domingo, 31 de enero de 2016

Capitulo 24

- Entonces, ¿vais a ir a cenar como amigos? – pregunta Martina incrédula desde el baño.
- Marti, que porque lo repitas, no va a cambiar la situación – ironizo.
- Yo creo que es un gran paso. Emma, has dicho que lo pasasteis bien y eso es lo que importa. – Ivana sale del baño de al lado y se acerca hasta el lavabo donde yo me observo en el espejo.
- Emm, sabes que te apoyo, pero por una vez estoy de parte de Martina. No es por nada, ya lo sabes, pero no quiero que vuelva a hacerte daño. – Daniela también sale de su baño y se acerca hasta mí para darme apoyo.
-Gracias chicas, no sé qué haría sin vosotras – suspiro y vuelvo a mirarme en el espejo. – Ayer lo pasamos realmente bien – sonrío para mí – pero tengo miedo de que pase algo. Para nosotros, estar bien significa que pronto ocurrirá algo que lo estropeé – pego mi frente contra el espejo en busca de consuelo.
- No tengas miedo Emma. Las cosas que merecen la pena son por las que una debe arriesgarse. Y si sale mal, recuerda, esas cicatrices se quedaran en memoria de la batalla sin victoria, pero que te llevó a ser la persona que eres hoy – Martina sale de su baño y se une a nosotras con determinación.
-¿¡Quién eres tú y donde está Martina!? – bromean Daniela e Ivana a la vez.
- Ya sabéis donde podéis iros ¿no? – contesta mientras le dedica a ambas una peineta. – Por cierto, ¿Dónde se ha metido hoy Alex?
- En Inglaterra. Cogió el vuelo anoche – explico. – En su antigua escuela prometió que iría para cualquier partido importante. Esa fue su condición para venir aquí la mitad del curso.
- Espero que le vaya bien, es un buen jugador – dice Ivana.
- Eso no lo dudes. ¡Es el mejor! – exclamo. Pienso en Alex y en la llave que me dio de su piso por si lo necesitaba. Tal vez pueda sacar una excusa con la llave para quedar esta noche...
****
9:00 p.m.
Al final no he necesitado excusa. Mamá y papá se han ido a casa de mi hermana. A veces pienso que de verdad no querían que se mudara, cada vez que pueden van a pasar el fin de semana con ella y Fran. A ver, no me importa estar sola, pero siento envidia. ¿Papá y mamá harían lo mismo si yo me independizara? No lo sé. El caso es que hablé con Leo y le conté que tenía la casa libre y que podía venir directamente a casa a recogerme. Y aunque tengo las llaves del piso de Alex, ni de coña me llevaría a Leo allí.
Ya estoy lista. He decidido probar algo nuevo y me he hecho ondas en el pelo en vez de plancharlo, me he puesto una camiseta básica negra de manga larga, una falda blanca y mis botas altas. Simple para una cena, pero mona. No quiero que Leo piense que me he arreglado mucho, solo lo justo. Con un poco de delineador y rímel voy divina, aunque no he podido evitar echarme el gloss de la otra vez. Ahora que lo pienso...llega tarde. Las nueve y diez, ¿dónde se habrá metido? Suena el timbre y doy un brinco en el sofá. ¡Es él! Salto del sofá y me dirijo a la puerta, me pliso un poco la falda, me arreglo un poco y abro la puerta. No me lo puedo creer... ¿¿¿Qué hace Naim aquí???
-¿N-Na-Naim? – no doy crédito. Creo que mi mandíbula se ha desencajado de la impresión. - ¿¡Qué haces aquí!?
- Esto... ¿hola? – saluda con cierta incomodidad. Recupero mis modales y vuelvo a empezar.
-Hola – carraspeo. – Perdona por el grito, me he sorprendido de verte aquí... ¿por qué has venido?
- Leo me ha pedido que me pasara – responde. Mi cuerpo se tensa, ¿a qué clase de juego se creen que juegan?
-¿Por qué? – le interrogo con cierto mal humor. Inconscientemente, pongo los brazos en jarras.
- Esta tarde estábamos juntos en mi casa, pero recibió una llamada y empezó a emparanollarse porque había quedado contigo y la llamada era un compromiso importante. No quería cancelar la cita contigo porque según me ha contado estás sola en casa todo el fin de semana. Y me ofrecí, pero si quieres que me vaya, me voy...- Naim hace un ademan de irse, pero le detengo.
