domingo, 13 de marzo de 2016

Capitulo 30

Viernes por la noche. Creí que nunca llegaría, esta semana ha sido realmente agotadora. Intento evitar todo lo que puedo a Colette antes de que me pudra el cerebro con sus chorradas. Si Leo fuera a cortar conmigo, le daría igual si de repente me alejo de él. Me gustaría que hubiera venido a verme, pero me ha dicho que este fin de semana no va a poder verme por motivos de trabajo…papá también está fuera de viaje de negocios y sé que mamá está planeando irse mañana a casa de África para hacerle compañía porque Fran también está hasta arriba de curro. Los hombres de nuestra familia siempre están ocupados. Quería quedar con alguien hoy, pero Ivana ha quedado con Aaron y Martina con su ligue universitario. Daniela está este finde visitando a unos parientes y Alex ha quedado con unos amigos. Todo el mundo me ha dejado tirada…. ¿podría…? No, no debo, pero bueno… ¡qué demonios! Es viernes, no quiero estudiar más y estoy aburrida. Cojo el móvil y busco, en seguida lo encuentro y escribo.
- ¿Naim? ¿Hola? ¿Ocupado? 21:00
- En mitad de la calle, así que dime jajaja 21: 02
- ¿No preguntas quién soy? 21:03
- ¿Quién eres? 21:03
- Emma :) 21:04
- Olvidé que te di mi número. ¿Qué pasa peque? 21:06
- Vaya, entonces es porque le vas dando tu número a cualquiera 21:07
- No digas eso mujer. Solo se lo doy a mis amigos ;) 21:08
- Por esta vez te creo :P 21:09
-¿Gracias? Jajaja, bueno, ¿querías algo? 21:11
- Hablar contigo un rato, todo el mundo me ha dejado de lado un viernes noche. Espero que no me lo hagan el viernes que viene también L 21:12
- Vaya, ¿y qué ocurre el próximo viernes? 21:14
- ¡Es mi cumpleaños! 21:15
- La peque se hace mayor 21:17
- Pues sí. Podrías venir… no será un fiestón universitario, pero será divertido…si quieres 21:18
- Por supuesto que iré. Así podré tirarte de las orejas cuando soples las velas 21: 20
- Muy gracioso que eres 21:21
- Lo sé 21:22
La conversación continúa hasta casi la hora de irnos a dormir. No pensé que me pasaría tanto rato hablando con él, solo quería charlar con alguien y al final he aceptado ir mañana con él a jugar a los bolos. Es un buen plan y creo que así no pensaré mucho en mis problemas….
****
He quedado con Naim a las cinco y media en el centro. La bolera está algo lejos, así que iremos en su coche. Me hace mucha ilusión quedar con él, siempre consigue que me lo pase bien y olvide todos mis problemas. Como vamos a jugar a los bolos, he optado por ropa cómoda… un peto vaquero, mis panamá y una camiseta de manga corta. En estos sitios suelen poner la calefacción a tope, así que con un abrigo encima voy bien. Mientras le espero escucho algo de música. Este grupo “Big Time Rush” tiene una canción que no dejo de escuchar desde hace unos días “24- seven”. Estoy tarareando en voz baja la canción cuando alguien me llama la atención. Naim ya ha llegado y viene realmente guapo. Vaqueros, camiseta negra y chaqueta. Su pelo está algo desordenado, pero con un aire muy sexy. Ahora me avergüenzo de cómo voy vestida.
- Hola – me dedica una enorme sonrisa y se acerca para darme dos besos.
- Hola, perdona, no voy tan arreglada como tú – me ruborizo levemente.
- Emma no seas tonta, lleves lo que lleves me parecerás una monada. Vamos, he aparcado aquí al lado.
Caminamos por tres calles y llegamos hasta un cruce, Naim me señala un coche blanco que hay en la acera de enfrente. La mandíbula se me cae al suelo. ¡Es un Toyota Auris! Me enamoré de ese coche hace muchísimo tiempo y le supliqué a papá que me lo regalara cuando tuviera el carnet.
- ¿Te gusta mi bicho? – acaricia el capó y le dedica una mirada de afecto. Ese tipo de miradas que los hombres le echan a su coche, como si fuera la niña de sus ojos.
