domingo, 17 de enero de 2016

Capitulo 22

Hace una preciosa mañana de domingo. Después del susto de anoche no me apetecía seguir en casa comiéndome la cabeza. No puedo dejar que mis emociones controlen mi vida y tampoco quiero acabar tan joven encerrada en un psiquiátrico por demencia. Así que he decidido coger mi sudadera de Mickey Mouse, mis shorts, unas medias y mis convers negras para dar una vuelta a la ciudad con el skate. Hacía mucho que no paseaba así. No pienso en nada, ni siquiera me he puesto los cascos, solo quiero ver vida más allá de las cuatro paredes de mi habitación... Demostrarme a mí misma que no puedo simplemente ocultarme e invernar al mínimo problema que surge en el camino. Me guste o no, la vida sigue, es un sistema perpetuum mobile que nunca se detendrá y yo no soy ningún segundo principio de la termodinámica que la detenga. Por tanto, el que yo pare, no significa que lo haga el resto. Paseo por el centro y me desvío por la zona donde fui con Leo cuando quedamos para desayunar. ¡Vaya! Es más bonita de lo que recordaba. Voy ralentizado con el skate, fijándome con más detenimiento en las tiendas, casas y locales que hay.
-¡Cuidado! – me gritan. Miro al frente...estoy a punto de chocar con alguien. Intento detener el skate pero me pongo tan nerviosa que acabo cayendo al suelo.
- ¡Au! – me quejo. ¡Maldita torpeza la mía! Siempre acabo en el suelo.
-¿Estás bien peque? – pregunta una voz familiar.
- Eso creo – levanto la vista y observo al semidiós traído del mismísimo Olimpo ofreciéndome su mano. La acepto y me levanto. –Gracias.
-Nada – sonríe- ¿Qué tal?
- No lo sé – me encojo de hombros. Llevo mucho tiempo sin saber como estoy realmente.
- Esperaba un bien o algo similar. "No lo sé" no suele ser una respuesta frecuente – se ríe y me descubro riéndome con él.
- Naim yo...quería darte las gracias...por lo del otro Sábado. Aaron me contó que anoche cuidaste de Leo y también quería darte las gracias por ello.
-Emma, no tienes por qué agradecer nada. Me lo pasé bien contigo y ayer no hice nada. Mientras Aaron hablaba contigo, yo me limité a hablar con Leo hasta que le empezó a bajar la borrachera. Al rato, se fue con Austin que huía de una chica que no le dejaba en paz.
- Aún así quería agradecértelo – vuelvo a insistir. No sabe hasta qué punto me han tranquilizado sus palabras.
- Te preguntaría que pasó al final el otro sábado, pero creo que no me incumbe.
- Es largo de contar.... – suspiro.
- Tengo tiempo y aquí hay muchas cafeterías. Elige una – señala los locales con una sonrisa.
- Vale – acepto. No sé cómo he terminado accediendo a tomar algo con Naim, pero ha pasado y no he sabido decir que no. Nos sentamos en una cafetería bastante amplia. El sitio parece muy moderno, se llama "Tea vs Coffee Latte". Es un sitio bastante interesante, sus paredes son negras, pero con dibujos blancos en todas ellas, con frases, un teléfono, aviones de papel...su mobiliario es muy básico: mesas y sillas altas y algún que otro sofá negro. Nos atiende una chica de aspecto gótico. Pelo corto negro, uñas negras,... lleva una falda muy corta de cuadros rojos y medias de rejilla, su camiseta de manga corta es negra con una cruz y una rosa de dibujo. A primera vista me ha dado miedo, pero luego nos ha atendido con una gran sonrisa y simpatía, entonces me doy cuenta de que no puedo juzgar a alguien por su aspecto. Nos sirve los cafés y nos deja a solas.
- ¿No me vas a preguntar? - pregunto tras varios minutos en silencio. No era un momento incomodo en absoluto, pero vinimos porque me dijo que quería saber que ocurrió. No sé si debería contárselo. Es amigo de Leo y apenas le conozco, pero algo me dice que puedo fiarme de él.
-¿Quieres que lo haga? – enarca una ceja.
- No, bueno...no sé, - me empiezan a arder las mejillas. – Es solo que como me has dicho que tenías tiempo... – me revuelvo incómoda. Estaba muy a gusto, no sé por qué me he puesto tan tímida de pronto.
