domingo, 24 de enero de 2016

Capitulo 23

Aquí está. Lo tengo delante y un cosquilleo recorre todo mi cuerpo. No hace tanto, pero siento como si hubiera pasado muchísimo tiempo desde la última vez que le vi. Estoy muy nerviosa y no sé qué debo hacer. ¿Me termino de acercar? ¿Le abrazo o le beso? ¿Guardo distancia? Le observo, ufff está más guapo de lo que recordaba. Vaqueros y sudadera, su look casual pero terriblemente sexy. Leo también me observa, me intimida un poco que sus preciosos ojos azules me miren de arriba abajo y se muerda ligeramente el labio.
- Hola – me saluda con voz ronca.
- Hola – susurro. Sigo sin saber qué hacer, por suerte, es Leo quien acorta las distancias y me da un beso en la mejilla.
-¿Qué quieres hacer? – pregunta.
-No sé... ¿Qué quieres hacer tú? – Creo que es la primera vez que me muestro tan tímida con él.
-Creo que deberíamos ir a un sitio cerrado, no llevas ropa como para deambular por las calles – me señala. Llevo puesto mis mallas de yoga, una sudadera y un abrigo que me llega hasta el culo.
- Estoy bien... achís – estornudo sin querer.
-Siii, estás bien – ironiza.
- No es nada, simplemente he estornudado - me defiendo. No quiero que me repita que no me abrigo lo suficiente como me lleva diciendo toda la semana.
- Esos pantalones no abrigan nada, te vas a resfriar – continua.
- Oh, vamos. ¿Has venido simplemente para decirme que me voy a resfriar?
- Diría que sí, pero corro el riesgo de que me fulmines más aún con la mirada, si eso es posible. – Bromea y no puedo reprimir una leve risa. – Pero no, he venido para verte un rato y pasarlo bien. Vamos, te voy a llevar a un sitio. – Coge mi mano y nos dirigimos a saber dónde.
Me ha sorprendido muchísimo que haya cogido mi mano, pero no me atrevo a retirarla. No quiero hacer incómoda la situación. Caminamos durante un rato y nos detenemos justo delante del Tony's Pub. Principalmente se jugaba al billar pero poco a poco empezó a "ampliar" la zona recreativa y ahora también hay futbolines, mesas de aire, dianas y máquinas arcade. Tanto niños como adultos disfrutan del lugar regentado por Tony padre y ahora también por Tony hijo. Conozco este local desde que era niña, pues su dueño es amigo de papá y en él pasábamos muchas tardes.
- ¿Tony's Pub? – no puedo evitar sonreír al recordar como pasaba mis tardes aquí con África, Alex, y después con las chicas.
-¿No te gusta? – pregunta desilusionado.
-Al contrario – sonrío. – ¡Entremos!
Entramos al local y está tal y como lo recordaba. Bueno, tal vez con más mejoras y más moderno, pero los recuerdos siguen ahí. No puedo evitar soltar un pequeño gritito al ver que todavía conservan la gramola.
-¿Emma? – escucho a mi espalda.
- ¡Tony! – grito al saber quién me llama. Me giro y confirmo que es Tony Jr. Corro hacia él y me abraza con tanta fuerza que me levanta del suelo y me da vueltas.
- ¿Cómo estás pequeña? ¡Cómo has crecido! – me separa un poco para observarme mejor. - Mi padre se pondrá loco de contento cuando le diga que has venido – dice con orgullo. Tony Jr. ha sido como un hermano mayor para mí. Es alto, y tanto su pelo como sus ojos son negro azabache. Lleva barba de unos días y por lo que veo, no abandona la manga corta ni nevando. Siempre solía jugar con África y conmigo, y la verdad es que pensaba que algún día se casarían, pero al final, Afri se enamoró de Fran en el instituto. Así que la cosa no cuajó entre ellos. Y si no recuerdo mal, Tony tendrá unos veintisiete años ahora.
- ¡Genial, tú no has cambiado! Bueno, ahora tienes barba – le digo divertida. - He venido con un amigo a echar una partida – le señalo a Leo que nos observa de forma impenetrable.
- Leo, ¿Cómo te va? Hacía mucho que no venías. No pensé que podríais conoceros - ¿Leo también lo conoce? Bueno, es normal, Leo es mayor. Lo raro es que lo conozca yo.
- Sí. Nos presentó la hermana de Austin. ¿Hay algún billar libre?
- Para vosotros, por supuesto. Venid – nos indica y vamos con él a un billar más reservado. No hay mucha gente, así que el ambiente está tranquilo y se puede escuchar al grupo Journey cantando "Anyway you want it". Luego iré a elegir una canción. Tony nos deja a solas. Me acerco a la mesa y asientos que hay al lado y me despojo del abrigo y de la bolsa de deporte, quedándome con la sudadera que a pesar de ser un poco ancha, se ajusta en mi cadera. Oigo a Leo carraspear detrás de mí, me giro y observo cierta rojez en sus mejillas y sus pupilas dilatadas.
