domingo, 3 de enero de 2016

Capitulo 20

Logro terminar el día, y a pesar de haberme quedado estancada en el chándal y en la cara de zombie, poco a poco consigo llegar al viernes sin hundirme más en la miseria. He adelgazado dos kilos y aunque debería olvidarlo y seguir con mi vida, siento que no puedo. Con Leo se fue todo mi ser.
Es viernes por la tarde y estoy sola en casa, echada en el sofá viendo "Diario de un rebelde". Tal vez pueda aprender a tener las agallas necesarias como Jim, el protagonista interpretado por mi amado Di Caprio, para superar mi adicción. Llevo más de la mitad de la película cuando llaman a la puerta, ¿Quién rayos será? No tengo ganas de ver a nadie, el que sea que se pudra en el inframundo. Quien sea no se da por vencido e insiste con el timbre, así que paro la peli y me dirijo a la puerta con muy mal humor. Ni siquiera me molesto en mirar, me limito a abrir y decirle al pesado o pesada que se largue de una puta vez.
- ¡Lárgate! ¡¡No estoy de humor!! – chillo mientras abro la puerta. Empiezo a toser por dos motivos. El primero por forzar mi voz después de días sin apenas hablar y el segundo y más importante...¡¡Leo está frente a mí!!
-¡Emma! ¿Estás bien? – Leo hace un ademan de acercarse para ver si estoy bien ante mi ataque de tos. Pero solo debe preocuparse de que no se convierta en un ataque de ansiedad. Le hago un gesto para que no se acerque y poco a poco, dejo de toser. Me limpio la boca por la saliva que se ha escurrido por mis labios al toser.
-¿Qué haces aquí? – pregunto con un hilo de voz.
-Quería verte...hablar contigo... Emma, por favor, me porté como un gilipollas y tienes todo el derecho a odiarme, pero no podía dejar que esto terminara así...- no le dejo que termine.
-¡Para! No quiero oírte, ya hiciste todo lo que tenías que hacer. Te doy las gracias por llevarme a casa cuando me encontré indispuesta, pero lo que sea que tuviéramos...se acabó – la bilis amenaza con subirme por la garganta. ¿Cómo algo que duró tan poco puede doler tanto?
- Emma, por favor...escúchame, sé que he metido la pata hasta el fondo. Por favor escúchame y me iré – suplica. Sus ojos muestran dolor y aprecio ciertas ojeras bajo sus azulísimos ojos. Inconscientemente toco mis propias ojeras.
-Yo... - empiezo a dudar, ¿escucharle una última vez cambiará algo?...y la verdad es que tiene razón, merecemos un final mejor – espero que sea rápido, estaba en mitad de una cita con mi sofá – intento bromear, pero no me hace gracia ni a mí. – Pasa.
-¿Qué? Sí, sí, vale, gracias Emma – Leo se ha sorprendido de que haya cedido tan rápido. Entra y me sigue hasta el salón, donde se ve mi portátil con la película puesta, una manta y un cubo lleno de pañuelos. Aparto el cubo, la manta y me siento.
- Siéntate – le digo mientras le hago una señal con la mano a mi lado. ¿Quieres algo? – pregunto
-No gracias – dice mientras se sienta a mi lado. – ¿Diario de un rebelde?
-Si – musito
- Me encanta esa película –dice.
-Creo que no has entrado para hablar de la película - le recuerdo. Quiero que termine cuanto antes y seguir con mi vida. No puedo creer que esté aquí, y yo con estas pintas, pálida, enormes ojeras, un moño mal hecho y mi pijama de los bajones.
