domingo, 22 de noviembre de 2015

Capitulo 14

Caminamos un poco más y Leo se mete en un callejón, me apoya contra la pared y me suelta. Se pasea un poco y vuelve a fijar su vista en mí. Está muy enfadado y no me atrevo a hacer o decir nada. Me tiemblan las piernas al recordar que estuve en una situación similar con Sebas. Pero no, no es el momento, así que intento quitarme ese recuerdo de la cabeza. No he hecho nada malo, Leo no es nadie para decir que debo o no hacer, y encima se avergüenza de mí, la que debería estar enfadada soy yo, no él.
-Leo, yo...
-¡No, Emma! ¿Eso qué ha sido? Explícame por qué has dicho que vas a ir a la fiesta. – Me dice en un tono que intenta sonar tranquilo, pero no lo consigue.
-¿Y por qué no? ¿Quién te ha mandado verdugo, juez y jurado de mi vida? Leo no tienes ningún derecho a decir lo que debo o no hacer. Nadie, repito, nadie, decide por mí. No tienes ningún motivo para estar enfadado. Yo por el contrario, tengo mucho por lo que mandarte a la mierda. Ya no solo por el hecho de que quieras decidir por mí y de que me hayas tenido asustada e intimidada con esa actitud el resto de la cena. ¡También está el hecho de que te avergüenzas de mí! – las últimas palabras casi que se las he gritado, no sé de donde he sacado el valor, pero agradezco que haya sido así. No puedo simplemente hacer lo que él quiere.
Leo se echa un paso atrás, sus ojos están muy abiertos y muestran gran sorpresa. Está confundido y no se lo reprocho, hace un momento estaba temblando y de pronto le echo en cara cuatro verdades bien dichas. Poco a poco se recompone, mira al suelo, o a cualquier otro sitio que no sea yo. Parece que se le ha quitado el enfado, y ahora se muestra desconcertado.
-No hago más que fastidiarla contigo – exhala. – Emma, lo siento, no quiero asustarte ni que tiembles cuando estés conmigo. Te lo he hecho demasiadas veces en lo poco que nos conocemos, y no quiero que esto sea siempre así. – Se acerca a mí, hasta quedar a pocos centímetros, lo que provoca que, a pesar de llevar tacones, tenga que levantar un poco la cabeza para verle.
-¿Por qué te avergüenzas de mi? ¿No soy suficiente para ti? – mi voz suena apagada.
-No, Emma, por favor, no digas eso – dice. -Lo último que haría sería avergonzarme de ti,... pero después de lo de... ya sabes. No quiero que mis amigos me agobien con que tengo nueva "lo que sea".
-¿Novia? – le digo en un intento de vislumbrar lo que es nuestra relación.
-Emma, ser novios o algo más, mucho más de lo que hacemos tú y yo, que solo sabemos discutir. Si la vida me ha enseñado algo es, que debemos arriesgarnos por nuestros sueños y luchar hasta el final, pero sobre todo, que las cosas más maravillosas de la vida no tienen por qué ser etiquetadas. ¿Por qué quererse debe ser etiquetado como algo? ¿Solo porque creas que quieras a alguien debes etiquetarlo de novio? El amor va y viene, nunca sabes si mañana estará ahí. Imagina que tienes una botella y la etiqueta pone "amor", ¿y si la botella es demasiado pequeña para todo ese amor, o por el contrario, es demasiado grande para tan poco amor? En todo caso, cuando te quieres dar cuenta, o el recipiente se ha desbordado por dar más amor a algo que no tenía tanta capacidad para amar, o por el contrario, falta mucho amor para llenar ese recipiente vacio. Lo que quiero decir Emma es, que no podemos etiquetarnos de esa manera, no por ahora... -su mirada es intensa, pero refleja miedo ante mi reacción.
No tengo palabras, igual que aquella vez. Leo siempre sabe qué decir, tiene las palabras exactas para cada momento, y esta vez, no es una excepción. Sé que no lo pasó bien y que es normal que tenga dudas y no seré yo quien etiquete nuestros sentimientos. Aún no estamos seguros del rumbo que tomaremos y no quiero obligarle a nada que no quiera. Me acerco y le beso breve, pero dulcemente en los labios. Leo me responde, dulce, no salvaje, como en las veces anteriores. Y aquí, estamos, no somos novios, tampoco amantes, ni siquiera éramos amigos antes de que todo esto empezara, pero somos una parte muy importante para el otro, o al menos Leo lo es para mí.
