domingo, 27 de septiembre de 2015

Capitulo 6

No me lo puedo creer. Después de toda esta semana estamos aquí, besándonos. Leo me tiene cogida por las caderas, agarrándome con fuerza, por el contrario, yo recorro su cuerpo con mis manos, hasta agarrarme a su cuello, y ambos, con los ojos cerrados, nos dejamos llevar. Empezó siendo un beso casto, simple, pero que poco a poco se va volviendo salvaje, sensual...nuestras lenguas se mueven a su libre albedrío, fundiéndose en nuestras bocas, fugaces, recorriendo ese terreno desconocido, pero a la vez tan familiar. Soy incapaz de alejarme de él, no puedo dejar de besarle, de recorrer su boca, de rozar mi lengua con la suya, morder su labio inferior mientras noto como una mano sigue en mi cintura, y la otra sube por mi espalda, acercándome más a él, sin que quede espacio entre nosotros. Siento todo de él, y él me siente a mí, nuestra respiración se acelera y mis dedos abandonan su cuello para irse a su cabello y acariciarle, él gime y me sujeta la cabeza con una mano, mientras que la otra abandona mi cintura y me acaricia la espalda y comienza poco a poco a descender. De repente, la lucidez llega a mi cabeza. Emma, ¿estás segura? Es Leo, mañana se lo dirá a sus amigos y se burlará de ti por haber caído en sus redes; mi mente me rememora a Sebas, sus besos bruscos, carecían de sentimiento, no me encendían de la manera que me ha encendido este beso, llenando mi cuerpo de adrenalina. Noto su mano que está a punto de tocarme el culo y, sin pensármelo, me aparto. No puedo hacer esto, él solo me ha besado porque hemos bebido, mañana, sin el alcohol en el cuerpo, todo volverá a ser como el lunes, con peleas, gritos y odio. Debo alejarme antes de que me haga daño o peor, me compare con Colette.
Leo me mira extrañado, sus labios están ligeramente hinchados por el frenesí de nuestros besos y sus ojos...esos preciosos ojos azules reflejan confusión y desilusión por mi reacción.
-Lo siento Leo, no sé qué me ha pasado, he de irme, - me siento aturdida, necesito separarme de él cuanto antes. Me desenvuelvo de sus brazos y me separo poco a poco de él.
-Emma, por favor...no te vayas, - me dice suplicante.
-Lo siento, no he debido hacerlo, - y con ello, me termino alejando de él y corro a casa. Meto la llave y entro en casa dando un portazo al error que acabo de cometer. Tiro los zapatos y el bolso al suelo, me echo hacia atrás, apoyada en la puerta y desciendo lentamente hasta sentarme en el suelo, me abrazo a mis rodillas, y empiezo a llorar desconsoladamente.
Después de llorar durante dos horas, decido levantarme y hacer algo. Voy al baño, me miro en el espejo y bufff no puedo estar más horrible. Mis ojos están hinchados, el maquillaje está corrido por todas las direcciones posibles, mi nariz está roja, me duele la cabeza y tengo el estómago revuelto. Me quito el maquillaje, me desnudo y me voy a mi habitación para coger algo de ropa, bajo a la cocina y me siento en la mesa, con la mirada perdida y un ibuprofeno efervesciendo en el vaso que acabo de coger.
Por fin me he liberado. Llevo con ganas de hacer esto desde el lunes, pero no quise hacerlo porque soy una chica fuerte, y no podía permitir que algo tan simple me afectara, pero los acontecimientos de hoy me han superado. ¿Por qué le he besado? ¿Por qué se ha portado hoy como lo ha hecho? Le odio a él y me odio a mí misma, y mucho. No entiendo cómo he terminado así, en sus brazos, pero ese beso... no puedo evitar compararlo con los que me daba Sebas. El beso de Leo tenía pasión y ¿deseo? pero eso es imposible, él me odia, o me odiaba, ¡joder! ¡No lo sé! Me bebo de un trago el ibuprofeno y subo a mi habitación, me meto en la cama y cojo el mp3. No quiero mirar el móvil, pero termino cogiéndolo para decirle a Dani que estoy bien, aunque ese mensaje se lo tenía que haber enviado a las seis y no ahora, a las nueve ¿¡En serio!? ¿¡Qué coño ha pasado!? He estado tres horas autocompadeciéndome con lloriqueos en la cocina, en fin, le envío el mensaje igual, después lo apago y cojo el mp3 con mi lista de reproducción para los momentos de bajón. Me tumbo, me pongo los cascos y empieza a sonar una guitarra. Billie Joel empieza a cantar y pienso en la canción, "Wake me up when September ends", despiértame cuando termine Septiembre, pues que a mí me despierten también, pero de esta horrible pesadilla, y poco a poco consigo conciliar el sueño.
Mis sueños no son mucho mejores que la realidad. Sueño con Leo, es más, nunca se va de mi sueño, solo veo sus ojos azules por todas partes, sus amables gestos, el acompañarme a casa y el beso, pero esta vez es distinto. Leo se aparta bruscamente, y se ríe.
-Espero que hayas disfrutado del beso. ¿Lo ves? te lo dije. Solo eres otra niñata facilona, eres igual que Colette, espero que disfrutes cuando se lo cuente a mis amigos, nos reiremos durante meses, - dice con petulancia.
-¡No! ¡No por favor! ¡Yo no he hecho nada, no soy Colette! ¡Eres tú el que me ha dicho lo del beso!, -le grito presa del pánico. No podría soportar sus burlas.
-Lo mejor será cuando les cuente como te mueves en la cama, seguro que les encantará saber los detalles.
-¡¡No nos hemos acostado!! ¡Eso es mentira, yo no soy así! ¡Ni se te ocurra inventarte nada y pregonarlo a los cuatro vientos! – le digo con lágrimas en los ojos.
-Pregonarlo, si, eso suena genial, ¿qué crees que pensaran los demás, y tus padres si se enteran? Pero para que vamos a contar una mentira pudiendo contarlo con hechos reales, - dice mientras se me echa encima y empieza a desnudarme. Doy un grito y me despierto.
Está todo a oscuras, ¿por qué? Ah, es verdad, lo deje todo a oscuras para que no entrara luz. Busco el móvil y lo enciendo, con la luz de la pantalla me acerco a la ventana y abro la persiana. La habitación queda iluminada y yo quedo temporalmente cegada hasta que mis ojos quieren acostumbrarse a la luz. Cuando me empiezo a acostumbrar, miro el móvil, son las dos de la tarde y tengo tres llamadas perdidas de mamá y otras dos de Daniela. Decido llamar primero a mamá.
-Emma, ¿Dónde estás? te he llamado un millón de veces y no me lo has cogido, ¿qué estabas haciendo? – dice mi madre preocupada. Mi cabeza es un torbellino y solo quiero que la conversación sea breve.
- Hola a ti también mamá, estoy en casa. Anoche vine un poco tarde y el móvil se quedo sin batería, acabo de darme cuenta ahora, perdona, - le digo con la esperanza de que valga la mentira piadosa.
- Bueno hija, solo te llamaba para decirte que tu padre y yo vamos a llegar a casa por la noche.
-Vale mamá, te tengo que dejar, estaba haciendo la comida y se me va a quemar.
-Ten cuidado, por favor. Nos vemos a la noche, te quiero Emma.
-Yo también te quiero mamá, hasta luego, - y cuelgo. No me apetece hablar ahora con ella, seguro que acabaría llorando otra vez. Ordeno las cosas que dejé de por medio cuando cojo el mp3 que, no sé cómo, sigue con batería. Suena "Sometimes" de Britney Spears, justo cuando voy a pagarlo, Britney canta "Sometimes I run, sometimes I hide, sometimes I'm scared of you, but all I really want is to hold you tight", a veces corro, a veces me escondo, a veces te tengo miedo, pero lo que de verdad quiero es abrazarte fuerte. Con esas palabras, apago el mp3 y me llevo las manos a la cara, para cubrirme los ojos que se me han llenado de lágrimas. Solo esas palabras han bastado para que empiece a llorar otra vez. ¿Será eso? ¿Rehúyo de Leo porque me he enamorado? No puede ser, no me puedo haber enamorado simplemente porque nos hayamos besado, es imposible, o ¿no?
