domingo, 10 de enero de 2016

Capitulo 21




Sábado
He renacido. Hablar con Leo y hacer las paces me ha despertado de mi letargo de dolor y sufrimiento. Y el hecho de poder dormir toda la noche nunca me resultó tan placentero. He recuperado parte del apetito y mi aspecto ha mejorado bastante desde ayer. Anoche llamé a África y hablamos un rato, no le había devuelto las llamadas en toda la semana ya que no quería preocuparla ahora que está embarazada. Estoy desayunando en el comedor, algo raro en mí, pero me apetecía ver la tele. He dejado de lado mi café y he vuelto a mi bol de leche con cereales. Mamá entra en el salón, me observa y se sienta a mi lado.
-¿Cómo estás hoy mi vida? – pregunta cual madre cariñosa que es.
- Mucho mejor que toda esta semana – contesto con sinceridad mientras intento tragarme los cereales.
- No deberías esforzarte tanto. Seguro que sacas buenas notas. Además, estaría bien que salieras un poco para despejarte...
-Voy a salir esta tarde – la interrumpo. Me observa curiosa y recapitulo para explicarme mejor. – Esta tarde he quedado...y saldré un rato al Starbucks del centro.
-Emma eso está muy bien ¿Vas con las chicas?
- Sí... - no quiero inventarme más excusas, pero todavía no puedo decirle la verdad.
- Vale, termínate el desayuno que yo voy a salir a hacer unas compras. Hasta luego cariño – me da un beso y se marcha.
Veo la televisión un rato más y pienso que después de esta horrible semana debería mimarme un poco. Apago el televisor y conecto mi móvil a unos altavoces inalámbricos que me regaló Fran. Conecto el Spotify y le doy vueltas a la playlist hasta que alguna me parezca atractiva. Escojo una de Auryn y la música comienza a envolver mi casa. Me dirijo al baño, lleno la bañera y me doy una larga ducha mientras escucho "Volver"... "un adiós nos puede hacer volver"; "creo que es más fácil olvidar que perdonar" "todo vuelve a renacer si borramos el ayer". Creo que es un tema apropiado para mi situación, aunque también me hace dudar en si esto es lo mejor...no quiero pensar en eso ahora y opto por distraerme para no pensar. Después de un gran baño me doy cuenta de lo mucho que me he descuidado esta semana y convierto mi habitación en un salón de belleza. Desde depilación hasta mascarillas, no dejo ni un poro de mi piel limpio y libre de vello. Termino al mediodía con una clase de yoga improvisada en mi cuarto y la banda sonora de Orgullo y Prejuicio ambientado la habitación.
****
Cinco y veinte
Leo estará aquí en diez minutos. No tendría que haber venido tan pronto, hace frío aquí fuera, pero en casa no tenía nada con qué distraerme y necesito hablar con él para aclarar mi torbellino de ideas. Estaba tan nerviosa que me alisé el pelo, me pinté las uñas y me maquillé un poco y tardé veinte minutos en elegir ropa. Al final escogí un conjunto normalito dentro de lo elegante. Jeans negros, vans grises y una camisa negra con un jersey gris encima. Observo el suelo y el vaho que sale de mi boca al respirar, ¡como han bajado las temperaturas! Ahora que no tengo nada en qué concentrarme me embarga la duda desde lo más hondo de mi ser. ¿Estoy haciendo lo correcto? ¿He hecho bien en darle otra oportunidad y quedar con él? Y encima no he vuelto a ver a Naim, aunque en mi estado de esta semana casi lo prefiero, pero tengo que darle las gracias, se porto tan bien conmigo. Ni siquiera tengo su número para llamarlo siquiera. Podría pedírselo a Leo, pero eso podría empeorarlo todo...pufff Leo... Sé que si Alex me viera me odiaría, se ha pasado toda la semana a mi lado, intentando hablarme, distrayéndome o tratando incluso de inventar algún motivo para quedar conmigo y apoyarme. Y solo me he limitado a alejarlo de mí rechazándole en todo momento. Las chicas se rindieron y prefirieron esperar a que yo quisiera hablar con ellas, pero él no, todo por culpa de Leo...y ahora me encuentro aquí, esperándole. Me estoy aferrando a algo que, a pesar de que me hace feliz, también me hace desgraciada. Quiero creer que puede funcionar, que podemos estar juntos, que podemos intentar ser algo...
