viernes, 25 de diciembre de 2015

¡Capitulo Especial! ¡Feliz Navidad Neverlanders! :) xx

Hace un año... 

 -¡Emma! Oigo a mi espalda. 

 -¿Qué? – me giro y veo a Sebas. Uff que guapo está hoy, lleva esa camiseta que tanto me gusta. 

 -Emma, estas muy guapa - me dice con una sonrisa. ¿Guapa? Llevo una cola alta, leggins y sudadera, eso no es ir guapa. 

 -Gracias – me sonrojo.

-¿Puedo pedirte algo? 

 -Sí, claro, lo que quieras – le dedico la mejor de mis sonrisas. Todo sea por estar contigo más rato. 

 - Verás...necesito que me des clase particulares de inglés....voy fatal y seguro que me queda si no me ayudas. A ti se te da genial, por favor – me suplica. No esperaba algo así.  Nunca antes he dado clases particulares, pero jamás desperdiciaría una oportunidad como esta. -Claro, será un placer ayudarte. 

 -¿En serio? Gracias Emma, eres la mejor – se cerca y me besa en la mejilla. Me pongo colorada. – Luego concretamos la hora – y tan pronto como vino se fue. Y aquí me hallo yo, en mitad del pasillo, sonrojada y con la oportunidad que siempre quise. 

                                                               **** 

 Son las cinco menos diez. He llegado diez minutos antes de lo esperado, pero no aguantaba más, ¡he quedado con Sebas! Toco al timbre nerviosa y espero pacientemente a que abra. Sebas me hace esperar poco y abre enseguida. ¡Madre! ¡No lleva camiseta! y su pelo está ligeramente mojado. 

 -Hola, llegas pronto. Estaba en la ducha – sonríe.

 -H-ho-hola – tartamudeo.

 -Pasa – se echa a un lado, dejando pasar. No hay nadie, cosa que me pone más nerviosa y me lleva hasta su cuarto. - Ponte cómoda – me indica su escritorio y dos sillas. Me siento en una silla y empiezo a sacar mis apuntes, pero no puedo evitar subir la vista y observar a 

Sebas que me da la espalda para buscar una camiseta en su armario. No puedo apartar la vista de su cuerpo, ¡guau! ¡Cómo está! Consigo retirar la vista antes de empezar a babear. 

- Ejem – carraspeo. - Aquí tengo todo lo que necesitas, podemos empezar por donde quieras. 

- Vale – sonríe y se sienta a mi lado. – Empieza por donde creas conveniente. 

 Empiezo a explicarle los verbos desde el presente simple. Su base es muy pobre y necesita mucha ayuda. Cuarenta y cinco minutos después, corrijo los ejercicios que le he pedido que haga para ver si por fin ha pillado los tiempos. 

 - Voy a por un refresco, ¿quieres? – pregunta. - Vale, sigo corrigiendo esto – le digo sin levantar la mirada del folio. Corrijo en rojo los fallos y veo más de uno. Todavía no ha pillado bien los pasados. 

– ¡Sebas! – le grito para que venga. 

 - ¡Voy! – dice desde la cocina. Entra y deja los refrescos en la mesa. - ¿Qué pasa? 

 - Tienes varios fallos con los pasados, debemos repasarlo otra vez – le digo señalando los fallos. 

 -Ajá, si... – se acerca más a mí. No se sienta, se coloca detrás de mí, sin apenas dejar espacio. 

 - Sebas....- intento decir. -¿Ocurre algo? – pregunta. Se pega más a mí y noto su respiración en mi mejilla. Se me eriza el vello de la nuca. 

 - N-nada, estaba....estaba pensando en otros ejercicios para ver si mejoras los pasados – consigo salir del paso. Tenerle tan cerca me pone nerviosa. Consigo dar la clase sin más nerviosismo, aunque me voy algo decepcionada. Tenía la esperanza de que al estar a solas Sebas se sinceraría conmigo. No sé si le gusto, somos amigos desde hace mucho tiempo y aunque no ha dado indicios de amor hacia mí, noto que siente cierta debilidad por mí. 

 - Emma, nos vemos mañana – se despide Sebas desde su portal. 

 - Sí, aunque sería mejor quedar solo dos días y estar dos horas – me da rabia imponer este horario, pero yo también tengo que estudiar lo mío. 

