lunes, 7 de marzo de 2016

Capitulo 29

Me estoy replanteando beber y terminar con esto, observo la botella, pero antes de que me dé tiempo a cogerla, Leo la agarra y se bebe el contenido de un trago.
- Leo ¿por qué lo has hecho? ¡No era tu turno! – le regaña Eva.
-Tenía sed – se encoge de hombros y me mira fijamente.
- Muñeca deberías escoger a alguien ya – Pablo me mete prisa y no sé qué hacer. Estoy a punto de levantarme y decir que no juego más, cuando Leo aparta a Eva de su regazo, se levanta y me agarra.
- Tengo que mear y puesto que no se decide me la llevo un rato por ahí - se excusa Leo. Sin decir una palabra más, nos alejamos del grupo y subimos escaleras arriba. Leo camina algo irregular y eso me preocupa.
- Leo, ¿estás bien?
- Si… - se tambalea ligeramente y se agarra más a mí.
- ¿De verdad vamos a ir a una habitación?
- Lo de mear iba en serio, ¿sabes cuantos litros llevo en el cuerpo? – me encojo de hombros y lo acompaño hasta el baño donde él me llevo la última vez. Le espero fuera y veo la hora en mi móvil. Ya son las dos y media, el tiempo pasa de una forma realmente rápida en esta casa. Leo sale a los pocos minutos y me observa. - ¿Estás enfadada conmigo?
- ¿Por qué debería estarlo? – No estoy enfadada, algo molesta puede, pero quiero saber los motivos que le han empujado a hacerme esa pregunta.
- Por irme…dejarte sola….- enumera los motivos con los dedos y eso me hace pensar que está algo más que achispado. – Beber mucho… – exagera, pero tiene razón – y bueno, está el juego de Eva…
- No sigas – lo interrumpo. – Vamos a una habitación, descansas un poco y nos vamos – le sonrío. Al menos sabe las estupideces que ha hecho. - ¿Quieres agua? – asiente. – Voy abajo a por un vaso, espérame aquí. – Bajo todo lo rápido que puedo, me dirijo a la cocina, cojo un vaso de plástico y lo lleno de agua del grifo. Subo y veo a Leo sentado en el suelo con la mirada perdida. Odio cuando sus preciosos ojos azules están inyectados en sangre.
- Ya has vuelto – me sonríe. – Le ofrezco el vaso y le da un sorbo. – Gracias.
- No hay de qué. Vamos a buscar una habitación libre. – Leo se incorpora y me indica una habitación al fondo. Está abierta así que entramos. Son pequeños apartamentos de un par de habitaciones, cama y poco más. - ¿Cómo sabías que este estaría vacio?
- Solía venir aquí cuando bebía mucho y dormía la mona hasta el día siguiente.
- ¿Solo para eso? – enarco una ceja.
-¿Quieres la verdad?
- Prefiero no saberlo, gracias – respondo de mala gana. Saber que ha estado aquí con otras me enferma. Vamos hasta la habitación, donde hay una cama bastante amplia, un escritorio, un armario y una ventana con unas cortinas blancas. Leo se tumba en la cama y cierra los ojos, yo me siento a su lado y le observo. – Bebes demasiado – rompo el silencio.
- Prefiero beber yo y estar así a que bebas tú y te tenga que agarrar el pelo mientras vomitas.
- Touché. ¿Cómo te encuentras?
- No voy haciendo eses y el agua me ha despejado…así que voy bien.
- ¿Abro la ventana? – asiente y me levanto para abrirla un poco. El aire gélido de diciembre azota mi piel nada más abrirla y me aparto para que le llegue a Leo y disipe su cabeza. No paro de preguntarle en todo momento como se encuentra o si necesita algo, creo que lo agobio pero quiero cerciorarme de que no le pasa nada grave. Cada vez que hace un movimiento o se levanta para ir al baño se me tensa el cuerpo. Después de venir por cuarta vez del baño, se acerca y cierra la ventana. Ya tiene mejor cara que cuando entramos hace más de veinte minutos.
