domingo, 7 de febrero de 2016

Capitulo 25


Recuerdo que sigo en bata y zapatillas. Voy hasta la cocina con Leo que, por fin la ha encontrado y está guardando las cosas.
-Leo, voy arriba a vestirme, puedes quedarte en el salón y encender la tele o lo que quieras. Estás en tu casa.
-Vale, gracias – me sonríe. Le devuelvo una sonrisa y subo al baño.
Entro y cierro la puerta. No puedo reprimir una pequeña risa, ¿en serio ha venido? No puedo decir que no me haya hecho ilusión, porque mentiría. Estaba molesta porque ayer me dejó tirada y sin ninguna explicación, pero una noche juntos en casa es todo cuanto podía pedir. "¿Aunque solo seáis amigos?" me recuerda mi yo interno. ¡¡Calla!! No importa que seamos solo amigos, el mero hecho de que haya venido me vale. Me quito la bata y ahogo un grito. ¿¡Pero qué coño...!? ¡Sangre! No, no, no, oh no, oh no, no puede ser...sé que tenía que pasar pero... ¿¡Por qué justo ahora!? Me tenía que bajar la regla precisamente hoy, en este preciso momento. Hago una mueca de fastidio y mi yo interno, siempre tan oportuna se burla de mí. "Perdona pero, ¿es que tenías planeada una noche loca de sexo con tu amigo?" No tenía pensado hacer nada de eso, solo somos amigos, le replico a esa metomentodo. Amigos normales, no esos amigos con derechos o cosas así. Ahora entiendo esos cambios de humor y esos antojos de chocolate....el caso es que siempre o suelo encontrarme mal o me pongo muy susceptible con la regla... y no me gusta rondar con un chico cerca cuando la tengo. Sacudo la cabeza e intento olvidar que soy una desgracia con patas. Leo está abajo y no quiero hacerle esperar. Voy a mi cuarto y busco algo mejor que un pijama. Al final opto por un chándal negro con cremallera. En mi estado es mejor ropa oscura. Suelto mi pelo y lo dejo que caiga rebelde por mi espalda. Bajo al salón, donde Leo está sentado en el sofá viendo un partido de fútbol.
-¿Quién juega? – pregunto aún en la puerta.
-Nadie importante – contesta tranquilo. Como si supiera que estaba ahí, cambia de canal y deja uno donde retrasmiten anuncios. Me acerco y me coloco a su lado. Leo deja de prestar atención a la tele y me observa con una amplia sonrisa.
-Estás muy guapa.
-Solo llevo un chándal, eso no es estar guapa – dicho esto, le quito el mando y pongo neox. Esta noche van a echar "Como Conocí A Vuestra Madre". Hoy hacían una maratón y pensaba verla.
-Eso es lo que tú te crees. Estar guapa no es ir emperifollada y maquillada con toneladas de pote. Puedes ir guapa llevando algo tan simple como mi camiseta...
- Ya te gustaría – me sonrojo hasta las orejas y noto que Leo ríe ligeramente al ver mi reacción. Pasamos el resto de la tarde viendo la tele hasta las nueve y media que nos empieza a dar hambre.
-¿Qué podemos pedir? –le pregunto por tercera vez.
- Te he dicho que lo que tú quieras.
-No, lo que yo quiera no, ¿Qué te apetece?
-¿Pizza?
-¿Pizza? – repito. – Comí ayer.
-¿Y qué? No pasa nada por repetir. Mira podemos pedirla de jamón y beso o extra de beso, a la bolobesa, de cuatro besos... - se calla intentando no reírse de su estúpida broma.
-¿Te estás riendo de mí? – arqueo una ceja. – Que porque añadas la palabra "beso" a la pizza no significa que vaya a ocurrir.
- Había que intentarlo – se ríe.
- Tonto – intento no reírme también. Echo un vistazo a la propaganda y veo un anuncio "El rincón de la abuela". Un pequeño restaurante con servicio a domicilio donde preparan desde hamburguesas hasta camperos. Ummm camperos, me apetece mucho. - ¿Pedimos unos camperos?