- Ejem, ¿lista? – pregunta y desvía la mirada.
- Sí, aunque hace mucho que no juego.
-No te preocupes, yo te enseño lo que hayas olvidado – sonríe y me pasa el taco. Le paso un poco de tiza y me preparo para jugar. - ¿Quieres empezar? – me cede.
-Vale – me coloco a su lado y me inclino hacía la mesa para dar el primer golpe. Leo se encuentra detrás de mí y noto que su respiración se ha hecho más pesada. - ¿Ocurre algo? – le pregunto.
-Nada, nada, sigue así...- su voz ha vuelto a ponerse ronca. Le hago caso y le doy un golpe a la bola blanca, el golpe va con efecto sobre las otras bolas que rápidamente salen disparadas. ¡Bien!
- ¡Las rayas son mías, las lisas tuyas! – exclamo contenta. Leo me observa muy atento y me siento un poco tonta por haberme mostrado tan efusiva. Voy a dar el siguiente golpe, pero la mirada de Leo termina por ponerme nerviosa y fallo.
- Mi turno – sonríe. Observa el tablero y se dispone a lanzar. Entra, luego otra. ¡Vaya! Es muy bueno, pero lo que no sabe es que yo tengo mal perder y no voy a dejarle ganar tan fácilmente. ¿Qué hago? Antes de que lance carraspeo un poco para llamar su atención, Leo levanta ligeramente la vista y me observa atónito. He cogido todo mi pelo y me lo estoy recogiendo en una cola, provocando que mi pecho quede marcado en la sudadera. Sé que es un truco muy sucio, pero he conseguido mi objetivo, ha fallado el golpe.
- Mi turno – sonrío.
- Que tramposa – masculla, pero sin ningún rastro de enfado. Más bien, de diversión.
- ¿Has dicho algo? – pregunto en mi total inocencia.
- Nada.... – dice algo más pero en un tono tan inaudible que no he sido capaz de escucharlo.
Me preparo y me coloco lista para lanzar. Leo deambula a mi alrededor y me pone nerviosa. Antes de lanzar noto como se coloca encima de mí y su respiración choca con mi oído. – Deberías colocarte mejor así si quieres que entre alguna – susurra. Un escalofrío recorre todo mi cuerpo. Hacía mucho que no estábamos tan cerca el uno del otro... inhalo el olor de su colonia y me quedo anonadada durante unos instantes. Al no obtener respuesta, Leo posa sus manos en mis caderas y me coloca con delicadeza unos centímetros a la derecha de mi posición actual. Lanzo y ¡entra! Doy un salto de alegría y sonrío a Leo como si acabara de hacer algo increíble. Voy a prepararme para volver a lanzar y cuando estoy a punto de darle a la bola, el taco da en el tapiz y la bola blanca se sale del billar. No ha sido adrede, me giro enfada a Leo.
-¡Me has tocado el culo! – lo acuso.
-¿Yo? – finge inocencia.
-No veo a nadie más por aquí – le digo mientras pongo los brazos en jarras.
- ¿Tan malo ha sido?
-¿Qué? Si, no, bueno...- no está bien que me haya tocado el culo. Se supone que somos amigos y los amigos, al menos chico y chica no suelen hacer eso. Sé que debería cruzarle la cara por lo que ha hecho, pero en el fondo, no me ha disgustado.
- Vamos Emma, no he hecho nada malo. Admite que en el fondo te ha gustado – me sonríe con cierta petulancia.
- Ese no es el caso. No puedes hacer eso porque...bueno, pues porque estamos en un sitio público. ¿Qué hubiera pasado si alguien te ve?
- Pues que hubiera deseado ser yo – responde sin dudar. – Emm, no lo he hecho para enfadarte, simplemente no he podido resistirlo. Esas mallas son muy ajustadas – me dice mientras le echa un vistazo sin disimulo de arriba abajo. - ¿Me perdonas? - me pone cara de cachorrito. No quiero enfadarme y provocar una pelea, pero tampoco está bien que haga eso.
- Está bien – cedo a regañadientes. – pero no vuelvas a hacerlo.
- No prometo nada – sonríe malicioso. -¿Vas a tirar otra vez?
-No, te toca a ti – voy a buscar la bola blanca que casualmente se ha parado cerca de la gramola. No puedo resistirme y busco alguna canción. Casi todas son antiguas y me encanta que sea así, aunque también hay muchas modernas. Al final me decido por Bon Jovi, "It's my life". Me acerco a Leo y le entrego la bola.
-¿Bon Jovi? – pregunta.
-¿Algún problema? – enarco una ceja esperando a ver qué dice.
