domingo, 3 de abril de 2016

Capitulo 33

Estoy terminando de vestirme para mi cena con Leo. Después de su proposición en la playa no supe que contestar, así que simplemente acordamos decidir qué hacer una vez llegado el momento. Por suerte, eché ropa bonita en la maleta y tienen planchas en las habitaciones, pues para esta noche he cogido un vestido blanco de manga larga, con un lazo negro en la cintura y unas enaguas negras haciendo de volantes alrededor de él, además de mis tacones negros y mi bolso de mano. Me he ondulado el pelo y me he echado una ligera capa de maquillaje. Leo me dejó sola hace un rato para coger el coche, así que solo debo bajar. Una vez abajo, salgo del hotel y en la puerta, Leo me espera, se ha puesto unos pantalones de pinza, camisa y chaqueta. No lleva corbata, pero va increíblemente sexy tal cual está.
- Nena, estás preciosa – me besa. – como siempre.
- Tú tampoco estás nada mal – le guiño un ojo. Se hace un lado y me abre la puerta del coche. Subimos y con “You and I” de los Scorpions de fondo, nos dirigimos hasta un restaurante con pinta de ser bastante elegante. No he conseguido descifrar el nombre del lugar en el letrero, pero, efectivamente, el sitio es realmente lujoso. El maître nos lleva hasta una mesa cerca de un piano donde un chico toca alguna que otra pieza en el transcurso de la cena. En el momento en que nos quedamos a solas fulmino con la mirada a Leo.
- A ver Casanova, ¿por qué coño me has traído a un sitio tan pijo?
- ¿No te gusta?
- Si querías impresionarme no hacía falta tanto – espeto.
- Emma, no quiero impresionarte. ¿Cuándo te va a entrar de una vez que solo hago esto porque quiero lo mejor para ti? Solo quiero que este fin de semana sea especial.
- Leo ya lo es – agarro su mano. – No necesito nada de esto. Para mí, estar contigo ya hace de este un fin de semana especial.
- Está bien – suspira. – Pero disfrutemos de la cena, ¿vale?
- Vale – le sonrío.
El camarero nos trae la carta. Leo pide vino, cosa que no me hace gracia, pero que me bebo igual por vergüenza y pedimos unos tres platos, de los cuales solo disfruto realmente con el postre. Pasión de chocolate.
- Emma, vas de blanco y puedes mancharte.
- Calla, no seas gafe – digo mientras me llevo una cucharada hasta arriba de chocolate.
- ¿Cómo puede gustarte tanto el chocolate? – Pregunta.- Eso debería ser preocupante.
- Lo realmente preocupante es que a ti no te guste – recrimino.
-Si me gusta, pero no creo que a tantos extremos como a ti – se ríe.
- Tal vez no lo has probado en el mejor contexto.
- Tal vez si lo probara de ti… - se relame y miro hacia otro lado con una notable rojez en mis mejillas.
Terminamos de cenar y tras un breve paseo disfrutando de la cara nocturna de la ciudad, volvemos al hotel y entramos en la habitación.
- Ya estamos aquí – digo para romper el silencio.
- ¿Quieres que pida algo para beber?
- No…no es necesario. Al menos para mí. Pide algo si te apetece. – Estoy algo distraída desde que subimos al coche.
- Emma, si le estas dando vueltas a mi proposición, no tienes por qué hacerlo. Te prometí esperar a que estuvieras preparada….
-Leo…yo….- observo mis dedos con los que jugueteo por los nervios. – Este fin de semana está siendo un sueño. No sé ni cómo agradecerte todo lo que has hecho…y si te soy sincera….mucho antes de tu proposición, ya pensé en este momento. Quiero hacerlo….pero tengo miedo – admito para él, pero sobre todo para mí.
- Nena, no tienes por qué tener miedo. – se acerca y me acaricia la mejilla. – Yo estaré contigo y prometo hacerlo lo más placentero para ti. No puedo prometer que no te vaya a doler un poco, ya sabes, eres virgen, pero intentaré que sea lo menos doloroso posible. – Le observo a los ojos y siento como desborda preocupación por mí.
