domingo, 29 de noviembre de 2015

Capitulo 15

 Damos por terminado el abrazo y nos miramos a los ojos. Nunca me canso de observar sus penetrantes ojos azules.
-¿A dónde quieres ir? – me pregunta Leo.
-A donde sea, mientras sea contigo – le contesto con una sonrisa.
-Yo que tu no decía esas cosas. Podría llevarte a mi piso y... - su mirada lasciva lo dice todo, así que le callo con un beso para que no pueda terminar la frase. Me aparto y Leo sonríe travieso.
- No paro de ir de una casa a otra, prefiero estar en la calle. Además, si te pasas conmigo, siempre podré echar a correr – bromeo.
-Nunca me propasaré contigo Emma. Jamás te obligaría a hacer algo que no quisieras hacer – dice muy serio.
-Lo siento, ha sido una broma de mal gusto, - le digo mirando al suelo avergonzada.
- La mía también, nena. – Leo me pone la mano en la barbilla, me la levanta para que le mire y me devuelve el beso, suave y rápido. – Vámonos antes de que tus padres decidan salir y te pillen con el delincuente que acosaba el otro día tu casa.
-Jajaja, tienes razón, no creo que tengan compasión de ti. Y mucho menos de mí, que les dije que iba al piso de Alex y después a ver a Ivana. Por cierto, te tomas muy a broma lo del acoso en mi casa, pero no me has contado todavía por qué lo hiciste.
-¿Ivana? ¿La rubita que sale con Aaron?
-No me cambies de tema.
-No te cambio de tema.
-Entonces ¿por qué no me respondes?
-Porque no quiero. Y vámonos ya – dice cogiendo mi mano y llevándome en dirección al centro.
- Ya te vale – le saco la lengua. - Y lo de Ivana es verdad, debo ir, tengo que hablar con ella del periódico.
-¿Y no lo puedes hacer mañana? De todas formas la verás en clase. Diviértete un poco y aprende a vivir en el ahora.
-No puedo vivir en el ahora, tengo un futuro que preparar – me defiendo.
-Eso es una chorrada. No puedes preparar el futuro, solo podrás labrarte un porvenir con los errores que cometas. En serio, Emma, vive el presente, porque todo lo demás es incierto.
-Pero...yo... - me molesta que se burle de mis planes de futuro, pero entonces recuerdo la película. - ¿Has visto el club de los cinco?
-¿Qué? Emma, ¿Cómo puedes cambiar tan rápido de un tema a otro?
-Tengo a un gran maestro justo enfrente. Ahora, responde.
-Pues no, no la he visto. ¿Por qué?
-Porque...quería que la viéramos juntos...si quieres – me sonrojo al decírselo.
-¿De verdad? –parece sorprendido.
-Sí – agacho la cabeza.
-Vale, yo no la tengo, pero se la puedo pedir a alguien.
-Eso sería genial – le sonrío.
Leo da un pequeño tirón de mi brazo y me pega a él, pasándome el brazo por los hombros.
-Es tarde y hace frío – dice evitando mi mirada. Sonrío con todas mi ganas y me aferro a él también.
Paseamos por las calles iluminadas de la ciudad, miramos escaparates y hablamos de varios temas, aunque sin profundizar mucho en lo personal. Es todavía pronto para eso. Me acaba de contar de la vez que casi le detienen en Francia porque tuvo una bronca con un policía y no dejo de reír hasta que, de pronto, veo algo que me hace enmudecer. ¡Oh no, Colette! ¡Acabo de ver a Colette! Ella no puede verme desde donde estoy, pero yo si la veo a ella. ¡No! como sigamos avanzado nos acabará viendo y no pienso dejarle que me estropeé la cita. He de hacer algo, debemos irnos, y rápido.
-Leo, ¿podemos darnos la vuelta? - intento buscar una excusa - De verdad que tengo que ir a casa de Ivana.
-¿Ocurre algo malo? Te estabas riendo y de pronto te has puesto blanca – dice Leo con preocupación. No puedo decirle que acabo de ver a su ex, eso nunca.
-No, no es eso. De verdad, vamos a casa de Ivana, por favor – le digo suplicante.
-Bueno, vale – suspira, parece disgustado. Sé que no le hace gracia que me vaya con Ivana después de lo bien que lo estamos pasando, pero no pienso consentir que Colette me arruine la cita.