- Hace frío – me dice y se vuelve a echar en la cama.
-Dímelo a mí que no he bebido – estoy congelada.
-Si tienes frío yo puedo solucionarlo – me ronronea. Se apoya en un codo y me observa con una sonrisa. – Emma, estoy bien, ya he eliminado gran parte del alcohol que corría por mis venas. ¿Puedes ser buena y darme algo de cariño?
- ¿Crees que después de esta noche te lo mereces? – pregunto escéptica.
-¿Tan mal te lo estas pasado? – encima me hace pucheros.
- Al menos no ha sido tan mala como la última vez – intento alejar esos horribles recuerdos de mi mente.
- Con más motivo para que me beses – sonríe. Se termina de levantar y me agarra para que acabe encima de él. – Emma, quiero hacer tantas cosas contigo que no sé ni por dónde empezar –se muerde el labio inferior. Solo ha necesitado eso para encender la llama de mi interior. Yo también quiero hacer cosas con él, pero no quiero precipitarme… - Emma – me susurra al oído. – por favor, déjame hacerte mía…déjame tocarte, probar tu esencia….por favor… - mis mejillas arden como nunca antes y mi respiración es casi artificial. – Emma – vuelve a suplicar – sus manos recorren mi cuerpo de arriba abajo y se detiene en mi cintura. Sus ojos me atraviesan hasta llegar a lo más hondo de mi ser y creo que pueden ver hasta donde yo ni siquiera llego a alcanzar…
- Leo, has bebido mucho y no estaría bien…- me interrumpe con un beso. Su lengua entra en mi boca sin pedir permiso alguno y la dejo que vague libre por esta. Inconscientemente, mis manos se entrelazan en su cuello y me pego más a él. Su aliento todavía sabe a ron y hace que sienta cierto mareo, pero me da igual. Leo me pega más a él y se restriega contra mí.
-Mira como me pones y todavía no me has dejado hacerte nada – me susurra antes de besar mi cuello y dar pequeños mordiscos. Se ha vuelto completamente loco y me desea…está muy excitado y sé que no quiere parar. ¿Ha llegado el momento de hacerlo? Leo me desprende del jersey y me quedo con una camiseta de tirantes,… se quita su camiseta y deja tu torso al descubierto. Arquea una ceja esperando a que yo me quite la camiseta pero me niego rotundamente. Eso no parece importarle, me vuelve a acercar a él y me besa por todo el cuello, un gemido tras otro escapa de mis labios, disfruto de lo que hace pero no quiero hacerlo aquí. En esta casa y con él borracho…Leo me da una embestida con su cadera, quiere que note lo que yo le provoco y eso me excita bastante. Sus dedos se aventuran por debajo de mi camiseta…- Emma, ¿puedo? – me pregunta con voz ronca. No debemos seguir, pero las hormonas están ganando terreno y antes de negarme y sin decir nada, asiento con la cabeza. Me siento tímida, esto es nuevo, no es lo mismo por encima de la ropa o por el sujetador. Espero que si seguimos adelante, sea capaz de ser más abierta y no sonrojarme ante estas cosas…ser más valiente. Con mi aprobación, Leo se muerde el labio y observa mi pecho como si escondieran un tesoro. Poco a poco, empieza a subir desde mi cintura y los palpa un poco por encima del sujetador para no empezar tan brusco.
- Son enormes…- musita. – Mueve las manos, acariciando el sujetador y la parte del pecho que este no me cubre. Luego cuela algunos dedos y acaricia mis pechos desnudos – tan suaves…tan redondos…sería capaz de correrme solo con tocártelos – se me corta la respiración y noto como la presión de mi vientre es mayor.
- Leo… ¿tienes protección? – si es el momento de hacerlo, al menos quiero hacerlo bien. Por primera vez desde hace un rato, me mira a los ojos con expresión de horror.
- No contaba con hacerlo esta noche… ¿aún así quieres hacerlo?
