lunes, 21 de diciembre de 2015

Capitulo 18

Volví de casa de Martina a eso de las doce. Hablé con mamá para poder quedarme a dormir en casa de Ivana para estudiar para los próximos exámenes. No se lo tomó muy bien, ya que últimamente no paso mucho tiempo en casa y siempre estoy demasiado ocupada para estar con ella. Así que, nos sentamos en el salón y decidimos hablarlo largo y tendido, pues el año que viene me iré fuera y mamá solo quiere aprovechar que todavía estoy aquí. Al final, me ha dejado ir, pero porque es para estudiar. Le doy las gracias y le beso en la mejilla antes de correr hacía mi habitación. Llamo a Ivana rápidamente, hemos quedado en que nos veremos en la fiesta porque ella se va a arreglar en el piso de Aaron. Yo no puedo hacerlo en casa, África y Fran vendrán dentro de un rato y aunque mamá estará ocupada con ellos, notará si me voy muy arreglada. Tendré que hacerlo en casa de Alex...aunque primero le tendré que avisar.
Paso el resto de la tarde estudiando porque el hecho de que vaya a una fiesta no significa que deje mis estudios a un lado. Ya tengo decidido lo que me voy a poner, tengo que darle a Afri las gracias otra vez por su regalo, creo que es una buena ocasión para estrenarlo. Suena el canto del loco en mi portátil "Insoportable", me dio mucha pena cuando se separaron, me encantaba ese grupo. Mientras estoy buscando la ropa y guardándola en mi mochila, oigo ruido abajo, fijo que Fran y África ya están aquí. Querían contar que estaban embarazados, así que yo ahí no pinto nada. Leo dijo que me recogería a las once, pero debo avisarle de que debe recogerme en casa de Alex.
-¡Emma! – escucho que me llama mamá desde el piso de abajo. Dejo todas mis cosas, apago la música y bajo.
- Hola – les digo nada más entrar en el salón.
Mamá y papá están sentados en un sofá y Fran y África en otro. Todos están muy contentos, así que creo que ya se ha dado la noticia.
- Emma, ¿sabías que tu hermana estaba embarazada y no me dijiste nada? – me pregunta mamá indignada.
-No era yo quien debía decirlo – me excuso encogiéndome de hombros.
- Estamos muy felices, es una noticia estupenda. No sabéis la alegría que nos da – papá no puede estar más contento con la noticia.
- ¿No os importa tener a vuestro primer nieto sin habernos casado nosotros? – pregunta África.
- No es lo ideal, pero los tiempos cambian, si hubiera sido por tu padre, nosotros tampoco nos hubiéramos casado –mamá se ha tomado muy bien la noticia. Menos mal.
- Era un crío, no quería casarme tan pronto – se defiende papá. Mis padres se casaron con veintiún años y tuvieron a mi hermana dos años después.
-El caso es que debemos celebrarlo. Queríamos ir fuera a cenar, pero como Emma debe irse... - mamá me mira haciendo pucheros para que ceda, pero no pienso concederle la victoria. Tengo muchas ganas de ver a Leo...aunque...dios no puede hacerme esto, ¡no me mires así!
-Podría quedarme a cenar e irme después.... – oferto con la esperanza de que mamá deje de hacerme chantaje emocional.
- Bueno....vale – cede vencida. Mamá resopla porque no se ha salido con la suya, pero se recompone rápidamente y se va a la cocina para preparar una gran cena.
Papá y Fran se quedan en el salón hablando y África me sigue hasta mi habitación.
- Has quedado con Leo – me acusa nada más cerrar la puerta.
-¿Tanto se nota? –pregunto.
- Yo también usaba la escusa de estudiar para irme con Fran – se ríe.
- ¿Y mamá se cree esta mentira? No me gustaría que apareciera de pronto – empiezo a tener dudas sobre si estoy haciendo bien.
- Supongo que sí, si no, no te dejaría irte. ¿Qué te vas a poner?
- El vestido y la chaqueta que me regalaste. Gracias otra vez, por cierto. – Cojo el móvil y le dejo un mensaje a Alex, me contesta rápido y dice que vaya a su casa a eso de las diez.
