domingo, 20 de septiembre de 2015

Capitulo 5

Hora y media después, Martina y yo ya nos hemos bebido más de media botella de ron, cuatro cervezas cada una y cinco chupitos, creo que dos eran de tequila.
Me siento mareada, pero no me importa, es como si por primera vez en toda la semana hubiera dejado de importarme todo, ¿por qué no empecé a beber antes? Tal vez mañana me arrepienta por la resaca, pero me da igual, ahora nada importa. Además, estoy sola en casa, con dormir todo el día la mona se me pasa.
- Emma, ¿Cómo vas? Recuerda que no estás acostumbrada a beber y me has seguido muy bien el ritmo. Pero creo que deberíamos relajarnos un poco el resto de la noche – me dice Martina. Ella es la que más bebe del grupo y la que más aguante tiene, pero tiene las mejillas sonrosadas y los ojos brillantes, así que creo que ha dicho eso más por las dos que por mí sola.
-Marti, estoy bien, creo que nunca antes había estado mejor. Voy al baño, ¿te vienes?
- No, voy a hablar un rato con esos chicos de allí, y creo que después deberías venirte. Además, nos llevan observando un buen rato y qué mejor que terminar la noche con esos buenorros para completar la noche– me dice guiñándome un ojo.
-¡Martina por favor, no empieces! Si tengo ganas me paso después, ¿Vale?
Con esto me giro y, tambaleándome un poco, consigo ir al baño. Necesito eliminar el alcohol de mi cuerpo, corre bastante por mis venas y tengo ganas de hacer pis desde el tercer chupito. Al salir del baño me sigo sintiendo algo mareada, así que opto por salir a la calle a despejarme. Sin embargo, mis planes se ven frustrados al ver a Leo. ¿¡Qué hace él aquí!? ¿¡No dijo que no pensaba venir!? No puede ser, pero es él, ¿no? Va disfrazado de Jack Skellington con Aaron, creo. Tienen que ser ellos, su pelo los delata.
Una parte de mí se siente aliviada al ver que Aaron ha cumplido su promesa de venir, es más, ahora mismo, está buscando a Ivana y se dirige hacia donde se encuentra. Me alegro mucho por ella. Mi otra parte, la egoísta, no entiende por qué Leo se encuentra aquí y solo desea que se largue en seguida, pero, no sé si es porque yendo disfrazado no me intimida, o por todo el alcohol ingerido, que decido dejarme de tonterías, ignorarlo y seguir con mi plan de salir a la calle. Camino como puedo entre la multitud, hasta que alguien me da un leve empujón que afecta a mi torpe equilibrio y me manda dirección al suelo, pero antes de que eso ocurra, alguien me agarra del brazo y me tira hacia él.
No veo con claridad. Todo me da vueltas, necesito salir de aquí inmediatamente. Decido darle las gracias a mi salvador, pero me quedo de piedra al levantar la vista. ¡¡Joder, es Leo!! ¿¡Cómo puede ser!? Me he desviado todo lo posible para no cruzarme con él, ¿¡cómo he terminado en sus brazos!?
-¿Estás bien? – Me pregunta con preocupación.
- Si....estoy bien – intento decir. Me cuesta mirarle a la cara, no me puedo creer que esté aquí, y todavía me tiene entre sus brazos. Necesito salir enseguida, me siento mareada, tengo el estómago revuelto y sé, que si sigo aquí, acabaré vomitando ¡Maldito alcohol! –Gracias, -le digo, me suelto y me voy todo lo rápido que puedo a la calle.
Abro la puerta, salgo y me siento en los escalones. Un golpe de aire me azota la cara y me espabila bastante. Acepto agradecida el frío de Octubre y poco a poco me siento mejor, se me aclara un poco la mente y las nauseas van desapareciendo. Miro el móvil, las dos y media, no puedo irme de la fiesta aún, Daniela se pondría triste y ni siquiera le hemos dado la tarta. Definitivamente no me puedo ir. Me siento tan estúpida, no tendría que haber bebido tanto, me sentía bien, despreocupada de todo, pero ahora me siento fatal, y no sé cómo reaccionar ante...
-Estas aquí, menos mal, pensé que te habías ido, -dice Leo, bastante aliviado de verme, eso es raro, porque la última vez que estuvimos juntos la cosa no acabó precisamente bien.