-Hola nena, ¿llevas mucho rato aquí? – preguntan a mi espalda. Me giro y observo a un Leo tímido.
- Hola – saludo. – Acabo de llegar – miento.
-Mentirosa – sonríe. Nunca se me dio bien mentir y él me las pilla todas. Normalmente nos besamos, pero no sé si sería lo correcto. Observo a Leo que, parecer pensar lo mismo, y decide romper este momento incómodo besándome la mejilla. -¿Entramos?
-Si – sonreímos y me pasa el brazo por el hombro para entrar. Hacía mucho que no venía al Starbucks a tomar un café, pero era lo único que me parecía lo suficientemente "normal" como para perder el control estando con él. Entramos y Leo me dice que pida lo que quiera, sé que no me va a dejar pagar y enseguida me doy cuenta de que tengo razón porque tiene en la mano su tarjeta de crédito. Pido un chocolate caliente con un Muffin Supreme de Chocolate. Leo me mira atónito, él solo se pide un Capuccino y, tras mi insistencia, un trozo de tarta de chocolate. Nos colocamos en una mesa que da a la ventana.
- ¿En serio piensas comerte todo eso? Si quieres morir por exceso de chocolate para no verme, no hubiéramos quedado – dice con sorna.
- Normalmente pido un Frapuccino, pero no he podido resistirme a pedir esto al verlo – me encojo de hombros como si fuera lo más obvio del mundo. Devoro gustosa mi merienda como si fuera una cría mientras Leo me observa sin decir nada.
- ¿Quieres mi trozo de tarta? – pregunta al ver que me he terminado mi muffin.
- ¿Puedo? – pregunto con ilusión. No me había dado cuenta del hambre que tenía hasta que le he dado el primer mordisco al muffin. Leo vuelve a sonreír y me pasa su plato. Lo cojo y tras darle las gracias le hinco el diente. Me lo ha dado sin apenas probarlo, ¿le pasará algo? – Leo... ¿Te ocurre algo?
- ¿A mí? Nada, ¿por qué?
- Apenas has probado la tarta... - suena absurdo ahora que lo pienso. Él ni siquiera lo quería, lo ha cogido porque yo le he insistido. – Y no hablas – susurro.
- La he pedido para ti, por eso apenas he comido y no hablo porque disfruto viéndote comer – su sonrisa a medio lado hace que quiera sonreír también.
- Podemos compartirla – le insisto. Me sabe mal que lo haya pedido solo por mí.
- Vale – se levanta.
-¿A dónde vas? – pregunto con cierto temor.
- A sentarme a tu lado – me tranquiliza. Suelto el aire que había contenido sin darme cuenta y observo como de estar enfrente, se sienta a mi lado, me quita la cuchara y se come un trozo de la tarta. – Delicioso.
- Mucho – le digo con una sonrisa. Leo me observa, coge un trocito más y me acerca la cuchara para que coma. No puedo evitar echarme a reír, él me mira extrañado, pero a la vez curioso. – Pensaba que no te gustaba hacer este tipo de cosas – recuerdo la vez que le llevé al Spiaggia y tomando tiramisú le hice yo lo mismo.
- Las cosas siempre pueden cambiar. Lo que ayer podía ser blanco hoy es negro y quizás mañana sea gris. Emma la vida da demasiadas vueltas para pensar que porque en un determinado momento hice o dije algo, será siempre así. Puede que sí, o puede que no, las cosas cambian nos gusté o no...
