lunes, 2 de mayo de 2016

Capitulo 37

Me dejo llevar por su beso, que poco a poco empieza a tomar forma, nuestras lenguas se vuelven una, fundiéndose en nuestras bocas. Mientras, Leo me pega más a él colocando una de sus manos en mi espalda. Subo mis manos hasta su cuello y empiezo a juguetear con su cabello. Ahora que Leo me ha confirmado que todo lo que me habían dicho era mentira, mi conciencia está algo más tranquila…. todavía no puedo respirar del todo a gusto, pues Colette pronto sabrá que se lo he contado a Leo. Sin embargo, no tendré que enfrentarme a ella hasta que vuelva a clase, y para entonces ya habré pensado en algo…
Dejo mis pensamientos y me centro en lo que tengo ahora, a un Leo achispado y excitado que ha dejado mi espalda para posar su mano en mi culo, mientras me besa con pasión.
- Leo… - lo riño. - Cualquiera podría vernos…
- Nena aquí no hay nadie, y esta noche es para esto…- dice mientras abandona mi boca y ataca ferozmente mi cuello. Echo la cabeza hacia arriba y disfruto como mordisquea y chupa cada punto de mi cuello mientras con una mano acaricia mi culo. La otra mano abandona la cadera y se acerca insinuosamente hasta el final del vestido.
- ¿Q-qué haces? – digo entre pequeños gemidos.
- Shhh…- me silencia mientras comprueba que no hay nadie por los alrededores, para así poder meter su mano por debajo del vuelo. Ha empezado a subir poco a poco por mis medias hasta llegar a mi sexo.
- Leo….nos pueden ver… - intento decir, pero es tan difícil hacerle parar cuando noto sus caricias mientras besa con fervor mi cuello, hasta subir al lóbulo de mi oreja y morder. Un jadeo escapa de mis labios y noto como Leo esboza una sonrisa.
- Nena…olvídalo todo y déjate llevar por mí – me dice con voz ronca mientras sigue acariciándome por encima de las medias.
- Nos…van…a ver… - esta es una tortura demasiado maravillosa.
- ¿Prefieres seguir en mi coche? – dice tras detenerse. Abro los ojos y cuando estoy a punto de protestar por detenerse, recuerdo que me ha hecho una pregunta. ¿Debería? Joder, estoy bebida y muy cachonda, claro que quiero.
- Sí… - casi suplico.
- Genial – las pupilas de Leo se dilatan aún más si es posible, coge mi mano y casi que tira de mí para llegar lo más rápido posible al coche.
Su coche está aparcado en un pequeño aparcamiento con poca iluminación. En otra ocasión me quejaría alegando que de esa forma solo consiguen que haya más delincuencia en el tema automovilístico, pero dada las intenciones que Leo y yo tenemos en mente, agradezco que la luz sea tan pobre. Leo saca las llaves con cierto nerviosismo y abre la puerta. Me hace pasar y mientras me subo, él da la vuelta y se coloca en el asiento del conductor. Cierra la puerta y veo como echa hacía atrás el asiento para que haya más espacio. Me hace un gesto para que me coloque sobre él, pero pongo mi mano delante.
-¿Qué? – pregunta. Le sonrío y me agacho para desabrocharme los tacones y quitarme las medias. Todo bajo la atenta mirada de Leo.
- Ya estoy lista – respondo con una sonrisa mientras me subo encima de él a horcajadas. Poso mis manos sobre sus hombros y empiezo a besarle muy despacio, saboreando cada contacto que tienen nuestros labios, Leo envuelve sus brazos en mi cadera y me pega más a él para no dejar ni un milímetro de espacio entre nosotros. Muerdo su labio inferior y gruñe, dejo su boca y me dedico a besarle por todos lados, primero en la cara, …y luego en su cuello, donde muerdo a la vez que chupo o succiono, dejándole pequeñas marcas rojas. Leo a su vez deja de apretarme contra él y se dedica a acariciarme el culo con ambas manos por encima del vestido, hasta que se cansa y mete las manos por debajo de este con la intención de acariciarme por debajo de las bragas.
- Mucho mejor – gruñe otra vez. – Nena me encanta tocar tu piel….es tan suave… - sigue amasando con fuerza mientras sigo besándole. Empiezo a tener ganas de más e inconscientemente empiezo a menear mis caderas adelante y hacia atrás.