- No – musito.
- Eso pensaba…. – dice con decepción. Saca sus manos de mi sujetador, me da un beso casto en los labios y me baja de su regazo. – Emma no puedo obligarte a hacerlo y menos sin protección. Podríamos hacer otras cosas,…cosas que te gustarían mucho…pero hacerlo esta noche solo puede traerme problemas – suspira. - Vamos abajo, - se pone su camiseta y me pasa el jersey.
Ya vestidos, nos vamos abajo. La fiesta sigue en su pleno apogeo y creo que hay hasta más gente que antes. Quiero bailar un rato y se lo pregunto a Leo que, para mi sorpresa, acepta. Nos dirigimos hasta donde bailan un gran grupo de gente y Leo se para en seco.
-¿Qué pasa? – pregunto.
-Debemos irnos. – Dice repentinamente serio. – Ya – ordena. Coge mi mano con más fuerza y me arrastra hasta la salida.
-¿Leo que demonios te pasa? – exijo saber nada más llegar a la calle.
- Debemos irnos a casa. Tú debes irte a casa y no hay discusión que valga. – está nervioso, muy nervioso. ¿Por qué?
-¿Os vais ya? – Leo y yo estábamos tan absortos que no nos dimos cuenta de que Naim estaba sentado en el escalón.
- Sí. Es tarde y he de llevarla a casa.
- Leo, ¿vas a conducir después de lo que has bebido? – Leo medita un poco la pregunta, pero le contesta un sí rotundo.
- No vas a conducir borracho – le espeto.
- Estoy despejado – nos dice a ambos. – Quiero irme de aquí, si me pillan pagaré la multa y ya está – hace un mohín cabreado.
- Leo, no digas gilipolleces. La multa es lo de menos. ¿Y si tenéis un accidente? – Naim arroja una luz a la turbulenta neblina de la mente de Leo que le hace recapacitar.
-Naim, ¿podrías conducir mi coche?
- Claro – le dedica su habitual sonrisa y los tres nos vamos hasta el coche de Leo.
****
El trayecto transcurre tranquilo y en silencio. Naim y Leo van delante, mientras que yo estoy acurrucada atrás con la chaqueta de Leo echada por encima. Doy una pequeña cabezada y escucho murmullos, pero no me entretengo en escucharlos. El coche se detiene.
- Hemos llegado – anuncia Naim.
- Gracias por traerme chicos – ahogo un bostezo y le devuelvo la chaqueta a Leo. Antes de salir, me acerco a ellos y beso a cada uno en la mejilla. – Hasta mañana.
- Hasta mañana Emma – repiten los dos al unísono. – Salgo del coche y me despido de ellos con la mano. Son las cinco, más me vale entrar en casa antes de que mamá o papá me vean….
****
Domingo por la mañana. Son las once y me muero de sueño, pero quiero aprovechar la mañana. Me he tomado un café para empezar bien. He sacado toda la ropa que compré con Afri,…ya que según ella, necesito ropa más acorde a una pre-universitaria. También he sacado el regalo de Alex y lo he puesto a un lado del escritorio, es una monada, después le llamaré para darle las gracias. Paso lo que queda de mañana estudiando y por la tarde me voy a dar una vuelta con Alex.
- Y después me llevaron a casa – termino. Le he contado una verdad a medias, omitiendo detalles como lo de la habitación y eso.
- Odio que vayas a esa fiesta y odio aún más que vayas con ese tío – refunfuña.
- Alex, por favor no odies a Leo.
- Le odio si quiero – me saca la lengua. Se detiene en frente de nuestro antiguo colegio. – Emm, corre antes de que nos vea alguien. – Asiento y ambos nos colamos por el patio. Primero pasa Alex y le lanzo su balón, después salto yo y Alex me agarra para que no me haga daño.
- Gracias.
- Venga, uno contra uno, demuéstrame que no has vagueado estos años – me pica.
- Veremos si no sales llorando – lo provoco. Nos dirigimos hasta la mitad de la pista, el balón en el centro y ambos nos observamos.