 -Vale, hasta mañana – me guiña un ojo y a mí se me corta la respiración. 

                                                      **** 

 Seis clases después.

 - ¡Perfecto! – exclamo contenta. – Todavía tienes algunos fallos, pero ya le estás cogiendo el truco a los tiempos – le sonrío.

 -A ver – Sebas me quita la hoja, observa los fallos y me observa con una sonrisa. – ¡Eres la mejor Emma! ¡Nunca lo hubiera conseguido sin ti! – grita contento mientras me abraza.  Suspiro y disfruto de la sensación de estar envuelta entre sus brazos. Se separa más rápido de lo que me hubiera gustado y me observa.

 – Emma, tienes un cuerpo realmente amoldable. Se ajusta de una manera deliciosa... - sisea mientras me mira de arriba abajo. 

 - Cállate... - miro hacia otro lado levemente avergonzada. ¿A qué ha venido eso? 

 "Eso" fue solo el principio. Las demás clases fueron un día sí y otro también de "estás muy guapa", "deberíamos dar clase de anatomía, seguro que sería más divertida que la de inglés", "Emma, no te lo había dicho antes pero, tienes un buen culo", "Emma, si no fuéramos amigos te lo hacía encima del escritorio" "si me dejaras podríamos hacer cosas geniales, te sentirías tan relajada que no tendrías ganas ni de darme clase" y muchas, muchas cosas de ese estilo. Yo siempre le respondía poniendo los ojos en blanco o diciendo que dejara de decir chorradas. Pensé que estaba de broma, hasta la clase numero dieciséis... 

                                                                    **** 

Clase número dieciséis 

-Emma, ¿podemos estudiar hoy en la cama? Estoy un poco cansado del calentamiento de ayer – me pone cara de cachorrito y acepto. Llevo ocho semanas dándole clase y sigue sin decirme nada, pensé que tanto tiempo juntos podía terminar en algo, pero sigue sin pedirme salir o al menos decir que le gusto. 

 - Veamos, - cojo mis apuntes y me apoyo en la pared. Sebas coge unos folios y se apoya en el cabecero de la cama. Hoy toca los futuros, lo anterior todavía falla, pero al menos ya lleva una base medio solida. Noto cosquillas, levanto la vista y veo que Sebas me acaricia los pies con los suyos. - ¿Qué haces? – pregunto intentando no reír, soy de cosquillas fáciles. 

 -Nada – sonríe malicioso. Intento concentrarme, pero me resulta imposible. Sebas se mueve poco a poco más a mí y sigue dándome caricias con el píe, aunque ahora me acaricia la rodilla con la mano. 

 -Sebas... - intento decir. Está prácticamente a mi lado. ¿Cómo se ha movido tan rápido? Sigue sonriendo de una manera extrañamente sospechosa. Me acerca a él con un brazo, intento liberarme, pero rápido, me coge de las caderas y me coloca a horcajadas encima suya. Me pilla por sorpresa y un pequeño grito emana de mi boca. 

 -Emma, no sabes la de veces que he deseado que nos enrolláramos en mi cama – me observa con intensidad. Sus pupilas están dilatadas, observo cómo me mira de arriba a abajo y se relame los labios. Antes de poder decirle nada, me besa en el cuello y luego asciende hasta mi boca. Esto me pilla completamente por sorpresa. ¿¡De verdad acaba de ocurrir!? ¡Sebas por fin se ha atrevido y me está besando! ¡Mi primer beso! Bueno...mi primer beso fue Alex, ¡pero este es el primero de verdad! Mi boca recibe gustosa la boca de Sebas. Entra con fuerza y su lengua recorre mi boca a su libre albedrío. Intento hacer algo, aunque no tengo ni idea, este es mi primer beso con lengua, y prácticamente no puedo participar...la verdad es que me esperaba este momento de otra forma... Sebas sigue concentrado en mi labio, al que ahora ha decidido morder ¡au! ¿Por qué es tan brusco? De alguna manera intento seguirle el ritmo y empiezo a interactuar con mi lengua. Se oyen las llaves. 

 -¡Sebas! ¿Estás en casa? – ladra su hermano desde la entrada. Ambos damos un salto y nos separamos rápidamente. Bajo de la cama y empiezo a ponerme los zapatos. - Es Alberto – gruñe Sebas. 

