lunes, 7 de diciembre de 2015

Capitulo 16

Martes.
No he dormido en toda la noche, tenía miedo de que me pasara lo mismo que ayer y no pudiera acudir a mi cita. A las seis y media me cansé de estar en la cama, me levanté, me di un baño y cogí el móvil para poner una canción, elegí "Smile" deR5. Hoy tengo ganas de sonreír. Abro el armario para elegir la ropa, y tras varios minutos de indecisión, finalmente encontré el conjunto perfecto. Un jean negro ajustado y un jersey gris de manga larga que se ajusta a mi cadera, haciendo un pliegue en los hombros. Para no variar, cojo mis vans blancas. Vacío mi mochila dejando el archivador para que haga relleno, así mamá no sospechará. Ya falta poco, me echo en la cama, cojo el móvil y quito la canción de Mcfly, "Love is easy". Hoy le doy toda la razón del mundo, el amor, cuando quiere, es fácil. Le escribo a Leo.
-¿Listo? :) 7:15
-Siempre, ¿y tú? 7:16
- Esperándote en la cama 7:17
- Ufff, nena, agradece que vives con tus padres: 7:18
- ¡Eres un malpensado! 7:19
-Y tú una provocadora nata. Nena, necesito que salgas de casa y que nos veamos en la tienda de la esquina 7:20
-¿Ya? 7:22
- Sí. ¿Has desayunado? 7:22
-No 7:23
-Perfecto. Venga, date prisa, ya casi he llegado 7:24
-Vale, vale, estoy saliendo por la puerta. Mi madre se ha enfadado porque no he desayunado, ¿tan importante es para que no me pueda tomar ni un café? 7:30
Estoy en la tienda de la esquina, donde la otra vez y Leo no está. ¡Dios! ¡Necesito un café! Y encima he olvidado coger el abrigo. Bueno, da igual, el jersey abriga lo suficiente siempre y cuando no deambulemos mucho por la calle. Las ocho menos veinte, ¿Dónde se habrá metido? Estoy a punto de llamarle cuando alguien me agarra por detrás y me tapa la boca ¿¡Quién es!? ¿¡Un pervertido!? Forcejeo para escapar pero, entonces, aspiro su aroma y sé quién es. Le muerdo en la mano y al apartarla, aprovecho que me suelta para alejarme.
-¡¡Leo!! ¿¡Cómo se te ocurre!? – le chillo. A pesar de darme cuenta de que era él, me he llevado un susto de muerte.
- Lo siento nena, era una broma – dice mientras ríe a carcajadas. Casi me hace olvidar el susto que me ha dado, pero no puedo dejar que se salga con la suya.
-Es tarde –intento sonar enfadada.
-Lo sé, perdona. Es que tengo una sorpresa para ti – sonríe.
-¿Más sorpresas? – enarco una ceja. Todo el día va a ser de sorpresas. No ha querido decirme absolutamente nada de lo que tiene planeado para nosotros en el día de hoy. Pero sea lo que sea, confío en él, no tengo miedo. Leo me observa con una sonrisa, creo que le encanta cuando le deslumbro con mi escepticismo, no puedo evitar devolverle la sonrisa y él a cambio me estrecha entre sus brazos.
-Te he echado de menos – susurra en mi oído.
-Yo también
- Yo también, ¿qué? – remarca.
-¿Qué? – me separo un poco ¿Qué le ocurre?
- Emma, decir "yo también" es tan...no sé, siento que no lo dices en serio, que solo me sigues la corriente – parece contrariado. No me había dado cuenta que una simple palabra puede sonar tan amarga.
-Leo, te he extrañado muchísimo – le digo en mi total sinceridad. Soy recompensada con una sonrisa de mi niño.
-Eso está mejor – sonríe con más ganas y se acerca para besarme en los labios. Estos momentos son mágicos.
Leo se separa más rápido de lo que hubiera deseado, coge mi mano y paseamos. No sé a dónde me lleva, pero estando con él, todo me da igual. Caminamos un rato, me lleva por una zona que no suelo frecuentar, aunque la verdad, no sé por qué. Las calles son muy amplias, con tiendas que no había visto antes. Vaya, la ciudad es grande, ¿pero tanto? No entiendo cómo he podido estar tan ciega. Caminamos y mientras Leo habla, no paro de mirar a todos lados como si fuera una turista. Creo que empiezo a recordar un poco esta zona, recuerdo que hace unos años había mucha delincuencia por aquí y por eso mamá me prohibió venir. Ahora parece que ya no es tan delictiva como antaño.
