domingo, 6 de septiembre de 2015

Capitulo 3

Veinte minutos después, he terminado de contarle a Dani la sesión de gritos que ha acontecido en su casa y hemos devorado medio paquete de galletas. En serio, debo preguntarle a su madre dónde las compra. De paso, les hemos enviado un mensaje a Ivana y a Martina para desearles suerte en la recuperación de mañana.
-Entonces, ¿crees que al final no vendrá a tu fiesta? Y si es así, ¿Aaron querrá venir igual? No quiero que Ivana pierda esta oportunidad porque no soporte a Leo.
-Emma, no te preocupes, si a Aaron le gusta Ivana, nada le impedirá venir el sábado. Que Leo y tú no congeniéis es solo culpa de él, -me dice Dani para que no me sienta mal.
- No sé Dani, desde esta mañana que nos quedamos solos, no hemos parado de discutir, incluso hace un rato, cuando me ha cerrado la puerta, pero luego fue... distinto. Reconozco que hubo un momento en el que parecía que nos estábamos empezando a llevar bien, pero luego soltó ese comentario tan cruel, y me afectó tanto a pesar de que él no me importa, que solo quería alejarme todo lo posible de aquí. Menos mal que llegasteis -le digo con la voz rota.
-Siento muchísimo haberme ido. Al ver la hora, dije que me quedaba, pero Leo insistió tanto en quedarse que, pensé que querría arreglar las cosas contigo o algo. -dijo con preocupación. -Mira, Leo era un chico fantástico, siempre estaba alegre y no era capaz de decir comentarios como los que te ha dicho.
- Danielle Anne Jefferson, ¿Estamos hablando del mismo Leo? -pregunto bastante incrédula.
- Te lo voy a perdonar porque ahora mismo estás mal, pero sabes que odio cuando decís mi nombre entero, -dice fulminándome con la mirada. – Mira, sé que cuesta bastante de creer, pero ha cambiado mucho desde que volvió, todo fue por culpa de...
-¿Colette? -Termino al ver que le cuesta terminar
-Sí, Colette, -dice bajando la mirada.
-¿Me vas a contar lo que les ocurrió o es un tema confidencial? Aunque en el fondo me da igual si me lo cuentas o no, - digo intentando sonar indiferente, aunque en realidad me muero por saberlo.
- Si Leo sigue rondando por aquí, tarde o temprano te acabarás enterando, así que, no creo que pase nada porque te lo cuente. Total, a él no se le ve con intención de hacerlo, y creo que te debe una por el numerito de mi salón. No creo que le importe que lo sepas.
- No le importo lo más mínimo, así que, ¿qué más da si me cuentas algo de él? Además prefiero que lo hagas tú, porque él ni siquiera es capaz de hablarme sin soltarme una fresca - intento bromear, pero al decirlo me ha temblado ligeramente la voz. Solo espero que Daniela no se haya dado cuenta.

