lunes, 28 de marzo de 2016

Capitulo 32

El trayecto hacia mi sorpresa es silencioso, solo el embriagador sonido de la radio nos acompaña en la travesía nocturna con la canción, “Wanted” de Hunter Hayes. No es un silencio en absoluto incómodo, Leo conduce tranquilo y yo simplemente estoy acurrucada en el asiento con su sudadera y su manta. Disfruto de la canción, del ligero ronroneo que produce el motor y de mi perfume favorito…En algún momento, no sé en cual exactamente del trayecto, termino quedándome dormida en un profundo sueño. Despierto unas horas más tarde al notar un ligero balanceo, sin embargo y a pesar del movimiento que siento a mi alrededor, no abro los ojos…pero intento agudizar el oído, aunque solo oigo pasos…. ¿dónde estoy?
-Mmmm… ¿ya hemos llegado? – pregunto aún con los ojos cerrados.
-Casi, estoy llevándote a la habitación.
-¿Qué? – ahora si abro los ojos y veo que Leo me lleva en brazos a un sitio extraño. – Leo, ¿Dónde estamos? ¿Y por qué me llevas en brazos?
- Estamos en el hotel – explica.- Ya está todo listo. Cuando hemos llegado me he bajado yo primero para confirmar la reserva y pedir la llave de la habitación. He pedido que nos llevaran las maletas a la habitación mientras iba a por ti. Cuando he llegado al coche y te he visto tan dormida, he sido incapaz de despertarte, así que he optado por llevarte en brazos.
- Primero, ¿por qué estamos en un hotel? ¿Esta es la sorpresa? Segundo, puedo andar, así que bájame por favor y tercero….gracias por llevarme. Pero ahora en serio, me da vergüenza, bájame antes de que nos vea más gente.
- Siempre con mil preguntas – se ríe. -Nena, dentro de unas horas te contesto a lo primero. Estoy demasiado cansado como para contártelo y seguro que querrás discutirlo y necesito dormir antes de un asalto, ¿vale? En cuanto a lo segundo, no. Ya casi hemos llegado a nuestra habitación y no quiero quitarle el romanticismo al asunto. Además, no creo que nos vea mucha gente. Son las siete y media de la mañana.
-¿Ya es tan tarde? – le observo sorprendida. - ¿Dónde estamos?
- Emma en todo caso, es mejor decir que es demasiado pronto. Y te acabo de decir que las preguntas las contestaré dentro de unas horas… espera – se para enfrente de una puerta. Habitación 224, Leo hace maniobras conmigo encima para poder sacar la llave de su bolsillo. Por suerte consigue sacarla rápido sin tirarme al suelo - ¿podrías abrir por mí?
- Leo bájame ya, que peso mucho – le digo con cierta incomodidad. Seguro que tiene los brazos dormidos por mi culpa.
- Emma, no seas tonta, que vas a pesar – me riñe. – Anda abre de una vez o te dejo durmiendo en mitad del pasillo.
- Vaaale, vale – no creo que se le ocurriera hacer eso, pero con Leo mejor no arriesgarse. Cojo la llave de su mano y, como buenamente puedo, abro la puerta. La habitación es enorme y no puedo evitar abrir la boca en una perfecta O ante tanta elegancia. Apenas me da tiempo a ver cada detalle ya que Leo me lleva directamente a la cama.
- Duerme un rato más.
- Espera, me gustaría quitarme el maquillaje y el vestido – recuerdo.
-Como quieras, nuestras maletas están en la puerta – señala a un lado de la puerta donde, efectivamente, se hayan nuestras maletas. - Yo voy a darme una ducha.
- Está bien. – Leo se va hasta la maleta, coge algo y con una última sonrisa, se mete en el baño y me deja sola. Observo un poco a mi alrededor, el sitio es enorme. No es un hotel del tres al cuarto ni mucho menos. Me da miedo pensar cuánto se habrá gastado en este fin de semana solo por mí. La cama es de matrimonio, enfrente hay una enorme televisión de plasma. A la izquierda tengo una enorme ventana con la vista de la ciudad que poco a poco queda bañada con el amanecer que emana al fondo de los enormes edificios. Al otro lado hay una puerta, supongo que será el baño, donde Leo está dándose una ducha. No puedo creer que esto sea real...
Me levanto en busca de mi maleta, saco unas toallitas desmaquillantes y unos leggins. Me acerco al espejo que hay justo al lado de la puerta y me quito el maquillaje. Después, me quito la sudadera de Leo, el vestido y las medias. Necesito un sujetador, vuelvo a rebuscar en la maleta y encuentro uno negro al fondo. Me lo pongo y me visto rápido en cuanto dejo de escuchar el agua caer. Más cómoda, vuelvo a la cama para dormir un poco más mientras Leo sale de la ducha. Ya he dado una cabezada cuando noto que se hunde el colchón a mi lado y Leo se acerca a mí.
