domingo, 10 de abril de 2016

Capitulo 34

Una luz tenue baña toda la habitación. Ya es de día…y sigo acunada en el pecho de Leo. Este sigue durmiendo, su respiración es relajada y su expresión muestra serenidad. Casi temo despertarlo…Dios, aún no me creo que ayer Leo y yo… pero fue así, la prueba reside en la sangre que hay en las sábanas. Le he entregado a Leo mi virginidad y ya no hay marcha atrás…levanto la cabeza y observo a mi bello durmiente. Creo que se ha dado cuenta de que estoy despierta pues, a los pocos segundos entreabre los ojos y me dedica una media sonrisa.
-Bueno días nena – me susurra.
- Buenos días Leo – le respondo.
- ¿Cómo has dormido?
- Mejor que ayer y eso ya era algo difícil de superar – me río.
- Me alegro. Y ¿cómo te sientes? ¿Te duele?
- Pues no lo sé. Aún no me he movido desde que me dormí anoche.
- Espera nena – besa mi frente y se aparta. Intento incorporarme pero rápidamente evoco una mueca de dolor. - ¡Emma! ¿Estás bien? – pregunta Leo sobresaltado mientras me agarra por los hombros.
- Aún duele…- intento sonreír para tranquilizarlo. Aparto el edredón y observo mi cuerpo desnudo y la sangre de las sabanas.
- Nena tápate y espera – vuelve a echarme el edredón y se levanta de la cama. Se acerca al armario, saca una camiseta negra suya de manga corta y me la lanza. – Póntela por ahora, voy a por una toalla – dice mientras desaparece en el baño.
Observo su camiseta encima de la cama, la cojo y me la pongo. Intento cambiar de postura, pero es realmente difícil cuando aún tienes ese dolor entre tus piernas. Leo aparece al poco con una toalla húmeda en las manos. Se sienta en la cama y aparta el edredón.
-Leo, no tienes por qué hacerlo, voy a ducharme ahora.
- Por mí como si te pasas el día en el jacuzzi. Dije que te limpiaría y eso haré – agarra mi pierna con suavidad y me pasa la toalla para eliminar la sangre ya seca de mis muslos. Leo la ha humedecido con agua caliente para que no pase frío. Sin decir una palabra, se afana en dejar mis piernas totalmente limpias. – Ya está – dice en cuanto termina.
- Gracias – le sonrío. - ¿Podrías ayudarme a levantarme? Tengo que hacer pis – me muerdo el labio con timidez.
- Nena, si te duele es mejor que te quedes quieta.
- Ya…pero es que no me aguanto…- hago pucheros. Y es cierto, me va a reventar la vejiga.
- Uy, perdona – se ríe con cierta timidez. Le doy mi mano para que me ayude a levantarme, pero él por el contrario, toma mi mano para acercarme a él y cogerme en brazos. Salimos de la cama, y en pie, nos dirigimos al baño.
- Leo, puedo sola – lo riño.
- Deja que te lleve nena, me gusta hacerlo – sonríe. – Y si te duele, es mejor que no andes – entramos al baño y con cuidado me deja en el suelo.
- ¿Puedes dejarme sola?
- ¿Para?
- Vamos Leo, no pienso hacer pis delante de ti. ¡Déjame sola! – le suplico.
- Oh, vamos nena, no es nada del otro mundo. Lo que hicimos anoche es más íntimo que esto – agita la mano restándole importancia. – Si quieres lo hago yo primero – se encoge de hombros.
- ¡No! Leo, te lo estoy pidiendo por favor, me va a estallar la vejiga y lo de anoche no es lo mismo que esto. ¡Sal del baño! – le grito.
- Vale, vale – encima se pone de morros. Sale del baño y le sigo por detrás para cerrar la puerta con cerrojo en cuanto sale. Escucho a Leo reír desde el otro lado de la puerta y aunque quiero gritarle que es un capullo, mis necesidades son más importantes ahora. Aprovecho para darme una ducha y salgo del baño quince minutos después solo con una toalla. Me dirijo al armario y busco algo de ropa. – Nena, si quieres podemos ir a desayunar abajo – dice Leo tras de mí. Cuando me giro veo que las sábanas y la toalla no están. – He llamado al servicio de habitaciones y les dije que te cortaste anoche con el vaso. Rompí uno para que fuera creíble.
- Estás en todo – observo.
- Solo yo quiero hacerte sonrojar – se acerca y me da un breve beso en los labios. – Yo también me voy a duchar, así tendrás intimidad por si no quieres que vea como te vistes.
