domingo, 24 de abril de 2016

Capitulo 36

¿Por qué tenían que estar precisamente juntos? ¿Por qué? ¿Cómo se supone que voy a hablar con Naim sin que Leo se entere de lo que ha pasado y cómo voy a hablar con Leo sin armar una pelea monumental? Tal vez si consigo separarlos….pero no sé cómo…no puedo separarlos personalmente sin que sospechen de algo… Veo entonces entrar a Aaron e Ivana y me acerco a ellos.
- Aaron, ¿puedo pedirte un favor sin tener que darte ningún tipo de explicación? – pregunto atropelladamente.
- Concederte un favor, a la amiga de mi novia, sin ningún tipo de explicación y sin saber qué intenciones pueden repercutir…– cavila escéptico- Claro – responde con una sonrisa. – Pide por esa boquita.
- Gracias – digo. – Necesito que distraigas un momento a Leo y lo separes de Naim. – Aaron me mira extrañado, pero entonces Ivana responde por él.
- Tranquila, nosotros nos encargamos de eso – me guiña un ojo y me da un apretón de manos para saber que cuento con su apoyo.
- Muchas gracias – ambos me dedican una sonrisa franca y observo cómo se acercan a estos. Aaron habla con Leo y veo como se alejan y dejan a Naim con Ivana. Momento que aprovecho para cercarme.
- ¿Naim? – pregunto con cierto miedo. Este se gira y me observa, primero con sorpresa, pero después con una sonrisa.
- Hola Emma, feliz Navidad – se acerca y me besa ambas mejillas.
- Feliz Navidad – respondo con una sonrisa un poco más tranquila. Jugueteo con mis dedos sin saber que decir. Naim tampoco hace un gran esfuerzo por sacar un tema, así que es Ivana la que se encarga de hacer algo.
- Bueno chicos, yo me voy a buscar a Aaron, pasadlo bien. Y por cierto, Emm me encanta tu collar. – Ivana se va en la dirección en la que se fueron Leo y Aaron y observo cómo Naim deja de mirar al suelo y observa el colgante que llevo alrededor de mi cuello.
- ¿Te gustó? – pregunta.
- Mucho – respondo con una sonrisa. - ¿Podemos hablar fuera un momento?.....Por favor.
- Claro – asiente, pero antes de salir coge su copa y me ofrece a mi otra. Abastecidos de alcohol, nos dirigimos a la puerta y nos quedamos en un apartado más solitario, lejos del ruido y de la gente. - ¿Qué ocurre?
- Yo ehhh…. – empiezo dubitativa y le doy un sorbo a mi bebida para tranquilizarme. Ya me he tomado algunas copas, así que, aunque voy bien, noto cierto achispamiento en mí. – Naim…quería haberte dado las gracias por venir a mi fiesta, pero tuve que irme y no pude despedirme.
- Lo sé, me lo dijo una de tus amigas.
- ¿Por qué fuiste a mi casa al día siguiente? – pregunto con nerviosismo.
- No me dijo el motivo por el que te fuiste, así que quise saber si estabas bien – se encoge de hombros y le da un sorbo a su bebida.
- Sí, estaba bien….es solo que mi sorpresa de cumpleaños incluía que me raptasen, pero podrías haberme llamado…. – me muerdo el labio inferior sin saber que otra cosa decir. – Gracias otra vez por el collar….pero no puedo aceptarlo….
- Emma, te llamé varias veces durante el fin de semana – responde como si fuera obvio. -¿Y por qué no puedes aceptarlo? Es un regalo.
- ¿¡Qué!? – debe haber un error. – Naim, mi móvil estuvo conmigo todo el fin de semana y no recibí ni una sola llamada – intento recordar todos los momentos del finde y no encuentro ninguno en el que escuchara mi móvil sonar.
- Pues es cierto – dice con cierto tono que me cuesta identificar.
- Si hubiera visto tus llamadas, te habría respondido. Además, yo te he llamado estos días y no me lo has cogido tampoco – esto es bastante raro.
- Eso es porque se me ha roto y lo están arreglando.
- ¿Se te ha roto? - eso mismo dijo Daniela, pienso para mis adentros.
- Sí, se me rompió el domingo. Quedé con los amigos un rato, dejé el móvil en un mal sitio y se me cayó.
- Que torpe – me río.
- No soy torpe, solo un poco despistado – se ríe conmigo. – Y ahora en serio, ¿no te gusta mi regalo? Me duele que digas que no puedes aceptarlo.
