viernes, 1 de enero de 2016

¡Capitulo Especial Año Nuevo! ¡Feliz Año Neverlanders!


Suena el despertador. ¿Qué hora es? Las siete y media...es muy temprano, solo cinco minutos más. Debería levantarme, hoy tengo mucho curro, además, me voy pasado mañana, así que no puedo estar durmiendo todo el día. Me levanto y doy una ducha. Pillo lo primero que veo, jeans y sudadera, perfecto. Me peino un poco, cojo las llaves y me voy. Conduzco tranquilo hasta el trabajo, es solo la pequeña radio local, pero es un buen comienzo.
- Buenos días – digo nada más entrar.
- Buenas días, Leo. ¿Qué tal? ¿Listo para tu pequeño viaje? – me pregunta mi jefe.
Metro ochenta, esbelto, atlético, bonachón, todo eso define a Andrés, un hombre de unos treinta y cinco años, que vive tranquilo su día a día. Ese es mi jefe, el único que le parecí lo suficientemente útil como para darme mi primera oportunidad en una radio profesional.
- ¿Acaso lo dudas? Va a ser toda una aventura y estoy deseando vivirla – le digo con emoción.
- ¡Ese es el espíritu Leo! Va a ser una lástima no tenerte por aquí, pero ya tendrás tiempo de trabajar, sal y divierte – me da un apretón de manos y con una gran sonrisa añade – pero ahora necesito que te pongas a trabajar, venga.
- ¡A la orden! – le respondo y me voy a mi mesa para terminar bien mi último día de curro.
Pasa la mañana en la misma monotonía de siempre, cada vez estoy más deseoso de que llegue pasado mañana y montarme en el avión. Esta monotonía me está matando.... quiero ser libre.
Recibo un mensaje de Austin. Lo abro y leo.
"Leo, recuerda que esta noche es la fiesta de despedida que organizó mi hermanita y tienes que venir, nos vamos a reunir toda la banda. Es en el local de David, vente a eso de las nueve y media, tenemos que hacer una despedida por todo lo alto. P.D: Estoy deseando verte el pelo teñido"
Menudo cabrón. Quien me mandaba apostar nada, ¡ahora tengo el pelo moreno! La última vez que hago apuestas estando borracho. En fin, me pasaré a despedir a la peña. Los echaré de menos.
****
En la fiesta
- ¡Qué pasa tío! ¡Menudo pelo! – me grita Austin en cuanto me ve.
-Serás... - le doy un puñetazo amistoso. Echaré de menos estos momentos, pero no puedo quedarme aquí.
- Hey, toma, vamos a animar un poco esto – Aaron me pasa un botellín de cerveza, le doy un trago y le sigo hasta la mesa del dj. Nos turnamos para tocar unos temas mientras viene el resto. Además, me ha parecido ver a unas niñas corretear, supongo que será la hermana de Austin con algunas amigas. Óscar ha llegado y nos ha echado, lo conocimos hace poco y aunque no tiene mucha experiencia, quiere lucirse pinchando un rato. Mejor. Cojo mi cuarto botellín de cerveza y me paseo un rato por la fiesta, hablando con la gente, despidiéndome, pero, ¿Dónde está Aaron? Da igual, iré un rato a la barra.
- Leo, bonito cambio de look, ¿puedes cubrirme un rato en la barra? Voy a traer más bebidas – dice David.
-Por supuesto, ve tranquilo – mientras se aleja me meto dentro de la barra y empiezo a servir copas. Trabajé un par de veranos cuando esto era de su padre, después se lo dio a David para que hiciera algo de provecho y yo me quedé ayudándole hasta que empecé a trabajar en la radio.
- ¡Moreno, sírveme unos chupitos! – grita Austin.
-¡Marchando! – me giro y empiezo a preparar unos chupitos de tequila. Una pequeña venganza por el tinte. Al menos no fue de un color extravagante. Termino de servirlos y noto que alguien me observa, me giro y veo a una rubita que me observa curiosa. Es bonita, bastante jovencita y además muy mona. Lleva un vestido azul marino de manga larga, un poco ajustado, dejando ver un cuerpo que poco a poco será el de una mujer.
-Hola, ¿necesitas algo?- le dedico una sonrisa simpática. No quiero asustarla.
-Esto...mmm...sí, quería una coca cola, gracias. – me responde tímida. Se la ve cohibida, sin embargo, no aparta su mirada de mí. Cada vez me resulta más adorable.
-Aquí tienes. ¿Quieres un vaso? – le vuelvo a sonreír.
-No gracias, así me basto bien – creo que la he incomodado. Hace un ademán de irse, pero la retengo un poco más. Por algún motivo, me llama la atención.
- Eres una de las amigas de Daniela, ¿no? – es lo primero que se me ocurre.
