domingo, 25 de octubre de 2015

Capitulo 10

Creo que todo mi mundo se viene abajo. Miro a Alex, sin saber que decir y suelto el aire. Ni siquiera me había dado cuenta de que lo estaba conteniendo hasta que he aceptado la llamada. Solo han pasado cuatro días desde la última vez que nos vimos. Pensé que, al salir huyendo no querría saber nada de mí. Sin embargo, me ha esperado en la puerta de casa casi dos horas y encima me está llamando. ¿Cómo ha conseguido mi número? Tengo algunas conjeturas, pero ese no es el caso. ¿Por qué me llama? ¿Por qué aparece ahora? Yo estaba bien, había vuelto a ser la que era, lo había superado y ahora, en este instante... no sé quién soy. Me siento confusa y, por primera vez, tengo miedo.
- ¿Emma, sigues ahí? – dice en un susurro. Su voz me devuelve a la realidad y sé que debo hacer esto, por él, pero sobre todo, por mí.
-Sí Leo, sigo aquí. ¿Qué quieres? – sorprendentemente, le hablo con una serenidad que no creí capaz de conseguir.
- A ti...es decir....quiero verte....quedar contigo...si es posible. Perdona, estoy un poco nervioso...no quiero que vuelvas a huir de mí. – Su voz es dulce, algo nerviosa y me da la sensación de que intenta medir sus palabras para que yo no le vuelva a rechazar. ¿Lo habrá pasado tan mal como yo?
-¿Quieres verme...después de lo de la última vez?
-Sí...por favor.
-Vale. – Digo para sorpresa de ambos.
- Estupendo, - dice mientras suelta el aire. Creo que, o se siente aliviado o estaba conteniendo la respiración esperando mi respuesta. - ¿Cuándo? ¿Hoy? ¿Ahora?
-¿Hoy? – digo asustada. Miro a Alex que me mira inquisitivo, lo piensa y dice que no. Con señales, me indica que le diga que mañana después de clase. – Esto... hoy no puedo... ¿te parece bien mañana después de clase? Si quieres... - me siento nerviosa, pero Alex me tranquiliza sonriendo y levantándome los pulgares al aire.
- Me parece bien. ¿Hasta mañana entonces?
- Hasta mañana, Leo.
- Te espero donde nos vimos la segunda vez, hasta mañana Emma, - y cuelga antes de que pueda decirle nada. ¿Segunda vez? Esto me confirma que recuerda aquella fiesta.
- ¡Te lo dije! ¡Me debes cinco pavos! Se notaba que el chaval no iba a pasar de ti, los hechizas a todos con tus encantos muñeca, - dice Alex con gran entusiasmo.
- ¿Cinco pavos? En primer lugar, no apostamos, en segundo lugar, ¿pavos? ¿En serio? Creía que te habías ido a Inglaterra con las libras, no a América con los dólares y en tercer lugar, no cautivo a nadie con "mis encantos" – le digo enfatizando las últimas palabras.
- Es una forma de hablar Emma, que poco llevas al día la jerga juvenil. Y sí, tienes encantos. Vamos Emma, no empieces, eres guapísima, muy divertida, pero también responsable y tienes un cuerpo precioso, un poco menudo, pero tienes curvas y un culo alucinante. Además, las rubias llamáis mucho la atención, te lo digo yo, que en Inglaterra hay para regalar, y tus ojos, estos ojazos verde grisáceos tuyos son lo más precioso que alguien haya visto en su vida. – Dice con toda la sinceridad del mundo.
- Alex, eres un exagerado, - suspiro, - pero gracias, eso me hace sentir mejor. Siempre sabes qué decir para animarme, aunque no sé cómo sentirme respecto a mi culo, - le digo con una mueca.
-Tómatelo a bien, es mi consejo como figura masculina. Además, he preferido hablar de tu culo porque sabía que si hablaba de tus pechos me darías una buena paliza.
- Buena elección entonces, sabes que no me gusta hablar de mi cuerpo, - le digo y le doy un puñetazo en el brazo por sacar el tema. Es verdad que en estos últimos años he adelgazado unos kilos, no muchos, solo dos o tres, pero siempre me he sentido acomplejada y no me gusta sacar el tema. Alex lo sabe y no sé cómo se atreve a sacarlo, y más con respecto a mi pecho que, al ser algo voluminoso desde que desarrollé, he recibido algún que otro comentario desagradable y lascivo por parte de algunos compañeros de clase. Eso provocó que Alex se liara a puñetazos en varias ocasiones. Siempre fue así de protector conmigo.