- Es que tiene pinta de ser muy caro y me cuesta aceptarlo – respondo con sinceridad. – No tenías por qué gastarte tanto dinero en mí.
- Menuda eres – me reprende en broma. – Emma, no es tan caro como crees, es solo un regalo, acéptalo sin más – me dice mientras posa su mano en mi hombro. - Trabajo y tengo un buen sueldo, no me voy a arruinar por una cadenita – me tranquiliza con una sonrisa.
- ¿Lo dices en serio? – pregunto aún con dudas.
- Sí, además – se acerca hasta mí, quedando a muy poco centímetros de distancia y cogiendo el colgante con cuidado de no hacerme daño. – Te queda muy bien.
- Muchas gracias Naim – sonrío con cierto nerviosismo. Que esté tan cerca hace que se me acelere el pulso.
- Deberíamos volver – me recuerda. – Leo se preguntará dónde me he metido.
- Seguro – Casi me había olvidado de él. Aunque conociéndolo, más que en Naim, pensará dónde demonios estoy yo.
Mientras nos dirigimos al interior del local respiro aliviada por haber solucionado el tema con Naim, ahora solo me queda Leo, quién supone el mayor problema. Debería dejar este tema para otro momento, pero no puedo retrasarlo más. Necesito despejar mis dudas sobre él, no puedo mantener una relación seria si solo hay secretos, mentiras y supuestamente engaños….este fin de semana me ha demostrado varias facetas, desde la más dulce hasta la más salvaje, pero aún necesito saber más de él. Sé que es un tema delicado, pero si ha bebido, que es lo más seguro, tal vez me sea más fácil sacarle la verdad. “¿por muy dolorosa que esta pueda llegar a ser?” pregunta mi yo interno. “Sí, y ahora cállate”, respondo a esa metomentodo. Llegamos hasta Leo que está hablando con alguien que no conozco, se separa de él y nos observa.
- Mira a quién me he encontrado fuera bebiendo sola – dice Naim nada más estar los tres a la misma altura.
- Emma, ¿qué hacías fuera sola? – pregunta con cierto tono de “jovencita te has metido en un lío”. Observo de reojo a Naim y aunque me encantaría matarlo por decirle eso a Leo, en el fondo agradezco que haya dicho que estaba sola y no con él.
- Estaba algo mareada con tanta gente y quería tomar el aire. – lo bueno de beber es que me hace buena mentirosa. Leo me observa no muy convencido, pero luego asiente y le da un sorbo a su copa.
- Voy a ver donde se ha metido Aaron – se excusa Naim y nos deja a solas. Leo observa cómo se va y luego posa su mirada en mí. Me dedica una sonrisa a medio lado y me besa en la mejilla.
- Estás congelada, pero sobre todo muy, muy sexy – dice mientras me mira de arriba abajo sin disimulo alguno.
- Tu también estás muy sexy – me muerdo el labio inferior y veo como le queda de bien los jeans y la camisa.
- ¿Quieres beber algo? – pregunta.
- Sí – si quiero hablar con él necesito que beba. Nos dirigimos hasta la barra y nos pedimos nuestras copas. Leo para no variar, me invita. En otra ocasión hubiera puesto resistencia y le hubiera prohibido pagar mi copa, pero si quiero hablar con él es mejor no hacerle enfadar antes de tiempo. Hablamos de cuatro banalidades mientras bebemos, no sé cuantas llevará él, pero como yo beba dos o tres más terminaré como en la casa de los estudiantes. Creo que Leo lo nota.
- Nena, ¿estás bien? – me dice al oído para que pueda escucharle.
- Si, un poco bebida – me río. - ¿Quieres bailar?
- Vale – asiente con una sonrisa, no sin antes beberse lo que le queda de bebida y la mitad de la mía.
- ¡Te la has bebido casi toda! – lo acuso.
- Ya te lo dije, es mejor que el irresponsable borracho sea yo – se ríe y coge mi mano para dirigirnos donde está toda la gente bailando.
