domingo, 1 de noviembre de 2015

Capitulo 11

Leo me abraza con fuerza y es todo lo que estaba deseando. ¿Cómo es posible que no me haya dado cuenta de lo muchísimo que le necesitaba? Le devuelvo el abrazo e inhalo su aroma, huele realmente bien. Se aparta lentamente y me observa, sus mejillas están algo sonrosadas y sus pupilas están dilatadas.
-Hola, - me dice con una ligera sonrisa.
-Hola, - le devuelvo el saludo casi sin aliento. Estoy en blanco, sé que tenemos mucho de que hablar, y recuerdo la lista que tengo en mi pantalón, pero no soy capaz de recordar lo que escribí en ella.
- Estás muy guapa...realmente guapa... ¿Tienes hambre?
-Gracias...y sí, tengo hambre, ¿vamos a comer?
-No iba a quedar contigo después de clase sin que hayas comido antes. Debes estar hambrienta, vamos, te llevaré a algún sitio, - me coge de la mano y de repente me acuerdo el restaurante en el que estuve ayer con Alex y las chicas.
-Espera, -le detengo.
-¿Ocurre algo malo? – su voz muestra preocupación. Hoy no está tan gallito como siempre.
-¿Tienes pensado llevarme a un sitio en concreto?
- En realidad no, pensaba dar una vuelta hasta encontrar un sitio al que ir.
-Perfecto, entonces seré yo la que te lleve a comer. ¿Te apetece dar una vuelta por la pequeña Italia?
Leo me mira extrañado, pero no hace preguntas, me sonríe y me vuelve a coger de la mano mientras le guío hasta el Spiaggia Capriccioli. Cuando entramos en el restaurante, los dueños rápidamente me reconocen y me llevan al reservado de ayer con la promesa de que tendremos el postre especial de la casa.
-Vaya, ¿vienes mucho por aquí?
-Que va, vine ayer por primera vez. Alex me invito a comer...y a las chicas también – me intento excusar al ver que pone mala cara al nombrar a Alex.
-Ese chico, Alex... ¿Es tu novio? – dice con cierto veneno en la voz. Se nota que está celoso, y que no le ha gustado Alex. Podría seguirle el rollo y cabrearle un poco más, pero tengo miedo de que se vaya si hago eso.
-Alex y yo somos amigos desde que tengo memoria. Se podría decir que somos como hermanos. Vivía en la casa de enfrente y nuestras madres eran muy amigas, pero se mudo hace unos años a Inglaterra. Ha venido a pasar una temporada para verme...y además él tiene novia allí... – Tenía razón, en seguida le cambia la expresión, se relaja, y me sonríe.
- Es muy protector – se limita a decir, intentando disimular su alivio.
- No sabes cuánto, - le respondo. La dueña nos trae los platos de raviolis que le hemos pedido. Están deliciosos, tanto, que pasamos el resto de la comida en silencio.
-Guau, estaba buenísimo, - le digo después de comer. Creo que esta semana he debido engordar algún que otro kilo, llevo tres días comiendo fuera y todavía queda el postre.
- Estoy totalmente de acuerdo contigo, el sitio es increíble...Emma, gracias por aceptar quedar conmigo, - dice de pronto muy serio.
-Leo, no había ningún motivo para rechazar tu invitación, lo que pasó el sábado...
-Y de postre, ¡la receta especial de la casa, tarta de tiramisú para la pareja! - dice el dueño interrumpiéndome.
Ambos enrojecemos ante el comentario, pero creo que no se ha dado cuenta. Nos ha dejado un plato con un gran trozo de tarta de tiramisú con chocolate derretido por encima y dos cucharas. Aprovecho esta interrupción y decido dejarlo para después, si esto me explota en la cara, quiero llevarme un buen recuerdo. Cojo la cuchara y la lleno hasta arriba con el postre y se lo acerco a Leo.
-Abre la boca, esto será lo más delicioso que pruebes en la vida.
-Emma, puedo comer solo, no pienso hacer eso.
-Oh, vamos, no seas así, se va a caer, abre la boca
-Emma, me vas a manchar, para ya.
-No, - le digo seria.
-Tú eres lo más delicioso que he probado en la vida, - dice malicioso. Y, cediendo por fin, abre la boca y acepta mi cuchara.
-Mmmm, delicioso, pero tú le das mil vueltas, - me vuelve a decir al ver que me he quedado con la boca abierta ante su comentario.
