domingo, 11 de octubre de 2015

Capitulo 8

No sé cuánto tiempo llevamos aquí tirados en mitad de la calle. La gente nos mira, pero a mí me da igual. Todo da igual cuando se trata de Alex. Nos conocemos desde que éramos muy pequeños; nuestras madres eran muy amigas, además, vivían en la casa de enfrente. Éramos los mejores amigos del mundo, nos lo contábamos prácticamente todo, es más, nos pasábamos los días juntos, y era raro cuando uno no dormía en casa del otro. Alex siempre me defendía y luego yo le curaba las heridas que se hacía por defenderme. Cuando teníamos ocho años, ascendieron a su padre y se tuvieron que mudar a la ciudad vecina, y aunque ya no vivía en la casa de enfrente, eso no nos impidió seguir viéndonos. Poco después de mudarse conocí a las chicas, pero no se las pude presentar a Alex, porque siempre que quedábamos, él quería que estuviéramos los dos solos. Nos fue difícil seguir con nuestra amistad, porque el trabajo de su padre les obligó a mudarse varias veces, y cada vez más lejos, pero nosotros seguíamos quedando todos los fines de semana y llamándonos a todas horas. A los catorce años, volvió a mudarse a la casa de enfrente y pudo matricularse en mi instituto. Estábamos felices de poder pasar todo el tiempo juntos otra vez, lástima que esa felicidad solo durase un año, ya que su padre tuvo que trasladarse a Londres para gestionar la nueva sucursal que tenían allí. Cuando me enteré de la noticia acabé destrozada. Alex tampoco quería irse, pero como no quería que me sintiera mal, él fue el fuerte de los dos y no paró de prometerme que seguiríamos en contacto, y que pronto volvería. El mismo día que nos despedimos, Alex me regaló su bien más preciado, su skate, es por eso que desde entonces lo llevo siempre conmigo, era como si Alex nunca se hubiera ido, y yo a él le regalé mi primer beso. A ambos nos dio bastante asco, pero luego nos reímos bastante al ver que compartimos hasta nuestro primer beso,… ya casi me había olvidado de aquello.
Seguimos en contacto durante un año y medio más, pero cada vez nos costaba más y más por los estudios, nuestros amigos, el horario y demás. Sin embargo está aquí, otra vez en mi vida, no puedo dejar de abrazarle para comprobar que es real, que Alex está aquí, a mi lado.
-Emma, llevamos aquí un rato, y la gente nos está mirando. Sabes que no me importaría estar así todo el día, pero en serio, me muero de hambre. Solo hace dos horas que bajé del avión, así que solo me dio tiempo a venir aquí, buscar un hotel y recogerte. Así que venga, llama a Alicia y dile que te invito a comer. Echo de menos la comida española, aunque un McDonald’s estaría de lujo.
-Tienes razón, será mejor que me levante ya, perdona por aplastarte, - digo y sorbo por la nariz. – Es que…no puedo creer que estés aquí. Te he echado tantísimo de menos, me siento fatal por haber perdido el contacto contigo.
-Yo también te he echado de menos. La vida en Londres fue un gran cambio para mí, y tuve que dejar muchas cosas atrás, aunque nunca te olvidé, y por lo que veo, tú tampoco lo hiciste, - dice señalando el skate. Tras eso me ayuda a levantarme, y me pasa las manos por la cara para quitarme las lágrimas de las mejillas.
-Nunca, - le digo con una sonrisa.
- Nunca, - me devuelve la sonrisa. – Ahora en serio, llama a Alicia y vámonos a comer. Tenemos mucho que contarnos, no será fácil, pero vamos a ponernos al día con nuestras vidas.
- Tienes razón, tenemos mucho que decirnos. Oye, no te importa llamar tú a mi madre, yo necesito recomponerme un poco ante tanta emoción. – Estoy demasiado sensiblera últimamente y sé que si soy yo la que la llama, acabaré llorando otra vez.
-Vale, vale, yo llamaré a Alicia, venga, ven, hace tres años que no te he abrazado y pienso recuperarlos, - dice mientras me guiña un ojo. Se me escapa una risita nerviosa y me acerco a él para darle su abrazo. Después nos alejamos en dirección al McDonald’s más cercano mientras él llama a mi madre, pero ni siquiera en ese momento me suelta, me tiene cogida por la cintura, agarrándome con fuerza, como si tuviera miedo de que me escurriera entre sus dedos. Pero no me importa, yo tampoco quiero alejarme de él. No me había dado cuenta de lo mucho que le echaba de menos hasta que ha vuelto a mi vida.
