domingo, 14 de febrero de 2016

Capitulo 26

Miércoles 2 de diciembre
Ya han pasado tres días desde que Leo me propuso volver a intentarlo. No le he contado a nadie lo ocurrido este fin de semana, salvo Daniela que solo sabe lo que pasó el viernes. Sé que no lo dijo con mala intención pero, ¿será verdad lo que me dijo? No. Sé que no es así. Solo he estado dos veces con Naim eso no lo convierte en un pagafantas o a mí en la típica que pone a chicos monos en la friendzone. Naim solo se ha portado como un buen amigo, eso es todo; y yo…no paro de caer una y otra vez. Estábamos bien, ¿por qué demonios le dejé que me besara? ¿Y por qué accedí a que durmiera en mi cama? Desde entonces, su olor permanece en mi almohada…. ¡Idiota, idiota, idiota!
-¿Emma? – escucho que me llaman fuera del baño de chicas.
-¿Alex? ¿Qué haces aquí? – No creí verle hoy ya que me dijo que se quedaría unos días más en casa. Y la verdad, es que me sentí algo abandonada cuando me llamó el domingo por la tarde.
- Oye, que si quieres me vuelvo a Hampstead y aquí no ha pasado nada – responde irónico.
-Qué tonto – le digo con cariño y me acerco hasta él que me recibe con un abrazo cariñoso. – No pensé que vendrías hoy, dijiste que te retrasarías pero no tres días. ¿Cuándo has vuelto?
- Pues – consulta su reloj – hace tres horas. Por eso he faltado las dos primeras horas jeje. Quería verte y las chicas me dijeron que estabas en el baño, pensé en entrar pero no quería arriesgarme a llevarme un bofetón. Así que pregunté antes.
-Podías haberte esperando – pongo los ojos en blanco - Estaba a punto de salir – en realidad me estaba planteando quedarme la hora de filosofía aquí escuchando música y pensando un poco. – No tienes remedio.
- Nunca – se ríe. - Vamos a clase. – Caminamos por los pasillos a la clase de filosofía y Alex pregunta por lo que más temo. - ¿Qué pasó el viernes?
- Nada. Leo no vino, le surgió un compromiso de última hora y tuvo que cancelar nuestra cena. – No le he dicho una mentira, solo una verdad a medias, así que no tiene por qué pensar que le estoy engañando.
- Amm. Y ¿ya está?
-Sí, ya está. Ha sido un fin de semana muy aburrido.
-Emma ¿estás bien?
-Alex, deja de tratarme como a una niña. No soy tan frágil como crees. Estoy bien, Leo y yo somos amigos así que no me importa que cancelara nuestra cena, no es para tanto. Y por cierto – recuerdo - debo devolverte la llave, no he necesitado usarla y tampoco lo del segundo cajón – bromeo al recodar su nota.
- Puedes quedarte la llave. Esa es la copia, tenla en tu casa por si un día pierdo las mías. Y es una lástima que no pudieras usarlos, por mi parte no puedo decir lo mismo – alardea.
-Alex no – suplico. Sabe que me da vergüenza que me cuente esto.
-Alex si, Emma. Yo si supe darle uso – arquea las cejas – si llego a saber que no ibas a usarlos me los hubiera llevado y hubiera estado el resto de la semana – fantasea.
-Menudo fantasma – me burlo.
- Si lo probaras no dirías eso – me saca la lengua. - Emm eso fue digno de una película porno, Audrey me echó mucho más de menos de lo que me esperaba.- dice con exagerada emoción. - Tendrías que haberla visto, casi me obliga a tirármela en la puerta de su casa…
-Alex no sigas – vuelvo a suplicar.
- Emm, escúchame. Debes aprender, además, eres mi mejor amiga y a ti puedo contártelo. Verás, lo mejor fue cuando me vio, corrió como loca y se me echó encima. ¡¡Pero escúchameeee!! – me chilla al ver que intento taparme los oídos. Quiero a Alex, pero su vida sexual me trae sin cuidado. – ¿Sabes lo que hizo? No me dio tiempo ni a meterle la mano por debajo de la camiseta cuando ella me agarró la…
-¡¡Calla!! ¡Alex por el amor de Dios! ¡No quiero saberlo! Lo que hagas con tu novia cuéntaselo a tus amigos, no a mí. – le regaño.