- Por mí vale – se encoge de hombros.
Dejo a Leo en el salón y me voy a la cocina a coger el teléfono de casa para llamar. Como Leo no me ha dicho nada, he pedido el especial de la casa que lleva un poco de todo. El repartidor viene más rápido de lo que esperaba y me pilla poniendo la mesa, por lo que le pido a Leo que abra por mí. Luego me doy cuenta de que soy idiota y que fijo que va a pagar la cena. Corro a la puerta, ¡mierda! cuando llego el repartidor se está despidiendo. Leo me observa con cara de bobo mientras le lanzo cuchillos con la mirada.
-¿Por qué siempre tienes que pagarlo todo? – le espeto. –No tendré un sueldazo como el tuyo pero también tengo dinero – pongo los brazos en jarras sin darme cuenta.
- Dije que te invitaría a cenar si me ganabas en el billar. Solo he cumplido con mi promesa ya que ayer no pude cumplirla – hago un mohín de fastidio y Leo se echa a reír. Se acerca a mí y me besa en la mejilla para que se me pase el enfado. – Dejo esto en el salón y tú traes las cervezas.
-Vale – le observo cómo se aleja y toco la mejilla donde me ha besado. Voy a la cocina, cojo las cervezas y me voy al salón. Nos sentamos en el sofá y devoramos la cena mientras vemos la maratón de "Como Conocí a Vuestra Madre". Nos lo estamos pasando realmente bien, sé que debería pedirle explicaciones, pero no quiero estropear la velada. Terminamos de cenar hace bastante rato, y aún así hemos seguido bebiendo cervezas. Al final hemos terminado haciendo un juego, en el que cada vez que Barney intente ligar con una chica, acepte un reto o diga "legendario", bebemos. También lo hacemos con Ted, cada vez que corrige a alguien o con las manías de los otros protagonistas.
- Leo, Barney está coqueteando con esa chica, bebe – digo entre risas. Esta es la segunda o quizá la tercera vez que bebo tanto. Pero la primera con la que me da una risa tan floja.
- Venga, a la de tres. Una, dos y tres – y ambos nos inclinamos para darle otro trago a la cerveza. No sé cuantas nos hemos bebido ya, el pack que trajo Leo era de veinticuatro y aquí hay varias latas vacías.
Leo tienes las mejillas ligeramente sonrosadas y está más relajado que al principio. Me excuso un segundo para ir al baño, al que voy con algo de dificultad por la falta de equilibrio. Necesito hacer pis y como siga riendo no creo que llegue. Consigo llegar y cuando me observo en el espejo, veo que mis mejillas están encendidas y mis ojos brillan, no llegan a estar inyectados en sangre, pero si continúo bebiendo, es probable que acabe así. Vuelvo con Leo que observa los créditos, me siento a su lado y me observa.
-Vaya pedo llevas – se ríe.
-¿Yo sola? – arqueo una ceja.
- Tu sola, yo controlo.
- Se nota que no te has mirado al espejo – empiezo a reír.
-Hey... - empieza, pero le pongo el dedo índice en los labios.
-Shhhh, calla, calla, que empieza la intro y me gusta mucho.
- Si no dicen nada – replica.
-Que sí, calla – y empiezo a cantar los pocos segundos de la intro, Leo se ríe y la canta conmigo. La canción pertenece al grupo de "The Solid" y el tema se llama "Hey Beautiful".
-Emma – susurra en mi oído. Me giro y mis labios impactan contra los suyos. Esto me pilla completamente por sorpresa, Leo no se aparta, es más, ha introducido su lengua dentro de mi boca y juega dentro de ella. Mi primer reflejo es dejarme llevar, había olvidado lo maravilloso que son sus besos. Pero, a pesar de la embriaguez, consigo apartarme un poco y mirarle fijamente.
- Leo...no podemos – hipo sin querer.
-¿Por qué no? ¿No has echado esto de menos? – sus ojos brillan casi tanto como los míos.
-Creo que hemos bebido suficiente...