Damos la vuelta y nos dirigimos a casa de Ivana que, para mi desgracia, está cerca. Tendré que despedirme de Leo antes de lo que deseaba. Ahora no puedo echarme atrás y decirle que ahora no quiero ir, aunque podría decirle la verdad y seguir con él, pero ¿y si se lo digo y se enfada? Siempre que sale Colette en la conversación cambia su humor, no quiero arriesgarme. Estamos frente a la casa de Ivana y Leo la mira con mala cara, a veces tiene un comportamiento algo infantil, pero me encanta esa faceta.
-Ya estamos aquí – le digo.
-¿De verdad es tan importante el periódico? – protesta.
-Sí, debe estar listo antes del viernes para su publicación.
-Si es para antes del viernes, puedes hacerlo durante la semana – señala.
-Leo es mucho más que eso, debe estar todo correcto, no puedo permitirme un error. Además, tengo dos exámenes esta semana, se acerca la navidad – le replico.
- Pufff – suspira. - No puedo hacer nada para que te quedes conmigo ¿no? – dice mientras me pega a él y puedo inhalar su colonia. Mmmmm me encanta.
-N-n-no – intento decir, pero cuesta concentrarse cuando me deja un reguero de besos desde el cuello hasta la oreja.
-Venga...nena...quédate... conmigo...me...deseas...igual que...yo...a...ti...- dice entre beso y beso.
-Leo...yo... - ahogo un jadeo. Una parte de mí, quiere que pare. Alguien nos puede ver, Ivana o alguno de sus hermanos, pero por otra parte, la irresponsable, quiere que siga.
-Sí mamá, no tardaré – escucho dentro de la casa de Ivana. ¡Joder, es Sam! Debemos escondernos antes de que nos vea. Me separo de Leo, le cojo de la mano y le arrastro hasta la esquina para que no nos vea. Sam sale a los pocos minutos por la puerta. Es igual que su hermana, solo cambia el que sea un chico y sea dos años mayor. Va en chándal y lleva la bolsa de deporte, parece que va a su partido de los domingos con los colegas.
-¿Por qué nos escondemos? ¿Quién es? – pregunta Leo.
-Es Sam, uno de los hermanos mayores de Ivana, si nos llega a ver, la hubiéramos liado, y mucho – le susurro.
-¿Uno de los mayores? ¿Cuántos hermanos tiene? ¿Qué hubiera pasado si nos hubiera visto?
-Vaya, vaya, ¿ahora quién hace mil preguntas? – le digo irónica.
-Touché – me dedica una sonrisa.
- Ivana tiene cuatro hermanos. Dos varones mayores, Adrián y Sam, al que acabamos de ver. Es un cotilla y si nos llega a ver, fijo que mañana todo el mundo sabe lo nuestro. Luego va ella y las dos pequeñas, Sonia y Sara.
- Tampoco es que sea un secreto que tu y yo...-no termina la frase, pero sé lo que quiere decir.
-Lo sé, pero no me gusta que la gente hable de mi vida personal. Ahora en serio, vete. Ya hablaremos lo del sábado.
-Vale, - dice resignado. Me pega a él y me besa, no puedo evitar cerrar los ojos y disfrutar del beso que me ofrece. Nunca me canso de sus besos, me embriagan de tal manera que me hacen rozar lo más alto del cielo. Siento que son besos de otro planeta, y ahora, son solo míos.
-Te escribiré durante la semana, nena – sonríe con dulzura.
-Yo también lo haré...hasta luego – me aferro más a su cuerpo, no quiero dejarle ir
-Hasta luego, - me guiña un ojo y se va. Observo como poco a poco se aleja y entonces me odio por haberlo alejado de mí, pero también odio a Colette por aparecer.
Salgo de mis ensoñaciones y me dirijo a la puerta. Toco al timbre y espero.
-¿Quién es? – me dice una voz infantil, debe ser Sara.
-Soy Emma. Sara, ¿me abres?
-¡Emma, Emma! – grita. Abre la puerta y corre para abrazarme. Sara solo tiene siete años y es la niña más adorable del mundo. Sonia aparece y viene también a abrazarme, ella tiene ocho y ambas son Ivana en miniatura. No he visto hermanos que se parezcan tanto.
