domingo, 15 de mayo de 2016

Capitulo 39

Este parece sorprendido, pero luego cierra los ojos y se deja llevar posando sus manos en sus caderas. Colette aprovecha entonces y se mueve más hacia delante para que Leo se tumbe en la cama y ella se coloque encima. No puedo soportar ver más esta escena. Mi corazón se ha roto en mil pedazos y siento como mi alma abandona mi cuerpo. Las lágrimas ruedan por mis mejillas sin control alguno y es entonces cuando salgo de mi escondite. Leo y Colette me oyen abrir la puerta y miran hacia mí. Leo me observa con cara de horror mientras que Colette muestra una sonrisa malévola de victoria.
-¡¡Emma!! - chilla Leo tirando a Colette a un lado para ponerse de pie e intentar acercarse a mí. Pero le rehúso rápidamente.
-¡¡No me toques hijo de la gran puta!! - chillo descontrolada.
- Nena, no es lo que parece... -intenta excusarse.
- ¡¡Ni se te ocurra llamarme "nena"!! ¿¡Qué no es lo que parece maldito cabrón!? ¿¡Entonces qué es!? - continúo gritando fuera de sí. No puedo, sencillamente no puedo procesar todo lo que acaba de ocurrir. Sabía que me ocultaba cosas, pero esto es demasiado. Realmente duele la traición. Antes de que alguien diga nada, me doy la vuelta y salgo de la habitación corriendo. Escucho a Leo gritar a mi espalda, pero no pienso escuchar nada de lo que me quiera decir. Esta vez no. Consigo salir de la casa a pesar de que muchos curiosos me observan correr con el maquillaje corrido y las lágrimas disparadas. Una vez fuera no sé hacia dónde ir. Me siento tan frustrada en este momento, pero sobre todo me siento tan estúpida, y muy humillada, a la vez que insultada y, y... un millón de sentimientos me recorren todo el cuerpo. Me abruma de manera exorbitante todo esto…no puedo, sencillamente todo esto me supera con creces. Es tal la presión que siento en mi pecho que termino corriendo a uno de los matorrales que hay en el jardín y noto como la rabia asciende por mi garganta en el momento en el que comienzo a vomitar. Mientras mi cuerpo se vacía, la rabia sigue aumentando y las lágrimas corren con más furia por mis mejillas.
- ¿Emma? – preguntan detrás de mí. - ¡Ay Dios! ¿Estás bien? ¡Aaron, ven! Emma, no se encuentra bien – escucho a Ivana llena de preocupación correr hacia mí. – Emma, no te preocupes, yo estoy aquí – dice en tono tranquilizador mientras me aparta el pelo de la cara. Cuando por fin me detengo, me giro hacia Ivana y empiezo a llorar con fuerza.
- Iv… yo…. – balbuceo, pero me resulta imposible hablar.
- ¿Ivana que le ocurre a Emma? – Aaron acaba de llegar con Daniela y Martina.
- No lo sé. Estaba vomitando y ahora no para de llorar – explica. Las chicas se acercan a mí con preocupación en el rostro y me ayudan a levantarme del césped.
- Vamos Emm, ¿Qué ha ocurrido? – intenta saber Martina.
- ¿Cariño que ha ocurrido? ¿Algo te ha sentado mal? – Pregunta Daniela, pero antes de que me dé tiempo a abrir la boca, Leo sale de la casa y me ve.
Inconscientemente me tapo la boca para no volver a vomitar e intento moverme para salir huyendo de aquí. No puedo con esto, no quiero hablar y mucho menos tener que verle. Leo se acerca hasta nosotros y su rostro muestra culpabilidad. Antes de que nadie abra la boca, las chicas se colocan delante de mí.
- ¿Qué le has hecho? – Martina le observa desafiante. Está muy enfadada, algo inusual en ella.
- Dejadme hablar con ella – pide.
- Aaron llévatelo de aquí – dice rápidamente Ivana.
- Leo, te advertí hace muchos meses atrás de que la dejaras en paz. Emma es mi amiga y no vamos a consentirte que le hagas daño. – Las chicas han creado una barrera para evitar que Leo pueda acercarse a mí, y no saben hasta que punto me alivia que hagan esto.
- ¡No he hecho nada! Si solo me dejarais hablar un momento con ella…
- Tío, déjala esta noche que se tranquilice y mañana habláis – Aaron es bastante persuasivo pero Leo no se rinde.
- ¡Cállate! No necesita tranquilizarse, lo que necesita es que os vayáis y me dejéis hablar con ella.
- No… - musito. Las chicas se giran y me observan sorprendidas.
- Emma…. – Leo estira el brazo para intentar tocarme y levanto la vista hacia él.