- De nada, ¿hablas con él? – creo que ya sé de donde he sacado mi curiosidad.
-No, con Alex. Me voy a vestir en su casa y Leo me recogerá allí... si se lo digo. ¿Me dejas intimidad para que le llame? – espero que Afri no se lo tome a mal, solo quiero escuchar la voz de Leo.
- Upps, claro, claro, voy abajo a ayudar a mamá. – se levanta de la cama y me deja sola. Busco el nombre de Leo y le llamo.
- Hey nena, ¿qué tal? –responde al segundo bip.
-Con ganas de verte. Veras, esta noche necesito un favor.
-¿No quieres ir? Lo entiendo si es eso, podemos hacer otras cosas más...Interesantes – dice sensualmente.
-¡Ni hablar! ¡No es nada de eso! – ¿por qué insiste tanto en que no vaya? Aunque es bastante tentadora su propuesta....no, debe demostrarme que soy algo más que un ligue. – necesito que me recojas en casa de Alex, mis padres no pueden saber que me voy contigo a esa fiesta.
- Vale, vale – suspira. Me da que tenía la esperanza de que me echara atrás. Lo he pensado, pero si quiero que esto funcione debo entrar en su mundo y ver que puedo formar parte de él. - Envíame la dirección por watsapp y te recogeré a las once como habíamos quedado, ¿vale?
-Perfecto. Gracias Leo, hasta luego.
- Nos vemos, nena – y cuelga. Observo el móvil y suspiro. Solo espero que todo salga bien.
A las nueve cenamos todos en la cocina, mamá ha hecho una gran cena y la disfrutamos entre risas y bromas. Lo estoy pasando genial, pero son casi las diez y debo ir todavía a casa de Alex y arreglarme. Me despido de todos y cojo el skate para ir más rápido, la verdad es que lo he echado de menos, es la primera vez que me paso tanto tiempo sin usarlo. Llego a casa de Alex a las diez y veinte.
- Hey, llegas tarde – sonríe Alex.
- Lo sé, espero que no necesites el baño, voy a encerrarme allí. Leo vendrá a las once – le informo mientras corro hacía el baño para arreglarme. Tengo que volver a ducharme, por suerte el pelo me lo planché en casa, y el vestido lo doblé con cuidado. Lo colgaré mientras me ducho y el vapor lo dejará perfecto. Me pongo las medias, el vestido y empiezo a maquillarme. Me aplico un poco de sombra de ojos negro, la raya y un poco de rímel, añado un poco de mi gloss para ocasiones especiales con sabor a sandía para darle volumen a mis labios y lista. Cojo la chaqueta y salgo del baño. Alex me mira con cara de pocos amigos.
- Ya estoy lista jeje – pongo mi cara más inocente y le dedico la mejor de mis sonrisas para ablandarlo.
-No eres la única que ha quedado – dice algo molesto, pero suspira y me sonríe – estás muy guapa. Por cierto, Leo acaba de tocar, le he dicho que enseguida bajabas.
-Gracias Alex – le abrazo. – Eres genial. Si no te importa dejo la mochila y el skate, ya vendré a por ellos.
-Descuida, pásalo bien, con lo que sea me llamas...aunque, toma – me da una llave.
-¿Y esto?
- Es la copia de la llave de este piso, por si necesitas dormir aquí. Diviértete.
- Gracias –cojo la llave y la meto en un bolsillo del bolso – hasta luego, pásalo bien. – me despido rápido de Alex y bajo a gran velocidad por las escaleras, el ascensor es muy lento. Abro el portal y ahí veo a Leo. Lleva sus clásicos jeans ajustados, una camiseta azul marino y una chaqueta de cuero.
- Leo – le llamo la atención. Gira la cara y me sonríe, corro a su encuentro todo lo rápido que me permiten los tacones y le abrazo.
- Hola Emm, ¿me has echado de menos?
-Muchísimo – digo pegada a su cuerpo mientras mis fosas nasales se deleitan con la fragancia que desprende Leo. Se separa ligeramente y me observa con una sonrisa, se agacha un poco y me da un beso pero se aparta rápido...demasiado rápido ¿Qué pasa?