- Verás, todo empezó hace dos años. Creo que no lo recuerdas, pero Leo estuvo en la fiesta de Austin.
-¿Fiesta de Austin? -le digo confundida. Mi mala memoria me juega malas pasadas.
-¡Sí, mujer! ¡La fiesta de Austin! Esa que le organicé de despedida cuando se fue de Erasmus. En esa fiesta vinisteis vosotras y sus amigos, pero nos tuvimos que ir temprano porque éramos, según ellos, muy pequeñas para ese tipo de fiestas. Allí estuvieron Aaron, Leo y los otros amigos del grupo de Austin. Ivana habló con Aaron por primera vez esa noche, pero como también se fue de Erasmus, no ha podido volver a verle hasta que coincidieron aquí en mí casa unos meses después de volver. Ya le gustaba la primera vez, y se llevó un gran chasco cuando le dijo que él también se iba. De hecho, pensó que se había acabado todo, pero cambió de opinión al verle hace unos meses y, ya ves, la llama volvió a surgir.
- No me puedo creer que Ivana no nos haya dicho nada de eso. Sé que es más reservada para ese tipo de cosas, pero ¿por qué solo te lo contó a ti? –le digo algo triste.
- Obviamente, al contrario que vosotras, yo podía ofrecerle la información que ella quería saber, mi querida Emma, - dice Daniela bastante satisfecha con su deducción.
- Bueno, ¿vas a seguir contando, o vas a continuar fanfarroneando de tus dotes informativos? Creía que la futura periodista iba a ser yo, -le digo fingiendo estar indignada.
- Tal vez si dejaras de interrumpirme, podría proseguir con la historia. Además, si no recuerdo mal, esa noche hablaste con él.
-¿¡Que yo hablé con Leo!? ¡Imposible, le recordaría! Tendría que recordarlo, ¿no? Vamos, algo así no se olvida. – estoy escandalizada y creo que me entra el pánico, ¿Cómo no me puedo acordar de él?
-Emma, ¡Maldita sea! ¡Calla de una vez y no me interrumpas más! Tal vez no te acuerdes porque estuvimos bebiendo, no mucho, pero al principio sabes que con dos copas nos reíamos como tontas. En fin, yo recuerdo que hablaste con él y luego, mis padres nos recogieron.
En esa fiesta, casi todos se despidieron por una temporada, algunos por estudios como Austin y Aaron, y otros para mejorar su estilo de música. Ya sabes, moverse por otros sitios, conocer otros estilos, mejorar, perfeccionar y todo eso. Leo fue uno de ellos. Se fue un año a Francia para conocer otros estilos, conocer gente y abrir aún más su mente.
Allí conoció a Colette. Se enamoró profundamente de ella, y el año que estuvo allí lo pasó casi entero con ella. Al volver, la trajo a ella, nuevos conceptos de música y mucho amor. Pero ese amor sólo le duro seis meses más, no por él, sino por ella. Colette vino aquí con Leo por amor, pero ese amor le duró hasta que vio que aquí tenía un estilo de vida totalmente distinto a Francia, pues aquí vivía con su tía, una mujer que, a pesar de ser una adulta, vivía su vida como una adolescente, y Colette parecía no ser muy distinta a ella. Ese estilo de vida le gustó demasiado, y a los seis meses, Leo descubrió que se la estuvo pegando con algunos chavales y, como es normal, le afectó muchísimo, y tras muchas peleas, cortaron. Es por eso que ahora tiene ese carácter tan nefasto. Leo le dijo que se marchara, y que no quería volver a verla, pero Colette se negó a irse, y le dijo a su tía que si podía seguir viviendo con ella y terminar aquí sus estudios.
- ¿En serio? ¡Madre mía! Nunca me imaginé que algo así le hubiera pasado para justificar su comportamiento, -le digo sintiéndome culpable por haberle juzgado.
-Pues ahí no acaba todo. Colette intentó unos meses después volver con Leo, y cuando estaba a punto de ceder para perdonarla, un tío se acerco a ella y la invitó a la fiesta de esa noche, para celebrar la victoria del equipo o no sé qué, y tras eso, le plantó un beso y se largó. La cara de Leo fue épica, acabó destrozado, y lo que le remató fue cuando se enteró de que Colette se había matriculado en nuestro instituto.
-Un momento, espera, espera, espera. ¿¡Colette está en nuestro instituto!? ¿¡Es esa Colette que está en sociales!? -Le digo prácticamente gritando. Ahora entiendo por qué se quedó fuera cuando fueron los otros a buscar a Mario, y me usó de excusa por si la veía. Me siento utilizada, pero, aún así, no me lo puedo creer. Aunque, bueno, nunca he tenido relación alguna con ella, y ni siquiera me cae bien, tiene los humos muy subidos. -Oye, y ahora que lo pienso, ¿por qué le dijiste "ella no es Colette"? ¿En qué me parezco yo a ella?
-No es que te parezcas, o dejes de parecerte. Es solo que tú no eres ella, y por tanto, no debe tratarte como si lo fueras. Por eso dije lo que dije, no quiero que le des vueltas a mi comentario, tú no tienes nada que envidiarle a la francesita.