- Quiero hacerlo – respondo con seguridad.
- ¿De verdad?
-Sí. Leo, quiero hacerlo contigo…tú serás el primero – susurro. Algo en mis palabras le produce a Leo una mirada más brillante hacia mí.
- Está bien – me besa la frente y se separa para agacharse un poco hasta ponerse a mi altura. – Prométeme que si en algún momento quieres parar o te arrepientes…me lo dirás. Pararé con que solo me hagas un gesto.
- Vale – asiento. De repente se hace un nudo en mi estómago. Después de varios encuentros hoy por fin vamos a hacerlo, y esta vez, va en serio. Leo coge mi mano, nos lleva hasta los pies de la cama y me hace sentarme en ella.
- ¿De verdad que no quieres que pida nada? – vuelve a insistir.
- Quiero estar despejada….pero creo que podría relajarnos un poco.
- Como quieras – me deja sentada en la cama y se acerca hasta la mesita de noche, donde está el teléfono y llama al servicio de habitaciones. Mientras, yo sigo en la cama contemplando mis pies. No soy una gran bebedora, pero necesito una copa para calmar estos nervios que me comen por dentro. Leo y yo hemos hecho alguna que otra cosa, pero hoy será cuando finalmente demos el paso. No vamos a andarnos por las ramas, vamos a hacer el amor… tocan a la puerta y doy un pequeño sobresalto. Es Leo quien abre a la chica que trae un carrito con una botella de Champagne. En cuanto nos quedamos solos, Leo me ofrece una copa de éste.
- Ten.
-Gracias – le doy un sorbo y noto cierto disgusto. Es oficial, no soy una chica fina. Odio el vino y ahora el champagne.
- Nena, estás demasiado tensa. ¿De verdad quieres hacerlo?
- Si sigues preguntando al final me echaré atrás – respondo con cierto tono borde. Me doy cuenta a tiempo para disculparme. – Perdona Leo, es solo que necesito relajarme un poco…
- No te preocupes – me dedica una preciosa sonrisa. – Tenemos toda la noche. De momento, vamos a sentarnos en la cama y bebamos un poco.
Leo se sienta a mi lado en la cama con su copa de champagne y me hace una señal para brindar.
- Por nuestra escapada y tu mayoría de edad.
- Por nuestra escapada y mi mayoría de edad – repito y chocamos nuestras copas.
- Entonces, ¿lo estas pasando bien?
- ¿Bromeas? No tenía unas vacaciones así desde que me fui con mis padres y mi hermana a Disneylandia cuando tenía trece años. – Leo se ríe y ambos damos otro sorbo a nuestras copas. Seguimos charlando y bebiendo hasta llegar a la mitad de la botella. Sigue sin gustarme el champagne, pero ya ni siquiera me importa. Solo pienso en los preciosos ojos azules que me observan con un brillo especial.
- Emma… - me susurra. Coge nuestras copas y las deja en el carrito. Cuando vuelve a acercarse a mí, se agacha y despacio, me quita un tacón y luego otro. No digo nada, solo le observo con una sonrisa. Sigo nerviosa, pero quiero hacer esto. Leo posa sus dedos índices sobre mis medias y presiona un poco para que note como me acaricia las piernas. – Emma, ¿puedo? – pregunta señalando las medias. Asiento y sube con sus manos hasta mis muslos, donde están las medias. Me despoja de ellas y las deja en el suelo. Leo se acerca a mí y me besa durante unos segundos. - ¿Estás segura de que quieres hacerlo?
- Sí – afirmo.