Cuando dejo de llorar, bajo a la cocina y busco algo para comer. Macarrones, perfecto, los haré rápido y llamaré a Daniela. Sentada en la mesa de la cocina, observo un magnífico plato de macarrones con salsa boloñesa que se le haría la boca agua a cualquiera, pero hoy no tengo especialmente hambre. Cojo el móvil y llamo a Daniela, responde al segundo toque.
-¿¡Emma, dónde te metes!? ¿¡Ves normal decirme que estas bien tres horas después!? Y encima apagas el móvil, pero ¿¡a ti qué te pasa!? – me dice prácticamente gritando. En serio ¿por qué le ha dado hoy a todo el mundo por llamarme y luego responderme a gritos? Lo llego a saber y dejo el móvil apagado.
-Dani, tranquila, estoy bien, es solo que al llegar el móvil se me quedó sin batería. A las nueve me desperté y vi que estaba apagado así que, lo conecté en el piso de abajo, te envié el mensaje y me acosté, ya está. Pero por favor, no me grites, me duele mucho la cabeza, - le digo en un intento de huida. No suelo mentir, pero no me siento preparada para hablar de lo que pasó anoche.
- Perdona Emma, no quería ponerme así, pero estábamos muy intranquilas. Bebiste mucho y encima te fuiste con Leo, y después de lo que ya sabes, pensé que podría haber pasado algo.
Me da una punzada en el corazón en cuanto Daniela nombra a Leo, pero no puedo contárselo, aún no. Ni siquiera sé cómo me siento yo, cómo para explicárselo a los demás. Debo responder, llevo varios minutos callada. – No pasó nada Dani, él me acompañó, apenas hablamos, y en cuanto llegué a casa me tomé un ibuprofeno. Ahora me tomaré otro en cuanto termine mis macarrones, - los vuelvo a mirar, solo me he comido una tercera parte, pero no creo que pueda comer más, así que los guardaré parar después. Odio tirar la comida.
-Las chicas y yo hemos pensado en ir a verte ahora después para ver cómo estas, si te parece bien, - dice Daniela para mi sorpresa. ¿¡Venir!? ¡Ni hablar! Se darían cuenta de que pasó algo anoche y no me dejarían en paz hasta saberlo, debo inventarme algo, y rápido.
-No, Dani, no vengáis, estoy bien, bueno, quiero decir, no, que no estoy bien. La resaca es horrible, y me voy a acostar en cuanto coma. Me voy a pasar lo que queda de día durmiendo, así que no podrá ser, mejor mañana nos vemos en clase y hablamos sin resacas de por medio.
Oigo a Daniela suspirar, -como tú veas Emma, de todas maneras, esta noche te envío un mensaje para saber cómo estas, ¿vale?
-Vale, vale, hasta luego Daniela
-Hasta luego Emma, - y dicho esto cuelga.
Son las siete y media, y la resaca ha desaparecido. Los ibuprofenos, el agua e internet han ayudado bastante. No he conseguido conciliar el sueño después de mi llamada con Dani, así que decidí ducharme y ponerme mi pijama para mis momentos de bajón. Se trata de un pantalón de cuadros y una camiseta ancha de color blanco con un corazón en el centro, es negro y está resquebrajado, pero con tiritas y remiendos en un intento de ser arreglado. Llevo mi cabello rubio recogido en una trenza a medio lado, y llevo toda la tarde echada en el sofá de mi comedor, con el portátil en las piernas, viendo películas tristes y comiendo helado. Sí, ya lo sé, pura americanada, pero me da igual, no pienso ser la única que sufra. Termino de ver 50 primeras citas y aquí estoy, llorando a moco tendido por el final. No sé qué leches me pasa, pero tanta sensiblería por mi parte me está matando, vale que siempre lloro con esta peli, pero no desde la mitad; escucho las llaves y voces, mis padres están aquí.
-Hola Emma, ya estamos aquí, - dicen los dos al unísono. Yo les respondo sonándome mi ya despellejada nariz. Ambos entran en el comedor y al verme así se ponen tensos, se acercan y me abordan con preguntas de todo tipo.
-Mamá, papá, no pasa nada. Es solo que no me he levantado bien hoy, algo que comí ayer no me sentó bien y me quedé aquí viendo una película. Pero escogí la menos indicada, Adam Sandler sabe cómo conmover a una con ese final tan bonito.
-Cariño, ¿por qué no llamaste? Si algo te ha sentado mal tendrías que habérmelo dicho. Voy a prepararte una sopa o algo. Si mañana sigues así no vas a clase, ¿entendido? – dice mi madre preocupada, y se va disparada a la cocina para hacer la sopa.
-Emma, tu madre tiene razón, pero creo que exagera, ¿de verdad estas bien?
-Si papá, estoy bien, pero entre tú y yo, prefiero los macarrones que me sobraron a la sopa.
-Yo también, pero si no quieres hacer enfadar a tu madre, tómate la sopa y acuéstate. Mañana si quieres ir a clase o no es cosa tuya. Además, tu madre se pone demasiado nerviosa y si fuera por ella te llevaba al hospital. – me dice con una sonrisa. Y sí, ese es papá. Un hombre tranquilo, que sabe qué decir, sin decir realmente nada. Le dedico una leve sonrisa a pesar de mi estado, voy a la cocina y me tomo la sopa. Mi madre no para de hablar durante la cena, contándome cómo lo han pasado en casa de mi hermana, preguntándome cómo lo pasé en la fiesta de Dani y repitiéndome cada cinco minutos si con la sopa me siento mejor y que mañana no vaya a clase. Normalmente me niego a quedarme en casa, odio faltar a clase, pero esta vez decido hacer caso a mamá y quedarme en casa. Necesito estar sola, y no soy capaz de enfrentarme mañana a las chicas.
Paso todo el lunes encerrada en mi habitación, con mi pijama de los bajones y con el portátil sonando temas tristes. Estoy pasando unos apuntes de clase a limpio hasta que mi móvil suena. Es Daniela, lo cojo.
- Hola Dani
-No digas "hola Dani" ¿por qué no has venido a clase? – dice Ivana. ¿Ivana? Vuelvo a mirar la pantalla y veo el nombre de Daniela, seguramente habrán quedado.
-Ivana, ¿por qué me llamas con el móvil de Daniela?
- Porque yo no tengo batería y Martina me ha dicho unas veinte veces que te llamara.
-¿Habéis quedado todas juntas?
-Sí, ahora mismo está el móvil en el manos libres, saludad chicas, - y escucho unos estruendosos saludos desde el teléfono que me obligan a apartarme el móvil de la oreja.
-Bueno, ¿nos vas a contar por qué hoy has decidido desertar y ocultarte en tu cueva? – dice Martina.
- Todavía no me sentía bien, creo que voy a dejarte que seas la reina del alcohol una temporada más, mi cuerpo no tiene tanto aguante como el tuyo Martina.
- Eso te enseñará a no querer desbancarme principiante, - me dice Martina burlona.
-¡Chicas parad de una vez! Emma cariño, ¿estás mejor? Espero que mañana vengas a clase, Ivana te está mandado desde mi portátil lo que hemos hecho en clase y los deberes, no te preocupes. – Daniela, siempre tan responsable y tan atenta conmigo.