- Nena, ¿ya te has dormido? – susurra en mi oído.
- Bueno, dormida ya no estoy – contesto con los ojos entreabiertos. Me giro para poder verle la cara. Tiene el pelo ligeramente húmedo, y aunque no lleva camiseta, al menos lleva un pantalón de chándal puesto.
- Perdona, quería saber cómo estabas. ¿Por qué llevas aún mi sudadera?
- ¿Te molesta? – pregunto. Pensé que no le importaría si la usaba un poco más.
- En absoluto – me dedica una amplia sonrisa. – Es solo que como dijiste que te ibas a cambiar de ropa, pensé que no querrías volver a ponerte mi sudadera, y mucho menos dormir con ella.
- Estoy demasiado cansada como para rebuscar en la maleta alguna camiseta – le digo mientras un bostezo escapa de mi boca. – Además, me gusta mucho llevar tu sudadera….es muy calentita.
-¿De verdad te gusta llevarla? Pues entonces te la dejo todas las veces que quieras – me ofrece. - Ahora duerme un poco nena – pasa su mano por mi cara para apartar un mechón y colocarlo detrás de mi oreja. - Descansemos unas horas y después te llevaré a algún sitio bonito, ¿vale? – En cuanto asiento, me besa en la mejilla y me coloca de espaldas, pasando su brazo por encima para pegarme a él, quedando abrazada por la espalda. A pesar de estar de espaldas a Leo, puedo notar como sonríe mientras me abraza a él con más fuerza.
****
Estoy muy a gusto, la cama es muy blanda y hace calorcito. A pesar de que tengo los ojos cerrados, puedo percibir que la luz baña la habitación. Un suave aroma a lavanda inunda mis fosas nasales y el tacto de estas sábanas son realmente suaves. A mi lado hay otra respiración, suave, que me envuelve entre unos brazos ligeramente marcados. Mis oídos perciben un sonido... ¿música? no…es alguien…que tararea una especie de nana o no sé, pero es muy agradable y no quiero despertar de este maravilloso sueño…Porque esto es un sueño, ¿no? ¿Es un sueño o es real? Abro los ojos y lo primero que veo son unos ojos azules como el mar observándome. Después, veo como unos labios sonrosados evocan una sonrisa y me hablan.
-Buenos días, ¿te he despertado? – me dice con voz suave.
- En realidad llevaba despierta un rato….solo es que no quería abrir los ojos aún – le sonrío.
- Te estás volviendo muy dormilona.
- ¿Es muy tarde?
- En absoluto. Son las diez y media.
- ¿Has dormido algo?
- El suficiente para estar descansado – me sonríe. - ¿Quieres desayunar? Puedo llamar al servicio de habitaciones y después podemos salir un rato por ahí.
-Me parece bien – bostezo. - Por cierto, ¿Dónde estamos?
- Tu curiosidad no conoce límites – se ríe. – Está bien. Estamos en la otra punta de la ciudad, a unas calles de aquí se encuentra el puerto, así que creo que con eso te haces una idea de lo lejos que estamos. Quería llevarte a Irlanda ya que la otra vez te quedaste con las ganas, pero en tan poco tiempo no nos merecía la pena volar a otro país.
- Leo….- lo miro perpleja – Eres increíble….en serio, estoy sin palabras. ¿Cómo se te ocurre? No me puedo creer que me hayas traído tan lejos. Para llegar al puerto se necesitan dos horas y media o así de trayecto.
- Por eso te dije que prefería conducir nada más salir de tu fiesta. Así evitaba el tráfico y podíamos aprovechar el día por ahí en vez de en el coche.
- Eres de lo que no hay – niego con la cabeza, pero con una sonrisa en los labios. – Si vas a llamar al servicio de habitaciones, me gustaría ducharme antes.
- Podríamos ducharnos juntos – insinúa.
- Eres un pervertido – lo chincho.
-Eso siempre. Venga, dúchate – se apoya sobre su codo y me observa con una mirada pícara. Me levanto y con su mirada sobre mí, me voy hacia la maleta y la cojo para llevármela al baño. – Nena, estás realmente sexy con mi sudadera.
- Lo sé – le digo antes de cerrar la puerta del baño. En cuanto lo veo, me quedo boquiabierta, es totalmente precioso. Tiene ducha y jacuzzi. El lavabo está compuesto por un enorme espejo y una gran decoración de grifos dorados. Elijo un precioso conjunto que me compré el día que me fui de compras con África. Un sombrero, una camiseta de manga larga con un estampado en blanco y negro, falda negra y unas botas marrones. He traído una mochila negra para guardar todas mis cosas. Me doy toda la prisa que puedo, pero disfruto de mi gratificante ducha. Cuando salgo, Leo está delante de un enorme carrito con un gran desayuno.