****
Son las doce y media, y Leo me lleva a casa. Conduce tranquilo, tiene su mano apoyada en mi rodilla. A veces, me la acaricia y sube un poco, pero la baja rápidamente. Me encanta que tengamos este mínimo contacto. Hace que sienta que todo va bien. Escuchamos a Rihanna cantar "We found love" y no puedo evitar sonreír con el estribillo, "hemos encontrado amor en un lugar sin esperanza". En un primer momento, me siento identificada, nunca pensé que encontraría amor en esta situación, aunque no sé si siento verdadero amor por Leo. Ambos sentimos atracción por el otro, y aunque Leo me ha dejado claro que yo le interesaba en el pasado, yo aún no tengo claro mis sentimientos hacia él. Cuando me quiero dar cuenta, estamos ya en casa de mi hermana.
-Hemos llegado – dice Leo mientras se desabrocha el cinturón y se gira para verme mejor.
-Eso parece...Leo, gracias por esta noche. Me lo he pasado muy bien, - le sonrió. Es cierto, quitando su pequeño berrinche, lo he pasado genial.
-Ha sido un placer, yo también lo he pasado muy bien – sonríe.
- Leo, por favor, piensa en lo del sábado que viene, quiero ir. Me da igual que me presentes como una amiga, pero de verdad, quiero ir, no por la fiesta, sino para que me demuestres que de verdad no te avergüenzas de mi.
-¿Tan importante es para ti esa fiesta? – dice en voz baja.
-No es que sea importante, es solo que...creo que yo también quiero conocerte mejor – le respondo casi susurrando, pero Leo me ha escuchado y sus ojos se han iluminado. Me quita el cinturón y, cogiéndome por sorpresa, me agarra con suavidad y me coloca a horcajadas encima de él, ahogo un grito como la última vez que me hizo eso. Me apoya contra su cuerpo y me abraza.
-Emma... ¿por qué has cambiado de opinión? ¿Por qué me estás dando estas oportunidades? – me susurra al oído.
-No lo sé...solo sé que quiero hacer esto. Ya perdí la oportunidad una vez....no quiero que se vuelva a repetir... yo...yo... - no consigo acabar, Leo me ha levantado la cara, sus preciosos ojos azules me miran llenos de ternura y me besa. Le devuelvo el beso, y nuestras lenguas juegan traviesas a través de nuestras bocas. Sus manos descansan en mis caderas, las mías siguen en su pecho, pero poco a poco las voy subiendo hasta su cuello. Con la izquierda le acaricio el pelo, Leo ríe en mi boca, y juro que es el sonido más maravilloso que haya oído en la vida. Nuestros besos apenas se interrumpen entre ellos, solo se oye nuestra respiración acelerada, los gemidos que escapaban de nuestras bocas al morder el labio del otro o al tirarle a Leo del pelo. A él le encanta que se lo haga, y yo disfruto enredando mis dedos entre su cabello. Nuestros cuerpos...mi cuerpo...todo es pasión, adrenalina... igual que la última vez...su excitación es claramente notable y yo me dejo llevar, moviendo mis caderas sensualmente hacia él.
-Mmm...Emma... - jadea Leo en mi boca.
-Mmmm, - es lo único que soy capaz de responder, no tengo tiempo para hablar. No sé cómo no me había dado cuenta de lo maravilloso que es besarse, ¿o será que no son los besos, sino Leo a lo que me estoy volviendo adicta? Ni de lejos Sebas me hacía sentir así. En todo caso, me da igual, solo quiero centrarme en Leo.
-Emma...en serio....creo que deberíamos parar....- intenta decir Leo, pero yo no quiero parar. ¿Desde cuándo me he vuelto tan insaciable con sus besos?
-Mmmm, no quiero...ahhh – jadeo. Me pide que pare mientras me muerde el cuello,... creo que no sabe ni lo que quiere.
-Lo digo en serio... deberíamos parar...ese vestido tuyo tiene una tela muy fina....me está volviendo loco que tengas las medias....me tienes muy cachondo nena... - tan pronto como dice eso, mi llama interna se aviva aún más. Solo Alex y Sebas me han dicho "nena" pero que lo haga él me pone a cien. Le beso en el cuello y después succiono, dejándole así un chupetón. Nunca antes lo había hecho, ha sido la emoción del momento.