-Emma, acabo de enviarlo todo, y espero que no se convierta en una costumbre ser desertora. Hoy en el periódico me he tenido que encargar de tu trabajo al no estar tú, y recuerda que ya casi no tenemos tiempo para apuntarnos en alguna clase extraescolar. Por lo que mañana tenemos que hablarlo sí o sí, - me recuerda Ivana. Madre mía he estado tan ensimismada esta semana que había olvidado todo eso, debo ponerme al día, dejar este ritual de lloriqueo en mi habitación con mi pijama y canciones que parten el alma y olvidarme de las películas con helados para ahogar mis penas. Soy Emma Ortega, futura reportera, una chica fuerte, que siempre ve el lado positivo. Y esto sólo ha sido un contratiempo. Mañana me levantaré, iré al instituto y será otro día. Se acabó Leo, el sábado noche no existió.
-Claro Ivana, gracias por recordármelo, en seguida me pongo a ello. Mañana lo tendré todo listo, perdonadme por ser una desertora, en clase hablamos y nos ponemos al día, ¿vale chicas? Os quiero, besos para todas, ¡muack! – y cuelgo antes de dejarles decir nada. Vuelvo a coger el portátil, le echo un vistazo al correo de Ivana y me pongo manos a la obra. Se acabó la depresión. Cierro la carpeta de canciones tristes y enciendo Spotify para ver las novedades. Busco un poco y elijo un tema que me llene de vida. Encuentro una lista llamada FOUR, entro para curiosear un poco y descubro que es un álbum del grupo One Direction. Ya oí hablar antes de este grupo. A Daniela y a Ivana les encanta, yo solo escuché unas pocas canciones, y la verdad es que son bastante pegadizas. Busco una que me guste y a los pocos segundos, mi habitación se llena de ritmo y suena Girl Almighty. De pronto me siento más animada y, siguiendo la letra, canto con ellos, "let's have another toast to the girl almighty, let's pray we stay young, stay made of the lightning". Estoy cantando, cantando con ganas, con una sonrisa en la cara y bailando encima de mi cama. Esta soy yo, la Emma que canta y baila en su cuarto, la positiva, y la que nunca debo olvidar. He vuelto y tengo mucho por hacer.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Capitulo 5

Hora y media después, Martina y yo ya nos hemos bebido más de media botella de ron, cuatro cervezas cada una y cinco chupitos, creo que dos eran de tequila.
Me siento mareada, pero no me importa, es como si por primera vez en toda la semana hubiera dejado de importarme todo, ¿por qué no empecé a beber antes? Tal vez mañana me arrepienta por la resaca, pero me da igual, ahora nada importa. Además, estoy sola en casa, con dormir todo el día la mona se me pasa.
- Emma, ¿Cómo vas? Recuerda que no estás acostumbrada a beber y me has seguido muy bien el ritmo. Pero creo que deberíamos relajarnos un poco el resto de la noche – me dice Martina. Ella es la que más bebe del grupo y la que más aguante tiene, pero tiene las mejillas sonrosadas y los ojos brillantes, así que creo que ha dicho eso más por las dos que por mí sola.
-Marti, estoy bien, creo que nunca antes había estado mejor. Voy al baño, ¿te vienes?
- No, voy a hablar un rato con esos chicos de allí, y creo que después deberías venirte. Además, nos llevan observando un buen rato y qué mejor que terminar la noche con esos buenorros para completar la noche– me dice guiñándome un ojo.
-¡Martina por favor, no empieces! Si tengo ganas me paso después, ¿Vale?
Con esto me giro y, tambaleándome un poco, consigo ir al baño. Necesito eliminar el alcohol de mi cuerpo, corre bastante por mis venas y tengo ganas de hacer pis desde el tercer chupito. Al salir del baño me sigo sintiendo algo mareada, así que opto por salir a la calle a despejarme. Sin embargo, mis planes se ven frustrados al ver a Leo. ¿¡Qué hace él aquí!? ¿¡No dijo que no pensaba venir!? No puede ser, pero es él, ¿no? Va disfrazado de Jack Skellington con Aaron, creo. Tienen que ser ellos, su pelo los delata.
Una parte de mí se siente aliviada al ver que Aaron ha cumplido su promesa de venir, es más, ahora mismo, está buscando a Ivana y se dirige hacia donde se encuentra. Me alegro mucho por ella. Mi otra parte, la egoísta, no entiende por qué Leo se encuentra aquí y solo desea que se largue en seguida, pero, no sé si es porque yendo disfrazado no me intimida, o por todo el alcohol ingerido, que decido dejarme de tonterías, ignorarlo y seguir con mi plan de salir a la calle. Camino como puedo entre la multitud, hasta que alguien me da un leve empujón que afecta a mi torpe equilibrio y me manda dirección al suelo, pero antes de que eso ocurra, alguien me agarra del brazo y me tira hacia él.
No veo con claridad. Todo me da vueltas, necesito salir de aquí inmediatamente. Decido darle las gracias a mi salvador, pero me quedo de piedra al levantar la vista. ¡¡Joder, es Leo!! ¿¡Cómo puede ser!? Me he desviado todo lo posible para no cruzarme con él, ¿¡cómo he terminado en sus brazos!?
-¿Estás bien? – Me pregunta con preocupación.
- Si....estoy bien – intento decir. Me cuesta mirarle a la cara, no me puedo creer que esté aquí, y todavía me tiene entre sus brazos. Necesito salir enseguida, me siento mareada, tengo el estómago revuelto y sé, que si sigo aquí, acabaré vomitando ¡Maldito alcohol! –Gracias, -le digo, me suelto y me voy todo lo rápido que puedo a la calle.
Abro la puerta, salgo y me siento en los escalones. Un golpe de aire me azota la cara y me espabila bastante. Acepto agradecida el frío de Octubre y poco a poco me siento mejor, se me aclara un poco la mente y las nauseas van desapareciendo. Miro el móvil, las dos y media, no puedo irme de la fiesta aún, Daniela se pondría triste y ni siquiera le hemos dado la tarta. Definitivamente no me puedo ir. Me siento tan estúpida, no tendría que haber bebido tanto, me sentía bien, despreocupada de todo, pero ahora me siento fatal, y no sé cómo reaccionar ante...
-Estas aquí, menos mal, pensé que te habías ido, -dice Leo, bastante aliviado de verme, eso es raro, porque la última vez que estuvimos juntos la cosa no acabó precisamente bien.
Doy un respingo al escuchar su voz, no me esperaba en absoluto que me siguiera. Necesito crear distancia ante mi estado de embriaguez. -¿Por qué debería irme? Es el cumpleaños de Daniela, no pienso irme hasta que amanezca, - le digo en un tono borde, envalentonada por todo el alcohol que todavía fluye por mi cuerpo.
-Vaya, ¿tu carácter nunca tiene un respiro o qué? Solo quería saber si estabas bien. Se nota a kilómetros que has bebido por ti y por todos tus compañeros, y me sentiría culpable si te hubieras ido de la fiesta en ese estado, - me dice en un tono tranquilo mientras se sienta a mi lado en el escalón.
-¿Lo dices en serio? Pensé que después de la última vez que hablamos me odiabas lo suficiente como para dejar que me despeñase por las oscuras calles de la ciudad. – mi intento de bromear borracha es todo un fracaso, pero creo que mi comentario no le ha afectado.
- Yo nunca he dicho que te odie, y aunque así fuera, nunca permitiría que deambularas por ahí sola borracha como una cuba. Martina me ha dicho todo lo que habéis bebido y para ser tu primera borrachera es raro que no hayas vomitado ya o estés en el suelo K.O. Además, la última vez que hablamos me comporte como un gilipollas y todo lo que me dijisteis Daniela y tú estaba más que justificado. – Esos ojos azules muestran más sinceridad que nunca.
A pesar de mi estado de embriaguez, he memorizado cada palabra que me ha dicho. No me puedo creer ese cambio tan radical de actitud hacia mí. La última vez nos gritamos, y casi que nos aborrecíamos. Y ahora, estamos aquí sentados. Él cerciorándose de que esté bien, y yo, borracha, bien.