-¿Pasa algo? – le pregunto confusa, pero a la vez haciéndole un mohín de protesta.
-Sabes bien...dulce – dice mientras se lame el labio inferior. Sus pupilas se han dilatado.
-Es por mi gloss....- no me da tiempo a terminar cuando me coge de la mano y me lleva hasta el coche.
-Entra, pero no te pongas el cinturón – dice mientras me abre la puerta. Le observo como da la vuelta y entra en el coche. Mira a su alrededor, masculla alguna palabrota y mete la llave.
- Leo... - empiezo.
- Espera – está muy decidido. Ni siquiera enciende la radio, se pone en marcha y conduce rápido, No sabía que tuviera tantas ganas de ir a la fiesta. Seguimos en silencio, avanzando deprisa por las calles, no suele ir tan rápido y me asusta un poco. Pronto llegaremos a la casa de estudiantes, pero se desvía a otra calle y acabamos en un descampado que usan de aparcamiento. Se quita el cinturón y me observa.
-Leo, ¿qué....?
-Ponte encima de mí –exige sin dejarme terminar.
-¿Qué? – no lo entiendo, pero Leo no me deja dudar y termina cogiéndome él y colocándome a horcajadas encima suya.
- Sé que te dije que iría despacio.... – no termina la frase cuando junta sus labios con los míos, los lame y muerde con deseo. Lo último que esperaba es que su desesperación por venir aquí era para que nos enrolláramos en el coche.
-Leo... - intento decir entre sus insaciables besos. – Leo....Tenemos que irnos...Ivana y Aaron nos esperan...
- Que se esperen – gruñe mientras me besa con más ganas, sus manos se aferran con más fuerza a mis caderas y me empujan hacia él.
- Leo...por favor...vamos tarde.... luego seguimos, por favor...- mis palabras causan efecto en Leo y se detiene.
-Perdona...- sus labios están ligeramente hinchados por nuestros besos y un tanto rojos por mi gloss.
-No importa....- jadeo. Esto podemos hacerlo después – le guiño un ojo. Me bajo de su regazo y me coloco el vestido. Leo me observa mientras me retoco los labios.
- Estás guapísima...me encanta cuando llevas vestido – su sonrisa a medio lado me derrite el corazón.
- Tú tampoco te quedas atrás – le observo de arriba abajo y en seguida me arrepiento de haberme quitado de encima de él. - Ahora deja que te quite el gloss – me acerco y con un pañuelo le quito algunas marcas de gloss que le he puesto sin querer. Leo me observa mientras hago mi trabajo. – Listo – le sonrío.
- Genial, vamos a la dichosa fiesta – responde con sarcasmo.
Salimos del coche y caminamos hasta la casa de estudiantes que está un poco más adelante. Ese edifico empezó como otro cualquiera, pero al estar entre las universidades, poco a poco empezaron a llenarse de estudiantes... hasta ahora que es exclusivo para ellos. Oí que hicieron reformas para adaptarlo a sus necesidades, pero nunca llegué a entrar. Hasta hoy. Vemos a Ivana y a Aaron en el portal, esperando.
-Llegáis tarde – nos regaña Ivana en cuanto nos ve. Me acerco a ella y nos damos dos besos.
- Nos hemos distraído – dice Leo indiferente, pero cruza una mirada con Aaron y ambos sonríen cómplices. No me gusta ni un pelo ese gesto.
- Estás guapísima Ivi – se ha puesto unos pitillos, botas de tacón y una camiseta de media manga negra de encaje.
-¿Yo? ¡Guapa tú! Ese vestido es precioso – me mira de arriba abajo.
- Chicas, ¿podéis seguir diciendo lo guapa que estáis dentro? – nos dice Aaron divertido.
- Hola Aaron – le sonrío.
- Hola Emma – me devuelve el saludo.