-Espera. Es verdad que estoy sola. Y aunque me fastidie que Leo no me avisara de que no podía venir, tú has venido y no quiero ser desagradecida – me sonrojo ligeramente. – Gracias por venir, ¿te gustaría ir a cenar conmigo?
- Emma, no tienes por qué hacer esto. Yo solo me he pasado porque no veía bien que el inconveniente de Leo te dejara plantada.
- Naim quiero. Estoy arreglada para cenar fuera. Leo me ha plantado por algún motivo que deberá explicar. Es viernes noche, mis amigas tienen planes y mi mejor amigo tomó un vuelo a Hampstead. No quiero que pienses que te uso, pero no quiero estar sola... - le digo mientras observo mis dedos que juguetean entre ellos nerviosos.
- Yo he sido el que se ha ofrecido. Emma, será un placer hacerte compañía esta noche – sonríe.
- Gracias Naim – sonrío. – Espero que tengas hambre, porque vamos a cenar fuera, sino ¿para qué me he arreglado? Voy a coger mi chaqueta, entra si quieres. – entro al salón y cojo el abrigo y el bolso. No sé por qué el destino se encapricha en cambiar tanto mis planes, pero no voy a rechazar a Naim para pasar una noche sola comiendo helado mientras veo pelis e intento olvidar que me han plantado. Vuelvo con Naim que ha decidido quedarse en la entrada.
-Ya estoy lista. – Más tranquila, reparo en el estilo de Naim. Jeans ajustados, camiseta negra y chaqueta de cuero. ¡¡Uff!! Debo de admitir que babeo con este semidiós.
- Emma, estás guapísima esta noche – coge mi mano y la besa cual caballero.
- ¡Qué caballeroso! – finjo un desmayo por la emoción.
- ¿No te van los caballeros? La próxima vez te digo algo en plan "chorba estás tan buena que te daba lo tuyo y lo de tu prima" – no puede resistirlo y se carcajea ante la cara de horror que he puesto, pero al final termino riendo con él.
- Creo que prefiero al caballero – digo entre risas. – Vamos. – Salimos de casa y caminamos tranquilos por la calle. No está tan vacía como creía, se nota que es fin de semana. Naim y yo charlamos muy animados hasta llegar al Spiaggia Capriccioli. Nada más entrar el dueño me reconoce y bromea por traer a "mi nueva conquista". Me sonrojo notablemente y nos lleva a la mesa de siempre.
-Entonces ¿soy otra conquista? – Naim arquea una ceja.
-¡No! Es solo que... - me estoy sonrojando otra vez, lo noto – mi mejor amigo, Alex, fue el que me trajo aquí la primera vez y luego traje a Leo...y ahora te he traído a ti.... – esto último casi que se lo susurro. Naim me interrumpe a carcajadas.
-¡Menuda ligona con la que he venido a cenar!
- ¡Por favor, no digas eso! – le suplico. Naim me mira divertido. No sé por qué le hago tanta gracia.
- Esta bien, esta bien – me calma. ¿Qué vamos a cenar?
Un chico joven nos atiende. No tendrá más de veinte años y su atuendo es hipster total. Jeans ultra ajustados, gafas grandes, sombrero y camisa con corbata. Podría resultarme mono si de alguna manera dejara de mirarme. Me siento ciertamente incómoda, pero tampoco quiero decirle nada vaya que solo sea mi imaginación. Pedimos una pizza barbacoa y mientras esperamos, el chico nos trae un nestea y una coca cola.
- Aquí tenéis, que aproveche – dice el camarero de mirada penetrante. ¿Por qué me observa tanto?
- Gracias y perdona pero, incomodas a mi cita. Creo que está de más que te diga que está conmigo, ¿no? – el camarero hispter observa nervioso a Naim y tras una disculpa se marcha a atender otras mesas.
- Naim, ¿por qué has hecho eso? – pregunto muerta de la vergüenza.
- A ese chaval se le caía la baba. No te quitaba ojo y se notaba que estabas incómoda con su presencia – dice mientras se encoje de hombros.
- Gracias – suspiro. Es cierto que me incomodaba, pero me siento como una niña cada vez que un chico se pone protector conmigo. - Naim, ¿Dónde trabajas?
