domingo, 13 de diciembre de 2015

Capitulo 17

Leo me besa con fervor, este frenesí despierta todos mis sentidos, y empujo mi boca contra la suya, abriéndome paso a través de ella para buscar su lengua y jugar con ella. Leo se ríe y nos hace avanzar hacia delante hasta que mi espalda está contra la pared. Mientras sus brazos se envuelven con fuerza en mis muslos, mis brazos descansan en su cuello y por inercia, mi mano busca su pelo para tirar de él. Leo deja de besarme en la boca y se concentra en el lóbulo de mi oreja, mmmm me encanta, noto deliciosas vibraciones en mi vientre, mi espalda empieza a arquearse ligeramente y empiezo a sentir calor. Leo se está excitando, adoro saber que le provoco las mismas sensaciones que él a mí. Ahora soy yo la que ataco a su cuello, veo que el chupetón de la última vez ya casi no está y empiezo a besarle por esa zona. Escucho los gemidos de Leo, mi respiración se va acelerando poco a poco, pero recuerdo dónde estamos y me detengo.
- Nena, ¿ocurre algo? – dice Leo con voz ronca.
- Este no es el sitio.... – grazno. Mi voz no me acompaña en absoluto.
- No te preocupes, aquí no hay nadie – dice mientras le da otro asalto a mi cuello.
-Pe-pero podría – intento decirle. Siempre nos dejamos llevar por nuestros impulsos en los sitios menos indicados, aunque al final somos interrumpidos y no llegamos a consumirnos... Escucho ruidos fuera y le doy un empujón a Leo, este me suelta al caer hacia atrás y caigo al suelo - ¡Au! ¡Eso ha dolido! - Alguien ha entrado, tenía razón, cualquiera podría habernos visto enrollándonos en la cabina.
-Leo. Leo, ¿estás aquí? – pregunta una voz femenina. Leo se levanta del suelo y me ayuda a levantarme.
-Nena, ¿estás bien? Lo siento, me has pillado de sorpresa y he perdido el equilibro – se disculpa. – Estoy aquí, en la cabina, pasa – le dice a la persona que acaba de irrumpir. Es Ingrid, la chica de recepción, que se acerca hasta donde estamos y nos mira curiosa.
- ¿Interrumpo algo? – arquea una ceja. No puedo evitar girar la vista a otra parte y hacerme la tonta. Si no me llego a dar cuenta, nos hubiera pillado. Me bajo el jersey que tengo ligeramente subido.
- Nada importante, le enseñaba a Emma lo que suelo hacer por aquí. ¿Qué quieres? – Leo está tranquilo, como si no hubiera pasado nada, ¿o es que ya ha hecho esto otras veces? ¿Tal vez con ella? No debo emparanollarme.
-Vale, solo venía a decirte que tu padre ha llamado para decir que estará unos días más de lo previsto fuera y que te encargues de las citas de esta tarde y mañana. Por cierto, son casi la una y me iré a comer en breves, ¿necesitáis algo? -nos pregunta.
- Nada gracias, debo llevar a Emma a casa – me mira. Es verdad, lo estaba pasando tan bien que casi había olvidado que debía volver a casa. – Vuelvo dentro un rato Ingrid. – Leo me coge de la mano y salimos de su estudio.
-Encantada – escucho decir a mis espaldas.
-Vaya, le has caído bien a Ingrid – me dice Leo mientras vamos al ascensor.
-¿Lo dices en serio? – pregunto mientras le doy al interruptor.
-Sí, ella no suele preguntarle a nadie si quiere algo – se abre el ascensor y entramos.
-O sea, que traes al trabajo a todos tus ligues – le digo molesta. No me puedo creer que pensara que yo era la primera, menuda estúpida.
Leo se gira, le da al botón de recepción y se pone delante de mí. Noto que me observa, pero no soy capaz de mirarle a la cara.