Esta noche está siendo de locura, tengo a Leo cogido de mi mano mientras lo arrastro a la pista de baile, aunque me encantaría que su mano estuviera en otro sitio… ¡bufff que chorradas pienso! El alcohol ya empieza a hacer mella en mí. Solo quiero divertirme, no quiero hablar….ya tendremos tiempo. Está sonando “Sorry” de Justin Bieber y la gente baila como loca. Leo me detiene y me observa con su sonrisa perfecta, ¡Dios! Tengo ganas de besar esos labios…Suelto su mano y empiezo a bailar al son de la música. Él me sigue con entusiasmo, su forma de bailar es mucho menos torpe que la mía, pero también algo irregular. Creo que ambos vamos bastante pedo… La música nos envuelve y mis caderas se mueven solas. Leo está de espaldas a mí y coge mis caderas mientras se une conmigo en un baile que poco a poco está tomando un aspecto de lo más sensual. Alzo los brazos hacía la cabeza de Leo para acariciarle mientras contoneo mis caderas y restriego mi trasero por su entrepierna. Oigo los gruñidos procedentes de Leo mientras él me pega más a él y sus manos abandonan mis caderas para acariciar todo mi cuerpo.
- Nena…- susurra con voz ronca.
- Mmmm – respondo mientras meneo mis caderas de forma más descarada.
- Creo que es la primera vez que te veo bailar así….y me encanta – dice mientras me pega más a él y note como lo he provocado con mi baile.
- Me alegro – sonrío para mí mientras seguimos bailando.
Es entonces cuando Leo me coge de la muñeca y me gira para poder verme la cara. Se está mordiendo el labio inferior y su mirada brilla de forma especial. Le devuelvo la sonrisa y aunque me muero por besarle aquí mismo, me pego a él y le abrazo. Él me devuelve el abrazo y, durante unos minutos, permanecemos así, abrazados…sin que nada importe. Me separo poco a poco de él sin dejar de observar esos preciosos ojos azules que me devoran.
- Nena, ¿sabes bailar bachata? – pregunta mientras arquea una ceja.
- Ehhhh, no… - digo y empiezo a reír. No tiene gracia, pero el alcohol hace que todo me parezca divertido.
- Yo te enseño… - se humedece ligeramente los labios y su mirada se hace más penetrante. Empieza a sonar “Propuesta indecente” y Leo me coloca su mano en la cadera, mientras que con la otra me coge de la mano. – Bailemos – dice en tono sensual.
- Pero yo no sé…
- Solo mueve tus prominentes caderas con la misma sensualidad de antes y deja que yo te guíe – me guiña un ojo y me pega más a él. – Además, tu forma de bailar me enciende más rápido que una cerilla – dice a mi oído. Se me corta la respiración… mientras, mis mejillas están empezando a arder y la culpa no la tiene el alcohol precisamente…
Bailamos esa canción y varias más. Nos hemos dejado llevar, él por la música y quizá por el morbo, yo por el alcohol. No dejamos de restregarnos en cada baile que suena, incluso estamos empezando a estar sudorosos con tanto contoneo; solo hemos parado para beber alguna que otra copa, por lo que el achispamiento no baja, al contrario, sube como la espuma.
- Leo… ¿podemos parar un poco? – pregunto agotada.
- Por mí perfecto – dice mientras se pasa la mano por el pelo.
Nos alejamos del gentío y nos dirigimos hacia una mesa vacía situada al fondo de la sala. Leo me ayuda a sentarme y fijo la vista a mí alrededor. ¿Soy yo o todo se mueve mucho? No sé, ni siquiera sé dónde está Naim o donde están las chicas. Leo coge una silla y se sienta a mi lado. Coge mi mano y la acaricia. Dejo de mirar a la nada y me centro en él. Leo es todo cuanto una chica puede desear. Es un chico divertido, original y sabio, a pesar de ser tan joven, aunque tiene un carácter algo fuerte y oculta muchas cosas…Ambos permanecemos así, sentados, él acariciando mi mano y yo deleitándome con sus caricias, ambos sin decir una palabra. Toda esta noche parece digna de una película de Hollywood. Pero como siempre, esto es la vida real, y en la vida real todo se tiene que estropear en algún momento. Alguien choca con mi silla y me pego un susto que me hace dar un salto en el sitio. Es Lucas, que va con un ciego más grande que el mío. Me observa con una mirada pícara, pero en cuanto ve a Leo se retrae de las sucias intenciones que traía.
- Leeeoooo – rastrea las palabras y se centra en su amigo. – Tíooooo, ¡llevasss toda la noche perdidoooo!! ¡¡Deja a la cría y venteeee!! ¡Te quieroooo pressssentarrr a un pivón!
