lunes, 29 de febrero de 2016

Capitulo 28

Las perversiones de Leo han ocupado mi mente toda la noche. No le respondí y tampoco esta mañana…no sabía que responder a eso. ¿De verdad estoy preparada para eso? ¿Sería capaz de dejar que Leo me tocara? Intento no pensar mucho en eso y le echo un último ojo a mis galletas recién horneadas. He estudiado toda la mañana y no tenía ganas de coger más libros, así que saqué esta receta de internet. Alex llegará en breves para ir de compras.
- Ummm eso huele que alimenta – oigo desde el pasillo. Qué raro, no he escuchado el timbre.
- Pues si quieres ven a la cocina – le grito a Alex. Este llega a los pocos segundos y me sonríe. Lleva unos vaqueros y un jersey, algo extraño porque normalmente no suele ir tan abrigado. - ¿Tienes frío?
- No tenía ganas de llevar chaqueta. Por cierto, la puerta estaba abierta – se acerca hasta a mí y coge una galleta. - ¡Quema! – se queja.
-Normal, acabo de sacarlas bobo – me río.
- Me la pienso comer igual – sopla un poco y se la come sin decir nada.
- ¿Están buenas? – le pregunto al ver que coge otra y repite la acción anterior.
- Sí – me responde con la boca llena. Le cuento a Alex mi mañana con África mientras devora mis galletas, menos mal que tengo otra horneada, sino este pozo sin fondo no va a dejar ni una. – Pues en la entrada está mi regalo.
- ¿Un regalo?
-Sí, mi recuerdo. No sabía que traerte, así que pillé un detalle rápido. Está en una bolsa, luego lo ves, ahora tenemos que ir a comprarme unas zapatillas – me recuerda mientras se levanta con otra galleta en la mano.
- Alex, ¡eres un tragón! ¡Te has comido casi todas las galletas! – lo riño cuando veo la bandeja casi vacía.
-Corrige, me las he comido todas – coge las tres que había dejado y las devora como un loco, llenándose la boca de chocolate. Me mira con una sonrisa de “venga no me regañes” y termino riéndome. No puedo enfadarme con alguien que tiene toda la boca manchada de chocolate. Cojo un paño y le limpio como si tuviera cinco años. Alex se deja encantado y una vez que termino nos marchamos al centro, donde cogemos un bus para ir al centro comercial.
- ¿Qué pasó para que rompieras las zapatillas?
- Bueno, digamos que si juntas a un grupo de tíos que luchan por clasificarse, que empezó a llover en los últimos veinte minutos y un tío de casi dos metros me tiró al suelo,… creo que ya puedes imaginarte. Ese bruto se tiró a maldad, y me dio una patada que me partió la mitad de la suela. Me dejó el tobillo para el arrastre. Lo bueno es que el árbitro lo vio y me otorgaron un tiro libre, el cual aún no sé cómo entró teniendo el tobillo hinchado. Por eso necesito unas zapatillas nuevas, me las iba a comprar allí, pero los tres días que me quedé de más los pasé en reposo y con Audrey.
- ¡Menudo bruto! – chillo escandalizada. Alex solo me dijo que ganó el partido, lo de la lesión no me lo contó y me da rabia. –Ya podías haberme dicho lo de la lesión.
- Oh vamos Emm, no te lo dije porque no era importante, tuve el tobillo un poco hinchado y mi madre quería que estuviera en casa hasta estar mejor. No hay mucho que contar, no cojeo y ya no me duele – sonríe. Suspiro y le devuelvo la sonrisa, este Alex nunca cambiará. El autobús se detiene, hemos llegado. Entramos en el centro comercial y nos dirigimos a la zona de tiendas, situada en la segunda planta y entramos en la de deportes. Alex se prueba como veinte zapatillas hasta llevarse unas que, según él, le den suerte en los partidos. A veces se pone de un supersticioso que no es normal. Alex quería ir al burguer y comer algo pero no pudo ser ya que yo tenía planes con Martina, así que nos fuimos de allí y me acompañó hasta su casa.