-Eres la única chica a la que he traído aquí – me dice. Levanto la cabeza y le miro incrédula, no parece intimidarle mi mirada, más bien, le incita a acercarse más a mí. – Me encanta cuando te pones así, celosita y enfadada – sonríe, se acerca y me echa hacia atrás, quedando otra vez mi espalda contra la pared. Y como en la cabina, me levanta por el muslo izquierdo mientras pega sus labios con los míos. Me ha pillado completamente de sorpresa y no he sido capaz de detenerle.
-Creo que estábamos haciendo algo antes de que nos interrumpieran – le brillan los ojos y sé que está deseoso de más, pero este no es el momento ni el lugar. Intento apartar su brazo de mi muslo, pero solo consigo que se aferre más a él. Vuelve a besarme, busca mi lengua y juega libre por mi boca, mientras su otra mano decide juguetear por mi jersey, trazando círculos, subiendo y después bajando. Sus besos se vuelven más voraces y se me escapa algún que otro gemido. Quiere más, su mano deja de hacer círculos y decide bajar hasta el final.... poco a poco, cuela su mano por debajo del jersey, tocando mi piel,...su mano está fría, lo que me provoca un escalofrío por todo el cuerpo. Esto no está bien, pronto se va a abrir la puerta, y Leo está subiendo de nivel... está a punto de tocar el borde de mi sujetador.... De repente, oímos el pitido que hace el ascensor cuando llega a su destino y abre sus puertas. Leo se separa rápidamente de mí y se coloca a mi lado como si no hubiera pasado nada. Me arreglo la ropa e intento controlar mi aliento jadeante después del asalto. En cuanto se abre la puerta, salimos como si tal cosa, o al menos él... Porque por lo que a mí respecta, prefiero evitar cualquier contacto visual, pues tengo miedo de que alguien diga en voz alta lo que hemos hecho. Leo me coge de la mano, le escucho aguantarse la risa ¿cómo puede resultarle divertida esta situación? ¡Esto no es 50 sombras de Grey! Yo no soy Anastasia, y desde luego, él no es Christian Grey... ¿o tal vez si?...En tal caso, entramos en el coche, enciende la radio y se pone en camino para llevarme a casa. Suena la nueva canción de Adele "Hello", miro por la ventana, incapaz de romper el silencio. Sin previo aviso, Leo me toca la rodilla y doy un respingo.
-¿Te pasa algo? – pregunta preocupado.
-No – digo en un susurro. Nadie salvo él puede oírme. Me siento extraña, nunca antes había hecho nada de esto, y menos en un sitio público como es su zona de trabajo. ¡Y dos veces nada menos!
-¿Es por lo del ascensor? – pregunta
-No – vuelvo a susurrar. En serio, me he vuelto idiota. Leo no va a saber qué puñetas me ocurre si no se lo cuento. Pero el problema es que ni yo misma lo sé, esto es muy difícil para mí.
Leo me observa de reojo, se ha puesto serio. Apaga la radio y se desvía. ¿Pero qué hace? Sigue un poco más y estaciona en un área de servicio, se quita el cinturón, se gira y me observa detenidamente.
- Emma, ¿vas a decirme qué te pasa? – me grita con el ceño fruncido. Cabizbaja, sigo mirando mis dedos entrelazados sobre mis piernas. No puedo dejar que esto siga así, si queremos que esto vaya bien, debe haber sinceridad y confianza. Leo me ha dado algo, ahora debo dárselo yo. Alzo la cabeza con decisión, me quito el cinturón y me giro para quedarme frente a él.
-¿Y bien? – me invita a empezar.
- Dijiste que si accedía a pasar el día contigo me concederías una pregunta – le recuerdo.
-Así es, pero, ¿eso que tiene que ver ahora? – me pregunta extrañado. Me siento mal por confundirle tanto.
-Pues bien, ¿tenemos algo? Es decir, nos estamos conociendo,...sin embargo, siempre terminamos besándonos desenfrenados y solo algún que otro contratiempo nos hace parar...- suspiro - Antes de seguir adelante, ¿puedo confiar en que esto tiene futuro y no es algo pasajero? – mi voz suena estrangulada, pero me aterra que su respuesta sea la segunda opción.