- Guau, no me puedo creer que lo hayas reconocido, y ¿por qué has hablado con Martina? - digo arrastrando las palabras. Ya que a pesar del aire fresco mi mente todavía se niega a procesar las cosas a su velocidad normal.
- Cuando hemos chocado antes, quería hablar contigo. Estabas a punto de desplomarte y noté que no estabas bien, pero te fuiste muy deprisa y no sabía si era buena idea seguirte. Vi a Martina y le pregunté, me dijo que habíais bebido mucho y que ibas al baño, pero al verte en la dirección contraria, pensé que querrías aire fresco. Y por lo que veo, no me he equivocado. –Está bastante sereno, seguro que no ha bebido como yo.
-¿Y para qué me buscabas? ¿Te dejaste algo más que decirme? –Acabo de darme cuenta de que, mi mal carácter junto con el alcohol me produce una gran valentía, pero sobre todo una lengua bastante viperina.
- En primer lugar, toma, bebe, - dice ofreciéndome su copa.
- Leo, en mi estado no es aconsejable que beba más.
-No es alcohol, es agua. Pensé que con lo que habías bebido lo mejor era que bebieras un poco de agua, previene la resaca, - dice mientras me vuelve a ofrecer la copa.
-Gracias entonces, -le digo mientras acepto el vaso y le doy un trago. – Continua –le invito a seguir con lo que quiera que me quiera contar.
- Bien. Llevo toda la semana pensando en nuestra última conversación, y Daniela tenía razón, no tenía por qué tratarte así, y creo que te debo una disculpa.
-Si te soy sincera, eso era lo último que esperaba por tu parte, una disculpa. Pero ahora te pregunto ¿por qué me has tratado así si nunca antes habías hablado conmigo? – le digo del tirón. Por fin se lo he soltado. Por fin me he atrevido a decirle lo que me lleva atormentando desde el lunes. Creo que beber tiene sus cosas buenas, aunque acabo de recordar que sí habíamos hablado antes...en aquella fiesta. Y entonces no soy capaz de callarme y le salto de repente -¿Eres rubio natural?
Creo que la pregunta le ha pillado por sorpresa y me mira bastante sorprendido, luego gira la cara y se ríe.
-¿En serio me acabas de preguntar si soy rubio natural? ¿Pudiendo decirme cualquier cosa has optado por preguntar por el color de mi pelo? En serio, eres de lo que no hay. Y sí, soy rubio natural.
-Entonces, ¿nunca has sido moreno? ¿Y alguna vez has llevado piercings? Y por cierto, no me has respondido a mi primera pregunta, - le suelto atropellando las palabras.
-Hace unos años me teñí de moreno porque perdí una apuesta. Y sí, llevé piercings hasta hace poco, ahora solo llevo el pendiente, - dice señalándose el oído. - ¿A qué vienen tantas preguntas sobre mi aspecto anterior?
-¿Por qué solo te centras en las preguntas irrelevantes y no me respondes al por qué me has tratado mal? – le digo exasperada. El hecho de estar aquí dándome el aire y de haber bebido ese vaso de agua me ha despejado bastante la cabeza.
- Porque te olvidaste de mí, -dice muy serio.
Me quedo mirándole perpleja. No se olvidó de mí. Ni se ha olvidado de la promesa. Se acuerda de aquella noche, estoy segura. Esos ojos azules son profundos, irradian sinceridad, y yo no puedo evitar perderme en ellos. Quiero decirle que no me he olvidado de él, que ya le he recordado, pero en cuanto abro la boca para responderle, Ivana sale con Aaron y nos interrumpen.
-¡Emma, al fin damos contigo! –dice Ivana aliviada
-¡Leo, tío, pensé que te habías largado sin mí! Ven, vamos a beber algo, - le dice Aaron con una sonrisa de oreja a oreja y...vaya, no me lo creo, está cogido de la mano de Ivana. Parece que les va cada vez mejor.
-¡Vamos chicos! Estábamos a punto de traer la tarta, menos mal que Daniela se ha dado cuenta de que no estabais. Venga, venga, la noche es joven, y tenemos mucho que celebrar, ¿verdad, Aaron? – Ivana nos mete prisa para que entremos de una vez, pero no aparta la mirada de Aaron. Está completamente embelesada por él.
Entramos al local y nos reunimos todos en torno a Daniela y su enorme tarta de cumpleaños, le cantamos el cumpleaños y tras unas palabras de agradecimiento, sopla las velas, deseando a saber qué con una sonrisa en los labios. Daniela se acerca y me coge de la mano, reuniéndonos al grupo y nos riñe por no estar con ella en toda la noche, pero conseguimos que vuelva a sonreír a cambio de bailar y beber hasta que amanezca.
Son las seis de la mañana, solo quedamos nosotras, Aaron, Leo y David, que lleva un rato diciendo que quiere cerrar el local y que nos larguemos ya. Está claro que bromea, pero yo estoy deseando irme a casa, los pies me están matando, he bebido demasiado, y para evitar la resaca, seguí el consejo de Leo y combiné alcohol y agua. Todas van a casa de Daniela a dormir, yo incluida, o ese era el plan, pero estoy demasiado cansada, y el comportamiento de Leo es algo que debo analizar en la soledad de mi habitación, y sobre todo, con la cabeza despejada. Nos despedimos de David, salimos del local y nos vamos a casa todos juntos, pero al llegar al cruce, me paro.
-Emma, ¿te pasa algo? – me dice Martina
-Dani, chicas, sé que acordamos dormir todas juntas en tu casa, -digo señalando a Daniela, -pero no me siento bien, he bebido demasiado, y prefiero dormir la mona en casa, espero que no os importe.
-¿Por qué debería importarnos? Si no te encuentras bien y quieres irte a casa, lo entendemos, no te preocupes, - me dice Ivana mientras se funde en los brazos de Aaron.
-Emma, cariño, si no te encuentras bien ¿no es mejor que te vengas a mi casa y te de unos ibuprofenos o algo? Te puede pasar algo estando sola en ese estado, - Daniela y su cara de preocupación me rompen el corazón, pero necesito estar sola.
-Daniela, no te preocupes, estaré bien, sé cuidarme muy bien yo sola. Solo necesito que me baje el alcohol y dormir hasta mediodía.
- Deberíamos acompañarte, así nos quedaríamos todos más tranquilos, ¿no? – dice Aaron para mi sorpresa. Este chico siempre me ha caído muy bien, es muy amable y cariñoso.
-No, de verdad chicos, es muy tarde, y todos estamos cansados, no quiero que deis dos viajes por mí. De verdad, estaré bien, - les digo para tranquilizarlos.
-Yo puedo acompañarte, total, vivo por ahí también, -dice Leo para sorpresa de todos.
-Entonces, decidido. Leo acompañará a Emma a casa, y no aceptaremos una negativa por tu parte, - dice Aaron señalándome, - a estas horas las calles son muy peligrosas para una muchacha. -Y sin poder discutirlo, nos despedimos y mientras los demás se van en una dirección, Leo y yo nos vamos por la otra.
-¿De verdad vives cerca de mí? – le digo después de andar un rato para romper el silencio.
-En realidad no, pero nos dejamos una conversación a medias, ¿recuerdas?, - me dice con una sonrisa.
-Y ¿eso significa que me explicarás lo que me querías decir antes?, - le respondo inquisitiva.
-Mmmm, no, no tengo ganas de explicártelo, - me suelta con su chulería habitual. Tiene los ojos inyectados en sangre por el alcohol, pero parece bastante fresco, o al menos más que yo.
Será.... – ¿Entonces para qué has venido conmigo, si puede saberse?
-Porque no iba a permitir que te fueras solas en este estado. Vamos, ¿te crees que no me doy cuenta de que te vas tambaleando? Parece que vayas a desplomarte en cualquier momento y yo que tú me quitaba esos zapatos, angelito. Además, disfruto haciéndote enfadar, - y me guiña un ojo.