Entramos los cuatro al edificio. ¡Vaya! Parece la típica fraternidad americana. No es que sea un edificio muy grande, pero han compuesto la planta baja y el primer piso de zonas comunes y los otros tres de pequeños apartamentos para los estudiantes. Hay muchísima gente, suena la música muy alta y hay alcohol por todos lados. Alguien ha llamado a Leo y Aaron y estos se dirigen hacia un grupo de gente. Ivana va detrás de Aaron, yo intento ir detrás, pero alguien me ha cogido la mano y me ha dado un vaso de plástico. Lo huelo. Es ron. No sé quien me ha dado eso, pero veo que todo el mundo tiene un vaso así que no creo que me hayan echado nada raro. Me doy la vuelta, pero ya no veo a Leo ni a los demás. ¿Acabamos de entrar y ya me acabo de perder? ¡Esto no puede estar pasándome! Debo encontrarles, intento moverme entre la gente, alguien me toca el hombro, me giro asustada, pero me tranquilizo al ver una cara conocida.
-¡Naim! – chillo para que me oiga a través del ruido.
-¡Hola, Emma! ¿Qué tal? – me da dos besos. - Me alegra de que al final hayas podido venir – me sonríe. Me quedo embelesada ante sus encantos. Había olvidado lo guapo que es. Lleva una camiseta blanca de manga corta y vaqueros. ¿Cómo un look tan sencillo puede ser tan sexy?
- Bien, gracias por invitarme – es difícil hablar con la música.
-¿Cuándo has venido? ¿Has venido sola? – pregunta.
- He venido con Leo, pero cuando me he querido dar cuenta ha desaparecido – mi voz suena alarmada.
-No te preocupes, acabo de verle. ¿Quieres que te lleve con él?
-¿Podrías? – mi voz suena esperanzada. No he venido a este lugar para perderme a los cinco minutos.
- Por supuesto – Naim me coge de la mano y me da un vuelco el corazón. ¿Pero, qué? me recompongo y poco a poco, vamos haciendo camino hasta llegar donde están Leo y los demás.
-Emma, ¿Dónde estabas? – pregunta Ivana
- Os perdí – me excuso – pero Naim me ha traído – le señalo a mi guapísimo salvador. Ivana le observa y se queda boquiabierta, Aaron se da cuenta rápido y tira de Ivana para captar su atención. Leo está hablando con dos chicos. ¿En serio? Ni siquiera se ha dado cuenta de que me había ido. Naim me da un toque en el hombro y me indica que lo acompañe. Llegamos hasta Leo.
- Leo, ¿Qué te cuentas? ¿Te has dejado algo? – pregunta Naim
- Hey tío, ¿todo bien? – le saluda amistosamente. - ¿Qué me he dejado? – pregunta.
- Te has dejado a esta preciosidad sola – le dice mientras posa su mano en mi hombro. Agacho la cabeza muerta de vergüenza, Naim acaba de decirle a Leo que me "ha olvidado" y me ha llamado "preciosidad".
-Yo no he dejado a nadie. Ella venía detrás – dice algo molesto.
- ¿Y por qué la he encontrado sola? Deberías tener cuidado, ya sabes que aquí una chica sola dura poco – le guiña un ojo. ¿Qué habrá querido decir?
- Lo sé. Emma, ¿de dónde has sacado esa copa? – se dirige a mí en un tono borde que no me gusta nada.
- No sé, me lo han dado – observo el vaso que me han dado nada más llegar.
- Mejor dámela, no te fíes de las copas que te den. Si quieres algo, sírvetelo tú misma – me advierte. Su carácter es algo hosco desde que hemos salido del coche. Le doy la copa y le da un sorbo mientras vuelve a hablar con sus amigos. Ivana y Aaron se han ido y no me he dado ni cuenta. Creo que venir aquí fue una mala decisión.
-¿Quieres una copa? – me ofrece Naim.
- Si – beber no es la solución, pero al menos hago algo.
-¿Me acompañas? – pregunta Naim mientras me tiende la mano. Observo a Leo que sigue hablando sin prestarme la más mínima atención. Sé que le dije que no me importaba si me presentaba como a una amiga, pero él ha pasado de querer hacerlo conmigo en el coche a ignorarme por completo o hablarme borde. Está muy raro y sé que si le digo que me voy con Naim no me dejará. Aparto mi vista de él y la vuelvo sobre Naim, asiento y le cojo de la mano, noto un cosquilleo al hacerlo, que raro. Nos dirigimos a la cocina. Hay una gran mesa con cubiteras, vasos, botellas...todo un reino de alcohol está a nuestro alcance.