- Pero yo quiero contártelo a ti – me pone cara de cachorrito. – Emma, las chicas también tenéis ese lado guarrillo, explota el tuyo y hablemos del tema. Me muero por contarte como deje a Audrey, tendrías que haberla oído gritar…
-Alex, basta, por favor – exhalo contrariada. Esta situación me lleva a mi punto más alto a lo que me pueda abrumar alguien. El sexo es algo normal, pero que la gente te cuente con detalles lo que hace con su pareja….sé que a los chicos les gusta hablarlo, pero yo prefiero reservármelo como un secreto de alcoba.
- Está bien – suspira. – Perdona Emm – me da un beso en la mejilla y entramos a la clase de filosofía.
****
Volver a intentarlo me suena tan maravilloso. Apenas han pasado doce días desde que le pedí ser solo amigos y eso nos ha unido más. Leo es importante para mí, de alguna manera, se ha convertido en alguien imprescindible y no quiero perderlo por tener miedo. Él tenía razón. Tengo miedo, todo esto es nuevo para mí y me cuesta afrontar toda esta locura en la que se ha convertido mi vida. Estoy segura de que Naim podría aconsejarme, él conoce muy bien a Leo…. “Hard to say I´m sorry” de Chicago inunda mi habitación que ha permanecido sumida en la oscuridad desde que llegué. “Todo el mundo necesita alejarse un tiempo”; “Hasta los amantes necesitan vacaciones alejados uno del otro”; “Solo quiero que te quedes”. Realmente quiero creer que lo que siento por Leo es lo suficientemente fuerte como para que merezca la pena intentarlo una y mil veces más.
Recibo un mensaje. Cojo el móvil. Leo. Lo abro.
Nuevo mensaje de Leo a las 18:30
Emma te pedí que no me ignoraras mientras tomabas una decisión
Releo el mensaje unas quince veces. Ahora sé cuál es mi decisión. Ahora o nunca y esta vez será la definitiva y sin echarme atrás. Me levanto rápido de la cama y me arreglo lo más rápido que puedo. No miro mucho mi indumentaria aunque al verme veo que es demasiado fresca para estas fechas, así que cojo un pañuelo y un chaquetón. Me maquillo con un poco de rímel, gloss… cojo el móvil y las llaves. Necesito darme más prisa, mamá y papá están fuera, así que me ahorro las explicaciones. Mientras salgo, busco en mi lista de contactos y hago llamada. Responde rápido.
- ¿Sí?
- Soy Emma, ni se te ocurra decir en voz alta quien soy – amenazo.
-¿Por? – pregunta confuso.
- Yo he llamado y por tanto soy la que hace las preguntas. ¿Estás con Leo y dónde? Espera, antes de responder, si estás con él o más gente aléjate y responde bajo para que solo te oiga yo.
-No pienso hacer nada sin una explicación – responde insolente.
-¡Austin joder ayúdame! – sabía que tenía que haber llamado a Aaron. – Necesito hablar con Leo pero no quiero que sepa que voy a buscarle porque es un tema delicado. ¿Podrías ayudarme y dejar de ser tan gilipollas? – está agotando mi paciencia.
-Y debería ayudarte a pesar de haberme insultado porque… - el muy cabrón se está burlando de mí. ¿Cuándo aprenderán los hombres que si ellos juegan sucio yo voy a jugar aún más sucio?
-Porque si no me ayudas llamaré a Daniela y le diré que te has negado a ayudarme y le “aconsejaré” que borre todos los datos de las maquetas de tu portátil, queme todas las partituras…. ¿quieres que siga? – le amenazo.
- ¿No seréis capaces? – su voz ha temblado ligeramente. Perfecto, lo estoy acojonando.
- Eso es solo una de las muchas cosas querido Austin. Mientras ella hace eso yo llamaré a Tatiana. ¿Te acuerdas de Tatiana no? Ella no se olvidó de ti y estará deseando volver a verte – remarco con chulería. Oigo como Austin suelta tacos por la otra línea y sé que he conseguido lo que quería. Está en un callejón sin salida, lo de Daniela era un farol, ella no le haría eso a su hermano a menos de que haga algo muy fuerte y por eso he recurrido a Tatiana. Esa chica estuvo acosándolo durante año y medio hasta que se fue de Erasmus y siempre que la ve, sale por patas.