- Vale – asiente y va hacia la ventana para correr las cortinas. A la vuelta, posa su mano en el interruptor y la luz pasa a ser casi inexistente, solo los claros de la luna que atraviesan las cortinas iluminan ahora esta habitación. Leo me ayuda a levantarme de la cama y la despojamos del edredón, para que solo quede la sábana en el lecho donde vamos a retozar. Con un rápido movimiento, Leo se sienta en la cama y me hace un gesto para que me ponga encima de él. A pesar de que he bebido, aún sigo nerviosa. Leo me besa para que me tranquilice y, poco a poco, la chispa se enciende y el fuego empieza a fluir por mi cuerpo que ahora está en llamas. El vestido se me ha subido por encima de los muslos y Leo aprovecha para acariciar mis piernas desnudas. A pesar de que muestra un aspecto relajado, su pecho asciende y desciende con cierta agitación, creo que él está tan nervioso como yo, y eso me gusta. Pego mis labios húmedos por el champagne sobre su cuello y succiono ligeramente. Leo emite un gemido bastante gutural provocándome así pequeñas olas de calor por todo el cuerpo. Lamo la zona del chupetón y asciendo hasta la parte de debajo de su oreja.
- Sigue, por favor…nena, continúa… - me suplica con voz áspera y descontrolada. Nunca pensé que podría ejercer ese efecto en alguien. Por primera vez, yo tomo las riendas y es algo que acabo de descubrir que me encanta. Sebas siempre me privó de este privilegio.
-Quítatelo…quítate el vestido… – me pide en voz baja.
- Prefiero que lo hagas tú… - susurro con las mejillas encendidas. Estoy realmente nerviosa, pero Leo rápidamente se da cuenta, asiente, me ayuda a levantarme y se levanta también. Me pone de espaldas a él para bajarme la cremallera. Su respiración se hace más pesada en cuanto vuelve a posar los dedos en mi piel y tira del vestido para que baje por mis hombros. Ese mero contacto ha hecho que se me erice la piel. Leo me hace girar para verme la cara mientras termina de quitármelo. Ambos nos observamos sin apenas pestañear mientras él termina su labor.
Al desprenderme del vestido se detiene y baja la mirada hasta mi cuerpo, me mira fijamente y eso me intimida. El vestido termina de caer a mis pies, pero no le tomo importancia, solo veo cómo Leo observa mi ropa interior. Es un conjunto negro de encaje, solo espero que le guste. Compré esta pieza de lencería exclusivamente para él hace un tiempo y como supuse, lo estrenaría este fin de semana. Al verle sonreír y lamer su labio inferior sé que tomé la decisión acertada. No puedo evitar fijar la vista en el creciente bulto que emana de su pantalón. Se acerca para besarme y noto su erección contra mi vientre. Agarra mi mano y me sienta en la cama.
- Ahora tú, quítame la ropa a mí – no es una proposición. Es una orden. Un escalofrío de placer recorre mi cuerpo con sus palabras. Se acerca a mí y coloco mis manos en su cadera, me aferro a su camisa y me pongo de rodillas en la cama. Me yergo un poco para estar a su altura y le desabrocho los botones muy despacio, haciendo que disfrute de alguna que otra caricia. Con el último botón, lo despojo de su camisa y la tiro al suelo, luego me siento sobre mis gemelos y, con dedos temblorosos, desabrocho su cinturón, continúo con el botón y por último le bajo la cremallera. Suelto el aire despacio y con las manos en sus caderas, le bajo el pantalón hasta las rodillas.
-Estupendo nena – me anima Leo. – Ahora sigo yo – me dice y se termina de quitar el pantalón y los calcetines, ni siquiera sé cuando se quitó los zapatos. Se acerca a mí y me empuja con cuidado para tumbarme en la cama y colocarse encima para besarme.
Su lengua baila juguetona con la mía. Con la mano izquierda en mi cintura, bordea la línea de mis bragas, muy despacio. Con la otra, hace dibujos en la costura del sujetador, de vez en cuando mete los dedos y toca un poco, pero los saca para volver a acariciar el encaje. Finalmente se lanza y me desabrocha el sujetador. Sus manos, ligeramente temblorosas se aferran a este y arqueo la espalda para darle fácil acceso a él. Lo desabrocha con cuidado, pero con gran destreza.