A pesar de mi embriaguez fulmino a Lucas con la mirada. Ojalá no fuera un delito asesinar a alguien, así podría asestarle un golpe en seco con la silla y abandonar su cadáver en una cuneta. Con pensamientos cada vez más turbios que el anterior, observo como Leo niega con la cabeza y dice en un tono seco.
- Lucas, estoy con ella. Paso. – Lucas observa a Leo atónito y mientras lucha por seguir en pie, posa su asquerosa mirada lasciva sobre mí y veo como articula las palabras “aprovecha ahora que eres su favorita”. Algo dentro de mí se me revuelve con sus palabras y solo quiero gritar que deje de decir esas tonterías.
Leo hace todo lo posible por librarse de Lucas, a pesar de que este le pide varias veces que se vaya con ellos un rato y conozca a “ese pivón”. No sé cómo, Leo consigue que Lucas se vaya con falsas promesas sobre que luego se pasará y conocerá a esa chica y beberá un rato con ellos o yo que sé. Ni siquiera me he molestado a intentar escuchar lo que hablaban. Lucas ha vuelto a desmoralizarme y siento que cada vez me cuesta más respirar. ¿Por qué? ¿Qué he hecho yo para no poder tener un momento feliz? Inmersa en mis más oscuros pensamientos, observo como Leo intenta coger mi mano otra vez, pero rápidamente me aparto y evito su contacto. Leo levanta la vista y me observa extrañado. Hace ademán de volver a tocarme y vuelvo a alejarme.
- ¿Nena? – pregunta. No respondo. Evito su mirada, solo quiero irme de aquí. Tenía que haber hablado de esto en su momento. – Emma, ¿Qué pasa? – esta vez no puedo eludir las manos de Leo y mientras termina agarrándome de un brazo, con la otra mano sujeta mi barbilla para que le mire a los ojos. – Dime qué te ocurre – ordena en tono brusco. He intentado evitar su mirada, pero en cuanto hago contacto visual con él mis ojos empiezan a tornarse cristalinos y Leo se da cuenta. – Nena, ¿Qué ha pasado? Dime qué he hecho mal.
- No es que hayas hecho algo…. quiero irme fuera – suplico. Leo asiente y coge mi mano para ayudarme a levantarme y me lleva al exterior. Fuera hace frío, pero apenas lo noto. Leo me lleva hasta una calle que ahora mismo está desierta.
- ¿Vas a decirme ahora qué te ocurre? Todo estaba bien hasta que ha venido Lucas….
- Odio a ese capullo – mascullo con rabia.
- No es alguien que te llegue al alma, créeme. Bueno, ¿me vas a decir ahora qué mosca te ha picado?
-¿Leo vas a cortar conmigo? – pregunto sin preámbulos.
-¿Qué? – pregunta incrédulo.
- Ahora mismo... ¿Soy solo una más? ¿Soy “tu favorita”? Cuando te canses de mí…. ¿volverás con Colette? – sé que Colette me advirtió que no le dijera nada a Leo, pero necesito saberlo. Necesito saber qué es verdad y qué es mentira.
-Emma, ¿por qué…?
-¡¡Contéstame!! – chillo desesperada. – Leo dime la verdad – digo en tono autoritario.
- ¿Quién te ha metido esas chorradas en la cabeza? – pregunta elevando también el tono.
- ¡He dicho que me respondas!
- Emma ¡No! ¡Joder! – grita malhumorado. – No me creo que después de este fin de semana todavía dudes de mis intenciones.
- No dudaría si dieras más explicaciones en vez de tantas excusas baratas y marcharte – respondo con desdén.
- ¿¡Te estás oyendo lo que dices!? – me acusa con el dedo y noto como empieza a temblar de ira. - ¡Emma déjate de gilipolleces y explícame a cuento de qué me estás echando todo esto en cara!
- ¡El que debería dejarse de gilipolleces eres tú! – chillo. – Llevo creyendo en ti todo este tiempo, ¡defendiéndote de todo lo negativo que escuchaba de ti! Lucas me dijo que el fin de semana que “tenías trabajo” os fuisteis y estuvisteis con chicas por ahí. No ha dejado de repetirme que soy una más y que pronto te cansarás de mí. ¡Y tu estúpida ex novia me abordó en el instituto diciendo que volverás con ella en cuanto me dejes! Desde entonces he pasado las últimas semanas de clase acosada con sus insinuaciones….cada día, escuchando que tú solo me querías para tener sexo…un día y otro…. ¡Colette se metió en mi mente! – un nudo sube de mi estómago para instalarse en mi garganta. - ¿¡Sabes la presión psicológica que es tener todo el trabajo que desempeño en el instituto mientras una asquerosa arpía me acosa con mis mayores miedos!? ¿¡Te puedes hacer una pequeña idea de lo difícil que ha sido para mí seguir confiando en ti a pesar de que Lucas me dijo lo mismo que Colette!? ¿¡¡Puedes!!? – vuelvo a chillar con la poca voz que me queda con tanto grito.