- ¡Leo no empieces! – mi tono es exasperante pero me saca de quicio cuando se pone así.
- Podrías habérmelo dicho y nos hubiéramos duchado juntos – dice haciendo mohín.
- No lo pensé – me excuso. – Además…que lo hayamos hecho no significa que debamos correr tanto – observo mis pies descalzos y rezo para que, para variar, entienda mi punto de vista.
- Me hubiera encantado enjabonarte esas tetas que tienes… - murmura, pero lo he oído perfectamente.
- ¡Leo! – chillo escandalizada.
- Vamos nena, ¡intenta ponerte en mi piel! – alza las manos desesperado, como si yo fuera un caso imposible. – Emma eres una chica atractiva como pocas antes he conocido. Tu cuerpo excitaría a cualquier tío y yo tengo la suerte de ser ese tío – se acerca y me agarra por los hombros. – Si supieras cuantas duchas de agua fría me he dado…si supieras la de veces que he deseado hacerte lo de anoche y otras muchas cosas más que han pasado por mi mente. Emma, no puedo evitar tener ganas de meterte mano cuando solo una toalla cubre tu cuerpo aún húmedo – las pupilas de Leo se han dilatado y su mirada evoca una lujuria que antes no creí ver. Trago saliva sin apartar la mirada de él. No sabía que Leo me deseara de esa manera tan desenfrenada, pero es así y solo de pensar en todo lo que es capaz de hacer me tiemblan las piernas del mismo deseo. – Nena – me llama con voz melosa. - ¿me concederías un último asalto antes de volver a la realidad?
- ¿Ahora? – pregunto con enorme sorpresa. No es que no quiera, pero no sé si me siento recuperada para otra marcha.
- Lo siento – agacha la cabeza. – No quiero forzarte, voy a la ducha…vístete y vamos a desayunar, ¿vale? – me dedica una pequeña sonrisa. Asiento y le devuelvo la sonrisa, pero para animarlo un poco me pongo de puntillas y le doy un beso dulce en los labios. Como si esperara que fuera a besarlo, Leo me pega a él y me devuelve el beso, obligándome a abrir la boca para dejar que su lengua entre y recorra su territorio. Poso mis manos en su cuello y acaricio con mis dedos su cabellera rubia. Leo por el contrario abandona mi espalda y coloca sus manos en mi culo.
- Leo… - me río mientras le beso. Ahora está juguetón. Acaricia mi culo por encima de la toalla hasta me da un apretón en ambas nalgas. - ¡Leo! – grito. No se da por aludido y vuelve a juntar su boca con la mía mientras se ríe. Me empuja hacía él y me clava su erección en el vientre. Eso me pilla por sorpresa y un gemido escapa de entre mis labios.
- Nena…mira como me has puesto – me culpa mientras se restriega con más fuerza sobre mí. – Si no quieres que te quite esa toalla y te posea aquí mismo, será mejor que te vistas pronto.
- Leo…- jadeo mientras noto como sus dientes recorren mi cuello hasta llegar al lóbulo de mi oreja. – Por favor…
- ¿Por favor, qué? – pregunta mientras sigue mordiendo.
- No…por favor….- intento decir entre jadeos. – Ahora…no…- claro que me encantaría volver a hacerlo, pero mi sexo no opina igual. Leo se detiene y me observa con cierto fastidio.
- Esta bien…no insisto más… - me aparta ligeramente para coger algo de ropa del armario e ir al baño, pero se vuelve y se acerca a mí – que haya cedido esta vez no quiere decir que se vuelva a repetir…la próxima vez no voy a avisar y te poseeré… - no me deja replicar, vuelve a besarme y antes de separarse, me da una leve, pero a la vez firme palmada en el culo.
Entra en el baño y me deja sola. Me quedo ahí plantada sin saber qué hacer. Leo tiene un pronto demasiado contradictorio… cuando quiere es suave y muy tierno…pero luego le da un ramalazo de chico malo y es como “no quiero obligarte a que te acuestes conmigo, pero la próxima vez no voy a pedirte permiso y si quiero, te embestiré con mi martillo de Thor”. Me sacudo esas ideas de la cabeza y cojo unos jeans negros ajustados y un jersey blanco de rayas negras, hoy parece que hace más fresco. Cojo mis vans, hoy no tengo ganas de tacones. Cuando me he terminado de delinear la raya del ojo, Leo sale listo del baño.
- ¿Lista?