-Menudo capullo estás hecho.
-Sí, me lo dicen muy a menudo – dice soltando una risotada. Me paro en seco y él se gira mirándome perplejo. - ¿Qué te pasa? ¿Por qué te paras? ¿He dicho algo malo?
-Voy a quitarme los zapatos, - le digo. Me agacho y tras quitármelos, los cojo por la tira y avanzo hasta ponerme a su lado. – Estoy agotada, estos zapatos han acabado conmigo. Solo quiero irme a casa y dormir hasta que se me pase la borrachera.
- Vamos no digas eso, la llevas bastante bien, no has vomitado y tampoco te ha dado un coma etílico. Siéntete orgullosa, dentro de unas horas quizá no estés tan bien.
-Esto... ¿gracias? creo que es una de las cosas más agradable que me has dicho esta semana. Además, no me puedo creer que estemos un día a gritos y otro charlando tan tranquilamente de madrugada por la calles.
-Eso es porque somos muy parecidos, por eso tenemos tendencia a chocar. Digamos que es un lucha de fuego contra fuego.
-Podrías simplemente decir que te encanta buscarme la boca y terminamos antes, - le digo acompañando mi comentario con una risa breve, pero alegre.
-También podemos decir que es así. Me encanta oírte sonreír, ese sonido alegra al alma.
-¿Leo, estás bien? Creo que no he sido la única que ha bebido de más, estas muy raro.
-¿Tú crees? Ahora mismo me siento en la cima del mundo, o en el cielo, junto a un ángel caído.
-No soy un ángel caído, soy un ángel oscuro. Ya estabas tardando mucho en decirme algo con respecto a mi disfraz, -le digo algo incomoda ante su elección de palabras.
-Estás terriblemente sexy con ese disfraz, aunque nunca pensé que un ángel oscuro pudiera tener una melena rubia, - sus ojos brillan de una forma especial... ¿deseo tal vez? No, eso es imposible.
-Por favor, no digas más tonterías, y ya puedes irte a casa, hemos llegado a la mía, - le digo señalando la casa que tenemos enfrente.
- Entonces, es hora de despedirnos, - se acerca un poco, - será mejor que bebas mucha agua y tomes algún que otro ibuprofeno antes de dormir para evitar la resaca, - se acerca más, - bueno, vamos a despedirnos bien, ¿me vas a dar dos besos de despedida?
¿¿¡Qué!?? ¿Qué le pasa a Leo? Ha bebido demasiado y está...está... ¡está demasiado cerca! He de alejarme, estoy a menos de quince centímetros de él, debo evitar que haga algo de lo que mañana me echará en cara.
-Esto... gracias, lo tomaré en cuenta, beber agua e ibuprofeno, memorizado – digo mientras me alejo de él y me acerco más a mi casa.
Leo se da cuenta de mi evasiva y me agarra del brazo y me dice - ¿Ocurriría algo malo si te besara?
No sé si es por el efecto del alcohol que corre por mis venas, por toda la tensión de la semana, porque esta noche se ha portado bien o si es simplemente que soy idiota porque, tras sus palabras, me echo sobre Leo y, poniéndome de puntillas, le beso en sus cálidos y dulces labios.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Capitulo 4

Estamos en el local de David, hay mucha gente, estamos celebrando algo. ¿Qué celebramos? Ah, sí, Austin se va de Erasmus un año a Londres, se va con ese chico... ¿Aaron? No lo sé, apenas conozco a los que hay aquí, son los amigos de Austin, y son mayores que nosotros, Daniela los conoce bastante bien a todos, siempre hay alguno en su casa, y como es guapa y amable, todos le tienen gran estima. Pero, la verdad es que Daniela se ha portado con la fiesta, va a echar mucho de menos a Austin, se le nota.
He tomado dos copas y me noto el alcohol por las venas, creo que lo voy a dejar aquí, es la segunda vez que bebo y no quiero ser la típica que pierde el control tan rápidamente. Me siento fuera de lugar, estoy aquí sola, con mi copa en la mano. ¿Dónde están las demás? Miro a mí alrededor, y veo a Dani hablando con David, que se le nota que le ha llamado la atención. Normal, Daniela es muy guapa; Martina está hablando con unos chicos e Ivana está ahí, hablando con otro chaval. Están bastante separados del resto, como si quisieran estar solos, bueno, no soy la más indicada para hablar, yo también estoy sola, sentada en un sofá y con mi copa en la mano. Creo que no debería haber venido.
Decido que es un buen momento para dejar mi timidez con los chicos y acercarme a hablar con alguien. Normalmente no estoy tan cohibida, pero, en lo que se refiere a los chicos, suelo mostrarme tímida, hasta que entro en confianza, pero eso es otra historia. Me levanto y me acerco a la barra, cogeré una coca cola, si, mejor, más alcohol no me hará nada bueno. En medio de la barra se encuentra un chico que rápidamente nota mi presencia y se gira. Es moreno, lleva un piercing en la ceja y un pendiente en la oreja izquierda, pero sobre todo, lo que más destaca de él son sus increíbles ojos azules que pueden dejar encandilada a cualquiera.
-Hola, ¿necesitas algo?- me dice con una sonrisa.
-Esto...mmm...si, quería una coca cola, gracias. – Le digo bastante nerviosa. No puedo dejar de mirarle. Es bastante atractivo y... mayor que yo. Emma, deja de soñar, tú nunca le gustarás a un chico como él.
-Aquí tienes. ¿Quieres un vaso?
-No gracias, así me basto bien.
- Eres una de las amigas de Daniela, ¿no?
-Sí, soy amiga de Daniela, así que lo siento, si ligas conmigo te puedo denunciar por acoso a una menor -¿en serio acabo de decirle eso? me giro muerta de vergüenza, se lo he dicho sin pensar, y ahora pensará que era yo la que quería ligar con él. ¡¡Tonta!! Pero dejo mi flagelación aparcada al escucharle reír, así que vuelvo a girarme para verle otra vez esos preciosos ojos.
- Vale, vale, lo tendré en cuenta. Esperaré a que tengas los dieciocho para pedirte una cita entonces, -dice guiñándome un ojo. Ahora soy yo la que se echa a reír ante su respuesta, ¿en serio sería capaz de esperarme? Lo dudo mucho, pero voy a probarle con algo.
-Seguro que le dices eso a todas tus novias.
-No tengo novia, y no la necesito, porque mi felicidad no depende de encontrar a alguien fruto del azar. Soy una persona que se esfuerza por conseguir lo que quiere y espero que en este caso sea lo mismo. Por eso, yo tomo las riendas de mi destino, y así me gustaría que fuera siempre. Porque eso es lo que realmente me hace feliz. – me dice sereno, pero con una sonrisa en los labios.
Me he quedado impactada, sus palabras me han llenado el alma, y no sé que responder siquiera ante tal filosofía de vida. Esas palabras, llenas de un sentimiento, tan profundo, tan, tan....que mi corazón late a gran velocidad. Este chico debe estar sacado del mismísimo Olimpo, no sólo por su belleza, sino por su sabiduría. Salgo de mi ensimismamiento cuando Martina me zarandea del brazo.
-Emm, nos vamos, han venido los padres de Daniela y vamos a dormir en su casa. Coge tus cosas, te esperamos fuera, - dice bastante desilusionada, parece que se lo estaba pasando realmente bien con aquellos chicos.
Me giro de nuevo y le digo a mi Adonis – Me tengo que ir, los padres de Daniela han venido a recogernos.
-Bueno, espero que nos veamos en otra ocasión, aunque dentro de poco me voy de viaje para ampliar mis horizontes. Además, sé que nuestros caminos se cruzarán pero hasta entonces, mi promesa seguirá contigo. Cuando tengas dieciocho te pediré una cita – y con ello, me cogió la mano, me dio un dulce beso y al levantar la mirada, me guiñó de nuevo el ojo.
