domingo, 4 de octubre de 2015

Capitulo 7

¡Hola mundo! Hoy es un nuevo comienzo. Ayer me quedé hasta tarde haciendo todos los deberes que mandaron, me encargué de los temas del periódico y revisé todas las actividades extraescolares. Al final he optado por un deporte, ya tengo bastante lío con el periódico y literatura universal como para meterme en algo más; en cuanto llegue a clase he de hablar con Ivana para decidir entre las dos qué deporte vamos a escoger. Martina y Daniela pasan de actividades extraescolares, tienen las suyas propias. Daniela está bastante ocupada con su clase de debate, quién diría que alguien tan dulce le interesara la política; y Martina es capitana de voleibol, pero sólo porque lo practica desde niña, aunque su verdadera pasión es el diseño, se le da muy bien y tiene muchísimo talento.
Llego a clase muy temprano y decido entrar porque ya refresca como para quedarse en la puerta, pero rápidamente me arrepiento. Sebas también ha llegado temprano y me ha visto, no tengo escapatoria, así que tendré que volver a tener otra incómoda conversación con él.
-Buenos días Emma, ¿qué tal estás? Ayer no viniste.
- Buenos días Sebas, estoy bien, ayer estuve...indispuesta. Gracias por tu preocupación, - y dicho esto, sigo mi camino para dar por finalizada la conversación. Parece que no ha colado, se gira y me sigue hasta ponerse a mi lado.
- Emma, hoy estás guapísima, ¿te has hecho algo nuevo? Pareces diferente, - nada, que no ha pillado el concepto de que no quiero hablar.
Un momento. ¿Algo nuevo? ¿Diferente? ¿Estoy diferente? La verdad es que, desde ese "incidente" no me siento igual que antes, es verdad, me siento distinta, pero no quiero que me lo diga alguien como él. – No Sebas, no me he hecho nada nuevo, y ahora si me perdonas, tengo prisa. – Intento seguir mi camino, pero Sebas no acepta que le deje con la palabra en la boca, así que opta por su evasiva más común, el acoso. Me coge de las muñecas y tira fuertemente para acorralarme entre la pared y él. Estamos a escasos centímetros el uno del otro. No tengo escapatoria, no tengo por donde huir, estoy inmovilizada, y solo puedo mirar hacia él, indefensa.
-Sebas, déjame en paz, no vas a conseguir nada acorralándome contra la pared, - le suelto mordaz a pesar de llevar las de perder, pero conoce mi carácter lo suficiente como para saber que conmigo no se juega.
-Nena, no pongas ese tono, eres muy guapa para tener ese carácter. Solo quiero hablar, además, puedo llegar a ser muy persuasivo cuando quiero algo, y echo de menos nuestras tutorías. Emma, vamos, esas tardes en mi cama no pueden quedar en el olvido, venga, lo pasábamos muy bien, somos amigos, ¿no?
- Te he dicho que me dejes, ¡y no me llames nena! Eso quedó atrás, es verdad que fuimos amigos, pero sabías perfectamente que yo estaba enamorada de ti y tú te aprovechaste para meterme mano sin remordimiento alguno, - contesto en un susurro, no quiero volver a sacar el tema, y menos en un sitio público.
- Vamos Emma, no seas así, si apenas hicimos nada, sabes que podríamos haberlo pasado mejor, hay muchas cosas que no me dejaste hacer. Mataría por haberte desnudado en mi cama, ese cuerpo tiene mucho que ofrecer, y yo lo quiero, - dice también en un susurro, pero lleno de deseo y lujuria.
-¡Eres un pervertido y un puto enfermo! Relaja tus hormonas y escúchame bien porque no quiero volver a repetirlo. Se acabó. Todo lo que pasó fue solo un estúpido error. Tienes novia y yo no soy segundo plato de nadie. Nunca te he importado nada, solo te ha interesado ver hasta dónde te dejaba ir, pero eso se acabó, quiero que pares de una vez. ¿Es que no te sientes mal por ponerle los cuernos a tu novia?