- Cállate Leo, - le digo mientras me lleno la boca de tiramisú para que se dé cuenta de que no quiero seguir la conversación.
****
Salimos del restaurante, Leo sonríe victorioso mientras que yo estoy enfadada porque no me ha dejado pagar lo mío.
- ¿A dónde quieres ir ahora? – dice en un intento de que cambie mi humor.
- A un sitio tranquilo, tenemos mucho de qué hablar, - le digo, no podemos posponerlo más.
- Conozco el sitio perfecto, ven por aquí.
Y, cogidos de la mano, Leo me lleva sin decir nada, a saber dónde. Después de andar un poco, me para ante un coche. ¡Vaya! ¡Tiene un Audi R8 de color azul! No sé mucho de coches, pero sé que este es uno bastante bueno. Alex siempre ha soñado con uno de esos, me lo ha repetido demasiadas veces como para saber cuando tengo uno delante.
-¿Este coche es tuyo? Espera... ¿Vamos a ir en coche? ¿A dónde vamos? ¿Tan lejos está? – le pregunto extrañada
- Siempre con mil preguntas – suspira. -Sí, vamos a ir en coche, no, no está muy lejos y sí, es mío, lo compré hace poco, ¿Es precioso, verdad? – dice con orgullo.
- Me gusta que sea de color azul, - le digo con una sonrisa tímida.
- Venga, entra, - me pasa una mano por la cintura y con la otra me abre la puerta del coche. Entro en él y me acomodo. Huele a él, y es el olor más maravilloso del mundo. Entra en el coche y enciende la radio. Empieza a sonar una canción... She's the One, de Robbie Williams .Leo hace un ademán de cambiar de cadena, pero le detengo.
-¿Puedes dejarla por favor? A mí... me gusta, - le digo dulce, pero a la vez dubitativa. Es su coche y tal vez el quiera poner otra cosa.
-Claro, si a ti te gusta, - me responde algo sorprendido. – Después te pondré algunos de mis temas, seguro que te gusta – su sonrisa es sincera, y la más preciosa que haya visto nunca.
-Gracias. Me encantará escuchar tus temas - le devuelvo la sonrisa y nos dirigimos a dónde quiera que me quiera llevar.
****
Después de media hora, veo a dónde quería ir. Es una playa bastante alejada de la zona. Es pequeña, pero eso no le quita que sea una de las playas más bonitas que haya visto, ¿Cómo es que no sabía de su existencia? No hay nadie por los alrededores, solo algún que otro coche que pasa por la carretera, por lo demás, estamos solos. Leo sale del coche, da la vuelta y me abre la puerta, salgo y me quedo a su altura.
-Este es mi sitio favorito. Vengo siempre que necesito alejarme de todo. Aquí podremos hablar tranquilos.
-Pues es un sitio alucinante, gracias por traerme – le dedico una sonrisa.
Leo me devuelve la sonrisa y se acerca al maletero, de donde saca una especie de manta, y después me indica que vayamos a la costa. Andamos un poco, se detiene, coloca la manta en la arena y me indica que me siente.
-Vaya, estás en todo, - le digo.
-Siempre hay que estar preparado. Ahora, dime, ¿Qué me ibas a decir en el restaurante?
Brotan los nervios. Me lo estaba pasando tan bien que había olvidado por completo a qué habíamos venido. Leo me observa, con esos ojos azules tan intensos que me está derritiendo el alma. No sé por dónde empezar, pero antes de que me dé tiempo a pensar mi pregunta, de mis labios sale una pregunta que me sorprende incluso a mí misma.
-Si pudieras elegir un recuerdo como tu favorito, ¿Cuál elegirías?
A Leo le ha sorprendido mi pregunta, pero se recompone rápidamente y apenas sin pensarlo me dice – la noche en que te conocí.
Me quedo sin respiración. No sé por qué puñetas le he preguntado eso, pero lo que más me ha sorprendido ha sido su respuesta.
- ¿Por qué? – es lo único que soy capaz de responder.