-Sí, sí. Alicia no empieces como tu hija, estoy aquí y eso es lo que importa. Sí, sí. Por supuesto que me pasaré, pero antes quiero llevarme a Emma a comer, espero que no te importe ¿Que cuánto tiempo? Bueno, pues todavía no estoy seguro, pero esto prefiero hablarlo en persona, sí, sí. Alicia, después de comer y pasar un rato con Emma voy a casa, ¿de acuerdo? Estoy deseando ver a Ricardo y a África. Os he echado mucho de menos a todos. Sí, sí, Emma me pondrá al día, vale, ajá, sí, hasta luego Alicia, - y cuelga.
-Mi madre se ha puesto muy pesada, ¿no? – le digo al ver la cara de diversión que le ha dedicado al teléfono.
- Pesada no es la palabra, más bien entusiasmada. Me quiere dar una bienvenida por todo lo alto, y me ha suplicado que vaya a casa después de comer, pero quiero tenerte un rato más para mí solo, así que iremos cuando hayamos terminado de ponernos al día, ¿te parece bien?
-Perfecto, - le digo mientras le abrazo con más fuerza.
Caminamos un poco y entramos en el McDonald’s, pedimos nuestros menús y nos sentamos en un sitio apartado para tener mayor intimidad. Empezamos a comer y decidimos que sea él quien empiece a contar sus últimos tres años en Londres.
- Emma estoy tan nervioso que no sé por dónde empezar.
-Tú cuéntame a partir del momento en que nos separamos, así pillarás carrerilla, - le digo con una sonrisa, y le doy un apretón en la mano que tiene libre para transmitirle confianza.
-Vale, - me devuelve la sonrisa y el apretón. – Cuando subí al coche, empecé a llorar y a gritarle a mis padres por hacerme esto. No me quejé en las otras mudanzas, pero el hecho de irme a otro país fue un shock tremendo, aunque lo que más me dolió fue verte tan destrozada. En Londres vivía en Hampstead, uno de los barrios más bonitos de Londres, es algo pija por ser una zona bastante cara, pero mis padres solo querían un barrio tranquilo y cercano al trabajo de mi padre. Hampstead fue zona de veraneo para la aristocracia londinense durante los siglos XVIII y XIX, de ahí que se caracterice esa zona por su arquitectura georgiana, el sitio no está tan mal a fin de cuentas, pero en cuanto vaya a la universidad pienso independizarme e irme a vivir a Notting Hill. Es una zona de moda, y aunque es algo cara, mi padre tiene pasta, - dice dándose fingidos aires de niño rico, lo que hace que empiece a reír y casi me ahogue con la patata que estaba masticando. – El caso es que allí, hace años abundaba la población afrocaribeña, que dio origen a su famoso carnaval que celebran a finales de Agosto. Es una pasada, hay carrozas, gente disfrazada y grandes desfiles, además, hacen unas after-parties alucinantes. En serio, tienes que ir alguna vez, yo he ido todos los años a verlo. Actualmente la mayoría de la población es más parecida a los pijitos remilgados de Kensington, pero eso no le quita sus orígenes y la fiesta es más prometedora cada año. Pero bueno, me voy a ahorrar los detalles de guía turística por ahora. La verdad es que me fue bastante bien, fui al instituto St.Paul, en el barrio de Barnes, a media hora de casa, aunque yo prefería ir a Southbank International School que solo está a diez minutos, pero mis padres querían el mejor colegio privado. Es bastante pijo, y no me gustaba mucho, pero sacaba notas geniales, a pesar del cambio de idioma. Luego entré en el equipo de fútbol y conocí mucha gente, hice muchos amigos, y pronto dejé de sentirme fuera de lugar entre tanto ricachón. El entrenador me dijo que tenía un gran futuro y lo seguiré teniendo siempre y cuando siga en el equipo, pero ya llegaré a eso. Hace cosa de un año empecé a salir con una chica. Se llama Audrey Wheeler. Es fantástica y muy guapa. Tiene más o menos tu altura, menuda y con el pelo largo y pelirrojo, tiene unos preciosos ojos negros y su sonrisa es la más bonita de todo Londres. Seguro que os llevaríais genial. - habla de ella con mucha ternura, se nota que está coladito por esa tal Audrey y eso hace que me sienta feliz; estoy deseando conocerla. - Y con eso no tengo mucho más que contarte, creo que es un buen resumen de estos años, más tarde podemos entrar en anécdotas divertidas, pero antes quiero saber que fue de mi pequeña Emma, - me dice con su sonrisa más sincera.