- ¿Qué coño hace aquí? Se suponía que no vendría hasta la noche. Debes irte...- al ver la brusquedad con la que me ha echado rectifica sus palabras. – En la próxima clase termínanos la clase de anatomía – me guiña un ojo. 

 - ¿Qué? – no doy crédito. Me echa porque ha venido su hermano y encima "ya terminaremos en la próxima clase". Me gusta... y una parte de mi, estaba disfrutando el momento con el que siempre había deseado. Pero no pienso tolerar esto, antes de que me dé tiempo a reprocharle nada su hermano entra con otros dos chicos en la habitación sin llamar. 

 -Sebas....- Alberto me observa de arriba abajo. Es un año menor que África y es un buen chaval, o al menos de lo poco que lo conozco. – estas ocupado por lo que veo. 

 -Solo estábamos dando clase, pero Emma ya se iba – inquiere Sebas recordándome que no debo estar aquí. Recojo mis cosas, me despido y salgo lo más rápido que puedo, aunque puedo oír como uno de los amigos de Alberto le dice a Sebas "¡Tío menuda potra! Ojalá tuviera tu edad, está buenísima. Le habrás dado lo suyo, ¿no?" Me tapo los oídos para no oír nada, solo espero que no diga nada y sea discreto. 

                                                              **** 

 Por fin he obtenido lo que siempre he querido. Sebas al fin me ha correspondido y no puedo estar más contenta. En la siguiente clase, Sebas me dijo que sentía muchísimo lo que pasó la tarde anterior con su hermano Alberto y sus amigos...Además, me comentó que le encantó "la nueva asignatura", pues siempre ha tenido problemas con "lengua". Insistió tanto en volver a repetir, ya sin interrupciones, lo que empezamos en la clase anterior, que accedí en impartir "esa clase particular," pero solo después de dar gran parte de la clase. Allí, empezamos un ritual de besos una y otra vez, salvajes, voraces...sin nada de pasión, pero de alguna manera, deliciosos y con cierta necesidad de más. Ese fue el comienzo de tres semanas de clases de inglés y anatomía. Poco a poco, me fui acostumbrando a su brusquedad y, aunque Sebas intentaba meterme mano, siempre le reñía para que lo dejara estar. 

 - Nena... - gime en mi boca. – Algún día deberías quitarte esa vergüenza, solo así sabrás lo que es disfrutar. 

 - Cállate – le dije mientras abordaba su boca. Odio que me meta presión. No estoy preparada para llegar hasta ahí. –Solo te dejaré continuar si tenemos una cita.

 - Si...otro día si eso....sigue besando...- es lo que siempre respondía cuando intentaba que fuéramos algún tipo de pareja normal. 

 Durante ese periodo de mi vida, no fui consciente de lo estúpida que era. Sebas y yo nos conocemos desde niños. Hemos estado en la misma clase durante muchos años y hemos sido grandes amigos, ni siquiera sé con certeza cuando empecé a enamorarme de él. Solo sé que cuantos más años pasaban, más crecía mi amor por él, y aunque Sebas en ningún momento se mostró receptivo conmigo, albergaba la esperanza de que algún día cambiara. El día que me besó por primera vez, sentí una enorme ola impregnada de sentimientos muy discordes a los que creí que debía sentir. Sentí miedo, porque era mi primer beso de verdad. Sentí nervios, pues nunca pensé que Sebas daría ese paso. Sentí decepción, apenas podía mostrarme receptiva ante la voracidad de Sebas, pero, lo más importante no es que sintiera tantas cosas, lo que más me produjo confusión es que no sentí los típicos síntomas que tienes al besar a la persona amada...sentí un zumbido, una leve chispa....pero nada más....No es que no le quisiera...Yo he amado a Sebas durante mucho tiempo, tal vez demasiado...quizás es por eso que idealicé demasiado el momento y por eso ahora lo sienta demasiado vacío. O quizás, si Sebas se mostrara más receptivo o se implicara más en lo nuestro, tal vez, y sólo tal vez, consiga reavivar esos sentimientos que forjé hace tantos años por él. 