-¿Dónde trabajo? Ummm - ¿lo está pensando? – Bueno, hasta hace unos meses estuve de camarero, pero ahora estoy trabajando en una empresa, en el sector comercial. Me han dado la oportunidad y formo parte del equipo de marketing.
-¿En serio? – me quedo boquiabierta. Con lo guapo que es pensé que podría ser modelo, y sin embargo es un cerebrito matemático.
-Oye, oye, no me mires así. No hago nada del otro mundo. Simplemente hago lo que me piden y si encima les gustan tanto mis ideas como mis diseños mejor que mejor, ¿no? – me dice sonriente.
-Vaya, entonces no eres solo guapo – bromeo.
-¿Crees que soy guapo? – enarca una ceja. Uppss lo he dicho en voz alta, bueno mejor eso a decirle "¿Solo guapo? Eres un jodido semidiós sacado desde el mismísimo Olimpo donde tu cuerpo fue esculpido por el mismísimo David de Miguel Ángel".
- No estás mal – intento sonar indiferente. - ¿Y allí en la empresa tenéis un gimnasio o algo así?
-¿Qué? Ojalá – se ríe. – Emma, trabajo en esa empresa desde hace dos meses, pero el gimnasio forma parte de mi vida desde temprana edad – muerde su trozo de pizza, dejándome con la curiosidad.
-Oh, vamos Naim, no te hagas el interesante. Hasta ahora hemos hablado de temas banales. Quiero saber un poco más de ti – finjo un puchero para convencerlo.
-Está bien – le da un sorbo a su coca cola y sigue – cuando tenía trece años me apunté a kenpo y gané varios torneos hasta llegar a cinturón negro. A los diecinueve tuve una lesión y para rehabilitación, me apunté a un gimnasio. Eso me gustaba más y encima no tenía que patear a nadie. Así que dejé de pelear y me quedé en el gimnasio haciendo músculo – bromea tocando su fornido brazo.
-Guau, eres cinturón negro – me limito a decir.
-¿Solo te has quedado con eso?
- Lo siento, es que...me ha impresionado – digo con sinceridad.
-Puedo enseñarte si quieres.
-Sería divertido – muerdo mi trozo de pizza y terminamos la velada comiendo pizza y con unas clases básicas de kenpo.
****
-Ha sido una cena estupenda – le digo a Naim nada más pararnos frente a mi casa.
-Mucho – sonríe.
-¿Quieres pasar? – pregunto por educación, pero luego me doy cuenta de que puede desembocar a una doble propuesta y un escalofrió me recorre la espalda. ¡Ay madre! ¿¡Pensará que le estoy ofreciendo pasar para "eso"!?
-¿Me estas ofreciendo entrar? –pone una expresión muy sensual y los nervios se apoderan de mí.
-Espera ¿¡Qué!? ¡No! ¡Me refería a pasar de pasar, es decir, no me refería a pasar en plan "eso"! No es lo que piensas yo... -balbuceo sin parar y prefiero no seguir. Mi lengua se ha trabado y Naim ha roto a carcajadas.
-Ya sé a qué te referías, solo quería tomarte el pelo – intenta decir entre risas.
- ¡Eres odioso! – le regaño mientras pongo los ojos en blanco.
-No soy odioso, tú te me has insinuado – ríe coqueto.
-No insinuaba nada, solo quería ser cortés – me justifico avergonzada.
-Lo sé – se acerca y me da un beso en la mejilla. – Ya nos veremos, si necesitas algo avisa.
-No tengo tu número.
-¿No? Dame tu móvil – se lo entrego y rápidamente me apunta su número. – Ten. Nos vemos, peque.
-A-Adiós – consigo decir – observo el móvil y le sonrío como una tonta. Está claro que este chico es especial.