Doy un respingo al escuchar su voz, no me esperaba en absoluto que me siguiera. Necesito crear distancia ante mi estado de embriaguez. -¿Por qué debería irme? Es el cumpleaños de Daniela, no pienso irme hasta que amanezca, - le digo en un tono borde, envalentonada por todo el alcohol que todavía fluye por mi cuerpo.
-Vaya, ¿tu carácter nunca tiene un respiro o qué? Solo quería saber si estabas bien. Se nota a kilómetros que has bebido por ti y por todos tus compañeros, y me sentiría culpable si te hubieras ido de la fiesta en ese estado, - me dice en un tono tranquilo mientras se sienta a mi lado en el escalón.
-¿Lo dices en serio? Pensé que después de la última vez que hablamos me odiabas lo suficiente como para dejar que me despeñase por las oscuras calles de la ciudad. – mi intento de bromear borracha es todo un fracaso, pero creo que mi comentario no le ha afectado.
- Yo nunca he dicho que te odie, y aunque así fuera, nunca permitiría que deambularas por ahí sola borracha como una cuba. Martina me ha dicho todo lo que habéis bebido y para ser tu primera borrachera es raro que no hayas vomitado ya o estés en el suelo K.O. Además, la última vez que hablamos me comporte como un gilipollas y todo lo que me dijisteis Daniela y tú estaba más que justificado. – Esos ojos azules muestran más sinceridad que nunca.
A pesar de mi estado de embriaguez, he memorizado cada palabra que me ha dicho. No me puedo creer ese cambio tan radical de actitud hacia mí. La última vez nos gritamos, y casi que nos aborrecíamos. Y ahora, estamos aquí sentados. Él cerciorándose de que esté bien, y yo, borracha, bien.
- Guau, no me puedo creer que lo hayas reconocido, y ¿por qué has hablado con Martina? - digo arrastrando las palabras. Ya que a pesar del aire fresco mi mente todavía se niega a procesar las cosas a su velocidad normal.
- Cuando hemos chocado antes, quería hablar contigo. Estabas a punto de desplomarte y noté que no estabas bien, pero te fuiste muy deprisa y no sabía si era buena idea seguirte. Vi a Martina y le pregunté, me dijo que habíais bebido mucho y que ibas al baño, pero al verte en la dirección contraria, pensé que querrías aire fresco. Y por lo que veo, no me he equivocado. –Está bastante sereno, seguro que no ha bebido como yo.
-¿Y para qué me buscabas? ¿Te dejaste algo más que decirme? –Acabo de darme cuenta de que, mi mal carácter junto con el alcohol me produce una gran valentía, pero sobre todo una lengua bastante viperina.
- En primer lugar, toma, bebe, - dice ofreciéndome su copa.
- Leo, en mi estado no es aconsejable que beba más.
-No es alcohol, es agua. Pensé que con lo que habías bebido lo mejor era que bebieras un poco de agua, previene la resaca, - dice mientras me vuelve a ofrecer la copa.
-Gracias entonces, -le digo mientras acepto el vaso y le doy un trago. – Continua –le invito a seguir con lo que quiera que me quiera contar.
- Bien. Llevo toda la semana pensando en nuestra última conversación, y Daniela tenía razón, no tenía por qué tratarte así, y creo que te debo una disculpa.
-Si te soy sincera, eso era lo último que esperaba por tu parte, una disculpa. Pero ahora te pregunto ¿por qué me has tratado así si nunca antes habías hablado conmigo? – le digo del tirón. Por fin se lo he soltado. Por fin me he atrevido a decirle lo que me lleva atormentando desde el lunes. Creo que beber tiene sus cosas buenas, aunque acabo de recordar que sí habíamos hablado antes...en aquella fiesta. Y entonces no soy capaz de callarme y le salto de repente -¿Eres rubio natural?
Creo que la pregunta le ha pillado por sorpresa y me mira bastante sorprendido, luego gira la cara y se ríe.
-¿En serio me acabas de preguntar si soy rubio natural? ¿Pudiendo decirme cualquier cosa has optado por preguntar por el color de mi pelo? En serio, eres de lo que no hay. Y sí, soy rubio natural.
-Entonces, ¿nunca has sido moreno? ¿Y alguna vez has llevado piercings? Y por cierto, no me has respondido a mi primera pregunta, - le suelto atropellando las palabras.
