lunes, 28 de diciembre de 2015

Capitulo 19

En cuanto abro la puerta el aire azota mi piel y lo agradezco. He estado bebiendo de más estos últimos días, no sé cómo he podido ser tan irresponsable. Nos acercamos al escalón y nos sentamos. Naim me observa y no puedo evitar sentirme culpable.
- Vuelve a la fiesta.
-¿Qué? –pregunta sorprendido.
-Ya me has oído, vuelve, no tienes que hacer de niñera porque yo haya decidido venir a esta fiesta de locos – suspiro - Has estado toda la noche conmigo y te lo agradezco, pero creo que es hora de que vuelva a casa – cojo el móvil y miro la hora. Las tres de la mañana. Al menos he aguantado más de lo que me esperaba.
-Emma, yo no estoy haciendo de niñera. He pasado la noche con una amiga, eso es todo – Naim sonríe. Su amabilidad hace que me sienta aún peor.
-No, Naim, eso no es así – me cubro la cara con las manos. Ahora que el subidón está bajando siento unas ganas terribles de llorar. ¿Por qué demonios insistí en venir aquí? –No he parado de pedirte que me acompañes a todos lados, y deberías de estar divirtiéndote, no cuidando de mí... No encajo en este lugar. Me voy a casa – quiero irme de aquí ya.
- Pero, ¿no has venido con Leo y Aaron?
-Me iré andando. Aaron estará con Ivana a saber donde, divirtiéndose...y no quiero aguarles la fiesta. Y Leo es un hijo de....
-¿De qué? – dice una voz a mis espaldas. Me giro y veo a Leo con cara de pocos amigos. Sus ojos están más inyectados en sangre que los míos, no sé cuanto habrá bebido, pero ni de coña está como para conducir. - ¿De qué Emma? Sigo esperando que termines – su voz suena atronadora.
-Nada, déjalo. Terminar la frase solo me haría ser peor persona que tú – escupo.
-¿Peor persona que yo? ¿Por qué soy mala persona? ¿Por traerte a la condenada fiesta a la que se te antojó venir? – cada vez sube más el tono de voz. Me está poniendo nerviosa, no quiero que Naim vea esto.
-Naim, ¿puedes volver dentro? Por favor, estaré bien, tengo que hablar con Leo. – le suplico.
Naim nos mira a ambos. Y aunque parece que no quiere irse, al final cede. – Como quieras. – Se levanta, se acerca hasta Leo, le susurra algo y se vuelve a meter dentro del edificio. Mientras, me levanto sin apartar la vista de Leo, el alcohol me hace más valiente y aunque haya disminuido, todavía corre bastante por mis venas.
- ¿Y bien? – Arqueo una ceja. - ¿Tienes algo más que gritar o lo reservas para arrastrarme hasta un callejón? - Él me ha gritado, ahora me toca a mí. - O mejor aún ¡Vamos a una puta fiesta donde puedas ignorarme por completo! Sí, me acabas de oír bien ¡Me has ignorado durante toda la noche! Pero no importa, tú no eres la mala persona... ¡Lo soy yo! Porque no te entiendo y te he obligado a traerme a una estúpida fiesta donde no encajo y...- no consigo terminar. Toda la rabia me sube por la garganta. No, ¡ahora, no! Mi cuerpo se echa hacia delante y las arcadas vienen a mí. Leo, que me observaba enfadado, se ha dado cuenta de que algo no va bien y corre hacia mí, me levanta a peso y me mete dentro del edificio. Me tapo la boca, no, no puedo, ahora no. Leo corre y me mete dentro del baño, me coloca delante del retrete y empiezo a vomitar. ¡Dios! Esto es horrible, Leo me recoge el pelo para que no lo tenga en la cara, no para de decirme que no pasa nada. Mi estómago se vacía y cada arcada es un dolor en todo mi cuerpo, me duele la cabeza, la garganta y de mis ojos se derraman lágrimas incontroladas. Por fin he parado y me siento en el suelo, Leo me suelta el pelo, rebusca en su bolsillo y me da un pañuelo.
-Gracias – intento decirle con las pocas fuerzas que tengo, aunque no le miro a la cara. Estoy muerta de la vergüenza.
- Emma, lo siento. ¿Estás bien? – ya no está hosco, ni pasota y mucho menos con ganas de pelea.
-Llévame a casa – le digo mientras me limpio la boca. Me levanto con dificultad, Leo me ayuda y le pido que me deje unos minutos sola. Voy hasta el lavabo, ¡¡puff!! Tengo una cara horrible, intento arreglarme el maquillaje corrido, el sudor de mi frente y me enjuago la boca con un poco de agua para eliminar el mal gusto. No estoy como al principio de la noche, pero al menos no estoy tan horrible. Descanso unos minutos y evacuo algo más de alcohol antes de salir del baño.