- Lo que tú digas – digo algo pasota y le doy un bocado al postre. Puedo parecer insensible o pasota, pero no quiero que se ponga así por esta tontería. Leo no dice nada de mi pasotismo y continúa dándome de comer. – Puedo sola – le digo después de tres cucharadas.
-Shhh – me chista. – come.
- Le...phmmm – me ha metido la cuchara en la boca y casi me ahogo. – ¡Ahora veo tus verdaderas intenciones! – le regaño a modo de broma. – Tú no querías marcarte el detalle, ¡solo buscabas una excusa para ahogarme!
- ¿Yo? – Leo finge que se indigna con mi acusación. – ¡Eres tú que no ha parado de engullir desde que hemos entrado! Te va a dar una subida de azúcar – se burla.
-¿Qué? Serás...- vuelve a meterme la cuchara hasta arriba de chocolate, impidiéndome terminar. Leo se echa a reír con ganas mientras le fulmino con la mirada por la jugarreta.
- Aquí tienes las consecuencias de tanto chocolate – dice.
-¿Qué? – no me responde, se limita a cogerme con cuidado por la barbilla y a lamerme la comisura de la boca. –Leo – lo llamo muerta de vergüenza, ¿Qué hace? Aquí no, ¡que pare!
- Estoy limpiándote - se defiende y sigue recorriendo la comisura de mi boca con su lengua.
- Ya puedo sola – intento separarme para que pare. Algunos curiosos nos observan , ¡qué vergüenza!
-Vale, vale. – Se aleja y me deja que me limpie sola. Salimos del Starbucks y paseamos por las tiendas. De pronto veo algo que me hiela la sangre. Le doy un tirón a Leo y nos colocamos detrás de una cabina telefónica.
-Emma, ¿Qué te ha dado?
- Allí – señalo. Unos metros más adelante veo a Daniela ¡y está con Alex! Es verdad que se llevan bien, pero es la segunda vez que pillo a Alex relacionado con Daniela. ¿Tendrán algún lio? No, imposible, no puede ser...aunque...no, no, que no puede ser. Alex tiene novia y Daniela siente algo por David aunque no lo quiera admitir. Pero ahí están. No pueden verme, es decir, vernos. Esto es mejor que se lo pregunte cuando Leo no esté delante. No quiero que Alex y Leo se maten.
- ¿No son Daniela y tu amigo?
- Sí, y por eso mismo debemos irnos. Como Alex nos vea, te mata a ti y luego a mí. Vamos a otro sitio, pero... ¿A dónde?
- ¿A mi casa?
- No – niego rotundamente. Todavía no, ya sabemos lo que pasó ayer estando en mi casa. – Leo tenemos que ir un poco más despacio, todavía no – suavizo mi tono.
-Vale, - me coge de la mano y me lleva por una calle secundaria, acabando así, en una plazoleta.
- Aquí estaremos tranquilos. ¿O prefieres volver al centro y ver tiendas o esas cosas que os gustan a las chicas?
- Leo no es eso – suspiro. Le indico un banco y nos sentamos. – No quería sonar brusca antes, pero no podemos fingir que lo de la semana pasada no ocurrió. Apenas nos conocemos y en este poco tiempo solo hemos sabido discutir para luego dejarnos llevar por nuestras hormonas...o no saber del otro por días. Queremos correr, pero no hemos aprendido a andar, y solo sabemos tropezar...Si queremos que esto tenga futuro deberíamos ser amigos primero... - no he dejado de pensar en esto. Tal vez si somos amigos antes podemos hacer que esto funcione.
-¿Insinúas que solo quieres que seamos amigos? – Leo me observa con los ojos como platos - Emma, lo estábamos pasando bien, dijiste que podíamos volver a empezar... después de todo eso, ¿quieres plantarte ahora?- sé que mis palabras le han hecho daño, pero es la única manera de que esto funcione.