- Las damas primero – me ofrece. Asiento y pateo el balón. Empiezo a correr y Alex en seguida me pisa los talones ¡Menuda velocidad! Cuando me quiero dar cuenta me ha robado el balón. - ¿Eso es todo lo que sabes hacer nena? – se pavonea.
- ¡Esto es solo el principio, nene! – le reto. Y así pasamos la tarde, jugando un uno contra uno, haciéndonos pases o marcando penaltis hasta que se hace de noche y apenas podemos vernos.
- Emma no veo un pijo, ¿nos vamos ya?
- No, venga una más – le pido.
- Emm, vamos. Estoy cansado, me has dejado para el arrastre, vámonos.
- Está bien – me pongo de morros y me acerco hasta Alex para salir del colegio. Por suerte, nadie nos ve salir y podemos irnos a casa donde mamá nos riñe por venir tarde y hechos un asco. Le pedí a Alex que se quedara a dormir, pronto son los exámenes y sé que necesita mano dura para estudiar. Es muy inteligente y por eso va de sobrado, pero esa chulería le ha hecho repetir más de un examen o asignatura y no quiero que le ocurra lo mismo ahora que está a punto de ir a la universidad.
**** 
Lo que el lunes parecía un día tranquilo se convirtió en el comienzo de otra pesadilla de la que parecía no tener fin. Alex y yo nos fuimos a clase, Leo me deseó buenos días y una pequeña disculpa por no decirme nada ayer, pues todavía le duraba la resaca. Nos reunimos con las chicas en la puerta y todo apuntaba a que sería un lunes como otro cualquiera. O eso creí.
Todo ocurrió la hora después del recreo, fui al baño antes de ir a clase y justo al salir me encontré con la persona que llevo evitando desde que casi me expulsan por su culpa…Colette. Intento ignorarla y continuar con mi camino, sé que ella me teme por lo que ocurrió la última vez, es por eso por lo que me sorprende que me corte el paso de pronto.
- ¿Me dejas pasar?
- ¿Debería? – me reta. – Quiero hablar contigo. – Me sorprende que se atreva a enfrentarse a mí, y aunque me apetece darle un empujón e irme a clase, quiero saber el motivo que la ha llevado a buscarme. Retrocedo sobre mis pasos y ella entra en el baño también. Me apoyo en la pared y me cruzo de brazos.
- Adelante – le invito a comenzar.
- Te vi el sábado - ¿¡En la fiesta!? Intenta mantener la calma y sobre todo, no pierdas la compostura.
- El sábado estuve en muchos sitios, si pudieras concretar – mi tono suena justo como quería. Neutro e indiferente.
- No te hagas la tonta conmigo Emma. ¡Te vi en la fiesta con Leo! – me chilla.
- Ah, sí, ese chico… Leo - ¿por qué le importa que estuviera con él? Ellos cortaron, no tiene por qué inmiscuirse. Debo hacer como si Leo y yo solo fuéramos amigos, así podré protegerle.
- No juegues conmigo y finjas que no le conoces. Te he visto un par de veces con él. Y el sábado os fuisteis juntos.
- Es un conocido, nos llevamos bien y se ofreció a llevarme a casa con otro amigo. ¿Tienes algún problema con eso Colette? – le digo en tono burlón.
- Mira zorra, tus puños serán más rápidos, pero te lo advierto ¡Aléjate de Leo o tendrás problemas! – me amenaza.
- ¿¡Te atreves a amenazarme con no acercarme a Leo!? En primer lugar no es de tu propiedad y en segundo lugar, hago lo que me da la gana ¡Lagarta! – escupo. Colette me fulmina con la mirada y luego sonríe con maldad.
- Veo que estás muy segura de Leo, pero ¿crees que te puedes fiar de alguien que pasó media noche con chicas y luego un rato contigo?
- ¡Eso tú no lo sabes!