Leo no dice nada. Ni quiera se molesta en desmentirlo. Me observa con una mirada sombría sin abrir la boca en ningún momento. Se intenta acercar a mí, pero vuelvo a alejarme.
-¡No me toques! – amenazo con lágrimas en los ojos.
- ¡Joder no me digas que no puedo tocarte! – grita después de un largo silencio. – Emma, ¿¡por qué coño no me contaste nada!? – me regaña con ira.
- ¡Porque me dijeron que lo negarías! Cosa que por cierto, no has hecho – respondo con desdén.
- No, Emma ¡Todo son patrañas! – bufa y se pasa la mano por el pelo. - ¿Por qué los escuchaste si quiera para empezar? No voy a dejarte, Emma, ¡cuántas veces tengo que decirte que me importas! Lucas es un gilipollas que solo busca que le parta la boca y Colette solo está celosa. ¡Jamás volveré con ella! – brava con fuerza. – Emma, por favor créeme – me pide.
- Me estáis volviendo loca… - susurro mientras me llevo las manos a la cara y me agacho quedándome en el suelo de cuclillas. Al fin le he dicho a Leo todo lo que le llevaba ocultando todo este tiempo.
- Esto era de lo que querías hablar el domingo, ¿no? – pregunta y sin dejar mi posición asiento esperando que comprenda lo duro que ha sido para mí aguantar esta carga. Oigo los pasos de Leo acercarse hasta mí y de repente se agacha para verme mejor.
- Lo siento – susurra. – Siento que hayas pasado por esto sola. Pero tienes que creer en mí. No hagas caso ni de ellos ni de nadie. Nunca te haría daño, y mucho menos de ese modo.
- Pues deja de ocultarme cosas – mi voz tiembla, creo que se terminó mi dosis de valor y doy paso a la versión borracha llorona. – inclúyeme en tu vida…. hazme más caso… - Leo aparta mis manos de mi cara para poder verme y suspira con cierto pesar.
- Emma, no llores, por favor….me destroza tanto verte llorar y saber que es por mi culpa – dice mientras me pega a él y me abraza. Me quedo inmóvil, no rechazo su abrazo, pero tampoco se lo devuelvo. Solo me dejo envolver por sus brazos e intento pensar que todo ha terminado. Que todo lo dicho eran sucias mentiras para difamarlo y que el Leo de este fin de semana es el real…
- Quiero irme a casa… - murmuro.
- Vale, pero debes esperar un poco. He bebido bastante y todavía no ha bajado todo. – Me separa de él y posa sus manos en mis mejillas, con los pulgares se dedica a apartar las lágrimas que bañan mi rostro. Se acerca y me da un beso dulce, un beso que pide a gritos mi perdón. Aparta las manos de mi cara, las coloca en mis hombros y me ayuda a levantarme sin apartar sus labios de los míos. Se separa ligeramente y me sonríe. – Prometo que ni Lucas ni Colette volverán a molestarte, ni decirte nada tan horrible como eso. Tendrías que haber confiado en mí y habérmelo dicho en cuanto ocurrió – suspira. -Ahora entiendo por qué estuviste tan distante antes de tu cumpleaños… - me observa y coloca un mechón detrás de mi oreja.
- No te dije nada porque tenía miedo de que ellos tuvieran razón… quería creer que todo era mentira, pero todo lo que decían coincidía de tal manera que empecé a dudar…quise contártelo, pero no podía…no quería creer que fueras así – el nudo de la garganta se hace más fuerte y callo para evitar echarme a llorar otra vez.
- Nadie volverá a hacerte daño. Me ocuparé de ello… - dice y me vuelve a besar. Cierro los ojos y me dejo llevar por sus cálidos labios, noto como unas últimas lágrimas caen de mis ojos cansados y surcan mi rostro hasta fundirse con nuestros labios unidos por un beso que pedía perdón, un beso que emana protección, pero sobre todo, un beso que suplica ser correspondido para olvidar los fantasmas que tanto me aterraban….


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