- Emma – dice Leo en cuanto salgo. Parece que el susto le ha despejado. – Toma, te he traído un poco de agua – me ofrece un vaso.
-Gracias – miro recelosa el vaso, pero lo acepto y le doy un pequeño sorbo. – Llévame a casa.
-Vale...- me ofrece su mano. Pero la rechazo y sigo el camino hacia la salida delante suya. No quería rechazársela, pero él se lo ha buscado.
Salimos y caminamos en silencio hasta el aparcamiento, subimos al coche y tras pedirle que me lleve a casa de Alex, retomamos el camino de vuelta. No pone la radio y tampoco coloca su mano en mi rodilla. Mira fijo a la carretera y, aunque noto que de reojo me observa, decido ignorarle. Bajo la ventanilla y una suave brisa acaricia mis mejillas, son más de las cuatro de la mañana y la que se suponía que sería una noche especial, ha resultado ser la peor de toda mi vida. En algún momento doy una pequeña cabezada, pero me despierto al notar que alguien me ha besado en los labios, abro los ojos y veo a Leo. Me observa ceñudo, lo que me sorprende un poco y entonces me doy cuenta de que me ha puesto su chaqueta a modo de manta.
- Ya estamos en casa de tu amigo...Emma yo... - me dice con voz trémula.
- No – le corto, observo la hora que marca el coche, ¿las cinco y cuarto? -¿por qué es tan tarde?
-No quería despertarte... - susurra cohibido por mi mal despertar.
- Pues lo he hecho sola. Gracias por traerme – le doy su chaqueta, me quito los tacones y salgo del coche con mis cosas.
-¡Emma! – Grita mientras sale del coche – ¡Por favor, escúchame!
- Has tenido toda una noche para que lo hiciera ¡Ahora solo quiero que me dejes en paz! – le chillo. En seguida me arrepiento. Mi propia voz me ha martilleado la cabeza.
- Emma...por favor... - escucho decir a mis espaldas. Iré por las escaleras, sino sé que acabaré volviendo al coche. Antes de irme debo dejarle algo claro.
- Leo lo de esta noche no voy a poder perdonártelo. Adiós – estoy tan enfadada que no le miro ni a la cara.
Escucho como me llama, pero no puedo dejar que se salga con la suya. Ya me ha demostrado la clase de persona que es. Subo las escaleras mientras escucho su voz y las lágrimas se agolpan en mis ojos. Entro en el piso de Alex y dejo que las lágrimas inunden mi rostro, me da igual que se corra el maquillaje, aquí estoy a salvo. Mi móvil vibra,... es Leo, le cuelgo. Vuelve a llamar ¡No! Apago el móvil, voy a la habitación en la que estuve la otra vez, dejo las cosas y me voy al baño donde me lo quito todo salvo el vestido. Veré si puedo buscar ropa de Alex sin despertarle, aunque no sé siquiera si ha llegado. No deja de caer lágrimas de mis ojos, sé que estaré así mucho rato así que no me molesto ni en secármelas. Voy a la cocina y cojo un vaso de agua.
-¿Qué tal la noche? – oigo a mis espaldas. Doy un pequeño respingo. Alex ya está aquí, me va a matar en cuanto me vea, pero me da igual.
-¿Tu qué crees? – susurro en un gemido quejumbroso mientras me giro despacio hacia él.
-¡¡Joder!! ¿¡Pero qué coño...!? – grita Alex en cuanto me ve. – Vale, donde está ese hijo de...
-Déjalo Alex – suplico. – No merece la pena, es mi culpa, no debí de insistir en entrar en su mundo. Sabía dónde me metía...ahora pago las consecuencias – digo mientras intento inútilmente reprimir un sollozo.
-Emma, no llores – Alex se acerca y me abraza. - ¿Qué te ha hecho? Tienes mala cara. Por favor Emma, no me ocultes nada, ¿Qué ha pasado?
-Alex...yo....creo que voy a vomitar otra vez... - corro hacia el fregadero y empiezo a vomitar. Alex se acerca y me coge el pelo como hizo Leo antes. Por fin las arcadas ceden y paro. Me limpio la boca y miro a Alex con culpabilidad.
-No me mires así, no pasa nada. ¿Emma qué ha pasado?
-Bebí de más por culpa de un estúpido juego, Leo me ignoró toda la noche, luego vino para gritarme y... – empiezo a sollozar, pero intento controlarme para seguir – Ivana se fue a algún sitio con Aaron o no sé, el caso es que me quedé toda la noche con Naim.
-¿Quién es Naim? – pregunta receloso.
-El amigo de Leo que nos invitó – sorbo por la nariz. Alex me da una servilleta. –Gracias.