-Hace unos años me teñí de moreno porque perdí una apuesta. Y sí, llevé piercings hasta hace poco, ahora solo llevo el pendiente, - dice señalándose el oído. - ¿A qué vienen tantas preguntas sobre mi aspecto anterior?
-¿Por qué solo te centras en las preguntas irrelevantes y no me respondes al por qué me has tratado mal? – le digo exasperada. El hecho de estar aquí dándome el aire y de haber bebido ese vaso de agua me ha despejado bastante la cabeza.
- Porque te olvidaste de mí, -dice muy serio.
Me quedo mirándole perpleja. No se olvidó de mí. Ni se ha olvidado de la promesa. Se acuerda de aquella noche, estoy segura. Esos ojos azules son profundos, irradian sinceridad, y yo no puedo evitar perderme en ellos. Quiero decirle que no me he olvidado de él, que ya le he recordado, pero en cuanto abro la boca para responderle, Ivana sale con Aaron y nos interrumpen.
-¡Emma, al fin damos contigo! –dice Ivana aliviada
-¡Leo, tío, pensé que te habías largado sin mí! Ven, vamos a beber algo, - le dice Aaron con una sonrisa de oreja a oreja y...vaya, no me lo creo, está cogido de la mano de Ivana. Parece que les va cada vez mejor.
-¡Vamos chicos! Estábamos a punto de traer la tarta, menos mal que Daniela se ha dado cuenta de que no estabais. Venga, venga, la noche es joven, y tenemos mucho que celebrar, ¿verdad, Aaron? – Ivana nos mete prisa para que entremos de una vez, pero no aparta la mirada de Aaron. Está completamente embelesada por él.
Entramos al local y nos reunimos todos en torno a Daniela y su enorme tarta de cumpleaños, le cantamos el cumpleaños y tras unas palabras de agradecimiento, sopla las velas, deseando a saber qué con una sonrisa en los labios. Daniela se acerca y me coge de la mano, reuniéndonos al grupo y nos riñe por no estar con ella en toda la noche, pero conseguimos que vuelva a sonreír a cambio de bailar y beber hasta que amanezca.
Son las seis de la mañana, solo quedamos nosotras, Aaron, Leo y David, que lleva un rato diciendo que quiere cerrar el local y que nos larguemos ya. Está claro que bromea, pero yo estoy deseando irme a casa, los pies me están matando, he bebido demasiado, y para evitar la resaca, seguí el consejo de Leo y combiné alcohol y agua. Todas van a casa de Daniela a dormir, yo incluida, o ese era el plan, pero estoy demasiado cansada, y el comportamiento de Leo es algo que debo analizar en la soledad de mi habitación, y sobre todo, con la cabeza despejada. Nos despedimos de David, salimos del local y nos vamos a casa todos juntos, pero al llegar al cruce, me paro.
-Emma, ¿te pasa algo? – me dice Martina
-Dani, chicas, sé que acordamos dormir todas juntas en tu casa, -digo señalando a Daniela, -pero no me siento bien, he bebido demasiado, y prefiero dormir la mona en casa, espero que no os importe.
-¿Por qué debería importarnos? Si no te encuentras bien y quieres irte a casa, lo entendemos, no te preocupes, - me dice Ivana mientras se funde en los brazos de Aaron.
-Emma, cariño, si no te encuentras bien ¿no es mejor que te vengas a mi casa y te de unos ibuprofenos o algo? Te puede pasar algo estando sola en ese estado, - Daniela y su cara de preocupación me rompen el corazón, pero necesito estar sola.
-Daniela, no te preocupes, estaré bien, sé cuidarme muy bien yo sola. Solo necesito que me baje el alcohol y dormir hasta mediodía.
- Deberíamos acompañarte, así nos quedaríamos todos más tranquilos, ¿no? – dice Aaron para mi sorpresa. Este chico siempre me ha caído muy bien, es muy amable y cariñoso.
-No, de verdad chicos, es muy tarde, y todos estamos cansados, no quiero que deis dos viajes por mí. De verdad, estaré bien, - les digo para tranquilizarlos.
-Yo puedo acompañarte, total, vivo por ahí también, -dice Leo para sorpresa de todos.