-¿Tan malo es volver a intentarlo? – me observa con una mirada tan triste que me duele. Empiezo a sopesar los pros y los contras de las consecuencias de nuestros actos en los días venideros. Sorprendentemente, cedo.
-¿Unos besos pueden hacer mucho mal? – creo que habla el alcohol por mí. A Leo se le ilumina la cara como a un niño el día de navidad. Coge su cerveza y hace un gesto para saber si quiero. Asiento, le da un trago y se acerca hasta mí, haciendo que me incline ligeramente y me besa. Depositando a su vez, la cerveza en mi boca para que me la beba. Nunca antes hubiera pensado que beber cerveza podía convertirse en algo tan sensual....me la bebo gustosa y Leo me sonríe con complicidad.
-¿Quieres más? – pregunta en tono seductor. No hablo, asiento con una sonrisa de oreja a oreja. Da otro sorbo y vuelve a repetir la acción, la cabeza me da vueltas, y no sabría decir si estoy borracha de Leo o de alcohol. Después de varios tragos de su boca, le pido que se detenga, Leo se bebe de un trago lo que queda y se aproxima hasta mí. Colocándose encima, dejándome tumbada en el sofá y él a horcajadas para que yo no tenga que aguantar su peso. – Esta noche estás más radiante que nunca – me susurra. Y aunque su aliento a cerveza choca en mi mejilla, no me importa. Me pego un poco para poder atrapar su labio inferior y mordérselo. Un gemido escapa de entre sus labios y creo haber escuchado gloria. Leo sujeta mis mejillas y me acerca más a él para besarme con más frenesí. La cabeza me sigue dando vueltas y mis manos se mueven por su libre albedrio. Al final las coloco en su cuello para que no se aleje de mí. Leo coloca sus manos en mi cadera y deja mi boca para asaltar mi cuello, ahí besa suave, con un reguero donde asciende y baja. A veces me hace cosquillas con su nariz y se me escapa una risita nerviosa, no sé qué hago pero me gusta, y mucho. Leo sigue con sus besos. Coge mi sudadera y baja la cremallera hasta abajo, dejándome solo con mi sujetador negro... y a pesar de que debería sentir vergüenza, eso es lo último en lo que pienso. Leo no ha querido abrir la sudadera del todo, por lo que apenas se me ve nada y continua besando cuello abajo. Mis jadeos son cada vez más audibles.
-Leo...- intento decir.
-¿Mmmm? – responde mientras besa mi vientre.
-No...Para...no....
-No voy... a parar – dice mientras hace círculos con su lengua alrededor de mi ombligo. Instintivamente le agarro del pelo y tiro de él consiguiendo así que Leo suelte un gemido.
-No es...no es eso – mi respiración está acelerándose con sus caricias – Leo no es eso....tengo....estoy... regla...
-¿Qué? – para de golpe y sus pupilas enormemente dilatadas me observan con sorpresa.
- Ya me has oído – murmuro tímida. Leo se levanta y me ayuda a sentarme en el sofá.
- Se me fue de las manos... - suspira, se lleva la mano a la cabeza y se revuelve el pelo. – Emm, no podemos ser solo amigos ¿no te das cuenta? No sabes lo que me cuesta contenerme cuando te deseo tanto... – su mirada hace que recuerde que tengo que subirme la cremallera. Me la subo enseguida – lo siento.
-No lo sientas...me vino justo cuando llegaste – observo mis dedos pues no me atrevo a mirarle a la cara. Nunca he hablado con un chico de esto, tal vez con Alex, pero solo si era realmente necesario.
- Para mí no es un problema que la tengas...pero no me siento bien haciendo esto cuando ambos estamos bebidos. ¿Dónde está el baño?
-Arriba, donde está mi cuarto, la siguiente puerta.
-Gracias, -se levanta, me da un beso en la frente y me deja sola. Las piernas me tiemblan ligeramente, no sé si es por la adrenalina del momento o porque el alcohol me está bajando, no lo sé. Apago la tele y recojo un poco todo el desorden que hemos liado. Limpio todo, me voy a la cocina y bebo un poco de agua.