-Ninguno. Me gusta está canción. – sonríe y se coloca para seguir jugando. La partida, que en principio parecía que no iba a durar mucho, se ha terminado alargando, más que nada porque cada vez que le toca a uno, el otro hace algo para que falle. A ambos nos queda colar tres bolas y ninguno está dispuesto a ceder.
-¿Qué ocurre Leo? ¿Te estoy dando muchos problemas? – canturreo con sorna.
- Deberías agradecerme que no esté jugando en serio. Soy un caballero – dice mientras pone una pose digna.
-Que excusa más mala – me río.
-¿Quieres que juegue en serio? Está bien. Hagamos una apuesta.
-¿Una apuesta? – La idea de apostar algo hace que se me corte la risa en seco. - ¿En qué piensas? – le desafío.
- Si gano volvemos a estar como antes. - ¿Q-Q-Qué? Sabía que no iba a dejarlo pasar, pero no pensé que llegaría a este extremo.
- ¿Y si gano yo? – intento mostrar mi mejor cara de póker para que no vea el ataque de pánico que amenaza con salir a manifestarse.
- Me alejaré de ti... - dice con solemnidad.
- No lo acepto. – no puede hablar enserio. – No quiero que te alejes por una estúpida apuesta – le respondo con desdén. – Me gusta como estamos ahora y si esto sigue bien, podemos estar mejor que lo que dejamos atrás... - no puedo evitar ponerme triste al pensar en lo que ha dicho.
- Emma, no...- Leo se acerca hasta mí y me pasa su mano por la barbilla para que pueda verle a la cara. – No quise decirte esto para que te sintieras mal – dice disgustado. – Venga, si me ganas te invito a cenar.
- ¿Y si ganas tú? – pregunto más animada
- Me invitas – sonríe. – Y te advierto que a mí me sale más rentable comprarme un traje. Tengo el estómago en los talones – bromea.
- Hecho – me animo y continuamos la partida. Esta vez sin distraer al otro, solo fiándonos de nuestras habilidades. Ya solo nos queda la bola negra. Le toca a Leo pero falla, creo que aposta, pues ha exagerado mucho el golpe. Me toca, sé que el premio es algo tan tonto como una cena, pero eso no hace que me lo tome menos en serio. Me coloco en posición para lanzar, intento concentrarme para que mi golpe sea certero, noto como Leo me acaricia las caderas.
-¡Leo! ¿Qué te dije? ¡No hagas trampas! – lo riño.
- Solo quería ayudarte a que te colocaras mejor. Te echas mucho encima del billar y tu ropa atrae a muchos curiosos – me señala un grupo de chicos que desvían rápidamente la mirada de nosotros.
- No me están mirando – resto importancia. No tienen por qué hacerlo.
-Emma, esos tíos no han dejado de mirarte desde que han venido. Tus pantaloncitos marcan demasiado...-dice mientras se humedece los labios. Ahora me siento avergonzada. Sé que estas mallas son algo ajustadas, pero no esperaba que llamaran tanto la atención. – Emma, te dejo lanzar, pero deja que yo me coloque detrás – dice sin rastro de humor. – No consiento que ninguno de esos babosos te mire – gruñe.
-D-de acuerdo – cedo. Me intimida un poco ese lado protector, pero de alguna forma, me recuerda a Alex. Ahora entiendo por qué no paraba de moverme cada vez que me tocaba. Vuelvo a inclinarme para lanzar y noto la presencia de Leo detrás de mí. He aceptado que se ponga detrás, pero esto es ridículo. Giro levemente la cabeza y veo a los muchachos que me señaló Leo. Efectivamente, intentan mirar pero Leo está en medio impidiendo que puedan ver algo. Suspiro. Odio que tenga razón. Me concentro con todas mis fuerzas y lanzo. ¡¡Entra!!
- ¡Ha entrado! – chillo sin querer mientras me giro hasta Leo. - ¡He ganado! ¡He ganado! – continúo pletórica. Sin pensarlo me abrazo a Leo mientras sigo cantando mi victoria. A Leo le ha tomado por sorpresa, pero me devuelve el abrazo y ríe al escucharme. Entonces me doy cuenta de lo que he hecho y me aparto. – Perdona – me disculpo.
-No te preocupes – finge una sonrisa. – Has ganado, no tan limpiamente, pero has ganado – ahora si sonríe sincero.
- He ganado con todas las de la ley – me jacto triunfal.
- No sé yo... ejem, ejem – carraspea y comienza a imitarme como me recogía el pelo. Me quedo boquiabierta por su imitación.
-¡Serás capullo! – le grito y me acerco para darle un puñetazo de broma, Leo intenta detener mis brazos mientras se ríe y yo lucho por darle su merecido. - Eres cruel, al menos yo no le meto mano a nadie – lloriqueo a modo de broma.