-Sí, soy amiga de Daniela, así que lo siento, si ligas conmigo te puedo denunciar por acoso a una menor – rebate a mi pregunta. Rápidamente se sonroja y se gira evitando mi mirada, pero yo no puedo evitar troncharme de risa con su respuesta. Esta chica tiene algo, de eso estoy seguro. Se vuelve a girar y me observa con sus enormes ojos verdes grisáceos.
- Vale, vale, lo tendré en cuenta. Esperaré a que tengas los dieciocho para pedirte una cita entonces, - le digo guiñándole un ojo. ¿Seré capaz de esperar por ella? No lo sé, pero sí que me encantaría conocer un poco más a esta rubita tan pintoresca.
-Seguro que le dices eso a todas tus novias. -¿Qué? ¿Se piensa que soy un ligón? Se me borra la sonrisa de la cara.
-No tengo novia y no la necesito, porque mi felicidad no depende de encontrar a alguien fruto del azar. Soy una persona que se esfuerza por conseguir lo que quiere y espero que en este caso sea lo mismo. Por eso, yo tomo las riendas de mi destino, y así me gustaría que fuera siempre. Porque eso es lo que realmente me hace feliz. – le digo y vuelvo a sonreír.
Me observa. Le he dejado bien claro que no soy un cualquiera, que me esfuerzo cuando alguien me importa de verdad. Abre la boca para responder pero otra chica le coge del brazo y le susurra algo. Se gira y me observa con cierto deje de tristeza.
- Me tengo que ir, los padres de Daniela han venido a recogernos.
-Bueno, espero que nos veamos en otra ocasión, aunque dentro de poco me voy de viaje para ampliar mis horizontes. Además, sé que nuestros caminos se cruzarán pero hasta entonces, mi promesa seguirá contigo. Cuando tengas dieciocho te pediré una cita – le cojo la mano, y le doy un beso. Al levantar la mirada, quedo atónito ante esta muchachita tan linda y le guiño un ojo. Soy recompensado con una sonrisa tímida. Y así, la pequeña sin nombre se marcha.
Paso el resto de la noche bebiendo y despidiéndome de todos. Este será nuestro primer descanso. Un año entero para perfeccionar, aprender y conocer todo lo que se representa en la música. En Francia viviré con un amigo y él me enseñará nuevos conceptos. La ciudad del amor tiene mucho que enseñarme para crecer como artista, pero sobre todo, como persona.
****
7:00 am
Estoy en el aeropuerto, a punto de empezar mi nueva gran aventura. Por suerte, no tengo resaca. Cierro los ojos y vuelvo a pensar en aquella muchachita, estoy seguro de que no tendría más de dieciséis o diecisiete años. A través de mis cascos suena "La chica más perfecta" de Cruza en rojo y vuelvo a pensar en ella. Solo hablamos un par de frases pero, de alguna manera, consiguió atrapar mi curiosidad. Parecía una chica muy despierta y con mucho que ofrecer, su sonrisa tímida enternecería el alma de cualquier chico. Abro los ojos y sé que mi avión está a punto de salir. Subo al avión, dejando atrás a la chica perfecta... Prometo volver, y entonces, le pediré una cita.
****
Tres semanas después.
- Leo esta noche te voy a llevar a un sitio muy especial – dice Jean mientras desayunamos.
-¿A dónde? – pregunto antes de darle un bocado a mi croissant.
-Ya lo verás. Vivir en el centro de Paris tiene muchas ventajas, los mejores sitios están aquí, y de noche, la ciudad del amor hace magia – dice animado tras darle un sorbo a su café.
-Espero que tengas razón, de todas formas, hoy el día va a ser movidito. He conseguido, gracias a unos contactos, poder visitar algunas radios. Y quiero verlas todas hoy.
-Leo, buen amigo, solo llevas tres semanas. Visita unas cuantas hoy y reparte las demás en los días venideros. Quiero presentarte a muchas personas, todos artistas. Unos trabajan en clubes, otros son callejeros y algún que otro medio famosillo. Son muchos y aunque desempeñen cosas distintas, todos tienen en común que trabajan en el mundo de la música.
-Estupendo Jean, eres el mejor. Tengo mucho que aprender.
Desayunamos y en seguida nos ponemos en marcha. Visito alguna que otra emisora. Conociendo a mil y una personas distintas, cada una con una historia que contar y una habilidad que enseñar. Prometo a todos y a cada uno de ellos pasar un día entero con ellos para que me enseñen todo lo que saben y rápidamente cae la noche en el cielo parisino. Solo volvemos al piso para ducharnos y arreglarnos un poco. Jean pide un taxi y subimos.
- Con la 82 Boulevard de Clichy – le indica.
- Oui, Monsieur - responde el taxista.
- ¿A dónde me llevas? – le pregunto.