- ¡Auch! Eso ha dolido, - dice y me saca la lengua.
-Ya sabes lo que pasa si hablas de temas tabú. Además, ¿no querrás que yo te recuerde alguna que otra anécdota de tu pubertad, no? Tengo una buena, te acuerdas de esa en la que me quedé en tu casa a dormir y...
-¡No! ¡Para! Eso fue involuntario, sabes que eso es normal en los chicos a esa edad, ¡no fue aposta! Prometiste no hablar de ello nunca.... – grita Alex. Se ha puesto rojo como un tomate, igual que en aquella ocasión. No pensaba contarlo, solo quería devolvérsela para que él también sintiera vergüenza.
-Va, va, que era broma, no se lo he contado a nadie, y nunca lo haré. Solo estaba bromeando, - le digo y le doy un beso en la mejilla para disculparme por mi travesura.
-Todavía no me creo que vayas a quedar con Leo mañana, - Alex cambia rápidamente de tema, sabe que eso desviará la atención de aquel recuerdo tan embarazoso para él.
-Yo tampoco. No debería haberlo hecho, puedo llamarle y cancelarlo, ¿no? – digo dubitativa.
-Emma, lo hecho, hecho está. No le des más vueltas, habla con él, tan mal no puede ir. Te acompañaré para que te sientas más segura, y tendré el móvil en la mano por si me necesitas. Correré hasta donde estés y le daré una paliza si te hace llorar.
- Se cuidarme sola, meterte en peleas por mí no te hará ningún bien, ya eres mayor para liarte a puñetazos por cualquier chorrada. Pero tienes razón, no puedo simplemente echarme atrás, ese no es mi estilo. Seguro que todo sale bien, ¿Qué es lo peor que puede ocurrir? Debo ser optimista, solo necesito planear la tarde de mañana, que me pondré, que le diré...si, si llevo un plan, no puede salir mal.
- Cuanto más planees, antes te explotará en la cara. Relájate, ponte guapa y habla con él, sé sincera, y si te hace daño, solo tienes que llamarme y yo le partiré las piernas.
-Gracias Alex, eres el mejor. Pero en serio, corta ya con ese estilo gánster que te has montado, nada de meterte en líos.
- Lo intentaré, pero no prometo nada. Sabes que siempre estaré para ti, ...menos ahora. He quedado con los caseros dentro de un rato, así que, cojo algo de ropa, me ducho y me voy. Si me hacen el contrato, me pasaré después a por las cosas, si no, vendré igualmente jejeje.
-Vale, vale, haz lo que quieras, yo tengo mucho que hacer, solo necesito coger mi mochila, el portátil y poner algo de música.
- Te veo ocupada, así que me voy, cuando termine me pasaré a verte, hasta luego nena, - Alex se acerca, me da un beso en la frente y se va.
- Hasta luego Alex, - le respondo antes de que cierre la puerta. Decido trabajar en la cama, cojo la mochila y saco el archivador y los libros, todo perfectamente ordenado y plastificado. Me levanto para coger el portátil y lo pongo encima de mis rodillas. Empiezo echándole un vistazo al horario de mañana, después a mi agenda con todos los deberes, exámenes y trabajos. En el portátil, abro mi reproductor y busco en la carpeta "música", le doy a reproducción aleatoria y empieza a sonar "Cheerleader" de Omi. Umm, buena canción para empezar, con el tema en pleno estribillo, cojo mi archivador y empiezo con mis quehaceres, tengo mucho trabajo y he de aprovechar que Alex no está para ponerme al día. Mañana estaré con Leo, con más motivo para adelantar tarea, ufff donde me he metido, después haré una lista con las cosas que quiero decirle, no puedo olvidar nada y debo guardar su número en mi teléfono. Emma, respira hondo, vamos paso a paso, primero el instituto, después Leo.
Cuando quiero terminar todo el trabajo son las ocho y no hay señales de Alex; estoy terminando de guardar mis cosas y ordenar la habitación mientras que en mi portátil suena el final de "Your song" de Ewan McGregor. Me encanta esa canción, forma parte de la banda sonora de la película Moulin Rouge, una de mis favoritas, debería decirles a las chicas de verla en la próxima fiesta pijama. Todo está en orden, ahora Leo. Cojo un folio del escritorio y un boli. ¿Por dónde empezar? Casi media hora después, creo que ya he dejado mi lista hecha, aunque deberé pasarla a limpio ya que tiene algún que otro tachón. Vuelvo a mirar la lista:
Temas que debo hablar con Leo
¿Me has echado de menos?