Me sonrojo y, con mi sonrisa más tímida, me despido de él. Aunque no la cumpla, nunca te olvidaré ojos azules.
Suena el despertador. Doy un sobresalto y me caigo de la cama. ¡Acabo de soñar con aquella noche! Pero, ¿ese era Leo? No puede ser, Leo es rubio, no moreno, y no tiene el piercing ni el pendiente... ¿lo llevaba? Si, espera, no... No lo recuerdo, no me fije si lo llevaba.
Miro a mi alrededor bastante desorientada, el despertador sigue sonando, me levanto y lo apago. ¡No son todavía las siete! ¿Por qué ha sonado? ¡Y encima quince minutos antes! En serio, odio este maldito despertador, cuando vaya a la universidad pienso tirarlo y comprarme otro nuevo. Decido aprovechar mi madrugón, me visto y ordeno un poco la habitación, aunque no hay mucho desorden. Bajo las escaleras y me voy a la cocina, mi madre está ahí, sentada en la mesa con una taza de café en la mano.
-Buenos días Emma, has madrugado mucho hoy, -empieza mi madre.
-Buenos días mamá, el despertador me ha jugado una mala pasada y he decidido desayunar tranquila, ¿queda café? – no puedo empezar la mañana sin un café, es lo que me da vida.
-Sí, queda en la cafetera. Todavía está caliente, sírvete – parece que no va a decirme nada, pero en cuanto termino de echarme el café en mi taza "I love NY" me dice – Ayer estuviste muy rara, y hoy has madrugado, además tienes mala cara, cariño, ¿te ocurre algo? – y ahí va, estaba tardando demasiado en decirme algo. Bueno, puedo probar y contárselo por encima, tal vez sepa darme un buen consejo.
-Mamá, ayer discutí con un chico. Por algún motivo, no le caigo bien, y nos gritamos, y le dije cosas horribles, pero luego supe porque tenía ese mal carácter. Aunque eso no justifica que me trate mal a mí, apenas nos conocemos y... – me detengo. No sé que más decirle sin entrar en detalles, además, por la cara de mamá, creo que he dicho suficiente.
-Emma, cariño, no te sientas mal por discutir con alguien, es normal que en un momento determinado, digas cosas que no debes. Yo por ejemplo, cuando conocí a tu padre, le dije que le odiaba y él me dijo lo mismo. Dos días después se presentó en la casa de tu abuela pidiéndome salir, disculpándose por decir lo que dijo. Y hasta el día de hoy, no pasa ni un día que esté agradecida, pues, sin esa pelea, nunca se hubiera decidido a salir conmigo, y eso es como todo. Son cosas que deben suceder por alguna razón. Pero si te sientes mal, acércate, habla con él y discúlpate si eso es lo que quieres. Tal vez ese chico pensó que discutiendo contigo, podría acercarse a ti, así que dale una oportunidad, y si ves que es un completo idiota, mándalo a paseo.
¿Acaba de darme un buen consejo? No me lo esperaba para nada. La verdad es que desde que África se fue, ha estado más apegada a mí que de costumbre, pero por muy bueno que sea su consejo, no puedo seguirlo. Leo me odia, y después de lo de ayer, ni él me escuchará, ni yo seré capaz de hablarle y más tras recordar que ya nos conocíamos y que me prometió una cita cuando tuviera los dieciocho. Llegado el momento, no solo se ha olvidado de la promesa, sino que me tacha de cría. Lo mejor será evitarle todo lo que pueda, además no creo que pase más por el instituto, y tampoco creo que venga al cumple de Daniela, así que solo deberé evitarle si coincidimos en la casa de Dani. O puedo convencer a las demás de que, a partir de ahora, siempre quedemos en casa, sí, será lo mejor. Y si quiero sacar buenas notas, debo estudiar mucho, así que... ups, no podré salir, que lástima, y el año que viene me iré a la universidad, así que no tendré mucho tiempo para venir.
He de olvidarle, alejarme todo lo que pueda de él y fingir que no ha vuelto a mi vida. Es obvio que no se acuerda de mí, y solo tenerle cerca me perjudicaría. Debo concentrarme, encontrar la mejor revista, y llegar a ser la mejor periodista que haya habido, o editora jefa antes de los treinta, ambas opciones son factibles. Puedo hacerlo, es la mejor opción.
Mamá se levanta, me abraza sacándome de mis ensoñaciones y se va a despertar a mi padre. La verdad es que tengo suerte de que sea tan compresiva, lástima que no la escuche más a menudo. Decido aprovechar el madrugón y dar un paseo antes de ir a clase. Llego bastante temprano, así que decido leer un rato antes de que lleguen las chicas; me siento junto al árbol que hay en la entrada, cojo el libro que me regaló la madre de Daniela, y aunque ya lo he leído, no me canso de releerlo. "Orgullo y Prejuicio", una gran novela, si te gustan los clásicos de la literatura inglesa inspirados en el siglo XVIII. Así que me acomodo, y perdida en el baile del señor Bingley en Netherfield , llega la hora de entrar a clase.
Las chicas han llegado ya, y hablan tan animadas como siempre. Me uno a ellas, y con una mirada cómplice de Daniela, decidimos hacer como si ayer no hubiera sucedido nada. Con ello, pasa el día y, como esperaba, no he sabido nada de Leo.
31 Octubre, cumpleaños de Daniela y Halloween
Cinco días. Han pasado cinco días desde la última vez que vi a Leo. No es que me importe, apareció de golpe y porrazo el lunes para volverme loca y luego volvió a irse sin dar explicación alguna. Admito que pensé que se pasaría en algún momento por el instituto, para hablar con Mario, o para pelearse conmigo, pero no fue así, y me he sentido extraña desde entonces. Creo que me pasé, y una parte de mi piensa en el consejo de mamá, pero sé que si sigo su consejo, ganará él. Y esto, como en Orgullo y Prejuicio, solo puede conducir a algo bueno o a algo malo, aunque sinceramente Leo nunca será Darcy.
Hemos quedado a las nueve y media en casa de Dani para ir todas juntas a cenar, pero antes, sin que ella lo sepa, debemos llevar su disfraz al local de David. No nos dejó hacerle una fiesta sorpresa, así que decidimos que lo supiera, pero no que habría temática, y que mejor temática que Halloween. A ella no le hace gracia, así que solo espero que no se enfade y que disfrute de su cumpleaños con disfraces, y su conjunto de vampiresa sexy. Acordamos que nos vestiríamos todos en el local, así que no sospechará nada.
A las nueve y media estamos todas en el portal de Daniela y nos dirigimos a la pizzería con los demás invitados. Cenamos tranquilamente y, tal y como planeamos, hacemos que los invitados se vayan marchando al local de David para vestirse y terminar los preparativos, mientras, nosotras nos encargamos de retrasar a Daniela.
- No entiendo porqué la gente tiene tantas ganas de irse al local de David, ¿no estaban a gusto aquí? –dice Daniela algo molesta.
-No cariño, no es eso. Todos estábamos bien, pero ellos creen que no sabes lo de la fiesta en el local de David, así que, cuando vayamos, tenemos que vendarte los ojos y debes fingir que te sorprendes, - le dice Martina para tranquilizarla y de paso tener una excusa para vendarle los ojos.
-¿Por qué no les habéis dicho que sí lo sé? No me gusta que se hayan ido y me hayan dejado aquí sola, -dice haciendo un mohín.
- No te han dejado aquí sola, estamos nosotras, ¿recuerdas? – le dice Ivana mientras la abraza para que deje de estar de morros.
Recibo u mensaje de David diciendo que ya está todo listo, así que decido intervenir para llevar a Daniela a su fiesta. – Dani, me acaba de escribir David, están todos esperándote, recuerda, finge sorpresa.
-Vale, vale, vendadme cuando quede poco para llegar – dice sonriendo.