De repente suena el móvil de Leo y ambos damos un brinco en el sitio. Nos miramos, estamos sobresaltados, jadeantes, y con ganas de más, pero el maldito teléfono nos ha interrumpido.
- ¿No vas a cogerlo? – le pregunto mientras vuelvo a mi sitio y me arreglo un poco el vestido.
-Ehh, si, debería cogerlo, - se saca el móvil de bolsillo y acepta la llamada. -¿Qué quieres? Un poco, la verdad, no da igual, dime....aja, si, si...si, iremos los dos – se gira y me mira con una media sonrisa, sus pupilas están dilatadas y sus mejillas sonrosadas. Creo que debo estar igual, tengo demasiado calor para estar en la fecha que estamos. – Si, vale, voy para allá. Pero tío, la próxima vez manda un watsapp. Nos vemos.
-¿Te vas? – pregunto tontamente. ¿Quién le habrá llamado? ¡Cómo haya sido la camarera esa, ughh! ¡La odio!
- En realidad, tendría que haberme ido hace más de un cuarto de hora, solo que me he retrasado con el postre, - me guiña un ojo. Su comentario hace que me ruborice y suelta una pequeña risotada.
- Eres tonto – le digo sonriendo.
- Lo sé. Ahora en serio, he quedado con Naim y debo irme.
-¿Naim? Ah, el chico del mexicano, me cae bien –digo aliviada. Me alegra que no sea la señorita ojazos, por otra parte, me gustaría acompañarle para ver otra vez al semidiós.
- Me alegra saberlo, es un gran amigo, así que le verás mucho. – sale del coche, da la vuelta y me abre la puerta.
- Ponte la chaqueta Emma – me dice en cuanto salgo del coche.
-Estoy al lado de casa, no la necesito – todavía tengo calor después del "postre".
-No quiero que te resfríes, así que póntela – dice mientras me pasa la chaqueta por encima de los hombros.
-Gracias – le digo mientras sujeto ambos extremos de la chaqueta con una mano. Ambos nos miramos, felices. Por primera vez, creo que esto puede funcionar.
-Nos veremos – me dice Leo y me besa en la frente.
-¿Cuándo? – pregunto. Lo he pasado muy bien y, por alguna extraña razón, ahora no quiero separarme de él.
- Tienes mi número, siempre que quieras verme, llámame e iré en tu busca. – me muestra una gran sonrisa y eso me basta para ponerme de puntillas y besarle en los labios, dulce y casto. Me separo rápido antes de que mis hormonas me hagan saltar sobre él.
-Mañana volveré por la tarde temprano....podríamos quedar un rato...si quieres.
-Llámame cuando hayas llegado y concretamos, - se agacha, me devuelve el beso y se acerca al coche, no sin antes decirme – será mejor que me vaya ya, otro beso más y te meto de nuevo en el coche. Hasta mañana, nena – se mete en el coche y tras hacerme un gesto de despedida, se va.
-Hasta mañana Leo...- digo mientras se va. Estoy colorada, "otro beso más y te meto de nuevo en el coche" no deja de sonar en mi cabeza, lo que estábamos haciendo hace que me abrume más. Intento tranquilizarme y entro en casa de África.
****
Es por la mañana y estoy de un humor excelente. No dormía tan bien desde antes de que Leo entráse en mi vida y me provocara esas noches de insomnio que ocupaba estudiando. Esto es nuevo, es genial y lo mejor es que, por una vez, me pasa a mí. Afri me regañó en cuanto entré porque no la había avisado. Y cuando conseguí librarme de ella, Alex me esperaba en mi cuarto para que le contara como me fue la cita. Les dije a ambos un resumen rápido y con pocos detalles. No quiero que sepan lo de la fiesta del sábado o lo del callejón, y mucho menos lo del coche.
-Tierra llamando a Emma, responda, abandone el planeta en el que se haya asentado y vuelva con nosotros, cambio – dice Fran a mi lado. Doy un pequeño brinco. No recuerdo que estuviera a mi lado. Cuando llegué no había nadie, aunque, ahora que me fijo, están todos aquí. Me he pasado un buen rato sonriéndole a la taza, ya fría de café.
-¿Qué quieres Fran?
-Iba a preguntarte cómo te fue la noche, pero, a juzgar por la cara de empanada, diría que alguien lo pasó muuuy bien anoche - me arquea las cejas de manera sugerente.