- ¡Es una pasada! – observo el coche aún boquiabierta. - ¿Sabes que le supliqué a mi padre que me comprara este coche cuando me sacara el carnet y me fuera a la uni?
- Ahora lo sé – se ríe. – Sube. - Entramos en el coche y quedo aún más enamorada al ver cómo es por dentro. No es como el de Leo, pero eso no le quita que sea una pasada. Enciende la radio y disfrutamos del tema “Hideaway” de Kiezsa hasta llegar a la bolera. El sitio es alucinante, las chicas y yo hemos estado deseando venir desde que abrió, pero al final siempre surgían cosas y no hemos podido venir. Nos vamos hasta el dependiente que amablemente nos entrega unos zapatos bastante curiosos de nuestro número. Una vez puestos, nos vamos a la pista. Al lado tenemos una mesa donde dejamos ahí nuestras cosas.
- Estoy lista.
- Yo también. Las damas primero – me ofrece.
- Gracias caballero – imito una reverencia de las damas de la alta alcurnia y Naim se echa a reír. Me dirijo a la pista y cojo una bola, pero Naim me llama la atención.
- Por cierto, estas muy guapa. – No contesto, una sonrisa traviesa escapa de mis labios e intento concentrarme para lanzar. A esto no le tengo tanta práctica como al billar, pero siempre puedo tener la suerte del principiante. Lanzo y tiro seis.
- ¡Genial! – grito con emoción. – Te toca. - Naim se prepara y lanza. ¡Ha tirado ocho! -¡Vaya! ¡Esto se te da muy bien! – le aplaudo.
- No soy solo guapo, ¿recuerdas? – me guiña un ojo y me revuelvo en mi sitio, ¿cómo ha podido recordar esa tontería?
La partida sigue y Naim está siendo el indiscutible ganador. Yo le sigo por unos pocos puntos y Naim me chincha mucho por ello.
- Emma puedes hacerlo mucho mejor – me repite por tercera vez.
- Hago lo que puedo – le saco la lengua.
- Si me ganas te invito a un gofre – me ofrece. – Por aquí cerca hay un sitio donde los hacen muy buenos – intenta convencerme. ¿Por qué todos los chicos me quieren invitar a comer si les gano? ¿Me ven con cara de pasar hambre?
-¿Si ganas tú iremos igual? – pregunto poco convencida.
- ¿Tan pocas probabilidades crees que tienes? – se echa a reír. – Venga, que te enseño, colócate. – alarga la mano y me lleva hasta pie de pista con él. Coge una bola y me la ofrece. – Colócate en medio, así – me mueve y me coloca delante de él. – Ahora fija la vista en el punto donde quieres lanzar, dobla las rodillas ligeramente y relaja los hombros. Así, muy bien – posa sus manos en mis hombros para relajarlos, pero me siento ligeramente nerviosa. - Ahora tu pie izquierdo debe quedar sobre el punto grande que está en el centro de la pista – pone sus manos en mi cintura y me mueve hasta ese punto. Un escalofrío recorre toda mi espalda con su contacto. – Emma, esto es importante, mantén la muñeca fuerte. Ahora, prepárate para lanzar. – Naim está muy pegado a mí. Sé que solo es para enseñarme, pero tenerle tan cerca me pone cada vez más nerviosa. – Venga, encuentra tu marca en la pista, - le observo sin comprender y me explica otra vez. – Perdona Emma, quería decir que observes las flechas de abajo. Esas – me indica. - No le des al centro, busca una que se adecue al brazo con el que escribes. Bien, impulsa tu brazo hacia delante con el primer paso, así, bien deja caer el brazo de modo que la bola forme un arco hacia tu pierna y que la bola continúe en un arco tras de ti. – A pesar de estar explicándomelo, ha colocado su brazo encima del mío y ambos ejecutamos cada movimiento. - Ahora sube hasta la altura del hombro y lleva la bola hacia abajo. Cuando sientas el pie izquierdo cerca de la pista suelta con un movimiento repentino. – La bola sale disparada y hago un pleno.
- ¡Naim! ¿Has visto eso? ¡He hecho un pleno! - grito eufórica. No puedo creer que haya hecho eso.