-Sara, Sonia, ¿Dónde está vuestra hermana? – les pregunto cuando dejan de abrazarme.
-En su cuarto, vamos a avisarla – dice Sonia. Las pequeñas me cogen de la mano y me llevan a la habitación de Ivana, que está hablando por el móvil. Va a regañar a las pequeñas por entrar sin permiso, pero sonríe al verme y no dice nada. Nos hace un gesto con la mano, le dice al del teléfono que luego lo llamará y cuelga.
-Emma, ¿cómo tú por aquí? – dice mientras se sienta en la cama. Su habitación, allá a donde mires, tiene algo friki. Desde su calendario de Star Wars en su escritorio, hasta el poster de Harry Potter que tiene en su armario.
-Tenía que comentarte algo del periódico. Por cierto, he visto a Sam salir, ¿hoy también tiene partido?
-Como cada domingo, este no se cansa de la pachanguita con los colegas – se ríe. – Deberíamos unirnos un día, hace mucho que no jugamos, y Alex podría venir.
-Dejé el fútbol hace mucho...-suspiro. La última vez que jugué, fue el mismo día que "corté" por así decirlo, con Sebas. No volví a jugar desde entonces.
-Si no te convenzo yo, quizás lo haga otra persona – arquea las cejas. -Pequeñas, necesito hablar con Emma, ¿podéis dejarnos solas? – las niñas hacen pucheros para quedarse, pero después de varias promesas, nos dejan solas.
-Emm, dejando a un lado el tema del fútbol, ¿puedo preguntarte como te va con Leo? – Ivana me ha pillado por sorpresa y casi me atraganto con mi propia saliva.
-¿Cuánto sabes? – le preguntó.
-Lo suficiente como para saber que el sábado vas a la fiesta en la casa de los estudiantes.
Le resumo todo lo acontecido, desde la fiesta de Daniela, hasta este sábado. No es justo que solo lo sepa Dani, somos amigas, y estas cosas deberíamos de contárnoslas. También se lo tendría que decir a Martina, creo que estaría bien organizar una fiesta pijama y hablarlo todas juntas.
-Emma, es fantástico, me alegro mucho por ti. Por si quieres saberlo, Aarón y yo hemos empezado a salir – se sonroja. - Me lo pidió al día siguiente del cumpleaños de Daniela. Estaba hablando con él cuando has entrado con las peques – Ivana sonríe con todas sus ganas. Está claro que quiere muchísimo a Aaron.
-Felicidades Ivi, Aaron es un chico fantástico, se nota que os queréis un montón – nos abrazamos con todas nuestras fuerzas, felices por las buenas noticias.
Dejamos el tema chicos a un lado y nos centramos en el periódico. Después de darle muchísimas vueltas, conseguimos dejarlo listo y le comento lo de la fiesta pijama con Daniela y Martina. Le parece bien, y de paso podremos decirles a ambas las buenas nuevas. La haremos el viernes, porque el sábado está la fiesta, aún no sé cómo me las arreglaré para ir, pero ya pensaré en algo. Me voy de casa de Ivana muy tarde, su madre quería que me quedara a cenar, pero me da apuro porque ellos son muchos, además, llevo todo el fin de semana fuera. Cuando llego a casa, mamá me regaña un poco, pero no me importa, ceno rápido y subo a mi cuarto para dejar las cosas listas para mañana.
Suena el móvil.
Nuevo mensaje de Leo 11:45
-¿Me agregas al facebook?
-¿Para qué? 11:45
-Quiero tenerte, además de poder ver fotos tuyas cuando no estemos juntos 11:46
- Tu solo pon Emma Ortega y te saldré la primera 11:47 – si me agrega podré cotillearle yo también.
- Listo, ya te tengo ;) 11:55
- Emma, ¿sigues ahí? 12:19
Suena el móvil. Me despierto desorientada, cojo rápidamente el móvil para que no siga sonando.
-¿Q-q-qué? ¿Q- Quién? – digo desorientada.
-Emma, ¿ocurre algo? – escucho a Leo decir a través del teléfono.
-¿Qué debería pasar? – no me ubico aún. Recuerdo que estábamos hablando del facebook y luego... ¿me dormí?
- No me contestabas...pensaba que te habías enfadado... - me susurra.