-Cierto...Emma, siento muchísimo lo que te hice. Estaba muy nervioso, no quise dejarte de lado, pero...- suspira. - Entramos en la fiesta y unos amigos me llamaron, no te los presenté porque empezarían a decirte cosas, y pensé que estabas detrás con Ivana. Me enfadé muchísimo cuando Naim me dijo que te encontró sola...no fue mi intención dejarte sola y con la copa de un extraño. Emma no puedes fiarte, en ese sitio nada es seguro, se pasan el día bebiendo y tomando de todo...no me perdonaría que te echaran algo en la bebida, no sería la primera vez que pasa – aparta la mirada nervioso y aprieta los puños antes de volver a mirarme y seguir. - No quería dejarte sola, de verdad, pero todo el mundo me llamaba y nadie excepto Aaron y Naim sabían que había ido contigo...no es que los demás no tuvieran que saberlo, pero...solo quería protegerte Emma. Debes creerme. – Se muerde el labio con culpabilidad y continua - Luego vino el estúpido juego,...no debí dejarte jugar,... había bebido bastante ya y me costaba razonar... Encima Eva se portó fatal contigo. Y a pesar de que le dije varias veces que te dejara en paz y que parase de desafiarte a beber, ella decía que...
-Que no era mi lugar – termino la frase por él.
-¿Qué? ¡No! – grita.
-No disimules – aparto la mirada y observo mis dedos temblorosos. - Sé que no le gusté, y sabía que era una niña que no aguantaría esa clase de juegos – siento como la ansiedad se apodera de mi al recordar los sucesos de la noche.
-A Eva no le cae bien nadie – dice en un intento de que me sienta mejor. – Viendo que no volvías me empecé a preocupar, sabía que estabas con Naim, pero él no era quién tenía que estar contigo... debía ser yo – dice con enorme pesar - Te busqué por toda la casa, creí volverme loco. Mi última opción era salir y buscarte por las calles... entonces te vi sentada fuera y me sentí tan aliviado. Luego te oí y me enfadé tanto al escuchar tus palabras, pero sobre todo, me enfadé conmigo por permitir que acabaras en ese estado... - sus preciosos ojos azules me observan desgarrados. – Estaba tan cabreado que no pude evitar gritarte....y sé que no debí hacerlo....y que por mi culpa te pusiste nerviosa y bueno...cuando te vi así...tan pálida, olvidé todo mi enfado...porque para mí, tú eras más importante... – se pasa las manos por la cara y después por el pelo, haciendo una pequeña pausa. - Estabas tan enfadada conmigo... lo que más me dolió fue ver como rehuiste mi mano...- le tiembla ligeramente la voz. - No fui capaz de despertarte cuando te vi dormida, te puse mi chaqueta y di un par de vueltas a la manzana. No quería dejarte ir, sabía que en cuanto te despertaras te irías...y no me sentía preparado para dejarte ir, no después de cómo me había portado...Quería explicarme, compensarte, pero en cuanto te despertaste, huiste sin querer saber nada de mí – su voz se ha quebrado ligeramente al final de la frase. – Intenté llamarte varias veces, aun sabiendo que no me lo cogerías....Emma, lo siento, sé que no tengo perdón, que te hice daño y lo siento, pero de verdad, no volveré a hacerlo – se disculpa. Noto su dolor, ese dolor es el mismo que he tenido yo desde esa noche.
-¿Crees que es fácil perdonar tanto dolor? – me tiembla la voz. – No sabes...no entiendes nada...- intento controlar mis emociones – Esta semana ha sido la peor de toda mi vida... he alejado a todo el mundo de mi lado, porque no quería que nadie me hiciera más daño. Solo quería que pasara el tiempo para olvidar y ser fuerte...pero no lo soy... -me cubro la cara con las manos.
-Eh, eh, Emma, claro que eres fuerte. Eres la chica más fuerte que conozco, no te rindes ante nada...ni siquiera conmigo.... – me aparta las manos para que pueda mirarle a los ojos. Le he extrañado tanto toda esta semana.