-No insinúo nada – intento hacerle comprender. - Leo no hace ni un mes que empezamos con esto y nos hacemos más daño que otra cosa... No te estoy diciendo que rompamos ni dejemos de vernos. Solo que seamos amigos durante un tiempo, y luego volver a intentarlo.... – Me duele decirle esto, pero es lo mejor para ambos, para poder crecer, conocernos mejor y comprender lo que significa tener una relación seria en nuestra vida.
-Emma, sé que tienes razón...- se revuelve incómodo. - Siento que mis acciones te hayan obligado a tomar esta decisión – suspira con amargura. – No me he portado como debería,...y extrañaré tus besos...así que no puedo negarme a tu decisión. Seremos amigos...¿con derecho?
- Leo – le regaño.
-Era broma, era broma. Te llevo a casa.
-Vale. – no esperaba que se quedara conmigo después de soltarle la bomba, lo mejor es separarnos y pensar en esto. Sé que es lo mejor para los dos, pero mi yo interno no para de patalear como una niña de cinco años y decirme que soy tonta por haber hecho eso.
Caminamos tranquilos a casa. Hablamos poco y Leo ni siquiera me coge de la mano. Sé que los amigos no hacen eso, pero tampoco tenemos que sentirnos como extraños. Estamos delante de casa, solo son las siete y media, pero es lo mejor, pasar más tiempo juntos solo hará que me arrepienta de mis palabras y corra a abrazarle.
-Emma, aunque ahora seamos solo amigos, quiero que sepas que no te pienso engañar ni estar con otras.
- No tienes por qué prometerlo. Confío en ti – sé que nunca haría nada así.
- Hasta luego ne...Emma, - dice confuso, se acerca y me besa la mejilla con cariño.
-Hasta luego Leo – me despido y observo cómo se aleja mi felicidad. "Es lo mejor" me repito por vigésimo cuarta vez. No podemos seguir con el circulo vicioso de él hace una estupidez, yo lloro, me da un bajón y lo solucionamos devorándonos a besos. No, no puedo permitir caer en eso....
****
Esa misma noche
"Infatuated" de Sweet California envuelve mi habitación. Me despierto del susto y corro al escritorio a coger el móvil. ¿Qué pasa? ¿Quién llama? ¿Qué hora es? Las cuatro de la mañana... ¿Leo? Contesto rápido para no despertar a mis padres.
-¿Leo? – pregunto con un hilo de voz.
-Emmmma....- arrastra las palabras. Vuelvo a mirar el móvil. ¿Leo me ha llamado borracho? – Heeeeyyy Emmmm ¿sigu-sigu-sigues ahí? – canturrea. Dios ¿Cuánto ha bebido?
-Leo, espera un momento, por favor. –Enciendo la lamparilla de mi mesita, me acerco al armario para coger la bata y tras atármela cojo el móvil y corro las escaleras a la planta de abajo. Mientras, oigo palabras ininteligibles y pienso que está como una cuba. Llego a la cocina y cierro la puerta. Estoy lo suficientemente lejos como para no despertar a papá y mamá. - ¿Leo? ¿Sigues ahí? – pregunto al no escuchar nada y con miedo de que haya colgado.
-Nunca me fui – dice sorprendentemente serio.
-¿Estás bien? ¿Por qué me llamas tan tarde? ¿Has bebido? ¿Al final has ido a la dichosa fiesta de los estudiantes? ¿Leo...
- Shhhhh – me chista. – Hacessss muchasss pregruntasss – rastrea las eses con dificultad. – He olvidado la gran mayoría...pero...he salido y he bebidooo y pensaba que no es justo Emmmmma, podemos ser algo grande, muuuuy, muuuuuuuuuy grande y tú....¿¡solo quieres que seamos amigos...!?