- ¿Me preguntas esto porque de verdad quieres saberlo, o es porque antes me he pasado?
- Lo de antes...me pilló por sorpresa, la verdad....Tú querías más, lo sé, y bueno, yo en parte también lo quería – hago una pausa. - Leo, ya sé que me has dicho muchas veces nunca me obligarías a hacer nada que no quisiera....pero, el problema es que yo...-me arden las mejillas, esto es algo natural, no entiendo por qué es tan vergonzoso para mí.
-¿El problema? Nena, sea lo que sea, puedes contármelo – me tranquiliza Leo.
- Yo nunca...yo, no he....yo.... – balbuceo ¡maldito nudo de la garganta! Emma joder, ¡díselo de una vez! Lo peor que puede hacer es que te eche del coche y salga de tu vida.
-No entiendo lo que me quieres decir, ¿podrías explicarte mejor? Conmigo puedes hablar de lo que quieras, ya lo sabes – intenta tranquilizarme.
- Yo nunca lo he hecho con nadie... - susurro. Observo todos sus movimientos en cuanto mis palabras salen por la boca. Leo abre mucho los ojos, claramente le ha sorprendido, aunque tampoco debería sorprenderse tanto, todavía tengo diecisiete años.
- Joder...yo...Emma.... Joder... ¿Yo he sido tu primer beso? – Leo va con pies de plomo, creo que intenta asimilar lo que acabo de decir.
-No, yo... tuve algo con un chico el año pasado...duró poco, nos enrollamos un par de veces...pero ni de lejos como tú y yo – no sé por qué, siento la necesidad de explicarle todo eso.
- Ummm, - respira hondo – entonces, ¿ese chico nunca te tocó? Es decir, ¿nunca hiciste nada con...?
-No, nada – murmuro avergonzada. Vuelvo a observar mis dedos. Ya es bastante bochornoso decirle que nunca he mantenido relaciones como para explicarle detalladamente lo que hicimos.
-¿Por qué? No lo entiendo – dice como si le pareciera extraño que yo jamás hubiera hecho nada. Vuelvo a mirarle a los ojos, esos ojazos azules me observan comprensivos...
-Porque él nunca me quiso.... - siento como la bilis quiere subir por mi garganta por los amargos recuerdos – él tenía novia y yo...solo era la otra...estuve mucho tiempo enamorada de él, así que nunca me fijé en nadie más...
- Menudo cabronazo – murmura para sí - Entonces, ¿solo os besasteis un poco y ya está? – pregunta.
-Resumiendo, sí. Solo fueron cuatro besos y toquetearnos levemente por encima de la ropa...nunca le dejé ir más allá, por eso duró poco – no le miro, no puedo hacerlo. Quiero ser sincera, pero es difícil.
- Vaya...me has... sorprendido. Yo pensaba que eras más... experimentada – sigue algo confuso por mi confesión, pero poco a poco se muestra más seguro.
- ¿Te he decepcionado? – mi voz suena triste, porque sé que me va a dar la patada.
- En absoluto – me coge de las manos y me acaricia - ha sido una sorpresa muy agradable. Si pensaba eso es por la forma en la que te desenvuelves conmigo, lo haces tan bien... - no termina la frase.
- Entonces... ¿no me vas a dejar? – cada vez sueno más patética.
-¿Por qué debería hacer eso? Nena, eres genial, y sabiendo que solo un crio te ha dado cuatro besos, sé que yo tendré todo lo bueno que puedas ofrecer. Yo seré tu primer todo...- parece deleitado con esas cinco palabras - no entiendo como ningún chico se ha fijado antes en ti... tú nunca serías la otra. Si eres mía lo eres, no permitiría que nadie que no sea yo se atreva a tocarte, pero sobre todo, jamás te cambiaría por nadie...No me importa esperar hasta que tú te sientas lista, así que perdona por lo del estudio...y lo del ascensor – a pesar de que se está disculpando, observo la lujuria que emanan esos preciosos ojos suyos.