-¿Qué por qué? Emma, Yo nunca me olvidé de esa preciosa rubita de ojos verdes grisáceo que vino a pedirme una coca cola. Me llamaste la atención, no solo por ser linda, sino por tu desenvoltura, esa forma en la que me hablaste. Me pareciste divertida y quería conocerte mejor, ...pero me era imposible, tenía que irme. Cuando me fui, me juré buscarte y pedirte esa cita en cuanto volviera. No sabes las veces que pensé en ti cuando estuve en Francia. Hasta que conocí a alguien que se parecía tanto a ti... que pensé que así podría olvidarte, así que no pude evitar pedirle salir. Pensé que no te interesaba, que seguramente ya tendrías novio para cuando volviera, así que salí con ella, pero me acabé enamorando de verdad. Al final la cosa no fue bien, y pensé que estaba mejor solo. Al volver, solo deseaba vivir la vida, sin ninguna relación. Y entonces volviste a mi vida. Estabas tan preciosa, más incluso que la última vez que te vi, y no pude evitar volver a interesarme en ti. Al coincidir pensé que era una segunda oportunidad para conocerte, pero tú nunca me prestabas atención, al contrario que tus amigas, que se giraban, nos miraban o nos hablaban siempre que íbamos a ver a Austin. Sin embargo, tú no prestabas el más mínimo interés en mí. Me sentía tan frustrado,...pensé que te habías olvidado de mí, de aquella promesa....no fue una broma, lo dije en serio... me sentía tan, tan...- se calla, me mira casi sin aliento, sus ojos brillan como nunca antes.
No me esperaba esto. Cuando creo que Leo no puede sorpréndeme más, hace o dice algo que pone mi mundo patas arriba. ¿Yo le gusté? ¿Le importaba? ¿Por qué si no querría mi atención? No puedo creerlo.
-¿Por eso me odiabas, por qué me olvidé de ti? – le digo con voz triste.
- Nunca te odié, ni antes, ni ahora ni nunca. Emma, yo solo quería conocerte, así que busqué una oportunidad para hablarte, aunque fuera solo discutiendo. Quería tu atención Emma, quería verte gritar, enfadarte y hacerte rabiar, para que me miraras y pensaras en mí. No me importaba si me odiabas, solo quería sentir lo que sentí aquella noche cuando te miré por primera vez...
-Leo, yo... no sé qué decir... ¿Por eso me besaste?
-Deseaba besarte desde que me gritaste en la puerta del instituto. No lo hice porque pensé que me cruzarías la cara y ya no tendría otra oportunidad.
- ¿Por eso aprovechaste en el cumpleaños de Daniela?
-Sí, aunque no pensé que te emborracharías, y tampoco que tendría tanta suerte de acompañarte a casa.
-¿Lo dices en serio? ¿Solo me acompañaste para besarme?
- Una pequeña parte sí, pero sobre todo porque no podía dejarte ir sola en tu estado. Me hubiera encantado llevarte en brazos, pero no me hubieras dejado.
-Chico listo, veo que me has calado rápido, y ¿cómo es que sigues aquí después de ver como soy?
-Porque me encanta como eres Emma, y eso es lo único que debe importar.
-¿Y por qué saliste con la odiosa de Colette? – ups, se me ha escapado.
-¿Conoces a Colette? Es decir, ¿cómo lo sabes? ¿Sabes lo que pasó? ¿Quién te lo ha contado? – ha dejado de sonar tierno y su tono se ha vuelto amenazador, creo que he tocado terreno peligroso.
-Lo siento...no quería... - me ha intimidado de más, creo que se ha dado cuenta de que estoy temblando y sus facciones se han relajado.
- Emma ¿me tienes miedo? Por favor, no lo tengas. No quería asustarte, solo es que...Me ha sorprendido que supieras lo de Colette, eso es todo...perdóname – Leo se está disculpando de corazón, no tengo por qué sentirme intimidada, pero no puedo evitarlo. Dejo de temblar en cuanto acaricia mi mejilla con su mano, entonces mis miedos se van, y él suspira aliviado de ver que no le rechazo.
- ¿Por qué esperaste delante de la puerta de mi casa durante dos horas? – decido cambiar de tema para no decir que fue Daniela la que me lo contó. Lo último que quiero es meterla en un lío.
-Yo....mmmm, -su cuerpo se ha tensado y está nervioso, creo que no pensaba que me iba a enterar. Ha desviado ligeramente la vista y se revuelve, creando cierta distancia entre nosotros.
-Mi madre te vio y me preguntó si te conocía, hasta quería llamar a la policía. Tuviste suerte de que no lo hiciera – le digo para invitarle a responderme. Surte efecto, me vuelve a mirar a los ojos.