-Nunca le puse los cuernos, ella sabía cómo era, además, corté con ella poco después de que te enfadaras conmigo, -dice en tono cortante. - Nena he cambiado. Quiero estar contigo, te quiero en mi cama, y no sabes la cantidad de cosas que me encantaría hacerte, dame otra oportunidad, - dice suplicándome mientras se va acercando más. Todavía me tiene cogida las muñecas, pero deja de hacer fuerza y puedo moverlas sin dificultad, en caso de que lo necesite. La otra mano me sujeta la cadera y apenas puede pasar el aire entre nosotros. Hay tan poco espacio entre nosotros que estoy segura de que si levanto un poco más la cabeza nuestros labios acabarían impactando, y eso puede ser un error fatal.
Sebas, mi querido Sebas, siempre ha sido muy atractivo. Su pelo castaño, ligeramente caído, y esos ojos de color miel... ufff, una se perdía en ellos. Su cuerpo es toda una delicia. Le encanta el deporte, el baloncesto es su pasión, y debido a ello su cuerpo es pura fibra. Sabe que me encanta su cuerpo, lo sabe muy bien, y lo usa en mi contra, restregándose generosamente contra mi cuerpo, para que sienta bien cómo reacciona su cuerpo al mío, pero me mantengo en mi sitio. Esa etapa de mi vida debe quedar atrás y no se volverá a repetir. Sin embargo cuando Leo hizo lo mismo el sábado, más que huir te fuiste directa a sus brazos, me dice la voz de mi conciencia. Justo ahora Leo viene a mí, ojala fuera Leo el que me hace esto y no Sebas, demasiado irónico todo, debo escapar como sea.
-¡Sebas, estate quieto y deja de restregarte! ¡Esto se acabó! – mi voz suena fuerte, a pesar de no sentirme así, más bien me siento algo intimidada, odio que se ponga en este plan.
-Nena, no se puede acabar lo que nunca empezó, - dice mientras suelta mis muñecas y acerca su mano para tocarme. Esas palabras me han dolido, y mucho. La bilis amenaza con subir por mi garganta, pero la detengo, al igual que las lágrimas que luchan por salir ante la falta de sensibilidad de este energúmeno descerebrado, ¡Será cabrón! Antes de que le dé tiempo a posar la mano en mi cuerpo, con la mano que me acaba de liberar, le cruzo la cara con todas mis fuerzas, lo que le provoca que se lleve la mano a la cara y retroceda, mirándome confuso.
-¡Sebas tú decides! ¡O me dejas en paz de una vez o te echo los dientes abajo de una hostia! ¡No estoy para tonterías, olvídame de una vez! – le grito con todas mis fuerzas, olvidando que estamos en el instituto. Ya no me siento intimidada en absoluto. Vaya, estar ayer tan tranquila me ha dado unas energías desbordantes y creo que podría hasta con un toro. Antes de que le dé tiempo a decirme algo, el profesor de educación física nos llama la atención y se acerca a nosotros.
- Ortega, Rodríguez, ¿se puede saber qué hacen en mitad del pasillo y con esos gritos? Vamos, las clases están a punto de comenzar, iros a vuestra aula y dejad los gritos para la hora del recreo.
-Si profesor Sánchez, - respondemos Sebas y yo al unísono. Veo al profesor darse la vuelta para retomar su camino y antes de que a Sebas le dé tiempo a decirme nada, hecho un último vistazo a su, ahora, colorada mejilla, y salgo corriendo a clase. Por suerte para mí, en cuanto entro las chicas ya están sentadas y hablando entre ellas, uff, salvada por la campana, me acerco y decido usarlas de escudo contra Sebas. Estando acompañada nunca tiene el valor de acercarse.
- ¡Bienvenida seas desertora! - dicen las tres al unísono.
- Hola a vosotras también, espero que no os dure mucho lo de desertora, sino desertaré de verdad, ...pero a otro país - les digo burlona.
- Ja, ja, ja, muy graciosa Emm. Por cierto, ¿qué actividad extraescolar vamos a coger al final? – me dice Ivana.