- No te diré que ya te lo dije por cómo estas – suspira. – Necesitas dormir. Buscaré ropa. Mientras tómate un ibuprofeno. – Se va y me quedo sola buscando el ibuprofeno. Me lo intento beber aunque mi cuerpo se niegue en rotundo. Alex aparece al poco con ropa. Así que iré al baño y me cambiaré allí.
-Alex, me voy a la cama – le anuncio desde el pasillo tras acabar.
-Emma, ven aquí –oigo desde su habitación. - No pienso dejarte sola sabiendo que estás enferma y has pasado una noche de pena. ¡Hoy duermes conmigo!
No le discuto, simplemente me doy la vuelta y me voy a su cuarto. Me meto en la cama y me hundo en un profundo sueño entre lágrimas que no quieren abandonar a mis ya cansados ojos.
****
-¡Ni hablar! – grita Alex. ¿Qué? ¿Qué ocurre? ¡¡Dios!! Me va a estallar la cabeza. ¿Dónde está Alex y por qué grita? Oigo voces lejanas, la habitación está a oscuras, pero veo un pequeño claro de luz. No sé qué hora es. Anoche apagué el móvil y seguro que me meteré en problemas...
-¡Te he dicho que no! ¿No me oyes? ¡Mira, no sé qué coño le hiciste. Pero en las condiciones tan miserables que vino es como para que no te hable en lo que te queda de vida! ¿En serio? ¿¡Tú crees que venir llorando, sin tacones y vomitando es preocuparse!? ¡¡Lárgate y que no te vea!! – suena un enorme portazo.
Hago acopio de todo mi valor y me levanto. Me tambaleo ligeramente y voy hacia la puerta. Me encuentro en el pasillo a un Alex furioso.
-¿Qué ocurre? – susurro. No me atrevo ni a alzar la voz.
-Emma, ¿te he despertado? Lo siento – me dice suavizando el tono y me reconforta con un abrazo. - ¿Cómo estas hoy?
-¿Qué hora es? Me voy a meter en problemas... - sé que voy a tener muchos en cuanto llegue a casa. Pero me siento tan jodidamente patética que no soy capaz de soportar más odio, aunque solo sea una simple regañina.
-Son las once y no, no te vas a meter en problemas. Llamé a Ivana hace un rato y hemos hablado. Resulta que ellos se fueron al rato de estar en la fiesta porque no se sentían cómodos, y que te iba a avisar pero que no te encontró. También me dijo que Alicia la llamó porque tú no le cogías el móvil y le ha dicho que tendrías el móvil sin batería y que anoche te acostaste muy tarde estudiando y por eso todavía duermes. La ha tranquilizado y para darte margen le ha dicho que estarás hoy todo el día con ella repasando. Ha aceptado de mala gana y quiere que la llames en cuanto te sea posible – Alex me dedica una gran sonrisa.
- Os debo una y de las grandes – cierro los ojos. Solo quiero desintegrarme o dejar de existir – Gracias, muchas gracias – vuelvo a abrir los ojos y noto que Alex me observa con preocupación.
-Hay café – dice en un intento de animarme.
-Perfecto...
Vamos a la cocina, nos sentamos y Alex sirve café y tostadas. Desayunamos tranquilos, sin hablar. Diviso mi móvil al lado del vaso de agua de anoche y lo enciendo. Tengo dos llamadas de mamá, quince de Leo y trece mensajes de watsapp de Leo también. Lo borro sin leerlos si quiera, no quiero que me afecte, pero una lágrima cae de mi ojo izquierdo. Alex me observa, pero no se atreve a decirme nada, cosa que le agradezco, ahora mismo me siento sucia. ¿Por qué? Me besó y luego se volvió loco conduciendo a toda velocidad para enrollarse conmigo en el aparcamiento y luego en la fiesta ese vacío. ¿Por qué? Fue pisar ese lugar y hacer como si yo no existiera... me dolió tanto... no esperaba que se centrara solo en mí, solo quería estar como Aaron e Ivana. Juntos, hablando con otras personas....como una pareja normal....y luego ese dichoso juego con esa chica del pelo plateado que sé que solo me hacía beber para reírse de mí...y él, solo me observaba con mala cara...pero luego vino....para gritarme...Tengo una lucha interna, no sé cómo sentirme con respecto a Leo, el dolor es claramente notable. Desde el momento en que Leo le dijo a Naim eso de "yo no he perdido nada, ella venía detrás" como si yo fuera su perrito faldero que debo de seguirle...aunque en cuanto empecé a vomitar dejó la petulancia y el orgullo a un lado y cuidó de mí...no puedo estar al lado de alguien con una actitud tan inconstante. Leo tiene mil facetas y seguirle el ritmo es completamente agotador, tanto física como mentalmente....Debo alejarme de él.