-¿Quieres seguir adelante? - Sus profundos ojos, aunque deseosos, muestran preocupación.
- Segura. Quiero hacer esto. – Cuando le doy mi afirmación vuelve a sonreír.
- Te quiero Emma – me susurra.
- Te quiero Leo…. – le susurro y me agarro a sus brazos cuando, poco a poco, cuela sus dedos por el elástico de mis bragas y las baja con delicadeza, despojándome así de la última prenda que ocultaba mi cuerpo. Las tira a los pies de la cama, me pone las manos en las caderas para darme un beso corto en los labios y se separa para verme mejor.
- Joder… - murmura mientras recorre con la mirada mi cuerpo desnudo sin hacer el más mínimo gesto. ¿Por qué me observa así? ¿No le gusto? Intento cubrir mi cuerpo con vergüenza, pero me detiene.
-No hagas eso – me pide. – Tienes un cuerpo precioso –me susurra con una sonrisa y eso me relaja levemente. Vuelve a besarme y muerde mi labio con ferocidad justo cuando se le escapa un gemido en el momento en que su entrepierna roza la mía. Se aparta y me hace un gesto para que sea yo la que le baje el bóxer.
-¿Estás...estás seguro? – tartamudeo con cierto nerviosismo.
-Nena, hazlo – responde con seguridad. Me armo de valor, pongo las manos en su pecho y bajo hasta llegar al elástico del bóxer, vacilo un poco, trago saliva y se lo bajo. - ¡Muy bien nena! – Leo me recompensa con un pequeño beso antes de levantarse para terminar de quitárselo y tirarlo junto con mis bragas y mi sujetador.
A pesar de la oscuridad, mi sorpresa es claramente notoria en cuanto veo el miembro de Leo al descubierto. Me ruborizo ante el tamaño que tiene…no sé cuál es la medida estándar, pero Leo no tiene donde quejarse...
-Emma, ¿es la primera vez que ves a un hombre desnudo?
-Ehhh…- me ruborizo aún más. – En persona y tan de cerca…sí – respondo sin apartar la mirada de su miembro. Una cosa es verlo en fotos y otra en la vida real. Siento gran curiosidad por cómo será su tacto…me encantaría acariciarlo y solo entonces comprender los misterios que encierran los cuerpos masculinos.
Leo se ríe ligeramente al ver cómo sigo observándolo sin descaro alguno y vuelve a colocarse encima de mí para besarme, primero lento y luego un poco más rápido. Su lengua cálida lame la mía y antes de que me dé tiempo a corresponderle se aparta. Expreso un quejido y gimoteo porque se haya separado, privándome del placer de sus besos. Leo me responde con una ligera risa y con un brillo en la mirada pasa a atacar mi cuello, donde besa, chupa y luego succiona. Todo mi cuerpo arde y gimo con todas mis fuerzas cuando noto su lengua recorrer mi clavícula.
Leo se detiene un momento y me quedo desconcertada. ¿He hecho algo malo? ¿Por qué para? ¿Se está arrepintiendo? Me tranquilizo al ver que alarga la mano a la mesita de noche y coge un envoltorio pequeño. Lo dejaría ahí cuando llamó antes. Ahora es real, vamos a hacerlo. Me siento nerviosa, pero a la vez muy excitada. Solo una cosa, o más bien…una persona se cuela en mi mente…pero no, ahora no… Quiero a Leo, solo a Leo…
El único condón que he visto o tocado en toda mi vida era el típico que te dan en el instituto durante la clase de educación sexual y esas largas charlas sobre la responsabilidad y las enfermedades que podías contraer si no lo usabas. Eso me aterraba por aquel entonces, y sin embargo, ahora no me siento tan intimidada.
- ¿Quieres ponérmelo? – me pregunta con el paquetito en la mano.
- Si me enseñas… - le sonrío tímida.
Nos sentamos en la cama y rasga el envoltorio, coge mi mano y me entrega el disco. Le miro curiosa y Leo se ríe. Me acerca la mano hasta su miembro y lo coloca en la punta.