-Sí que lo sé – su sonrisa se hace más amplia. – Porque yo fui una de esas chicas. – Algo en mí se rompe, no, no puede ser.
- ¡Es mentira! – digo en voz alta para convencerme a mí misma.
- Si bueno, y si es mentira. ¿Cómo es que tardó tanto en buscarte? ¿Por qué crees que le subió tanto el alcohol? Yo estuve con él jugando a verdad y desafío y su último desafío antes de ir a buscarte fue besarme – me sonríe maliciosa. ¡Dios! Solo quiero saltarle encima y estamparle la cabeza contra el suelo hasta cubrirlo todo con su sangre. – Lo digo en serio Emma, aléjate antes de que te haga daño – no respondo, observo el suelo donde mentalmente veo a una Colette desangrada. La real sigue de pie, observándome con una sonrisa triunfal. – Solo quería que lo supieras, ¡Chao! – sale del baño dejándome sola. Inspiro profundamente y le doy un puñetazo a la baldosa de la pared. No es verdad, no puede serlo. Pero me viene a la mente aquel momento de la noche, cuando le pedí que fuéramos a bailar y se retractó en el último momento. Se puso nervioso y no paraba de repetir que quería irse de allí. Unas lágrimas ruedan por mis mejillas, lágrimas de rabia, dolor y sobre todo traición…
Emma, no puedes hundirte, no puedes simplemente creer en las palabras de esa sucia arpía. Me acerco al lavabo y me echo agua para disimular que he llorado y vuelvo a clase como si tal cosa. Me es increíblemente difícil concentrarme pero aún así consigo hacerlo. No quiero creerla, pero todo coincide y no me atrevo a preguntarle a Leo si realmente eso es cierto. No podría soportar la verdad…
Pasa el martes, el miércoles y luego el jueves. Colette me está amargando la existencia, cada vez que pasa por mi lado me echa una mirada de superioridad… y en cuanto me pilla sola me recuerda que ella y Leo volverán en cuanto corte conmigo. Y encima me advierte de que ni se me ocurra decirle nada a Leo, porque me mentirá para que no me vaya, ya que Leo solo me quiere para lo mismo que para lo que quiere a todas las chicas. Sexo. Eso es lo único. Yo intento hacer oídos sordos, pero su capacidad para meterse en la cabeza de los demás hace que una pierda toda su cordura. Finjo que no me importan sus palabras y le repito que no cortará conmigo porque solo somos amigos. Por su culpa, me he mantenido muy distante con Leo todos estos días y he fingido estar muy ocupada para apenas hablar con él.
- Emma intenta relajarte, llevas toda la semana muy estresada – me aconseja Ivana de camino a clase de yoga.
- Estos días han sido…agotadores…- no puedo decirle los daños psicológicos a los que estoy siendo sometida por una zorra sin compasión.
- Relájate o no, pero piensa que estos son tus últimos días con los diecisiete.
- No dejo de olvidar que pronto será mi cumpleaños – el viernes dieciocho….
- Sabemos que no podemos ocultarte la fiesta sorpresa tan bien como a Daniela, pero igualmente haremos que sea especial. – Ivana me dedica una sonrisa realmente contagiosa que me hace olvidar por un segundo mis problemas. La clase de yoga consigue quitarme gran parte de la carga que tenía acumulada en los hombros y también me ha dejado tiempo para reflexionar. No sé si lo de Colette es cierto o no, y preguntándole a Leo solo consigo demostrar mí falta de confianza hacia él, y eso no es justo.
A la salida de clase me despido de Ivana y me adelanto a la salida. Tengo que comprar unos cuantos materiales escolares. Nada más salir por la puerta se presenta ante mí un Leo con cara de pocos amigos.
- Emma – ladra y me encojo - ¿¡Por qué me estás evitando!? – Su mirada se me clava de tal manera que se me cae la bolsa de deporte del hombro.- Responde – dice en un tono más bajo pero igual de amenazador al no obtener respuesta. Me giro y veo que las demás van a salir pronto, no quiero que vean una escena. Cojo mi bolsa de deporte y sin decir nada, me llevo a Leo por la otra calle.