- Sí – asiento. Salimos de la habitación, coge mi mano y bajamos hasta el enorme comedor que posee el hotel. El sitio es precioso lo mires por donde lo mires. Las mesas están colocadas milimétricamente para que nada desentone en ese ambiente perfecto de colores crema que baña toda la habitación. La sala dispone de varias ventanas que ahora muestran un cielo más oscuro del que se presentó en mi habitación hace media hora. Desayunamos en compañía de unos extranjeros muy simpáticos que querían saber cuáles son las mejores zonas para visitar y casi terminamos haciendo de guía turística, pero Leo le ha dicho algo al hombre y se han despedido de nosotros.
- ¿Qué le has dicho? – pregunto curiosa.
- Nada importante, solo que si no quieren que les pille la lluvia, será mejor que se vayan sin nosotros – se encoje de hombros y le da un último sorbo al café. A pesar del pronóstico de lluvia, Leo y yo hemos salido un rato por la ciudad en vez de por el puerto. Hemos estado de tiendas y aunque Leo se ha ofrecido a comprarme todo aquello que me llamaba la atención, he conseguido que no se gaste más dinero en mí. Comemos algo rápido en el Mc Donalds y aunque queríamos ir a algunos sitios, ha empezado a chispear y hemos tenido que volver al hotel.
- ¡Que mal! – exclamo en cuanto entramos en la recepción del hotel.
- No te enfades nena, ya sabíamos que iba a llover.
- Ya lo sé… ¡pero aún así me da rabia! Es nuestro último día de escapada juntos y quería estar contigo y pasarlo bien – hago un mohín de fastidio y Leo se ríe.
- Nena, no seas caprichosa – me acerca a él y me abraza. – lo hemos pasado muy bien, además, aún estamos juntos. Cambia esa cara y no te enfurruñes – me acaricia la espalda. – son las cuatro y media y tendríamos que recoger nuestras cosas ya…aunque podríamos quedarnos un día más si mi nena quiere.
- ¿Lo dice en serio? – levanto la cara y le observo.
- Totalmente.
- Pero tú tienes que ir al trabajo y yo tengo clase….aunque esta semana sea la última, mis obligaciones no me darán un respiro hasta el día de las notas – suspiro asqueada de que se rompa mi burbuja.
- No te pongas así – acaricia mi mejilla – ahora llega la Navidad y podremos estar juntos. Podemos repetir esto otra vez si quieres – me anima con su preciosa sonrisa. – Venga, es hora de volver a la realidad.
Su tono me demuestra que, en efecto, él tampoco quiere irse. Aún así, volvemos a la habitación para recoger nuestras cosas y abandonar el hotel. Entramos en el coche muertos de frío, pues la temperatura ha bajado de golpe, así que Leo vuelve a ofrecerme su manta con la que me arropó la vez anterior. El trayecto, a pesar de ser largo, se hace ameno a pesar de que apenas hablamos. Observo por la ventanilla como las gotas caen del cielo y repiquetean contra la tierra, mientras Ed Sheeran suena en la radio con el tema “Lego House”. No hay nada más maravilloso ahora…hasta que me doy cuenta de algo…una cosa que no pensé antes…Leo y yo nos dijimos que nos queríamos…. ¿ambos lo dijimos porque la situación lo requería o fue porque realmente lo sentíamos? No hemos hablado del tema pues creo que a Leo le corresponde decir algo ya que fue el primero que me dijo “te quiero”…. “creo que te amo mejor ahora” canta la radio. Sí, se podría decir que ambos nos salvamos de nosotros mismos…ambos vivíamos sin amor, estábamos rotos… y aunque nos costó…yo le arreglé, y él me arregló a mí…
- Leo – susurro.
- ¿Qué pasa? – pregunta sin apartar la vista de la carretera, pero posa su mano en mi rodilla y me la acaricia. Estoy a punto de decirle que le quiero cuando recuerdo algo…
- Mi bolso…- murmuro.
- ¿Qué?
- El bolso que llevé en mi cumpleaños – empieza a cundirme el pánico. - ¿Dónde está?
- Lo tienes en los pies – señala. – Cuando vine a por ti solo cogí tu móvil.
- Vale – me agacho y busco donde, efectivamente, está mi bolso negro. Acabo de recordar el regalo de Naim. Abro el bolso y busco la bolsita en el bolsillo. Respiro aliviada al ver que se encuentra ahí. Es pequeña y con unos dibujos azules y blancos. Lo abro para ver qué es. De repente, saco una cadena… ¿Una cadena? ¡Y parece de oro! Termino de sacarla y veo que el colgante tiene una corona que lleva dentro un pequeño diamante. ¡No puedo creerlo! Esto no me puede estar pasando, ¿por qué Naim se ha gastado tanto dinero?