- ¿Café? – me ofrece.
- Sí – sonrío y me siento en la cama a su lado. Desayunamos tranquilamente y mientras él se arregla en la habitación, yo me termino de maquillar levemente. Salimos del hotel y hace una preciosa mañana de diciembre a pesar de la lluvia de esta semana. Pasamos la mañana paseando por el puerto y disfrutando de la compañía del otro.
- Leo, Leo, ¿has visto eso? – suelto su mano y corro como una niña por el puerto hasta el barco que navega a muchos kilómetros de nosotros. – Leo, ¿lo ves?
- Sí, lo veo – me dice con una sonrisa en cuanto me alcanza. - ¿Es la primera vez que vienes? – pregunta enarcando una ceja.
- Sí – respondo tímida. Leo me agarra y me pega a él para fundirnos en un abrazo.
- Estás realmente adorable cuando te comportas así – se separa ligeramente de mí y me roba un beso casto de los labios. – No sabes como deseaba estar así contigo.
- Yo también. Te he echado mucho de menos.
- Yo te he echado mucho más, pero tenía mucho trabajo, nena. Lo siento.
- No quiero que sea una costumbre no verte nunca – agacho la cabeza.
- Eh, eh, no digas eso – me levanta la cara posando sus dedos en mi barbilla. – Prometo estar más contigo, pero ahora quiero que vuelvas a poner esa preciosa sonrisa en tus labios y disfrutemos de este fin de semana juntos.
- Vale – asiento con ilusión.
- Esta noche quiero que te pongas guapa porque quiero llevarte a cenar.
- ¿Qué? No, Leo no es necesario. Todo esto es más de lo que puedo desear – le digo mientras me aparto de él y señalo donde estamos.
- Nena lo sé. Sé que no te sientes cómoda, pero cuando se trata de ti, no me importa gastar todo cuanto tengo – “tú eres su favorita… por ahora” viene de pronto a mi mente. No quiero pensar en eso ahora, todo eso eran sucias patrañas de personas que solo quieren hacerme daño. – Además – interrumpe mis pensamientos – esta noche me gustaría que fuera especial – su mirada brilla e inconscientemente trago saliva.
- Es…está bien – no opongo un mínimo de resistencia. Se me ocurren varios motivos para querer que sea una noche especial, pero prefiero olvidarme de todo en este pequeño paraíso y como dice mi profesora de latín, vivir en un perfecto “Carpe Diem”.
Leo vuelve a coger mi mano y seguimos hasta el final del enorme puerto que bordea nuestra preciosa ciudad. El paisaje es digno de una portada del National Geographic y Leo está de lo más cariñoso conmigo. Nos hemos hecho muchísimas fotos… todas haciendo el tonto, pero luego, una señora muy amable nos ha hecho una delante de una embarcación a punto de zarpar donde Leo me ha cogido en brazos y me ha besado en la mejilla.
- Eres idiota – le digo mientras observo la foto otra vez en mi móvil. Él sale genial, yo salgo riendo y con mis mejillas coloradas, y aunque no dejo de insistir en que es un idiota por hacer eso sin avisar, a Leo le parece la mejor foto del mundo.
- ¿Por qué? Te he dicho que es la mejor foto. – me repite otra vez. – Es mi foto favorita – sonríe risueño. – Venga, si dejas de ponerte de morros te llevo a comer a un sitio muy chulo.
- ¿De verdad? – pregunto con fingido desinterés.
- Venga no te hagas de rogar– se ríe y yo le saco la lengua. Coge mi mano y casi que me arrastra por todo el muelle hasta llegar casi al final. Allí hay un pequeño restaurante con un aire muy pintoresco. Comemos en una marisquería cerca de la costa, donde podemos disfrutar de nuestro marisco con vistas a una hermosa playa de arena fina y más adelante un mar sereno, de un azul tan brillante como el del color de los ojos del hombre que se encuentra a mi lado y que me hace burla cada vez que me pilla observándole de reojo.
Por la tarde volvemos al hotel para que yo pueda ponerme otra ropa más cómoda. He intentado convencer a Leo de quedarnos en el hotel y que descanse un poco. Sé que no ha dormido tanto como él me hace creer, pero se niega en rotundo a que nos quedemos encerrados en la habitación cuando me ha traído hasta aquí para estar juntos. Mientras me cambio de ropa, le comento a Leo que sería estupendo hacer una merienda fuera, así que me llevo la mochila donde meto la manta que él me dejó la noche anterior y compramos cuatro tonterías para comer de vuelta a la playa donde estuvimos esta mañana.