-Leo, yo no encajo en tu vida – digo con pesar - ya me lo demostraste el sábado. No necesitas hacer o decir nada, simplemente la indiferencia que me mostraste fue más que suficiente...si supieras lo mal que me sentí al ver esa indiferencia cuando quince minutos antes me tenias a horcajadas en tu coche diciéndome que no querías ir despacio conmigo...- reprimo un sollozo y continuo. - Me sentí despreciada, insultada....como si no me hubieses respetado en ningún momento...como si solo fuera tu juguete... – le observo a los ojos sin miedo. Llevo demasiado tiempo hundida en lo más hondo de mi ser y he de salir a flote sea como sea.
- Claro que encajas, eres lo mejor que ha podido entrar en mi vida...la culpa es mía que no dejo atrás mi anterior estilo de vida.... Emma, por favor, perdóname, no eres ningún juguete para mí. Lo digo enserio. Sé que no deberías perdonarme, me he portado fatal y Naim fue mejor acompañante que yo...por favor – me coge las manos. Y aunque sabía que debía apartarlas, simplemente no pude. Observo nuestras manos unidas durante un rato, subo la vista hasta sus ojos...en ellos puedo ver mi propio reflejo, demacrado por el dolor. ¿En qué clase de persona me he convertido? No debo agarrarme a un clavo ardiendo, pero soy más feliz cuando estoy a su lado. A pesar del dolor, los buenos momentos hacen que no duela tanto.
- Puedes quedarte a terminar la peli... - susurro tras varios minutos de silencio.
-Entonces....- su voz suena esperanzada.
- Podemos empezar otra vez....- le intento sonreír.
- Gracias Emma – sonríe y me abraza. Cuando le quiero devolver el abrazo me retira y me mira asustado. – Emma, estás más delgada desde la última vez.... ¿por qué?
-No...no tenía hambre – me siento pillada en falta. Todo el mundo está preocupado por el aspecto físico tan lamentable del que me he excusado diciendo que es por el estrés de los exámenes. Ni siquiera he ido a clases de yoga con Ivana esta semana.
-Emma... lo siento – me abraza con fuerza, noto como tiembla ligeramente y me dejo envolver entre sus cálidos brazos. Ya no duele. Ese nudo de mi garganta, esa sensación que me hacia sumirme en mi más oscuro ser... ha desaparecido en cuanto me ha envuelto entre sus brazos. Me dejo abrazar, cierro los ojos y sé que después de esta larga semana, soy capaz de seguir adelante. Leo me abraza con fuerza, se separa ligeramente y me sube encima de él. Me observa como nunca antes lo había hecho. – Lo siento tanto nena, no quería que acabaras así por mi culpa...
-No importa – unas lágrimas rebeldes surcan mis mejillas. – Ahora estas aquí... - le beso olvidando todo lo ocurrido... las noches sin dormir, las horas que he llorado, las comidas que he tirado ... Solo sé que después de este bache, las cosas solo pueden ir a mejor. Leo me devuelve el beso y con una sonrisa, seca las lágrimas de mi rostro. Nos acurrucamos en el sofá y vemos la película desde el principio. Por primera vez desde el sábado me siento bien. La presión de mi pecho ha desaparecido y me siento en paz... tanto, que en algún momento me he quedo dormida sobre Leo. Me despierto entre sus brazos, pero nos movemos. ¿A dónde vamos?
-¿Qué pasa? – susurro
-¿Te he despertado? Perdona, ¿Dónde está tu habitación?
- Al final del pasillo – vuelvo a cerrar los ojos. - ¿Por qué nos movemos?
-Te has dormido y el sofá no es sitio para dormir. Te llevo a tu cama, y técnicamente, me muevo yo, tu solo eres transportada – ríe ligeramente. Leo termina de subir las escaleras y sigue por el pasillo.
- No tenías por qué... - Leo abre como puede la puerta y enciende la luz. Eso me espabila, él se disculpa rápidamente, me echa con mucho cuidado en la cama y enciende la lamparilla para que no haya tanta luz.
-Gracias Leo – le sonrío.