-Emma, creo que ya he hablado de más.... ya he contestado algunas de tus innumerables preguntas, por hoy me gustaría dejarlo aquí... - y vuelve a apartar la mirada. Se siente violento por haberme dicho eso, pero tiene razón. Tengo innumerables preguntas que hacerle, y él me ha dicho mucho más de lo que esperaba, creo que me toca concederle su petición.
-Está bien. Gracias por responder a mis preguntas, - me limito a decir. Me siento confundida con tanta información. Leo se ha sincerado conmigo, sin embargo, no me ha pedido que yo lo haga con él. –Entonces, ¿qué somos? – digo sin querer en voz alta.
Leo vuelve a mirarme, sus ojos muestran. ¿Sorpresa? ¿Duda? no lo sé. Pero creo que está tan confuso como yo.
-Podemos ser lo que quieras que seamos...pero yo quiero pensar en el ahora...y ahora solo quiero terminar lo que empezamos el sábado, y esta vez, no quiero que huyas de mí, - sus ojos brillan y, antes de que puede responder, se acerca y me roza los labios.
Al principio me roza ligeramente, como esperando mi reacción. Me doy cuenta de que estaba deseando volver a besarle y me inclino hacia él para su sorpresa, entonces sonríe y me muerde el labio inferior, provocándome un pequeño grito, unido a una risa nerviosa. Leo entonces se separa ligeramente me mí, sonríe, ¿ya está? ¿Por qué se ha alejado? Como si me hubiera leído el pensamiento, Leo empieza a hablar.
-Me encanta oír tu risa, es lo más bonito de este mundo...Emma, ¿confías en mí? – sus ojos brillan. Tiene las pupilas dilatadas, no sé qué quiere hacer, estoy asustada, pero, por algún extraño motivo, confío en él.
-Sí, confío en ti...
-Es todo cuanto necesitaba saber, - dice con una sonrisa, - no te asustes de lo que voy a hacer, y sobre todo, no grites.
-Por qué iba a...ahhh –ahogo un grito. Leo me ha agarrado de las caderas y me ha puesto a horcajadas encima de él, estamos muy juntos, apenas hay espacio entre nosotros, pero no me importa. Estamos solos y solo el atardecer es testigo de nuestros actos...
-Mucho mejor, - sonríe con petulancia. – Ven aquí, - dice mientras me acerca a él, y retoma así, nuestro beso interrumpido.
Esta vez no ha sido nada suave, ha entrado en mi boca con fuerza, obligándome a abrir la mía y así meter su lengua con gran maestría. Sus manos permanecen enroscadas en mis caderas, con fuerza para que no me caiga, pero a la vez suave, para que me pueda mover sin dificultad. No me echo atrás, le devuelvo el beso con fuerza. No tengo tanta experiencia, pero hago caso de mis instintos y, sobre todo de mi cuerpo que, ahora mismo es adrenalina pura. Nuestros besos están cada vez más desenfrenados, todo ocurre tan deprisa...mis ojos se entrecierran a cada beso de Leo, es tan maravilloso...tan sensual...mi cuerpo responde a sus impulsos, y me mece ligeramente hacía delante y luego hacia atrás. Leo gime en mi boca y, él también comienza a mover sus caderas, acompasándose a mis movimientos. Puedo notar su excitación, y aunque también lo deseo,... nunca he dado ese paso, ¿estoy dispuesta a darlo ahora? Leo ha abandonado mi boca para continuar por mi cuello, besando, mordiendo...le tiro del pelo y gime en mi cuello. Estoy jadeando y solo le deseo a él, no puedo parar...él no quiere parar, el deseo nos puede a ambos.....de pronto....un trueno. Ambos nos separamos y observamos el cielo. Estábamos tan absortos el uno en el otro que no nos habíamos percatado de que, además de haber anochecido, el cielo estaba oscuro y una tormenta nos había envuelto.
- Vaya, creo que ya es hora de llevarte a casa, - me dice Leo con una sonrisa.
- Se ha hecho tarde, será lo mejor,- le devuelvo la sonrisa. Nuestros labios están hinchados por nuestros besos, noto mis mejillas ardientes e intento relajar mi respiración.