Entro en casa y veo que solo son las once y media. Esta noche lo he pasado realmente bien. Naim es un chico muy divertido y atento. Ha hecho que lo que iba a ser una noche llena de soledad y amargura se haya convertido en algo especial. No digo que con Leo no lo hubiera pasado igual o incluso mejor, pero él me ha dejado tirada. Ni siquiera me ha llamado o dejado algún mensaje...solo manda a Naim como sustituto, como si cambiara el hecho de que me ha dejado sola....Subo a mi habitación, me pongo el pijama y me hecho en la cama, no tengo ganas de encender el portátil, pero tampoco quiero dormir. Me hallo ante un dilema ético entre si está bien o mal decir que esta noche Naim ha sido todo lo que yo espero de Leo. ¿Cómo pretende Leo que funcione lo nuestro si cuando por fin está empezando a funcionar me deja tirada sin dar explicación? Creo que lo mejor será no darle más vueltas esta noche, así que cojo la tablet y busco algo para ver o leer. Al final opto por leer "El Gran Gatsby" y abstraerme de mi propio dilema leyendo los problemas narrados por Nick Carraway de su verano en West Egg ante la controversia de Gatsby con Tom Buchanan para volver a conquistar a Daisy, el amor de su vida. Me quedo dormida entre las líneas donde Nick hace alusión a que la relación de Tom y Daisy es tan destructiva que solo termina contaminado a todo el que rodea....en mis sueños me hallo junto a Jay Gatsby, ninguno muestra interés en la presencia del otro. Estamos allí, en su jardín, contemplando el otro lado de la bahía... esa luz verde....él con la esperanza de poder arreglar el pasado y ser feliz junto a Daisy. Mientras, yo observo esa luz, donde un chico rubio y otro moreno me tienden su mano con una sonrisa llena de promesas....
****
Sábado 28
Me he despertado más tarde de lo que pretendía. Por suerte llevo todas mis tareas al día y solo tengo que limpiar un poco, por lo que a media mañana me arreglo y salgo un rato de casa. Alex me dijo que me pasara de vez en cuando por su piso, ya que no se fía de los otros y sabe que si no oyen ruido, le prepararan alguna broma para cuando vuelva. Voy doblando la esquina cuando me encuentro con Daniela.
-Hola – me sonríe y se acerca para darme un abrazo.
-Hola Dani. ¿Qué haces por aquí?
-Austin me ha pedido que le llevara unos Cds a Víctor y no sé qué más. Me ha dado una bolsa y me ha largado de casa. Amor de hermanos dicen – ríe irónica.
-Austin es un caso – me uno a su risa. – Yo voy a pasarme por el piso de Alex. Me pidió que le echara un ojo estos días. ¿Te vienes?
-Vale – Daniela se viene conmigo y caminamos hasta el piso de Alex. - ¿Y cuándo es el partido?
- Mañana, pero se fue el viernes para entrenar estos días y ver a Audrey. Su novia. Audrey. Con la que sale.
- Vale, Emm, lo entendí a la primera. No soy estúpida – me pone los ojos en blanco.
-No eres estúpida, solo comentaba....- no quería incomodarla, pero no sé cómo abordar el que los vi el otro día sin pensar que tienen una "aventura". - ¿Cómo te va con David? Hace mucho que no vamos a su local, desde tu cumple...
-Emm, para de una vez – replica algo molesta. - ¿Te ocurre algo? Puedes decírmelo sin dar tantos rodeos – bufa. Vaya, ella no suele perder el control tan rápido, algo debe ocurrir que no me quiere contar. No quiero forzarla, así que cambiaré de tema.
-Lo siento Dani, no quería incomodarte. Solo quería saber si al menos a ti te van bien las cosas... – me paro frente al edificio donde vive Alex. – Entremos. – Daniela me sigue y subimos las escaleras sin mediar palabra. Al abrir el piso veo que todo está tan limpio como la última vez, paseo por las habitaciones para abrir algunas ventanas y encuentro una nota de Alex en la cocina.
Querida Emma:
Espero que cuides de mi dulce morada en mis tres largos días de ausencia. Sé que me echaras de menos, pero no llores, te traeré algo bonito. Llegaré el domingo por la noche, por si te apetece recibirme con una fiesta sorpresa (fingiré sorprenderme de verdad). Gracias otra vez por pasarte, te agradecería que estuvieras un rato e hicieras ruido para que vean que hay gente. No quiero que me hagan la misma broma que al chino del segundo. Ya te contaré. Por favor Emm, no traigas a ningún tío a casa, no quiero pensar que te has acostado con alguno en algún lugar de mi casa.
P.D: Por si ignoras mi petición, hay condones en el segundo cajón de mi cómoda, no quedan muchos, ya que cogí unos cuantos por si Audrey me ha echado mucho de menos, ya me entiendes.