¿Dónde conseguiste mi número?
¿Por qué esperaste en la puerta de mi casa durante dos horas?
¿Por qué me besaste?
¿Me besaste porque me quieres?
¿Por qué tardaste tanto en ponerte en contacto conmigo?
¿Te gusto?
¿Recuerdas la promesa que me hiciste?
¿Qué recuerdas de la primera vez que nos vimos?
Colette
Ahora mismo no se me ocurre nada más, bueno si, pero muchas son relacionadas con los tachones que he hecho. No sé si podré, es un terreno bastante farragoso, y ambos sabemos que, para mantener una conversación medianamente civilizada, debemos evitar meternos en el ojo del huracán. Creo que voy a dejarlo aquí y miraré en mi armario. Después de otra media hora, por fin he elegido la ropa. No he parado hasta sacar literalmente toda la ropa del armario y probármela. Creo que me estoy volviendo loca, cuando se trata de Leo, pasa el tiempo de una manera exorbitante. Finalmente he decidido ponerme mis jeans negros ajustados favoritos, la camiseta gris de manga larga con un corazón negro en el centro que me regaló Dani por mi cumpleaños, unas vans grises... y cogeré aquel gorro de lana blanco que me compré en las rebajas el año pasado. No suelo vestirme así para ir a clase, normalmente voy con leggins, vaqueros normales y sudaderas. Sé que las chicas van a flipar, pero me da igual, quiero impresionar a Leo. También me maquillaré un poquito, sé que es una chorrada, pero cuando me maquillo me siento más segura conmigo misma. Miro el reloj, las nueve y media, ¿Dónde diablos se ha metido Alex? Creo que me ducharé primero y después le llamaré, sino iré a buscarle. Cuando bajo, escucho voces en el comedor y veo a Alex hablando con papá del partido que creo que acaba de terminar.
- El árbitro no se entera de nada, ¡era una falta en toda regla! ¡Y roja además! Casi le parte la pierna y...- está diciendo papá cuando entro en el salón, pero deja de hablar y me mira para saludarme. – Emma, hija, estábamos a punto de llamarte para cenar.
- Hola nena, ¿cómo estás? – dice Alex mientras se gira en el sofá para mirarme.
-¿Qué haces aquí? – le digo algo molesta por no haberme dicho que había llegado.
- Estaba comentando con Ricardo el partido que acabamos de ver, ¡tendrías que haber estado! ¡Te puedes creer que el árbitro....
-¡Me da igual! ¡Por mí como si le dan la tarjeta amarilla a la reina de Inglaterra! ¿No dijiste que vendrías cuando terminarás? – estoy molesta. Odio cuando la gente dice que harán algo y luego hacen lo que les da la gana sin decirme nada.
-Emma, llegué a las siete y media y subí a buscarte, pero estabas concentradísima con tus cosas y no quise molestarte, así que me vine a ver la tele. Ricardo vino al rato y empezamos a ver el fútbol, pensé en volver a subir, pero tu padre me dijo que ya bajarías cuando te diera hambre, - dice excusándose.
-Cariño, no te pongas así, como dice Alex, yo le dije que se quedara aquí conmigo. No eres la única que le ha echado de menos. Además, cuando seáis novios podrás estar con él todo lo que quieras, pero mientras deja que haga lo quiera, - me dice tan tranquilo.
-¡¡Papá!! ¡No digas eso! ¡Alex y yo no somos novios! ¿¡Por qué dices eso!? – le digo muerta de la vergüenza. A Alex parece que le divierte y se está riendo a carcajada limpia en el sofá, a saber qué le habrá dicho este pequeño hijo de su madre.
- Nena, prometo que cuando nos casemos, compraremos una casa por aquí para estar cerca de tus padres, - consigue decir Alex entre risas. Le fulmino con la mirada y después a papá que también está a punto de reírse en mi cara.
-¡Iros a la mierda! ¡Me voy con mamá a la cocina! – les grito mientras me dirijo a la cocina.
-Emma, venga, era una broma, no te enfades, - le oigo decir a Alex en la lejanía.