- Yo...no sé qué decir... - no pensé que fuera a reaccionar así.
- No hace falta que digas nada. Respondiendo a tu pregunta, Emma, no lo sé. Quiero que haya futuro entre nosotros, pero ambos sabemos que no va a ser fácil. Debes confiar en mí. ¿Lo harás?
- Lo haré – le digo sin dudar.
-Así me gusta, eres la mejor, nena. Prometo no pasarme la próxima vez.
-Gracias, aunque, no es que te pasaras...es solo que...me sentía pillada casi infraganti. Como si todo el mundo supiera lo que hemos hecho – el rubor sigue en mi cara, debo parecer un tomate.
-Cosas peores han hecho ellos – se mofa - si yo te contara. En fin, son las dos, he de llevarte a casa y volver al trabajo, vamos.
-Sí – sonrío.
Leo vuelve a encender la radio y a ponerse en marcha. Ha vuelto a poner su mano en mi rodilla, esta vez no me ha molestado el gesto, todo lo contrario, me reconforta. Es genial tener esta confianza y haberle contado lo que me reconcomía por dentro. No hablamos, solo escuchamos el tema de The Vamps "Somebody to you". Leo se para unas calles antes de mi casa.
-Ya estamos – me dice.
-Gracias por lo de esta mañana, lo he pasado genial.
-Yo también. ¿Nos vemos el sábado? Antes dudo que pueda, mi padre me ha cargado con todo el trabajo de la empresa.
-Yo tengo exámenes y una fiesta pijama con las chicas el viernes.
- Menudo peligro sois – se mofa.
-¡Calla! – finjo enfadarme. - Me tengo que ir. Hasta luego – me acerco y le beso. Leo me devuelve el beso y nos separamos antes de que nuestras hormonas se despierten.
- Hasta luego nena – me dice al finalizar el beso. Salgo del coche y le digo adiós con la mano.
Veo alejarse su coche y me doy cuenta de que es un poco más temprano de lo que suelo llegar. Decido llamar a Alex para ver qué ha pasado en el instituto, le comento lo de hablar con él el jueves y le parece perfecto. Entro en casa y tras una comida rápida, empiezo a ponerme al día con todo lo que no he hecho hoy.
****
Jueves por la tarde.
Estoy frente al piso de Alex. Toco al timbre y rápidamente se abre la puerta.
- Hola, Emm, pasa – me invita Alex.
- Hola, gracias.
Alex me hace una pequeña visita guiada. El piso no es muy grande y ya estaba amueblado. Alex lo quiso así ya que solo estará unos meses y después volverá a casa. Tiene dos dormitorios, un comedor, una cocina y un baño. Es acogedora y para él solo, está genial.
- Alex tienes un piso precioso –le digo.
- Uno que tuvo buen ojo jejeje. Vamos al comedor.
Entramos al comedor, dejo la mochila y nos sentamos en el sofá. Alex ya había dejado preparado una enorme bolsa de patatas. No puedo evitar reírme, siempre ha tenido mucho estómago. Decido contárselo todo, la fiesta, el callejón, lo del martes, todo. Para cuando quiero terminar, Alex me observa bastante serio.
-Emm, soy tu mejor amigo desde que tengo memoria, y solo quiero lo mejor para ti. No te fíes, déjale ahora que estas a tiempo y haz como si nunca hubiera sucedido esto.
-Alex, no empieces – ya está con sus celos – Es un buen chico, por favor.
-Ya lo sé... es solo que no quiero que te haga daño. Lo del callejón no me ha hecho ni pizca de gracia, y lo de la fiesta menos pero, si quieres ir, adelante – dice intento sonar como un hermano mayor. - De todas formas, yo también saldré así que, si ocurre algo o necesitas donde dormir, puedes quedarte.