- Aquí estás – oigo a mi espalda. – La una y media, debería irme ya a casa.
-¿Has venido en coche? – pregunto mientras me giro para verle la cara.
-Sí – responde con cierta culpabilidad. Sabe perfectamente que no puede conducir bebido.
-Entonces no te vas – me cruzo de brazos. -Duerme aquí esta noche.
-¿Y tus padres?
-No volverán hasta la tarde-noche. Si ponemos el despertador podrás irte a media mañana. - calculo con rapidez. – Leo no pienso dejarte ir en ese estado, he tirado casi las veinticuatro latas – creo, mi visión no es del todo nítida. -Y tú has bebido más que yo.
- Está bien – cede sin oponer resistencia. - ¿Puedo dormir contigo?
-¿¡Qué!? - pongo los ojos como platos.
-Prometo comportarme. No te meteré mano, ni te desnudaré ni nada – dice mientras alza las manos en son de paz.
- No sé yo – replico dudosa.
- Vale, pues entonces apáñatelas para subir tu sola arriba cuando ahora no eres capaz de estar de pie sin tambalearte. – sonríe con petulancia. ¡Mierda! ¿Tanto se nota que me cuesta mantener el equilibrio?
-¡Vale, tu ganas! – pongo los ojos en blanco. Odio que tenga razón, no estoy en condiciones de estar sola.
-Perfecto – Leo sonríe de oreja a oreja, se acerca hasta mí y me coge en brazos como si fuera una damisela en apuros. – Vamos a la cama – dice en un tono de lo más pervertido.
Sin dejarme replicar, sale de la cocina conmigo en brazos y sube las escaleras lo más rápido que puede hasta mi cuarto, donde me deja encima de la cama.
-¿Quieres ponerte el pijama o algo?
- Me gustaría quitarme la sudadera – me levanto de la cama hasta el armario, donde encuentro una camiseta de manga larga rosa que suelo usar para estar en casa. – Ahora vuelvo. –Dejo a Leo solo y me cambio en el baño. La mandíbula se me desencaja en el momento que vuelvo del baño y veo a Leo simplemente con un bóxer azul marino.
-¿Te importa? Suelo dormir así – dice y se encoje de hombros.
-Bueno, yo...haz lo que quieras – me ruborizo ligeramente. Intento no mirarle de cintura para abajo. Y para ello me meto en la cama rápidamente dándole la espalda.
-¿Has visto algún chico en ropa interior antes?
- En persona no....- y es cierto. Cuando dormía con Alex siempre usaba un short de deporte, aunque no usara camiseta.
- Es bueno saberlo – aparta las sábanas y se mete en la cama. Noto que está ahí, pero no se acerca. - ¿y has dormido con algún chico antes?
-Solo con Alex.
-Eso ya no me gusta tanto – dice con cierto tono molesto. Me doy la vuelta para verle la cara y me doy cuenta de que lo tengo a menos de diez centímetros de mí.
-Leo... ¿en qué punto estamos? – pregunto somnolienta. No me había dado cuenta de lo cansada que estaba.
-En ninguno, es tarde y estás borracha. Vamos a dormir – me tapa un poco más con el edredón.
- Pero... – bostezo - ¿no vas a hacer nada?
-¿Quieres que haga algo? – arquea una ceja. – Emm, hemos bebido mucho, y aunque me muera por hacerte mil perversiones no voy a hacerte nada en tu estado. No sería justo. Vamos a dormir y mañana será otro día – me dedica una cálida sonrisa y me besa en la frente. – Buenas noches nena.
- Buenas noches Leo – respondo y caigo en un rápido sueño a pesar de que Leo esté a mi lado.