Quince minutos después, nos encontramos frente al local de David. Tenemos a Daniela con los ojos vendados e intentamos entrar antes de que nos escuche aguantar la risa. En cuanto entramos, le quitamos la venda, encendemos las luces y...
-¡¡¡¡SORPRESA!!!! –resuena por todo el local. Daniela tiene los ojos abiertos de par en par, no da crédito a lo que ve, su fiesta, convertida en Halloween. Todos tienen disfraces geniales y la decoración es impresionante. Se gira hacia nosotras y con una sonrisa, nos abraza a las tres con alguna lágrima en su rostro dándonos las gracias por esa sorpresa tan increíble.
- ¡Muchísimas gracias a todos! Esta fiesta es impresionante y nunca pensé que podría disfrutar de dos fiestas en una pues, cuando vivía en Inglaterra, mis amigos preferían salir a pedir chuches que venir a mi fiesta. Solo lamento no tener disfraz – dice algo triste.
-Yo no estaría tan segura de ello, - le dice Ivana misteriosa.
-Chicas, ¿me habéis traído un disfraz?
- ¿Qué clase de amigas le hacen una fiesta de disfraces por su cumpleaños y no le traen un disfraz a la protagonista? Emm, que dices, ¿le pegas tú o le pego yo?, - dice Martina.
- Oye, a mí no me metas en vuestras peleas, - le digo riendo. – Pero va siendo hora de que nos pongamos los disfraces, así que vamos al baño a arreglarnos, - le digo al ver a Ivana que está cogiendo las bolsas con nuestros disfraces.
Varios minutos después,salimos las cuatro del baño despampanantes. Daniela lleva su disfraz de vampiresa sexy, que le queda genial, Martina ha preferido vestirse de bruja con un vestido bastante ceñido, e Ivana ha optado por demostrar una vez más su pasión por la serie "The Walking Dead" y se ha vestido de zombie, pero, al contrario que ellos, en vez de dar asco, rebosa sensualidad. Y luego quedo yo, que tras mucho deliberar, decidí que mi disfraz sería el de ángel oscuro, es sexy, pero no tan provocador como los de mis tres mosqueteras. En seguida Daniela se convierte en el centro de atención y decide hablar con algunos invitados y darles las gracias por la fiesta, mientras Ivana prefiere echar un vistazo por si Aaron al final cumple su promesa y aparece, y Martina decide quedarse conmigo y empezar a beber antes de ir a bailar.Normalmente, solo le hago compañía, pero mi instinto me dice que esta noche es un buen momento para emborracharme por primera vez y olvidarme de esta última semana. Así que termino decidiendo que hoy quiero beber. 

domingo, 6 de septiembre de 2015

Capitulo 3

Veinte minutos después, he terminado de contarle a Dani la sesión de gritos que ha acontecido en su casa y hemos devorado medio paquete de galletas. En serio, debo preguntarle a su madre dónde las compra. De paso, les hemos enviado un mensaje a Ivana y a Martina para desearles suerte en la recuperación de mañana.
-Entonces, ¿crees que al final no vendrá a tu fiesta? Y si es así, ¿Aaron querrá venir igual? No quiero que Ivana pierda esta oportunidad porque no soporte a Leo.
-Emma, no te preocupes, si a Aaron le gusta Ivana, nada le impedirá venir el sábado. Que Leo y tú no congeniéis es solo culpa de él, -me dice Dani para que no me sienta mal.
- No sé Dani, desde esta mañana que nos quedamos solos, no hemos parado de discutir, incluso hace un rato, cuando me ha cerrado la puerta, pero luego fue... distinto. Reconozco que hubo un momento en el que parecía que nos estábamos empezando a llevar bien, pero luego soltó ese comentario tan cruel, y me afectó tanto a pesar de que él no me importa, que solo quería alejarme todo lo posible de aquí. Menos mal que llegasteis -le digo con la voz rota.
-Siento muchísimo haberme ido. Al ver la hora, dije que me quedaba, pero Leo insistió tanto en quedarse que, pensé que querría arreglar las cosas contigo o algo. -dijo con preocupación. -Mira, Leo era un chico fantástico, siempre estaba alegre y no era capaz de decir comentarios como los que te ha dicho.
- Danielle Anne Jefferson, ¿Estamos hablando del mismo Leo? -pregunto bastante incrédula.
- Te lo voy a perdonar porque ahora mismo estás mal, pero sabes que odio cuando decís mi nombre entero, -dice fulminándome con la mirada. – Mira, sé que cuesta bastante de creer, pero ha cambiado mucho desde que volvió, todo fue por culpa de...
-¿Colette? -Termino al ver que le cuesta terminar
-Sí, Colette, -dice bajando la mirada.
-¿Me vas a contar lo que les ocurrió o es un tema confidencial? Aunque en el fondo me da igual si me lo cuentas o no, - digo intentando sonar indiferente, aunque en realidad me muero por saberlo.
- Si Leo sigue rondando por aquí, tarde o temprano te acabarás enterando, así que, no creo que pase nada porque te lo cuente. Total, a él no se le ve con intención de hacerlo, y creo que te debe una por el numerito de mi salón. No creo que le importe que lo sepas.
- No le importo lo más mínimo, así que, ¿qué más da si me cuentas algo de él? Además prefiero que lo hagas tú, porque él ni siquiera es capaz de hablarme sin soltarme una fresca - intento bromear, pero al decirlo me ha temblado ligeramente la voz. Solo espero que Daniela no se haya dado cuenta.

- Verás, todo empezó hace dos años. Creo que no lo recuerdas, pero Leo estuvo en la fiesta de Austin.
-¿Fiesta de Austin? -le digo confundida. Mi mala memoria me juega malas pasadas.
-¡Sí, mujer! ¡La fiesta de Austin! Esa que le organicé de despedida cuando se fue de Erasmus. En esa fiesta vinisteis vosotras y sus amigos, pero nos tuvimos que ir temprano porque éramos, según ellos, muy pequeñas para ese tipo de fiestas. Allí estuvieron Aaron, Leo y los otros amigos del grupo de Austin. Ivana habló con Aaron por primera vez esa noche, pero como también se fue de Erasmus, no ha podido volver a verle hasta que coincidieron aquí en mí casa unos meses después de volver. Ya le gustaba la primera vez, y se llevó un gran chasco cuando le dijo que él también se iba. De hecho, pensó que se había acabado todo, pero cambió de opinión al verle hace unos meses y, ya ves, la llama volvió a surgir.
- No me puedo creer que Ivana no nos haya dicho nada de eso. Sé que es más reservada para ese tipo de cosas, pero ¿por qué solo te lo contó a ti? –le digo algo triste.
- Obviamente, al contrario que vosotras, yo podía ofrecerle la información que ella quería saber, mi querida Emma, - dice Daniela bastante satisfecha con su deducción.
- Bueno, ¿vas a seguir contando, o vas a continuar fanfarroneando de tus dotes informativos? Creía que la futura periodista iba a ser yo, -le digo fingiendo estar indignada.
- Tal vez si dejaras de interrumpirme, podría proseguir con la historia. Además, si no recuerdo mal, esa noche hablaste con él.
-¿¡Que yo hablé con Leo!? ¡Imposible, le recordaría! Tendría que recordarlo, ¿no? Vamos, algo así no se olvida. – estoy escandalizada y creo que me entra el pánico, ¿Cómo no me puedo acordar de él?
-Emma, ¡Maldita sea! ¡Calla de una vez y no me interrumpas más! Tal vez no te acuerdes porque estuvimos bebiendo, no mucho, pero al principio sabes que con dos copas nos reíamos como tontas. En fin, yo recuerdo que hablaste con él y luego, mis padres nos recogieron.
