domingo, 27 de septiembre de 2015

Capitulo 6

No me lo puedo creer. Después de toda esta semana estamos aquí, besándonos. Leo me tiene cogida por las caderas, agarrándome con fuerza, por el contrario, yo recorro su cuerpo con mis manos, hasta agarrarme a su cuello, y ambos, con los ojos cerrados, nos dejamos llevar. Empezó siendo un beso casto, simple, pero que poco a poco se va volviendo salvaje, sensual...nuestras lenguas se mueven a su libre albedrío, fundiéndose en nuestras bocas, fugaces, recorriendo ese terreno desconocido, pero a la vez tan familiar. Soy incapaz de alejarme de él, no puedo dejar de besarle, de recorrer su boca, de rozar mi lengua con la suya, morder su labio inferior mientras noto como una mano sigue en mi cintura, y la otra sube por mi espalda, acercándome más a él, sin que quede espacio entre nosotros. Siento todo de él, y él me siente a mí, nuestra respiración se acelera y mis dedos abandonan su cuello para irse a su cabello y acariciarle, él gime y me sujeta la cabeza con una mano, mientras que la otra abandona mi cintura y me acaricia la espalda y comienza poco a poco a descender. De repente, la lucidez llega a mi cabeza. Emma, ¿estás segura? Es Leo, mañana se lo dirá a sus amigos y se burlará de ti por haber caído en sus redes; mi mente me rememora a Sebas, sus besos bruscos, carecían de sentimiento, no me encendían de la manera que me ha encendido este beso, llenando mi cuerpo de adrenalina. Noto su mano que está a punto de tocarme el culo y, sin pensármelo, me aparto. No puedo hacer esto, él solo me ha besado porque hemos bebido, mañana, sin el alcohol en el cuerpo, todo volverá a ser como el lunes, con peleas, gritos y odio. Debo alejarme antes de que me haga daño o peor, me compare con Colette.
Leo me mira extrañado, sus labios están ligeramente hinchados por el frenesí de nuestros besos y sus ojos...esos preciosos ojos azules reflejan confusión y desilusión por mi reacción.
-Lo siento Leo, no sé qué me ha pasado, he de irme, - me siento aturdida, necesito separarme de él cuanto antes. Me desenvuelvo de sus brazos y me separo poco a poco de él.
-Emma, por favor...no te vayas, - me dice suplicante.
-Lo siento, no he debido hacerlo, - y con ello, me termino alejando de él y corro a casa. Meto la llave y entro en casa dando un portazo al error que acabo de cometer. Tiro los zapatos y el bolso al suelo, me echo hacia atrás, apoyada en la puerta y desciendo lentamente hasta sentarme en el suelo, me abrazo a mis rodillas, y empiezo a llorar desconsoladamente.
Después de llorar durante dos horas, decido levantarme y hacer algo. Voy al baño, me miro en el espejo y bufff no puedo estar más horrible. Mis ojos están hinchados, el maquillaje está corrido por todas las direcciones posibles, mi nariz está roja, me duele la cabeza y tengo el estómago revuelto. Me quito el maquillaje, me desnudo y me voy a mi habitación para coger algo de ropa, bajo a la cocina y me siento en la mesa, con la mirada perdida y un ibuprofeno efervesciendo en el vaso que acabo de coger.
Por fin me he liberado. Llevo con ganas de hacer esto desde el lunes, pero no quise hacerlo porque soy una chica fuerte, y no podía permitir que algo tan simple me afectara, pero los acontecimientos de hoy me han superado. ¿Por qué le he besado? ¿Por qué se ha portado hoy como lo ha hecho? Le odio a él y me odio a mí misma, y mucho. No entiendo cómo he terminado así, en sus brazos, pero ese beso... no puedo evitar compararlo con los que me daba Sebas. El beso de Leo tenía pasión y ¿deseo? pero eso es imposible, él me odia, o me odiaba, ¡joder! ¡No lo sé! Me bebo de un trago el ibuprofeno y subo a mi habitación, me meto en la cama y cojo el mp3. No quiero mirar el móvil, pero termino cogiéndolo para decirle a Dani que estoy bien, aunque ese mensaje se lo tenía que haber enviado a las seis y no ahora, a las nueve ¿¡En serio!? ¿¡Qué coño ha pasado!? He estado tres horas autocompadeciéndome con lloriqueos en la cocina, en fin, le envío el mensaje igual, después lo apago y cojo el mp3 con mi lista de reproducción para los momentos de bajón. Me tumbo, me pongo los cascos y empieza a sonar una guitarra. Billie Joel empieza a cantar y pienso en la canción, "Wake me up when September ends", despiértame cuando termine Septiembre, pues que a mí me despierten también, pero de esta horrible pesadilla, y poco a poco consigo conciliar el sueño.