-De eso mismo te quería hablar. Ayer cuando me enviaste el correo, me puse al día con todo y tengo mucho que comentarte, así que siéntate en esta hora conmigo, ¿te importa Dani?
-En absoluto. Me siento ahora con Martina, pero en arte te sientas conmigo, que todavía no hemos hablado de los libros para literatura universal, -me dice con una sonrisa.
- Y en la clase de educación física eres mía. Como delegada de clase tienes obligaciones señorita, y yo como subdelegada estoy para ayudarte y que no se te olvide que te ofreciste para ayudarme con mis nuevos diseños - me recuerda Martina mientras me guiña un ojo. Vaya, ayer estuve tan metida en mi mundo particular que olvidé que fuera de las cuatro paredes de mi cueva tengo una vida muy ajetreada, pero es lo que pasa cuando quieres triunfar en la vida, tienes muchos compromisos y poco tiempo de ocio, aunque no lo llevo mal. Menos mal que me compré una agenda perfecta que me ayuda a mantener todas mis obligaciones al día.
Cuando me quiero dar cuenta, ya es la hora del recreo y estamos saliendo, como siempre, a nuestro banco. Nos sentamos y hablamos de temas banales, hasta que Daniela saca su móvil y nos habla de un temazo que escuchó ayer en la radio. Empieza a sonar y su melodía nos envuelve a las cuatro de tal manera que nos incita a bailar, es una nueva de Calvin Harris con Discipline, "How deep is your love", cómo de profundo es tu amor, eso me hace pensar en Leo otra vez. ¡Maldita sea! Intento olvidarle y ya es la segunda vez que le recuerdo hoy, por suerte, hemos estado tan ocupadas que han olvidado preguntarme por mi noche con Leo, cosa que me alegra, todavía me siento vulnerable con ese tema.
Cuando llega la hora de irse a casa salgo la primera. Todavía tengo un montón de cosas por hacer, y tengo que rellenar los papeles para la actividad extraescolar con Ivana. Al final hemos elegido yoga, para relajar nuestros chacras y todo eso, según Ivana, aunque creo que lo ha elegido para que yo me relaje un poco y no muera en mitad del curso por un infarto al corazón. La gente me dice que debo tomarme las cosas con más calma y que deje el café, pero ambas opciones me parecen imposibles, y para no variar, ignoro a todos y hago lo que me da la gana.
Cojo mis auriculares y busco alguna canción que no sea deprimente para variar. Busco hasta toparme algo que me llame la atención...5 Seconds of Summer, "She's kinda hot" la descargué hace poco y me gustó bastante, tenía ritmo y me encanta una frase del estribillo, "we are the kings and the queens of the new broken scene" y otra que decía "we are the leaders of the not coming back". Son frases bastante simples, pero, de alguna manera, me hacen sentir liberada. Me deleito con las cuatro voces australianas hasta el momento que me subo a mi skate y decido girar la esquina de la calle. Sebas está a menos de dos metros de mí, ¡Joder, me ha visto! Le veo con intención de acercarse y le dedico una peineta bastante elegante para ser un gesto tan feo. Justo cuando está casi a mi altura, me quito los cascos para soltarle cuatro frescas sin interrupciones, pero de repente alguien me pasa el brazo por los hombros.
-Hola nena, estabas aquí, menos mal, - me dice mientras me da un beso en la sien. -Te he echado mucho menos, venga, que te llevo a comer, y esta vez invito yo. No sé que tienen las mujeres de hoy en día con ser autosuficientes y pagar vuestras cosas, eliminando así el poco romanticismo que nos queda a los hombres. Sabes de lo que te hablo, ¿verdad, amigo? – dice el chico que ahora está a mi lado mientras le dedica una sonrisa a Sebas. Es alto, tiene el pelo negro y sus ojos son verdes; lleva unas converse negras, vaqueros negros, una sudadera azul celeste y a pesar de que ahora no hace mucho frío, también lleva un gorro gris, Es guapo, bastante guapo, y tiene algo que me resulta familiar, pero no sé que es. Por algún motivo, mi alma ha abandonado mi cuerpo y soy un receptáculo vacio.