- Joder… - jadea Leo con los ojos casi cerrados. Su mano izquierda abandona mi culo y se acerca de nuevo a mi sexo ahora húmedo. Leo se deja de miramientos y mete la mano por dentro de mis bragas y me acaricia igual que antes. – Estás tan mojada… - sisea. Sigo restregándome, pero esta vez en su mano, deseo esa fricción…la necesito….
- Leo…- jadeo.
- Lo sé, nena. Pero tendrás que esperar un poco… - dice mientras introduce un dedo.
- Por favor….- gimo. Esta tortura me está matando…es deliciosa, pero a la vez me mata….necesito más….quiero más…. – Leo, por favor… - suplico con las pocas fuerzas que tengo mientras introduce otro dedo y continua con ese trance de entra y sale.
- Nena ¿no quieres correrte así? – pregunta mientras se muerde el labio. Asiento pero luego niego con la cabeza, quiero que me libere pero no así…
-Leo…- vuelvo a gemir – por favor…
- Vale, vale… - me da un breve beso en los labios y quita sus dedos de mí. No sin antes coger mis bragas y empezar a bajarlas. Como puedo, me levanto un poco y él termina de bajármelas hasta dejarlas al lado de mis tacones. Mis piernas son ahora mismo mantequilla pura, Leo me ha vuelto completamente loca.
- Leo…
- Shhh no digas nada nena – me dice con una sonrisa. – Aquí lo tengo. – Saca de su bolsillo un envoltorio plateado y me lo enseña.
-¿Sabías que terminaríamos así? – pregunto.
- No, pero yo deseaba terminar así – se muerde el labio inferior intentando reprimir una sonrisa.
- Trae – se lo quito y lo rasgo. Observo a Leo y luego a su creciente erección. Leo sigue mi mirada y entiende que quiero. Me aparto un poco y antes de que él haga nada, yo le estoy desabrochando el cinturón, el botón y estoy bajando la cremallera.
-Veo que alguien tiene muchas ganas – dice con cierta petulancia. Él se encarga de bajarse el pantalón y el bóxer lo justo para liberar al kraken. Me quita el condón y se lo coloca en un abrir y cerrar de ojos. - ¿Lista? – asiento con una sonrisa pícara y me pega a él para penetrarme rápido. Hago una mueca de incomodidad y Leo se queda quieto.
- Es solo mi segunda vez, todavía es incómodo…- me muerdo el labio inferior algo tímida.
- Pues iremos más despacio – responde Leo posando su mano en mi barbilla y subiéndola para que le bese.
La llama que estaba casi extinta vuelve a resurgir con fuerza y empiezo a menear mis caderas adelante y atrás como antes. Leo ha vuelto a colocar sus manos en mi culo y mientras lo acaricia va dando cierta presión para penetrarme un poco más cada vez. Conforme más me muevo, menos incomodidad empiezo a sentir y cojo así, más confianza para seguir. Leo por su parte ha empezado también a menear sus caderas y propinarme unas cuantas embestidas. Cada una es más firme que la anterior y cada una va unida a algún gruñido o un jadeo de alguno de los dos. El placer va recorriendo mi cuerpo como si de una descarga eléctrica se tratase, echo mi cabeza hacia atrás y gimo desde lo más profundo de mi garganta mientras Leo sigue entrando y saliendo.
Esto es una jodida locura. Hace menos de diez minutos nos estábamos chillando como posesos y ahora estamos aquí, haciéndolo en su coche. Nuestras hormonas están a flor de piel y es imposible tratar de controlarlas cuando ambos deseábamos hacerlo…Leo está bajando el ritmo y antes de poder preguntar noto como agarra ambos pechos y los acaricia a pesar de estar el sujetador y el vestido en medio. Mi respiración se hace más artificial con las embestidas y las caricias y siento que voy a estallar muy pronto…
- Leo….- gimo. – Por favor….ahhhh…. – jadeo en cuanto su boca impacta contra mi cuello y succiona. Este hombre es una máquina imparable.
- Nena....- gruñe. – Ojalá…pudiera…quitarte….el vestido…. y agarrarte mejor…..- habla mientras continua mordiendo centímetro a centímetro de mi cuello.