- Leo, yo.... – joder, no pensé que se lo tomaría así. ¿Se ha emborrachado por culpa de mis palabras? Noto un escalofrío que me recorre la espalda, ¿y si hace alguna estupidez? ¿Debería ir a buscarle? – Leo, Leo escúchame. ¿Estás donde la otra vez, verdad? No hagas tonterías, por favor, espera a que llegue – son las cuatro de la mañana, no tengo coche, y mucho menos carnet. Mis padres creen que duermo en mi cama, estoy en pijama y quiero ir corriendo a la casa diabólica solo porque Leo me ha llamado borracho. Es todo por mi culpa y debo solucionarlo, subo acelerada escaleras arriba hacia mi cuarto mientras escucho a Leo decir cosas sin sentido y llamarme una y otra vez. Estoy a punto de vestirme cuando escucho una voz conocida.
-¿Emma? – me dice esa voz.
-¿Aaron? – pregunto esperanzada.
-Perdona, ¿te ha despertado el capullo este? Me ha dicho algo de que ibas a venir y he conseguido quitarle el móvil para hablar contigo.
-Aaron, ¿está bien? ¿Dónde estáis? ¿Qué ocurre? – estoy al borde del infarto o un ataque de ansiedad, pero necesito saber que está bien.
- Si, tranquila. Estamos en la casa de los estudiantes y aquí el señor se ha tragado más de media botella él solo a palo seco. Nos hemos despistado y se marchó sin decir nada, Naim y yo nos hemos vuelto locos buscándolo y lo hemos encontrado fuera llamándote. Naim se está ocupando de él, tranquila. Y yo le he quitado el móvil para que no haga más estupideces.
Las palabras de Aaron consiguen tranquilizarme y mi respiración vuelve a normalizarse. Naim siempre cuida de los embriagados como Leo y yo y me siento fatal. Ahora tengo otro motivo más para disculparme con él.
-Gracias Aaron, de verdad. No sé en qué estaba pensando. Estaba decidida a ir allí a buscar a Leo a pesar de la hora que es y sin tener un medio salvo andar... No podía dejarle solo en ese estado – mi corazón aún late deprisa por el susto.
- Emma, tranquila. Nosotros nos encargamos, ya se le pasará el ciego. Y perdona otra vez, hacía muchísimo que no bebía así.
- No tienes por qué disculparte, no has hecho nada. Él ha decidido montar el numerito – digo con cierta molestia. El susto que me ha dado es como para cogerlo, estrangularlo y esconder su cadáver en el jardín. – Prométeme que me dejarás un mensaje cuando se vaya a casa o esté allí o lo lleves o lo que sea...
- Puedes estar tranquila, se queda en casa de Austin. De por sí, le diré que mañana se disculpe por haberte despertado. Buenas noches Emma, y perdona otra vez.
-Gracias Aaron – le agradezco por tranquilizarme y cuidar del cabeza hueca al que ahora llamo.... ¿amigo? No sé en qué demonios estaba pensando cuando le dije eso. –Buenas noches – cuelgo.
No pude pegar ojo después de la llamada. No estaba tranquila sabiendo que a unos cuantos kilómetros de casa, Leo estaba borracho y Naim se encargaba de él como hizo el sábado anterior conmigo. Mi parte racional me mira con despecho y me grita que me está bien empleado por darle otra oportunidad en vez de pasar página de una vez. Mientras que por otro lado, mi yo interno me defiende alegando que merecía la pena esa oportunidad...y mi corazón calla a ambos con un rotundo "no os va a escuchar, cuando me rompa aprenderá la lección". Me doy cuenta de que me he vuelto una chiflada con tanta vocecita o que formo parte de la película "Del revés" y por eso mis sentimientos no se ponen de acuerdo. Consigo dar una cabezada con el móvil entre las manos, sujetándolo con fuerza, por si Leo vuelve a llamar....

Outfit cita en el Starbucks 

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