                                                               **** 

 Aun recuerdo el día en que mi primer amor se rompió en añicos. Todo empezó siendo un día como todos, fui a clase, bordé el examen de griego, Ivana y yo ganamos junto con el equipo la final del equipo de futbol femenino que organizábamos en los recreos. Nuestro equipo era el mejor, y aquel día lo demostramos llevándonos el mini trofeo a casa. Fue aquel subidón de autoestima el que me dio el valor suficiente para dejarle las cosas claras a Sebas. Llevo más de tres meses yendo a su casa dos veces por semana, y mes y medio que nos estamos enrollando y necesito saber en qué punto estamos. Él está a gusto así, pero yo quiero más, necesito más. Debemos dejar las cosas claras, o terminamos con esto, por mucho que me duela, o acepta que estamos en una relación y somos una pareja... Y esta tarde lo sabré. Esa misma tarde, a las cinco.

 - Emma, tan puntual como siempre. Pasa, tengo una sorpresa. 

- ¿Una sorpresa? Entro a su casa y nos vamos a su habitación. -Sebas, quiero hablar.... 

 -Pues habla, ¿Quién te lo impide? – responde mientras escribe algo en su móvil. Que gilipollas está hoy. 

 - ¿En qué punto estamos? – directa, sin rodeos. 

 -¿Qué? ¿De qué hablas? – pregunta sorprendido. No esperaba esa respuesta, pero al menos ha soltado el móvil en la mesa y se acerca hasta la cama, donde yo me encuentro sentada. 

 - Llevamos mucho tiempo enrollándonos en esta habitación y todavía no me has dicho qué somos. No quiero seguir dándote clase si no aclaramos eso – le digo con cierto mohín. 

 - ¿Somos? No somos nada, ¿por qué deberíamos ser algo? – se remueve incomodo. – Emma, somos dos amigos que se lo pasan bien, ¿Qué más quieres? -¿Qué? – le observo incrédula. ¿En serio acaba de decirme eso? 

– Sebas, no pienso continuar con esto. Si no somos una pareja formal no creo que pueda seguir con esto. No soy un juguete que puedes usar a tu antojo – le digo mientras le fulmino con la mirada. 

 -Vamos nena, no digas eso. No eres un juguete, lo pasamos bien y los dos salimos ganando. ¡Qué más te da si somos o no pareja! A mí no me va eso, ya lo sabes – hace un gesto con la mano para restar importancia a su crueles palabras. 

 - Serás cabrón... - gruño apretando los dientes. Me levanto de la cama y me alejo, no puedo verle sin sentir ganas de darle un puñetazo. En serio, ¿qué no le va eso? ¡Desde que entramos en el instituto, no ha dejado de "coleccionar novias"! Desde las más jóvenes hasta las más veteranas o de otros institutos. Si cree que engaña a alguien con esa patraña va listo. Me agarra de la mano antes de que pueda salir por la puerta.

 - Emma, por favor, - mira hacia otro lado molesto – no quería decir eso. –Vuelve a fijar la vista en mí.

 – Sabes que te deseo, mucho. Si me hubieras dejado hace tiempo que te lo habría hecho de todas las formas existentes y esa era mi sorpresa de hoy. – Se mete la mano en el bolsillo y saca un paquetito plateado del bolsillo.

 -¿Un condón? – enarco una ceja. Observo el paquetito y entonces me doy cuenta de la verdad. Siempre estuvo ahí, pero nunca la quise ver...Sebas, la persona a la que yo consideraba el amor de mi vida, mi razón de ser, mi sol y todas mis estrellas del firmamento...mi todo, resuelta que solo se aprovechaba de mis sentimientos para llevarme a la cama. Nunca me amó. Nunca sintió por mi nada que no fuera físico... y acaba de confirmarlo al sacar el paquetito endemoniado. 

–Quiero que me dejes en paz – me muestro beligerante. No he podido estar más ciega. Donde antes había palabras de afecto ahora solo cabe la hostilidad y el desprecio. -No digas eso, lo pasamos bien. - se acerca.