- Ahora debes desenrollarlo – me indica.
- Vale – respondo muy concentrada y Leo vuelve a reír.
- Nena, esto no es una clase de ciencias, deja de mirármela como si fuera una rana diseccionada.
- Perdona – me río. Su broma alivia parte de la tensión de mis hombros. Leo me agarra la mano con el viscoso disco y ambos deslizamos el condón sobre su pene. Su erección se hace más creciente y no puedo evitar abrir ligeramente la boca ante esta nueva experiencia.
- ¿Ahora qué? – pregunto.
- Ahora pasamos a la acción – me guiña un ojo y se humedece los labios. Un deseo que nunca antes tuve emana de lo más profundo de mi vientre, me paso la lengua por el labio inferior e inspiro súbitamente. - Emma, vamos a hacerlo poco a poco, ¿vale? Primero vamos a besarnos para que te sientas a gusto y cuando estés lista, lo haré, pero despacio. Al principio duele, pero tienes que confiar en mí, si quieres parar o te duele demasiado, dímelo. Lo digo en serio Emma, no te calles solo para satisfacerme. Esto es cosa de dos.
- Vale – asiento y trago saliva, se está tomando muy en serio mi primera vez.
Dicho esto, cambiamos de postura, Leo me indica que me tumbe y él se sube encima. Empieza besándome poco a poco, noto el látex del condón en mi piel y no puedo evitar estremecerme. Coloca sus manos sobre mi vientre y sube hasta mis pechos, a los que acaricia, a veces más suave, otras un poco más rudo mientras inunda mi boca con la suya. Los músculos de mi parte más profunda se empiezan a tensar, deleitados con cada una de sus caricias. Ahora mismo, todo mi cuerpo es puro fuego…mis pechos están duros del puro placer que recibo con cada caricia de Leo…mis pezones son pellizcados en cada ocasión que pasan sus dedos por esa zona, provocando así una reacción en cadena por todo mi cuerpo. Mi respiración es más profunda que antes, noto cómo unas vibraciones emanan de mi vientre y viajan hasta mi entrepierna….creando tal presión que creo que en cualquier momento voy a estallar. ¿Qué son estas sensaciones? Con una rodilla, me separa las piernas. Mi corazón va a mil por hora, ya estamos a punto…hago esto porque quiero a Leo… porque ¿le quiero?...si, le quiero…allá vamos, esta vez vamos a seguir adelante, nada nos va a frenar….
-Estoy…estoy…lista – digo entre jadeos.
- Te quiero nena… - me susurra Leo con voz ronca. Dicen que la primera vez duele, espero que sea un mito, soy muy mala para el dolor. Sus caderas se estrechan contra las mías…ahora…Leo exhala e intenta metérmela. Noto cómo muy despacio y con cierta dificultad me penetra, siento cómo entra dentro de mí, desgarrándome por dentro y provocando un dolor que nunca antes creí tener. Me muerdo el labio para evitar gritar, a pesar de que quiero suplicarle que salga de mí y me libre de este condenado dolor…solo quiero que siga... ¡Maldita sea! Aunque estoy bastante húmeda, eso no ayuda a que se deslice con mayor soltura por mi interior. La sensación es dolorosa a la par que extraña.
- ¿Cómo vas, nena? Estás muy prieta... ¿sigo? – pregunta con voz áspera.
- Sigue….- consigo articular, y me la mete un poco más. Ahogo un grito y mis muecas de dolor asustan a Leo.
-¿De verdad quieres que siga? – vuelve a preguntar, ahora con más nerviosismo.
- Sí…solo debo….acostumbrarme…. – intento decir a pesar de las ganas de gritar. Tienen razón, duele. Pero puedo soportarlo…relativamente. Leo está tenso y se ha quedado muy quieto.
- Nena, voy a moverme. Lo haré lo más despacio que pueda, en caso de que te duela mucho paro, ¿vale?