-No te metería mano si usaras ropa más decente – ríe. Me aparto de él y me acerco al sofá donde tengo mi abrigo y mi mochila. Las cojo. Y estoy a punto de pasar por su lado cuando me coge de la muñeca.
-¿Por qué te vas? ¿Te ha molestado mi comentario? – pregunta intentado sonar tranquilo. Le observo seria, quería ver su reacción y ha sido mejor de lo que me esperaba. No sé si podré continuar sin echarme a reír.
- Mi ropa indecente y yo hemos decidido irnos con esos muchachos, tal vez ellos valoren mejor mi victoria.
- ¡De eso nada! – me contesta serio. Y antes de que me dé tiempo a decirle que es broma, me coge como si fuera un saco de patatas en su hombro. Chillo suplicándole que me baje, pero no cede. Coge mi bolsa del suelo, mi abrigo y les echa un último vistazo a los muchachos mirones. Veo como estos se han acobardado ligeramente, así que pongo la mano en el fuego a que Leo los ha fulminado con la mirada. La gente nos mira y yo sigo suplicando para que me baje de una vez. Tony nos observa divertido, aunque yo no le veo la gracia.
-Tony gracias por la partida. Ya volveremos, alguien se ha portado mal y merece un castigo – dice y mueve el hombro donde estoy para dar a entender que soy yo. Algo bastante obvio.
-Cuando queráis – escucho a Tony reprimir una risotada. Si pudiera, juro que se llevaba una patada. – Hasta luego, Emma, le daré recuerdos a mi padre.
-Gracias...-le digo molesta. -¡¡Leo bájameeee!! – pataleo.
-No – responde y se echa a reír. Salimos de Tony's Pub y ahí sigo. Leo camina tranquilo sin decir nada, pero su cuerpo me dice que está intentado no partirse de la risa. Yo sigo molesta por este numerito, la gente no deja de mirarnos y yo debo de estar del color del muñequito rojo del semáforo. Ya llevamos un buen rato así y esto ya me parece denigrante.
- ¡Leo, por favor, bájame ya! ¡Lo siento! – hago pucheros como una niña.
- No debería. Querías irte con esos babosos que te estaban desnudando con la mirada – replica molesto.
-No lo decía enserio, era broma. Por favor, bájame. – Estoy cansada de suplicarle.
- Te bajaré...pero todavía tengo que castigarte. – Se para y poco a poco me baja de su hombro. Le observo y le lanzo cuchillos con la mirada. – No me mires así, te he bajado, ¿no? – me replica mientras me ofrece el abrigo para que me lo ponga.
- Después de la vergüenza que me has hecho pasar, creo que ya he tenido suficiente castigo – refunfuño.
- No te enfades Emm.
- Me enfado si quiero – le saco la lengua, me giro y camino. Leo no dice nada y me sigue hasta ponerse a mi altura. Caminamos tranquilos hasta la puerta de mi casa.
-¿Todavía estás enfadada? –me pregunta al ver que no he vuelto a abrir la boca.
- No estoy enfada. Solo quería dejarte con esa duda por haberme llevado a cuestas casi todo el camino.
-¿Y qué tiene de malo? No tuviste que caminar – se encoge de hombros.
- Si es malo, la gente no paraba de mirarlos – le recuerdo molesta.
- No te pongas así, ha sido divertido – hace una mueca para hacerme reír. – Ganaste, así que te debo una cena. ¿Mañana? – me cambia de tema para que olvide su travesura.
-¿Mañana? – dudo. Sé que no le voy a sacar una disculpa por haberme llevado a cuestas por medio camino. Pero ahora que me ha recordado la cena, no sé si fue buena idea apostar eso.
-¿No quieres? Podemos ir el sábado o el domingo.
-No, no es eso...mañana me parece bien. – es mejor no intentar retrasarlo. En el fondo me lo he pasado bien y solo será una cena de amigos.
- Estupendo. Te recojo a las nueve como la otra vez. ¿Quieres ir a algún sitio específico o prefieres que sea sorpresa?
-No he vuelto a ir al Spiaggia desde que fui contigo. Podríamos ir allí otra vez y pedir una pizza.
-Si es lo que quieres, a mi me parece bien – sonríe. Se acerca y me da un beso en la mejilla. – Hasta mañana, ponte guapa para mí.
- Hasta mañana – sonrío y le quito mi bolsa de deporte. – Gracias por llevármela.
-Soy un caballero jejeje. Nos vemos. – se despide y como todas las veces anteriores, observo cómo se marcha. Suspiro y entro en casa, donde mamá pregunta por mi tardanza. Me excuso diciéndole que he ido con Ivana por ahí. Ahora es solo ver que le cuento para mi cena de "amigos" de mañana...
¡Las rayas son mías, las lisas tuyas! 

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