- Leo, Leo, Leo, la paciencia es una virtud. Verás, quieres aprender de la música y eso harás, estas semanas te he hecho de guía turística para que te familiarizaras con el ambiente. Ahora toca trabajar en serio. – me observa. – Dices que lo tuyo es el rap, pero eso no significa que te tengas que centrar solo en ese campo. La música tiene un repertorio de lo más amplio y eso es lo que vas a aprender. Vas a expandir tu mente en cada estilo musical que se te presente, desde el clásico hasta el dubstep. Recuerda bien mis palabras, un buen músico debe conocer todo los campos antes de especializarse únicamente en uno. Y eso lo vas a empezar a comprender esta noche.
El taxista nos lleva rápido a nuestro destino. Tras salir del taxi observo con sorpresa un enorme rótulo de color rojo carmesí que ilumina toda la calle. "Moulin Rouge".
-¿Un cabaret? – le pregunto incrédulo.
-Leo, expande tu mente...tienes mucho que aprender. Hoy empezamos con el cabaret, pero este es solo el principio – me guiña un ojo.
Y tenía razón, a partir de ese momento no paré de conocer a artistas de todo tipo, y visitar un local distinto noche tras noche. Desde La Opera Nacional de Paris, hasta locales como "Caveau de la Huchette" para escuchar Jazz; "La Cigale" para grupos indies, rock culto o nuevas bandas que empezaban a darse a conocer... Incluso fuimos al "Nouveau Casino" con conciertos en directo, que después se convierte en una discoteca con DJs. Allí fue donde todo cambió. Aquella noche de Enero...
- Perdona, ¿te he hecho daño?
- No. Estoy bien, solo se ha caído mi copa, no te preocupes – me dice una chica rubia. A primera vista me recordó a aquella chica de la fiesta de Austin... No he dejado de pensar en ella, miles de veces... he pensado en escribir a Austin para averiguar su nombre, aunque siempre me echo atrás cuando voy a marcar el último número. Me fijo mejor, y no....no es ella. Son muy distintas, solo se parecen en que ambas son rubias y que tendrán más o menos la misma edad. Ella me observa, su sonrisa no es tímida, todo lo contrario es una chica que sabe lo que quiere.
- Soy Colette – dice al ver que la observo en silencio. – Te perdonaré si me invitas a una copa – sonríe tomándome de la mano. La sigo, no es ella Leo, desengáñate. Es guapa y tal, pero no es ella. ¿Quién me iba a decir que acabaría pasando la noche con aquella chica tan simpática y que me lo pasaría tan bien con ella? Poco a poco empecé a buscar escusas para quedar con ella, tras haber hecho "mis deberes" como decía Jean. Cuando quise darme cuenta, había pasado un año, y yo debía volver a casa.
-Colette, este año ha sido el mejor de toda mi vida, pero debo volver. Tengo un sitio al que regresar – le digo con dolor. Cada palabra me pesa más que la anterior. No puedo creer que me haya enamorado de esta chica hasta el punto de no querer volver a casa.
-Leo, quédate. Aquí somos muy felices. Puedes empezar una nueva vida aquí, con otro trabajo, otros amigos...y sobre todo, estar conmigo – Colette coge mis manos y ya no siento tanto dolor.
-Lo siento, he de volver... - suspiro resignado.
-Entonces me iré contigo -dice con decisión.
-¿Qué? - ¿lo dice en serio? Ahora siento cierta esperanza dentro de mí.
- La hermana menor de mi madre, mi tía Charlotte, vive en España. Puedo irme a vivir con ella y terminar mis estudios allí.
-¿De verdad dejarías todo esto, por venir conmigo?
- Por supuesto, iría a donde hiciera falta – se pone de puntillas y me besa en los labios.
Y así fue, Colette y yo cogimos el avión y volvimos a España. Ella se fue a vivir con su tía y yo volví a la radio, aunque a los pocos meses me trasladé a la radio de mi padre para que, según él, "no desperdiciara mi talento". Le prometí a Andrés que volvería siempre que él quisiera o le hiciera falta. Mi vida no podía ir mejor, tenía una chica maravillosa, me había ganado el trabajar con mi padre, el sueldo me permitió independizarme y comprarme un buen apartamento. No uno cualquiera, sino uno que roza el cielo...Sin embargo, dicen que lo bueno dura poco y eso es lo que me ocurrió a mí. Justamente seis meses después de volver a casa con Colette...
****
Hoy hacemos un año y medio juntos y quiero darle una sorpresa, me queda muy poco para llegar a casa de su tía. Ya verás que cara pone cuando sepa a donde la llevo a cenar. Doblo la esquina y cuando estoy a punto de llegar a su portal, mi mundo se detiene...Colette está besando a un chaval. ¿¡Qué hace besándose con ese crío!?