-Gracias a ti por dejarme pasar la tarde contigo – me devuelve la sonrisa.
-No te quedes ahí, ven a la cama conmigo – le digo. Agradezco que África me diera su enorme colchón de su antigua habitación cuando se mudó. Las pupilas de Leo se han dilatado ligeramente. Creo que debí expresarme mejor, pero ya es tarde. Se quita los zapatos y se tumba a mi lado en la cama. Se gira y se apoya en su brazo para observarme. Acerca su mano y me coloca detrás de la oreja un mechón que se me había salido del moño.
- Soy el tío con más suerte en el mundo
-¿Por?
-Por tener a una chica tan increíble como tú en mi vida – se acerca y me besa. Sus labios, al contrario que los míos, son cálidos. Me besan dulce por la comisura, después el labio inferior, vuelve a subir hasta mi nariz y baja sensualmente hasta mi boca. Se acerca un poco más a mí y coloca su mano en mi cadera, apenas hay espacio entre nosotros. Sus besos siguen jugando por mi cara y desciende hasta el cuello, mis manos están a poyadas en su pecho y noto los latidos de su corazón. Su respiración empieza a ser más profunda a medida que sus besos empiezan a tomar forma y se vuelven más voraces. Ahora soy yo la que busca su boca, mis manos asciende hasta su cuello, Leo se separa y me observa con cierta preocupación.
-Deberías dormir, tienes que descansar – respira a pocos centímetros de mi boca.
-No tengo sueño – y es cierto, sus besos me han despejado por completo y ahora solo quiero dar guerra. Me vuelvo a pegar y le beso con fuerza, muerdo su labio inferior y se le escapa un gemido, mmmm ¡como he echado de menos ese sonido! Su mano sigue en mi cadera, pero me acaricia, dudoso de si seguir ahí o subir. Al final se decanta por meter la mano por debajo de mi camiseta, doy un pequeño respingo porque su mano está algo fría.
-¿Me he pasado? – pregunta asustado.
-Tienes la mano fría – respondo tímida.
-Perdona nena, espera, - se aleja un poco, se quita la sudadera y deja su torso al descubierto. Le observo detenidamente. Está en forma. Y a primera vista, no lo parece, pero al desprenderse de la ropa, se observa que, aunque no es un cuerpo machacado del gimnasio, es un cuerpo bastante cuidado.
-¿Puedo? – le señalo dudosa su torso desnudo.
- Adelante – sonríe. – Aunque mejor podrías...- no termina, se tumba recto y me coloca a horcajadas encima de él. ¡Vaya! Estoy encima de él... ¡Estoy aquí! Estoy en mi casa, a solas, con Leo en mi cama y...estoy a horcajadas en su cadera, con su torso desnudo.... –Mucho mejor, ¿no crees, nena?
-Si... - siento como mis mejillas arden. Me siento abrumada ante esta situación, sé que mis padres pueden volver de un momento a otro. Ellos no saben de la existencia de Leo y han estado esta semana terriblemente preocupados por mí, pero mi yo interno tiene un gran subidón de adrenalina por el miedo a que nos descubran. Leo y yo nos observamos con una sonrisa, ambos sabemos que esta semana ha sido muy dura para los dos. Es cierto que no hemos solucionado nada, simplemente hemos decidido pasar página sin profundizar en lo ocurrido y en cómo afecta eso a nuestra relación y la confianza de la misma. Pero ahora mismo todo me da igual, le he echado de menos y después de lo mal que lo he pasado, solo quiero liberarme...y eso solo lo consigo con Leo. Dejo de pensar y mis manos se deslizan por su torso. ¡Guau! Esto me gusta, Leo cierra los ojos y disfruta con mis caricias. Empiezo trazando círculos, pero poco a poco me voy envalentonando y, con ambas manos recorro todo su cuerpo. Decido echarme hacia él y besarle, recibe mi boca gustoso y noto cierta presión en su pantalón, me alegra saber que le gusta lo que hago. Dejo su boca y bajo hasta su cuello, donde beso, chupo y succiono, dejando pequeñas marcas rojas. Leo me agarra con fuerza las caderas y yo me restriego deliciosamente por su entrepierna.