En esa fiesta, casi todos se despidieron por una temporada, algunos por estudios como Austin y Aaron, y otros para mejorar su estilo de música. Ya sabes, moverse por otros sitios, conocer otros estilos, mejorar, perfeccionar y todo eso. Leo fue uno de ellos. Se fue un año a Francia para conocer otros estilos, conocer gente y abrir aún más su mente.
Allí conoció a Colette. Se enamoró profundamente de ella, y el año que estuvo allí lo pasó casi entero con ella. Al volver, la trajo a ella, nuevos conceptos de música y mucho amor. Pero ese amor sólo le duro seis meses más, no por él, sino por ella. Colette vino aquí con Leo por amor, pero ese amor le duró hasta que vio que aquí tenía un estilo de vida totalmente distinto a Francia, pues aquí vivía con su tía, una mujer que, a pesar de ser una adulta, vivía su vida como una adolescente, y Colette parecía no ser muy distinta a ella. Ese estilo de vida le gustó demasiado, y a los seis meses, Leo descubrió que se la estuvo pegando con algunos chavales y, como es normal, le afectó muchísimo, y tras muchas peleas, cortaron. Es por eso que ahora tiene ese carácter tan nefasto. Leo le dijo que se marchara, y que no quería volver a verla, pero Colette se negó a irse, y le dijo a su tía que si podía seguir viviendo con ella y terminar aquí sus estudios.
- ¿En serio? ¡Madre mía! Nunca me imaginé que algo así le hubiera pasado para justificar su comportamiento, -le digo sintiéndome culpable por haberle juzgado.
-Pues ahí no acaba todo. Colette intentó unos meses después volver con Leo, y cuando estaba a punto de ceder para perdonarla, un tío se acerco a ella y la invitó a la fiesta de esa noche, para celebrar la victoria del equipo o no sé qué, y tras eso, le plantó un beso y se largó. La cara de Leo fue épica, acabó destrozado, y lo que le remató fue cuando se enteró de que Colette se había matriculado en nuestro instituto.
-Un momento, espera, espera, espera. ¿¡Colette está en nuestro instituto!? ¿¡Es esa Colette que está en sociales!? -Le digo prácticamente gritando. Ahora entiendo por qué se quedó fuera cuando fueron los otros a buscar a Mario, y me usó de excusa por si la veía. Me siento utilizada, pero, aún así, no me lo puedo creer. Aunque, bueno, nunca he tenido relación alguna con ella, y ni siquiera me cae bien, tiene los humos muy subidos. -Oye, y ahora que lo pienso, ¿por qué le dijiste "ella no es Colette"? ¿En qué me parezco yo a ella?
-No es que te parezcas, o dejes de parecerte. Es solo que tú no eres ella, y por tanto, no debe tratarte como si lo fueras. Por eso dije lo que dije, no quiero que le des vueltas a mi comentario, tú no tienes nada que envidiarle a la francesita.
Mi cabeza es un torbellino. Intento asimilar todo lo que Daniela acaba de decirme, pero es casi imposible. Leo era un chico fantástico que se volvió oscuro por su maltrecho corazón, y por una francesita estúpida bastante ligera y abierta en varios sentidos. Conocí a Colette el primer día de clase, tropezó conmigo, me tiró al suelo prácticamente, y encima empezó a gritarme diciendo que era todo culpa mía. Encima, tuvo la osadía de darle una patada a mi skate, sin saber que eso era lo último que podía hacerme. Le grité que si volvía a patear mi skate le partiría esa bonita cara de Barbie "prostituta barata". Desde entonces, me evita por si cumplo mi venganza, y yo vigilo que no haya profesores cerca por si un día puedo cumplir esa amenaza. La última persona que le hizo algo a mi skate acabó con un ojo morado, y yo expulsada tres días, mis padres casi me matan, pero valió la pena, nadie ha vuelto a meterse conmigo desde ese día.
El resto de la tarde la pasamos hablando del cumpleaños. Cenaremos en la pizzería favorita de Dani, y después continuaremos la fiesta o botellón, como queramos llamarlo, en un local que nos ha prestado David, uno de los invitados. Allí monta muchas fiestas y actuaciones el grupo de Austin, por lo que no dudó en ofrecerlo para el cumpleaños de su adorada Danielle. Él es el único que la llama por su nombre real, y aunque Dani diga que no, David se muere por ella desde hace tiempo. Es un buen chaval, tiene grandes planes para el local, quiere convertirlo en un pub para la gente joven, donde, sobre todo, se podrá mostrar su talento. Esa idea vino por el grupo de Austin, es un gran fan de ellos, y con sólo 21 años ya tendría su propio negocio él solo.
Si después nos quedara fuerza alguna, hemos pensado pasar por algunas de las discotecas que solemos frecuentar, pero eso solo en el caso de que al final decidamos dormir todas juntas en casa de alguna. Lo hemos comentado y, lo más seguro que acabemos durmiendo aquí. La casa de Dani es grande y entramos de sobra, en nuestras casas es más complicado. Ivana tiene cuatro hermanos y Martina tiene a los gemelos que, aún siendo los hermanos mayores, se comportan como críos. Y luego estoy yo, que, aunque mi hermana África se ha ido de casa para vivir con Fran y yo ahora soy dueña de su habitación, mis padres tienen pensado irse este fin de semana a visitarla. Y, estando sola, nada de fiestas pijamas, sobre todo cuando la última vez la lié demasiado, y ya no se fían.
-Emma, todo irá bien, no le des más vueltas y piensa en mi cumpleaños, nos lo pasaremos genial –Dani me dedica una sonrisa, y gracias a ella, he salido de mi ensimismamiento.
-Gracias Dani, eres la mejor. Tu casa es como un refugio al que acudir, pero ya es tarde y todavía tengo que terminar los deberes de mañana.
-Como quieras, sabes que te puedes quedar siempre que quieras. ¡Espera!, -se levanta de la cama y se coloca unas zapatillas- te acompaño a la puerta. En su portal, me abraza y nos despedimos con la promesa de que mañana será mejor, y echando una última mirada a Daniela, me voy a casa.
Una vez en casa, preparo las cosas para el día siguiente, ceno y me voy a mi habitación sin mediar palabra. Veo de reojo a mi madre poner mala cara. Sé que se está conteniendo mucho para no agobiarme con sus típicos "¿Qué te pasa?" "¿Estás bien?" y la verdad, me alegro que no lo haga, ni yo misma sé que me ocurre.
Abro la puerta de mi cuarto, me tumbo en la cama con el mp3, busco en la lista de reproducción y le doy al play. Intento relajarme, pero sigo pensando en el día tan loco que he tenido. No soy capaz de quitarme de la cabeza a Leo: nuestro primer encuentro que no recuerdo, nuestras peleas, su historia, Francia, un amor que termina con un corazón roto y Colette. No puedo evitar poner mala cara al pensar en ella, ¡Odio a Colette! Antes la odiaba por lo que le hizo a mi skate, pero, desde que Daniela me ha contado su historia, la odio más todavía. No puedo creer que le hiciera eso a Leo, es una persona horrible, y yo... no sé como sentirme al respecto. Es verdad que odio a Leo, se lo he gritado prácticamente a la cara, pero, ahora, al saber que fue la dichosa Colette la que lo ha oscurecido, convirtiéndolo en la persona tan desagradable que es, hace que ya no sienta tanto odio hacia él. Aunque eso no le da motivo para tratarme tan mal. Yo no le he hecho nada, no soy Colette y ni siquiera recuerdo nuestro primer encuentro. Es verdad que bebí alcohol, pero apenas dos copas, nunca he sido gran bebedora y nunca me he emborrachado, así que no encuentro motivo para no recordarle. ¿Seguro que fui yo la que hablo con él? Y lo que es más, ¿de qué hablamos?
Mientras mi mente cavila ante un torbellino de pensamientos, a cada cual más turbio que el anterior y con mil preguntas en la cabeza, sin darme cuenta, me quedo dormida con Ed Sheeran sonando en mi mp3, susurrándome "Give me love".