Mamá está terminando de colocar los platos en la mesa para cenar, le ayudo y llamamos a los graciosillos para que vengan a cenar. Transcurre una cena tranquila, Alex y papá son los que más hablan, mamá a veces participa y yo me quedo al margen, aún estoy algo enfadada, pero lo que realmente me distrae es mi cita de mañana. ¿Lo puedo considerar una cita? No lo sé. Termino de cenar y subo a mi cuarto sin mediar palabra, cojo el portátil y decido ver algo que me distraiga. Entro en facebook y veo que Martina ha compartido un video de un chico que ha hecho un cover de James Arthur con la canción "Impossible", le doy al play y empieza a sonar. El cover es bastante bueno, el chico no solo canta bien, sino que le ha añadido su propio estilo y le ha dado un toque flamenco, quedando en perfecta sintonía a pesar de ser la canción de género pop. Fijándome en la letra, me fijo en que habla de rupturas, corazones rotos y amores imposibles..., inconscientemente pienso en Leo, y veo que esta canción muestra que esos son los miedos que tengo con Leo,...el hecho de que me haga daño, rompa mi corazón y les cuente a los demás lo ocurrido entre nosotros. Pero ese miedo solo se puede tener cuando amas a alguien, ¿no? Llaman a la puerta y Alex entra cauteloso a la habitación, interrumpiendo mis cavilaciones. Paro la canción y dejo el portátil a un lado, sin abandonar mi contacto visual con Alex.
-Hola, - dice casi en un susurro. Creo que piensa que sigo enfadada. Bien, se lo voy a hacer pasar mal un rato, la venganza se sirve fría.
-Hola, - le respondo en un tono seco.
-¿Puedo entrar? – va con pies de plomo.
- ¿Por qué no? Total, a lo mejor luego ni siquiera entras. ¿Estás seguro de no quieres irte con tu suegro a ver el fútbol?
-Emma, por favor...- entra en la habitación, cierra la puerta y se sienta en la esquina de la cama, no se atreve a acercarse. – Emma, lo siento, no iba en serio. No quería molestarte, por eso bajé al comedor, y lo de casarnos era broma, tú eres a quien más quiero en este mundo, pero como una hermana. Así es como nos hemos criado, como hermanos, Audrey es mi novia, y la quiero; Ricardo y yo solo bromeábamos, no queríamos hacerte enfadar.
-Odio que digas que vendrás a verme o que me llamarás y luego hagas lo que te dé la gana, y encima me dices que solo me quieres como una hermana, después de dormir juntos y darte mi primer beso. No pensé que fueras tan corto, lo de Leo y Sebas era solo para darte celos por lo de la fulanita inglesa, ...veo que solo te interesarás por mí si llegamos un poco más lejos, - le digo y empiezo a levantarme, me acerco sensualmente hacía él y me acerco con intención de besarle en el cuello. Está tenso y su respiración se ha acelerado, su cara es de pánico puro, no me da tiempo a rozarle con mis labios cuando suelto el aire y empiezo a reírme con todas mis ganas y vuelvo a mi sitio mientras intento para de reír.
- ¡¡Joder, Emma!! ¡Eres lo peor! – me grita. Está enfadado, muy enfadado, pero se lo tiene bien merecido, eso le enseñará.
- Alex, vamos, no te enfades, era una broma, tú mismo lo has dicho, no iba en serio, - le digo mimosa para que se le pase el enfado.
-¡Nena, ni se te ocurra! Casi me matas de un susto, ...pensé que hablabas en serio. Así que ahora mismo te vas a la cama, castigada sin dormir conmigo, - lo dice muy serio, si cree que eso es un castigo va listo. Se levanta, me quita el portátil, lo apaga y lo deja en el escritorio, me echa a un lado, abre la cama y me mete en ella.
-¿No vas a dormir conmigo? – finjo pucheros.
-Hoy no. A Alicia no le hizo mucha gracia que durmiéramos juntos anoche, y no quiero enemistarme con ella. Mañana mientras estás en tu cita, yo llevaré mis cosas al piso, le he dicho que estaríamos toda la tarde juntos así que puedes ir tranquila con Leo que te cubro.
-Gracias Alex, - le digo mientras bostezo.
-De nada, buenas noche, Emma. – Alex me da un beso en la frente y se va su cuarto.
