertas.
- ¿Qué? - pregunta sorprendido.
- Fui a ver a Leo... a la radio de su padre. Hace dos semanas que no sé nada de él....me evita, aunque claro, es normal, yo también le he evitado... pero quería verle… - le cuento. Naim ha sido muy bueno conmigo, no merece menos.
- ¿Habéis discutido? – pregunta.
- Bueno, discutir.... tuvimos una pelea algo fuerte.... al principio me sentía furiosa, no quería ni verle.... pero pasaba el tiempo y él no venía.... no esperaba que corriese a disculparse como siempre. Pero no entendía como podía marcharse así sin más.... - se abre el ascensor y salimos.
- Emma, no llores - me consuela Naim. Levanto la vista hacia él y me toco la mejilla que ahora está húmeda. No me había dado cuenta de que había derramado lágrimas. Naim me observa silencioso. - ¿Qué sois? - me pregunta.
- Dos personas que, a pasar de quererse, solo saben hacerse daño la una a la otra...- ahogo un sollozo. - y ahora no somos nada, porque nunca le importé lo suficiente - me paro en la puerta que da a la calle. Intento enjugar mis lágrimas, pero éstas caen sin cesar, ignorando a mis dedos que intentan eliminarlas.
- Siempre habrá dolor, pero solo será soportable si la persona que te lo provoca merece la pena.... - dice Naim, y seguidamente me envuelve entre sus brazos. Acepto encantada esa protección, fundiéndome en su abrazo, amoldándome a su cuerpo....
- Leo me prometió muchas veces que no me haría daño…. Me dijo que me quería y todo era mentira…. – digo y me hundo más en su pecho. Naim me abraza y me acaricia la cabeza igual que lo hacía África, creando un estado de paz dentro de mí. – Pillé a Leo enrollándose con su ex en Nochevieja…. – suelto finalmente.
- ¡Menudo cabrón! – masculla entre dientes, pero le he oído perfectamente.
- Eso mismo le dije yo… - intento bromear, pero me sale la voz estrangulada pareciendo aún más patética de lo que ya parezco.
- Emma, lo siento – se disculpa.
- ¿Por qué te disculpas? – musito.
- Porque Leo es mi amigo y sé cómo es. Cómo siempre decíais que erais amigos no pensé que pudiera hacerte daño.
- No Naim…. eso no va así… yo debía haberme dado cuenta antes, pero quise ignorarlo. Nunca te dije nada porque Leo y yo nunca fuimos novios…
- ¿Nunca? – pregunta sorprendido.
- Ya te lo he dicho, nos queríamos…pero siempre discutíamos y nos hacíamos daño el uno al otro, por lo que nunca llegábamos a formalizar nada.
- Entiendo…- dice serio y me acaricia la espalda. Me doy cuenta de que llevamos un buen rato así, él abrazándome mientras me consuela y yo agarrada a su camiseta. Empiezo a sentir nervios en el estómago. Nos separamos lentamente y Naim me quita las lágrimas con los pulgares. – Te llevo a casa – me sonríe. Asiento e intento devolverle una torpe sonrisa.
*****
Cuando Naim detiene su coche delante de la puerta de casa son más de las nueve y media de la noche y siento que me he metido en un señor lío.
- Emma, tarde temprano deberás enfrentarte a ellos – me dice Naim.
- ¿No puede ser mejor tarde? – Naim se ríe por mi comentario pero sacude la cabeza.
- Creo que no, ¿quieres que vaya contigo?
- Mmmm – pienso dubitativa. Es una locura, pero es tal la locura que hasta podría funcionar. – Vale – sonrío.
- ¿Lo dices en serio? – se le descompone la cara.
- ¿Ahora no me dirás que solo bromeabas? – enarco una ceja.
- Sí, pero… - duda. - ¡Qué demonios! – se ríe y se quita el cinturón. Bajamos del coche y vamos hasta la casa. Antes de que me dé tiempo a meter la llave en la cerradura la puerta se abre.
-Jovencita, ¿Qué horas crees que son estas de llegar? – regaña mamá. Pero en seguida enmudece al ver a Naim detrás de mí. - ¿Algo que explicar? – pregunta mirando primero a uno y después al otro.
- Mamá yo…- empiezo.
- Disculpe que la haya traído tan tarde señora, pero Emma me pidió hace un tiempo ayuda con un trabajo que tiene que hacer y como yo trabajo en una empresa, los tiros van más o menos por ahí. Solo podía quedar hoy, pero he tenido demasiado trabajo y la he hecho retrasarse – explica Naim con total convicción.
- Pues eso…- me encojo de hombros. – Se llama Naim – añado.
-¿Tu eres el chico de la otra vez? – pregunta ahora curiosa.
- Sí – asiente y le dedica a mamá una sonrisa de infarto.
- Emma, ¿por qué no me has dicho que tu novio trabaja en una empresa?
- ¡¡Mamá!! – chillo avergonzada. - ¡Naim es solo un amigo!
- Si bueno, lo que tu digas – se encoje de hombros y vuelve a Naim. – A mí ya me caes bien, pero te tienes que ganar a Rick – se ríe.
- Mamá por favor…. – suplico mientras me llevo el pulgar y el índice al puente de la nariz. Cuando se pone así no hay quien la soporte. Naim se lo toma con humor y se ríe.
- Lo intentaré.
- ¡Encima no le sigas el juego! – lo riño.
- No seas así Emma – dice mamá. – Y por cierto, no soy tan mayor. Señora mi madre, a mí me llamas Alicia.
- Sí, Alicia. Bueno, Emma, ya me avisarás cuando tengas dudas sobre tu trabajo.
- Eh, sí… te enviaré un mensaje pronto. Gracias por la ayuda.
- No hay de qué – me guiña un ojo y se despide.
- Es muy guapo, ¿seguro que no es tu novio? – pregunta mamá después de ver su coche desaparecer.
- ¡¡Que no!!
- Vale, vale – se rinde. – Pero si algo de lo que debes darme la razón es que ya no estás deprimida.
- Mamá yo… - cuando me giro para explicarme, la veo que ya va dirección a la cocina. ¿Sabrá lo que ha pasado?
Naim me abraza y me acaricia la cabeza igual que lo hacía África, creando un estado de paz dentro de mí

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