Hace calor, tal vez demasiado. Abro los ojos y está todo a oscuras. ¿Qué hora es? Noto mucho peso, giro la cabeza y observo a Leo que duerme tranquilo a mi lado, sus bazos están enganchados en mi cintura y mis piernas alrededor de las suyas. ¿Cómo hemos acabado así? Noto cierto zumbido en los oídos y un leve dolor de cabeza, joder anoche me pasé de la raya y necesito ir al baño. Como puedo me despego de los brazos de Leo y salgo de la cama. Al volver del baño cojo mi móvil y veo que son las cinco y cuarto, pongo el despertador para las diez. Lo pondría antes pero Leo no parece una persona muy madrugadora. Vuelvo a meterme en la cama y Leo me pega a él con fuerza, al principio me asusto un poco porque no me lo esperaba, pero me ha colocado en su pecho y me abraza con mucha ternura. Sus facciones están tan relajadas ahora cuando duerme, ya no muestra ese aire tan indiferente que suele mostrar muchas veces. Cierro los ojos y disfruto del momento que la vida me ha ofrecido. Antes de volver a dormirme oigo a Leo susurrar....
-Emma, no te alejes de mí....
****
Abro los ojos y veo una luz tenue. La persiana está abierta y hay una ligera claridad. Me giro y la cama está vacía....un momento, ¡la cama está vacía! ¿¡Donde está Leo!? Lo de anoche... ¿ocurrió? No pude haber soñado todo aquello... ¡Ahhh! me duele la cabeza, está claro, no fue un sueño. Busco mi móvil y veo un vaso de agua y un ibuprofeno junto a una nota, "bébeme" ¿Sigo soñando y estoy en el país de las maravillas? Tal vez si me tomo esto me haga pequeña y me ponga a corretear detrás un simpático conejo blanco. Sonrío para mí misma al ver la de barbaridades que se me pasan por la mente.
-¿Qué te hace tanta gracia? – oigo en la puerta. Alzo la vista y veo a Leo simplemente con sus vaqueros.
- Me ha hecho gracia tu nota. Por cierto, el sombrerero loco se enfadara si te presentas así al tomar el té.
- Emma, ¿todavía estás borracha? –pregunta divertido.
- No tonto, es que la nota me ha recordado al cuento de "Alicia en el País de las Maravillas".
- ¿De veras? Bueno, no soy el sombrerero loco y tampoco un conejo blanco, pero puedo hacer que tu mundo se ponga patas arriba.
-Ya lo has hecho - me río.
- Eres una chica muy traviesa – dice haciendo un gran énfasis en "muy". Se acerca a la cama y se coloca a unos centímetros de mí. Nuestras miradas se cruzan y permanezco inmóvil, esperando a que se lance primero. Leo levanta la mano y coloca un mechón rebelde detrás de mi oreja. – Emma, vamos a desayunar. –coge mi mano y me ayuda a salir de la cama, pero antes cogemos el ibuprofeno y el agua.
En la cocina, preparo un poco de café y hago tostadas...quería hacer crepes pero son más de las once y no podemos abusar del desayuno si queremos comer pronto.
- ¿Por qué no ha sonado mi despertador? – Leo y yo nos hemos sentado en la mesa de la cocina.
-Lo apague. Quería que durmieras un poco más - le da un sorbo a su café y sigue a lo suyo.
- Pues no deberías. Es tarde –refunfuño.
- Dios, discutes hasta con resaca. Emma, es domingo, disfruta del fin de semana y levántate tarde.
-Lo ves demasiado fácil – suspiro. –Anoche fue una locura.
-Pues sí, no pensé que fuéramos a bebernos casi todas las cervezas.
- Yo tampoco creí que acabaríamos durmiendo en la misma cama – me encojo de hombros. Ninguno pensó que la noche terminaría así.
- Es cierto, aunque no me importaría volver a repetirlo - sonríe pícaro. –Para la próxima podrías usar algo más...erótico.
-¡Ni hablar! - lo regaño.
- ¿Por qué no? Estarías realmente sexy con ropa de encaje – se muerde el labio inferior. Carraspea y prosigue. - Emma, a pesar de mi embriaguez iba en serio. No podemos ser solo amigos... - su mirada penetra por debajo de mi piel y hace que se me erice todo el vello de mi cuerpo.