-Al contrario que tú, no tengo mucho que contar, - le digo después de darle otro bocado a mi hamburguesa. - Cuando te fuiste me pasé una semana llorando y enfadada con el mundo, África estuvo a mi lado y fue la que me sacó de esa incertidumbre y derrumbó el muro que yo misma me construí en el momento en que te vi subir al coche. He seguido en el mismo instituto, así que de ahí no te puedo contar nada que no sepas ya, aunque ahora podrás conocer a mis amigas. Te hablé de ellas cuando estabas en Londres, fue una lástima que ellas entrasen al instituto después de irte tú. Son mis mejores amigas, ellas son Danielle, aunque todos la llamamos Dani, es medio británica, así que os llevareis muy bien. Tiene el pelo larguísimo, liso y cobrizo, sus ojos son azules y es muy guapa, además de esbelta. Es muy responsable, le encanta su clase de debate y está conmigo en literatura universal. Martina también es muy guapa, tiene el pelo negro y ondulado, sus ojos son color miel y además tiene bastantes curvas, todas la envidiamos por eso jejeje. Es la más fiestera de todas y la que más bebe, así que te aconsejo que no la invites a ir de bares. Que no te engañe su apariencia, es la capitana de voleibol y una gran diseñadora, no es solo una cara bonita. Y ya solo me queda Ivana. Es rubia, como yo, pero ella lo tiene más claro y casi siempre lo lleva recogido en una trenza. Sus ojos son verdes, y tiene algunas pecas. La reconocerás enseguida porque siempre lleva algo friki encima, es muy divertida, bueno, todas lo son, seguro que te caen genial. En clase sigo con el rol de delegada, en eso no he cambiado, además soy la editora del periódico del instituto y la que organiza las actividades en clase de literatura universal. También me he apuntado con Ivana a yoga, para liberar tensiones y bueno, todavía sigo con la idea de estudiar periodismo, así que no tengo mucho más que decirte. Y no tengo novio, por si lo quieres saber.
-Vaya, menuda carrera, ¿tienes al menos tiempo para respirar? – Se ríe ante mi día a día, le da un sorbo a su coca cola y recuerda algo -¿Entonces el chico de antes…? – dice confundido
-Eso es otra historia, te la cuento de camino a casa y… de paso otra cosa que ocurrió el sábado…no me he atrevido a contárselo a nadie y, ahora que estás tú…solo puedo fiarme de ti. – Alex se da cuenta de la gravedad de la situación, así que no me pregunta, solo se limita a asentir y a devolverme el apretón.
Salimos del McDonald’s y nos vamos a mi casa. Por el camino se lo cuento todo. Es liberador tenerle aquí. Alex es la única persona a la que me puedo abrir de esa manera. Sincerarme con él es tan sencillo, contarle lo de Sebas y después lo de Leo me ha dado la vida. Me siento mucho mejor y aunque Alex todavía no me ha dicho nada, me reconforta sentir su mano en mi hombro.
-Vaya, vaya, Emma, menos mal que no tenías mucho que contarme. Lo de Sebas ha sido una idiotez, si yo hubiera estado aquí ese gilipollas no te hubiera tocado un pelo. Ya me imaginé que había pasado algo en cuanto os vi, aparecí justo a tiempo para salvarte.
-Como has hecho siempre Alex, menos mal que viniste, no sé si hubiera conseguido escapar de él sino llega a ser por ti.
-Te enseñaré algunas llaves que aprendí en el instituto, para que sepas defenderte de acosadores como él, - dice riendo, lo que me hace reír también a mí.
- Y respecto a Leo, ¿Qué opinas que debería hacer?