- No tienes por qué darme explicaciones – dice tras darle un sorbo a su café. – Te dije que tenía tiempo. Y mejor que estar solo... – sonríe.
- Cierto – sonrío tímida. – Pero lo dijiste porque te dije que era largo de contar.
- ¿De verdad quieres contarlo? Parece que te mueres de ganas, a ver, que a mí me da igual, pero te veía más reservada – se encoje de hombros.
- Y no quiero contarlo – me defiendo. – Es solo que no quiero haberte obligado a venir conmigo porque iba a contarte algo sobre tu amigo – al menos me así siento.
- Emma, ¿de verdad crees que ejerces tanta influencia en mí? No tenía nada que hacer y por lo que he visto, tú tampoco. Disfruta del café y olvídate de tus problemas. Lo del sábado era una excusa para que vinieras conmigo – ríe ligeramente.
- Eres un buen chico, gracias – le sonrío con ilusión. No sé por qué no puedo evitar ser sincera con él.
- No te creas, a lo mejor puedo ser un violador y tú estás aquí tan tranquila sin saberlo.
- ¿Qué? – escupo en la taza el sorbo de café con los ojos abiertos como platos. Naim al verme se empieza a reír con ganas.
- Era broma mujer, que inocente eres – ríe divertido.
- Eres muy malo – le saco la lengua como si tuviera cinco años.
- Lo sé – sonríe y me guiña un ojo pícaro.
Nos echamos a reír y disfrutamos de una agradable conversación hasta que suena su móvil.
-¿Si? Estoy con una amiga – me sonríe cómplice al decir "amiga" – no sé qué hora es. ¿Tan tarde? Vale, no te preocupes, sino nos vemos luego. He de parar primero por mi piso. Vale, adiós. – cuelga y me observa. – La una y media, ¿te importa si continuamos nuestro café otro día?
-¿¡La una y media!? – grito sin querer. Me doy cuenta y veo que algunas personas se han girado, disimulo muerta de la vergüenza y digo en un tono más bajo - ¿Cómo se ha hecho tan tarde?
- Tal vez porque no paras de hablar – se burla.
-Como que tú no – le devuelvo el chinche.
- Vamos, te llevo a casa. – Naim me deja pagar mi parte a regañadientes y caminamos tranquilos a mi casa.
-No te veía con un skate – dice rompiendo el silencio.
-¿De verdad?
-Sí. Te imaginaba como la típica chica que no hace nada de chicos y que no le gusta nada que implique moverse o sudar.
- No soy una señorita. Este skate es lo más importante que tengo – lo sujeto con más fuerza – y no me importa sudar. Estuve en el equipo femenino de fútbol el año pasado.
- ¿En serio? Jamás lo hubiera creído – responde con sorna.
- Oh vamos, déjame – río mientras le doy un golpe en el brazo.
-¡Que fuerza tienes! Mejor no me meto contigo – se ríe mientras finge que de verdad le he hecho daño.
-¡Eres idiota! – le digo entre risas. Naim es capaz de hacerme reír y hacer de estas cosas como si las hubiéramos hecho siempre.
-Sí, pero un idiota encantador – sonríe.
- Un idiota encantador – le imito. Estallamos en carcajadas y seguimos con los piques hasta que llegamos a la entrada de mi casa. – Es aquí – le indico.
- Es enorme – dice mientras observa la casa. – He de irme, me esperan. Un placer coincidir – me dedica una de sus mejores sonrisas.
- Siempre – le devuelvo la sonrisa. Y es cierto, disfruto mucho de su compañía. – Nos veremos pronto, espero.
-Cuando quieras – me guiña un ojo. No quiero despedirme de él, pero es tarde. Me acerco y, poniéndome de puntillas, le doy un beso en la mejilla. Tiene barba de uno o dos días, pero no me importa. Con una última sonrisa, me alejo de él hasta la puerta.
-Nos vemos pequeña – escucho cuando voy a cerrar la puerta. Me giro y observo a Naim alejarse poco a poco de la casa. Cierro la puerta.
-¿Emma? – escucho la voz de mamá. - ¿Ya has llegado?
-Sí – respondo mientras voy a la cocina. – Perdón por llegar tan tarde, me encontré con alguien.
-¿Alguien del instituto?
- No. Más bien alguien que conocí hace poco – se escapa una sonrisa de entre mis labios al recordarle. – Alguien bastante interesante.... – mamá me observa pero no dice nada. Quizá piense que estoy sufriendo algún episodio, trastorno o crisis adolescente, no sé, el caso es que cada día tengo un humor distinto.