-Leo ¿qué seguridad tengo de que ya hemos madurado? Esta última semana lo hemos pasado realmente bien, no hemos discutido y nadie, sobre todo yo, ha salido llorando. Ser amigos es lo mejor... - le explico con la cabeza agachada. No soy capaz de decirle esto mirándole a los ojos. Leo se levanta de la mesa sin decir nada y oigo como sube por las escaleras. A los pocos minutos vuelve a bajar, me levanto y lo persigo hasta la entrada. – Leo detente, ¡no pienso dejarte marchar así sin decirme nada! – le grito con enfado.
-Emma, ¡si de verdad te importara no me harías esto! – me devuelve el grito.
-¿Hacerte qué?
-Alejarte de mí – me reclama con dolor.
-No me alejo de ti. Solo busco lo mejor para los dos.
- ¿Lo mejor para los dos o el camino más fácil para huir? Emma, tienes más valor que eso y lo sabes -recrimina. - Dime que no me deseas, que no te atraigo y que no te interesa lo mas mínimo mis besos o mi presencia.
-¿No estarás hablando en serio? – pregunto con un hilo de voz.
-Sí. Ahora contéstame - da un paso hacia mí. – Emma, dímelo. Si dices que no te atraigo lo mas mínimo lo dejare estar...y solo seremos amigos. Y si eso tampoco lo quieres....me alejare de ti - observo el huracán que se ha formado en sus ojos.
- Yo...yo... - me tiemblan las piernas. ¿Cómo puede pedirme que le diga todo eso solo para herirle?
- No lo vas a decir – sonríe victorioso – Emma, tienes miedo de abrirte a mí. No lo aceptas porque eres muy cabezota, pero es así. Sé que te atraigo, sé que me deseas y que no quieres que me aleje de ti. Sé que quieres más, que no te dejas intimidar ante nada. Sin embargo te intimidas ante una persona que puede cambiar tu mundo y enseñarte lo maravilloso que es vivir. Cuesta creerlo porque hasta ahora te he demostrado todo lo contrario, pero es cierto. Emma, puedo hacerte sentir bien, quiero cuidarte y hacerte sonreír. No tienes por qué huir a la mínima que haya algún problema. Podemos luchar por lo nuestro.
- Leo no tengo miedo – tengo miedo. – Eres importante para mí y no quiero que te alejes, pero no podemos seguir con aquel círculo vicioso. Podrás enseñarme grandes cosas, pero ¿merece la pena arriesgarse tanto por simples palabras...?
-No será solo palabras - Leo me coge de la barbilla y me la levanta para que le observe – Emma si supieras cuanto te deseo y sé que a ti te ocurre igual. Tal vez no quieras admitirlo, pero noto que cuando estoy cerca de ti te pones nerviosa. Cuando estamos a pocos centímetros...tu cuerpo sucumbe al mío - se relame – tu respiración se vuelve irregular, tus labios se secan y los humedeces siempre que puedes, ¿ves? Acabas de hacerlo – me acaricia ligeramente los labios con el pulgar. – Sé que tu cuerpo quiere que lo acaricie, casi me lo está gritando. Emma, podría hacerte sentir realmente bien, ya no solo sexualmente, aunque sabes que me muero por probarte - se muerde el labio inferior. – Puedo ser un buen novio si me das la oportunidad.
- Novio – repito con amargura – nunca dijiste que querías serlo... Si fuera más sencillo todo.... Leo no quiero tener miedo pero es difícil no tenerlo después de tantas emociones en poco más de un mes.
- Emma, no voy a renunciar a ti. Piensa en lo que te he dicho, ¿de acuerdo? Dame una respuesta cuando estés preparada. Y por favor, háblame, no me ignores hasta que tomes tu decisión.
Leo me acaricia la mejilla, se agacha un poco y posa sus labios sobre los míos. Un beso simple, casto, pero que con él dice todo lo que soy incapaz de decir con palabras. Se separa, me dedica una sonrisa a medio lado y se marcha de casa. Dejando a una Emma llena de dudas, sentimientos encontrados y un beso entre sus labios....

Pasamos el resto de la tarde viendo la tele

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