- Bravo Emma, ¡lo has hecho muy bien! – exclama.
- Y todo gracias a ti – le dedico mi mejor sonrisa en agradecimiento. Una parte de mi quiere saltarle encima como hice con Leo cuando gané en el billar, pero la reprimo rápidamente.
- Eres una buena alumna – me dedica una sonrisa de orgullo y me acaricia la cabeza como recompensa. - Venga, demuéstrame otra vez lo que te he enseñado.- Vuelvo a lanzar pero esta vez solo tiro ocho.
La partida continua, con piques hasta el último lanzamiento de Naim. Al final ha ganado por cinco puntos. Hemos devuelto los zapatos y salido de la bolera.
- No está mal para una principiante – continua.
- Eso no me hace sentir mejor. Vuelve a repetir eso y te salto encima – amenazo a modo de broma.
- No te atreverás – me desafía.
- Que poco me conoces – de pronto me ruge el estómago, recordándome que al estar mamá fuera apenas he comido. – Creo que mi estómago me está avisando de que es hora de comer – me ruborizo un poco.
- Podríamos ir donde te he dicho. Seguro que te gusta. Está aquí al lado, así que no necesitamos coger el coche.
- Perfecto, no creo que aguante mucho, me muero de hambre – me río.
- Una chica con apetito, me gusta – ríe conmigo y nos dirigimos hacía un sitio que se llama “Pancakes&Waffles”. Me río al ver que la pancarta muestra a una chica cocinando una montaña de tortitas mientras se come una. Entramos y el sitio es una autentica monada. En cada rincón veras algo con forma de postre, como los servilleteros o las sillas. Nos sentamos en una mesa que vemos vacía y una camarera con cara de odiar su trabajo nos atiende.
- Bienvenidos a “P&C” para abreviar, tenemos montañas de tortitas y bla, bla, bla. ¿Qué queréis? – dice de mala gana y sin mirarnos a la cara. No puedo creer que demuestre tan poca profesionalidad de cara al público. Miro atónita a Naim, este se encoje de hombros y llama su atención.
- Hola, queríamos unos waffles de chocolate – me observa para cerciorarse de que yo también quiero y asiento. – Y de beber dos capuchinos – Naim sonríe a pesar de que la mujer que tendrá poco más de veintiocho sigue garabateando en su libreta. Levanta ligeramente la vista y se queda de piedra, abre los ojos con mucha sorpresa hacia Naim. Y empieza a sonreír.
- Perdona mis modales, no me había fijado bien – dice ahora más amable. ¡Menuda hipócrita! Encima me ha ignorado por completo y no para de hacerle ojitos a Naim. Se marcha con una sonrisa de idiota. Por suerte y a la vez, por desgracia vuelve pronto. Bien porque estoy muerta de hambre, mal porque no parece que quiera irse a atender otras mesas y eso me pone de muy mal humor. Por suerte, mis plegarias son escuchadas y un compañero le llama la atención para que atienda a otros clientes.
- Pensé que no se iría nunca…- murmuro entre dientes.
- ¿Has dicho algo? – me pregunta apartando la vista de su waffle.
- ¿Eh? Nada, nada. Solo decía que esto tiene muy buena pinta. – Miro el plato que aún ni he tocado. Estaba más ocupada lanzándole cuchillos con la mirada a la camarera. Me llevo un trozo de waffle a la boca y busco la mirada de Naim. - ¡Guau! ¡Está realmente delicioso! ¡Sin duda son los mejores gofres que probado nunca!
- Te lo dije – ríe.- Me alegra que te guste el sitio.
- Sí, gracias – asiento con una sonrisa. Disfrutamos de la merienda mientras le cuento a Naim mi paso por el instituto. No sé por qué a él le parece divertido saber donde ando metida.
- ¿En serio eres humana? – se burla.
- Todavía sí – le saco la lengua.
- ¿De verdad? No me haría gracia que de pronto te salieran unas antenas de la cabeza y llamaras en una lengua extraña a tu nave nodriza.
- Eso solo lo haré cuando haya terminado con mi plan de conquistar el mundo. Y ahora que lo sabes…deberé acabar con tu vida – le sigo el juego.