-¡¡Joder Emma!! – Grita Leo con deseo – Mmmm, nena, te he echado muchísimo de menos... lo estás haciendo muy bien. – Leo ejerce un poco más de presión en mi cadera y mueve la suya hacia arriba.
-¡¡Aaahh!! – ahogo un jadeo. ¡Lo he notado! -¡Aaah! – vuelvo a gritar con deseo.
- Mmmm – gruñe -¿lo notas? Nena, esto es lo que te dije, yo soy el primero que hará esto – dice Leo mordiéndose el labio inferior mientras me da otra pequeña embestida con su cadera. Sofoco un grito y aunque sé que no debería, quiero seguir adelante, vuelvo a echarme sobre él y le beso por todo el torso. Oigo los gemidos de Leo y eso es todo cuanto necesito para seguir. Cada vez estoy más ansiosa, nuestra respiración es cada vez más acelerada, no puedo...no quiero parar.....todos mis sentidos están en Leo. Este hombre que es capaz de romper, y a la vez, sanar mi corazón. Desencadena olas salvajes por todo mi cuerpo, provocando un cosquilleo en mi vientre con cada una de sus caricias. Sus manos abandonan mis caderas y se cuelan por debajo de mi camiseta. Me acaricia el estómago juguetón, poco a poco sube y detiene sus manos en el principio de la copa de mi sujetador, pasando sus dedos por la copa. Los besos no cesan, nuestras hormonas han tomado todo el control, mis manos dejan su torso y descansan en la hebilla de su cinturón. Todavía no me atrevo a llegar ahí... todo es tan maravilloso, no puedo creer que estemos aquí, dando un paso más después de lo que hemos pasado. Escucho ruidos abajo y me detengo.
-¿Ocurre algo malo nena? ¿Por qué te has detenido? – pregunta Leo.
- Shhh... - le chisto. - He escuchado ruidos...- intento agudizar el oído. – Creo que mis padres están aquí...
No me da tiempo a terminar la frase cuando escucho la voz de mamá abajo.
-¡Mierda! – exclamamos los dos al unísono.
-Emma, ya hemos llegado. ¿Dónde estás? – vuelve a insistir mamá. Salto de encima de Leo y me dirijo a la puerta.
-Mamá estoy en mi cuarto, enseguida bajo. – Cierro la puerta y me dirijo a Leo -¡Joder, joder, joder! ¿Qué hacemos ahora? ¡Cómo te vean me van a matar! - intento mantener la calma, pero me resulta imposible. Leo se ha puesto la sudadera y está terminando de ponerse los zapatos.
-Nena, ¿no crees que es un buen momento para presentarme? –ironiza.
-Uy, si, suena genial. Mamá, papá, después de pasar la peor semana de mi vida he decidido dejar a la razón de mi ansiedad entrar en casa para enrollarme con él en mi cama mientras estábais fuera. Por cierto, es el mismo chico al que casi denunciáis – respondo a su ironía.
- ¿Enrollarnos en tu cama? – me dice con una sonrisa pícara. –Solo eran unos pocos besos – finge inocencia.
- Creo que tu excitación es más que notable, cariño – le señalo el paquete.
- Mejor no señales las excitaciones ajenas nena, yo también podría hablar...aunque no sabía que tenías una boca tan sucia – me dice con petulancia. Me sonrojo al darme cuenta de lo que le he dicho y él se acerca hasta llegar a mi altura. – Era broma, me gusta que te sueltes así conmigo...y me encanta que me hayas llamado "cariño". - No contesto. Tampoco me deja. Me da un breve beso en labios y me mira con una sonrisa. – Emma, sé que no hemos solucionado nada y aunque ambos hemos querido acabar haciendo esto, eso no quiere decir que esté todo perdonado, lo sé. Sé que debo compensarte y lo haré.