- Está bien – cede derrotado. – Esta me la pagarás enana – gruñe. Oigo como se levanta y se mueve, eso me indica que está con gente.
-Estoy con Leo y otros colegas en el bar de David tomando cervezas. Ya te lo he dicho, ¿ahora me vas a dejar en paz?
-Sí. Gracias por la colaboración Austin. Enseguida nos vemos – y antes de que le dé tiempo a responder, le cuelgo y corro todo lo que puedo hasta el local de David.
****
Apenas tengo aire cuando llego al bar de David. Estaría helada si no hubiera corrido sin parar. Antes de entrar me arreglo un poco el pelo y me aliso la ropa. Emma, con valor, no es el momento de echarse atrás. Has tomado una decisión y es hora de cumplirla, no puedo huir…esta vez no. Con paso firme entro y echo un vistazo por la sala. David está sirviendo copas y me saluda, le devuelvo el saludo y centro mi campo de visión a la mesa que hay al final, junto al pequeño escenario. Ahí están Austin, Leo, Aaron, Mario y unos cuatro chicos más. Me tiemblan las piernas y mi yo interno me grita a través de un megáfono que esto es una mala idea, pero no pienso achantarme. Camino hasta la mesa con paso firme, intentando regular mi respiración que aún es irregular y mis ojos puestos en mi objetivo que todavía no se ha percatado de mi presencia. Solo se da cuenta cuando Aaron le da un codazo y me señala. Es entonces cuando nuestras miradas se cruzan y la suya se abre con enorme sorpresa. Llego hasta ellos y noto como dieciséis ojos me atraviesan la piel con sus miradas.
- Leo tenemos que hablar – mi voz suena con mucha decisión y da la sensación de que está todo bajo mi control. Pero en realidad me siguen temblando las piernas y creo que en cualquier momento voy a vomitar.
- ¿Ocurre algo malo? – la voz de Leo intenta sonar indiferente, pero he notado cierto temor en su pregunta.
- He tomado una decisión y es la definitiva – Leo traga saliva. - ¿Vienes conmigo o prefieres discutirlo aquí? – mi tono se ha vuelto más brusco sin querer. ¡Joder! A ver si van a pensar que quiero partirle las piernas.
- Emma, ¿no puede ser en otro momento? Estoy con mis amigos – su tono es serio y no me devuelve la mirada, intenta evitarla y eso no se lo consiento.
- ¡Como si estás con la mismísima Reina de Inglaterra! ¿Vienes o no? – Leo se revuelve incómodo pero sigue en el sitio. No quiero esperar porque sé que cambiaré de opinión si dejo a mi mente recalentarla más. – Leo – lo señalo con el dedo. – Recuerda que tú lo has querido así. –Lo fulmino con la mirada.
- Oye gatita, guarda tus zarpas. – me dice un chico moreno con varios piercings. – Lo estábamos pasando en grande hasta que has venido como una loca. – Eso provoca una risa general, solo Aaron y Leo se abstienen de unirse a ellos. Me pongo colorada hasta las orejas. ¿Me ha llamado gatita?
- “Leo tenemos que hablar” – me imita el chico de al lado. Este tiene un tatuaje en el brazo que no logro descifrar, pero tampoco me importa. Estoy más ocupada lanzándole cuchillos con la mirada. Los demás vuelven a reírse y Leo sigue sin decir nada. Recuerdo la noche de la fiesta y me da un vuelco el estómago. Leo no me considera prioritaria ante sus amigos.
- Venir aquí fue un error… – me tiembla el labio al hablar. Tengo ganas de llorar, pero no quiero darles la satisfacción a estos cabrones que se comportan peor que unos niños. - Leo – lo llamo, mi voz suena lastimera, casi suplicante. Quiero que me devuelva la mirada y que me confirme si realmente va a ser así. Prometerme mientras estamos solos y luego tratarme con indiferencia ante los demás. No me mira, vuelvo a intentarlo, pero esta vez casi en un susurro y Leo por fin alza la vista hasta mí. Su cara se descompone al verme. No puedo aguantar esto más, parpadeo un poco para que no se me humedezca más la mirada y me voy. Una mano me detiene, pienso que es Aaron pero es un chico con una gorra hacía atrás y un piercing en la nariz.