- ¡He dicho que no! – golpeo su mano para alejarlo de mí. – ¡Leo no quiero escucharte absolutamente nada de lo que me digas! No te voy a creer digas lo que digas o prometas lo que prometas. Acabas de hacerme daño….mucho daño, y ¡no pienso perdonarte nunca!
- ¡No! – suplica.
- ¡Cállate! ¡No tienes derecho alguno a decirme lo que debo hacer! ¡Me has engañado todo este tiempo! Te he creído, te he amado y te lo di todo…. – me muerdo el labio y el nudo en mi garganta se hace más fuerte. - ¡¡Te odio!! – grito a la vez que aprieto los puños.
- ¡Emma por favor! – suplica, pero antes de que nos dé tiempo a reaccionar a alguno, abro mi mano y la estampo en la cara de Leo con todas mis fuerzas.
- ¡No quiero volver a verte nunca más! – las lágrimas han vuelto a brotar y empiezo a llorar otra vez. - ¡Era más feliz antes de conocerte! ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Te odio! – me llevo las manos a la cara sin parar de repetir esas dos palabras.
- Emma, voy a llevarte a casa. – Dice Aaron después de varios segundos en silencio.
Aparto mis manos de la cara y con Ivana cogiendo mi mano, comienzo a andar hasta donde está el coche de Aaron. Martina y Daniela se unen a mí y las cuatro nos dirigimos hacia el coche. En un momento, giro la cabeza y veo a Leo caer sobre sus rodillas y mirar al suelo. Aaron se acerca y, posando su mano en la espalda de Leo, le dice algo y luego se aleja para reunirse con nosotras.
****
Me paso todo el camino a casa llorando sin parar. Nunca creí que ocurría algo como esto pero así ha sido… no sé de qué me sorprendo pues siempre supe que lo mío con Leo nunca tendría futuro. Siempre tuve miedo de que me hiciera daño y eso mismo hizo….ya desde el principio tuvimos problemas, pero una parte de mí deseaba que funcionara. No puedo creerme que me haya engañado. No sé que es peor, si que me lo advirtieran o haber tenido que presenciarlo todo. Solo el mero hecho de recordarlo hace que sienta ganas de vomitar otra vez. Las chicas no me obligan en ningún momento a contarles el por qué de nuestra pelea, bueno, más bien ruptura. No me siento capaz de contárselo sin sufrir un ataque de ansiedad. Por primera vez en la vida, me siento vulnerable en todos los aspectos y no soy capaz de salir de este estado de shock donde no dejo de llorar como si fuera el fin del mundo.
- Emma, ya hemos llegado a tu casa – dice Aaron con voz suave.
- Si quieres puedes venir con alguna de nosotras – Daniela me acaricia la cabeza a modo de consuelo.
- No…- niego con la cabeza.
- Emm, no estás bien, ¿de verdad prefieres quedarte sola? – insiste Ivana.
- Sí… - respondo con un hilo de voz.
- Voy a matar a ese cabrón – escucho decir a Martina entre dientes.
- Emma, yo… sé que no debería meterme porque Leo es mi amigo… pero sea lo que sea que te haya hecho, debes perdonarle. Estoy seguro de que se arrepiente.
- Serme infiel no es algo que pueda perdonar…. – consigo decir antes de romper a llorar otra vez. Todos se quedan mudos antes mi declaración. Ninguno me exige saber más dado mi estado, así que se limitan a despedirse y darme un abrazo para reconfortarme. Incluso Aaron me da un abrazo y promete golpear a Leo por hacerme llorar. Entro en casa, intentando no hacer ruido alguno hasta llegar a mi cuarto, donde me pongo el pijama de los bajones y me hecho sobre la cama.
Me duele muchísimo la cabeza y apenas puedo abrir los ojos después de llorar tanto. Siento la enorme necesidad de llamar a Alex, pero me siento egoísta al hacerlo. No quiero arruinarle el año y hacerle volver antes, pues sé que es capaz de volver en cuanto lea mi mensaje sólo para darle una paliza a Leo. Pero necesito que me diga que todo irá bien… Alex es el único que puede ayudarme a superar esto. Finalmente me decanto por el egoísmo y cojo el móvil. En vez de escribirle, termino enviándole un mensaje de voz.
-Alex yo…..- sollozo. – Yo solo quería felicitarte el año y saber cómo estás…. Sé que hablamos el otro día pero…te echo de menos y, y…..- rompo a llorar. – Oh Alex, ni siquiera por audio puedo mentirte…es cierto que te extraño mucho pero el motivo del mensaje es que… he roto con Leo…. por favor, no quiero que me digas “ya te lo dije” o que vuelvas antes de tiempo sólo para que estés conmigo… solo quiero que me digas algo, unas palabras de apoyo o…. lo que sea… Alex perdóname por no cumplir nuestra promesa…. por meterme en líos, he terminado así…. – esto último consigo decirlo con un hilo de voz.