-Creo que me dormí... ¿es algo importante? –podía haberme dejado dormir, la verdad.
-¿Cuándo tienes los exámenes? – suelta de pronto
-¿Qué?
-Ya me has oído, no me hagas repetirlo.
-Pues...ummm...- ¿por qué demonios me pregunta eso ahora? Me estoy empezando a espabilar –El jueves y el viernes, ¿por?
-¿Serías capaz de hacer novillos y venirte conmigo el martes?
-¿¡Qué!? ¿¡Estás loco!? – Leo está fatal, ¿cómo me voy a saltar una clase teniendo exámenes esa semana? Aunque me siento escandalizada, mi mini yo interno está que no cabe de gozo. He faltado dos veces por su culpa, me van a amonestar como siga así.
-Nena por favor, lo pasaremos bien. Yo faltaba cada dos por tres y me va bien en la vida – se ríe.
-Yo....no debo...-intento poner una excusa coherente, pero, ahora mismo todas me parecen absurdas.
-Si vienes, responderé a la pregunta que quieras – me dice muy serio.
-Voy – digo sin pensar. ¡Mierda! La curiosidad ha podido conmigo y él ha sabido cómo utilizarla en mi contra.
-Lo pasaremos bien y prometo traerte a casa a la hora de comer para que tus padres no te regañen.
-Que detalle.
-Soy así.
-Mañana tengo clase y me has interrumpido el sueño. Nos vemos el martes –le digo mientras ahogo un bostezo.
-Hasta el martes...descansa nena - y cuelga.
No me puedo creer que haya hecho eso. ¡Acabo de quedar con Leo en horario escolar! Pero volveré a verle. Sonrió como una tonta al móvil y caigo rápido en los brazos de Morfeo. En mis sueños solo veo unos ojos azules que me miran con cariño, oigo una risa cálida y siento unos brazos que me acunan en su ser.
****
¡Me he dormido! Anoche, después de hablar con Leo, me dormí en seguida y para colmo mi despertador ha decidido no sonar. ¡Estúpido montón de chatarra! Corro todo lo que puedo, ya estoy muy cerca del instituto y no puedo ceder al flato. Ya estoy casi, ¡Lo conseguí! Entro a la clase y veo que el profesor no está, menos mal. Ocupo mi sitio, al lado de Alex, sin aire.
-Menuda carrerita Emma, ¿Qué ha pasado? – pregunta Alex. Las chicas me observan igual de sorprendidas que él.
- Me...dormí...- intento decir sin aire. ¿Por qué siento que últimamente mi vida es una carrera?
- Respira chica, te vas a ahogar – me aconseja Martina.
- Ivana nos ha contado tu idea de la fiesta pijama – dice Dani. – El problema es que esta vez no podrá ser en mi casa, Austin estará en casa y seguro que llama a algún amigo.
- Pensé que podíamos hacerla en mi casa, pero las pequeñas no nos dejaran tranquilas – comenta Ivana.
- Podríais veniros a mi casa – salta Alex.
-¿Qué? Ni hablar. Alex, vamos a hablar de chicos y de temas femeninos. No pintas nada en la fiesta pijama – le recrimino.
-Oye, oye, tranqui, que todavía no se me ha ido la cabeza. Recuerda, soy un tío, tu colega, no tu amigo gay. Te he ofrecido mi apartamento, yo no me incluyo en el lote. He quedado con unos amigos del barrio que no veía desde que me mudé y pasaré la noche fuera. Y aunque es tentador estar con cuatro chicas en mi apartamento, tengo novia – me recuerda Alex.
-Podéis venir a mi casa. Los gemelos están fuera y no vendrán hasta navidad. Además, mis padres se van a casa de mi tía, quería que me fuera con ellos, pero conseguí convencerles – Martina nos sonríe cómplices, le encanta tener la casa a su libre albedrío.
-¡De acuerdo entonces! –decimos las demás al unísono.
Al final el profe de latín ha faltado y pasamos el resto de la clase hablando de la fiesta pijama. El resto del día también transcurre tranquilo, por lo que solo he pensado en mi cita de mañana. Se lo he contado a las chicas y a Alex para que me cubran, ya les he prometido que el viernes les contaré con todo detalle mis andanzas por villa amor.
Emma e Ivana

No hay comentarios:

Publicar un comentario