- ¿Gatita ya te vas? Leo no parece tener interés en ti, pero no estés triste. No eres a la primera que rechaza, aunque es una lástima… eres una auténtica monada. – Me guiña un ojo. - Yo podría domarte para que fueras más sumisa – la risa general vuelve a aparecer. Ya es oficial. Venir aquí fue una pésima idea. Me siento humillada, estúpida y con ganas de partirle la cara a alguien.
- Tíos cortad el rollo, la estáis asustando– interviene Aaron y esa distracción me vale para recuperar mi brazo. Mentalmente me guardo el darle las gracias.
- Oh vamos Aaron, solo queremos pasarlo bien con esta gatita de uñas afiladas. Vete con tu mini novia a peinar Barbies.
-Que os jodan tíos – Aaron se levanta y se va, pero antes me susurra al oído – no les hagas caso, ya han bebido varias cervezas. Olvídate hoy de Leo y vuelve a casa. Cuando está con estos tíos se vuelven un completo gilipollas. – Asiento e intento irme pero el chico que me cogió la primera vez me ha vuelto a agarrar.
-¿A dónde te crees que vas gatita? – me vuelve a preguntar. Recupero mi mano de un tirón y decido que esta es la gota que colma el vaso.
-¡A darte dos hostias como tú o cualquiera de estos inútiles vuelva a llamarme “gatita”! – ladro de muy mal humor.
- Emma era broma – intenta decir Mario.
- Pues la broma te la metes por el…
- Basta – interrumpe Leo. Todos clavamos la mirada en él.
- Me voy contigo, pero déjalo ya – dice serio pero en un tono suave. Solo cambia el tono a hostil cuando se dirige al resto. – Y vosotros, al próximo que le diga alguna gilipollez como las que le acabáis de decir y os parto todos los huesos del cuerpo, ¿estamos? – todos asienten sin discutir. Parece como si le temieran a Leo. Se levanta y se acerca hasta mí. Doy un pequeño respingo cuando posa su mano sobre mi hombro y me conduce hasta la salida. Antes de alejarnos del todo se gira y les dedica unas últimas palabras. – Por cierto Lucas, repite otra vez que no me interesa y te entierro tres metros bajo tierra. Al resto ni se os ocurra acercaros si quiera. Es mía – amenaza y nos vamos.
Salimos del local en silencio, Leo mira al frente sin mediar palabra, pero no ha apartado su brazo de mis hombros. Yo miro al suelo fijamente, sin atreverme si quiera a mirarle. Es extraño pero siento como si hubiera pasado muchísimo tiempo desde que sentí miedo estando con Leo. Caminamos hasta un callejón, supongo que para poder desgañitarnos sin público en caso de que llegáramos a ese extremo. Leo se coloca frente a mí. Sigue sin soltarme y mi sorpresa viene cuando en vez de gritarme, me pega contra él y me abraza con fuerza.
- Emma, lo siento… he dejado que esos capullos te molesten, debería haber reaccionado antes, lo siento. Ya has visto como tratan a Aaron por tener novia, no puedes mostrar debilidad…
-¿Soy una debilidad? – murmuro.
- Eres mi mayor debilidad. Emma es por eso por lo que no quiero que estés con mis amigos, son unos descerebrados que solo piensan en fo… quiero decir, estar con una tía y desecharla en cuanto se aburren. En cuanto uno se echa novia lo acribillan a muerte por haberse atado. Lo peor es que no respetan nada y si te echan el ojo no te dejaran en paz hasta que hagas lo que ellos quieran. Lo siento tanto, debería haberme ido contigo la primera vez, pero no nos habrían dejado ir tan fácilmente. Hemos conseguido irnos porque los he amenazado. – recuerdo su amenaza… su mirada…y el escalofrío que recorrió todo mi ser... No sé ellos, pero yo quedé bastante intimidada.
- Yo…solo quería darte una sorpresa... – no le he devuelto el abrazo, pero sigo acunada en su pecho.
- No quería asustarte – me interrumpe. – antes, cuando te toqué…diste un respingo. ¿Te asuste?
-Sí.
- No pretendía hacerlo, solo quería mantener a esos idiotas alejados de ti.