****
Mamá y Alex están abajo desayunando mientras yo todavía sigo arreglándome. Me he puesto el conjunto que decidí, he guardado la lista que no pasé a limpio en el bolsillo y me estoy terminando de maquillar. Anoche me desperté como un millón de veces, soñaba con Leo y todas las cosas que podían salir mal, y ahora tengo unas ojeras horribles...puff, estoy segura de que si me viera un oso panda me haría el ritual de apareamiento ¡Maldita sea! Por suerte, he conseguido disimularlo con el corrector, una línea negra y un poco de rímel, genial. Cuando bajo y voy a la cocina, Alex me mira de arriba abajo y me silba con gran admiración. Mamá está estupefacta y no se atreve a hablar. Papá acaba de entrar en la cocina y me mira bastante sorprendido. Esto es incómodo, así que soy la primera en romper el silencio.
-Buenos días a todos, hoy tengo una charla con la orientadora y algunas entrevistas para el periódico aprovechando algunas visitas que tiene nuestro instituto esta semana. Y debo vestir acorde a mi trabajo, -digo bastante seria y empiezo a comer.
-Estás muy guapa cielo, seguro que te va estupendamente, - es lo único que dice mamá. Terminamos el desayuno en silencio y Alex y yo nos marchamos para llegar a clase. En el instituto no mejora la cosa, Alex y yo somos el centro de todas las miradas, entiendo que le miren por ser el nuevo, pero ¿por qué a mí? ¡Maldición! Debería haberme puesto más sencilla. Las chicas también se ponen muy pesadas por cómo voy vestida, por suerte, entra el profesor y comienza la clase.
-Buenos días a todos. Hoy se incorpora a clase un nuevo alumno, se llama Alexandro Gianetti, ¿quieres presentarte ante tus compañeros? – dice el profesor Márquez en tono amable. Alex, que está sentado a mi lado, se levanta y mirando a los demás se dispone a hablar.
- Hola, prefiero que me llaméis solo Alex. Y que no os engañe mi apellido, el italiano es mi padre, yo soy de aquí. Pero me tuve que mudar a Inglaterra hace tres años. He venido para hacer mi último año aquí porque quería cambiar de aires, - y dicho esto, se sienta otra vez a mi lado y me dedica una sonrisa de bobalicón.
- Breve, me gusta. Chicos ayudadle en todo lo que necesite, Emma, ya sabes qué hacer con los nuevos alumnos, los demás, abrid el libro de historia por la página cincuenta y ocho. – y así, con la normalidad de siempre, pasó el día. A cada hora que pasaba me acercaba más a mi "cita" y yo cada vez estaba más y más nerviosa. Suena el timbre atronador y veo aterrada que ya es la hora. Miro a Alex que, sabiendo lo que estoy pensando, me infunde seguridad con una mirada de protección y cariño.
Nos despedimos de las chicas con la excusa de llevar las cosas de Alex a su nuevo piso y vamos en dirección opuesta a ellas, dirigiéndonos a Leo...le veo, allí está. Su pelo rubio es inconfundible. Lleva un vaquero algo ajustado, pero no mucho, una sudadera negra con cremallera. Veo cómo mira ceñudo el móvil. Nota mi presencia y levanta la vista, primero me mira a mí, sus preciosos ojos me dicen que se alegra de verme, pero luego ve a Alex, que me tiene cogida de la cintura para que no se me ocurriera salir corriendo, y sus ojos se oscurecen. Llegamos a su altura y Alex rompe el silencio.
-Emma, te dejo aquí, voy a estar con la mudanza. Pero ya sabes, si necesitas algo, llámame. ¡Lo que sea! – enfatiza, y mira a Leo desafiante, pero este no se achanta ante la amenaza.
-Gracias Alex, luego nos vemos, - le doy un beso en la mejilla para despedirme, el me da otro en la frente y echándole una última mirada a Leo, dice – te veo luego, Emma - y se va.
-Hola Leo, - le digo tranquila, debo parecer lo más serena que pueda, aunque en el fondo estoy temblando y aterrada de cómo va actuar después de lo que Alex acaba de hacer.
-¿Hola? – dice bastante serio, creo que se ha enfadado. Hace un ademán de darse la vuelta e irse, pero no quiero que se vaya. No me había dado cuenta de lo mucho que había extrañado a esos hermosos ojos azules. Debo detenerle.
-¡No te vayas! – le suplico. Me mira fijamente, me coge de la muñeca y me empuja hacia sus brazos.
-No pensaba irme, - me susurra al oído.

Outfit de Emma

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