- Ya tendremos tiempo para ello... ahora debo sacarte de aquí sin que te vean. Espérame aquí. – Me separo y hecho a correr escaleras abajo. Mamá y papá están en la cocina hablando.
-Mamá, papá – digo rápidamente.
-Hija, ¿ocurre algo? – pregunta papá.
-Emma, tienes mejor cara, cariño. ¿Estás mejor? ¿Por qué estabas arriba? – me acribilla mamá con mil preguntas.
- Me fui a dormir y me siento mejor – les intento explicar – y tengo hambre, mucha hambre, por favor, quiero helado, ¿podríais comprarme helado? - ¿helado? ¿A finales de noviembre voy y pido helado? ¿En serio no podía pensar en algo mejor? Mi yo interno me observa con cara de "¿Tú eres retrasada verdad?"
- Cariño, ¿helado? – me mira mamá incrédula. - ¿Cosas de chicas? – susurra mamá.
-Sí. Por favor, quiero helado y chocolate – le suplico.
-Vale, papá y yo vamos a comprártelo. Ahora venimos, mientras, date una ducha y por dios ¡Quítate ese horrible pijama! – dice arrugando la nariz. Odia este pijama.
- Lo haré mamá – le dedico una amplia sonrisa. – Voy ahora mismo – me giro y subo corriendo. Mamá ha creído que mi antojo es por la regla, bueno, el caso es que se van. Aunque, ahora que lo pienso, creo que me tiene que bajar en estos días y ahora que Leo y yo estamos bien...bueno, ya pensaré en algo. Voy a mi cuarto y veo a Leo sentado en mi cama mirando a todos lados.
-Ya está, les he dicho que tenía hambre y van a comprarme algo ahora que por fin accedo a probar bocado.
- Ah – Leo agacha la cabeza culpable, pero me acerco y le abrazo.
- No te preocupes – le digo mientras le acaricio. – Aprovecha ahora que he conseguido que se vayan para irte tu también. En otra ocasión, cuando no salgas de mi cuarto, os presento.
-Vale – me coge de la mano y bajamos, menos mal que he convencido a papá y a mamá para que se fueran. Vamos a la entrada y abro la puerta.
- Gracias por darme otra oportunidad Emma, de verdad. No quiero fallarte más y hacerte lo que te he hecho, no quiero que llores por mi culpa o dejes de comer o dormir por mis gilipolleces.
-Ahora solo me importa que estés aquí Leo, solo te pido que por favor, no hagas que me arrepienta.
-Podríamos ir otra vez a la fiesta, me han dicho de ir mañana, pero no quiero ir sin ti...- siento como el color se va de mis mejillas.
-No...no, Leo, después de lo de la última vez....todavía no me siento preparada para ir....otro finde. Este prefiero quedarme en casa – todavía no me he recuperado de la última vez.
- ¿Y en la mía? – pregunta.
- Leo.... aún es pronto... ya hablamos, ¿vale? Prometo encender el móvil. Ahora vete antes de que vengan mis padres – le doy un beso breve en los labios.
-Como veas... - me observa y sé no quiere irse, pero debe hacerlo. –Podríamos vernos mañana...un rato, por la tarde – casi me lo está suplicando y soy incapaz de negarme.
- Un rato. A las cinco y media en el Starbucks que hay en el centro.
- ¿Un Starbucks? – repite escéptico. Lo fulmino con la mirada y se ríe. – Vale, vale. Cualquier sitio es bueno. Hasta luego nena – se acerca, me besa en la mejilla y se despide. Me quedo en la puerta y observo su figura alejarse poco a poco de la casa.
Mensajes de Leo a lo largo de la semana


No hay comentarios:

Publicar un comentario