- Hola Emma… y Alex ¡Qué sorpresa! ¿Qué haces por aquí? – le pregunta Martina con una sonrisa.
- Emma me ha acompañado a comprar unas zapatillas y yo la he traído a tu casa.
- ¡Estupendo! Pues Emm será ahora mi modelo. Puedes entrar si quieres – ofrece.
- Suena tentador pero debo irme. Hasta luego chicas – nos da un beso de despedida a Martina y a mí y se marcha.
- Entra Emm, tengo mucho que hacer. – Asiento y la acompaño dentro de su casa. Vamos a su habitación, y una vez allí me indica que me desnude para probarme el vestido. No hay nada que le guste tanto a Martina como diseñar ropa. Y lo mejor de todo es que siempre que nos usa de modelo nos acaba regalando algo de su “colección”. – ¡Emma no te muevas que te clavarás los alfileres! – me regaña.
- Lo siento – intento mantenerme quieta, pero es difícil cuando es ella misma la que no para de moverme.
- Eres mi modelo favorita. Adoro a Ivana y a Daniela, pero sus cuerpos no son tan simétricos como el tuyo – se coloca unas cuantas agujas en la boca y se pone manos a la obra. – Sabes Emm, he estado pensando que… si me lo propongo puedo diseñar unos vestidos para las cuatro, ya sabes, para la graduación. Si Alex está por aquí podría hacerle algo a conjunto con nosotras.
- Martina, ¿no es un poco pronto? Además…Alex se irá mucho antes de terminar el curso – digo con cierto deje de tristeza. Sé que no va a quedarse eternamente aquí y eso me entristece.
- Son cuatro vestidos, debo diseñarlos y hacerlos, ¿cuánto crees que me llevará si lo compagino con el instituto y los entrenamientos de vóley? Lo más seguro es que empiece a trabajar en ello en Navidad, aunque antes me gustaría hacerte un vestido. Pronto es tu cumpleaños, ¿no?
- Es cierto…dentro de poco es mi cumpleaños – he estado tan absorta todo este tiempo que lo había olvidado por completo.
- Chica últimamente estas en las nubes. Pero bueno, tú piénsatelo – sonríe y sigue dando puntadas. – Ya puedes quitártelo y vestirte – me regala una sonrisa y me ayuda a quitarme el vestido lleno de agujas. – Lo haré bien sexy para que ese Leo vea lo que se pierde – se burla.
- No te pases con lo de sexy – me preocupa hasta que punto entiende ella por “ropa sexy”.
- Calla ostia, la modista soy yo. Por cierto, hablando de él, ¿vas a verle pronto? Últimamente no cuentas nada – cuando quiere enterarse de algo, Martina no para. Será mejor decirle la verdad.
-Hemos dicho de ir a una fiesta hoy… ¿quieres venir? - no quiero que venga por si sucede lo de la otra vez, pero si muestro ofrecimiento no puede sospechar que lo que quiero es todo lo contrario.
- Me encantaría, pero ya tengo planes – sonríe picara. – He quedado con un chico que va a la misma universidad que mis hermanos y que está para mojar pan. No me mires así, es de primer año, por tanto solo me lleva dos años – se defiende. – Por hoy hemos terminado, así que venga vete con tu Leo que debo acicalarme para una buena noche de sexo – se ríe.
-Marti deberías dejar de ir de flor en flor y encontrar a alguien especial– le aconsejo.
- Ir de flor en flor no es malo Emm. Enamorarse sí que debería ser considerado una enfermedad – sonríe con suficiencia. Prefiero no decirle nada cuando se pone así. Ojala algún día pueda encontrar a alguien que sea capaz de sanar su corazón.
****
Después de pasar la tarde con Alex y Martina, apenas he tenido tiempo de ponerme nerviosa por esta noche. Llegué a casa con el tiempo justo para ducharme, arreglarme y cenar. Les he dicho a papá y mamá que voy a salir un rato con las chicas, así no sospecharan al verme tan arreglada. He tenido que subir las bolsas con las compras de ayer de África y el regalo de Alex, mañana lo sacaré todo con tranquilidad. Ya casi es la hora y no debo retrasarme, esta vez hemos quedado en la tienda de la esquina porque viene con el coche. La otra vez me puse vestido, así que en esta ocasión me he decantado por unos jeans ajustados y un jersey rockero, vans negras y mi bolso. El pelo lo dejo suelto y libre. Me hubiera gustado ir más arreglada pero si ocurre, que espero que no, como la última vez, prefiero llevar ropa que no me duela que se manche de mi propio vómito.