-Nena, esta es mi primera sorpresa – Leo me muestra una pequeña cafetería "Petit Café", tiene una pequeña terraza y del interior emana un delicioso aroma a café.
-¿Vamos a desayunar? – mi tripa ruge esperando que la respuesta sea si, aunque no puedo evitar avergonzarme un poco.
-Veo que tienes hambre, entonces podrás ponerte las botas. Aquí hacen los mejores churros de la ciudad – dice mientras me abre la puerta del café. Por dentro es más amplio de lo que se puede apreciar a primera vista. Hay varias mesas y sillas de mimbre colocadas por la sala. En una esquina, hay una escalera que lleva a la planta de arriba. Incluso hay un piano. Además, tienen un mostrador donde un chico bastante joven se encarga de la caja o del extenso surtido de dulces y bollería.
-Leo, este sitio es precioso.
-Me alegro de que te guste. Al decirme que no habías desayunado, pensé en traerte aquí. Así que, llamé a Nico para pedirle que nos reservara una mesa en el piso de arriba junto al ventanal. Es el mejor sitio porque da al patio de atrás de la dueña, donde tiene un jardín increíble. Pensé que te gustaría – está ligeramente sonrojado y no puedo evitar recompensarle con un breve beso.
-Bienvenidos al petit café, ¿puedo ayudarles? – dice alguien a nuestras espaldas. Al girarnos, veo que es el chico que estaba antes en el mostrador. Es un poco más alto que yo, tiene el pelo cobrizo, ojos claros y tez pálida, lleva un elegante uniforme de trabajo. No creo que sea mucho más mayor que yo, y es bastante mono, pero no puedo compararlo con Leo.
- Nico, soy yo. Te llamé antes para reservar este sitio.
- ¡Ostras Leo, no te había reconocido! Puedes subir, pero date prisa que dentro de poco vendrá la gente y os querrán quitar el sitio. Dime qué queréis y así, mientras subís os lo preparo – dice con una sonrisa.
-Emma, ¿Qué quieres? – me pregunta Leo. Dijo que hacían churros aquí, mmm churros con chocolate. En seguida recuerdo el juego que hizo Paula, la protagonista de "Canciones para Paula" con Ángel, en donde se vendaban los ojos y tenían que darle de comer al otro, pero ella hizo trampas para macharle. ¿Querría Leo hacer ese juego conmigo?
-¡Quiero churros con chocolate! - respondo super feliz. Sería muy divertido ver a Leo manchado de chocolate.
-Yo también quiero churros, pero tráeme mejor un café – le dice Leo a Nico.
Nico se aleja de nosotros para preparar nuestro desayuno, mientras Leo me coge de la mano para llevarme a la planta de arriba hasta nuestra mesa con vistas de ensueño. Leo no exageraba, el jardín es precioso, está claro que la dueña ama con locura la jardinería. Nos sentamos y Leo me observa con una sonrisa.
-¿Qué? – pregunto.
-Nada, estás muy guapa – se limita a decir.
-Menos mal que has decidido traerme aquí antes de tu gran sorpresa. Me muero de hambre.
- Espero que este desayuno compense mi comportamiento en la cena del sábado – no tiene por qué compensarme, pero me alegra saber que se dio cuenta de que su comportamiento no fue del todo correcto.
-Eso lo decidiré en cuanto pruebe los mejores churros de la ciudad – en cuanto termino de hablar, aparece Nico con nuestro desayuno, un gran plato de churros con mi chocolate y su café.
-¡Que aproveche! – Nico nos muestra una gran sonrisa y se marcha a la planta de abajo dejándonos solos, aunque en seguida se empieza a llenar.
-¿De qué conoces al camarero? Parece muy joven – le pregunto.
-Y lo es, tiene tres años más que tú. Era mi vecino cuando vivía con mis padres – dice y le da un sorbo a su café.
-¿Vives solo? – pregunto curiosa.
- Desde hace unos meses. No es un loft, pero es un piso bastante agradable – me dedica una sonrisa que no consigo descifrar. Entonces decido plantearle el juego.
-Leo, ¿quieres jugar a un juego?
-¿Qué?