Mis sueños no son mucho mejores que la realidad. Sueño con Leo, es más, nunca se va de mi sueño, solo veo sus ojos azules por todas partes, sus amables gestos, el acompañarme a casa y el beso, pero esta vez es distinto. Leo se aparta bruscamente, y se ríe.
-Espero que hayas disfrutado del beso. ¿Lo ves? te lo dije. Solo eres otra niñata facilona, eres igual que Colette, espero que disfrutes cuando se lo cuente a mis amigos, nos reiremos durante meses, - dice con petulancia.
-¡No! ¡No por favor! ¡Yo no he hecho nada, no soy Colette! ¡Eres tú el que me ha dicho lo del beso!, -le grito presa del pánico. No podría soportar sus burlas.
-Lo mejor será cuando les cuente como te mueves en la cama, seguro que les encantará saber los detalles.
-¡¡No nos hemos acostado!! ¡Eso es mentira, yo no soy así! ¡Ni se te ocurra inventarte nada y pregonarlo a los cuatro vientos! – le digo con lágrimas en los ojos.
-Pregonarlo, si, eso suena genial, ¿qué crees que pensaran los demás, y tus padres si se enteran? Pero para que vamos a contar una mentira pudiendo contarlo con hechos reales, - dice mientras se me echa encima y empieza a desnudarme. Doy un grito y me despierto.
Está todo a oscuras, ¿por qué? Ah, es verdad, lo deje todo a oscuras para que no entrara luz. Busco el móvil y lo enciendo, con la luz de la pantalla me acerco a la ventana y abro la persiana. La habitación queda iluminada y yo quedo temporalmente cegada hasta que mis ojos quieren acostumbrarse a la luz. Cuando me empiezo a acostumbrar, miro el móvil, son las dos de la tarde y tengo tres llamadas perdidas de mamá y otras dos de Daniela. Decido llamar primero a mamá.
-Emma, ¿Dónde estás? te he llamado un millón de veces y no me lo has cogido, ¿qué estabas haciendo? – dice mi madre preocupada. Mi cabeza es un torbellino y solo quiero que la conversación sea breve.
- Hola a ti también mamá, estoy en casa. Anoche vine un poco tarde y el móvil se quedo sin batería, acabo de darme cuenta ahora, perdona, - le digo con la esperanza de que valga la mentira piadosa.
- Bueno hija, solo te llamaba para decirte que tu padre y yo vamos a llegar a casa por la noche.
-Vale mamá, te tengo que dejar, estaba haciendo la comida y se me va a quemar.
-Ten cuidado, por favor. Nos vemos a la noche, te quiero Emma.
-Yo también te quiero mamá, hasta luego, - y cuelgo. No me apetece hablar ahora con ella, seguro que acabaría llorando otra vez. Ordeno las cosas que dejé de por medio cuando cojo el mp3 que, no sé cómo, sigue con batería. Suena "Sometimes" de Britney Spears, justo cuando voy a pagarlo, Britney canta "Sometimes I run, sometimes I hide, sometimes I'm scared of you, but all I really want is to hold you tight", a veces corro, a veces me escondo, a veces te tengo miedo, pero lo que de verdad quiero es abrazarte fuerte. Con esas palabras, apago el mp3 y me llevo las manos a la cara, para cubrirme los ojos que se me han llenado de lágrimas. Solo esas palabras han bastado para que empiece a llorar otra vez. ¿Será eso? ¿Rehúyo de Leo porque me he enamorado? No puede ser, no me puedo haber enamorado simplemente porque nos hayamos besado, es imposible, o ¿no?
Cuando dejo de llorar, bajo a la cocina y busco algo para comer. Macarrones, perfecto, los haré rápido y llamaré a Daniela. Sentada en la mesa de la cocina, observo un magnífico plato de macarrones con salsa boloñesa que se le haría la boca agua a cualquiera, pero hoy no tengo especialmente hambre. Cojo el móvil y llamo a Daniela, responde al segundo toque.
-¿¡Emma, dónde te metes!? ¿¡Ves normal decirme que estas bien tres horas después!? Y encima apagas el móvil, pero ¿¡a ti qué te pasa!? – me dice prácticamente gritando. En serio ¿por qué le ha dado hoy a todo el mundo por llamarme y luego responderme a gritos? Lo llego a saber y dejo el móvil apagado.