Salgo de casa y espero en la tienda de la esquina. Las once y dos minutos, Leo aún no ha llegado. Tan puntual como siempre me recuerda mi conciencia que, como ya es una costumbre, solo sabe decir lo obvio. Y mientras sigo esperando, cojo el móvil para entretenerme un rato, porque, en serio, odio tener que esperar a la gente. Noto una presencia y rápidamente levanto la vista. ¡Leo!
- Hola nena, ¿cómo lo llevas? – sonríe. Se acerca y me roba un beso.
- Cansada de esperarte – le respondo en cuanto se separa de mí.
-Dicen que lo bueno se hace esperar.
- Y el que espera desespera – argumento.
- Touché. Vamos a la fiesta. – Coge mi mano y caminamos hasta el coche. Pone la música y suena un tema conocido para mí.
- ¿The Fray? – una sonrisa me ilumina la cara.
- No recordaba todos los grupos que dijiste pero este me resultaba más familiar y bueno, no están tan mal. – Leo fija la vista al frente y le sonrío como una tonta. Miro por la ventana disfrutando del momento y me parece escuchar a Leo susurrar algo.
- You found me….Emma – me giro para ver si es cierto lo que acabo de oír, pero Leo sigue igual que antes. ¿De verdad habrá dicho eso o han sido imaginaciones mías?
Unos minutos más tarde, Leo aparca en el descampado de la otra vez y nos vamos hasta la fiesta. En cuanto llegamos a la puerta un escalofrío me recorre la espalda. Una parte de mí quiere irse y no volver más, pero ese no es mi estilo. Debo demostrarme ahora que el volver aquí no puede estropear lo nuestro. Entramos y todo es como la otra vez, música a todo volumen, un montón de gente y alcohol por todas partes. Un chico me ha dado un vaso como la vez anterior y lo observo con desconfianza, antes de que me dé tiempo a dejarlo en cualquier lado, Leo me lo quita de las manos y se la bebe de un trago.
- No te voy a dejar beber. Si te ofrecen algo, me lo das, ¿entendido? – no es una amenaza, pero asiento sin rechistar. Odio que me digan lo que debo hacer, pero en esta ocasión no me queda más remedio que hacerle caso.
- Hola Leo, pásate luego por los sofás y nos echamos una partida de verdad o atrevimiento – le dice un chico.
- Ahora me paso – le contesta.
- ¿Lo dices en serio? – pregunto en cuanto el chico se marcha. Mi cara es de horror.
- Tranquila, me pasaré un rato para callarles la boca y con las mismas vuelvo contigo – me tranquiliza.
- ¿Y yo mientras?
- Me esperas en la cocina – frunzo el ceño y él hace como que no lo ha visto, pero enseguida me reprende. - ¿No te he dicho que no quiero que bebas? Dame eso – me quita la copa que hace unos instantes alguien me ha dado y se la bebe. Me acompaña hasta la cocina y nos detenemos en la encimera. – Quédate aquí, ¿vale? Por favor, prometo volver enseguida.
- Vale –cedo de mala gana. No sé por qué insiste en venir a estas fiestas conmigo y luego no me hace ni caso. Me siento en una de las sillas y me quedo observando la pila de hielo hasta que alguien me llama la atención.
-¿Cómo tu por aquí? - me giro y veo a Naim con una sonrisa de oreja a oreja. Rápidamente se me pasa el mal humor.
- Leo quiso venir pero un chico le ha llamado para que vaya a no sé dónde y me ha pedido que me quede aquí porque no quiere que pase lo de la última vez.
- Buena idea, tenías muy mala cara.
- Ya, me pasé un poco - hago una mueca de asco y ambos reímos.