- Sí… - asiento. Leo empieza a moverse hacia delante y luego hacia atrás. Cierro los ojos con fuerza mientras noto cierto escozor. Duele, pero Leo va todo lo despacio que puede, no quiere hacerme daño. Sigue doliendo, y mucho…. Intento concentrarme en los besos que Leo me regala por todo el cuerpo. Me agarro a sus brazos y observo como su cuerpo se contrae y se relaja con cada embestida mientras jadeo muerta de deseo. Sus caderas empujan poco a poco contra las mías….Sus embestidas se van haciendo más firmes, pero suaves conforme su cuerpo se amolda a mí.
- Joder…- gruñe entre dientes mientras echa la cabeza hacia atrás. Observo a Leo y sé que le está costando ir despacio por mí, y no hay nada que pueda hacer para agradecérselo. - ¿Quieres….quieres que pare? – intenta decir…
- ¡Por favor sigue! – casi le grito. Algunas lágrimas amenazan con desbordarse por mis ojos, pero lucho para que no salgan. No quiero estropear el momento.
- Lo estás haciendo genial nena….eres la mejor – dice entre cada embestida.
-Te quiero…-consigo decir.
Poco a poco el dolor empieza a ser más llevadero y puedo empezar a controlar la situación. Pero la incomodidad sigue conmigo. Las embestidas se suceden en una imperfecta monotonía, cada uno de sus golpes contra mí se me antoja brusco, pero a la vez suave, a ratos doloroso, siempre embriagador…no soy capaz de sentir nada más ni de calcular cuánto tiempo debemos de llevar así, sintiéndonos, rozándonos, fundiéndonos… pero tampoco me importa. Dejé de pensar en el dolor, dejé de pensar en todo aquello que no fuera Leo, por muy difícil que sea. Cada embestida hacía que dejara atrás cada mal recuerdo que hemos vivido, cerré mis ojos y me concentré en cómo mi cuerpo desbordaba energía mientras Leo movía sus caderas hacía delante y hacia atrás…gruñendo, llamándome o diciendo lo genial que lo estaba haciendo. Era como si este momento no fuera a tener fin….
Abro los ojos en cuanto noto cómo Leo me besa en el cuello y succiona. Un profundo gemido escapa desde lo más hondo de mi garganta, mientras tiro de su pelo con fuerza, provocando sonidos guturales por su parte. Siento cómo una corriente eléctrica me recorre todo el cuerpo y la presión de mi vientre se hace más insoportable. Ambos estamos sudando. Leo levanta la vista y me sonríe mientras me aparta un mechón empapado en sudor que tengo en la frente para luego besarme en los labios.
- Nena, estoy a punto… ¿seguimos adelante?
- Sí... – jadeo. Sus penetrantes ojos azules me observan mientras noto cómo nuestros cuerpos se tensan. La concentración en lo más hondo de mi vientre lucha por ser liberada…un poco más…vuelvo a sentir esa corriente eléctrica recorrer mi cuerpo, pero esta vez provoca que mi espalda se arquee hacia arriba, cierro los ojos y disfruto de esta sensación que nunca antes tuve. Es nueva, refrescante… me hace estallar y recorrer una espiral de emociones que nunca creí tener... Leo parece unirse a este maravilloso estremecimiento que nos posee a ambos con una última embestida, mientras mi cuerpo convulsiona debajo de él, hundiéndonos así en un perfecto orgasmo. Nunca antes había hecho que nadie se corriera, esto es algo completamente nuevo para mí y es algo realmente gratificante. Poder ofrecerle tanto placer como el que él me ofrece a mí…De alguna manera siento que he dado un paso más para ser toda una mujer. Leo se desploma con cuidado encima de mí y deja caer la cabeza sobre mi hombro. Respira hondo varias veces mientras le observo cómo se recompone. Nuestras respiraciones irregulares poco a poco se van ralentizando. Mientras nos relajamos rememoro estos últimos minutos de mi vida.