-Un juego – insisto – verás, con las servilletas nos vendamos los ojos, ponemos mi chocolate en medio y tenemos que mojar un churro y dárselo de comer al otro. Gana el que manche menos al otro – Leo me mira escéptico, seguro que piensa que me he vuelto loca, pero me sorprende echándose a reír.
-Te diría que soy demasiado mayor para ese juego, pero la verdad es que parece divertido. Pero hoy no. Te prometo que jugaremos cuando vengas a mi piso – me guiña un ojo.
¿Qué? ¿Acaba de decirme que jugaremos cuando vaya a su piso? ¿Cómo hemos pasado de conocer al camarero a ir a su piso? Me estoy sonrojando cada vez más, no tengo miedo de estar con él, pero ir a su piso puede significar.... ¿por qué soy tan pudorosa sobre este tema ahora, si cuando me está besando me importa un comino? Las descargas de adrenalina cuando nuestros cuerpos entran en contacto tienen la respuesta.
-Leo, yo...- no sé qué decir.
-Emma, si te invito a mi piso es para estar contigo, no para hacer nada que tú no quieras. Me has propuesto un juego donde podemos acabar con chocolate hasta en el carné de identidad, por eso es mejor en mi piso, allí nos podríamos cambiar de ropa.
- Me encantaría ir a tu piso – le digo sin mirarlo. Observo mi taza de chocolate y noto como Leo alarga su brazo y me coge de la mano. Levanto la vista y me sonríe.
- Podrías venir el sábado, no sé a qué hora llegaremos de la fiesta, aunque con Naim no esperes llegar temprano. Pero solo si quieres, claro.
-Leo...yo, no sé...- ¿puedo fiarme de él? Claro que si, Leo siempre me ha dejado claro que nunca me obligará a nada que yo no quiera, pero ¿puedo fiarme de mí misma? Mis hormonas se apoderan de todos mis sentidos en cuanto tenemos el mínimo contacto.
-Dame una respuesta cuando estés lista – me dice sacándome de mis pensamientos. – Termínate el desayuno Emma, en breves nos tenemos que ir.
Asiento y terminamos el desayuno en un silencio agradable. Eso me deja cierto margen para pensar si estoy realmente preparada para ir a su piso. Es una tontería pero, para mí, eso es ir a otro nivel. También está el hecho de que nadie, excepto Ivana, sabe lo de la fiesta del sábado. A unas malas puedo preguntarle si puedo quedarme en su casa, pero no quiero abusar. También tengo a Alex para quedarme en su piso, pero tal vez no le parezca bien que vaya a ese tipo de fiestas. De todas formas, tengo que hablar con él. Supongo que el jueves podría ir a su piso y como tenemos examen de inglés al día siguiente, es la excusa perfecta para ir a verle sin que mamá diga nada.
Para no variar, Leo no me ha dejado pagar. Hemos discutido delante de Nico y cuando por fin estaba a punto de pagar, le ha cogido el dinero a Leo. Este me ha echado una mirada triunfal mientras que yo le he echado una asesina, primero a él y luego a Nico que se ha encogido de hombros como diciendo "a mí que me cuentas". Cogidos de la mano, vamos hasta el coche. Sigo enfurruñada porque nunca me deje pagar, me siento una mantenida, pero a Leo le parece divertido e intenta que mejore mi humor haciendo tonterías. Subimos al coche y Leo pone la radio, aunque ni si quiera la escucho, observo a Leo y pienso que me prometió una pregunta. ¿Qué debería preguntarle? Se me ocurren mil y una preguntas, no puedo elegir una sin más. Leo se desvía por la avenida, veo que estamos en la otra punta de la ciudad, ¿a dónde me lleva?
- Emma, mira, esta es mi sorpresa – dice señalando un edificio.
-¿Qué es? – pregunto mientras lucho con el cinturón para poder ver el enorme edificio que Leo me señala.
-Ese edificio es propiedad de la radio donde trabajo. - "Cadena Music Skyline" reza el enorme cartel que se alza en lo alto del edificio.
-¿Trabajas aquí? – no puedo evitar sorprenderme, esta radio es super popular. Su frecuencia casi es nacional, tiene otras empresas en distintos puntos del país y todo el que esté en ese mundo desea trabajar ahí.
-Sí, digamos que hago cuatro cosas, nada importante, - se limita a decir Leo. Salimos del coche y, cogidos de la mano, entramos en el enorme edificio.