- Entonces, ¿no vas a beber nada?
- No, me han censurado con la ley seca y mi carcelero se bebe todo lo que me ofrecen –me río.
- Una no hace daño – me ofrece su copa.
- No debería…- a Leo no le parecería bien, pero luego recuerdo que nunca hago caso a los demás, así que acepto su copa y le doy un sorbo. – Está un poco fuerte – le digo al notar un ardor en mi garganta.
- Si bueno, perdona. Te sirvo otro más suave, si quieres.
-Vale, una copa no hace daño – repito sus palabras. Charlamos un rato pero no estoy tranquila, no dejo de mirar la hora en el móvil y Naim lo ha notado.
- ¿Tienes que irte?
-No, no es eso. Es que Leo me dijo que solo estaría un momento y ya lleva más de media hora con los otros.
- Vamos a buscarle.
- ¿Qué? No, no es necesario, de verdad – intento convencerlo. No quiero que haga otra vez de niñera.
- Pues vamos a bailar y después le buscamos - se encoje de hombros. – Mira Emma, me gusta hablar contigo, pero esto es una fiesta y Leo no puede obligarte a que te quedes aquí sentada mientras él se divierte. – Naim me entiende, no le doy más vueltas y acepto su mano. Es grande y suave, me gusta mucho su tacto. Nos adentramos a la mitad del enorme salón donde se convierte en la pista de baile en cada fiesta y nos ponemos a bailar. La música está realmente alta, creo que suena “Saturday I’m in love” de Auryn… no sé, el caso es que me estoy divirtiendo mucho. No soy una gran bailarina, pero a Naim no le importa y hace tonterías para hacerme reír. Alguien me coge del brazo y me asusto, hasta que me doy cuenta de que es Leo.
- Emma – dice serio. Baja la vista, me quita la copa de la mano y se la bebe de un trago. – Te dije que no bebieras nada y que te quedaras en la cocina. ¿Por qué no me has hecho caso? – me grita molesto. No sé qué decirle, no me había bebido ni la mitad de la copa y él no es nadie para decirme lo que debo hacer. Naim sale en mi ayuda.
- Leo es mi culpa, le dije que viniera a bailar conmigo y le ofrecí la copa.
- Naim esto no es cosa tuya.
- Sí es cosa mía porque fui yo el que la convenció para que estuviera aquí divirtiéndose en vez de aburrida en la cocina con un vaso de agua esperando a que te dé a ti la gana de aparecer - creo que es la primera vez que veo a Naim hablarle, o en este caso, gritarle algo tan serio a alguien. Leo le observa con cara de pocos amigos y aprieta los puños, quiero decir algo, pero no creo que pueda decir nada que arregle esto. Naim solo me está protegiendo y Leo tiene los ojos inyectados en sangre, ha bebido y solo rezo porque no sea de los que se ponen violentos.
- Leo ¿por qué has tardado tanto? – le pongo una cara triste para ablandarlo. Surte efecto y se relaja un poco.
- Lo siento, me entretuvieron… vamos a un sitio más tranquilo. – No me deja responder, me coge de la mano y me aleja de Naim, que nos observa sin decir nada. Le digo adiós con la mano y volvemos a la cocina. – Emma me gustaría que, para variar, hicieras algo de caso de lo que te digo.
- Te haría caso si por una vez viniéramos a esta casa y no desaparecieras dejándome sola – recrimino.
- ¡Hombre, la rubita del otro día! – escucho a mis espaldas. Me giro y me quedo boquiabierta. Es la chica de la otra vez, su pelo plateado y esas mechas rosas son inconfundibles. – Leo dijiste que no había venido tu amiguita y resulta que sí – esa sonrisa no me gusta nada.
- Eva – gruñe Leo.
- Pues ya que estás, veniros a jugar un rato. Otra ronda de verdad o desafío.
- Eva, no – le bufa.
- Rubita, ¿quieres?
- ¿Qué? Yo no…. – no quiero volver a jugar.