-¡No! Es decir...- me he puesto roja de la vergüenza. Acaba de plantearme una moral con arma de doble filo. Si respondo que sí, pensará mal, y creerá que soy una chica ligera de cascos. Por el contrario, si respondo que no, pensará que, además de ser todavía una cría, solo pienso en sexo.
-Vaya, vaya con mi cuñadita... ¡au! – exclama Fran.
-Deja a Emma en paz, no tiene por qué contarte nada. Se lo pasó bien y punto – África ha salido en mi defensa, dándole a su novio un golpe con el periódico. Cosa que le agradezco y le hago saber con mi mirada. Ella me guiña un ojo y me quita el café para calentármelo.
El resto de la mañana transcurre tranquila. Después de desayunar, los cuatro nos vamos a dar un paseo aprovechando el buen día, Fran quiso despedirnos por todo lo alto y nos invitó a comer al bar de un amigo suyo. Tuvimos un almuerzo muy animado y la comida era exquisita, está bien comer en un bar en vez de un Mc Donald o cualquier restaurante internacional. Regresamos a casa a eso de las cinco de la tarde, terminamos nuestras maletas y esperamos a papá viendo una peli. Está vez, eligieron los chicos, y vimos "El club de los cinco", adoro esa peli. ¿La habrá visto Leo? Podría comentárselo y verla juntos. Papá llegó justo cuando terminó la peli, vaya, son más de las seis y medía, al final no voy a llegar tan temprano a casa. Espero poder quedar con Leo de todas formas.
-Chicos, ¿estáis listos? – nos dice papá al lado del coche.
-Sí - decimos Alex y yo al unísono. Nos despedimos de África y Fran y nos metemos en el coche.
-Papá no hacía falta, Fran podría haberlos llevado a casa – dice África.
-No pasa nada, además, así tengo una excusa para ver a mi niña, - le dice mientras la abraza. Mis padres echan mucho de menos a África y eso que se fue solo hace seis meses.
-Papá....Fran y yo hemos pensando, bueno, yo he pensado que...el fin de semana que viene, ¿podríamos ir a casa? Os queremos comentar una cosilla, por favor, no pongas esa cara, no es tan importante.
-Sois bien recibidos en casa hija, no necesitáis mi permiso para venir. Pero sea lo que sea, estamos aquí para lo que necesitéis. Ahora estoy aquí – dice papá sonriendo.
-Ricardo, preferimos hablarlo cuando Alicia también esté delante. No es nada del otro mundo, es solo algo para comentar con la familia.
-Como queráis. Hasta luego chicos – papá se despide de mi hermana y mi cuñado y nos lleva a casa. Alex habla con papá del partido que vio con Fran el sábado, mientras yo cojo mi móvil con la esperanza de tener noticias de Leo. Entonces, veo que tengo un watsapp de él. Casi se me cae el móvil, me ha dado un vuelco el corazón. ¡Me ha escrito! ¿Cuándo? Lo abro rápidamente, necesito saber que me ha dicho.
Nuevo mensaje de Leo a las 12:00
-Buenos días nena ¿Hoy también te has levantado tarde?
-No, hoy me he levantado pronto, era mi último día con mi hermana y quería aprovecharlo :) 18:45
-Me alegro, ¿lo has pasado bien? 18:47
-Mucho, mi padre nos lleva a Alex y a mí a casa ya, ¿podemos vernos o es muy tarde? 18:48
Mientras espero su respuesta, cojo los cascos y pongo en mi reproductor a Ariana Grande, "Break Free", no me gusta mucho esta cantante, pero adoro esa canción.
-Nunca es tarde para verte. 18:57
-¿Cuándo llegue a casa te aviso? 18:58
-Vale, ¿podrías ponerte el vestido del sábado? 18:59
-¡Ni hablar! Hace un frío que pela, cuando me duche decidiré que ponerme 19:02
-Ducharnos juntos suena muy tentador, ¿sabías? 19:06
-¡Eres un pervertido! 19:10
-Tú me has provocado hablando de una ducha. Deberías tener cuidado cuando hablas con un chico y no soltar ese tipo de comentarios a la ligera 19:17
-¿Te ha molestado mi comentario? :( 19:23
-No...solo excitado. De ahí que tengas cuidado 19:27
-Acabo de entrar a mi habitación, y necesito concentrarme para arreglarme, ¿quedamos en veinte minutos? 19:30
-Te esperaré en la tienda que hace esquina, no quiero arriesgarme a que tu madre llame a la policía, nos vemos 19:31
- No quiero visitarte a la cárcel, así que vale. Hasta ahora :) 19:32
Dejo el móvil en la cama y corro a abrir el armario. He quedado en menos de veinte minutos con Leo y no sé que ponerme. El pelo lo tengo bien, me maquillaré un poco, aunque sea la raya. Y de ropa... ¿Qué me pongo? ¿Qué le voy a decir a mama? En cuanto he entrado he venido directa sin hablar con nadie, y después de pasar el fin de semana fuera, me vuelvo a ir. Menuda hija soy. Me doy una ducha rápida y, todavía envuelta en la toalla, corro por el pasillo hacía mi cuarto. Alex me ve y entra en la habitación conmigo.