-Dani, tranquila, estoy bien, es solo que al llegar el móvil se me quedó sin batería. A las nueve me desperté y vi que estaba apagado así que, lo conecté en el piso de abajo, te envié el mensaje y me acosté, ya está. Pero por favor, no me grites, me duele mucho la cabeza, - le digo en un intento de huida. No suelo mentir, pero no me siento preparada para hablar de lo que pasó anoche.
- Perdona Emma, no quería ponerme así, pero estábamos muy intranquilas. Bebiste mucho y encima te fuiste con Leo, y después de lo que ya sabes, pensé que podría haber pasado algo.
Me da una punzada en el corazón en cuanto Daniela nombra a Leo, pero no puedo contárselo, aún no. Ni siquiera sé cómo me siento yo, cómo para explicárselo a los demás. Debo responder, llevo varios minutos callada. – No pasó nada Dani, él me acompañó, apenas hablamos, y en cuanto llegué a casa me tomé un ibuprofeno. Ahora me tomaré otro en cuanto termine mis macarrones, - los vuelvo a mirar, solo me he comido una tercera parte, pero no creo que pueda comer más, así que los guardaré parar después. Odio tirar la comida.
-Las chicas y yo hemos pensado en ir a verte ahora después para ver cómo estas, si te parece bien, - dice Daniela para mi sorpresa. ¿¡Venir!? ¡Ni hablar! Se darían cuenta de que pasó algo anoche y no me dejarían en paz hasta saberlo, debo inventarme algo, y rápido.
-No, Dani, no vengáis, estoy bien, bueno, quiero decir, no, que no estoy bien. La resaca es horrible, y me voy a acostar en cuanto coma. Me voy a pasar lo que queda de día durmiendo, así que no podrá ser, mejor mañana nos vemos en clase y hablamos sin resacas de por medio.
Oigo a Daniela suspirar, -como tú veas Emma, de todas maneras, esta noche te envío un mensaje para saber cómo estas, ¿vale?
-Vale, vale, hasta luego Daniela
-Hasta luego Emma, - y dicho esto cuelga.
Son las siete y media, y la resaca ha desaparecido. Los ibuprofenos, el agua e internet han ayudado bastante. No he conseguido conciliar el sueño después de mi llamada con Dani, así que decidí ducharme y ponerme mi pijama para mis momentos de bajón. Se trata de un pantalón de cuadros y una camiseta ancha de color blanco con un corazón en el centro, es negro y está resquebrajado, pero con tiritas y remiendos en un intento de ser arreglado. Llevo mi cabello rubio recogido en una trenza a medio lado, y llevo toda la tarde echada en el sofá de mi comedor, con el portátil en las piernas, viendo películas tristes y comiendo helado. Sí, ya lo sé, pura americanada, pero me da igual, no pienso ser la única que sufra. Termino de ver 50 primeras citas y aquí estoy, llorando a moco tendido por el final. No sé qué leches me pasa, pero tanta sensiblería por mi parte me está matando, vale que siempre lloro con esta peli, pero no desde la mitad; escucho las llaves y voces, mis padres están aquí.
-Hola Emma, ya estamos aquí, - dicen los dos al unísono. Yo les respondo sonándome mi ya despellejada nariz. Ambos entran en el comedor y al verme así se ponen tensos, se acercan y me abordan con preguntas de todo tipo.
-Mamá, papá, no pasa nada. Es solo que no me he levantado bien hoy, algo que comí ayer no me sentó bien y me quedé aquí viendo una película. Pero escogí la menos indicada, Adam Sandler sabe cómo conmover a una con ese final tan bonito.
-Cariño, ¿por qué no llamaste? Si algo te ha sentado mal tendrías que habérmelo dicho. Voy a prepararte una sopa o algo. Si mañana sigues así no vas a clase, ¿entendido? – dice mi madre preocupada, y se va disparada a la cocina para hacer la sopa.
-Emma, tu madre tiene razón, pero creo que exagera, ¿de verdad estas bien?
-Si papá, estoy bien, pero entre tú y yo, prefiero los macarrones que me sobraron a la sopa.