Paso la mañana con Alex en su sofá viendo la televisión. Ni siquiera me he cambiado de ropa, sigo con el pijama de Alex, se parece al mío de los bajones, así que me siento como en casa. Me he pasado casi todo el tiempo dándole vueltas a todo lo ocurrido anoche, por suerte no bebí tanto como para olvidar algo, solo sé que cada vez me siento más patética. Alex ha intentado hacerme comer, pero no lo ha conseguido. A eso de las cuatro me sentía mejor y mis ojos apenas estaban hinchados, así que me fui a casa. O al menos en teoría. Ya que cogí el skate y di un largo rodeo. Tuve suerte y encontré mis cascos, así que puse algo de música... triste, porque soy masoca. Pongo una canción que solía escuchar con África, "Quit playing games with my heart" de los Backstreets Boys. Ellos fueron mi primera boyband favorita y nunca los olvidaré. Vago por la calle subida en mi skate mientras ellos me cantan lo que más me duele "Deja de jugar con mi corazón antes de que me lo rompas en pedazos, debería haberlo sabido desde el principio antes de que te metieras en mi corazón"... "a veces me gustaría poder dar marcha atrás en el tiempo"...Me encantaría retroceder hasta el martes, donde Leo me deseaba hasta el punto de consumirnos en la cabina de producción, donde ambos nos sinceramos y él prometió esperar.... Noto como se me va emborronando la vista con las lágrimas y decido quitar la canción a la mitad. Llego a casa y mamá se asusta al verme así. Le miento y le digo que me encuentro mal por haber forzado la vista estudiando y me encierro en mi habitación. Me paso el resto de la tarde a oscuras, escuchando música y tirada en la cama con mi pijama de los bajones, ¿desde cuándo me volví tan dramática? "Desde que Leo entró en mi vida", me recuerda mi conciencia...
Este pijama solo salía una o dos veces al año como mucho, y sin embargo, este año ya llevo unas tres o cuatro. Da igual, me lo tengo merecido. Él me lo advirtió, pero yo insistí...y ahora toca asumir las consecuencias. Apago el portátil y me meto en cama. Mis sueños son asfixiantes. Se repite esa noche una y otra vez, apenas puedo respirar....cada vez duele más. Me despierto. Las tres y media y más llamadas perdidas de Leo. Las borro. No sé cuantas lleva...pero no puedo, el valor se fue entre los restos de alcohol. Sé que no voy a poder dormir, entonces recuerdo que no he comido nada desde el café y la tostada en casa de Alex, pero tengo el estómago revuelto. Decido pues, estudiar para pasar el rato.
****
Las seis. Dejo de estudiar, me pongo un chándal y me voy a correr a ritmo de Daniel Powter con la canción "Bad Day". Llego a las siete menos cuarto, me doy una ducha rápida y voy a la cocina.
-Emma, ¿podemos hablar? – escucho la voz de mamá en cuanto entro.
-Si – me siento frente a ella y me ofrece una taza de café.
-La última vez que hablamos a esta hora tuviste problemas con un chico... - empieza. -¿Te ocurre algo ahora?
-Nada – le miento mientras observo la taza de café humeando.
-Cariño, ya sabes que podemos hablar de lo que sea. Últimamente no sé qué te pasa, no pareces tú... unos días estás radiante...pero otros parece que te han robado la vitalidad y hoy... tienes unas ojeras horribles – mamá está muy preocupada, pero no puedo contarle el desastre que es mi vida.
-Mamá no te preocupes, solo es que he estado estudiando hasta tarde todo estos días y me está pasando factura, eso es todo – hago ademán de levantarme, pero mamá me frena.
-¿No vas a desayunar?
- No tengo hambre... - veo su preocupación y me siento fatal. Encima me he ido a correr y noto que las piernas me tiemblan. No quiero desmayarme en clase. –Me tomaré el café. –Cojo la taza de café, una magdalena y subo a mi cuarto.
Al final solo he tomado media magdalena y el café, algo es algo. Me he puesto un chándal y me he recogido el pelo en un moño de aquella manera. Sé que voy horrible a clase, pero no me siento de humor como para vestir mejor. En clase la cosa no mejora, las chicas saben por Alex lo que pasó, así que no se atreven a hablarme,...cosa que agradezco y el resto se asusta cada vez que ven mi cara. Entre clase y clase suelo ir al baño y llorar, así que cada vez tengo peor cara. Mi móvil sigue apagado, no puedo soportar ver más llamadas de Leo. Me siento fatal. El nudo y esa opresión en mi pecho cada vez pesa más y solo quiero que termine este dolor. Duró poco, pero fue muy intenso...
Me giro y veo a Leo con cara de pocos amigos...


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