- Sé defenderme –digo no muy convencida.
-Me hubiera encantado verte darle dos buenas hostias a Lucas – ríe ligeramente. – En el fondo le tengo ganas yo también. Cuando te dijo gatita me dieron unas ganas de estamparle la cara contra la mesa.
-¿No hablaras en serio? – me alejo horrorizada.
- Completamente – responde serio. – Emma, no consiento que nadie te trate como te estaban tratando y ten por seguro que no se van a escapar de rositas.
- Leo no les hagas nada – suplico. No tendría que defenderlos pero no quiero que Leo se meta en problemas.
-No prometo nada. Bueno dime, ¿de qué querías hablar?
- Ya te lo dije… tomé una decisión. – carraspeo un poco para prepararle a él, pero sobre todo a mí misma.
- Emma, sea cual sea tu decisión…- sus preciosos ojos azules brillan como el más bonito de los amaneceres, sé lo que quiere decirme solo con la mirada, así que asiento. Jugueteo un poco con mis dedos, Leo me devuelve a la realidad colocando un mechón de mi pelo detrás de mi oreja.
- Leo yo…- tomo aire y cojo carrerilla para decírselo todo. – Tenías razón, tengo miedo. Todo este tiempo ha sido una locura y nunca antes había lidiado con algo así. Yo no tengo experiencia en este tipo de cosas, eres mi primer “algo” por ponerle un nombre – Sebas ni siquiera cuenta, a él nunca le importé como a Leo – y hay cosas que no sé cómo llevarlas… cosas que simplemente me superan y acabo en un mar de lágrimas. Eres la persona que más lágrimas me ha hecho derramar – hace ademán de interrumpirme pero le callo posando mi dedo índice en su boca. – Muchas veces pienso que lo más fácil sería olvidar y seguir con nuestras vidas antes de que se juntaran. Luego hay momentos como el día que fuimos a tu trabajo, la partida de billar o el sábado…momentos que no quiero olvidar, que son importantes para mí – me estoy sincerando como pocas veces he hecho y unas lágrimas amenazan con desbordar por mis ojos. – Eres muy importante para mí Leo, no sé hasta qué punto, pero es así…y quiero luchar por ello….- Leo exhala desconcertado. – Esa es mi decisión – una lágrima caliente resbala por mi mejilla, Leo la atrapa y me acerca otra vez a él, para juntar sus labios con los míos. Nuestros besos, al contrario que otras veces, son relajados, lentos, sensuales, pero sobre todo…hablan. Dicen todo aquello que no nos atrevemos a decir en voz alta porque tenemos demasiado miedo como para aceptarlo… mis lágrimas saladas se funden en cada beso de nuestros labios.
- Emma, perdóname por todo. Prometo cuidar bien de ti – me susurra entre beso y beso.
- Yo prometo no huir – le sonrío aún con lágrimas en los ojos.
- No llores nena, no quiero que llores más – con los pulgares secan mis lágrimas y vuelve a besarme. Su lengua entra en mi boca y recorre cada punto de ella. Envuelvo mis brazos entre su cuello, aunque debo de ponerme de puntillas para llegar. Leo muerde mi labio y posa sus manos en mi cadera. Me acaricia y se aleja un poco para mirarme de arriba a abajo. – Emma, esa no es ropa para el mes de Diciembre.
-Tenía que buscarte…no perdí el tiempo y me puse lo primero que vi – respondo con cierta timidez.
-Debes estar helada, esas medias no llegan a cubrirte todas las piernas – recorre mi cuerpo con la mirada. Cada vez que hace eso me pongo colorada. – Pero eso se puede solucionar – se relame los labios y se muerde el labio inferior mientras me observa con ganas de probarme. Pero soy yo la que salta encima de él, cogiéndolo por sorpresa. Aunque esta vez no deja que me ponga de puntillas, ya que me coge por los muslos y me levanta. Ahogo un grito por el susto y rompo en una sonora carcajada en la que Leo se une y escucho el sonido más maravilloso de este mundo…Esta soy yo. Una Emma despreocupada, feliz junto a quien quiero… Soy feliz, vuelvo a repetirme, y está vez, haremos que funcione… 

Emma, esa no es ropa para el mes de Diciembre.

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