- Por favor… más rápido….- gimo desesperada. Ir tan despacio alarga este momento, pero mi cuerpo se está tensando y tiembla por todo el deseo acumulado.
- ¿Estás segura? – gruñe mientras se separa de mi cuello.
- Por favor… - me cuesta mantener los ojos abiertos y el regocijo de mis entrañas me está volviendo completamente loca.
- Está bien – sonríe con petulancia. Suelta mis pechos y me agarra el trasero para pegarme más a él, haciendo que se hunda más en mí y yo ahogue un jadeo. – Mírame – me pide.
Intento abrir los ojos y mirarle mientras él me agarra con más fuerza y me embiste con más ferocidad, de forma salvaje. Intento morderme el labio para no gritar como una loca, pero se me torna una misión imposible cuando noto esa presión en mi vientre. Una embestida tras otra, cada vez más rápido, con más fuerza….Leo se ha vuelto loco y tengo que agarrarme a sus hombros para poder continuar su ritmo. Ejerce más presión y sé que le estoy clavando las uñas, pero eso no hace que Leo pare. Continúa en esa línea de precisión, dura y firme…una embestida tras otra, complaciendo todos y cada uno de los deseos de mi cuerpo….solo he necesitado otras dos embestidas más para gritar el nombre de Leo mientras él se une a los pocos segundos con otro grito ensordecedor. Me cuesta abrir los ojos después de la explosión de placer acontecido ahí abajo, pero hago acopio de mi esfuerzo y me pego a Leo, enterrando su cara en mi pecho, acariciando su cabello mientras intento que se regule mi respiración.
- Nena… - intenta decir Leo sin aliento. – Ha sido…guau….
- Totalmente…. de acuerdo….
Permanecemos así por bastante rato, intentado regular nuestra respiración, apaciguar los latidos de nuestro corazón y disfrutar de nuestro pequeño contacto. Cuando siento que mis piernas empiezan a dormirse me separo ligeramente de Leo, quien me dedica una sonrisa de oreja a oreja.
- La mejor almohada del mundo – dice mientras observa mis pechos y los manosea de arriba abajo.
- Leo, para – digo entre risas.
- Nena, cada vez me sorprendes más – se detiene y me observa con sinceridad. Me acerco y le doy un beso en los labios. – Eres fantástica.
- Y tú eres el mejor – con todas las fuerzas que me quedan, me separo de Leo, me siento en el asiento del copiloto y busco el espejo para arreglar el desastre que he liado. Estoy ligeramente sudorosa, mi pelo está alborotado y el rímel corrido. De reojo veo a Leo quitarse el condón, abrocharse el pantalón y bajar la ventanilla del coche. - No irás a tirarlo ahí, ¿no? – arqueo una ceja mientras miro al condón y luego a él.
- ¿Y qué quieres que haga? ¿Me lo quedo de recuerdo? – pregunta mientras se encoge de hombros.
- Vamos Leo, ¿y si alguien lo ve? ¡Es asqueroso! Tíralo en otro sitio.
- Nena, en estas noches un condón usado es lo más normal que puedes ver en las calles. No pasará nada – y con ese argumento lo desecha como si tal cosa. Lo miro mal durante unos instantes, pero enseguida paso y me coloco las bragas, las medias y los tacones. - ¿Por qué vuelves a vestirte?
- Porque he de ir a recoger mi chaqueta – recuerdo. – La dejé dentro y no puedo volver sin ella.
- Puedes recogerla mañana. Ven a casa conmigo
- ¿Qué? Leo no puedo irme contigo. ¡Mis padres esperan que esté allí por Navidad!
- Y los míos, pero si nos levantamos pronto podremos estar en casa a tiempo.
- Leo no puedo. Debo volver a casa.
- Está bien – cede con cierto mal humor.
- Mañana podemos vernos un rato – le digo para que no se ponga de morros.
- ¿De verdad? – pregunta con cierto mohín.
- Sí, de verdad – le sonrío. A pesar de ser un adulto, la mitad del tiempo se comporta como un crío. – Además, tengo un regalo de Navidad para ti.
- ¿En serio? – pregunta ahora sorprendido.
- Sí – asiento y me salgo del coche. Leo me imita y cierra con llave mientras doy la vuelta y llego hasta él.
- ¿Y qué es? – pregunta con ilusión.