El edificio es bastante grande, tanto por fuera como por dentro. Su decoración es excelente, no parece el típico edificio de oficina o lugar de trabajo. Todo lo contrario, sus espacios son abiertos con paredes blancas llenas de posters, cuadros originales, artículos sobre música o fotografías con los artistas invitados, no sé, son tantas las cosas... incluso frases motivadoras pintadas sobre la propia pared. Este lugar parece vivir en otro planeta, donde la zona de trabajo parece de todo menos eso. En la recepción, una chica con gafas, pelirroja y de pelo liso sonríe a Leo, y tras darle los buenos días, le dice que vaya a la décima planta donde un tal Carlos quiere que le ayude con no se qué. Vamos al ascensor y nos metemos sin decir nada, estamos solos.
-¿Ocurre algo? – dice Leo algo preocupado.
-¿Debería?
-No sé. Has estado tan callada desde que hemos entrado,... pensé que te gustaría saber donde trabajo
- No pasa nada, solo que...me siento un poco abrumada. Este sitio es fantástico, ¿cómo conseguiste trabajar aquí?
-Conozco al jefe – se limita a decir y se gira para ver en que planta estamos. Se abre el ascensor y nos encontramos con varias salas, de reuniones, de grabación, de archivos....pero todas tienen en común ese aspecto jovial que emana todo el edifico. Supongo que el jefe de Leo pensará que si el entorno es animado la gente rendirá mejor.
Entramos en una sala de grabación y un hombre de treinta y pocos está discutiendo con un ordenador. Lleva camisa, pantalones de pinza y corbata, creo que es lo más formal que he visto en todo el edificio. Leo se acerca hasta él.
- Carlos, ¿Qué ocurre? Ingrid me ha dicho que tenías problemas
- ¡Leo a buenas horas llegas! ¡Tenemos reunión en una hora! La nueva sección está pendiente y hoy viene ese grupo al que vamos a entrevistar. Debemos dejarles el estudio listo y la plataforma da problemas – está al borde del pánico. Parece que Leo tenía que haber llegado antes, sin embargo me ha llevado a desayunar, ¿Y si lo despiden por mi culpa?
-Tranqui Carlos, el jefe está fuera, si metemos la pata no se enterará. Mira, para la sección que se ocupen los de la planta 2, para la entrevista que se encarguen Alberto y Julián. Así que dile a Ingrid que los avise. Y sobre lo de la plataforma, dame el portátil que yo me ocupo – Leo le sigue dando órdenes concisas mientras teclea sin cesar en el portátil, solo se detiene para coger el móvil y hacer unas llamadas. Yo me limito a sentarme en una silla y ver como Leo hace todo el trabajo sin tan siquiera despeinarse y consigue terminar con todo antes de que empiece la reunión.
-Listo, ¿ves como no era para tanto? Ahora ve a la reunión y luego me cuentas – dice Leo mientras se levanta y viene a mí.
- Pe- pe-pero Leo, ¡no puedes hacer eso! ¡Tu padre se pondrá hecho una fiera! – dice Carlos nervioso
-Que me lo descuente de mi día de vacaciones – contesta Leo mientras me coge de la mano y me saca del estudio.
-¿Ese hombre acaba de decir "tu padre"? – no doy crédito.
-Si – se limita a decir mientras me dirige por el edificio.
-Espera, espera, espera. ¿Tu padre trabaja aquí? – mi curiosidad crece más y más.
- Bueno, más que trabajar... - parece que está cavilando su respuesta, o simplemente no sabe lo que hace su padre.
-Dijiste que conocías al jefe... - ay madre, que ya sé por dónde van los tiros.
- Mi padre es el jefe, vaya novedad ¿quieres ver mi estudio? – me cambia de tema.
-¡Tu padre es el jefe de la Cadena Music Skyline! – me quedo boquiabierta. Ahora entiendo eso de vivir solo, el coche y el que venga cuando le da la gana. - Si trabajas aquí y tu padre es el jefe, ¿por qué me dijiste que trabajabas en la radio local y en el negocio familiar?