-¿Qué te apetece? – me pregunta.
- Lo que sea – cualquier cosa que me haga olvidar cinco minutos al idiota que me ha dejado tirada. Sé que él no quería venir y desde que salimos del coche ha estado tenso y con mirada inexpresiva. No creí que pasara nada, pero ahora sé que me oculta algo. Naim prepara dos copas de ron cola y me da una.
-Gracias – chillo entre la música. Naim es un buen chico, no le ha importado quedarse conmigo mientras mi "acompañante" ha pasado de mí. Llevamos casi una hora aquí charlando, o al menos intentándolo, ya que la música está muy alta. Ya voy por la cuarta copa y empiezo a sentirme entonada con el ambiente.
-¿Te apetece volver con Leo? – pregunta Naim después de verme lanzar cuchillos con la mirada a la sala donde está la fiesta. En realidad no he dejado de mirar desde que entré aquí con Naim, con la esperanza de ver entrar a Leo y venir a por mí. Me equivoqué.
-Leo puede hacer lo que le dé la real gana – escupo con cierto veneno en la voz. –Pero, espera, ¿sabes qué? Si, vamos a ir a verle – esta vez soy yo la que busca su mano y nos dirigimos hacia el gentío. Leo no está donde lo dejé. Buscamos durante un buen rato, hasta que le encuentro con otra gente. Están sentados en unos sofás jugando a algo, ¿la oca?
- Es el Ocalimocho – responde Naim a mis pensamientos. – Hasta que la fiesta se anima, se suele jugar a varios juegos de beber, como "el Ocalimocho", "el Birra-pong", "Verdad o desafío", "Yo nunca"...para entonarnos un poco – suena bastante estúpido pero al decirlo él parece que es algo vital en la fiesta.
-Emma – mi cuerpo se tensa al oír mi nombre. Me giro y veo a Leo que me observa inexpresivo con los labios fruncidos. No tiene por qué mirarme así. Él está jugando a ese estúpido juego sin importarle donde estaba yo.
-¿Qué? – le contesto en tono borde. No dice nada, se limita a observarme sin mostrar algún tipo de emoción. No aparto la mirada, ni siquiera me achanto, se la sostengo con una mirada desaprobatoria. Solo aparto la mirada en el momento en que una voz nos llama la atención.
-¿Queréis jugar? Vamos a empezar con "Verdad o Desafío". – dice una chica con un vestido muy escotado. Se nota que ha bebido. Vuelvo a observar a Leo y veo que él también ha bebido, ...aunque bueno si ha estado jugando a eso es normal.
-Vale, ¿seguimos jugando aquí? Emma, siéntate, así verás un poco como es esto – Naim se encarga de hacerme un hueco a su lado en el sofá. Unos cuantos se han levantado y han traído más alcohol. Me siento al lado de Naim y sé que Leo me observa. También sé jugar a esto, así que le ignoro y hablo con Naim.
- ¿Siempre jugáis a este tipo de juegos? – le pregunto.
- Si, supongo, no suelo venir mucho por aquí. Solo vengo cuando me insisten mucho.
-Mmmm, ¿desde cuándo conoces a Leo? – antes solo hemos hablado de temas triviales, pero ahora quiero profundizar un poco.
- Nos conocemos desde el instituto, aunque la primera vez que nos vimos fue jugando un partido de fútbol. Su clase contra la mía.
- ¿Y desde entonces sois amigos?
-Que va, te he dicho donde nos conocimos, no nos llevamos bien hasta que estuvimos juntos en la misma clase al año siguiente. Aunque también fue año de rivalidad – se ríe. No me imagino a ellos rivalizando.