Corto el mensaje en ese momento y vuelvo a echarme a llorar sobre la cama hasta quedarme dormida.
*****
Después de ese comienzo de año tan desastroso, los días me parecían todos iguales, el nudo de mi garganta permaneció ahí durante varios días… que ahora me parecen lejanos. Aun recuerdo como al día siguiente me lo pasé encerrada en mi habitación. África fue la única que entró y a la que le conté lo sucedido. Sorprendentemente, no solté ni una sola lágrima mientras se lo contaba. Ella escuchó cada una de mis palabras sin interrumpirme y estuvo todo el tiempo a mi lado, acunándome con su aire maternal,… y me excusó ante la familia para que nadie supiera el por qué no bajaría en todo el día. Y durante varios días me llamó para ver cómo me encontraba. Alex también me llamó en cuanto oyó el mensaje y en vez de regañarme como creí que haría, me animó y prometió estar a mi lado en cuanto volviera el día ocho. Y cumplió su promesa, desde que vino una semana después de que Leo y yo nos separásemos, no se apartó de mi lado, nunca me dijo nada que pudiera hacerme daño y me reconfortó en todo momento. Me animaba siempre que podía contándome anécdotas de sus vacaciones o incluso haciendo bromas de las suyas… pero me sentía incapaz de reír o esbozar una sonrisa si quiera….
*****
Ya han pasado dos semanas desde aquello, casi parece como si todo hubiera sido un sueño…. ¿Por qué? Todavía no me creo que después de todo lo que hemos vivido Leo lo haya echado todo por la borda así…Me ha engañado con su ex novia… ¡Esto no puede estar pasando! Una parte de mí quiere creer que solo tuvimos otra de nuestras peleas y que terminaremos solucionándolo. Pero eso no va a ocurrir… Después de nuestra ruptura no he vuelto a verlo u oír su voz. He estado tentada en más de una ocasión a llamarle o dejarle a algún mensaje, pero no lo he hecho. Pienso que debería ser él el que debería venir a buscarme, y no yo. Leo debería venir y pedirme perdón, darme algún tipo de explicación o yo que sé… pero al menos hacer algo y no renunciar como lo ha hecho…pero no lo hará. Recuerdo como le grité que le odiaba y que no quería volver a verlo, estaba tan furiosa…. y aún sigo furiosa, pero lo extraño tanto a pesar de sentirme tan traicionada…¿alguna vez me quiso de verdad?
Desde que conozco a Leo, me he acostumbrado a escuchar música a oscuras en mi habitación. Buscando siempre algo, pensar, recapacitar, meditar, querer desaparecer o llorar porque ha hecho una estupidez…esa es la que más se repite. No me puedo creer que lo haya dejado todo, ¿cómo le ha resultado tan fácil dejarme? Así, sin más, después de tanto prometer que no lo haría y sin embargo, esta vez lo ha hecho. Tengo la lista de reproducción con las canciones más tristes que puede haber, como es normal, ninguna me sube la moral, así que no sé ni siquiera por qué siempre la acabo poniendo. De pronto suena un tema de la banda sonora de Burlesque, “You haven’t seen the last of me” de Cher. Me incorporo de la cama y escucho atentamente los tres minutos de canción, embebiéndome con las palabras de Cher. Ella tiene razón, Leo aún no ha visto lo último de mí. Por mucho que me haga daño, volveré a ponerme de pie….porque soy una chica luchadora. La última vez me vino todo de grande, pero se acabó la clausura en casa, se acabó el sentirme mal sin saber por qué. Exijo una explicación antes de dar por terminado todo lo que construimos y él destruyó sin el menor de los escrúpulos. Esto aún no ha terminado…
Con decisión, me levanto de la cama, enciendo la luz y me dirijo hasta el armario. Cojo algo de ropa antes de dirigirme al baño y quitarme las pintas de pordiosera que llevo desde año nuevo. Todavía me siento culpable por haber faltado todos estos días a clase, pero en mi estado, parezco realmente enferma y mamá ha preferido dejarme en casa creyendo que he cogido la gripe estomacal de la que todo el mundo habla. Me ducho y me arreglo todo lo rápido que puedo, me maquillo un poco para parecer presentable y no se me note lo demacrada que estoy. No quiero que me vea destrozada, quiero que me vea bien sin él, que vea que lo he superado. Me aplico un poco más de rímel y me enfundo en unos jeans oscuros, mis vans negras y un jersey azul marino con dos corazones blancos.
- Mamá voy a salir – digo mientras bajo las escaleras.
- Cariño, ¿te encuentras bien para salir? – pregunta preocupada.
- Sí mamá – intento sonreír, pero me sale una cara muy rara, así que me ciño a seguir con los labios en una línea recta. – Quiero despejarme un poco.
- Vale, cariño, no tardes mucho.
- No lo haré – espero. Salgo de casa y me dirijo hasta mi destino.