- ¡Oh, no! – finge horrorizarse. – Perdóname la vida y seré tu esclavo.
- ¿Mi esclavo? - arqueo una ceja. – ¿Sabes que puedo usar esas palabras en tu contra?
- Cinco euros por las cosas calenturientas que están pasando por tu cabeza. – Escupo el sorbo de café y Naim me mira perplejo, pero mi reacción le ha provocado un ataque de risa.
- ¡Naim para de reír! – le riño.
- No puedo – dice entre risas. – Si te hubieras visto la cara. – Continua con las risas hasta que la camarera de antes vuelve hacía nosotros y a Naim se le corta la risa en seco.
- ¿Necesitas algo guapo? – otra vez me ignora y le habla en un tono que no me gusta nada. Vuelvo a observarla de mala gana.
- Si nos pudiera traer la cuenta cuando pueda. – Naim no pierde la compostura.
- Como quieras pero, si necesitas algo, cualquier cosa – remarca. – Solo tienes que avisarme – le guiña un ojo y ahora sí que Naim se revuelve incómodo. Esta tía me está hartando, nos está estropeando el momento. ¿Qué tienen las camareras que siempre quieren ligarse al chico con el que quedo? Con toda mi cara, carraspeo para llamar la atención de la camarera que, por primera vez, parece reparar en mí.
- Mira, ahora que lo dices, si que necesita algo. No quiere decirlo porque es algo tímido, pero es que queríamos saber si en el baño tienen pestillos. – ambos me miran perplejos y continuo. – Verá, queremos echar uno rápido antes de irnos y nos gustaría algo de intimidad – le digo con toda la petulancia que puedo. No sé a quién se le ha desencajado más la mandíbula, si a la camarera o a Naim, pero le doy a este una leve patada bajo la mesa para que me siga el juego.
-¿Perdona? – pregunta aún a cuadros.
- Si bueno, es que a mi novio y a mí nos pone mucho hacerlo en sitios públicos, así que si no tiene tampoco importa. No es la primera vez que nos pillan…. – le guiño un ojo y ésta me mira con cara de horror. No sé de donde me ha salido esta faceta, pero me encanta. – Si nos pudieras traer la cuenta ya, por favor… - no habla. Me fulmina con la mirada y se marcha rápidamente.
- ¿Quién eres tú y que has hecho con Emma? – Naim me mira aún atónito.
- No sabía que decir para que se fuera – me encojo de hombros y antes de darnos cuenta estallamos a carcajadas.
****
A las ocho estamos en la puerta de mi casa. Ha sido difícil no reírse en la cara de la camarera cuando le hemos pagado la merienda. Naim me ha dado una pequeña vuelta por la ciudad antes de regresar a casa.
- Gracias por una tarde tan divertida – le digo nada más quitarme el cinturón de seguridad y girarme para mirarle a los ojos.
- No tienes por qué darlas. Yo también me lo he pasado genial “novia con la que me lo monto en sitios públicos” – me tapo la boca y me arden las mejillas.
- ¡Deja de repetirlo! ¡Solo lo hice para ayudarte! – me defiendo.
- Ya lo sé, pero es que fue genial – vuelve a reírse. – Juro que nos estuvo mirando por si de verdad entrabamos en el baño.
- Estoy segura - digo entre risas. – Bueno, he de irme, la semana que viene tengo muchísimo trabajo, además de los exámenes – ahora que vuelvo al mundo real, me doy cuenta de que no quiero volver. Me gusta la burbuja en la que me encuentro cuando estoy con Naim, “y con Leo”, me recuerda mi yo interno. Ahora me siento mal por no haber pesando en él en todo el día.
- Ya te avisaré para lo de mi cumpleaños – me acerco y le beso en la mejilla.
- Vale, hasta luego Emma. Suerte con los exámenes.