-Yo también, pero si no quieres hacer enfadar a tu madre, tómate la sopa y acuéstate. Mañana si quieres ir a clase o no es cosa tuya. Además, tu madre se pone demasiado nerviosa y si fuera por ella te llevaba al hospital. – me dice con una sonrisa. Y sí, ese es papá. Un hombre tranquilo, que sabe qué decir, sin decir realmente nada. Le dedico una leve sonrisa a pesar de mi estado, voy a la cocina y me tomo la sopa. Mi madre no para de hablar durante la cena, contándome cómo lo han pasado en casa de mi hermana, preguntándome cómo lo pasé en la fiesta de Dani y repitiéndome cada cinco minutos si con la sopa me siento mejor y que mañana no vaya a clase. Normalmente me niego a quedarme en casa, odio faltar a clase, pero esta vez decido hacer caso a mamá y quedarme en casa. Necesito estar sola, y no soy capaz de enfrentarme mañana a las chicas.
Paso todo el lunes encerrada en mi habitación, con mi pijama de los bajones y con el portátil sonando temas tristes. Estoy pasando unos apuntes de clase a limpio hasta que mi móvil suena. Es Daniela, lo cojo.
- Hola Dani
-No digas "hola Dani" ¿por qué no has venido a clase? – dice Ivana. ¿Ivana? Vuelvo a mirar la pantalla y veo el nombre de Daniela, seguramente habrán quedado.
-Ivana, ¿por qué me llamas con el móvil de Daniela?
- Porque yo no tengo batería y Martina me ha dicho unas veinte veces que te llamara.
-¿Habéis quedado todas juntas?
-Sí, ahora mismo está el móvil en el manos libres, saludad chicas, - y escucho unos estruendosos saludos desde el teléfono que me obligan a apartarme el móvil de la oreja.
-Bueno, ¿nos vas a contar por qué hoy has decidido desertar y ocultarte en tu cueva? – dice Martina.
- Todavía no me sentía bien, creo que voy a dejarte que seas la reina del alcohol una temporada más, mi cuerpo no tiene tanto aguante como el tuyo Martina.
- Eso te enseñará a no querer desbancarme principiante, - me dice Martina burlona.
-¡Chicas parad de una vez! Emma cariño, ¿estás mejor? Espero que mañana vengas a clase, Ivana te está mandado desde mi portátil lo que hemos hecho en clase y los deberes, no te preocupes. – Daniela, siempre tan responsable y tan atenta conmigo.
-Emma, acabo de enviarlo todo, y espero que no se convierta en una costumbre ser desertora. Hoy en el periódico me he tenido que encargar de tu trabajo al no estar tú, y recuerda que ya casi no tenemos tiempo para apuntarnos en alguna clase extraescolar. Por lo que mañana tenemos que hablarlo sí o sí, - me recuerda Ivana. Madre mía he estado tan ensimismada esta semana que había olvidado todo eso, debo ponerme al día, dejar este ritual de lloriqueo en mi habitación con mi pijama y canciones que parten el alma y olvidarme de las películas con helados para ahogar mis penas. Soy Emma Ortega, futura reportera, una chica fuerte, que siempre ve el lado positivo. Y esto sólo ha sido un contratiempo. Mañana me levantaré, iré al instituto y será otro día. Se acabó Leo, el sábado noche no existió.
-Claro Ivana, gracias por recordármelo, en seguida me pongo a ello. Mañana lo tendré todo listo, perdonadme por ser una desertora, en clase hablamos y nos ponemos al día, ¿vale chicas? Os quiero, besos para todas, ¡muack! – y cuelgo antes de dejarles decir nada. Vuelvo a coger el portátil, le echo un vistazo al correo de Ivana y me pongo manos a la obra. Se acabó la depresión. Cierro la carpeta de canciones tristes y enciendo Spotify para ver las novedades. Busco un poco y elijo un tema que me llene de vida. Encuentro una lista llamada FOUR, entro para curiosear un poco y descubro que es un álbum del grupo One Direction. Ya oí hablar antes de este grupo. A Daniela y a Ivana les encanta, yo solo escuché unas pocas canciones, y la verdad es que son bastante pegadizas. Busco una que me guste y a los pocos segundos, mi habitación se llena de ritmo y suena Girl Almighty. De pronto me siento más animada y, siguiendo la letra, canto con ellos, "let's have another toast to the girl almighty, let's pray we stay young, stay made of the lightning". Estoy cantando, cantando con ganas, con una sonrisa en la cara y bailando encima de mi cama. Esta soy yo, la Emma que canta y baila en su cuarto, la positiva, y la que nunca debo olvidar. He vuelto y tengo mucho por hacer.

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