- No puedo decírtelo – me río.
- ¿Por qué? – pregunta desilusionado
- Leo no seas niño, mañana lo verás.
- No sé si podré esperar – me río al ver su mirada de cachorrito y termina uniéndose a mí.
Coge mi mano y juntos nos vamos al local para recoger nuestras chaquetas. Las chicas seguro que me preguntaran donde me he metido, pero estos últimos meses acabamos desperdigadas siempre que salimos de fiesta. Una chica encargada del guardarropa nos entrega nuestras respectivas chaquetas y mientras Leo va a por el coche, yo me quedo en la puerta esperando a que venga.
-¿Ya te vas? – preguntan a mi espalda.
- Naim – me giro con una sonrisa. – Sí, Leo me va a llevar ya a casa. Estoy cansada y mañana es Navidad.
- Cierto. Creo que yo también me iré. Son casi las seis.
- ¿¡Las seis ya!? – grito sin querer.
- El tiempo vuela cuando eres joven – se ríe.
- Claro, como eres tan mayor – me burlo.
- Tal vez, cuando tengas mi edad… - y sin terminar la frase ambos estallamos en carcajadas. Adoro a Naim, con él es todo tan fácil.
En seguida aparece el coche de Leo y toca el claxon para llamar nuestra atención. Baja la ventanilla del copiloto y nos llama.
- Emma sube – me dice. - ¿Naim ya te vas?
- Sí, estoy muerto. Necesito dormir unas cuantas horas si quiero ser persona.
- Sube y te llevo.
- Gracias tío.
Al igual que la última vez, Naim y Leo se quedan delante y yo me quedo atrás para dejarles hablar tranquilamente mientras yo lucho por no quedarme dormida….
****
Despierto horas después en mi cama. Escucho mucho ruido abajo, por lo que deduzco que han empezado la fiesta sin mí. Anoche me despedí de Leo y Naim como siempre, pero a Leo le dejé un mensaje con una hora y una dirección. Me gustaría pasar parte de la navidad con él, así que he optado por cine y cena. Entonces le daré mi regalo. También tengo un regalo para Naim, pero no sé cuando debería dárselo.
Bueno, ya veré. Mejor bajo de una vez y veo por qué hay tanto follón a las….vale son la una y cuarto, no he dicho nada. Me cambio y me pongo un chándal para no ir en pijama y en cuanto llego abajo y entro al salón veo el árbol, que días atrás África, Alex y yo montamos repleto de regalos, a papá viendo la tele con Fran y hablando de su empresa y a mamá correteando de un lado para otro con platos. Afri por otro lado no para de dar vueltas mientras habla por el móvil.
- ¿Ya te has despertado, cariño? ¡Qué bien! Tu hermana estaba a punto de ir a buscarte – dice mamá antes de salir disparada a la cocina.
-¡Feliz Navidad hermanita! – chilla Afri mientras me envuelve en sus brazos. – Tenía muchas ganas de que te despertaras y abrir los regalos de una vez – dice con una sonrisa.
-¿Por qué mamá corretea tanto? – pregunto confundida.
- Los abuelos vendrán en breves a comer y quiere que todo esté perfecto, ya sabes – ambas nos reímos a costa de mamá y su obsesión por la perfección.
La verdad es que disfruto mucho de esta época del año. Toda la familia se reúne, bueno, hoy no ha podido ser, pero en año nuevo estaremos todos y pasaremos momentos únicos y divertidos. Mamá prepara un festín digno de un rey y comemos todos entre anécdotas y risas, y tras eso, abrimos los regalos de navidad. África se ha emocionado al ver la ropa de bebé que le hemos regalado y algún que otro detalle para su bebé. Todavía queda, pero no pudimos resistirnos al verlo. Cantamos villancicos y vimos la típica película navideña que ponen todos los años en televisión. Lo estamos pasando realmente bien, por lo que siento cierta lástima al decirles que he quedado para salir.