- Colle, ¿¡Qué haces!? – le grito. Ella abre los ojos y me observa. Presa del pánico, se separa del niñato e intenta acercarse a mí, pero la detengo. - ¡Te acabo de hacer una pregunta!
-Leo, yo.... ¡Esto no es lo que parece! ¡Puedo explicarlo!
- Lo dudo....tú – me dirijo al chico - ¡lárgate! – el chaval capta mi mirada de odio y se larga todo lo rápido que puede. Vuelvo mirar a la que yo creía que era la chica de mi vida. – Bueno, yo aquí he terminado – hago ademán de irme, pero Colette me detiene.
-¿¡Cómo que aquí has terminado!? ¿Por qué le has echado? – se atreve a recriminarme la muy zorra.
-¿Y qué más quieres Colette? ¡Ve y búscale si tanto te importa! ¡Está claro que yo nunca te importé!
-Eso no es así, ¡Leo te quiero, pero también soy joven y quiero divertirme! – me grita como si fuera lo más obvio del mundo.
- ¡Me das asco! - la observo con repugnancia - Quiero que te largues, para empezar, ¡Nunca tendría que haberte dejado venir conmigo!
- No eres nadie para obligarme a volver. Allí no podía divertirme ni la mitad que aquí – sonríe con suficiencia – mi tía me deja hacer todo lo que quiera, y para que lo sepas, te llevo engañando con varios chicos desde que me llevaste a aquella casa de estudiantes la primera semana que llegamos.
La bilis amenaza con subir por mi garganta. Después de lo que hemos vivido juntos... ¿¡Cómo se atreve a decirme eso tan tranquila solo para herirme!? Aprieto mis temblorosos puños con todas mis fuerzas y le doy a la pared que tengo al lado, dejando la marca de mi puño y algo de sangre...parte de la tensión se ha liberado con ese golpe, pero el dolor...este horrible sentimiento que me embarga por el cuerpo como si fuera veneno que recorre mis venas....este dolor que me está dejando sin aire...no puede estar pasando...Colette me observa asustada, y con razón, nunca antes había sentido tanta rabia como hoy. Me alejo de Colette, vago por las calles en la noche que poco a poco envuelve la ciudad....no puedo creer que haya ocurrido esto, aún no me lo creo...
****
Han pasado cinco meses desde que lo dejé con Colette, o al menos yo di por terminada esa relación. Ella intentó arreglarlo varias veces, pero siempre terminábamos discutiendo y me iba más cabreado que la vez anterior. Poco a poco, la herida ha ido sanando, pero no he vuelto a ser el mismo. Me he vuelto bastante oscuro estos últimos meses, han sido realmente duros, pero al concentrarme en mi trabajo y en los nuevos proyectos con el grupo he conseguido seguir adelante.
Camino tranquilo por la calle y noto que alguien me da un tirón en el brazo. Me giro y observo a una Colette algo distinta, o al menos eso creo, hacía mucho que no la veía.
- Hola Leo.
- Hola....
-Sé que estás enfadado, y lo entiendo...me porté mal y quiero volver...lo nuestro era especial.... sé que te he dicho cosas horribles y que he estado con muchos chicos, pero ninguno es como tú....estos meses han sido muy duros. Por favor, recuerda todo lo que vivimos.
-Colette, lo que vivimos fue genial, pero no puedes pretender que te perdone por todas tus infidelidades por "ser joven y querer divertirte". Existe un tiempo y un lugar para cada cosa. Debemos dar las gracias por lo que vivimos, eso siempre permanecerá en mí, pero ya es demasiado tarde para volver a intentarlo...la llama se apagó y solo intentaríamos avivar las cenizas...
-Leo...no digas eso...dame otra oportunidad... cambiaré.... – parece que lo dice de verdad, y por primera vez en cinco meses, empiezo a creer que podríamos volver a intentarlo. Han sido unos meses muy duros sin ella... y cuando estoy listo para decirle que sí. Aparece un chaval vestido con la equipación de fútbol que se acerca a Colette.
-¡Muñeca, por fin te encuentro! – la coge de la cintura.
-Ahora no... - Colette intenta apartarse de él, le mira y luego a mí nerviosa.
- Hemos ganado el partido y estamos en lo más alto de la clasificación. Esta noche vamos a celebrar la fiesta de la victoria, debes venir, el equipo te echa de menos, sobre todo esos bailes tuyos... - la observa con deseo. Le planta un beso con lengua y se marcha.
- ¿¡Estos meses han sido muy duros!? – repito sus palabras escéptico. – ¡Adiós Colette, fue un placer verte! ¡Pero lárgate de mi vida!
-Va a ser que no, me he matriculado en el mismo instituto en el que tú estuviste.
- Adiós Colette, - me giro y le vuelvo la espalda. Ya he tenido suficiente, lo nuestro no podrá funcionar nunca más....


Campanilla FELIZ AÑO NUEVO




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