No soy capaz de hablar, así que le sigo el juego, cojo mi skate del suelo, y me alejo con el chico misterioso. Cuando llegamos a un punto lo suficientemente lejos del instituto, el chico misterioso rompe el silencio.
-Buff, menos mal que estaba allí. Oye, ¿Qué te pasaba con el chaval ese? Saltaban chispas, en serio, si no llego a aparecer eso acaba en masacre, - su sonrisa hace que me olvide todo, y aunque no ha apartado el brazo de mi hombro tampoco me molesta.
- Oye muchas gracias por ayudarme. La verdad es que la masacre estaba asegurada, es más, todo empezó esta mañana..., y bueno, no quiero aburrirte con mis historias; debo irme, pero gracias otra vez por la ayuda, - le digo de todo corazón. Sinceramente, no sé cómo hubiera acabado la cosa si este chico no llega a aparecer; el caso es que me suena un montón, pero no sé de qué.
- ¡Hey!, que lo de invitarte a comer iba en serio, además de una excusa para librarnos del piltrafa que intentaba violarte.
-¡Sebas no iba a violarme! – le digo muerta de vergüenza ante su comentario. Cuanto más habla, más sospecho que le conozco.
- Pues tenía toda la pinta, yo que tú vigilaría las compañías con las que te juntas - me dice tan tranquilo.
- Intentaré hacerte caso, en fin, ha sido un placer, pero debo irme, en casa me esperan, - aunque mi curiosidad le suplica a mi cerebro que haga memoria para ubicar al chico misterioso, además en casa me esperan, y mamá me matará como llegue tarde.
-Emma, no me puedo creer que en todo este rato que llevamos juntos no te hayas dado cuenta de quién soy.
-¿Cómo sabes mi...? Un momento.... ¿quién eres...? – digo casi en un susurro.
- Vamos Emma, me estás destrozando, ¡no me puedo creer que me hayas olvidado! Lloraste durante días cuando me fui, y ahora que por fin vengo, ¿me has olvidado? No sé que voy a hacer contigo.
Me aparto ligeramente de él y le miro fijamente. De pronto, un montón de recuerdos pasan por mi mente. Un torbellino de recuerdos me inundan....¡¡Es él!! ¡No hay duda! ¡¡Es él!! No puedo creerlo, sencillamente no puedo creerlo... ¿¡Cómo no me he dado cuenta de quién era!? Ha cambiado mucho desde la última vez que nos vimos, incluso su voz...ahora es más grave; pero no tengo excusa. ¡Si lleva puesta mi colonia favorita! ¡Esa que le regalé! No puedo creerme que ahora mismo esté aquí, delante de mis ojos. Es verdad, lloré una semana entera cuando se fue, me enfadé tanto con él...con sus padres... y con el mundo... Un nudo en mi garganta me impide respirar con normalidad ante tanta emoción, él era la última persona a la que esperaba ver, y sin embargo, aquí está, guardándome las espaldas como solía hacer, sonriéndome con la cara más angelical del mundo. Las lágrimas vuelven a brotar en mis ojos y, al contrario que con Sebas, nos las reprimo, dejo que corran furtivas por mi cara, no soy capaz de hablar, así que hago lo único que llevo deseando hacer desde hace tres años, correr hacía él, abalanzarme con tanta fuerza que lo acabo tirando al suelo. Pero, no importa, estamos aquí, los dos, en el suelo tirados, yo encima de él, abrazándole con todas mis fuerzas, llorando con más fuerza, si es posible, que el sábado pasado. Grito emocionada, mientras que él se limita reír, abrazarme con fuerza y decirme lo mucho que me ha echado de menos y lo guapa que me he puesto en todos estos años, pero yo soy incapaz de hablar, solo puedo llorar y llorar y rogar que sea verdad que esté aquí a mi lado.

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