- Seguir con tu vida. Está claro que le importas, pero su pasado se interpone ante sus sentimientos presentes, lo que le impide pasar página y le hace actuar como lo hace. Cuando se sienta preparado, volverá a por ti, si no lo hace es que no le importaste de verdad, pero no creo que sea su caso. Solo deja que pase el tiempo, ya verás como aparece otra vez para recuperarte. Si ese tío quiere algo contigo, tu rechazo solo avivará más sus ganas de estar contigo.
-Oh, Alex, como echaba de menos estos consejos tuyos, - le digo mientras le abrazo con más fuerza y le recompenso con un beso en la mejilla.
-¡Guau, como en los viejos tiempos! Echaba de menos tus besos, aunque ahora también extraño los de Audrey, - dice haciendo un fingido mohín.
-Me encantará conocer a Audrey. Ojalá hubiera venido contigo, - le digo un poco apenada. Quiero conocer a la chica que ha cuidado de mi Alex este último año.
-Yo también quería que viniera, pero ahora está en Escocia, intentando convencer a sus padres para seguir el último curso en Londres, aunque ellos quieren que termine en casa. Pero no te preocupes, ya la conocerás.
-Eso espero, - ambos sonreímos y entramos en casa. Mi madre empieza a llorar y no deja de abrazar a Alex y decirle lo guapo que está. Mi padre, que acaba de llegar del trabajo, se acerca y le da un gran abrazo de bienvenida.
-¿Y África? – pregunta Alex en un respiro que le da mi madre. Ostras, olvidé por completo contárselo.
-Alex, olvidé decirte que África se fue a vivir con su novio Fran a las afueras. Teníamos tantas cosas que contarnos que ni me acordé, - le digo a modo de disculpa.
-Cariño, no te preocupes, si queréis podéis llamar a África para pasar el fin de semana en su casa, - me dice mi madre. Es una buena idea, hace mucho que no veo a Afri, la echo de menos. Mamá decide llamarla ella misma, mientras nosotros nos vamos al comedor con papá. Alex y él están hablando muy animadamente y no quiero interrumpirles, pero no me separo de él. Alex es mi hermano de otra madre, no me había dado cuenta hasta ahora y no me quiero separar de él en absoluto.
Mamá se ha superado y ha hecho una cena fantástica. Alex nos ha contado un montón de anécdotas y nos hemos reído como nunca. Estábamos tan absortos con su visita que no nos hemos dado cuenta de que ya eran las doce y media. Mi madre prácticamente ha obligado a Alex a quedarse a dormir, aunque él le ha dicho que está en un hotel, ella se niega a que se quede solo en un hotelucho teniendo una cama para él aquí. Al final Alex accede a quedarse y viene a mi cuarto donde seguimos hablando sin parar.
-Bufff menudo día, mañana tendré que ponerme al día con todo lo que no he hecho, menos mal que anoche adelante un montón, - le digo a Alex mientras termino de preparar la mochila para las clases de mañana. Él está echado en mi cama con mi portátil mirando el facebook o alguna red social.
- Emma no seas así. No hace falta llevarlo todo al día, yo lo dejo todo para el último momento y no me va nada mal. ¿Te importa si pongo alguna canción de fondo?
- Tú no lo necesitas porque eres un genio, pero los demás mortales necesitamos tener un orden, y sí, puedes poner lo que quieras, ya lo sabes. Voy a darme una ducha, ¿necesitas que te traiga algo?
- Exagerada, no soy un genio, solo tengo habilidades ocultas, jejeje. Y no, no necesito nada, tu padre me ha dejado esto para dormir, pero si me quedo más por aquí tendré que dejar ropa. Así que venga, dúchate tranquila, después iré para enjabonarte bien la espalda, - me dice intentando sonar sensual, pero lo hace fatal.
- Tú sigue diciendo ese tipo de comentarios a las jovencitas y te quedarás sin novia, - le digo mientras le tiro un cojín, pero lo esquiva a tiempo y cae en el otro lado de la cama.
-Audrey sabe como soy, no me dejará. Después de todo, soy adorable, y lo sabes. Anda dúchate que te van a dar las tres de la mañana.
-¡Sí, papaíto, lo de que tu digas!
- Jovencita no me hable en ese tono si no quiere unos azotes, - me reprende en broma.
-Claaaaaro, lo que tú digas, - y antes de darle tiempo a que me responda, cierro la puerta y me voy al baño antes de que me entretenga con algún comentario más.

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