Mi cabeza es un torbellino. Intento asimilar todo lo que Daniela acaba de decirme, pero es casi imposible. Leo era un chico fantástico que se volvió oscuro por su maltrecho corazón, y por una francesita estúpida bastante ligera y abierta en varios sentidos. Conocí a Colette el primer día de clase, tropezó conmigo, me tiró al suelo prácticamente, y encima empezó a gritarme diciendo que era todo culpa mía. Encima, tuvo la osadía de darle una patada a mi skate, sin saber que eso era lo último que podía hacerme. Le grité que si volvía a patear mi skate le partiría esa bonita cara de Barbie "prostituta barata". Desde entonces, me evita por si cumplo mi venganza, y yo vigilo que no haya profesores cerca por si un día puedo cumplir esa amenaza. La última persona que le hizo algo a mi skate acabó con un ojo morado, y yo expulsada tres días, mis padres casi me matan, pero valió la pena, nadie ha vuelto a meterse conmigo desde ese día.
El resto de la tarde la pasamos hablando del cumpleaños. Cenaremos en la pizzería favorita de Dani, y después continuaremos la fiesta o botellón, como queramos llamarlo, en un local que nos ha prestado David, uno de los invitados. Allí monta muchas fiestas y actuaciones el grupo de Austin, por lo que no dudó en ofrecerlo para el cumpleaños de su adorada Danielle. Él es el único que la llama por su nombre real, y aunque Dani diga que no, David se muere por ella desde hace tiempo. Es un buen chaval, tiene grandes planes para el local, quiere convertirlo en un pub para la gente joven, donde, sobre todo, se podrá mostrar su talento. Esa idea vino por el grupo de Austin, es un gran fan de ellos, y con sólo 21 años ya tendría su propio negocio él solo.
Si después nos quedara fuerza alguna, hemos pensado pasar por algunas de las discotecas que solemos frecuentar, pero eso solo en el caso de que al final decidamos dormir todas juntas en casa de alguna. Lo hemos comentado y, lo más seguro que acabemos durmiendo aquí. La casa de Dani es grande y entramos de sobra, en nuestras casas es más complicado. Ivana tiene cuatro hermanos y Martina tiene a los gemelos que, aún siendo los hermanos mayores, se comportan como críos. Y luego estoy yo, que, aunque mi hermana África se ha ido de casa para vivir con Fran y yo ahora soy dueña de su habitación, mis padres tienen pensado irse este fin de semana a visitarla. Y, estando sola, nada de fiestas pijamas, sobre todo cuando la última vez la lié demasiado, y ya no se fían.
-Emma, todo irá bien, no le des más vueltas y piensa en mi cumpleaños, nos lo pasaremos genial –Dani me dedica una sonrisa, y gracias a ella, he salido de mi ensimismamiento.
-Gracias Dani, eres la mejor. Tu casa es como un refugio al que acudir, pero ya es tarde y todavía tengo que terminar los deberes de mañana.
-Como quieras, sabes que te puedes quedar siempre que quieras. ¡Espera!, -se levanta de la cama y se coloca unas zapatillas- te acompaño a la puerta. En su portal, me abraza y nos despedimos con la promesa de que mañana será mejor, y echando una última mirada a Daniela, me voy a casa.
Una vez en casa, preparo las cosas para el día siguiente, ceno y me voy a mi habitación sin mediar palabra. Veo de reojo a mi madre poner mala cara. Sé que se está conteniendo mucho para no agobiarme con sus típicos "¿Qué te pasa?" "¿Estás bien?" y la verdad, me alegro que no lo haga, ni yo misma sé que me ocurre.
Abro la puerta de mi cuarto, me tumbo en la cama con el mp3, busco en la lista de reproducción y le doy al play. Intento relajarme, pero sigo pensando en el día tan loco que he tenido. No soy capaz de quitarme de la cabeza a Leo: nuestro primer encuentro que no recuerdo, nuestras peleas, su historia, Francia, un amor que termina con un corazón roto y Colette. No puedo evitar poner mala cara al pensar en ella, ¡Odio a Colette! Antes la odiaba por lo que le hizo a mi skate, pero, desde que Daniela me ha contado su historia, la odio más todavía. No puedo creer que le hiciera eso a Leo, es una persona horrible, y yo... no sé como sentirme al respecto. Es verdad que odio a Leo, se lo he gritado prácticamente a la cara, pero, ahora, al saber que fue la dichosa Colette la que lo ha oscurecido, convirtiéndolo en la persona tan desagradable que es, hace que ya no sienta tanto odio hacia él. Aunque eso no le da motivo para tratarme tan mal. Yo no le he hecho nada, no soy Colette y ni siquiera recuerdo nuestro primer encuentro. Es verdad que bebí alcohol, pero apenas dos copas, nunca he sido gran bebedora y nunca me he emborrachado, así que no encuentro motivo para no recordarle. ¿Seguro que fui yo la que hablo con él? Y lo que es más, ¿de qué hablamos?
Mientras mi mente cavila ante un torbellino de pensamientos, a cada cual más turbio que el anterior y con mil preguntas en la cabeza, sin darme cuenta, me quedo dormida con Ed Sheeran sonando en mi mp3, susurrándome "Give me love".

No hay comentarios:

Publicar un comentario