Me levanto y Leo se levanta mientras coge la manta, envolviéndome con ella para que no me moje y corremos al coche. Ya protegidos de la lluvia, Leo conduce para llevarme a casa. Estamos en silencio, ninguno de los dos se atreve a romper el silencio, lo único que se oye es el repiqueteo de la lluvia y la radio de fondo, suena bajo, pero reconozco la voz de Pablo Alborán, creo que es la de "Éxtasis", un poco irónico, la verdad. Cojo el móvil y veo que son ya las ocho, es tarde, menos mal que mamá cree que estoy con Alex, pero él estará muy enfadado, ya que estoy lejos de casa, es de noche y encima llueve a mares. Miro por la ventana con la esperanza de no tener problemas cuando vuelva a la realidad, Leo sigue mirando fijamente a la carreta, sin decir nada, está serio, y eso me preocupa.
-¿Te dejo en la puerta de tu casa? – dice Leo rompiendo por fin el silencio
-¿Qué? Mmm, pues...no, es decir, no lo sé, espera, necesito hablar con Alex.
-Como quieras, - dice muy serio y vuelve a concentrarse en la carretera. Mientras le escribo a Alex, y me dice que está en casa de Daniela viendo un partido del Manchester con su hermano Austin..., ¿Cuándo había quedado con Austin? Es más, ¿desde cuándo se conocen? Quedamos en vernos en la puerta de casa en quince minutos, así no levantaremos sospechas.
-Alex y yo hemos quedado en mi casa, si no te importa llevarme...
-Bien... – se limita a contestar. Continuamos el resto del camino en silencio, y no dejo de preguntarme qué es lo que he hecho mal.
Al llegar a casa, veo a Alex en la entrada que se dispone a abrirme la puerta, acercando el paraguas para que no me moje.
-Hola Alex, -le digo en cuanto me abre la puerta
- Hola pequeña, ¿cómo lo has pasado con tu...
- Nadie...Emma, nos vemos – dice Leo sin dejar de mirar hacia delante. Alex y yo nos hemos quedado pálidos. ¿En serio acaba de decirme eso? ¿Ya no le gusto?
-¿¡He hecho algo malo!? – le grito con rabia. No puedo creerme que me trate de esa manera tan fría después de lo bien que lo hemos pasado esta tarde. Leo se gira rápidamente hacia mí, claramente sorprendido ante mis palabras, o simplemente por mi grito.
-Emma, yo...
-¡No me vengas con "Emma, yo"! ¡Desde que te has subido al coche has estado muy distante conmigo! ¿Por qué? ¿He hecho algo malo? ¿No te gusto? ¡O es que has visto que no soy tan maravillosa como creías y ahora me largas como si fuera un ligue más!
Siento ganas de llorar, creía que le gustaba, esos besos que compartimos en la playa fueron algo increíble...y ahora me dice que "ya nos veremos" y ni siquiera me mira a la cara. Por un momento pensé que seríamos algo más que amigos...pero solo es otro Sebas. Alex me agarra del hombro con fuerza, está enfadado y si Leo no dice algo pronto, sé que explotará. Así que decido levantarme e irme a casa con Alex, solo he perdido el tiempo...rápidamente Leo me agarra la mano, sus preciosos ojos azules están oscuros, libran una lucha interna, pero llueve mucho y quiero alejarme todo lo que pueda de él. Cuando intento liberar mi brazo, tira de mí y me agacha hasta él.
-Emma, no cambies de opinión con lo de esta tarde, podemos ser algo más....pero no ahora – me susurra al oído. Cuando me separo de él, me da un beso casto en los labios y Alex tira de mí para sacarme de una vez del coche.
-Adiós Leo
-Adiós Emma.
Leo se aleja y Alex y yo entramos en casa. Mamá nos regaña por llegar tan tarde, pero no la escucho, solo pienso en mi tarde con Leo. Permanezco ausente en todo momento, apenas he cenado y he subido directa a mi habitación. Alex quería quedarse conmigo para hablar, pero le he pedido que me deje sola. Necesito saber qué ha pasado, nunca antes me había sentido así ¿Qué somos? ¿Amigos o algo más? No estoy segura...Leo me dijo que podíamos ser "algo más" que "no cambiara de opinión". Sé que debería alejarme de él, que solo me hará daño, pero no puedo irme sabiendo que puedo estar equivocada y el pueda ser mío. Eso me recordó una canción, cojo mi mp3 y los cascos, me tumbo en la cama y busco la canción. ¡Aquí está! No sé si tiene algo que ver con mi situación, pero escuchar música siempre me ayuda en momentos como este. Sin darme cuenta, me voy durmiendo y solo puedo escuchar el sonido de la tormenta y la canción "Change my mind" de One Direction.

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