-Porque es verdad. Mi padre es el fundador de esta empresa, yo quería formarme por mí mismo, sin su ayuda. Creciendo por mis propios medios, esforzándome para lograr todos mis objetivos. Y ya en lo más alto, mirar atrás y decir, esto lo hice yo. Por eso empecé a trabajar en la radio local, pero mi padre no paraba de insistir en que tenía talento y me viniera aquí con él. Al final accedí a venir por aquí de vez en cuando, pero seguiría trabajando para los otros. No era justo irme después de que ellos me ofrecieran la oportunidad. Aproveché el buen sueldo de mi padre y me independicé. Y ahora dime nena ¿piensas que soy el típico niño de papá?
-En absoluto – le sonrío. Siento que, ahora que me ha contado eso, le conozco más. Conectamos mejor y eso lo estamos consiguiendo porque confía en mí.
Leo me lleva a su estudio. Ahí es donde trabaja, no sólo para su padre, sino también con el grupo. La decoración es más básica, distinta al del resto del edificio. Hay varios posters del grupo, con sus bolos, portadas de otras maquetas, futuros proyectos, otros cantantes. Este espacio es muy del estilo de Leo, y me encanta. Aquí hacen "la magia" y donde terminarán de grabar la maqueta. Leo me ha enseñado algunas de sus canciones y son geniales, sobre todo pegadizas, sin el típico rollo comercial. Son auténticas y me gustan de verdad, a pesar de que nunca fui muy fan del rap. Hemos puesto algunas canciones y Leo las ha editado con la mesa de mezclas, sonando completamente distintas.
-Nena, ¿por qué no me cantas algo? Estamos solos, ...venga, puedo editártela y que suenes como una profesional – dice Leo.
- ¿Qué? Ni de broma, que vergüenza – no soy de cantar delante de la gente. Me encanta cantar, pero eso lo reservo para la soledad de mi habitación.
- Vamos Emm, por favor. Olvida tus miedos, déjalos todos atrás. No te hace ningún bien vivir con el miedo constante de hacer las cosas mal. Aprende a soltarte y verás lo maravilloso que es vivir – las palabras de Leo me dan valor para tomar mi decisión.
- Vale – digo mientras me levanto de la silla. – Recuerda que has sido tú el que me lo ha pedido, así que si canto mal te fastidias – le saco la lengua.
-Mi niña traviesa – dice Leo con una sonrisa. Lo ha dicho muy bajo, pero le he oído perfectamente.
Entro en la cabina y me coloco. Estoy nerviosa, ¿en serio voy a cantar en un estudio profesional? Nadie me va a escuchar salvo Leo, pero, siento un reguero de nervios en mi estómago.
-¿Qué canción vas a cantar? –oigo a Leo desde la otra sala. – En cuanto la sepas, dímela, la busco y te pones los cascos que hay ahí – señala unos enormes cascos que hay en una mesita.
-Vale – empiezo a pensar, una canción... una canción....ummm...vale, creo que ya la tengo.
Le indico a Leo la canción, la busca y mientras me pongo los cascos. Me da una señal y la canción empieza a sonar, espero unos segundos y empiezo a cantar. Me da mucha vergüenza y canto con los ojos cerrados, no me atrevo a abrirlos por si Leo se está riendo de mí. Pero, al no escuchar nada, decido abrirlos un poco y le veo que me observa con una amplia sonrisa, eso me anima a seguir. Me centro en la canción, observo como toca botones y a saber qué más en la mesa de mezclas,... está muy concentrado, lo que le da un aire muy sexy. Termino la canción y me quito los cascos. Estoy casi sin aire, la he cantado todo lo mejor que he podido, Leo entra en la cabina y me dedica otra de sus maravillosas sonrisas.
-Vaya, creo que es la mejor cover que he escuchado de Taylor Swift...."You belong with me" – me susurra con deleite.
- Solo lo dices para que no me sienta mal, la he cantado fatal – agacho la cabeza. Leo, me coge de la barbilla y me levanta la cara para que le vea.
-Lo has hecho genial nena, cantas muy bien, no te sientas avergonzada. Aunque lo hubieras hecho fatal, siéntete orgullosa de ti misma, porque has roto esa barrera a la que llamas miedo y que te impide cumplir tus sueños.
Sonrío, me pongo de puntillas y le beso en sus cálidos labios.
-Gracias – le susurro.
- Eres genial – me contesta. De pronto me agarra por los muslos y me levanta del suelo, pegándome a él con otro beso, me aferro a él con las piernas para no caer y le devuelvo el beso con todas mis ganas. Me encantan estos arranques tan salvajes que le dan.
Outfit de Emma


No hay comentarios:

Publicar un comentario