Te quiere, Alex :)
Cojo la nota y la guardo rápidamente en mi bolsillo para que no la vea Daniela. Sacudo la cabeza censurando la nota. Este Alex nunca cambia, digo para mí. Me voy al comedor donde Dani observa la habitación con atención. Si no me equivoco, es la primera vez que viene.
-Emm – me llama sacándome de mis pensamientos. –Sobre lo de antes, ¿te ha ocurrido algo con Leo? – su tono es de preocupación.
-No apareció...- me limito a contestar mientras me acerco y enciendo el televisor para hacer ruido. – En su lugar, vino Naim para excusarlo y terminamos yéndonos los dos a cenar – me siento en el sofá mientras hago zapping sin parar en ningún canal en concreto.
- ¿Te fuiste con él sin más? – me observa con sorpresa, me giro para observarla por primera vez desde que entramos al piso.
-Sí. Me dijo que Leo recibió una llamada importante. –Me paro en un canal de música y suena un tema de Sia "Titanium" mientras Dani y yo hablamos. - Ya conozco a Naim – relativamente – y no tiene nada de malo. Leo y yo solo somos amigos y lo mismo que él se fue a Dios sabe dónde, yo también puedo quedar un viernes por la noche con un amigo – le suelto a la defensiva. No sé por qué me ha molestado tanto su comentario.
-No he dicho que sea nada malo... - mierda, he incomodado otra vez a Daniela. – Solo preguntaba porque cuando Leo te falla, terminas con Naim...
-Si has terminado de decirme que juego a dos bandas tengo mucho que hacer – me levanto y apago el televisor. Daniela me observa confusa ante mi respuesta pero no dice nada. Yo tampoco tengo nada que decir y mi humor se ha convertido en uno de perros. Salimos del piso y nos marchamos sin mediar palabra hasta mitad del camino donde Daniela se despide para marcharse a casa. Yo hago lo mismo y vuelvo a casa, donde me preparo algo rápido de comer y me paso media tarde estudiando, o al menos intentándolo. Desde que hablé con Dani esta mañana me duele mucho el estómago y no me encuentro nada bien. A las siete me levanto del sofá y guardo los libros en mi habitación, total, dudo mucho que pueda estudiar algo. Me siento mal por haberle hablado así a Daniela, así que, antes de ir a la ducha, le dejo un mensaje disculpándome. Al salir de la ducha oigo el timbre, ¡maldición! ¿Quién será? Me pongo el albornoz y bajo repitiendo en alto "ya voy, ya voy". Cuando por fin llego a la puerta y abro me quedo de piedra al ver a un Leo con un bote de helado en una mano y en la otra un pack de cervezas.
-Hola Emm – me sonríe, aunque su sonrisa se amplía al verme mejor y lo hace de arriba abajo sin ningún disimulo. Instintivamente me cubro aún más si puedo con la bata.
-¿Qué haces aquí? – pregunto con recelo.
-Quería disculparme por lo de ayer. No sabía que traer, así que he optado por cervezas y helado de chocolate. No es una buena combinación, pero como el otro día levantabas pasiones por el chocolate – ríe para sí. Me cruzo de brazos y le observo escéptica.
-Leo, ahora somos amigos. No tienes por qué venir con una disculpa, te salió un plan mejor y ya está. – Intento que mi voz no suene molesta pero fracaso estrepitosamente.
-No, no "ya está", Emma quedé contigo y te fallé. Vengo a redimirme y compensarte con alcohol y chocolate. Deberías amarme por ello.
-Traes cosas que me pueden emborrachar o engordar, ¿y por ello debo amarte?...ya – pongo los ojos en blanco y recuerdo las palabras de Dani "cuando Leo te falla, terminas con Naim". Intento quitarme ese pensamiento de la cabeza y me concentro en que Leo ha venido a compensarme por el plantón de ayer. Leo me observa inquieto, le sonrío para tranquilizarlo un poco y hago espacio en la entrada. – Pasa, pediremos algo para cenar. Habrá que meter ese helado en el congelador.
- Eres un ángel Emm – Leo me besa la mejilla antes de entrar en casa. Cierro la puerta y le observo como intenta descubrir dónde está la cocina.
"Cuando Leo te falla, terminas con Naim" no, eso no es así, Naim solo vino porque él quiso, yo no le llamé y Leo no me ha fallado, se está disculpando. Somos amigos, da igual lo que haga o deje de hacer....
Outfit cena con Naim

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