He quedado con Leo a las ocho para ver la película en el cine. No he visto la cartelera así que no sé si habrá alguna buena, en todo caso, siempre puedo tirar del plan B…. vale, no tengo plan b, pero siempre podemos pensar en algo juntos. Me preparo para mi cita con un conjunto básico pero a la vez bonito. Una camisa de cuadros, una falda y mis botas negras. Me plancho el pelo y me maquillo un poco para ir guapa. En realidad me hace bastante ilusión esta cita…nuestra primera navidad, vuelvo a sonreír al espejo y observo de reojo el regalo que hay encima de mi escritorio. Me acerco hasta él y acaricio el envoltorio con la yema de los dedos. Al lado está el regalo de Naim… realmente quiero a Leo, pero a veces tengo la sensación de jugar a dos bandas….
****
A las ocho y cuarto Leo y yo estamos delante del cine mirando la cartelera sin decidirnos. Hay una peli de miedo, otras dos que no nos gustan y otras dos que sopesamos.
- ¿Y si vemos “La teoría del todo”? Tiene pinta de estar bien – sugiero después de un rato de indecisión.
- Vale, pero debemos darnos prisa, porque está a punto de comenzar. – Leo coge mi mano y marchamos a la sala donde echan la película.
Como es normal en ese día, el cine no está muy lleno, pero aún así, este cine está abierto. El dueño es un hombre mayor que, a pesar de estar jubilado no deja que nadie que no sea él lleve su cine, y da igual el tipo de fecha en la que estemos, él siempre está disponible para cualquier persona que quiera ver una película. Leo y yo nos sentamos justamente en el centro de la sala para tener una visión perfecta, antes de entrar hemos comprado refrescos y unas palomitas porque, según Leo, ver una peli sin palomitas es como si no vieras una peli. Empieza a sonar una música y la película da comienzo, me quedo absorta viendo la película, tanto, que cuando Leo pasa su brazo por encima de mis hombros doy un pequeño salto.
- ¿Te he asustado, nena?
- Sí….- respondo algo avergonzada. El susto ha sido bastante tonto ahora que lo pienso.
- ¿Quieres más palomitas? – me susurra Leo.
- No, estoy bien – sonrío.
- Vale – contesta y se recuesta más en mí.
La película continua y noto que Leo no deja de moverse. ¿Le ocurrirá algo? Intento mirar qué hace por el rabillo del ojo y observo cómo mira hacia delante, pero muerde su labio inferior…, y entonces me doy cuenta de lo que pasa. Aunque más bien me doy cuenta cuando noto como su mano ha abandonado mi hombro y se encuentra a escasos centímetros de mi camisa. Los dos primeros botones están desabrochados y Leo está luchando con el tercero que conecta con mi escote.
- Leo… - musito.
- ¿Qué?
- Para – ordeno.
- ¿Por? No estoy haciendo nada malo – finge inocencia.
- Deja el botón, ahora – vuelvo a ordenar. Se detiene y respiro aliviada. Este hombre no para ni un solo segundo.
- Nena… ¿estás enfadada?
- No, pero no puedes ponerte a desnudarme en un cine.
- No te estoy desnudando, solo te iba a desabrochar unos botones….
- ¿Te parece poco? – pregunto enarcando una ceja a pesar de que sé que no me ve.
- Te deseo demasiado como para contenerme…
- Leo yo… - no consigo terminar. Leo me ha interrumpido besando mis labios, unos labios que saben a la sal de las palomitas, pero aún así sigue siendo dulce.
Si he de ser sincera, no sé cómo siguió el resto de la película, en el momento en que Leo posó sus labios sobre los míos, dejamos la película como cosa perdida y solo nos centramos en el otro. A pesar de que estaba el posa brazos en medio, no sé aún cómo, terminamos uno encima del otro, riendo, susurrando, pero sobre todo besándonos en la oscuridad del cine. Nuestros besos eran salados y cuando no era así, cogíamos palomitas para dar de comer al otro y volvernos a besar. Leo me metió mano un par de veces, pero siempre con cierta moderación…..después de regañarle un par de veces cuando se propasaba. Una cosa es enrollarnos en el cine y otra es montárnoslo cual peli porno.
Esto era lo que quería, una relación normal. Creo que, a pesar de habernos costado en un principio, al fin estamos preparados para estar juntos y seguir adelante. Debo de olvidarme de todo aquel que no sea Leo y vivir mi cuento de hadas. Puede que al final si existan los finales felices, y yo he encontrado el mío a la tierna edad de los dieciocho con el hombre de mi vida…. Ya no hay mentiras, ni engaños, solo, única y exclusivamente nosotros… Leo y yo….




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