- ¿Y esa cadena? – pegunta Leo. No puedo decirle que me la ha regalado Naim. No es la primera vez que se molesta cuando algo me relaciona con él. Aunque no me lo ha dicho, se nota que es celoso.
- Un regalo… de Alex – invento rápidamente. – Es mi mejor amigo, un hermano para mí – se suele poner celoso de Alex, pero lo prefiero así. A Alex nunca le haría nada, a Naim tampoco…pero podría peligrar su amistad.
- Entonces... ¿solo querías preguntarme por el bolso?
- Yo….sí. – Debo hablar con Naim en cuanto llegue a casa. Dejo el bolso a un lado y dejo la cadena en mis manos. Me olvido de Leo y vuelvo la vista a la ventana sin decir nada mientras pienso en este fin de semana, las palabras que no he llegado a decir y una cadena con una corona entre mis manos….
****
El coche se detiene y noto como Leo me observa. Hemos vuelto a la realidad, y no sé si me siento preparada para afrontarla ahora…
- Emma, has estado muy callada, ¿te ocurre algo?
- Este fin de semana ha sido mágico….pero…
-¿Pero? – me invita a continuar.
- Pero ahora que hemos vuelto, todo lo que dejamos vuelve a mi cabeza – quería haber hablado con Leo de Colette y de Lucas, quería contarle de mi quedada con Naim, quería saber si él realmente es así, o si este fin de semana se ha mostrado como realmente es. Quería decirle tantas cosas…sin embargo olvidé todo aquello en cuanto desperté en aquella habitación de hotel. Lo olvidé todo, o puede que mi cerebro o mi yo interno quisieran dejarlo aparte y dejarme disfrutar del momento….
- Emma, sé que hay algo que ronda tu cabeza desde que me pediste el bolso.
-Leo… sí que hay algo…pero no quiero hablarlo ahora, no quiero discutir hoy…no quiero estropear este viaje tan maravilloso. – me quito el cinturón y me subo a horcajadas encima de él, me pego a su cuerpo y le abrazo.
- ¿Es muy importante? – pregunta mientras me devuelve el abrazo.
- No…- sí – es solo una tontería, puede esperar…. – lo he pasado demasiado bien como para estropearlo todo por Colette. Sé que no puedo ignorar todo lo que ha pasado, pero ahora mismo no reúno el valor suficiente como para enfrentarme a todo esto.
- Al final no he podido hacerte mía una vez más – cambia de tema. – Aunque si quisieras podríamos hacerlo ahora….
- ¿Qué? - me aparto de él y le observo atónita. – Alguien nos puede ver – miro para ambos lados, incluso mis padres podrían vernos si salen de casa o se asoman.
- No, nena… aquí no… mira, llevo el coche a un sitio más apartado y ni siquiera tienes que desnudarte – me explica. – Conforme estás ahora, solo necesitas bajarte el vaquero y las bragas hasta las rodillas, si tuvieras una falda sería más cómodo….
- Leo – le observo aún atónita. – ¿en serio me estas pidiendo que lo hagamos en el coche?
- ¿Tanto te disgusta la idea? – pregunta. – Eres tú la que se me ha subido encima – me recuerda.
- Pero porque quería abrazarte….- murmuro. No es que no quiera hacerlo, pero ahora que la realidad me ha golpeado no me siento a gusto haciéndolo con Leo. Este me observa con una sonrisa, sus manos juguetean en mi jersey hasta que lleva sus manos a mi sujetador. – L- Leo… - noto como sube mi sujetador hacia arriba y deja mis pechos expuestos a sus manos. Masajea ambos con gran energía mientras se muerde el labio inferior. Quiero hacerle parar, pero mi respiración se ha hecho más pesada y mi yo interno quiere que siga. Ahogo un jadeo cuando aprieta mis pezones mientras muerde el lóbulo de mi oreja….Leo sabe como calentar a una chica….”Leo solo quiere a las chicas para una sola cosa,… sexo” recuerdo como Colette me dijo eso y pongo las manos encima de las de Leo.
- ¿Qué pasa nena? – pregunta con voz ronca.
- Por favor para – le pido.
- No – responde.
- Leo – digo en un tono más brusco.
- Te dije que la próxima vez iba a poseerte – dice mientras sigue manoseando mis pechos.
- Leo…- gimo.