Una vez allí, paseamos unas horas sin rumbo fijo hasta llegar al final del muelle. Allí colocamos la manta en la arena y disfrutamos de una agradable merienda hasta que Leo se queda dormido encima de la manta. Me da lástima despertarlo, así que mientras duerme, llamo a las chicas para contarles donde estoy y después a mamá para que sepa que estoy bien. Las chicas han alucinado mucho a pesar de que apenas les he contado nada y ya me han dejado claro que debo contarles todo los detalles cuando vuelva. Mamá por el contrario, me anima a que disfrute mientras sea joven, aunque lloriquea un poco porque su niña se ha hecho mayor y eso la hace sentir a ella vieja. Consigo colgar antes de que empiece con su monólogo de “lo rápido que crecen sus pequeñas”. Suspiro y guardo el móvil en la mochila. Como Leo sigue durmiendo me dedico a observarle. Creo que es una de esas cosas de las que no te aburres aunque pasen horas y horas, pero por desgracia, es invierno y se hace pronto de noche a pesar de ser solo las seis.
- Leo…- susurro en su oído.
- Mmmmm – gruñe.
-Deberíamos irnos ya. Se está haciendo de noche y empieza a hacer frío.
- Cinco minutos más… - hace pucheros.
- Venga, no actúes como un niño – lo zarandeo levemente. - Vámonos – insisto.
- No…deja… - como no hace caso por las buenas, tendré que hacerlo por las malas. Me coloco a horcajadas encima de él y le beso en la boca. En cuanto noto reacción por su parte, me alejo y veo como boquea intentando atrapar mi boca. Vuelvo a acercarme y le beso otra vez, jugando con su labio inferior, mordiendo y luego lamiendo. Mis manos acarician sus mejillas, pero Leo sigue con los ojos cerrados. Asciendo las manos hasta su pelo y tiro como a él le gusta pero solo me devuelve los besos sin hacer nada. ¿Tan dormido está? Meneo mis caderas contra las suyas para crear fricción. Eso si provoca algo de efecto, lo noto. Pero el muy capullo sigue sin abrir los ojos.
- Así que no quieres despertarte. ¿Eh? Tu lo has querido – le digo con voz melosa. Mis manos abandonan su pelo y desciende poco a poco hasta llegar a la hebilla del cinturón. Se le ha cortado la respiración, pero todavía no se despierta…un poco más. Jugueteo un poco y cuando creo que es el momento justo, paseo mis dedos por su bragueta hasta agarrar la cremallera y cuando me dispongo a bajarla, Leo abre los ojos. Con una sonrisa petulante paro y me separo de él. - Me alegra de que ya te hayas despertado, venga vamos – le meto prisa.
- Espera, espera, espera. – Se apoya hacia atrás en sus codos. - ¿Por qué te has parado? – me pregunta enfurruñado.
- ¿En serio te creías que iba a hacer eso en un sitio público? – enarco una ceja.
- Vamos nena, no es justo. Aquí no hay nadie, te lo prometo – mira por los alrededores y luego a mi otra vez. - Sigue… - me pide.
- No pienso continuar te pongas como te pongas – me niego rotundamente. – Y sí hay gente – señalo el enorme paseo que se encuentra a unos metros de nosotros.
- Me la has puesto dura para nada. – replica y se pone de morros. Me ruborizo e intento no mirarle a la cara.
- Tienes una boca muy sucia – me limito a decir.
- La misma que tú – se burla. – Estaba despierto – dice mientras se levanta – pero deseaba saber hasta dónde llegabas si fingía no inmutarme.
- Mala suerte – le saco la lengua. Me acerco a él y recojo nuestras cosas.
- Emma – me dice muy serio de pronto. – Lo que has hecho ahora…. ¿podríamos hacerlo esta noche? – Se me corta la respiración de golpe.
- ¿Lo….lo dices en serio? - ¿de verdad quiere hacerlo?
-Emma, te he traído aquí como regalo de cumpleaños porque pensé que sería algo que nadie podría regalarte. Pasar un fin de semana juntos me parecía especial por eso he pensado que bueno, si tú querías….- duda unos instantes, pero se recompone y me mira con determinación. – Si realmente te sientes preparada, creo que esta es la ocasión perfecta para que pierdas tu virginidad. Sé que te he prometido un montón de veces que esperaría por ti hasta que te sintieras preparada, pero….a veces me cuesta mucho mantener esa promesa. – Se acerca hasta mí y acaricia mi mejilla. - Nena, no quiero ponerte en un compromiso con esto y tampoco quiero que se estropee nuestro fin de semana porque me pongas terriblemente cachondo…- trago saliva. - Pero lo digo en serio Emma, me importas y quiero hacer el amor contigo esta noche en el hotel después de volver de la cena….
Habitación de Hotel

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