-Oíd, si habéis terminado, vamos a comenzar el juego – dice molesta una chica de pelo plateado y mechas rosas con varios piercings. Asentimos y da comienzo el juego. No sé bien como va, pero según avanza el juego, puedo ver que van haciendo desafíos de beber, besar o contar verdades íntimas. Creo que no me gusta este juego, pronto me tocará a mí. La chica del pelo plateado y mechas rosas no deja obsérvame. ¿Le pareceré tan rara como ella a mi?
-Hey, ¿tú eres nueva? No te he visto antes – me está incomodando, no cumplo la mayoría hasta el mes que viene, espero que eso no sea un problema.
- Eva, déjala, la invité yo – me defiende Naim.
-¿De verdad? – dice petulante, creo que no le gusto. – A ver rubita, ¿verdad o desafío?
- ¿Qué? Pues...- la verdad es lo más seguro, pero no pienso contarles nada a estos extraños. – Desafío – digo sin pensar.
- Bien – la tal Eva se relame – Voy a empezar por algo sencillo ¿Tienes la copa llena?
- Sí – me la acaban de servir y está hasta arriba.
-Bébetela entera – sonríe maliciosa.
-Eva – gruñe Leo. ¡Vaya! Por fin parece que se preocupa por mí. Todos me observan y se les escapa alguna que otra risita a mi costa, ¿creen que no voy a hacerlo? Miro la copa con decisión, no sé por qué pensé que esto era buena idea. Cierro los ojos y me la bebo de un trago, todos aplauden menos Leo que sacude la cabeza censurando lo que acabo de hacer. Pero esto para empezar, es culpa suya. Sonrío tímida a los demás, aunque en el fondo noto un ardor abrasador en mi garganta. El alcohol recorre mi cuerpo salvaje.
- ¿Estás bien? – me susurra Naim.
-S-si – tartamudeo. No. No estoy bien. ¿Por qué se me ocurrió semejante tontería? Jugamos varias rondas más y en todas me piden que me beba la copa que tenga en la mano. Esto va cada vez peor, he perdido la cuenta de las copas que me he tomado, noto que todo me da vueltas y la garganta me arde de tal manera que podría lanzar fuego como si fuera Godzilla. Necesito parar de una vez, no los conozco, que piensen lo que quieran. Intento levantarme y las piernas me fallan, me libro de la caída porque Naim me agarra. Le sonrío agradecida, y aparto la mirada rápido para suprimir la arcada que amenaza con subir por mi garganta.
-Emma, ¿A dónde vas? – Naim está preocupado, me siento fatal por hacerle cargar conmigo toda la noche.
- Al baño – digo rastreando las palabras. Me pesa hasta decirlas. - ¿Dónde hay un...baño? – hipo.
- Hay uno cerca, pero estará ocupado, mejor te llevo al de arriba. Chicos, nosotros dejamos de jugar, vamos a tomar el aire.- Veo a Leo hacer un ademán de levantarse, pero al final no lo hace. ¡Gilipollas! Naim me coge de la mano y me lleva a la planta de arriba, aquí hay menos gente, pero muchos corretean para entrar en los apartamentos o salen abrochándose algún pantalón o camisa. Encontramos un baño muy espacioso, con duchas y todo, supongo que el apartamento tendrá solo baños básicos, no sé.
- Pasa, yo te espero aquí, - ¿vale?
-Vale....gracias – le digo antes de entrar. Cierro la puerta y me acerco al espejo. Tengo los ojos inyectados en sangre, mis mejillas están rojísimas y me veo borrosa. Humedezco un pañuelo y me lo paso por la cara para espabilarme. Creo que voy a vomitar, corro a uno de los retretes y me echo hacia delante. Nada, no vomito, pero tengo unas nauseas horribles. Al menos haré pis antes de salir y así quito algo de alcohol de mi cuerpo. Al salir Naim me observa preocupado.
-¿Estás bien?
-Mejor que antes – me revuelvo incómoda.
-¿Has vomitado?
-No... ¿Puedes ayudarme a salir? Quiero que me dé el aire.
-Por supuesto. – Me coge de la mano y poco a poco bajamos al piso de abajo, donde nos desplazamos hasta la salida.
Outfit de Emma para la fiesta

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