-Gracias Alex, eres el mejor. ¿Con quién vas a salir? – siento curiosidad.
-Con los estudiantes de abajo, este edificio tiene muchos estudiantes y son todos muy majos. Y quieren que salgamos todos este sábado y no les he podido decir que no.
- Me alegra oír que no estás solo y aburrido aquí sin mí
- Nunca estoy solo – me guiña un ojo. - Oye, ya ha pasado más de media tarde, ¿te quedas y vemos el partido juntos? Tengo cerveza, andaaa – me suplica.
- Vale, vale – acepto enseguida. - Creo que te lo debo después de haberme aguantado mis problemas – le digo.
- Siempre estaré por ti Emm, no lo olvides.
Pasamos el resto de la tarde viendo la tele hasta la hora del partido. Alex está super emocionado con la selección de este año. Ha encargado pizza y ha llenado la mesa de cervezas. El partido de esta noche lo disputa el Chelsea para colocarse en lo alto de la clasificación. A pesar de no conocer bien los equipos ingleses, disfruto muchísimo del partido con Alex, y sin darnos cuenta y con la emoción del partido, hemos arrasado con todas las cervezas que había en la mesa. Al final tuve que dormir la mona en la otra habitación de Alex y levantarme muy temprano para ir a casa ducharme y recoger mis cosas. Mamá se enfadó por no avisarle de que me quedaba, pero valió la pena. Echaba de menos esas tardes con Alex.
                                                                              ****
Viernes por la noche
-¡Salud! – gritamos las cuatro al unísono mientras chocamos nuestros botellines de cerveza. Celebrando así los dos primeros exámenes.
- Estoy segura de que he sacado unas notas alucinantes, bordé los exámenes, ¿y vosotras? – pregunta Ivana.
- Ya sabemos que a Dani y a Emma les habrá ido genial, y yo sacaré mi clásico siete raspado. Vamos Ivi no hemos venido a hablar del instituto - dice Martina poniendo los ojos en blanco.
Ya ha pasado la semana y con ella, los dos primeros exámenes antes de las vacaciones de navidad. Pensé que estaría más preocupada y pasaría todos mis fines de semana estudiando, sin embargo, estoy relajada y en el salón de Martina tomando cervezas con las chicas. No quiero pasarme, ayer bebí unas pocas de más y tuve que hacer el examen con dolor de cabeza.
-¿Emma? ¿Nos has escuchado? – pregunta Daniela.
-¿Qué?
- No te hagas la tonta, todavía no nos has contado que ocurrió el martes cuando hiciste novillos. ¡Queremos saberlo todo, detalles, detalles! – remarca Martina.
-Veo que no tengo escapatoria – suspiro. – Veréis.... – y desde el principio, les narro a las chicas todos los detalles de mis encuentros con Leo. Siento que me repito, he contado esta historia demasiadas veces, pero todas me observan absortas y con ganas de saber cada detalle.
- ¿Le dijiste que nunca lo habías hecho y lo respetó? – pregunta Martina incrédula.
-Si, por favor, deja de darle vueltas al tema – me siento contrariada. Del grupo, solo quedamos Ivana y yo. No tenemos prisa, ella esperaba a Aaron, y yo, simplemente pensé que algún día Sebas llegaría a corresponderme.
- Te dije que Leo era un buen chico - me recuerda Daniela - y sabrá esperar a Emma, no tienes por qué darle presión Martina. La primera vez es muy importante.
- La primera vez llega cuando tiene que llegar. Emma, eres joven, no malgastes tu tiempo dándole vueltas, debes vivir y divertirte todo lo que puedas. Esa es mi filosofía de vida, recuerda Emma, no te ates – dice Martina solemne. No me gusta que me diga este tipo de cosas, pero todas sabemos que se volvió así por culpa de su ex.
- Dale un respiro a Emma – Ivana ha salido rápido en mi defensa.