****
Lunes 23 Nov
A pesar del fin de semana tan estrambótico, me voy a clase de buen humor. He dejado el chándal y el moño aparcado y hoy voy a clase en jeans y jersey, dejando que mi pelo luzca suelto y rebelde. La música suena en mis cascos favoritos, Shaina Twain me recuerda que soy joven y debo divertirme, porque "Man, I feel like a woman". Hoy veo el mundo desde otro punto de vista. Canturreo la canción de camino al instituto en mi skate cuando mi móvil vibra. Me paro y le echo un ojo.
Nuevo mensaje de Leo 8: 07
Buenos días Emma. Espero que tengas un buen día.
Observo el móvil atónita. No he sabido nada de él desde la madrugada del sábado. Y he de admitir que me siento algo avergonzada por ello, me olvidé por completo de él desde mi encuentro con Naim. No fue adrede, no es que quisiera olvidarle sin más, simplemente Naim hizo que tuviera un buen domingo en vez de estar muerta de preocupación por Leo. Ahora somos amigos y da igual lo que haga o deje de hacer, para empezar no hice nada malo. Él por el contrario se emborrachó y me llamó para echarme en cara haber estropeado lo nuestro. Le contesto para no parecer descortés y me uno a un Alex adormilado que acaba de cruzar la calle.
-¡Bueno días! – le grito para despertarlo.
-¿Emma? – pregunta despertando de su somnolencia.
-¿De qué te sorprendes? Ni que no me hubieras visto en treinta años – bromeo.
-Perdona, es que...- ahoga un bostezo. – Tuve un fin de semana movido. ¿Estás bien? Se te ve bastante mejor, hablas y ya no vistes fea.
- Sí, Alex. Y gracias, me encanta que me digas que visto horrible. – Ironizo.
- No tonta, ya sabes. Vistes siempre bien, pero cuando te deprimes coges la ropa más fea que tienes, esa que ni los mendigos se ponen y permaneces con ella hasta que mejora tu humor. – fulmino a Alex con la mirada por su comentario, aunque en el fondo sé que tiene razón.
- Leo vino a mi casa el viernes – digo sin rodeos y noto como Alex se tensa.
- ¿Y qué quería? – masculla molesto.
- Disculparse. Hablamos algo del tema...luego nos dejamos llevar por nuestras hormonas....pero no ocurrió nada – aclaro rápido al ver que pone mala cara. - Supimos contenernos. Quedamos otra vez el sábado y tras comentarle que quería que fuéramos solo amigos se fue a la estúpida fiesta de la casa de estudiantes y se emborrachó para después llamarme de madrugada. Qué romántico – ironizo para no darle importancia a mis palabras.
- ¿¡Qué!? ¿Le dijiste eso? Después de lo mal que lo pasaste... ¿quieres solo ser su amiga? – Alex no da crédito.
-Lo sé – exhalo y observo como mi aliento se transforma en vaho – sé que no tiene sentido. Leo me importa, no sé si puedo afirmar con rotundidad que le amo, pero no puedo decir que no sienta nada por él. Alex, no podemos seguir haciéndonos daño y antes de volver a intentarlo...estaría bien conocernos un poco más. ¿Es una locura?
- En absoluto – me observa comprensivo. – Ven aquí – me abraza y rápidamente me siento reconfortada. – Emma, ¿cómo te sientes?
- Es extraño, pero me siento bien. – Y lo digo de verdad. – Desde mi encuentro con Naim no volví a pensar en Leo...
-¿Naim? ¿El amigo ese que os invitó a la fiesta? ¿Desde cuándo sois tan amigos?
- Me lo encontré el domingo y tomamos un café. Fue muy amable conmigo, eso es todo. Por cierto, ¿quedaste el sábado con alguien? – pregunto curiosa. No he olvidado que lo vi con Daniela.
-¿Qué? ¿Yo? – lo sabía. Se revuelve incómodo y desvía la mirada. ¿Qué pasó para que no me lo quiera contar? – Mira, por ahí vienen las chicas. – Señala - ¡Hola! – grita para llamarles la atención.