-Emma, ¿Qué haces? ¿Vas a algún sitio? – se ha sentado en la cama. Tiene las mejillas sonrosadas y mira al suelo, creo que para no verme semidesnuda.
-Yo...he quedado con Leo...ahora, dentro de unos minutos y quiero verle – le digo, cuando veo que sigue mirando al suelo, decido girarme otra vez y mirar en el armario.
-¿Cuando habéis quedado?
-Ahora, hemos estado hablando por whatsapp.
-Por eso has estado sin hablar todo el camino.
-Exacto, es importante para mí. Así que necesito que me ayudes. Diré que me voy un rato a tu piso, total, tenías pensado irte ¿no? Date la vuelta, me voy a vestir.
-¿Espera, qué? – dice mirándome ahora directamente.
-¡Oye! Te he dicho que me voy a vestir, date la vuelta o lárgate, ¡no seas mirón! – le digo mientras me tapo con la toalla que había empezado a desenrollarme.
-Perdona, perdona. Ha sido sin querer – dice mientras se gira. Ahora que sé que no mira, me quito la toalla, me pongo la ropa interior y busco en mi armario. Saco unos jeans del armario, me pongo mis vans color granate y una sudadera gris. Le digo a Alex que ya puede darse la vuelta. Me voy al espejo y me hago una trenza de espiga algo despeinada por las prisas. De paso me hago la raya del ojo y retoco alguna imperfección. ¡Ya casi es la hora! Cojo mi mochila negra y meto las cuatro típicas cosas que metemos las chicas en el bolso. Cojo el móvil y le envío un mensaje a Leo.
-Leo, ya estoy lista, voy a salir :) 19:52
-Te espero 19:52
Le meto prisa a Alex, que ha aprovechado para coger mis apuntes a cambio de su ayuda y bajamos rápidamente las escaleras.
-Niños, ¿A dónde vais? -pregunta mamá.
-Nos vamos a casa de Alex. Necesita que le ayude a ponerse al día con el instituto y tiene las cosas en su piso. Además, he de ir a casa de Ivana después. Tengo que pedirle que me ayude con un tema del periódico. Adiós mamá, ¡te quiero!
Salimos Alex y yo antes de que mamá haga alguna pregunta más, y nos dirigimos a la tienda que hace esquina.
-¿Es verdad lo de Ivana? ¿O es otra mentira?
- ¿Otra mentira? Alex, no he mentido en ningún momento. Llevas mis apuntes, así que, de alguna manera, te voy a ayudar. Y lo de Ivana es verdad, tengo que hablar con ella la última columna del periódico, tuve problemas el viernes y quería comentarlo con ella.
Caminamos un poco más y ahí está. Leo lleva vaqueros y sudadera, su look habitual. Aunque me encantaba como iba anoche, no puedo negar que este estilo no le quede bien. Cuando estamos más cerca, corro hacia Leo y éste me envuelve entre sus brazos. ¿Es normal que lo viera ayer y le echara tanto de menos? Alex nos mira incómodo, por lo que me alejo ligeramente de Leo.
-Emma, me voy a casa, mañana te devuelvo los apuntes.
-Vale, yo me quedo con Leo, hasta luego - me acerco y le beso en la mejilla como despedida. Él hace lo mismo y sonríe.
-Hasta luego pequeña. Leo – le hace un gesto con la cabeza a modo de saludo, y luego, se aleja de nosotros, camino a su piso.
-Creo que ya le caes mejor – le digo a Leo.
-Parece que sí, - me dice mientras me envuelve otra vez entre sus brazos. – Te he echado de menos, estás guapísima, aunque hubiera preferido ese vestido de tela fina.
-Eres un pervertido, - le regaño mientras me pego más en su pecho.
-Me lo dicen mucho, nena – sonríe con cierta arrogancia.
Oufit de Emma 

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