- Gracias – le dedico una última sonrisa y salgo del coche. Naim me despide con su habitual sonrisa y me giro hasta mi realidad. Un largo suspiro escapa de entre mis labios. Esta semana va a ser muy dura…
****
Miércoles 16
Desde mi quedada con Naim el sábado, no he vuelto a saber de él y tampoco de Leo. Me pasé el domingo estudiando para esta larga semana de exámenes mientras observaba la lluvia caer. No ha parado desde entonces y temo tener un cumpleaños pasado por agua. En cuanto tenemos un momento, hablo con las chicas del tema. Al igual que el de Daniela, será en el local de David, lo haremos el viernes para celebrar el sábado el final de los exámenes. Quería enviar un mensaje a la gente, pero las chicas se han encargado de ello, solo falta que avise a Leo y a Naim, así que mientras cierro el libro de latín cojo el móvil y le dejo un mensaje a cada uno. Me gustaría que me contestaran pronto, estoy saturada de trabajo y ni un millón de clases de yoga conseguirían relajarme. Opto por salir un rato a correr y despejar mis ideas con algo de música aprovechando que ahora no llueve. Voy por unas calles donde suele haber “runners” como ellos se suelen llamar, acompañada de Megan Trainor y su “All About That Bass”, me gusta mucho ese tema, sobre todo porque te enseña que debes quererte sin importar tu aspecto. Con ese chute de adrenalina, cojo más velocidad, aunque algo me hace parar en seco. Lucas, el chico ese que me llamó “gatita” cuando fui a buscar a Leo está a muy poca distancia. Mi cara se transforma en una de horror e intento girarme antes de que se percate de mi presencia, pero es demasiado tarde. Me ha visto y su sonrisa se ha vuelto amplia. Un escalofrío me recorre la espalda, no le tengo miedo, pero no quiero estar cerca de él.
- Hombre, pero ¿a quién tenemos aquí? - dice en un tono de alegría exagerado. – La gatita también corre – me observa de arriba abajo…buff que ganas tengo de partirle la cara. – No estarás enfadada por lo del otro día, ¿no? – Sigo sin hablar mientras lo fulmino con la mirada. – Venga, no te pongas así, por tu culpa Leo nos echó una bronca a todos.
- Tienes suerte de que no hiciera algo más – mi voz es seca, rompiendo así con mi silencio.
- Vamos gatita. Eso no fue justo, solo nos estábamos divirtiendo… - se acerca un poco y yo retrocedo un paso.
- No te acerques – amenazo clavándole una mirada mordaz.
- Deberías ser más amable, no querrás hacerme enfadar, ¿no? Leo casi nos mata porque te enfadaste, ¿tan importante eres para él? – pregunta incrédulo. - Solo eres otra más, cuando se canse, se librará de ti. Lo mismo le pasó con la francesita. – golpe bajo. - Venga, si me haces pasar un buen rato te prometo que haré que olvides a Leo.
- ¡Cállate! – le bufo. No puedo aguantar sus palabras. ¡Miente! ¡Está mintiendo!
- ¿Te duele lo que te digo? Pues es la verdad. Este fin de semana estuvo conmigo y unas chicas tremendamente buenas, creo que no le importó mucho que tú estuvieras allí – dice aburrido. – Venga, vente conmigo y véngate de ese cabrón – le brillan los ojos. Quiero vomitar.
- Solo dices eso porque eres idiota. Leo no es así. Además, solo somos amigos – escupo con rabia
- Mejor me lo pones – se relame y se acerca a mí, agarrándome de la muñeca. - ¿Dónde estará Leo? – me susurra mientras intento zafarme de su mano. – Seguro que se está tirando a otra mientras hablamos. Lo bueno de ir con él es que sabe moverse con chicas atractivas. Tal vez tú seas…su favorita….por ahora – sus palabras me hieren de gravedad. ¿Realmente debería creer todas las patrañas que me está contando? Intento escapar de su brazo, pero no tengo la fuerza suficiente para zafarme. ¡Joder!
- No…no me toques – le digo mientras continuo luchando para que me suelte.
- ¡Suéltala! – escuchamos a nuestras espaldas. Nos giramos y divisamos a un Naim trajeado acercándose a nosotros con una expresión muy seria en el rostro.
- Naim… - suelto aliviada. Lucas me suelta rápidamente y finge inocencia.
- Eres Lucas, ¿me equivoco? – este asiente. – Sabes perfectamente que si Leo te viera ahora mismo no estarías respirando. Por tu bien no vuelvas a acercarte a ella, porque si no, no será Leo el que te borre del mapa.