Las chicas se detienen en la puerta del instituto y nos observan con una sonrisa. Llegamos hasta ellas y nos saludamos. Estando las chicas delante sé que no soltará prenda y Daniela lo negará todo. ¿Qué pasará entre ellos? Sin entrar en detalles, les resumo a las chicas mi fin de semana y tras sus palabras de apoyo entramos en clase. Le pido a Ivana que se siente conmigo, pues quiero hablar con ella. Empieza la clase de latín y la profesora, a su costumbre, está dando el sermón a los que no han traído la tarea.
- Ivana, ¿has hablado con Aaron? – pregunto en voz baja.
-Si es por lo del sábado, sí. No quería ir a la fiesta, así que Aaron se fue con sus amigos y el domingo lo pasamos juntos.
-Siento que Aaron cuidara de Leo – me disculpo.
- Y yo siento que hayáis roto – Ivana se ha tomado la noticia bastante mal.
- Ivana, no se puede romper lo que nuca hubo – le digo con cierto dolor. – En ningún momento fuimos "algo"...no hemos roto nada, y por eso vamos a probar a ser amigos – intento sonreír. Ivana me coge de las manos como muestra de apoyo.
-Emm, se nota que de alguna manera os gustáis. El problema es que sois demasiado parecidos. No podéis ser fuego, uno debe ser agua para que haya equilibrio.
- Las del fondo. Si tenéis tantas ganas de cháchara es porque habréis hecho los deberes – nos regaña la profe. Ivana y yo nos disculpamos muertas de la vergüenza. No volvemos a hablar por si nos obliga a contarle al resto de la clase sobre nuestra conversación. Y así, llega la hora del recreo donde, como siempre, salimos un rato fuera para comer en nuestro banco de siempre. Martina nos cuenta como le fue en el partido de ayer, de repente, mi móvil empieza a sonar. Es Leo, miro el móvil con cierta desconfianza, las chicas me observan preocupadas mientras que Alex se ha tensado notablemente.
- Anda, cógelo, nosotras te esperamos aquí – Ivana me da ese último empujoncito para tomar la decisión. Lo cojo y me alejo a otro banco para tener algo de intimidad.
- Hola – respondo antes de que cuelgue.
- Hola Emma – su voz suena aliviada.
- ¿Qué quieres?
- Quería saber de mi....amiga. No hemos hablado desde el sábado.
- Después del susto que me diste no era como para hablar mucho más. – le recuerdo y un escalofrío me recorre la espalda. El miedo que sentí al pensar que podía haberle ocurrido algo es indescriptible.
-¿Susto? – pregunta confundido
- ¿No lo recuerdas? ¿Aaron no te ha dicho nada?- ¿tanto bebió como para olvidar que me llamó? – Bueno, no te preocupes, me habré confundido – no merece la pena agobiarle si no recuerda la llamada y mucho menos si Aaron no ha querido decírselo. - ¿Qué tal el día? - intento desviar la conversación.
-Bien...- dice con poca convicción. ¿Todavía le dará vueltas a lo que acabo de decirle?
-¿Solo bien? – insisto.
- Tenía un descanso. Mi padre se ha encargado de tenerme hasta arriba de trabajo al enterarse de que hice novillos cuando te traje aquí. Tienen la lengua muy suelta algunos.
-¿En serio? Menudos chivatos – me echo a reír. – Siento que por mi culpa tengas tanto trabajo.
- No te preocupes, le he encasquetado medio trabajo a Ingrid. Está que trina, deberías verla – me comenta divertido. No puedo evitar reírme ante semejante situación.
- Eres una mala persona – le regaño. – Pobre Ingrid – la compadezco.
- No sientas lástima por ella, si hubiera sabido cerrar la boca no estaría metida en este lio – se justifica. Hablamos durante unos minutos más, donde Leo me contó como encontró a uno de los técnicos de sonido entre las piernas de la chica de las fotocopias. Y no sé si es por su forma de contarlo o porque simplemente es Leo, pero no pude parar de reír. Por desgracia, la magia se rompió cuando la sirena anunció el final del recreo.
- Leo, he de colgar. Ha sonado el timbre y debo ir a clase – digo con cierta tristeza. Estaba disfrutando mucho de esta llamada.
- No te preocupes, hace rato que debería haber vuelto a trabajar. Seguro que Ingrid me tira el ordenador a la cara en cuanto me vea. – Intento no echarme a reír otra vez.
- Hasta luego Leo. Me ha encantado hablar un rato contigo.
- A mi también. Podríamos hablar un rato esta tarde, si quieres.