Lo hemos hecho, acabo de mantener mi primera relación sexual. Me siento pletórica, entumecida, pero a la vez muy relajada… creo que no lo he hecho tan horrible como creía que lo haría. Observo a Leo con una sonrisa traviesa que todavía sigue encima de mí respirando fuerte. Su pecho asciende y desciende todavía con ganas. Oigo el latir de su corazón y siento que podría dormirme así…acunada en su pecho, acompasando mi respiración con cada latido suyo. Leo se levanta de encima de mí, apoyándose en sus codos y me observa con una sonrisa.
- ¿Cómo estás? ¿Te ha gustado?– su voz es embriagadora.
- Ha sido alucinante….- respondo aún sin aliento. Leo me observa, besa mi frente y termina de levantarse muy despacio, saliendo de mí. ¡Agh! ¡Duele! Hago una mueca de dolor mientras Leo se coloca a mi lado. Apoya la cabeza en su codo y me mira con cierta preocupación.
- ¿Te he hecho mucho daño? ¿Cómo te sientes?
- Estoy un poco dolorida, pero la experiencia lo vale – le sonrío para tranquilizarlo. Solo espero hacerlo mejor la próxima vez…. ¿Habrá próxima vez? ¿Le habrá gustado como lo he hecho? – Leo… - me da vergüenza.
- ¿Ocurre algo malo nena? ¿He sido muy bruto? - Mierda, se está poniendo nervioso. Debo decírselo antes de que crea que me ha partido por la mitad o a saber qué.
- ¿Lo…lo he….lo he hecho bien? – tartamudeo.
- ¿Bromeas? – veo como su cara muestra alivio. – Lo has hecho genial Emma y lo digo totalmente en serio. No todo el mundo lo hace tan bien su primera vez.
- ¿Lo dices en serio? –Sé que lo dice para que me sienta mejor. Él es mayor y sabe mucho más que yo en este campo….pero no puedo evitar sentirme perdida ante tanta inexperiencia. Observo las sábanas, están manchadas de sangre e inconscientemente, pongo una mueca de asco. Sé que no debo, pero no puedo evitar sentir cierto pudor al ver la clara evidencia de la pérdida de mi virginidad. Leo se da cuenta y acaricia mi mejilla.
- Nena, no te preocupes. Eso se lava, así que no tienes de qué avergonzarte. – Me da un beso en la mejilla y se tumba recto, se quita el condón, le hace un nudo y lo deja en la mesita. Respiro entrecortadamente a pesar de que llevamos un rato echados en la cama. Aún noto cómo mi sangre bombea por todo mi cuerpo a una velocidad de vértigo, cierro los ojos y disfruto de las caricias que Leo ha empezado a darme sobre mi vientre. – Nena, debes descansar – susurra, y noto cómo se levanta del colchón.
- ¿A dónde vas?
- Voy a coger el edredón y al baño.
- Amm – me limito a decir. Observo a Leo acercarse a los pies de la cama, coger su bóxer y el edredón que apartamos en el momento en que dijimos que finalmente íbamos a consumir nuestro amor. Me cubre con cuidado con el edredón y me da un breve beso en los labios.
- Duerme un poco – dice acariciando mi mejilla. Con el bóxer en la otra mano se dirige al baño, dejándome sola en la cama. No tardo mucho en sucumbir al sueño. Solo despierto cuando noto a Leo entrar en la cama.
- Leo… – musito.
- ¿Qué haces despierta?
- Acabo de despertarme – digo mientras me froto los ojos.
- Pues no te espabiles, sigue durmiendo – me medio regaña mientras se termina de pegar a mí y me pega a su pecho.
- Pero estoy manchada de sangre…y las sábanas… - ahogo un bostezo. Realmente estoy agotada.
- Shhh, mi pequeña. Mañana te limpiaré, no te preocupes y duerme – me promete mientras acaricia mi cabeza. Y con esa promesa, termino de hundirme en el pecho de Leo, donde vuelvo a sucumbir a Morfeo. Acunada entre el sueño y el agotamiento…pero sobre todo feliz, porque acabo de compartir la experiencia más íntima de mi vida con Leo….
Emma y Leo


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