- No te estoy evitando – le digo nada más alejarnos del gimnasio.
- Sí lo haces y exijo saber por qué. – gruñe. - ¿Estás enfadada por lo del sábado? Porque bebí mucho y te dejé sola, o por arrastrarte allí o....
- No, no es eso… - le interrumpo. - Leo, no te he ignorado por lo del sábado. Al final no estuvo tan mal…. – hay cosas que me molestaron pero no quiero echar más leña al fuego. – Estamos en la segunda semana de diciembre, y pronto darán las vacaciones de navidad. Y aunque para otros alumnos solo son los exámenes finales – suspiro. – Para mí, significa exámenes, entregar trabajos, las exposiciones de navidad, el periódico, preparar los libros de historia universal, empezar con los preparativos para fin de curso, la fiesta, los discursos, la organización del viaje….
-Vaya…estás muy…ocupada – es lo único que me dice. No quiero revelarle el verdadero motivo hasta estar cien por cien segura de lo que me dijo Colette. Además, no le he mentido, básicamente mi semana y las siguientes hasta las vacaciones se centran en eso. – ¿Y por qué haces todo eso, no hay más gente?
-Claro que hay más gente, pero soy la delegada de mi curso, la fundadora del periódico del instituto, presidenta del consejo de estudiantes y ayudante de la organizadora de eventos. Además, como la profesora que da literatura universal está de baja cada dos por tres, yo me encargo de organizar los libros que leemos para quitarle trabajo. Es buena profesora, pero con una salud tremendamente delicada – pobre profesora Emily pienso para mí.
- Eso es mucho trabajo para una sola persona.
- Dímelo a mí que soy quien lo hace.
- Deberías dejar algunas cosas, no entiendo cómo puedes con todo y encima tener tiempo para venir al gimnasio.
- Se llama organización, además, desde que empecé el instituto estoy metida en esto. Bueno, no en todo, el primer año era solo el periódico, luego se fueron añadiendo los demás. Pero aprendí a sacar tiempo y hacerlo todo,… claro que me resta algo de vida social y alguna que otra hora de sueño – confieso.
- Y te quita horas de estar conmigo – se pone de morros.
- No seas crío, tú también tienes tu trabajo. No puedes simplemente irte y dejárselo todo a Ingrid.
-¿Por qué no? Para algo le paga mi padre – bromea.
- Eres tonto – sonrío. Quiero confiar en Leo y olvidar las palabras de Colette, pero éstas se me han grabado en la cabeza y solo quiero hacerlas desaparecer. – Esto, Leo, el sábado….cuando te fuiste…. ¿estuviste con Eva y el resto jugando? – Leo se tensa y eso no me da garantías de que la respuesta me guste.
- No quise dejarte sola pero sabía que estando juntos te obligarían a jugar, por eso me pasé primero solo y hablé un poco. Es verdad que jugué unas rondas para callarles la boca. No hice nada malo, aunque Eva se sentara encima de mí, pero eso es porque le encanta restregarse con todos los hombres y llevarle la contraria solo significa que te taladre la cabeza con su voz chillona.
- Eso no justifica que la dejaras estar encima de ti todo el rato – suelto mordaz.
- Tú fuiste la que quiso estar de amigos de puertas afuera. No te quejes ahora.
- Ya lo sé – replico de mala gana. ¿Por qué debe echármelo en cara siempre que puede? De pronto recuerdo que debo ir a comprar. – Tengo que ir a la papelería.
- Quiero acompañarte, pero tengo cosas que hacer. Te llamaré, aunque estés ocupada….hasta luego nena – me levanta la barbilla y me besa, primero suave pero luego un poco más salvaje. Se separa antes de lo que me habría gustado y se marcha con una sonrisa de satisfacción en los labios. Quiero creer que todo lo que dijo Colette eran mentiras, tiene que serlo… ¿no?
Recuerdo de Alex

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