-¿Hablar otra vez? – unas dudas me recorren todo el cuerpo. ¿Está bien hablar por teléfono? Ahora somos amigos, no creo que sea malo, pero él me dijo que lo estropeé todo al decirle eso...Aunque, no es malo, es solo hablar, conocernos mejor, ¿no?....- Vale.
- Estupendo. Hasta luego...amiga.
-Adiós...amigo. – cuelgo. ¿De verdad esto es lo correcto?
-Emma, vamos a llegar tarde, vamos – me llama Martina. Me uno a ellas y nos dirigimos a clase.
-Parecía que lo pasabas bien – comenta Daniela.
- Para serte sincera, tenía miedo de cogérselo, pero ahora agradezco haberlo hecho. – sonrío a Ivana y le doy un apretón de mano para darle las gracias.
- ¿Estás segura de que solo quieres ser amiga suya? – pregunta Martina poco convencida.
- Es lo mejor – respondo.
-Pero, ¿para quién? Emma, la semana pasada llorabas por las esquinas porque habíais "terminado" y ¿ahora estás contenta siendo solo su amiga? Chica no te entiendo. – Martina me adelanta, dejándome atrás como un caso perdido.
-Sé que es raro, pero así es. No pido que lo intentéis comprender chicas – suspiro incómoda – la única diferencia es que ahora el único vínculo que nos une es la amistad, y tal vez eso nos ayude a volver a intentarlo otra vez. La semana pasada creí que le había perdido para siempre...ahora sé que todavía sigue en mi vida...aunque sea como amigo... - les digo cabizbaja.
- Emma, sea cual sea tu decisión te apoyaremos – me reconforta Daniela.
- Estaremos contigo – Ivana no me ha soltado aún la mano y agradezco el detalle.
- Emma – Martina se para en seco y se coloca delante de mí muy seria. – Los chicos solo dan problemas, si quieres conservarlo como amigo, adelante. Pero aléjate de él antes de que vuelva a hacerte daño.
-Vale – sonrío. Alex no ha dicho nada, porque ya sé su opinión pero si se acerca y me da un beso en la frente. Les sonrío y entonces me doy cuenta de que nunca debí alejarles de mí cuando estuve mal. Las chicas, cada una a su manera, me apoyan de forma incondicional y están para mí en cada caída, nunca me han fallado. Ahora veo lo estúpida que he sido, Ivana, Martina, Daniela y ahora Alex. Ellos saben hacerme sentir especial, me escuchan y a pesar de que no les cuente todo o los aleje, ellos siempre esperan y confían en que vuelva. Porque eso es lo que hacen los verdaderos amigos.
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Jueves 26 Nov
Aunque el lunes me pareció una locura, Leo y yo no hemos parado de hablar desde entonces. El lunes por la tarde hablamos un rato después de comer, y el resto de días hemos hablado por mensajes o me ha llamado un rato por la noche. No sé si estamos llevando esto bien, pero funciona. No discutimos, al menos no en serio y de alguna forma, nos conocemos más.
Anoche hablando dijo que quería verme. Al principio me negué, pues, tenía miedo de que al volver a vernos en persona se estropeara todo. Hemos mejorado mucho e incluso tenemos más comunicación. Y aunque le he echado mucho de menos, tengo miedo de hacer alguna estupidez si vuelvo a ver esos preciosos ojos azules. Después de insistir muchas veces, accedí a vernos, pero después de mi clase de yoga con Ivana. Y aquí me encuentro, a diez minutos de que den las ocho y termine la clase. Hoy no me he relajado en absoluto, más bien, me he ido poniendo más nerviosa conforme ha ido avanzando la clase. Termina la clase puntual y aunque sigue sonando la música para los últimos minutos de relajación, no soy capaz de quedarme quieta y me levanto. Mónica, la profesora, no me dice nada. Me acerco a los vestuarios, mientras recojo mis cosas, el sonido del piano consigue tranquilizarme un poco.
- Vas a verle ahora, ¿no? – me pregunta Ivana mientras termino de ponerme el abrigo.
-Sí – vuelvo a mirar el reloj.
- Estás haciendo lo correcto. Dale una oportunidad – Ivana me da un abrazo
- Gracias – le sonrío y le devuelvo el abrazo. Me despido de ella dándole un beso y prometiendo llamarla si ocurre algo. Entonces me dirijo a la puerta para encontrarme a Leo.
- Emma – oigo en cuanto salgo al exterior.
-Leo – respondo al segundo.

Outfit de Domingo


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