- Muy bien señorita, gracias por recordarme que eres mi siguiente víctima – Martina se relame – Emma se ha sincerado, ahora te toca a ti hablarnos de Aaron – Martina ha decidido atacar a su siguiente presa, Ivana, sin contemplaciones.
- Yo... yo....- Ivana está muerta de la vergüenza, Martina le da otro sorbo a su cerveza y espera a que relate su historia.
- Martina, eres muy dura con ellas – tercia Daniela.
- ¡Calla! Todavía estamos esperando que tú nos cuentes quien fue el afortunado que abrió tu caja de pandora – ladra Martina.
- Martina, ¿Cuántas te has bebido ya? Menudo carácter te gastas – le salto. No es mala amiga, solo es que, cuando bebe, le pilla un humor u otro. Y esta vez, nos ha tocado a la Martina "lengua viperina".
- No, Emma. Martina tiene razón. Tú has sido sincera y ahora me toca serlo a mí. Por algo somos amigas – dice Ivana. – Conocí a Aaron en la fiesta de Austin y en ese momento me gustó. Él se acercó a mí y empezamos a hablar. Me contó que se iba de Erasmus con Austin y pensé que toda mi oportunidad con él se había desvanecido pero, antes de irse me dio su correo. Y el año y medio que ha estado fuera, hemos estado hablando cada día por mensajes. En verano, Aaron volvió a la ciudad, pero no lo supe hasta que coincidimos en casa de Daniela en Septiembre y me enfadé porque no me había dicho nada. Aaron se disculpó muchas veces, y me explicó que si no me dijo nada, fue porque estuvo quedando todos los días con los chicos para trabajar en la maqueta cuando libraba del trabajo. Pensaba que lo nuestro sería ser solo amigos, pero en el cumpleaños de Daniela, nos escabullimos por el callejón y me besó. Dijo que me quería y que llevaba mucho tiempo enamorado de mí,...sabía que no le creería porque ambos habíamos bebido, así que me prometió que volvería a decírmelo al día siguiente cuando no estuviera tan bebido para que viera que iba en serio, y así fue. Y llevamos saliendo desde entonces - Ivana termina su relato con una sonrisa tímida y con sus mejillas más sonrosadas que nunca.
- ¡Ivi nos alegramos muchísimo por ti! – dice Daniela.
- Ivana, has cometido un error por atarte, pero no soy nadie para decirte qué hacer con tu vida. Me alegro por ti, Aaron es mayor y por lo tanto, más experimentado, seguro que te lo pasarás muuuy bien – sonríe Martina maliciosa.
- ¡Cállate Marti! – le gritamos las tres a Martina y rompemos a reír.
- Entonces – intento hablar después de tanta carcajada - ¿vendréis a la fiesta de mañana? Ivana va con Aaron y yo con Leo, pero podríamos recogeros.
- Yo no puedo. Austin va, si me ve por allí se me cae el pelo – dice Dani.
- Yo tampoco, mis padres me han dicho que mañana he de irme con ellos. Iba a irme hoy, pero como les dije que ya tenía planes con vosotras me han dejado – dice Martina haciendo un mohín con fastidio.
- Es igual, habrá más fiestas, no os preocupéis – dice Ivana.
Pasamos el resto de la noche viendo pelis, peinándonos y hablando. Martina nos contó detalladamente cómo fue su primera vez con su ex y nos dio varios consejos a Ivana y a mí, para que no nos "pillase todo por sorpresa", según ella. Daniela no ha querido contarnos nada, solo nos ha dicho que fue el año pasado, cuatro meses después que Martina, pero nada más. De vez en cuando está bien desconectar y estar con mis amigas, como antes de que empezara todo. A las cuatro y media les suplico que nos vayamos a dormir, para poder descansar algo. Ivana se ha ofrecido a servirme de excusa con mi madre, espero que no se enfade porque pase dos noches fuera. Solo espero poder pasar una noche tranquila con Leo...me quedo dormida, con ese pensamiento y el móvil en la mano, con un mensaje a medio escribir para él.
Comedor de Alex



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