- Perdona tío, solo bromeaba, no le digas nada a Leo – casi suplica.
- Anda lárgate y que no te vea cerca de Emma – no suena a amenaza ni mucho menos, pero su rostro es serio y si yo fuera Lucas no me atrevería a desobedecer. Efectivamente se va sin decir nada.
- Naim… - me siento tan aliviada que termino sentada en el suelo. Estaba aterrada. Mis piernas aún tiemblan de la emoción. Luché todo lo que pude, pero no era capaz de liberarme del bruto ese. Si no llega a ser por Naim a saber que me hubiera hecho…
- ¡Emma! – Se agacha y me agarra por los hombros - ¿Estás bien?
- Yo… - intento recobrar el aliento. Ahora que todo ha pasado me doy cuenta de que estaba aterrada. Ese tío pretendía “hacerme pasar un buen rato” para darle una lección a Leo. ¿Por qué me ha dicho todas esas cosas horribles sobre él? Quiero pensar que es todo mentira, pero ya es la segunda persona que me dice este tipo de cosas, y que Leo desaparezca sin dar explicaciones no me ayuda a creer en su inocencia. Mi cuerpo tiembla, no solo por el miedo, sino por la rabia. A veces pienso que realmente no conozco a Leo….
- ¿Sigues asustada? – me pregunta con preocupación. Al principio niego, pero luego asiento levemente. – No te preocupes, ese tío es idiota. Me encargaré de que no vuelva a acercarse a ti.
- ¿Lo conoces? – mi voz se ha convertido en un susurro.
- Sí y no. Leo me lo presentó en uno de los muchos grupos de personas que conoce, pero nunca me cayó bien – sonríe.
- A mí tampoco.
- Lo supongo. ¿Te puedes levantar? – Naim me agarra y me ayuda a ponerme en pie. – Mucho mejor. ¿Tú de qué lo conoces? ¿Te ha hecho algo malo?
- Bueno…coincidí una vez con él cuando quedé con Leo… - la bilis amenaza con subir por mi garganta. No quiero contarle lo sucedido aquel día. – Y ya en esa ocasión fue grosero conmigo. Ahora quería obligarme a pasar un buen rato con él – mi voz a temblado con esas últimas palabras. Solo de pensar que ese baboso pueda tocarme me hace sentir náuseas.
- Prometo que no volverá a acercarse a ti – pone su mano en mi mejilla y me reconforta de una manera realmente gratificante.
- Gracias – le sonrío por primera vez. Naim siempre me salva y no sé como agradecer que siempre esté ahí…
- ¿Quieres que te acompañe a casa o vas a seguir corriendo? – señala mi chándal.
- No, casi que prefiero volver a casa señor ejecutivo – señalo su traje y Naim suelta una risotada.
- Permite que este señor ejecutivo la escolte – me río más relajada y damos media vuelta hacía mi casa. Charlamos de banalidades, Naim no deja de decir tonterías para hacerme reír y evitar que siga pensando en Lucas hasta llegar a nuestro destino.
- Ya estamos aquí – observo mi casa con cierto despecho por estar tan cerca.
- Hora de despedirnos entonces. Tengo que ir al gimnasio, así que no puedo entretenerme más.
-Siempre en forma – sonrío.
- Siempre en forma – repite y me devuelve la sonrisa. Se acerca y posa sus labios sobre mi mejilla. – Nos vemos el viernes. – dejo de lado su tierno detalle y recuerdo mi cumpleaños.
- Vamos a estar en el local de David. Empezaremos a eso de las diez y media, así que vente cuando quieras.
- Vale, hasta el viernes – se despide.
- Hasta el viernes… - repito. Poso mi mano sobre mi mejilla y esbozo una sonrisa. Muchas veces, son cosas tan simples como esas, las que consiguen apaciguar tus miedos y sacarte una sonrisa. Este breve momento con Naim me ha hecho olvidar las crueles palabras de Lucas sobre Leo. ¿Será verdad o mentira? ¡Leo, donde quiera que estés, da señales! Hazme participe en tu vida….o al menos, demuéstrame que los demás se equivocan….
Outfit de Emma

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