He tenido que andar mucho y coger uno de los urbanos que va hacia las afueras, pero, por fin he llegado a su trabajo. No tengo muchas más opciones, ya que, no sé donde vive y sigue sin coger el móvil o simplemente contestar a mis mensajes del facebook o whatsapp. Lo he intentado por las buenas, le he avisado de que quería hablar con él. No hemos peleado tanto pare tener esta mierda de ruptura. Si este va a ser el final, al menos quiero que termine bien.
El bus me dejó en la parada, pero tuve que andar varias calles hasta llegar al edificio donde trabaja. Suelto un largo suspiro, alzo la vista observando el cielo. Hoy esta gris, lleno de nubes que apenas permiten pasar la luz, creando un ambiente taciturno, tal y como me siento. Giro la cabeza al enorme edificio que tengo enfrente y empiezo a tener dudas… pero no, he de seguir, no puede hacerme esto, ya no. Con paso firme entro en el edificio y me acerco a recepción. Ingrid está al teléfono, pero en cuanto me ve, cuelga y me atiende con una sonrisa.

-Vaya, ¡cuánto tiempo sin verte! ¿En qué puedo ayudarte?

-Ehhh…. – joder me he quedado en blanco. ¿Y ahora qué? - Verás yo... venía, es decir....pasaba por aquí…sí, eso, y bueno, m-m-me preguntaba si Leo estaba....bueno, trabajando y eso… y es una chorrada, p-p-pero solo era p-para darle una s-sorpresa, ya sabes… - balbuceo de forma atropellada. Solo espero que haya colado.
- ¿En serio? – pregunta sorprendida. – Oh, pues qué lástima, Leo no está – dice en tono triste.- Se fue diciendo algo de que necesitaba tiempo o no sé qué y lleva toda esta semana sin venir. Perdona cielo, te has dado una paliza para nada, ¿quieres que le llame y le diga que has estado aquí?
-Eh, no, no, gracias, de verdad. No hace falta que le digas nada, no quiero molestarlo...yo, solo pasaba por aquí....esto, gracias, adiós – respondo rápido y me voy corriendo de allí. En cuanto salgo del edificio empiezo a sentir un enorme vacío en mi pecho. Los recuerdos de aquel día me embargan de una manera que me resulta imposible de describir. No puedo creer que después de lo que hemos vivido se aleje de mí de esta manera. Si me quería tanto, ¿por qué lo estropeó todo?
Inspiro con fuerza y suelto el aire a la vez que vuelvo a observar el cielo. Solo he estado dentro unos minutos, sin embargo, el cielo está tan oscuro como yo… pronto empezará a llover y no tengo paraguas, pero, ahora mismo, me importa una mierda. Camino sin rumbo fijo, con la mirada perdida por las calles que poco a poco voy dejando atrás. Quiero irme a casa y encerrarme otra vez en mi habitación, pero allí solo me sentiré peor… Ahora me siento muy estúpida por lo que acabo de hacer. Debería haberme estado quieta y no haber salido nunca de mi zona de confort… Me he arriesgado demasiado y no solo he salido herida, sino que, siento que me he llevado una patada en el culo al salir. Leo no ha ido en toda la semana, ¿se sentirá tan destrozado como yo? No, imposible… habrá aprovechado para irse con Colette a algún hotel como hizo conmigo y disfrutar de su burbuja de amor, donde una vez me prometió a mí que nunca me haría daño…Una gota cae del cielo, directa a mi mejilla. Está fría, pero no siento nada, sigo caminando y poco a poco comienza a llover con más fuerza. La gente sin paraguas corre a mi alrededor para resguardarse de la lluvia, los que tienen paraguas caminan tranquilos, ajenos a todo. Estoy completamente empapada, pero no quiero correr… no tengo fuerzas, estoy cansada y mi casa está muy lejos. Para volver, tendría que darme la vuelta e ir hasta la parada y esperar hasta que viniera el bus para volver, pero estando tan mojada fijo que no me dejarían subir. Porque seguro que me toca el típico conductor de cuarentón, gordo y con bigote, que está harto de su trabajo y regaña a todos los pasajeros por nimiedades…
Sacudo la cabeza y dejo de pensar en mi mala suerte para seguir caminando ajena a todo mientras unas lágrimas salvajes abundan en mis ojos, deseando unirse con la lluvia. Las libero, y mis mejillas son una corriente de lágrimas calientes fundidas con la lluvia fría….y aun así, sigo sin sentir nada. Camino y solo me hace reaccionar un golpe que me tira al suelo. Levanto la vista y veo una figura delante de mí.
- ¿Estás bien? - pregunta una voz familiar.
-¿Qué? - musito sin comprender y alzo la vista.
- Emma, ¿eres tú?
Las lágrimas ruedan por mis mejillas sin control alguno

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