-Entonces, decidido. Leo acompañará a Emma a casa, y no aceptaremos una negativa por tu parte, - dice Aaron señalándome, - a estas horas las calles son muy peligrosas para una muchacha. -Y sin poder discutirlo, nos despedimos y mientras los demás se van en una dirección, Leo y yo nos vamos por la otra.
-¿De verdad vives cerca de mí? – le digo después de andar un rato para romper el silencio.
-En realidad no, pero nos dejamos una conversación a medias, ¿recuerdas?, - me dice con una sonrisa.
-Y ¿eso significa que me explicarás lo que me querías decir antes?, - le respondo inquisitiva.
-Mmmm, no, no tengo ganas de explicártelo, - me suelta con su chulería habitual. Tiene los ojos inyectados en sangre por el alcohol, pero parece bastante fresco, o al menos más que yo.
Será.... – ¿Entonces para qué has venido conmigo, si puede saberse?
-Porque no iba a permitir que te fueras solas en este estado. Vamos, ¿te crees que no me doy cuenta de que te vas tambaleando? Parece que vayas a desplomarte en cualquier momento y yo que tú me quitaba esos zapatos, angelito. Además, disfruto haciéndote enfadar, - y me guiña un ojo.
-Menudo capullo estás hecho.
-Sí, me lo dicen muy a menudo – dice soltando una risotada. Me paro en seco y él se gira mirándome perplejo. - ¿Qué te pasa? ¿Por qué te paras? ¿He dicho algo malo?
-Voy a quitarme los zapatos, - le digo. Me agacho y tras quitármelos, los cojo por la tira y avanzo hasta ponerme a su lado. – Estoy agotada, estos zapatos han acabado conmigo. Solo quiero irme a casa y dormir hasta que se me pase la borrachera.
- Vamos no digas eso, la llevas bastante bien, no has vomitado y tampoco te ha dado un coma etílico. Siéntete orgullosa, dentro de unas horas quizá no estés tan bien.
-Esto... ¿gracias? creo que es una de las cosas más agradable que me has dicho esta semana. Además, no me puedo creer que estemos un día a gritos y otro charlando tan tranquilamente de madrugada por la calles.
-Eso es porque somos muy parecidos, por eso tenemos tendencia a chocar. Digamos que es un lucha de fuego contra fuego.
-Podrías simplemente decir que te encanta buscarme la boca y terminamos antes, - le digo acompañando mi comentario con una risa breve, pero alegre.
-También podemos decir que es así. Me encanta oírte sonreír, ese sonido alegra al alma.
-¿Leo, estás bien? Creo que no he sido la única que ha bebido de más, estas muy raro.
-¿Tú crees? Ahora mismo me siento en la cima del mundo, o en el cielo, junto a un ángel caído.
-No soy un ángel caído, soy un ángel oscuro. Ya estabas tardando mucho en decirme algo con respecto a mi disfraz, -le digo algo incomoda ante su elección de palabras.
-Estás terriblemente sexy con ese disfraz, aunque nunca pensé que un ángel oscuro pudiera tener una melena rubia, - sus ojos brillan de una forma especial... ¿deseo tal vez? No, eso es imposible.
-Por favor, no digas más tonterías, y ya puedes irte a casa, hemos llegado a la mía, - le digo señalando la casa que tenemos enfrente.
- Entonces, es hora de despedirnos, - se acerca un poco, - será mejor que bebas mucha agua y tomes algún que otro ibuprofeno antes de dormir para evitar la resaca, - se acerca más, - bueno, vamos a despedirnos bien, ¿me vas a dar dos besos de despedida?
¿¿¡Qué!?? ¿Qué le pasa a Leo? Ha bebido demasiado y está...está... ¡está demasiado cerca! He de alejarme, estoy a menos de quince centímetros de él, debo evitar que haga algo de lo que mañana me echará en cara.
-Esto... gracias, lo tomaré en cuenta, beber agua e ibuprofeno, memorizado – digo mientras me alejo de él y me acerco más a mi casa.
Leo se da cuenta de mi evasiva y me agarra del brazo y me dice - ¿Ocurriría algo malo si te besara?
No sé si es por el efecto del alcohol que corre por mis venas, por toda la tensión de la semana, porque esta noche se ha portado bien o si es simplemente que soy idiota porque, tras sus palabras, me echo sobre Leo y, poniéndome de puntillas, le beso en sus cálidos y dulces labios.

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