- Nena, esto te gusta… deja que siga…déjame poseerte…. me vuelves completamente loco….a pesar de que tienes el vaquero apuesto a que estás húmeda por mis caricias – ronronea en mi oído. Es cierto, solo él ha sido capaz de provocarme esto. Abandona una mano de mis pechos y desciende hasta mi vaquero, donde introduce la mano… intento detenerle, pero me cuesta mucho articular palabra alguna cuando me está provocando estas deliciosas vibraciones. Acaricia mi sexo por encima de las bragas y sonríe. – ¿lo ves? Estás tan húmeda…
- Leo….nos pueden ver… - intento decir mientras ejerce presión con sus dedos en mis bragas.
- Es de noche y llueve nena, el invierno está a nuestro favor…- susurra. – Déjame tocarte… - dice a pesar de tener una mano en mi pecho y otra acariciando mi sexo por encima de mis bragas.
- Aquí no…- me tiembla la voz.
- Está bien….- cede de mala gana. Saca la mano del vaquero y suelta mi pecho. – Pero te quedas ahí – me advierte. Antes de replicar me da un beso en los labios y enciende el motor. Me hundo en su pecho para dejarle ver bien y él conduce hasta llegar a un aparcamiento subterráneo bastante vacio.
- ¿Por qué aquí? – pregunto en cuanto para.
- Porque está desierto, y más a esta hora – sonríe. - ¿quieres bajar?
- ¿¡Bajar!? - ¿a qué se refiere?
- Nena, tengo los condones en el maletero y quiero que te pongas alguna falda. Será más cómodo que el vaquero.
- Leo, no deberíamos estropear esto….- murmuro.
- Emma, no quiero estropearlo…- suspira – Es solo que, fue tan maravilloso que me cuesta esperar para tocarte otra vez…es extraño, pero tengo la sensación de que fue un sueño todo lo que pasó anoche.
- Yo también…. y por eso mismo no quiero estropearlo haciéndolo en el coche.
- Lo siento nena – se disculpa. – Me cuesta mucho contenerme contigo.
- Lo sé…- aún siento como sus dedos se han colado por mi vaquero y un escalofrío me recorre todo el cuerpo.
- Lo siento – repite y me da un beso casto – te llevo a casa, y ahora en serio. – Vuelvo a sentarme en el asiento del copiloto y volvemos a casa. Cojo mis maletas y me despido de Leo con la promesa de hablar pronto. Cuando entro en casa, mamá y papá me reciben con los brazos abiertos.
- Hola cariño, ¿cómo has pasado tu cumpleaños? – pregunta mamá.
- Genial – respondo poco convincente.
- ¿Estás segura? – pregunta papá.
- Sí, de verdad –insisto. – Es solo que vengo muy cansada – me excuso.
- Normal, a saber cuántas horas habrás dormido – mamá se ríe y me ayuda con las maletas. – Por cierto, ayer se presentó un chico aquí.
- ¿¡Quién!? – pregunto alarmada. ¿¡No será….!?
- Era un chico mayor, alto y con el pelo moreno. Preguntó por ti, pero como estabas con tus amigas se fue. No quiso dejarte ningún mensaje. ¿Quién era? - pregunta curiosa.
- Un amigo de Austin, ya sabes, el hermano de Daniela – improviso, aunque creo que si son amigos. – Seguramente vendría para que le dejara un cd que le comenté – me saco de la manga. – Bueno, estoy muy cansada, subo a mi cuarto.
- Vale cielo, recuerda que mañana tu hermana y Fran vendrán a celebrar tu cumpleaños, ni se te ocurra hacer planes – me advierte papá.
-Vale, vale – cojo mis cosas y subo lo más rápido que puedo a mi habitación. Estoy segura de que era Naim, ¿para qué habrá venido? ¿Por qué no me llamó o me escribió un mensaje?
Mi cabeza es un torbellino, ni si quiera me ha dado tiempo a saborear mi escapada cuando el mundo real me ha noqueado en cuanto he vuelto a casa. Aún no he hablado con Leo de todo lo que esta última semana me ha atormentado por culpa de su ex novia y uno de sus amigos. Está el regalo de Naim, un regalo que tiene pinta de caro…. ¿por qué se porta tan bien conmigo? Y encima ha venido a casa, ¿Por qué? ¿Por qué? Pensé que la mayoría de edad sería algo maravilloso….pensé que perder la virginidad sería algo único, algo increíble….lo fue, pero ahora pienso que no debí haberlo hecho…. ¿Por qué Leo? ¿Por qué Naim? y sobre todo…. ¿Por qué yo?....

Regalo de Naim

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