- Estupendo entonces – coge mi mano y me arrastra. ¡Joder! Para estar tan delgada tiene mucha fuerza. Acabamos donde la última vez, me siento entre otras dos chicas y Leo se coloca en el otro sofá. Eva se coloca encima de él y yo la fulmino con la mirada. Leo le susurra algo, tiene cara de estar de mal humor, pero la muy zorra no se levanta.
- Ya he encontrado a dos jugadores más – anuncia Eva.
- Eva aquí tienes espacio, deja de sentarte encima de Leo – le dice un chico con un piercing en la nariz.
- ¡Cállate Pablo! Me siento donde quiero y a Leo no le molesta – dice con aire socarrón. Puede que a él no pero a mí sí. Recuerda que delante de todos sois amigos, me recuerda mi yo interno. Muy inteligente por mi parte soltarle aquella gilipollez. Intento que no se note mucho mi enfado e intento integrarme ante estos extraños. La chica que hay a mi lado lleva una trenza y no lleva piercings, no parece la típica que suele estar con esta gente, pero parece que está a gusto.
- ¿Naim te animas a jugar? – pregunta de pronto. Me giro y veo a Naim a unos pasos de mí.
- Claro, unas rondas no harán nada – dice con su habitual sonrisa. La chica le hace un hueco y se coloca en medio de ambas.
- Hola – me susurra.
- ¿Por qué has venido? – pregunto curiosa.
- Quería ver si estabas bien.
- Si tranquilo, Leo se toma muy a pecho nuestra amistad, pero como puedes comprobar eso solo me atañe a mí – señalo de mala gana a Leo con esa cosa encima de él.
- Secretos en reunión es de mala educación – dice Eva con retintín. En serio, ¿Qué coño tiene esta tía conmigo? – Si habéis terminado, comencemos. Esther, ¿verdad o atrevimiento?
- Atrevimiento –contesta con arrogancia la chica.
- ¿Ves a esa chica intentando ligarse a ese cachas de allí? Pues bien, róbaselo.
- ¿Solo eso? Te estás volviendo blanda Eva – se burla y se levanta en busca del chico que, como era de esperar, se lo lleva de calle a los pocos minutos y sigue la ronda. No puedo beber, así que cuando llega mi turno, opto por decir la verdad.
- Como eres la primera en querer decir la verdad, empezaré por algo simple. – Me dice el tal Pablo. - ¿Tienes novio? – mierda, ¿¡qué digo!? Debo decir algo rápido.
-No – creo que ha sido muy convincente mi respuesta, pues nadie parece pensar que acabo de mentir. Miro hacia Leo y veo que me observa serio. No tiene por qué hacerlo, dijimos que esto sería así delante de la gente. Además, nunca hemos sido novios. Las siguientes rondas de “verdad” me hacen preguntas, algunas comprometidas y otras muy personales, pero de alguna manera contesto cualquier cosa rápida, pues apenas me muestran atención.
- Verdad – vuelvo a decir.
- Rubita ¿qué te pasa esta noche? ¿Vienes después de mucho tiempo y solo vas a decirnos cosas que ni si quiera son verdad? Mi desafío es que dejes de pedir verdad – Eva me ha calado y ahora no puedo decir la verdad.
- Entonces mi turno se ha terminado… - es un buen intento para salir del paso.
-¿Qué? ¡Ni hablar! Por decir mentiras, te toca un buen desafío – se relame gustosa. – Veamos, ¿a qué te podemos desafiar? – piensa durante unos instantes y sonríe maliciosa. – Ya sé. Llévate a un chico a una de las habitaciones de arriba. Pero tienes suerte, estoy de buen humor, así que te dejo escoger al chico que quieras.
- ¿No puede ser otra cosa? – suplico.
- No – responde tajante. – Aunque puedes beberte lo que queda de la botella de un trago. Observo una botella de ron que le queda menos de la mitad. Beber eso de un trago a palo seco es un suicidio. No quiero ir a una habitación con nadie. Obviamente escogería a Leo, pero si lo hago la gente sospechará y al único que conozco es a Naim. Pero si le escojo a él, Leo podría enfadarse y pelearse con Naim. Madre mía ¿¡En qué berenjenal me acabo de meter!?
Outfit para la fiesta

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