 – No seas tonta. Me importas, pero el compromiso es algo que se puede dejar para el futuro,...aún somos jóvenes. Emma, ven a mi cama...déjate llevar...- me acerca más a él, soy incapaz de moverme. Me tiembla el cuerpo de la misma rabia que siento. Suena su teléfono y ambos observamos el móvil vibrar encima de la mesa. Sebas lo ignora e intenta acercarse a mí, pero yo me echo a un lado para que no me toque con sus asquerosas manos. Cojo su móvil y puedo ver "llamada entrante de...". Ni siquiera puedo ver como se llama la chica, solo tengo ojos para la foto que sale junto al nombre. Es Sebas, lo reconozco rápidamente, y está besando a una chica. Esa chica en cuestión. La bilis se me sube por la garganta y las lágrimas me arden en los ojos. ¡Lo sabía! ¡Sabía que era demasiado bueno para ser verdad! No solo está el hecho de que nunca le he gustado, es que encima me estaba usando para ponerle los cuernos a su novia. Me tapo la boca intentando asimilar lo que acaba de ocurrir. Sebas se acerca y me quita el móvil para rechazar la llamada. 

 -Emma, yo... – empieza. No le dejo terminar. Le cruzo la cara con toda la mano abierta, recojo mis cosas y me dirijo lo más rápido que puedo a la puerta. He de irme de aquí. Sebas vuelve a cogerme, pero esta vez del brazo. Tiene los ojos muy abiertos, tal vez confuso por mi reacción, aunque también noto el temor en sus ojos. Pensó que nunca sabría la verdad, pero era solo cuestión de tiempo que supiera que tenía novia, ¡Joder, joder, joder! ¿¡Por qué me pasa esto a mí!?  – Emma. Escúchame, puedo explicarlo.... – se lamenta. 

 -¡Déjalo! – le ladro-. Doy un golpe en el suelo con el pie para dar énfasis a mi enfado. – ¡No quiero que vuelvas a dirigirme la palabra en la puta vida! ¿¡Me oyes!? – grito furiosa con lágrimas en los ojos, me zafo de su brazo y salgo corriendo de su casa. Corro sin rumbo fijo, no puedo ir a casa en este estado. Me paro al cabo de quince minutos para recobrar el aire, las lágrimas ruedan todavía con fuerza por mis mejillas. Me siento tan estúpida. Escucho mi móvil sonar. Es Sebas, tengo ganas de estampar el móvil, pero este no tiene culpa, solo lo apago y lo vuelvo a guardar. Me seco las lágrimas y vuelvo a pasear para tranquilizarme, no miro al frente, ni siquiera a la gente que pasa por mi lado. Solo camino mirando al suelo, esperando que remita el dolor tan profundo que siento en mi ahora destrozado corazón. Después de todo lo malo solo puede pasar algo bueno, tal vez conozca a alguien capaz de sanarme... -Perdona – se disculpa alguien. Alzo la vista y veo a dos chicos. Uno rubio y otro, el que se ha chocado conmigo, con el pelo negro. Apenas me ha rozado, pero se ha disculpado... 

 -Debes tener más cuidado Naim – escucho que le dice el rubio al otro chico. Sonrío ligeramente por el detalle de ese chico y cruzo el paso de peatones que tengo a la derecha. Dejando a aquellos extraños seguir recto por la avenida. Les vuelvo a observar, esbozo una ligera sonrisa y continúo a la deriva. Este momento debe de ser una señal...A lo largo de mi vida personas como Sebas, que conozco desde siempre, pueden hacerme daño. Puede que los perdone o puede que, como ahora, los eche de mi vida. Luego habrá personas como ese chico, que ha entrado y se ha ido, pero que, en ese breve instante, me ha hecho sonreír y olvidar por un momento mis problemas. 

 Y eso es como todo, unos vendrán para quedarse, otros simplemente se irán a la primera de cambio, todos tendrán algo que enseñar, o por el contrario, yo seré la que les enseñe algo. Pero solo los que merezcan la pena, lucharan por seguir en otro capítulo de mi vida. Sebas es solo un capitulo, no es el resto del libro,...y a pesar de que ahora duele, pronto será una cicatriz marcada por el recuerdo que, a pesar de ser invisible, permanecerá conmigo, como señal de que hoy soy un poco más fuerte... Levanto la mirada y observo el cielo nocturno de la ciudad. Sonrío ligeramente... sí, algún día seré lo suficientemente fuerte como para sanar mi corazón y entonces, será cuando encuentre a esa persona...

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